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Amor, Presencia

Amor, Presencia

Amor

“El amor es un misterio sin fin

pues no hay nada más que lo explique.”

Tagore

“La verdad final no puede aceptarse a menos que la mente se vacíe de «mí» y el corazón se llene de amor.”

Ramesh

David, ¿quieres saber cómo vivir la vida? ¡Deja que sea!

¡Deja que suceda!

Sea lo que sea que cada cual esté «haciendo», ¡deja que suceda!

Aquiétate, «haz» lo que quieras y ¡no te preocupes del mundo!

Aquiétate. Aquietarse significa ¡no pensar! ¿Lo ves? ¡Es muy sencillo!

 

Presencia

Ahora está clara y presente, siempre aquí, siempre lo ha estado, siempre lo estará, no es una cosa distinta, no está a ninguna distancia. Esta Presencia la siento siempre aquí, reflejándose. Es lo que me es más íntimo, lo más familiar. Es mi propio corazón, el Corazón de Dios, abrumadoramente hermoso, abrumadoramente compasivo, abrumadoramente amoroso.

Permaneces dentro de mí

desnudo, infinito Amor…

estamos perdidos donde la mente no puede hallarnos,

completamente perdidos.

Es mi propio corazón, el Corazón de la Presencia, vertiendo infinita hermosura amor compasión bienaventuranza. El Corazón del Infinito Todo, el Brillo radiante, más íntimo de lo que imaginarse pueda; la única realidad, la única verdad.

Yo no estoy presente;

lo que la Presencia es, yo soy.

Yo no soy consciente;

lo que la Conciencia es, yo soy.

Yo no amo;

lo que el Amor es, yo soy.

No hay «otro»

que pueda agradar o desagradar.

No puede haber «Otro»

a quien agradecer o implorar.

Así que no puedo decir «yo amo»

sino «yo resido en el Amor»,

dentro del Amor.

¿Dónde podría morar, si no?

¿Qué otro lugar hay?

David Carse

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Experiencia en la jungla

Experiencia en la jungla

La luz algún día te abrirá,

aunque tu vida sea ahora una jaula…

Con certeza el amor hará que estalles

en una desatada y floreciente nueva galaxia.

HAFIZ

Avanzada ya la noche

Avanzada ya la noche, en medio de la oscuridad, yaciendo sobre una estera extendida sobre el suelo de la choza de bambú, la lluvia se derrama sobre la selva y los insectos entretejen un millón de sonidos y ritmos. Yaciendo allí, en la sosegada paz de la rendición que ha sobrevenido pocas horas antes. Sin saber ni importar en qué momento ni de qué modo acaecerá la muerte inevitable.

Hay un desgarramiento, un ardiente dolor físico en el pecho, como si la caja torácica estuviera abriéndose; al mismo tiempo, hay un cosquilleo en la coronilla y la sensación de que la cúspide de la cabeza se despega como cuando se extrae una gorra muy ajustada. Hay paz, consentimiento, ningún temor. Se siente como una inmensa erupción o explosión o expansión que el cuerpo no puede contener. De la coronilla surge una oleada, un torbellino hacia no sé donde, hacia el infinito; mientras que mi corazón se expande en mi pecho y fuera de él, hasta que llena primero la selva, luego el mundo, después la galaxia.

La expansión del corazón… Presencia

La oleada de la cúspide de la cabeza se percibe, pero la atención no la sigue. Lo que sí se atiende es la expansión del corazón, porque con la expansión del corazón se expande también el «yo». Y me descubro en lo que en mi ignorancia, carente de términos o categorías, denomino Presencia; expresándose como Brillo, como luz, pero más clara y brillante, más allá de la luz. Ni blanca ni dorada, solo Brillo absoluto. Brillantemente Vivo, radiantemente Siendo Todo Lo Que Es.

