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Abro lo ojos y veo

Abro los ojos y veo

Mi vida y la realidad son mi creación

Abro y los ojos y veo que todo lo que llamo “mi vida” y todo lo que en ella acontece es mi creación. No hay excepciones.

Abro los ojos y veo que cada ser humano contempla, concibe y experiencia la vida y la realidad en función de su estado consciencial. De ahí que todo lo que denomino realidad es sólo, ni más ni menos, “mi realidad”, íntegramente creada por mí. Y mi realidad es intrínsecamente distinta a la de los demás, pues cada cual genera “su vida” y “su realidad”.

Abro los ojos y veo que “mi vida” y la realidad (“mi realidad”) son la manifestación y proyección de mi propio interior, de mi estado consciencial y frecuencia vibracional en cada momento presente. Por tanto, “mi vida” y la realidad (“mi realidad”) son un holograma proyectado desde mi interior (estado consciencial).

Abro los ojos y veo que exactamente lo mismo le ocurre a cada uno de mis congéneres: la vida (”su vida”) y la realidad (“su realidad”) son la manifestación y proyección de sus respectivos estados conscienciales.

Abro los ojos y veo que cada cual genera su holograma (su vida y la realidad tal como la concibe y experiencia) y que la globalidad de hologramas que coexisten en el Aquí y Ahora configuran una gigantesca Matriz Holográfica en la que todos interactúan sin merma para ninguno.

No existe una realidad objetiva y única y no hay un “mundo”

Abro y los ojos y veo que la pretendida y teórica realidad objetiva y única no existe, sino que es absolutamente subjetiva y radicalmente múltiple:

Es subjetiva porque nada existe en ella a parte de lo que cada cual genera y proyecta, desde el interior de uno mismo, hacia la gigantesca Matriz Holográfica. En esta Matriz interactúan todas proyecciones y “visiones” individuales de la vida, la muerte, las cosas, el mundo, la gente, Dios,…

Es múltiple porque existen muchas realidades, tantas como personas, cada una de las cuales crea su realidad desde su respectiva dimensión interior.

Aplicando lo anterior a lo que la Humanidad denomina “mundo” o “mundo exterior”, abro y los ojos y veo que tal mundo, como realidad única y objetiva, simplemente no existe: hay tantos mundos como seres humanos, exactamente uno por cada uno, pues lo que cada persona percibe y contempla como mundo exterior es ella misma, su propia manifestación y proyección desde su estado consciencial y frecuencia vibracional.

Mundo exterior y cambio interior

Abro los ojos y veo que cualquier cambio de la realidad y el mundo exterior pasa inexorablemente por “mi cambio interior”, es decir, por la transformación de mi estado consciencial y frecuencia vibracional que haga factible crear esa nueva realidad y ese nuevo mundo que deseo.

Abro los ojos y veo que el cambio interior es la llave del cambio exterior: ojos nuevos para un mundo nuevo.

Todo es verdad y nada es “Real”

Abro y los ojos y veo que, derivado de lo precedente, en el escenario de la Matriz Holográfica (el Gran Teatro del Mundo) todo es verdad y nada es Real:

Todo es verdad, porque la realidad creada por cada ser humano, con todo lo que implica, conlleva y representa, es ineludiblemente verdad para él (en el Gran Teatro del Mundo, cada uno se cree a pie juntillas, firme y hasta vehemente, el papel que decide en cada momento interpretar).

Nada es “Real”, pues la realidad creada por cada cual es, como se acaba de exponer, subjetiva y múltiple, no existiendo en la Matriz Holográfica ninguna realidad “Real”, sino multitud de realidades holográficas, la de cada uno, que interaccionan y configuran conjuntamente la Matriz Holográfica y el mundo exterior (en el Gran Teatro del Mundo, todo es pura manifestación holográfica y virtual de estados conscienciales interiores que varían y mutan -expansión consciencial- como consecuencia de las experiencias que cada persona vivencia en el contexto de la realidad por ella misma creada).

Consecuencia de mi decisión de ser: “yo soy”

Abro y los ojos y veo que todo lo que en mi vida y el mundo sucede, cualquier hecho, circunstancia, evento o situación, es mi creación. Todo es consecuencia de mi decisión de ser (“mi papel”: el papel que decido interpretar) y manifestación de lo que “yo soy” (mi yo y mis circunstancias derivados de “mi papel”) como consecuencia de esa decisión, haciendo que mi vida y todo lo que me rodea, sin excepción alguna, sean proyecciones, como espejos en los que me veo reflejado, de lo que yo soy porque lo he decidido ser.

¿Algunos ejemplos? Abro y los ojos y veo que:

Si mi decisión de ser es “ayudar a los demás”, ineludiblemente crearé a quienes precisen mi ayuda, a los “necesitados” de ella, dado que si estos no existieran, mi deseo de “ayudarlos” no podría plasmarse en la “realidad” por mi generada. De idéntica forma, crearé la “situación de necesidad o escasez (de lo que sea)” que provoca que precisen de mi ayuda y la “situación de disponibilidad y abundancia (de lo que sea)” que hace posible que yo se la ofrezca.

Si mi decisión de ser es “ser bueno”, inevitablemente crearé a quienes sean “malos”, pues si estos no existieran, mi deseo de ser “bueno” no podría plasmarse en la “realidad” por mi generada. Igualmente, crearé la “maldad” que lleva a los “malos” a serlo, así como la “bondad” que a mí me hace “bueno”.

Si mi decisión de ser es estar “despierto”, obligatoriamente crearé a los que estén “dormidos”, ya que si estos no existieran, mi deseo de estar “despierto” carecería de sentido en la “realidad” desde mi engendrada. Del mismo modo, crearé los motivos que hacen que los “dormidos” lo estén, así como las razones que provocan mi “despertar”.

Si mi decisión de ser es “ser un salvador”, forzosamente crearé tanto las “víctimas” a quienes pueda “salvar” como el “algo”, el “verdugo” o el “perseguidor” que hostiga a las “víctimas” y del que yo, “salvador”, les voy a “salvar”.

Cuando no decido, incluso cuando no decido ser: “Yo Soy”

Abro los ojos y veo que más allá de la vida (“mi vida”) y la realidad (“mi realidad”) hay algo que no puede ser pensado ni expresado y que es ajeno a cualquier Matriz Holográfica. Sé que siempre lo he sabido, aunque lo había olvidado entre hologramas y proyecciones virtuales. Y siento que se trata de la Vida en toda su Pureza.

Abro los ojos y veo la Vida que no es “mi vida” ni la de nadie en singular, y la Consciencia, que no es “consciencia” ni la de nadie en particular.

Abro los ojos y veo que lo que realmente Soy fluye de manera natural y espontánea cuando no se diluye el “yo soy” y cuando no decido nada, incluso cuando no decido ser.

Abro los ojos y me veo: Yo Soy Abro los ojos y me veo: Amor

Emilio Carrillo

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Mente, cerebro, consciencia

Mente, cerebro, consciencia

El cerebro se estructura en dos hemisferios. El izquierdo opera como un procesador en serie; y el derecho, como un procesador en paralelo. Ambos están completamente separados -sólo se unen por medio de un cuerpo calloso compuesto por 300 millones de fibras- y se ocupan de cosas diferentes, debido a una división del trabajo resultado de la evolución.

Las prestaciones directamente relacionadas con el mundo tridimensional y la esfera físico-material de las personas están radicadas en el hemisferio izquierdo, que piensa lineal y metódicamente y se centra en el pasado y el futuro.

