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Cuando alguien te insulta…

“Cuando alguien te insulta, o te reduce a una cosa,
Cuando te dan un consejo que no solicitaste,
Cuando te echan la culpa por su dolor,
Cuando no te escuchan, y sólo hablan de ellos mismos,
Cuando te comparan con los demás,
Cuando te ignoran, invalidan, juzgan o se burlan de tus pensamientos y sentimientos…
Detente. Respira.
Recuerda que es su dolor, no el tuyo.
Recuerda que ellos están soñando el único sueño que pueden soñar hasta que despierten.
Recuerda que no te conocen a ti, sólo a su propia fantasía.
Tal vez a ellos les resulte demasiado difícil amarse a sí mismos.
Tal vez ellos busquen su valía en el exterior.
Tal vez ellos estén desconectados de su aliento, de su cuerpo, de su preciosa vitalidad, de su verdadera vocación.
Tal vez ellos viven en un mundo dualista donde hay bueno y malo, correcto e incorrecto, éxito y fracaso.
Tal vez ellos olvidaron la simple alegría de vivir.
Tal vez tú entiendas esto.
Tal vez tú has estado donde ellos han estado.
No trates de cambiarlos ahora. Quizás nunca cambien.
No intentes corregirlos. Ellos no están pidiendo ser corregidos.
Cuanto más presiones, más se alejarán de ti.
No te enredes en su urdimbre de tristezas.
Ve con claridad, incluso ten compasión, pero no presiones.
Está bien que ellos se sientan molestos. En verdad sí.
Dales espacio para que se sientan molestos.
Está bien que se sientan decepcionados de ti.
Dales espacio para que se sientan decepcionados.
Está bien que te juzguen. Abre un espacio para sus juicios, también.
Dale cabida a tus propios pensamientos y sentimientos!
Permítete sentirte triste, enojado, culpable, desconfiado.
Deja que todas esas valiosas energías te bañen por dentro.
No te harán daño, si les permites moverse.
Sí, conocerás a muchos guardianes en este viaje.
Recorre tu camino de todos modos, y permite que los demás recorran el suyo.
No tienes que justificar tu camino, ni defenderlo.
Mantente cerca de ti mismo en estos tiempos difíciles.
No luches contra la oscuridad; no tiene ningún poder de todos modos.
Simplemente enciende tu luz con más fuerza”.
Jeff Foster

Ideólogos, créditos y Dios

I.-

El Maestro no apreciaba a los ideólogos, por la sencilla razón de que sus teorías parecían razonables, pero nunca encajaban con la realidad.

Una vez habló de un ideólogo que había dicho: «Este mundo está loco: los ricos compran a crédito, aunque tienen dinero a montones, mientras los pobres, que no tienen un céntimo, deben pagar al contado».

« ¿Y qué sugieres tú?», le preguntaron.

«Invertir los términos: hacer que los ricos paguen al contado y dar crédito
a los pobres».

«Pero, si un tendero fiara a los pobres, no tardaría en empobrecerse él mismo… »

« ¡Fantástico!», dijo el ideólogo. « ¡Así también él podría comprar a crédito! »

II.-

Al Maestro le resultaba muy pesado hablar a quienes se empeñaban constantemente en defender la existencia de Dios o discutir acerca de Su naturaleza y, sin embargo, olvidaban la importancia del conocimiento de sí mismos, que era lo único que podría proporcionarles amor y liberación.

Y a un grupo de personas que le pidieron que les hablara de Dios, les dijo:

«Desgraciadamente, lo que pretendéis es hablar de Dios, en lugar de verlo; y lo veis tal como pensáis que es, no como realmente es. Pero, si Dios es manifiesto y no se oculta, ¿por qué hablar de Él? Abrid los ojos y ved».

Y más tarde añadiría: «Ver es lo más fácil del mundo. Lo único que tenéis que hacer es abrir los postigos de vuestras Ideas sobre Dios».