Y hay un darse cuenta, realmente jocoso, de que la Presencia ha sido permanentemente consciente de «David», y es «chistoso » que «David» haya despertado lo suficiente como para percibirlo. Y hay la profunda comprensión de que nada, absolutamente nada importa. Todo cuanto jamás pensé o experimenté, o cuanto jamás podría llegar a pensar o experimentar, no es nada, un sueño; no importaba nada en absoluto. Todo era verdaderamente muy gracioso. Reí y lloré alternativamente durante horas, toda la noche, bajo la lluvia.

Tres palabras acerca de esta Presencia

En esta parte de esa experiencia en la jungla sabía tres cosas acerca de esta Presencia, acerca de Todo Lo Que Es. Tres cosas y, posteriormente, una cuarta. Las tres palabras que usaba en ese entonces eran:

Primero, que la Presencia está Viva. No es una nube inanimada o un campo energético de algún tipo; ni siquiera es algo vivo; es pura Vida, Viveza, Existencia.

Segundo, que es inteligencia. Está alerta, despierta y Consciente; es Saber. No es algo que sabe; es el Saber mismo.

Tercero, que su naturaleza, su esencia, es puro, insondable, interminable, incondicional Amor, Compasión, belleza, vertiéndose. En esta Presencia me hallé en un estado de desbordante gratitud, bienaventuranza, insondable Paz, Amor.

Meses después leí tres palabras sánscritas que tradicionalmente se emplean juntas con el fin de intentar expresar esta brillante Presencia, este Todo Lo Que Es: Sat, Chit y Ananda.

Sat: Ser. No un ser algo, no un algo que es; sino simplemente puro Ser en sí mismo; Soy-dad. Soy el que Soy. Lo que yo denomino «Vivo».

Chit: Conciencia. No conciencia de algo, sino la simple y pura Conciencia misma; Darse Cuenta. Lo que yo denomino «Inteligencia», saber.

Ananda: Bienaventuranza, Paz, Vertiéndose.

Permanezco en esta Presencia durante horas

Experimenté intensamente lo que calificaría de un «procesamiento» durante el cual sentí que revivía toda mi vida, deteniéndome allí donde había cuestiones irresueltas o asuntos inacabados: temas de la niñez, de las relaciones afectivas, antiguos dolores, pérdidas, penas…, los cuales, en buena parte, había trabajado extensamente durante múltiples años de terapia. Todos ellos fueron intensamente revividos, re-experimentados, completados y soltados. Cuando concluía uno, surgía otro. Esa noche se llegó a la resolución definitiva y a la conclusión de muchas viejas heridas que nunca antes había podido sanar.

La Presencia que se experimentó esa noche por primera vez, nunca jamás ha dejado de experimentarse desde entonces. Esta vida se vive a la Luz de la Presencia, siempre: ahora no puede no ser sentida. Esta sensación de Presencia, esta consciencia de Sat Chit Ananda, que es Brillo, es omnipresente. Tan pronto pareció expandirse el corazón fuera del pecho hasta llenar la galaxia, se apercibió la Presencia, que es Todo Lo Que Existe, como un inmenso Brillo, como Luz más allá de la luz.

Mis ojos estaban cerrados cuando sucedió esto, y el Brillo era infinito

Cuando abrí los ojos la jungla estaba oscura, tan negra como solo puede estarlo la profunda selva, protegida como está de toda luz, incluso del resplandor de la Luna y las estrellas, por el denso dosel de gigantescos árboles. Una vez con los ojos abiertos, el Brillo retrocedió hasta el trasfondo, pero aún seguía ahí, absolutamente brillante detrás de mi cabeza, aunque permitiendo que los ojos vieran la oscuridad que había ante ellos. Cuando mis ojos se cerraban, era como si el Brillo me llenara el cráneo; o aun más, como si no hubiera cabeza, ni cabaña de bambú, ni jungla, ni Tierra, ni nada que pudiera contener este Brillo que, en sí mismo, todo lo contiene y todo lo es.

Durante los primeros días y semanas este fenómeno distraía la atención y resultaba un tanto desconcertante. Siempre que los ojos estaban cerrados, había mucho más brillo que con ellos abiertos, incluso durante el día. Poder dormir bañado en este Brillo requirió de algunos ajustes; solo hay oscuridad por la noche y con los ojos abiertos, e incluso entonces aún permanece la luz detrás. Y el Brillo no es luz inerte; es Sat Chit Ananda, viviendo, respirando, consciente, amor compasión bienaventuranza vertiéndose.