Registra el colosal collage de cuanto ocurre y acontece; analiza detalles y más detalles de los mismos detalles; clasifica y organiza toda esa información; la asocia con todo lo que aprendimos en el pasado; y la proyecta hacia el futuro con sus posibilidades y alternativas.

Para ello, utiliza los datos facilitados por nuestros sentidos -los que derivan de ver, palpar, oír, oler y degustar-; procesa la experiencia adquirida y los instintos básicos, como el de conservación; y, como herramienta de supervivencia en el medio tridimensional, posibilita que cada uno se considere un ser individual y fabrique mentalmente la noción de un yo y una personalidad. Es el ego con el que, olvidando otras dimensiones de nuestro ser, transitamos por un mundo hacia el que volcamos nuestros deseos, apegos miedos y frustraciones, pero que contemplamos, a la par, como ajeno y hostil.

El hemisferio izquierdo piensa con lenguaje. Se trata del diálogo interno que continuamente pone en conexión el yo con el mundo exterior.

Ello hace posible que nuestras ideas y sueños estén conectados a una realidad compartida, evitando que se conviertan en delirios (esquizofrenia, trastorno bipolar,…). También es la vocecilla que me indica “no olvides pasarte por el supermercado y comprar esto y aquello para la comida de mañana”; la inteligencia que me recuerda cuándo tengo que ir a una cita o planchar la ropa. Y, lo más notable, relacionado con lo ya reseñado, es la voz que me dice que existo como yo, la que forja mi ego y me convierte en un ser individual.

Bajo su influjo, me contemplo como una sola persona sólida, fragmentada del flujo de energía de alrededor, separada del otro y de lo otro y con sentido de sus límites corporales, dónde empiezan y dónde terminan, dejando de ser átomos y moléculas que se mezclan con los de los objetos y cosas que me rodean.

El Hemisferio derecho se ocupa de otra dimensión…

Sin embargo, es mucho menos conocido, sólo en la actualidad algunas investigaciones empiezan a mostrarlo, que la mente proporciona igualmente utilidades de excelencia al servicio de no de la tridimensionalidad, sino otra dimensión del ser humano que trasciende lo físico-material. De ello se ocupa el hemisferio derecho, que se centra en el aquí y ahora mismo; y mantiene abierto los conductos y canales que permiten que el ser humano y su cuerpo interactúen con la unidad material y no material a la que pertenece y en la que se integra. En este orden, aporta funciones y mecanismos que se mueven en el campo de lo irracional, intuitivo y sensitivo; vive plenamente el presente más allá del tiempo y el espacio; y percibe y trata información que los sentidos físicos no pueden aportar.

El hemisferio derecho piensa en imágenes, sensaciones…

La información le llega en forma de flujos de energía de manera simultánea desde todos nuestros sistemas sensoriales, hasta conformar el cuadro completo de la apariencia del momento presente –cómo se ve, a qué huele, a qué sabe, qué se siente y cómo suena el presente-.

Permite que nos contemplemos como seres de energía conectados a la energía de nuestro entorno; seres de energía, interconectados a la familia humana y al planeta, que estamos aquí para hacer del mundo un lugar mejor. Y, con esta percepción, nos vemos perfectos y hermosos.

La mente es un ordenador colosal… cuyo rendimiento depende de la cualificación del usuario

Así, el potencial operativo de la mente es colosal, inmenso. Tanto que, como si fuera un ordenador de última generación, su rendimiento no depende estrictamente de ella, sino de la cualificación del usuario. Y si en los ordenadores tal cualificación viene definida por los conocimientos y pericia del operador, en el caso de la mente está en función del estado de consciencia de cada ser humano. Por lo que cabe afirmar que la mente está al servicio de la consciencia.

Con esta base, cuando el estado consciencial que experimenta una persona hace que se perciba y contemple sólo en esfera físico-material y no se percate de su dimensión interior, que es nuestro verdadero Yo, la mente activa una especie de piloto automático, valga el símil, que suple tal déficit. Se trata del ego, que desarrolla un yo y una personalidad ante las necesidades de conservación y actuación en el mundo tridimensional.

Frente al Yo interior, es un yo no sólo pequeño, sino también falso, en el sentido de que es una creación de la mente, un objeto mental. Pero no es menos cierto que resulta imprescindible para la supervivencia y actividad del ser humano ante la ausencia de un mando consciente.

En cambio, cuando el estado de consciencia que la persona experiencia le permite percibir su dimensión interior y el verdadero Yo asume la dirección consciente, el piloto automático, el ego, no es preciso, por lo que la mente lo mantiene desactivado. Además, en vez de usar y canalizar su energía y capacidad para el funcionamiento y desarrollo del ego, las pone al servicio del Yo profundo.

Emilio Carrillo

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El amor no es ciego

El amor no es ciego

Siempre odiamos aquello que tememos. Siempre queremos librarnos de lo que tememos, destruir y evitar lo que tememos. Cuando usted teme a alguien, a usted no le gusta esa persona. Usted detesta a esa persona, tanto cuanto la teme. Y usted tampoco ve a esa persona porque las emociones interfieren. Bien, eso también es cierto cuando alguien le resulta atractivo.

Cuando llega el verdadero amor, ya no le gustan o le disgustan las personas en el sentido ordinario de la palabra. Usted las ve con claridad y responde con precisión.

Pero en ese nivel humano, sus gustos y sus antipatías y sus preferencias y sus atracciones, etc., siguen interfiriendo.

De manera que debe ser consciente de sus prejuicios, sus gustos, sus antipatías, sus atracciones. Todos ellos están presentes, provienen de su condicionamiento.

¿Por qué a usted le gustan cosas que a mí me disgustan? Porque su cultura es diferente a la mía. Si yo le diera a usted algunas de las cosas de comer que a mí me gustan, usted se apartaría con asco.

En algunas partes de la India, a la gente le gusta la carne de perro. Pero otras personas, si les dijeran que les están dando filete de perro, enfermarían. ¿Por qué? Condicionamientos diferentes, programaciones diferentes.

Los Hindúes enfermarían si supieran que habían comido carne de res, pero a los americanos les encanta. Ustedes preguntan: “Pero ¿por qué no comen carne de res?” Por las mismas razones por las cuales ustedes no se comerían a su perro. La misma razón. Para el campesino hindú la vaca es lo que para usted es un perro. No se la quiere comer. Hay un prejuicio cultural que salva a ese animal que se necesita para la agricultura, etc.

Entonces, realmente, ¿por qué me enamoro de una persona? ¿Por qué me enamoro de una clase de persona y no de otra?

Porque estoy condicionado. Subconscientemente, tengo la imagen de que esa clase particular de persona me gusta, me atrae. De modo que cuando me encuentro con esa persona, me enamoro totalmente. ¿Pero la he visto? ¡No! La veré después de casarme con ella; es entonces cuando llega el despertar. Y es entonces cuando puede empezar el amor.

Pero enamorarse no tiene nada que ver con el amor. No es amor; es deseo, ardiente deseo. Usted quiere, con todo su corazón que esta criatura adorable le diga que usted la atrae. Eso le da una gran sensación. Mientras tanto, todo el mundo dirá: ¿Qué diablos será lo que le ve? Pero es su condicionamiento – usted no ve.

Dicen que el amor es ciego. Créanme, no hay nada que tenga una visión tan clara como el verdadero amor, nada.

Es lo que puede ver más claramente el mundo. Las adicciones son ciegas, los apegos son ciegos. El aferramiento, el anhelo y el deseo son ciegos. Pero no el verdadero amor.

