Libérate del resentimiento

Resentimiento

Negarse a perdonar a otros por el daño, real o imaginario, que nos han causado es un veneno que afecta nuestra salud -física, emocional y espiritual- a veces de forma muy profunda

Oímos que la gente repite con frecuencia: «Puedo perdonar, pero no olvidar» o «Deseo perdonar pero no puedo”. En realidad, están diciendo que no quieren perdonar. Quieren mantenerse firmes debido a la satisfacción que experimentan alimentando su resentimiento. No quieren, en manera alguna, que éste desaparezca. Exigen que la otra persona reconozca su culpa, que se defienda, que ofrezca una satisfacción, que sea castigada… como condición para permitir que se desvanezca el resentimiento y para librarse del veneno que corroe su interior.

O quizás desean sinceramente liberarse del resentimiento, pero éste continúa enconándose dentro de ellos porque no han tenido la oportunidad de expresarlo y, así, expulsarlo fuera de su interior. A menudo, un deseo auténtico no substituye la necesidad de echar fuera toda la rabia y resentimiento que anida, al menos, en la imaginación. No es necesario que subraye la importancia esencial de que nuestro corazón esté totalmente libre de cualquier sombra de resentimiento si deseamos progresar en el arte de la contemplación.

He aquí una forma sencilla de liberarte de los resentimientos que te atenazan:

Sirve, en primer lugar, para echar fuera de ti el resentimiento.
Imagina que tienes delante de ti a la persona contra la que estás resentido

Háblale de ello, exprésale toda la rabia que le tienes. Hazlo de la manera más viva que puedas. No tengas miramientos a la hora de elegir las palabras. Puede ayudar también algún ejercicio físico, tal como golpear un colchón o una almohada.

Hay muchas personas que coleccionan resentimientos simplemente porque tienen demasiado miedo a ser fuertes. En consecuencia, ejercen sobre sí mismos la firmeza que, dentro de medidas justas, deberían demostrar frente a los demás. La indulgencia y la sumisión, cuando son practicadas por personas que tienen demasiado miedo a hablar con franqueza o a comprometerse con lo que consideran justo, son nada más que caretas de la cobardía.

Después de haber expresado toda tu rabia -pero solamente después- trata de ver la totalidad del incidente que ha producido tu resentimiento

Pero míralo desde el punto de vista de la otra persona. Ponte en su puesto y considera todo el hecho: ¿qué aspecto tiene el incidente cuando lo contemplas a través de los ojos de la otra persona? Trata de comprender que es muy raro que una persona ataque o haga daño a otra deliberadamente.

En la mayoría de los casos, aun suponiendo que existiese la voluntad deliberada de dañar, este efecto es el resultado de una insatisfacción enraizada profundamente en la otra persona.

Las personas dichosas no son malvadas

Por otra parte, en la mayoría de los casos tú no eres el blanco de los ataques de la otra persona. Ella busca algo (o alguna otra persona) que ha proyectado en ti. Intenta ver si todas estas consideraciones te ayudan a sentir compasión por esa persona en lugar de rabia y resentimiento.

Y si fallan todos estos esfuerzos, es probable que seas de aquellas personas que inconsciente pero activamente coleccionan sentimientos dañinos y resentimientos

Es sorprendente, pero cierto, que algunas personas ponen en marcha situaciones en las que serán menospreciadas y ofendidas; una vez logrado, se enfrascan en los malos sentimientos que pretendían desde hace mucho tiempo. Si quieres evitar esta tendencia perniciosa deberás moderar tus expectativas respecto de las demás personas.

En otras palabras: mantén tus expectativas, exprésalas, incluso, a los demás si lo deseas pero déjales completamente libres

Recuerda que nadie está obligado en modo alguno a satisfacer tus expectativas en cuanto son solo tuyas. Si actúas así, evitarás tener malos sentimientos cuando no se cumpla lo que esperabas.

Muchas personas pasan por la vida haciéndose los mártires cuando entran en contacto con personas de las que implícitamente esperan algo: «Si me amases de verdad, no…“ (no me criticarías, me hablarías con amabilidad, recordarías el día de mi cumpleaños. me harías el favor que te pido, etc.)”. Les resulta muy difícil comprender que todas las expectativas que arrastran nada tienen que ver con el amor auténtico que esperan de las otras personas.

No te sorprendas de que, después de algunos momentos, los vuelvas a sentir de nuevo. Trátalos pacientemente. El sacrifico que supone renunciar a sentimientos negativos y ser feliz es demasiado grande para que la mayoría de las personas lo logren al primer intento.

Anthony de Mello

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