No he hablado con mucha gente acerca del Brillo

Si eso hubiera sido todo cuanto sucedió esa noche quizá podría hablarse más de él. Pero a la vista de lo que sucedió unas horas después, el Brillo es simplemente lo que es, nada más. Me ha sido sugerido, por parte de aquellos que saben de estas cosas, que tiene que ver con la liberación de la energía kundalini.

No sé gran cosa acerca de la kundalini; y aparte de haber leído solo lo suficiente como para confirmar que lo sucedido parece encajar con su descripción, la verdad es que no es una cuestión relevante. Todo esto -las oleadas de energía, Sat Chit Ananda, el Brillo, el procesamiento y la sanación de antiguas heridas- no fueron más que experiencias. Maravillosas y bellas, pero experiencias al fin y al cabo, y por tanto, cosas del sueño, experiencias soñadas por un personaje del sueño; en definitiva, parte de «todo eso» que no es.

Hay una profunda gratitud por esta experiencia, por el Brillo. Es un permanente recordatorio y un profundo consuelo. Ha hecho que resulte imposible para la mente/cuerpo David caer jamás en el error conceptual de separar el mundo de la experiencia mística y de Sat Chit Ananda del mundo del cuerpo y la mente y los sentidos y los objetos. El Brillo no se encuentra en otro ámbito, accesible solamente bajo ciertas condiciones; está aquí, siempre, explotando en esta cabeza, afectando al funcionamiento visual de este organismo. Es un bello y asombroso don; una vez más, no buscado, no ganado, inmerecido.

Pero todas estas cosas no son todavía más que asuntos del sueño, y nada tienen que ver con la Comprensión.

David Carse

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Vertiéndose

Vertiéndose

Vertiéndose

Quienquiera que aquí me trajo

habrá de llevarme de regreso al hogar.

RUMI

Y así

solo hay Uno

todo lo demás es ilusión

una construcción en la mente

nada hay aquí sucediendo

solo hay

Un Ser Conciencia

Quietud silencio perfección

y en la quietud

acaso un aliento

como si

solo hubiera Uno

alentando

Y todo esto es ese aliento

todo esto es Eso

somos Eso

somos ese Uno

y sin embargo no

ni siquiera somos Uno

pues no hay nosotros

solo Uno

Nada aquí sucede

a pesar de la apariencia

nada importa

Inmoble

el aliento Uno

es un Verterse de

pura radiante compasión

amor perdón belleza gracia

Y hallo que no soy

quien pensaba ser

lo que llamaba «yo mismo»

es nada

es una idea

es una adición de recuerdos

atributos pautas pensamientos

herencias hábitos ideas

a los que puedo mirar y decir

No yo

yo no soy esto

como mí mismo yo simplemente

no soy

ningún yo ningún mí existió jamás

ilusión

fabricación

Nada hay sucediendo

nadie hay aquí

solo hay Uno

alentando

Eso es lo que yo – es

Yo Soy Eso

Y Eso es Todo

Y Eso es el Brillo

que todo esto es

vida muerte amor angustia

compasión comprensión sanación

luz

El Brillo adentro

donde el Corazón se abre y no hay

Nada

no yo no alguien

solo desgarradora belleza

y desbordante gratitud

Vertiéndose

David Carse

 

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Consciencia de las personas

Consciencia de las personas

Presento aquí una simple variación de los dos ejercicios anteriores.

Repite el ejercicio anterior recorriendo algunos de los acontecimientos que pueden suceder hoy…

Detente ahora de manera especial en las personas con las que entras en contacto en un día corriente… Piensa que cada una de ellas es el Señor resucitado en persona que se te aparece bajo un disfraz…

Reconoce al Señor en cada una de ellas… Ámalo, adóralo, sírvelo… concibiendo en tu imaginación incluso formas de adoración, de servicio y de amor que no te permitirías en el ámbito de lo real…

Al final del ejercicio vuelve al momento presente… Percíbete de la presencia de Jesús en la habitación en la que te encuentras… Adóralo… Habla con él…

La fantasía es un elemento muy valioso en nuestra vida de oración, al igual que lo es en cualquier vida emocional sana.