Pero, por supuesto, la palabra ha sido degradada en la mayoría de las lenguas modernas.

La gente habla de hacer el amor y enamorarse. Como el niño que le dice a la niña:

– ¿Alguna vez has sentido amor? Y ella le contesta;
– No, pero he sentido gusto.

Entonces, ¿de qué habla la gente cuando se enamora? Lo primero que necesitamos es claridad de percepción.

Una de las razones por las cuales no percibimos claramente a la gente es evidente: nuestras emociones interfieren, nuestros condicionamientos interfieren, nuestros gustos y nuestras aversiones interfieren. Tenemos que enfrentar este hecho. Pero tenemos que enfrentar algo mucho mas fundamental: nuestras ideas, nuestras conclusiones, nuestros conceptos.

Creámoslo o no, todo concepto diseñado para ayudarnos a ponernos en contacto con la realidad acaba interfiriendo ese contacto con la realidad, porque, tarde o temprano, nos olvidamos de que las palabras no son la cosa.

El concepto no es lo mismo que la realidad. Son diferentes. Por eso les dije antes que la última barrera para encontrar a Dios es la palabra “DIOS” y el concepto de Dios. Ello interfiere si no se tiene cuidado. Debiera ser una ayuda; puede ser una ayuda pero también puede ser un obstáculo.

Anthony de Mello

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La valía personal

La valía personal

Hablemos de problema de la valía personal. La valía personal no significa el valor de uno mismo. ¿De dónde procede el valor de uno mismo? ¿Se obtiene del éxito en el trabajo? ¿De tener mucho dinero? ¿Se obtiene de atraer a muchos hombres (si usted es mujer) o a muchas mujeres (si usted es hombre)? Cuán frágil es eso, cuán transitorio.

Cuando hablamos del valor de uno mismo, ¿no estamos hablando realmente de cómo nos reflejamos en el espejo de la mente de los demás?

Pero ¿tenemos que depender de eso? Uno comprende su propia valía personal cuando ya no se identifica o se define en función de esas cosas pasajeras.

No me vuelvo bello por el hecho que todos digan que soy bello. Realmente no soy ni bello ni feo. Estas cosas van y vienen. Mañana podría transformarme en una criatura muy fea, pero todavía sería “yo”. Entonces, digamos que me hago cirugía plástica y otra vez vuelvo a ser hermoso. ¿El “yo” realmente se vuelve hermoso?

Es necesario dedicar mucho tiempo a reflexionar sobre estas cosas.

Se las he dicho rápidamente, pero si dedican tiempo a comprender lo que he dicho, para profundizar en ello, tendrán una mina de oro. Lo sé, porque cuando lo descubrí la primera vez descubrí un verdadero tesoro.

Las experiencias placenteras hacen la vida deliciosa. Las dolorosas llevan al crecimiento.

Las experiencias placenteras hacen la vida deliciosa, pero de por sí no llevan al crecimiento. Lo que lleva al crecimiento son las experiencias dolorosas. El sufrimiento señala un área en la cual uno todavía no ha crecido, en la cual uno necesita crecer, transformarse y cambiar.

Si supieran utilizar el sufrimiento, ¡ah, cuánto crecerían!

Limitémonos por ahora al sufrimiento psicológico, a todas esas emociones negativas que tenemos. No pierdan su tiempo en ninguna de ellas. Ya les he dicho lo que podrían hacer con esas emociones. La decepción que tienen ustedes cuando las cosas no les resultan como querían, ¡obsérvenla! Miren lo que ella dice de ustedes. Lo digo sin condenar (de otra manera quedarían atrapados en el odio hacia ustedes mismos). Obsérvenla como la observarían en otra persona. Observen esa decepción, esa depresión que ustedes sufren cuando los critican. ¿Qué dice ella de ustedes?

¿Han oído hablar de aquella persona que dijo: “¿Quién dice que la preocupación no sirve? Ciertamente ayuda. ¡Cada vez que me preocupo por algo, no sucede!”

Bien, ciertamente le sirvió a ella.

O el otro que dijo:

“La persona neurótica es la que se preocupa por algo que no ocurrió en el pasado. No es como nosotros, las personas normales, que nos preocupamos por las cosas que no ocurrirán en el futuro”.

De eso se trata. Esa preocupación, esa ansiedad, ¿qué le dicen a uno?

Los sentimientos negativos, todos los sentimientos negativos son útiles para la consciencia, para la comprensión. Le dan a uno la oportunidad de sentirlos, de observarlos desde fuera.

Al comienzo, la depresión todavía estará allí, pero usted habrá cortado su conexión con ella. Gradualmente, comprenderá la depresión. A medida que la comprenda, le dará con menos frecuencia, y desaparecerá por completo. Tal vez, pero en ese momento ya no importará gran cosa.

Antes del despertar yo solía deprimirme. Después del despertar sigo deprimido. Pero gradual o rápidamente, o de repente, uno llega al estado del despertar. Éste es el estado en que uno descarta sus deseos. Pero recuerden que lo que quiero decir con deseos y anhelos. Quiero decir: “A menos que obtenga lo que deseo, me niego a ser feliz”. Quiero decir, los casos en que la felicidad depende de que se cumpla el deseo.

Anthony de Mello

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¿Hago algo para cambiarme a mí mismo?

¿Hago algo para cambiarme a mí mismo?

¡Le tengo una gran sorpresa, muchas buenas noticias!

Usted no tiene que hacer nada. Cuanto más haga, peor será. Todo lo que tiene que hacer es comprender.

Piense en alguien con quien vive o con quien trabaja y que no le parece agradable, que le causa sentimientos negativos. Veamos lo que sucede. Lo primero que usted necesita comprender es que el sentimiento negativo está en usted. Usted es el responsable del sentimiento negativo, no la otra persona. Otra persona en su lugar estaría completamente calmada y a sus anchas en presencia de esa persona; no se afectaría. Usted si.

Ahora comprenda otra cosa: usted está haciendo una exigencia. Usted espera algo de esta persona, ¿entiende? Entonces dígale a esa persona:

“Yo no tengo el derecho de exigirle nada a usted”. Al decir eso, descartará su expectativa. “Yo no tengo derecho a exigirle nada a usted. Claro que me protegeré de las consecuencias de sus acciones o de su mal humor o de lo que sea, pero puede seguir adelante y ser lo que quiera ser. No tengo derecho a hacerle ninguna exigencia”.

Mire lo que le sucede a usted cuando hace esto. Si encuentra resistencia para decirlo, cuánto va a descubrir sobre usted mismo. Permita que el dictador que hay en usted salga a la luz.

Usted pensaba que era un cordero, ¿verdad? Pero yo soy un tirano y usted es un tirano. Una pequeña variación de “yo soy un asno, usted es un asno”. Yo soy un dictador, usted es un dictador. Yo quiero organizarle su vida; quiero decirle exactamente cómo se espera que sea y cómo se espera que se comporte, y es mejor que usted se comporte como yo he decidido o me castigaré a mí mismo con sentimientos negativos.

Recuerde lo que les dije: todos somos locos.

Algunos de ustedes me preguntan qué quería decir cuando expresé: “Usted sea usted mismo, eso está bien, pero yo me protegeré, yo seré yo mismo”. En otras palabras, no permitiré que usted me manipule. Yo viviré mi propia vida; iré por mi propio camino; permaneceré libre para pensar mis pensamientos, para seguir mis inclinaciones y mis gustos. Y a usted le diré que no.