Anthony de Mello

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La Sombra como camino hacia la Paz

La Sombra como camino hacia la Paz

“La Sombra no solo es un aspecto terrible y prohibido de nuestro ser, es también una fuerza extraordinaria que puede movilizarnos hasta límites insospechados. Puede reactivar, por ejemplo, nuestra creatividad y devolverle a nuestra vida una libertad que antes no conocía. Aceptar nuestra Sombra implica “reconocer la totalidad de nuestro ser, una totalidad que engloba el bien y el mal, lo racional y lo irracional, lo masculino y lo femenino, lo conciente y lo inconsciente.”

Aceptarla puede librarnos del sentimiento de culpa, de la sensación de fragilidad, de la permanente sospecha respecto de nuestros sentimientos. Nos permite juntar los opuestos complementarios y, por fin, sentirnos completos, no ajenos respecto de nuestros propios sentimientos y necesidades.

Puede además suspender todo juicio: ya no son otros los culpables de aquello que no podemos aceptar en nosotros mismos, somos nosotros los responsables de cada uno de esos sentimientos. Al dejar de proyectar nuestras heridas, temores y vergüenzas en los demás, podemos establecer un ambiente de paz con nuestro entorno y nosotros mismos. Nos brinda la posibilidad de ser deliberantes respecto de nuestro ser.

Si en vez de satanizar al otro, nos miramos hacia dentro y nos damos cuenta de hasta qué punto somos “el otro”, ¿con qué justificación podríamos atacarlo?

Esta conciencia de la unidad de todos los seres humanos –más allá de sus costumbres, edades, ideas políticas o creencias religiosas- nos haría más empáticos y solidarios.
Diríamos acaso estas palabras sabias: “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Y agregaríamos –como el mismo Jesús-: “Si permites que lo que está en tu interior se manifieste, eso te salvará, más si no lo haces, te destruirá.”

Carl Jung – Psicología evolutiva

Publicado por Manuela Madero en el grupo de WhatsApp de EVOLUCION.CENTER

Progreso, belleza y acción social

I.-

El Maestro, aunque le fascinaba la tecnología moderna, se negaba a darle el nombre de «progreso».

El verdadero progreso, para él, era el «progreso del corazón», el «progreso de la felicidad», no el «progreso del cerebro» o el «progreso de los cacharros».

«¿Qué piensa usted de la civilización moderna?», le preguntó una vez un periodista.

«Creo que sería una buenísima idea», fue su respuesta.

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II.-

El Maestro le dijo a un asistente social:

«Me temo que estás haciendo más mal que bien».

«¿Por qué?»

«Porque únicamente subrayas uno de los dos imperativos de la justicia».

«¿A saber. . . ?»

«Que los pobres tienen derecho al pan».

«¿Y cuál es el otro?»

«Que los pobres tienen derecho a la belleza».

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III.-

Lo que no le gustaba al Maestro de los «activistas sociales» era que buscaban la reforma, no la revolución.

Y solía narrar este cuento:

«Erase una vez un rey muy sabio y bondadoso que, al enterarse de que había una serie de personas inocentes en las mazmorras de su prisión, mandó construir otra prisión más confortable para aquellos inocentes».

Anthony de Mello

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Amor, religión, ley

Amor, religión, ley

I.-

A un hombre que había empleado años en estudiar las leyes de su religión le dijo el Maestro:

«La clave de una vida santa y buena está en el amor, no en la religión ni en la ley».

Y le contó el caso de dos muchachos que acudían un día a la catequesis dominical, pero estaban tan hartos de doctrina que uno de ellos propuso «hacer novillos».

«¿Hacer novillos? ¡No sabes lo que dices! Nuestros padres nos echarían mano y nos molerían a palos. . .».

«¡Pues les devolvemos los golpes!».

«¡Cómo! ¿Pegar a tu padre…? ¡Debes de estar loco! ¿Has olvidado que Dios nos manda honrar padre y madre?».

«Es verdad. . . ¡Hagamos una cosa: tú pegas a mi padre, y yo al tuyo!».