Si la empleamos juiciosamente, es decir, como medio para profundizar nuestra memoria y nuestro silencio interior y no como medio dé entretenimiento agradable, nuestra vida de oración se enriquecerá en gran medida. Sin duda que descubrirás la verdad de esta afirmación haciendo uso de alguno de estos ejercicios.

Santa Teresa de Ávila, que llegó a alcanzar las cumbres de la unión mística con Dios, fue defensora acérrima de la utilización de la imaginación dentro de la oración.

Tenía una mente muy distraída y era incapaz de guardar silencio interior aunque fuera por unos segundos. Su manera de orar, nos confiesa la santa, consistía en encerrarse dentro de sí misma; pero no podía hacerlo a menos que encerrara simultáneamente consigo miles de vanidades.

Toda su vida agradeció que su mente fuera así; ello le había obligado a sacar su oración del campo del pensamiento y llevarla al ámbito del afecto y de la imaginación. Por eso recomienda encendidamente el empleo de las imágenes.

Imagina que ves a Jesús en su agonía, en el Huerto, y consuélale…

… Que tu corazón es un jardín precioso y que Jesús pasea en él, entre flores.

Imagina que tu alma es un hermoso palacio, con paredes de cristal, y que Dios es un diamante brillante, situado en el corazón de ese palacio… Que es un paraíso, un cielo donde serás inundado de delicias.

Imagina que eres una esponja totalmente empapada, no de agua, sino de la presencia de Dios.

Ve a Dios como una fuente en el centro de tu ser. O como sol radiante que ilumina cada parte de tu ser, enviando sus rayos desde el centro de tu corazón.

Cada una de estas imágenes serviría en sí como contemplación imaginativa. Juntamente con el uso de la imaginación, Teresa recomienda el empleo del corazón en la oración.

Anthony de Mello

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Diciendo adios a tu cuerpo

Diciendo adiós a tu cuerpo

Imagina ahora que te has despedido de todo el mundo antes de tu muerte y que te quedan una o dos horas de vida.

Has reservado estos momentos para ti y para Dios…

Comienza, pues, hablando contigo mismo. Habla con cada uno de los miembros de tu cuerpo: con tus manos, con tus pies. con tu corazón, con tu cerebro con los pulmones… Da a cada uno de ellos el adiós definitivo… Quizá los adviertes ahora por primera vez en tu vida, justamente cuando vas a morir.

Ama cada uno de tus miembros

Toma tu mano derecha, por ejemplo… Dile lo útil que es para ti… todo lo que la aprecias… Agradécele todos los servicios que te ha prestado… Dale todo tu amor y agradecimiento ahora que se aproxima el momento de volver al polvo…

Repite este comportamiento con cada uno de los miembros de tu cuerpo y con sus órganos; despídete después de tu cuerpo como un todo, con su forma y apariencia especial, con su color, altura y rasgos.

Imagina ahora que ves a Jesús que se encuentra a tu lado. Escucha cómo agradece él a cada uno de tus miembros el servicio que te han prestado durante tu vida… Siente cómo inunda todo tu cuerpo con su amor y con su agradecimiento…

Escucha cómo habla ahora contigo…

Este ejercicio es de suma utilidad para alcanzar un amor saludable a sí mismo y para aceptarse, condiciones ambas totalmente necesarias para abrir plenamente nuestros corazones a Dios y a los demás.

Anthony de Mello

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El valor de la vida

El valor de la vida

Imagina que vas al médico para saber los resultados de una exploración que te han hecho.