Si siento que no quiero estar en su compañía, no será por ningún sentimiento negativo que usted provoque en mí. Porque ya no lo provoca. Usted ya no tiene poder sobre mí. Sencillamente, quizá prefiera la compañía de otras personas. De manera que cuando usted me diga: “¿Vamos al cine esta noche?” Yo diré: “Lo siento, quiero ir con otra persona; me gusta la compañía de ella, más que la suya”. Y eso está bien, decirle que no a la gente es maravilloso; es parte del despertar.

Parte del despertar es que usted vive su vida como le parece

Y compréndalo; eso no es egoísmo. Lo egoísta es exigir que otro viva su vida de acuerdo con los gustos de usted. O con su orgullo, o con su ganancia, o con su placer. Eso sí es egoísmo. De modo que me protegeré. No me sentiré obligado a estar con usted; no me sentiré obligado a decirle que sí. Si su compañía me parece agradable, la disfrutaré sin aferrarme a ella. Pero ya no lo evito a usted a causa de algún sentimiento negativo que usted produce en mí. Usted ya no tiene ese poder.

Anthony de Mello

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¿Puedo saber que es el “yo”?

¿Puedo saber que es el “yo”?

Les sugiero un ejercicio: Escriban en una hoja de papel cualquier forma breve en que ustedes se describirían; por ejemplo, hombre de negocios, sacerdote, ser humano, católico, judío, cualquier cosa.

Me doy cuenta que algunos escriben cosas como fructífero, peregrino en búsqueda, competente, vivo, impaciente, centrado, flexible, reconciliador, amante, miembro de la especie humana, demasiado estructurado. Confío en que esto sea el resultado de observarse uno a sí mismo. Como si estuviera observando a otra persona.

Pero dénse cuenta, el “yo” está observándome a “mí”. Éste es un fenómeno interesante que nunca ha dejado de asombrar a los filósofos, místicos, científicos, psicólogos, que el “yo” pueda observarme a “mí”. Parece que los animales no son capaces de hacer esto. Parece que se necesita cierta cantidad de inteligencia para poder hacerlo.

Lo que voy a decirles ahora no es metafísica; no es filosofía. Es sencilla observación y sentido común: Los grandes místicos del Oriente se refieren realmente al “yo”, no al “mí”. De hecho, algunos de estos místicos nos dicen que empezamos primero con las cosas; después pasamos a una consciencia de los pensamientos (es decir, del “mí”); y finalmente obtenemos una consciencia del pensador. Las cosas, los pensamientos, el pensador. Al que realmente estamos buscando es al pensador.

¿Puede el pensador conocerse a sí mismo?

¿Puedo saber que es el “yo”?

Algunos de estos místicos responden: ¿Puede el cuchillo cortarse a sí mismo? ¿Puede el diente morderse a sí mismo? ¿El ojo puede verse así mismo? ¿Puede el “yo” conocerse a sí mismo?

Pero ahora estoy pensando en algo mucho más práctico, que es decir qué no es el “yo”. Iré tan lentamente como sea posible porque las consecuencias son devastadoras. Maravillosas o aterradoras, según el punto de vista de cada cual.

Escuchen esto: ¿Yo soy mis pensamientos, los pensamientos que estoy pensando?

No. Los pensamientos van y vienen; yo no soy mis pensamientos.

¿Soy mi cuerpo?

Nos dicen que millones de células de nuestro cuerpo cambian o se renuevan cada minuto, de manera que después de siete años no tenemos en nuestro cuerpo una célula viva de las que había en él hace siete años. Las células van y vienen. Las células se forman y mueren. Pero el “yo” parece que permanece, de manera que ¿yo soy mi cuerpo? ¡Es evidente que no!

El “yo” es algo diferente del cuerpo; es algo más. Podría decirse que el cuerpo es parte del “yo”, pero es una parte que cambia. Se mueve continuamente, cambia continuamente. Le seguimos dando el mismo nombre, pero él cambia constantemente. Así como les damos el mismo nombre a las Cataratas del Niágara aunque las Cataratas del Niágara estén constituidas por agua que cambia continuamente. Usamos el mismo nombre para una realidad que siempre está cambiando.

¿Y, en cuanto a mi nombre? ¿”Yo” es mi nombre?

Evidentemente, no. No porque puedo cambiarme de nombre sin que cambie mi “yo”. ¿Mi carrera? ¿Mis creencias? Digo que soy católico, judío. ¿Es eso una parte esencial del “yo”? Cuando paso de una religión a otra, ¿Ha cambiado el “yo”? ¿Tengo un nuevo “yo” o es el mismo “yo” que ha cambiado? En otras palabras, ¿es mi nombre una parte esencial de mí, del “yo”

Bien, alguien me contó otra historia acerca de Patricio. Patricio va por una calle en Belfast y siente un revólver en la nuca; una voz le dice: “¿Es usted católico o protestante?” Bien, Patricio tenía que pensar de prisa. Dice: “Yo soy judío”, y la voz le dice: “Yo soy el árabe más afortunado de todo Belfast”. Los rótulos nos importan mucho. “Yo soy republicano”, dice usted. Pero ¿lo es realmente? Es imposible que usted quiera decir que cuando cambia de partido cambia de “yo”. ¿No se trata del mismo viejo “yo” con nuevas convicciones políticas?

Recuerdo haber oído acerca de un hombre que le pregunta a un amigo…

-¿Piensas votar por los republicanos?

– No, voy a votar por los demócratas – Le contesta el amigo – Mi padre era demócrata, mi abuelo era demócrata y mi bisabuelo era demócrata.

– Esa lógica es loca – dice el otro -. Es decir, si tu padre hubiera sido ladrón de caballos, y tu abuelo hubiera sido ladrón de caballos, y tu bisabuelo hubiera sido ladrón de caballos ¿qué hubieras sido tu?

– Ah – respondió el amigo -, entonces sería republicano.

Dedicamos mucho tiempo en la vida a reaccionar a los rótulos, los nuestros y los de los demás

Identificamos los rótulos con el “yo”. Católico y protestante son rótulos frecuentes.

Cierta vez un hombre fue a ver a un sacerdote y le dijo:

– Padre, quiero que diga una misa por mi perro. El sacerdote se indignó:
-¿Cómo así? ¿Decir una misa por su perro?
– Era mi perro consentido – le contestó el hombre – Yo amaba ese perro, y me gustaría que usted dijera una misa por él.
– Aquí no decimos misas por perros – replicó el sacerdote -. Pruebe en la iglesia vecina. Pregunte si pueden celebrarle un servicio.
Cuando el hombre estaba por irse, le dijo al sacerdote:
– Es una lástima. Realmente yo amaba a ese perro, iba a pagarle un millón de dólares por la misa. Y el sacerdote dijo:
Espere un momento, usted no me había dicho que su perro fuera católico.

Cuando usted está atrapado por los rótulos, ¿qué valor tienen esos rótulos, en cuanto al “yo”?

¿Podríamos decir que el “yo” no es ninguno de los rótulos que le adjudicamos? Los rótulos pertenecen al “mi”. Lo que cambia constantemente es el “mi”. ¿El “yo” cambia alguna vez? ¿Cambia alguna vez el observador? El hecho es que cualquier rótulo en que usted piense (excepto quizá ser humano) debe aplicarlo al “mi”. “Yo” no es ninguna de esas cosas. De manera que cuando usted sale de usted mismo y observa el “mi”, ya no se identifica con el “mi”.

