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No queremos ver

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No queremos ver

Lo más difícil en el mundo es escuchar, es ver. No queremos ver. ¿Creen ustedes que un partidario del partido político A quiere ver lo que hay de bueno en el partido político B?  ¿Creen ustedes que un rico quiere mirar a los pobres?

No queremos mirar, porque si lo hacemos, podemos cambiar

No queremos mirar. Si uno mira pierde el control de la vida que tiene tan precariamente armada. Y por eso, para poder despertar, lo que más necesita uno no es energía, ni fuerza, ni juventud, ni siquiera una gran inteligencia lo que necesita por encima de todo es estar dispuesto a aprender algo nuevo.

Las posibilidades de despertar están en proporción directa a la cantidad de verdad que uno puede aceptar sin huir

¿Cuánta verdad están dispuestos a aceptar? De todas las cosas que aman, ¿cuántas están dispuestas a ver destruidas, sin huir? ¿Cuán dispuestos están a pensar en algo que no les sea familiar?

La primera reacción es el temor. No es que temamos lo desconocido. Uno no puede temer lo que no conoce, nadie teme lo desconocido. Lo que uno realmente teme, es la pérdida de lo conocido. Eso es lo que teme.

A manera de ejemplo, dije que todo lo que hacemos está tocado de egoísmo. No es fácil oír eso. Pero piensen por un minuto, Profundicemos un poco más en eso: Si todo lo que ustedes hacen proviene del egoísmo – ilustrado o no- ¿cómo los hace sentir eso a ustedes con respecto a su caridad y a todas sus obras buenas? ¿Qué les pasa a ellas?

He aquí un pequeño ejercicio

Piensen en todas las buenas obras que han hecho o en algunas de ellas (porque sólo les voy a dar unos pocos segundos). Ahora comprendan que realmente surgieron del egoísmo supiéranlo ustedes o no. ¿Qué le pasa a su orgullo, a su vanidad? ¿Qué le pasa a esos agradables sentimientos suyos, a esa palmadita de felicitación en la espalda cada vez que hizo algo que lo hacía sentir tan caritativo? Todo queda aplastado, ¿no es así? ¿Qué le pasa a ese sentimiento de superioridad frente a su vecino a quien usted consideraba tan egoísta? Todo cambia, ¿no es verdad? “Bueno”, dirá usted, “mi vecino tiene gustos menos refinados que los míos”.

Usted es una persona peligrosa, realmente lo es

Parece que Jesucristo tuvo menos problemas con otra clase de personas que con la clase de usted. Muchos menos problemas. Él tuvo problemas con personas que realmente estaban convencidas de que eran buenas. Las personas de otra clase parece que no le crearon muchos problemas, las que eran abiertamente egoístas y lo sabían. ¿Pueden ver ustedes cuán liberador es eso?

¡Vamos, Despierten! Eso es liberador. ¡Es maravilloso! ¿Está usted deprimido? Tal vez lo esté. ¿No es maravilloso darse cuenta que usted no es mejor que nadie en el mundo? ¿No es maravilloso? ¿Está desilusionado? ¡Mire, lo hemos sacado a la luz! ¿Qué le pasa a su vanidad? A usted le gustaría sentir que es mejor que otros. Pero mire cómo hemos sacado a la luz esa falacia.

Anthony de Mello

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