El doctor ha prometido dártelos a conocer hoy. Las pruebas podrían revelar alguna enfermedad seria. Percibe lo que sientes mientras vas de camino a la consulta del doctor…

Te encuentras en estos momentos en la sala de espera… observa todos los detalles de la sala… el color de las paredes, los cuadros, el mobiliario… las revistas que hay allí… ¿Hay alguna otra persona esperando al doctor?.. Si hay otras personas, fíjate mucho en ellas, sus fisonomías, su atuendo… Advierte lo que sientes mientras esperas ser llamado a la consulta…

En este momento escuchas tu nombre… echa un vistazo a la sala de consulta del doctor… Observa todos los detalles, los muebles… ¿Es la sala amplia o diminuta? Observa bien al doctor, sus rasgos, su manera de vestir… ¿Qué tipo de persona es?…

El comienza a hablarte y tú adviertes que te esconde algo… Pídele que te hable con absoluta sinceridad… Entonces, con gran compasión en sus ojos, te dice que las pruebas han descubierto que padeces una enfermedad incurable… Le preguntas por el tiempo que te queda de vida… Te responde: «Dos meses de vida activa a lo sumo… después un mes o dos en cama…

¿Qué respondes tú a esto?

… ¿qué sientes?… Retén durante unos momentos estos sentimientos… Sal ahora de la consulta del doctor y lánzate a la calle… Continúa viviendo esos sentimientos… Contempla la calle, ¿está muy concurrida o vacía?… ¿Qué tiempo hace? ¿Es un día radiante o nublado?… ¿Hacia dónde te diriges?… ¿Deseas hablar con alguien?… ¿Con quién?…

Quizá vuelves a tu casa. ¿Qué vas a decir a tu gente? ¿Deseas que sepan la noticia?… Alguien te pregunta qué quieres hacer durante los dos meses de vida activa que te restan… ¿Qué vas a escoger?… ¿Cómo piensas emplear los dos meses que te quedan?..

En estos momentos te encuentran cenando… ¿Saben ellos lo que te ocurre?… ¿Qué sientes cuando estás en su compañía?… Vete ahora a tu habitación y escribe una carta a tu jefe explicándole la situación y pidiéndole ser relevado eventualmente de tu trabajo… ¿Qué dices en la carta?… Redáctala mentalmente ahora mismo…

Son altas horas de la noche… Todos en casa están acostados… Te asomas por la ventana, la ciudad está completamente oscura. Tan sólo luce la luz de la luna y las estrellas… Siéntate y mira fijamente el cielo…. ¿Qué le dices?… ¿Qué te responde él?… ¿Qué sentimientos vives en estos momentos?…

Los efectos que produce este ejercicio son demasiado variados como para describirlos y enumerarlos en este momento.

Muchas personas disfrutan volviendo a él una y otra vez y siempre que lo hacen sacan mucho provecho.

La mayoría de las personas sacan de este ejercicio un gran aprecio por la vida y enorme amor a la misma… Como consecuencia, se sumergen en ella con mayor profundidad, la disfrutan, la viven, la emplean más intensamente… Muchos se sorprenden al darse cuenta de que no temen la muerte tanto como suponían…

Ocurre con demasiada frecuencia que sólo cuando perdemos algo somos capaces de apreciar su valor. Nadie agradece la vista más que el ciego. Nadie valora y estima tanto la salud como el enfermo. Pero, ¿por qué tenemos que aguardar a perder esas cosas para hacemos capaces de apreciarlas y disfrutar de ellas?

Anthony de Mello

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Tu escultura

Tu escultura

Voy a presentar a continuación otra fantasía simbólica

Se ha encargado a un escultor que haga una escultura tuya.

La estatua está lista y tú pasas por el taller del escultor para echarla un vistazo antes de que aparezca en público. El escultor te da la llave del lugar donde se encuentra la estatua. Puedes, de esta manera, contemplarla sin que nadie te moleste y examinarla durante todo el tiempo que te apetezca.

Abres la puerta… El taller está oscuro… Allí, en medio, se levanta tu escultura, cubierta con una sábana… Te acercas hasta ella y retiras la sábana…

Te retiras unos pasos y la contemplas. ¿Cuál es tu primera impresión?… ¿Te sientes satisfecho o descontento?… Observa – todos los detalles de tu estatua… Su tamaño… los materiales con los que ha sido hecha… Da vueltas alrededor de ella… mírala desde diferentes ángulos…

Obsérvala desde lejos, acércate y mira los detalles… Toca la estatua… observa si es suave o tosca,… fría o caliente al tacto…

¿Cuál es la parte de la estatua que más te gusta?… ¿Cuál te desagrada…?