El sufrimiento existe en el “mi”, de manera que cuando usted identifica el “yo” con el “mí” empieza el sufrimiento.

Diga que tiene miedo, o deseo o ansiedad. Cuando el “yo” no se identifica con el dinero, o el nombre o la nacionalidad, o las personas o los amigos, o con cualquier cualidad, el “yo” nunca está amenazado.

Puede ser muy activo, pero nunca está amenazado. Piense en cualquier cosa que le ha causado o causa dolor o preocupación o ansiedad. En primer lugar, puede identificar el deseo bajo el sufrimiento; hay algo que usted desea ardientemente, o no habría sufrimiento. ¿Qué es ese deseo? En segundo lugar, no es sencillamente un deseo; hay identificación. De alguna manera, usted se dijo a usted mismo:

“El bienestar del “yo”, casi la existencia del “yo”, está ligada con este deseo”. Todo sufrimiento es causado por identificarme con algo, sea que ese algo esté dentro de mí o fuera de mí.

Anthony de Mello

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Simplemente sé tú mismo

Simplemente sé tú mismo

Busca lo que hay tras esta percepción. Investiga lo que tú consideras como «tú mismo»

Este es el propósito, el sentido de toda espiritualidad, de toda búsqueda, de tu propia existencia: comprender este asombroso e intrincado juego de la Conciencia, viendo qué es esta ilusión, qué es esta percepción errónea y cuál es su fuente, Eso que la hace posible.

Lo que eres, ya lo eres siempre

Es ver lo que no eres lo que te permite alejarte de la equivocación, lo que te permite salir del rol erróneo de ser un temeroso individuo separado.

Cuando abandonas lo que no eres, lo que queda no es algo que debas llegar a ser, sino lo que ya eres desde siempre. Por eso no hay nada que debas hacer o que tengas que llegar a ser o que aprender o que trabajar o que purificar.

Estar en tu estado natural no requiere de ningún esfuerzo en absoluto. Lo que resulta dificultoso y requiere de continuo esfuerzo es mantener esta idea falsa e innatural de ser alguien, de ser un individuo, de ser un algo separado.

¡Tú eres una no-entidad! ¡Abandona esa idea!

Cuando abandonas esa idea descansas en el sin esfuerzo de Todo Lo Que Es, de lo que podría denominarse tu estado natural.

No puede alcanzarse el sin esfuerzo a base de esfuerzo

No puede lograrse la no-mente mediante la mente. No puede lograrse la paz luchando.

No puedes intentar ser feliz por lo mismo que no puedes intentar dormirte o intentar actuar con naturalidad. Solo actúas con naturalidad cuando no lo intentas, cuando lo haces sin pensar y simplemente te dejas llevar por la vida.

Venía gente de toda la India y de todo el mundo para ver a Ramana Maharshi y pedirle consejo sobre la senda espiritual. ¿Su consejo? «Simplemente sé tú mismo».

David Carse

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No hay nadie aquí


No hay nadie aquí

Mira, todo es increíblemente simple. No hay nadie aquí

Esta afirmación no es una figura retórica. Estoy diciéndote de veras que no hay nadie aquí, que no hay ninguna persona hablándote, no hay ningún individuo. Me miras y piensas que hay una persona aquí hablándote, intentando decirte algo. Te aseguro que no es así. Mírame. Si no fuera por la Conciencia que fluye por este cuerpo, ¿qué es lo que habría aquí? ¿Qué es lo que sería este cuerpo si no habitara en él la Conciencia? ¡Sería un cadáver, por supuesto!

Materia muerta. No hay nada más aquí

Solo hay la apariencia de un cuerpo y la Conciencia que lo anima

Tú, al igual que el resto del mundo, habéis asumido que hay una persona aquí, una individualidad discreta; que la Conciencia, que es la fuerza vital aquí existente, es una consciencia individual que es propia únicamente de este cuerpo y que está separada de la consciencia que habita en otros cuerpos.

Todo eso está basado en apariencias: parece que hay cuerpos separados, de modo que se asume que hay consciencias separadas.

La creencia en esta asunción te impide ver Lo Que Es, y es también causa de que esta vida te parezca inquietante, confusa, infeliz y, en general, de que experimentes temor y sufrimiento. Pero no es el caso. No hay aquí, en modo alguno, un individuo sentado hablándote

Este cuerpo no es nada, no es más que una apariencia en el sueño. Todo lo que hay es Conciencia, y es Conciencia lo que fluye a través de esta apariencia

No hay nada aquí que exista en y por sí mismo. Lo que denominamos ser humano no es un ser independiente, ni un mecanismo originario o un aparato emisor. Es una estación repetidora, es un mecanismo de paso o transmisor de la Conciencia, que es la Conciencia Única, Todo Lo Que Es. Esto es lo que soy yo hablándote a ti. Y es esa misma Conciencia Única lo que está escuchando esto, lo que me mira desde esos ojos que llamas tuyos. Lo que yo soy cuando digo « Yo Soy» es exactamente lo mismo que eres tú cuando dices «Yo Soy».

Una vez visto esto, la ironía de la situación resulta pasmosa

Mira: eso que consideras «tú mismo», lo que percibes como una persona individual, esta idea de ser una entidad separada, un cuerpo-mente-personalidad-alma-intelecto, eso es un subproducto posterior, un artefacto, un efecto colateral casi accidental de esta corriente, de este flujo de Conciencia.

Lo que el organismo percibe erróneamente como una «mente» que él cree suya, no es sino el fluir de la Conciencia en ese organismo; es precisamente la Conciencia que fluye en el organismo lo que hace posible que el organismo crea que es diferente de esa Conciencia Única.

Es un sencillo e inocente error de percepción.

Y muy tonto, en verdad, ya que el mismo Uno que parece estar pensando esto, que parece que no ve, que aparentemente no comprende que no existe como individuo separado y que solo existe en cuanto que Todo Lo Que Es, es Él Mismo la Yo-idad misma que es la única Esidad de todo ver, de toda comprensión.

David Carse

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Desde un taxi en Bombay

Desde un taxi en Bombay

Cierto día, cuando regresaba de una charla matinal en el apartamento de Ramesh, el taxi se vio obligado a detenerse en una retención del tráfico y un mendigo con aspecto aún más patético que los restantes se aproximó a la ventanilla trasera.

Al dirigirle la mirada, contemplé a un hombrecillo indio que apenas llegaba al metro cuarenta de estatura

Sus ojos estaban al mismo nivel que los míos, a pesar de hallarme sentado en el desvencijado y diminuto Padmini.

No tenía brazos, pero de uno de sus hombros brotaba una mano que ahora reposaba sobre la puerta del vehículo con la palma hacia arriba, mientras que su rostro penetraba por la ventanilla en busca del mío.

Su faz desfigurada, sus hombros encorvados y su cabeza igualmente deforme mostraban las cicatrices y la mugre y el abuso de la vida en las calles, y su boca se movía en una apenas audible letanía de súplica y petición con la práctica de toda una vida, hasta que sus ojos capturaron los míos y entonces se detuvo, y todo se detuvo, y allí permanecimos, con nuestros rostros distando apenas medio metro, los ojos mirando a los ojos.

«No sucede nada»

Hay momentos como este en los que «no sucede nada», en los que de súbito se ve con claridad que lo que parece estar sucediendo no está sucediendo, y lo que realmente está sucediendo aparece del único modo que puede hacerlo: como no-algo. En este momento los roles cesaron, la rutina mendicante cesó por completo y no hubo movimiento alguno para darle una moneda. Ambas formas permanecieron completamente inmóviles y vacías, y las fronteras se evaporaron.