Anthony de Mello

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¿Puede la acción conducir a la Iluminación?

I.-

«¿Puede la acción conducir a la Iluminación?», le preguntaron al Maestro.

«Sólo la acción conduce a la Iluminación», fue su respuesta, «pero ha de ser una acción desinteresada, hecha por sí misma como tal».

Y explicó cómo un día, presenciando un partido de entrenamiento de un equipo de fútbol junto al hijo pequeño de uno de los jugadores, cada vez que éste conseguía un gol, todo el mundo aplaudía, mientras el pequeño permanecía impávido y se limitaba a mirar, aparentemente aburrido.

«¿Qué te ocurre?», le dijo el Maestro; «¿no ves cómo marca goles tu padre?».

«Sí; hoy sí los marca. Pero hoy es martes, y el partido de competición será el viernes. . . Ya veremos si entonces los sigue marcando. . . »

Y el Maestro concluyó: «Desgraciadamente, valoramos las acciones si nos ayudan a ‘marcar goles’, pero no en sí mismas».

Anthony de Mello

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Calumnias y malentendidos

I.-

Una asistenta social le exponía sus penas al Maestro y le refería cuánto habría podido hacer ella por los pobres si no hubiera tenido que emplear tanto tiempo y tantas energías en protegerse a sí misma y su propio trabajo de calumnias y malentendidos.

El Maestro, tras escucharla con atención, se limitó a decirle:

«Nadie arroja piedras a un árbol sin frutos».

Anthony de Mello

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Un juego de Dios

Un juego de Dios

I.- 

En cierta ocasión, hablaba el Maestro de la idea hindú de que toda la creación es un juego de Dios, y de que el universo es su patio de recreo.

Y decía también que el fin de la espiritualidad es convertir toda la vida en juego.

Aquello le pareció demasiado frívolo a un puritano visitante, que preguntó:«Entonces, ¿no hay lugar para el trabajo?».

«¡Por supuesto que lo hay! Pero el trabajo sólo se hace espiritual cuando se transforma en juego», respondió el Maestro.

Anthony de Mello

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Muy rico, pero muy desdichado

I.-

Soy un hombre muy rico, pero muy desdichado. . . ¿Puedes decirme por qué?».

«Porque empleas demasiado tiempo en hacer dinero, y demasiado poco en practicar el amor», le respondió el Maestro.

II.-

Preguntó un filósofo: «¿Cuál es la finalidad de la creación?».

«Hacer el amor», respondió el Maestro. Y, más tarde, les diría a sus discípulos:

«Antes de la creación, el amor era; después de la creación, el amor se hace. Cuando el amor se haya consumado, la creación dejará de ser, y el amor será para siempre».

III.-

En sus años jóvenes, el Maestro había viajado por todo el mundo. Hallándose una vez en el puerto de Shangai, oyó un griterío cerca de su barco. Al mirar hacia allá, vio cómo un hombre, inclinado sobre la borda de un junco cercano, sujetaba por la coleta a otro hombre que se debatía frenéticamente en el agua.

El del junco sumergía al otro de vez cuando en el agua y lo volvía a sacar.

Luego discutían ambos durante un minuto, o algo así, hasta la siguiente zambullida.

El Maestro llamó entonces al grumete y le preguntó de qué discutían. El muchacho sonrió y dijo: «No discuten, señor. El del junco le pide al otro sesenta yuans por no ahogarle, y éste sólo ofrece cuarenta».

Tras las lógicas risas de los discípulos, el Maestro dijo: «¿Hay uno solo de vosotros que no ande regateando con la única Vida que hay?» y todos guardaron silencio.

Anthony de Mello

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¿Qué es lo que hace un Maestro?

I.-

«¿Qué es lo que hace un Maestro?», preguntó un visitante de solemne aspecto.

«Enseñar a la gente a reír», le respondió el Maestro con toda seriedad.