Di algo a la estatua… ¿Qué te responde?… ¿Qué le dices tú a continuación?… Continúa hablando mientras la estatua o tú tengáis algo que decir…

Ahora conviértete en estatua… ¿Te apetece ser tu estatua?.. ¿Qué tipo de existencia llevas como estatua?…

Imagina ahora que, mientras eres tu estatua, entra Jesús en el taller…

¿Qué ve en ti?.. ¿Qué sientes mientras él te mira?… ¿Qué te dice?… ¿Qué le respondes tú?.. Continúa el diálogo mientras Jesús o tú tengáis algo que decir… Después de un rato Jesús se marcha…

Ahora, vuelve a tu ser y mira de nuevo la estatua… ¿Se ha producido algún cambio en la estatua?.. ¿Ha cambiado algo en ti o en tus sentimientos…?

Ahora despídete de la estatua… un minuto y después abre los ojos.

Las fantasías o imaginaciones, al igual que los sueños, son instrumentos útiles para aprender sobre ti mismo ya que en ellas proyectas tu verdadero ser. Por esta razón, cuando compartes tus fantasías con alguien o con un grupo estás, probablemente, revelando algo más íntimo sobre ti mismo que si manifestases secretos profundos que guardas celosamente para ti solo.

Las fantasías no se limitan a proyectar lo que piensas de ti mismo. ¡De alguna manera misteriosa logran cambiarte! A veces sales de una fantasía dándote cuenta de que has cambiado… no sabes exactamente cómo ni por qué, pero el cambio se ha producido…

Es posible que en las fantasías que te he propuesto notes que ha cambiado tu relación con Dios, que se ha profundizado, aunque seas incapaz de explicar cómo o por qué.

No te des por satisfecho con vivir estas fantasías solamente una vez. Si quieres extraer toda la utilidad que encierran, debes repetidas con mucha frecuencia.

Por consiguiente, da alas a tu instinto creativo e inventa tus propias fantasías simbólicas.

Anthony de Mello

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El símbolo de Dios

El símbolo de Dios

Escoge un símbolo de Dios: algo que para ti simbolice a Dios del mejor modo posible: el rostro de un niño, una estrella, una flor, un lago tranquilo… ¿Qué símbolo has escogido?… Toma tiempo para hacer la elección…

Cuando hayas escogido el símbolo, colócate de pie, reverentemente, ante él…

¿Qué sientes cuando miras fijamente este símbolo?

Dile algo…

Ahora imagina que te responde…

¿Que es lo que dice?…

Conviértete ahora en el símbolo…

y, una vez te has convertido en él, mírate a ti, que sigues de pie, reverentemente… ¿Qué sientes cuando te ves desde el punto de vista y actitud de este símbolo?…

Vuelve ahora a ti mismo, de pie junto o frente al símbolo…

Permanece durante algunos momentos en contemplación silenciosa… Después despídete de tu símbolo… Emplea un minuto o dos en la despedida, abre los ojos y pon fin al ejercicio.

Generalmente, cuando finaliza este ejercicio, suelo invitar a los miembros del grupo a compartir con los demás lo que han experimentado durante la fantasía. Con frecuencia realizan descubrimientos sorprendentes acerca de sí mismos, de Dios, de su relación con él.

Anthony de Mello

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Buscando a Dios en la gran ciudad

Buscando a Dios en la gran ciudad

Imagina que te encuentras en la cima de una montaña desde la que se divisa una gran ciudad. Es al anochecer. Se ha puesto el sol y ves que comienzan a encenderse las luces en la gran ciudad… Contemplas cómo aumenta su número hasta que la ciudad entera parece un lago de luz… Tú estás sentado aquí solo, gozando del maravilloso espectáculo… ¿Qué sientes en estos momentos…?

