Ni un minuto que perder

I.-

Cuando el Maestro era todavía un muchacho, tenía un compañero en la escuela que no dejaba de ensañarse con él.

Posteriormente, ya viejo y arrepentido, aquel tipo había acudido al monasterio, donde fue recibido con los brazos abiertos.

Un día quiso abordar el tema de su antiguo comportamiento con el Maestro, pero éste no parecía acordarse de ello .

«¿Que no lo recuerdas?»

«Lo que recuerdo con toda claridad es que lo olvidé», dijo el Maestro. Y ambos se echaron a reír.

II.-

Una madre le preguntó al Maestro cuándo debería iniciar la educación de su hija.

«¿Cuántos años tiene la niña?», le preguntó el Maestro a su vez.

«Cinco».

«¡Cinco! ¡Ve a tu casa corriendo: vas con cinco años de retraso!».

III.-

Cuando llegó a oídos del Maestro la noticia de que un bosque cercano había sido devastado por el fuego, movilizó inmediatamente a sus discípulos:

«Debemos replantar los cedros», les dijo.

«¿Los cedros?», exclamó incrédulo un discípulo. «¡Pero si tardan dos mil años en crecer…!»

«Entonces tenemos que comenzar de inmediato», dijo el Maestro. «¡No hay ni un minuto que perder!».

Anthony de Mello

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