Es difícil describir la sensación que se experimenta en tales instantes. Cualquier sentimiento que hubiera podido comenzar a emerger se detuvo repentinamente y no había pena ni angustia ni aversión ni incomodidad o malestar, ni tan siquiera compasión.

Mientras mantenía la mirada fija en él, estaba claro que me estaba mirando a mí mismo y estaba claro que estaba mirando a Dios

La retorcida forma física de este mendigo parecía transparente y estilizada como un delgado y trémulo brillo que reverberaba en el calor tropical de la ciudad, y el Brillo fluía tan visiblemente a través y en torno suyo que era imposible no ver su figura y la escena callejera tras él como formas soñadas, y a la propia luz del Brillo como la obvia realidad subyacente, ahora incapaz ya de permanecer oculta.

En ese momento hubo una sensación de intensa quietud neutral: mientras nuestros ojos cruzaban sus miradas no había nada que hacer, nada que decir, nada que sentir, nada que pensar.

Si hay identificación como cuerpo/mente, entonces emerge todo el proceso mental:

«Oh, dios mío, “yo” soy muy afortunado, “yo” soy muy próspero, “yo” vivo muy confortablemente y ese pobre tío está muy mal. “Yo” me siento fatal, “yo” me siento terriblemente, “yo” tengo que hacer algo con esto».

O a la inversa, si la situación se da al revés: «”yo” lo tengo muy difícil, “yo” no tengo lo que “yo” quiero o necesito. Esa otra gente tiene más que lo que tengo “yo”, “yo” tengo que hacer algo…, o mejor aún, uno de “ellos” tiene –o todos tienen- que hacer algo para ayudarme a “mí”».

Todo ello está impulsado por el sentido de ser un «yo» individual, junto con la consiguiente comparación con otros aparentes «yoes» individuales.

Pero cuando no hay identificación como uno de esos aparentes individuos, entonces todo esto simplemente está sucediendo.

En un cuerpo/mente emerge felicidad. En otro cuerpo/mente está sucediendo pobreza. En este, rabia; en ese otro, riqueza y odio; en aquel, enfermedad y paz; en aquel otro, ¡perfecta salud y completo aburrimiento! Hay infinitas combinaciones de atributos y experiencias en estos miles de millones de cuerpos/mente.

Uno de estos cuerpos/mente es éste. Pero, en realidad, no importa.

David Carse

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¿Quién soy yo?

¿Quién soy yo?

La misma pregunta de siempre.

Ciertamente, no soy este cuerpo de efímeras y cambiantes moléculas y átomos y partículas físicas que incluso los físicos afirman últimamente que no existe como tal.

Tampoco soy esta mente, con pensamientos que vienen de no se sabe dónde y que no puedo controlar.

Finalmente se llega a esto: de lo único de lo que podemos estar seguros es de la Conciencia que habita profundamente adentro, detrás y más allá de la personalidad, que es previa a todas las variaciones acerca de lo que pensaba que era o de quién creía ser, que es el sentir y saber que «Yo Soy», el irreductible e intuido Sí Mismo, la Fuerza Vital que existe y que sabe que existe.

Eso es todo, es la única constante. Todo lo demás es un constructo, una fabricación.

Tras todas las capas, cada uno de nosotros tiene esta misma experiencia de que « Yo Soy» la existencia, la misma experiencia de Sí Mismo

Inexplicablemente, esta experiencia común es atribuida a diversos sí mismos, cada cual teniendo exactamente la misma experiencia de Sí Mismo. A este Sí Mismo impersonal se lo considera personal, se lo considera un sí mismo «individual» que habita en cada cuerpo/mente individual. Después de todo, esto es lo que parece ser.

Pero no tienes que excavar mucho para descubrir que esto no tiene sentido

Que sea posible mantener la idea de que hay sí mismos individuales y separados se debe, únicamente, a que en cada aparente sí mismo existe la experiencia de Sí Mismo. Y esta experiencia ha sido interpretada erróneamente como una experiencia personal que pertenece a un cuerpo/mente personal. Se considera que el Sí Mismo o Fuerza Vital que anima a un cuerpo y a una mente es diferente del que anima otro cuerpo/mente, debido a que la expresión del Sí Mismo es diferente en cada cual. Nos concentramos sobre la expresión, que es variable e inconstante, y nos perdemos lo que subyace tras ella.

Lo constante es que solo hay Uno

Solo hay un Sí Mismo, una única Conciencia que halla expresión en la apariencia de múltiples cuerpos y mentes.

Mi saber « Yo Soy» y tu saber « Yo Soy» es el mismo y único Sí Mismo sabiendo.

La Realidad es lo que subyace tras las apariencias: el Sí mismo, el « Yo Soy», la Conciencia, lo Absoluto.

Lo que llamamos «individuos» son solo apariencias, constructos relativos.

De hecho, todo lo que calificamos de «realidad» física y mental no es más que una apariencia, pura relatividad.

Por eso es verdad que no hay nada sucediendo aquí, a pesar de lo que parezca. A pesar de las apariencias, no hay nada en la «realidad» física que sea real, no está sucediendo nada aquí, y «david», junto con todo lo demás, es solo un concepto, una idea, una pompa fruto del pensamiento que, en última instancia, no existe.

David Carse

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Yo Soy el nonato

Yo Soy el nonato

Déjate silenciosamente llevar

por el poderoso impulso

de lo que en verdad amas.

RUMI

Míralo de este modo

Supón por un momento, aunque sea solo en aras de esclarecer la cuestión, que es posible que alguien haya visto, haya llegado a saber o se haya persuadido más allá de toda duda, de que todo lo que consideramos «real» es, de hecho, una fantasía generada por la mente. Supón que esta ilusión incluye todas las ideas y palabras y experiencias y percepciones, así como las cosas que consideramos «seres humanos» y que son las que tienen tales ideas o percepciones.

Y suponiendo, también solo en aras del argumento, que tal persona no está simplemente loca, sino que puede estar de algún modo, aunque solo sea una remota posibilidad, viendo algo que los demás no ven; entonces, y en tal caso, ¿cómo podría tal persona comunicar a otros lo que ve, siendo que sabe que tanto ella misma como todas los demás, así como cualesquiera ideas o palabras que pudiera emplear para comunicarse, es todo parte de la ilusión y, por tanto, todo resulta absolutamente inefectivo?

¿Qué analogías, qué metáforas o juegos de palabras podrían utilizarse para intentar expresar lo que está más allá de lo expresable?

En tal caso podrían quizá decirse cosas tales como: «Se parece a la luz, pero no es luz; es algo tan completamente más allá de la luz que no puede verse», o «Está en todas partes y en ninguna al mismo tiempo», o «Es la plenitud de todo cuanto es, lo cual es completo vacío; es lo que ya eres aunque no puedes verlo», o, simplemente, «Yo-Soy-Eso».

Y, desde luego, si has echado un vistazo a las tradiciones místicas o esotéricas de las religiones mundiales, reconocerás que este es exactamente el tipo de cosas que, según recogen las crónicas, dijeron los diversos «maestros espirituales».

