Bueno, malo o afortunado

Bueno, malo o afortunado

En mi opinión el egoísmo parece provenir de un instinto de conservación, el primero y el más profundo de nuestros instintos. ¿Cómo podemos optar por el desinterés? Sería casi como optar por la inexistencia.

En mi opinión, podría parecer lo mismo que no existir. Lo que estoy diciendo es: no se sienta mal por ser egoísta; todos somos iguales. Una vez alguien dijo algo terriblemente hermoso sobre Jesús: quien lo dijo, ni siquiera era cristiano: «Lo más hermoso acerca de Jesús es que estaba a gusto con los pecadores, porque comprendía que no era mejor que ellos».

Somos distintos a los demás – por ejemplo, de los criminales- sólo en lo que hacemos o no hacemos, no en lo que somos. La única diferencia entre Jesús y los demás era que él estaba despierto y ellos no.

Nuestras ilusiones respecto de los demás

Un joven vino a quejarse de que su novia lo había desilusionado, que lo había traicionado. ¿De qué se queja? ¿Esperaba algo mejor? Espere lo peor. Está tratando con gente egoísta. Usted es el idiota; pensó que ella era una princesa, que la gente era buena. ¡No, no es! No es buena. Es tan mala como usted; mala ¿me entiende? Está dormida, lo mismo que usted. ¿Y qué cree usted que la gente pretende? Satisfacer su propio interés, lo mismo que usted. No hay ninguna diferencia.

¿Puede usted imaginarse como es de liberador saber que usted nunca volverá a desilusionarse, nunca volverá a decepcionarse?

Nunca volverá a sentirse traicionado. Nunca se sentirá rechazado. ¿Quiere despertar? ¿Felicidad? ¿Libertad? Aquí está: Renuncie a sus falsas ideas. Mire a través de la gente. Si mira a través de usted mismo, mirará a través de todos los demás. Entonces los amará. Si no es así, estará todo el tiempo luchando con sus ideas equivocadas que usted tiene acerca de ellos, con sus ilusiones que constantemente se estrellan contra la realidad.

Tal vez es demasiado alarmante para muchos de ustedes entender que se puede esperar de todos los seres humanos – excepto los pocos que han despertado- sean egoístas y busquen su propio interés, bien sea en forma ruda o en forma refinada.

Esto los lleva a ver que no hay por qué desilusionarse de nada, no hay por que decepcionarse de nada. Si hubieran estado todo el tiempo en contacto con la realidad, no se habrían decepcionado. Pero decidieron pintar a la gente de colores brillantes; decidieron no mirar a través de los seres humanos, porque decidieron no mirar a través de ustedes mismos. Entonces ahora pagan el precio.

Antes de discutir esto, les contaré una historia. Una vez alguien preguntó: ¿Cómo es la iluminación? ¿Cómo es el despertar?

«Es como el vagabundo de Londres que se estaba acomodando para pasar la noche. A duras penas había conseguido un pedazo de pan para comer. Entonces llegó a un malecón, junto al río Támesis. Estaba lloviznando, y se envolvió en su viejo abrigo. Ya iba a dormirse cuando de repente se acercó un Rolls Royce manejado por un conductor. Una hermosa joven descendió del automóvil y le dijo:

– Mi pobre hombre, ¿va a pasar la noche en este malecón?
– Sí – le contestó el vagabundo.
– No lo permitiré – le dijo ella- Usted se viene conmigo a mi casa y va a pasar la noche cómodamente y a tomar una buena cena.

La joven insistió en que subiera al automóvil. Bien, salieron de Londres, y llegaron a un lugar en donde ella tenía una gran mansión con amplios jardines…

Los recibió el mayordomo, a quien la joven le dijo: «Jaime, cerciórese de que a este hombre lo lleven a las habitaciones de los sirvientes y lo traten bien». Y Jaime obró como le dijo.

La joven se había desvestido y estaba a punto de acostarse cuando recordó a su huésped. Entonces se puso algo encima y fue hasta las habitaciones de los sirvientes. Vio una rendija de luz en la habitación en la que acomodaron al vagabundo, llamó suavemente a la puerta, la abrió, y encontró al hombre despierto. Le dijo:

– ¿Qué sucede, buen hombre, no le dieron una buena cena?
– Nunca había comido tan bien en mi vida, contestó el vagabundo.
– ¿Está usted bien caliente?
– Sí, la cama es hermosa y está tibia.
– Tal vez usted necesita compañía – le dice ella- córrase un poquito. Se le acercó, y él se corrió, y cayó directo al Támesis.

¡Ja! ¡Ésa no la esperaban!

¡Iluminación! ¡Iluminación! ¡Despierten!

Cuando estén dispuestos a cambiar sus ilusiones por la realidad, cuando estén dispuestos a cambiar sus sueños por hechos, entonces encontrarán todo. Así es como finalmente la vida tiene sentido. La vida se vuelve hermosa.

Hay una historia sobre Ramírez

Él es viejo, y vive en su castillo en la colina. Mira por la ventana (está en cama y paralítico) y ve a su enemigo. A pesar de ser viejo, su enemigo está subiendo por la colina, apoyado en un bastón, despacio, con dificultad. Tarda alrededor de dos horas y media en subir la colina. Ramírez no puede hacer nada porque los sirvientes tienen el día libre. Entonces su enemigo abre la puerta, entra en la habitación, mete la mano bajo la capa y saca una pistola. Dice:

– Ramírez, ¡por fin vamos a ajustar cuentas!.
Ramírez prueba la mejor manera de disuadirlo. Le dice:
– Vamos, Borgia, usted no puede hacer eso. Usted sabe que ya no soy el hombre que lo maltrató cuando usted era joven hace años, usted ya no es ese joven, ¡piénselo!
– Ah, no – le contesta su enemigo – Sus dulces palabras no me impedirán cumplir con esta divina misión. Lo que yo quiero es vengarme y usted no puede hacer nada para impedirlo.
-¡Sí puedo hacer algo! – le asegura Ramírez
-¿Qué? – le pregunta su enemigo
– Puedo despertar.
Y, en efecto, ¡despertó!

Así es la iluminación. Cuando alguien le dice: «No hay nada que pueda hacer», usted dice: «Sí, yo puedo hacer algo: ¡puedo despertar!» De repente la vida ya no es una pesadilla. ¡Despierten!

Anthony de Mello

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