Cuando ha pasado un rato oyes unos pasos detrás de ti; sabes que son los de un hombre piadoso que vive por aquellos parajes, de un eremita. Se acerca hasta ti y se coloca a tu lado. Te mira lentamente y te dice únicamente una frase: «Si desciendes a la ciudad esta noche encontrarás a Dios». Después da media vuelta y se aleja. No hay explicaciones. Ni tiempo para hacer preguntas…

Tú tienes el convencimiento de que esta persona sabe lo que dice. ¿Qué sientes en estos momentos? ¿Te sientes inclinado a aceptar lo que te ha dicho y bajar a la ciudad? ¿O preferirías permanecer donde estás?

No importa cuál pueda ser tu inclinación; baja ahora mismo a la ciudad para buscar a Dios…

¿Qué sientes cuando desciendes por la pendiente…?

Has llegado a los arrabales de la ciudad y es el momento de decidir adónde vas a ir a buscar a Dios y encontrado…

¿Adónde decides ir? Por favor, sigue los dictados de tu corazón a la hora de decidirte por un lugar al que ir. No te dejes llevar por lo que piensas que deberías hacer ni vayas adonde crees que deberías ir. Vete adonde tu corazón te dice que vayas…

¿Qué te sucede cuando llegas a ese lugar?… ¿Qué encuentras allí?… ¿Qué haces allí?… ¿Qué te sucede?… ¿Encuentras a Dios?… ¿De qué manera?… ¿O te sientes decepcionado?… ¿Qué haces entonces?… ¿Decides ir a alguna otra parte?… ¿Adónde? O ¿decides permanecer allí donde te encuentras…?

Anthony de Mello

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El retorno a Dios

El retorno a Dios

Cuando dos personas que se aman han peleado y quieren juntarse de nuevo, es de gran utilidad recordar los momentos felices que vivieron juntos en el pasado.

En momentos de crisis espiritual vuelve con tu imaginación a alguna escena en la que experimentaste la bondad de Dios y el amor que te tiene… del modo que sea… Permanece con él y acepta de nuevo el amor de Dios… Ahora vuelve al presente y habla con Dios.

O retorna a aquel acontecimiento en el que te sentiste muy cerca de Dios… o en que sentiste profundo gozo y consuelo espiritual…

Es importante que re-vivas el acontecimiento en tu imaginación y no te limites simplemente a recordarlo… Tómate todo el tiempo que sea preciso… Esta re-vivencia despertará de nuevo los sentimientos que tuviste entonces: gozo, intimidad, amor… Asegúrate entonces de que no quieres escapar de aquellos sentimientos; por el contrario, trata de mantenerlos todo el tiempo que puedas… Quédate con ellos hasta que percibas una sensación de paz y de contento. Entonces vuelve al presente…

Habla con el Señor durante algunos minutos y pon fin al ejercicio

La observación de pararse en esos sentimientos placenteros es importante porque, aunque parezca extraño, la mayoría de las personas toleran muy poco los sentimientos positivos. Tienen un sentido profundamente enraizado de inutilidad que les hace huir instintivamente de todo lo que sea, sensaciones placenteras incluso momentáneas, o les crean complejo de culpa, o piensan que no merece la pena, o lo que sea…

Vigila esta tendencia y asegúrate de mantener estos sentimientos dentro de ti, sentimientos que reviven los momentos deliciosos que pasaste en la compañía del Señor.

Algunos santos solían escribir una nota sobre las experiencias místicas que vivían. Guardaban así una especie de diario de su trato con el Señor. No te recomiendo que escribas largos relatos de tus experiencias espirituales. Pero, si la experiencia ha sido muy intensa, una nota breve puede ayudarte más tarde para volver a Galilea…

Una de las tragedias que padecen nuestras relaciones amorosas con Dios, con nuestros amigos y con otras personas queridas es nuestra enorme facilidad de olvido.