Y en otra ocasión, dijo:

«Cuando seáis capaces de reíros de la vida en su propia cara, seréis soberanos del mundo. . . , exactamente igual que la persona dispuesta a morir».

II.-

«¿Cómo se reconoce a la persona iluminada?»

«Porque, habiendo visto el mal como mal, la persona iluminada no puede hacerlo», dijo el Maestro. Y añadió: «Tampoco puede ser tentada. Si lo es, se trata de un impostor».

Y contó la historia de un contrabandista que, huyendo de la policía, pidió a un monje con fama de santo que le escondiera la mercancía, porque, dada su reputación, nadie sospecharía de él.

El monje se irguió indignado y ordenó al tipo que abandonara el monasterio al instante.

«¡Te daré cien mil dólares por el favor!», le dijo el contrabandista. El monje dudó ligeramente antes de negarse.

«¡Doscientos mil. . .!»

Pero el monje volvió a rechazar la oferta.

«¡Quinientos mil!»

¡Entonces el monje esgrimió amenazante un grueso bastón y le gritó:

«Marcha de aquí ahora mismo: estás acercándote demasiado a mi precio!».

Anthony de Mello

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La llave, el viaje y el Silencio

I.-

Un visitante del monasterio se sintió especialmente impresionado por lo que él mismo denominó el «resplandor» del Maestro. Un día en que se encontró con un viejo amigo del Maestro, le preguntó si conocía él la explicación de dicho fenómeno.

Y el otro le respondió: «Te lo diré de este modo: la Vida es un Misterio, y la Muerte es la llave que permite resolverlo. En el momento en que giras la llave, desapareces para siempre en el Misterio».

«¿Tenemos, pues, que esperar a la muerte para hacer girar la llave?», preguntó el visitante.

«¡No! Puedes hacerlo ahora, mediante el Silencio, y disolverte en el Misterio. Entonces también tú resplandecerás. . . como el Maestro».

II.-

Alguien preguntó al Maestro cuál era el significado de una frase que había escuchado casualmente:

«La persona que ha alcanzado la iluminación viaja sin necesidad de moverse».

Y el Maestro le dijo:

«Siéntate ante tu ventana cada día y observa cómo cambia constantemente el decorado de tu patio trasero a medida que acompañas a la tierra en su viaje anual alrededor del sol».

III.-

Cautivado por la melodiosa voz con que el Maestro cantaba versos en sánscrito, un experto en este idioma dijo:

«Siempre he sabido que no hay en la tierra otro idioma como el sánscrito para expresar las realidades divinas».

«No seas estúpido», le dijo el Maestro; «el idioma de la divinidad no es el sánscrito, sino el Silencio».

Anthony de Mello

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Actualizar la espiritualidad

I.-

Cuando un discípulo dio a entender que habría que actualizar la espiritualidad del Maestro, éste, tras soltar una sonora carcajada, contó la historia de aquel estudiante que le preguntó al librero:

«¿No tiene usted libros más recientes sobre anatomía? Éstos tienen al menos diez años». Y el librero le respondió:

«Que yo sepa, joven, en los últimos diez años no se le ha añadido al cuerpo humano ni un solo hueso».

«Tampoco», añadió el Maestro,«se le ha añadido nada a la naturaleza humana en los últimos diez mil años».

II.-

A las personas que practicaban la virtud para obtener la amistad o el favor de Dios, el Maestro solía contarles esta historia:

Una ingente multitud de personas participaba en el sorteo de un Cadillac patrocinado por una marca de jabones.

A todas ellas se les hacía esta pregunta:

«¿Por qué compra usted el jabón ‘Fragancia Celestial’ ?».

Y una mujer respondió honradamente:

«Porque me encantaría tener un Cadillac».

III.-

«He estado cuatro meses contigo, y aún no me has enseñado ningún método, o técnica..»

«¿Método?», dijo el Maestro. «¿Y para qué demonios quieres un método?».

«Para obtener la libertad interior».

El Maestro rompió a reír y dijo: «La verdad es que necesitarás una gran habilidad para liberarte mediante esa trampa que llaman ‘método’».