Por favor, escucha muy atentamente; esta información que sigue es muy importante

Es lo contrario a lo que te han dicho siempre; y lo que te han dicho siempre no es verdad. Aquello de lo que aquí estamos hablando es algo extremadamente simple. No es su complejidad o su dificultad lo que hace que sea tan complicado de comunicar o de entender, no. Por el contrario, es algo muy simple y muy sencillo. Lo que sucede es que está tan completamente reñido con lo que suele creerse y con la manera en que comúnmente se interpreta la experiencia, que la mente no puede comprenderlo.

Hay una realidad consensuada y concordada que casi toda la raza humana comparte. El mundo ha estado dando vueltas desde hace mucho tiempo; es muy antiguo…Tú naces como un individuo dentro de este mundo; creces, aprendes, experimentas la vida y mueres. Hay algún desacuerdo acerca de lo que sucede tras eso, excepto que la vida proseguirá para todos los demás hasta que también ellos mueran. Todo el mundo cree que sabe esto o algunas variaciones locales de esto mismo. Pero lo cierto es que cuando «naciste» no lo sabías. Lo aprendiste. Todos los demás lo aprendieron igualmente, y de este modo se convirtió en una idea compartida casi universalmente. Pero el hecho de que todo el mundo crea algo no lo convierte en verdad.

Yo Soy el nonato

Por toda la eternidad, sin tiempo, Yo Soy el nonato. De igual modo que un sueño comienza en un determinado punto mientras dormimos, así mismo Eso que Yo Soy aparece «en un determinado punto» como Conciencia aquí, y este mundo deviene existente. Abro los ojos: hay experimentación de la vida en este aparente mente/cuerpo. Tras un cierto periodo de experimentación, cierro los ojos: el mundo cesa de existir, y por toda la eternidad Yo Soy el nonato.

¿Qué podría ser más simple, o más obvio? De vez en cuando aparece alguien que intenta contarle esto a la gente, pero la realidad consensuada es dura de pelar. Se autorrefuerza a sí misma y lleva incorporados diversos modos de hacer frente a las disonancias cognitivas.

Una manera de hacerlo es calificar de locos a los transgresores.

Otra, igual de efectiva, es llamarlos «místicos».

Ya sea de un modo o del otro, se preservan tanto la ilusión de separación como el consenso sobre la realidad.

Así que el maestro trabaja con extrañas historias, parábolas, metáforas, acciones…

Con afirmaciones pronunciadas un día y directamente contradichas al siguiente, intentando sortear las defensas. Si tomas con literalidad cualquiera de las declaraciones del maestro, estarás pasando por alto aquello hacia donde la declaración apunta y, en cambio, te hallarás mirando dentro de la realidad consensuada, lo cual no era lo que se buscaba.

De ahí que la manera (avalada por el tiempo) de aprender de estos peculiares personajes del sueño, si es que uno tiene tal inclinación, consiste en sentarse con ellos por algún tiempo, ya sean meses o años, resistiendo sus contradicciones y sus revocaciones y sus non sequiturs y su aparente locura, hasta que uno absorbe la cantidad suficiente de estos vectores divergentes como para lograr trazar una especie de promedio entre todos ellos y así alcanzar a dirigir la mirada más allá de ellos, hacia el punto donde previsiblemente podrían converger, un punto más allá de cualquier cosa que pueda ser comprendida o imaginada.

David Carse

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Imitación

Imitación

Imitación

La mayoría de las personas se vuelven «copistas», imitadores, con lo que pierden su propia identidad y siguen los modelos y patrones de otros que, muchas veces, aprovechan esa debilidad humana para apuntalar su ego y explotar a los demás.

En la imitación nunca puede haber ni belleza ni frescura, ni creatividad ni espontaneidad, en suma, ninguna potenciación de los propios recursos vitales.

La imitación convierte al ser humano en autómata, deficitario psíquico, siervo.

En una sociedad donde priman los intereses económicos y donde se trata de producir deseos ficticios, no resulta en absoluto fácil escapar de la sugestión colectiva y las tendencias miméticas, que han sido perversamente delineadas.

Cuando la persona imita continua e inconscientemente modelos, mutila sus más preciadas energías y deviene adicta a esos modelos y esquemas, que son los que le procuran una artificial «coherencia» sin la cual se encuentra como sobre arenas movedizas; es decir, no sabe cómo pensar, hablar y proceder por sí misma y tiene que hacerla por los fáciles y automáticos cauces que se le marcan.

La visión de la persona está muy enturbiada por los modelos que imita en ocasiones con apasionado fervor y que la inducen incluso a identificarse con toda suerte de «valores» y proyectos totalmente ajenos a ella, pero que llega a sentir como si fueran propios.

Este proceso de mimetismo se convierte en una irreparable calamidad para la psique de la persona, que le impide manifestar sus mejores energías y que convierte al sujeto en un número más en uniformada suma de individuos cuya orientación no tratan de hallar en sí mismos, sino en los cánones y modelos imperantes.

La vida entonces no constituye un arte y mucho menos un aprendizaje…

… Sino una simple e incluso grotesca caricatura de lo que en sí misma debe ser. El que imita de manera sistemática (casi siempre desde la inconsciencia, llegando a creer que la iniciativa parte de él), permanece emocional y psicológicamente larvado, viviendo la vida de acuerdo con códigos que no son los suyos e incapaz de complementar la ley externa con su propia ley interior.

Entonces el juicio, el raciocinio y la inteligencia primordial de la persona están inoperantes y ésta, en lugar de afirmar su ser, vive para obedecer, sin investigar ni cuestionarse, a los modelos que se le ofrecen como idóneos y que raramente lo son.

Ramiro Calle

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Autoindagación

Autoindagación

Nos hacemos muchas preguntas, a veces quizá demasiadas. ¿Habrá otros planetas con vida? ¿Tendremos alma y sobreviviremos? ¿Habrá resurrección o reencarnación? ¿Podremos viajar al pasado o al futuro? ¿Descubriremos el origen de la vida? Preguntas sobre preguntas.

Una historia

Hay una historia. Un hombre aparentemente nunca hacía nada. Tenía, claro está, fama de vago en la localidad en la que vivía. Un día le preguntaron: «Bueno, amigo, siempre aquí sentado en un banco del parque, tú ¿qué haces?». El hombre respondió con mucha naturalidad: «Yo, amigos, me hago preguntas. No me queda tiempo para otra cosa».

Claro, ¡hay tantas preguntas! Pero nadie se cuestiona quién se hace las preguntas. Si estamos en la senda del autoconocimiento, tenemos que empezar por interrogarnos: ¿quién quiere conocer a quién? En suma, ¿quién soy yo? Existe una técnica muy antigua de autoconocimiento y autorrealización que se denomina vichara. Quiere decir «autoindagación» o «autoaveriguación». Ponemos mucha energía en descubrir otras galaxias, el fondo de los mares o el origen de las especies, pero muy poca o ninguna en el autodescubrimiento.

¿Quién soy yo?

No se trata de repetir mecánicamente este interrogante, pues seguiríamos en el círculo vicioso de las preguntas. Se trata -y en eso consiste la técnica- del ardiente deseo de saber quién hay detrás del cuerpo, los pensamientos y las emociones. Es un método excelente para ir desvinculándonos un poco de nuestras vestimentas (ego, cuerpo, mente, personalidad) e ir captando supraconscientemente nuestro ser o testigo inafectado. Es una vía importante para la conquista de la paz interior.

Esta ardiente autoindagación, sintiéndonos en lo profundo, es un método eficiente para no dejarse conducir por los pensamientos negativos y situarse en la fuente de los mismos, donde hay mayor sosiego y plenitud. Si sientes odio, envidia, rabia, pregúntate a quién se le ocurren estos pensamientos. Siempre te retrotraerás a la contestación «yo»; pero ¿quién soy yo? No, no se trata de buscar respuestas lógicas, intelectivas o conceptuales, o ¿es que sólo somos un concepto o una idea? Averígualo. Si lo descubres, no se lo cuentes a los demás, porque cada uno tiene que descubrir su ser real y sentir la ansiada paz interior.

La mirada interior

En la vía del autodescubrimiento cuenta la mirada interior. ¿Qué es? Los buscadores de lo que está más allá de las apariencias y el ego lo saben muy bien. Es la mirada de nosotros mismos, de nuestra interioridad.

Hay una palabra poco conocida y menos utilizada: «talidad». Es lo que somos más allá de la burda máscara de la personalidad, representa nuestra esencia que, a diferencia de la personalidad, no es adquirida, sino genuina. En la personalidad no puede haber real sosiego ni plenitud; en la esencia o nuestra naturaleza original puede abrirse un prometedor canal hacia la serenidad más plena.

Mirarse no es analizarse o justificarse o recriminarse, sino tratar de verse como uno es y no como uno querría ser o los demás nos fuerzan a ser. Mirarse interiormente es dialogar con nuestro yo real, pero sin palabras ni conceptos. Hay personas que tanto miran hacia fuera y hacia «mañana» que, por un lado, nunca se ven y, por otro, comprueban que el «mañana» jamás llega.

Ramiro Calle

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Libre del “Yo”

Libre del “Yo”

(…) Mi maestro me explicó que esta luz, que parecía venir de fuera, era en realidad la luz reflejada por el Sí. En mis meditaciones, fui visitado por esta luz y atraído por ella, lo que me proporcionó una gran claridad en el actuar, el pensar y el sentir.

Mi forma de escuchar se hizo incondicionada, libre del pasado y del futuro. Esta escucha incondicionada me condujo a una actitud receptiva y cuando me familiaricé con la atención, ésta quedó libre de toda expectativa, de toda volición. Me sentí instalado en la atención, en una apertura en plenitud a la conciencia.

Cambio

Posteriormente, una noche acaeció un cambio completo en el Paseo Marítimo de Bombay. Estaba observando el vuelo de los pájaros sin pensar ni interpretar, cuando fui completamente arrebatado por ellos y sentí que todo sucedía en mí mismo.

En aquel momento me conocí conscientemente. A la mañana siguiente, al enfrentarme con la multiplicidad de la vida diaria, supe que me había establecido en el ser comprensión.

Libertad

La imagen de mí mismo se había disuelto completamente y, libre del conflicto y de la interferencia de la imagen del yo, todo lo que ocurría pertenecía al ser consciente, a la totalidad.

La vida fluía sin la interposición del ego.

La memoria psicológica, placer y displacer, atracción y repulsión, se había desvanecido.

La presencia constante, lo que llamamos el Sí mismo, estaba libre de repetición, memoria, juicio, comparación y valoración.

El centro de mi ser había sido espontáneamente impulsado desde el tiempo y el espacio hacia una quietud intemporal. En este no-estado de ser, la separación entre «tú» y «yo» desapareció por completo. Nada aparecía fuera. Todas las cosas estaban en mí, pero yo ya no estaba en ellas. Sólo había unidad.

Me conocí en el acontecer presente, no como un concepto, sino como un ser sin localización en el tiempo y el espacio.

En este no estado había libertad, plenitud y alegría sin objeto.

Era pura gratuidad, agradecimiento sin objeto.

No se trataba de un sentimiento afectivo, sino de libertad respecto a toda afectividad, una frialdad cercana al ardor.

Mi maestro me había dado una explicación de todo esto, pero ahora se había convertido en una verdad resplandeciente e integral.

Jean Klein

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El mundo no es como tú crees

Nada es como tú crees que es

El mundo no es como tú crees que es. Tú no eres quien crees ser. Yo no soy quien tú crees que soy. Tus pensamientos respecto al mundo, respecto a ti mismo, o respecto a mí, se basan en percepciones.

Sean percepciones internas o externas, son limitadas. Reconoce eso, y oirás la invitación a entrar en la verdad de ti mismo, que no puede ser percibida o imaginada, y sin embargo lo impregna todo.

Entrar por la grieta

Cuando detienes toda actividad mental en torno a quien crees ser, o a lo que crees necesitar para tu felicidad, se abre una grieta en la autoridad de la percepción, en la estructura de la mente.

Te invito a entrar por esa grieta. Entra por esa abertura. Cuando lo haces, la mente se vacía de sus autodefiniciones.

En ese momento sólo hay silencio. Y, en ese silencio, es posible reconocer la plenitud absoluta: la verdad de quien eres.

Cualquier pensamiento que hayas tenido respecto a ti mismo, por inflado o desinflado que fuera, no es quien eres. Sólo es un pensamiento.

La verdad de quien eres no puede ser pensada, porque es la fuente de todo pensamiento.

La verdad de quien eres no puede ser nombrada o definida.

Aunque palabras como alma, luz, Dios, verdad, yo, conciencia, inteligencia universal o divinidad son capaces de evocar la dicha de la verdad, son muy inadecuadas para describir la inmensidad de quien verdaderamente eres.

Detrás de todo eso está la verdad

Comoquiera que te identifíquese a ti mismo: como hijo, como adolescente, como madre, padre, anciano, persona sana, persona enferma, persona sufriente o persona iluminada, siempre, detrás de todo eso, está la verdad de ti.

No es algo ajeno a ti. Está tan cerca que no puedes creer que eso eres tú.

Cargas con los condicionamientos de tus padres, de las culturas y religiones como si fueran tu realidad, en lugar de ver eso que siempre ha estado contigo…, más cerca que el latido del corazón, más cerca que cualquier pensamiento, más cerca que cualquier experiencia.

La verdad de tu ser permanece inmune a los conceptos sobre quién eres: ignorante o iluminado, alguien irrelevante o alguien muy valioso… la verdad de tu ser está libre de todo. Ya eres libre, y lo único que bloquear la conciencia de esa libertad es tu apego a algunos pensamientos respecto tu identidad. Esos pensamientos no te impiden ser quien verdaderamente eres.

Ya eres eso

Ya eres eso. El pensamiento te impide tomar conciencia de quién eres.

Te invito a sumergir tu atención en lo que siempre ha estado aquí, esperando abiertamente su propia autorrealización.

¿Quién eres realmente?

¿Eres alguna imagen que aparece en la mente?

¿Una sensación surgida en el cuerpo?

¿Eres alguna emoción que pasa por tu cuerpo y por tu mente?

¿Eres algo que alguien dijo que eras, o eres la rebelión contra algo que alguien dijo que eras?

Éstos son algunos de los muchos cursos posibles de la identificación errónea.

Todas estas identificaciones vienen y van, nacen y mueren.

La verdad de quién eres no viene ni va. Está presente antes del nacimiento, a lo largo de la vida y después de la muerte.

Descubrir tu verdadera identidad no sólo es posible: es tu derecho de nacimiento.

Los pensamientos de que este descubrimiento no es para ti: “ahora no es el momento”, “no te lo mereces”, “no estás preparado”, “ya sabes quién eres”… sólo son trucos mentales.

Es hora de investigar este pensamiento – yo – y ver la validez que tiene.

En este examen se produce una abertura donde la inteligencia consciente que eres puede finalmente reconocerse a sí misma.

Cuaderno de Meditación. Retiro de Semana Santa 2018 – evolucion.center

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