Anthony de Mello

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Nunca se sabe

Nunca se sabe

I.-

El Maestro y uno de sus discípulos tropezaron con un ciego que mendigaba sentado en la acera.

«Dale a ese hombre una limosna», dijo el Maestro.

El discípulo dejó caer una moneda en el sombrero del mendigo.

«Deberías haberte tocado tu sombrero en señal de respeto», dijo el Maestro.

«¿Por qué?», preguntó el discípulo.

«Es lo que suele hacerse cuando se da una limosna. . . »

«¡Pero si era un ciego. . . !»

«Nunca se sabe», replicó el Maestro; «puede que fuera un impostor».

II.-

El monasterio se estaba quedando pequeño, y hacía falta construir un edificio mayor, por lo que un comerciante extendió un talón por valor de un millón de dólares y lo puso delante del Maestro, el cual lo tomó y dijo:

«¡ Estupendo! Lo aceptaré».

El comerciante quedó decepcionado: aquella era una enorme suma de dinero, ¡ y el Maestro ni siquiera le había dado las gracias…!

«Hay un millón de dólares en ese talón. . .», le dijo.

« Ya me he dado cuenta».

«Aunque yo sea un hombre muy rico, un millón de dólares es mucho dinero. . . »

«¿Deseas darme las gracias por ello?»

«¡Eres tú quien debería darlas!»

«¿Por qué Yo? Es el donante quien debe ser agradecido», dijo el Maestro.

Anthony de Mello

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El secreto de la serenidad

I.-

«¿ Cuál es el secreto de tu serenidad ?», preguntó el discípulo.

«Cooperar incondicionalmente con lo inevitable», respondió el Maestro.

II.-

A un discípulo al que, literalmente, le aterraba la mera posibilidad de cometer errores le dijo el Maestro:

«Los que no cometen errores cometen el mayor error de todos: el de no intentar nada nuevo».

III.-

«Contéstame a una cosa», dijo el ateo: «¿existe realmente un Dios?»

Y le respondió el Maestro: «Si quieres que te sea sincero, no tengo respuesta». Más tarde, los discípulos quisieron saber por qué no había respondido.

«Porque la pregunta no tenía respuesta», dijo el Maestro.

«¿De modo que eres ateo…?»

«Por supuesto que no. El ateo comete el error de negar algo de lo que no puede decirse nada».

Y, después de una pausa, añadió: «y el teísta comete el error de afirmarlo».

Anthony de Mello

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Un minuto para el absurdo VI

I.-

El Maestro afirmaba que el mundo que ve la mayor parte de las personas no es el mundo de la Realidad, sino un mundo creado por sus mentes.

Cuando un sabio quiso contradecirle, el Maestro puso dos palos sobre el suelo formando la letra «T», y le preguntó:

«¿Qué ves ahí?»

«La letra T», respondió el otro.

«¡Lo que me suponía!», dijo el Maestro.

«No existe la letra T; no es más que un símbolo que hay en tu mente. Lo que hay ahí son dos pedazos de rama en forma de bastón».

II.-

«Cuando hablas de la Realidad», dijo el Maestro, «intentas expresar con palabras lo Inexpresable, de manera que lo más seguro es que tus palabras no se entiendan. Del mismo modo, las personas que leen esa expresión de la Realidad que llamamos ‘Escrituras’ se vuelven estúpidas y crueles, porque no siguen la lógica de las Escrituras, sino lo que ellas piensan que dicen las Escrituras».

Y lo ilustraba con una parábola:

«El herrero del pueblo contrató a un aprendiz dispuesto a trabajar duro por poco dinero, y se puso a instruirlo:

“Cuando yo saque la pieza del fuego, la pondré sobre el yunque; y cuando te haga una señal con la cabeza, golpéala con el martillo”.

El aprendiz hizo exactamente lo que creía que le habían dicho, y al día siguiente se había convertido en el nuevo herrero del pueblo».

Anthony de Mello

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