Anthony de Mello

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Un lugar para orar

Un lugar para orar

Una de las mayores ayudas para la oración es encontrar un lugar que invite a la oración. En páginas anteriores he hablado de lugares que encierran “vibraciones” buenas. Quizás hayas tenido también la suerte de experimentar la calma que ha producido en ti una bella puesta de sol o la influencia benéfica que una aurora poética ha tenido en tu oración. O el parpadeo de las estrellas en la noche cuando se destacan luminosas sobre el firmamento oscuro. O la luz de la luna asomándose entre las ramas de los árboles.

La proximidad de la naturaleza ayuda notablemente a muchas personas en la oración

Sin duda que cada uno tiene sus preferencias: unos prefieren una playa con el sonido de las olas que golpean la arena; otros aman el río que discurre lentamente o el silencio y la belleza de los alrededores un lago o la paz de la cima de una montaña… ¿No te ha llamado nunca la atención que Jesús, maestro en el arte de orar, se tomase la molestia de subir a la cumbre de una montaña para orar? Al igual que todos los grandes contemplativos, era consciente de que el lugar en el que oramos influye en la calidad de nuestra oración.

Por desgracia, la mayoría de nosotros vivimos en lugares que nos impiden el contacto con la naturaleza y los sitios que nos vemos obligados a escoger para la oración no nos estimulan a levantar nuestro espíritu a Dios. Razón de más para permanecer durante largo tiempo y con amor en aquellos lugares, dondequiera que se encuentren, que nos ayudan a orar.

Saca tiempo para mirar y respirar en la noche de luna o tachonada de estrellas, en la playa o en el alto de la montaña, en cualquier otro lugar. Puedes grabar estos parajes en tu corazón y cuando te encuentres geográfica mente alejado de ellos, los tendrás vivamente presentes en tu memoria y podrás volver a ellos con la imaginación.

Intenta hacerlo ahora mismo

Después de dedicar algún tiempo a alcanzar la quietud, viaja con la imaginación a algún lugar que estimule tu oración: una playa, la orilla de un río, la cima de una montaña, una iglesia silenciosa, la terraza desde la que puede contemplarse el firmamento estrellado, un jardín regado por la luz de la luna… Ve el lugar con la mayor viveza posible… Todos los colores… Escucha todos los sonidos (las olas, el viento en los árboles, los insectos en la noche…).

Ahora levanta tu corazón a Dios y dile algo.

Los que estáis familiarizados con los ejercicios de san Ignacio de Loyola recordaréis lo que se llama «composición de lugar». Ignacio recomienda que reconstruyamos el lugar en el que se desarrolló la escena que queremos contemplar. Pero en el texto original español no aparece la expresión «composición de lugar», sino «composición, viendo el lugar». En otras palabras, no se trata del lugar que compones, sino de ti mismo cuando ves por medio de la fantasía. Si has tenido buenos resultados en el ejercicio anterior, entenderás lo que quiere decir Ignacio cuando habla de esto.

Y tendrás un centro de paz en tu corazón. Podrás retirarte a él cuando sientas necesidad de reposo y de soledad, aunque físicamente te encuentres en la plaza del mercado o en un tren abarrotado de gente.

Anthony de Mello

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Beneficios personales que derivan de la consciencia

Beneficios personales que derivan de la consciencia

Cuando te inicias en el tipo de contemplación propuesto en los ejercicios precedentes, es posible que desconfíes del valor que encierran. Parecen no encajar en la meditación ni en la oración tal como se las entiende tradicionalmente.

Si concebimos la oración como hablar con Dios, aquí se habla muy poco o nada.

Si meditación significa reflexión, luces, propósitos, se ve que estos ejercicios tienen muy poco que ver con la finalidad que persigue la meditación.

De estos ejercicios sales sin nada concreto que mostrar en compensación de todos los esfuerzos que has realizado. Nada digno de ser recogido en tu diario espiritual, al menos cuando comienzas a realizados… Después de haber dedicado un tiempo a ellos, tendrás la desagradable sensación de no haber hecho nada, de no haber logrado nada

Esta forma de oración resulta particularmente penosa a los jóvenes y a las personas que valoran las cosas por los resultados.

Personas para las que el esfuerzo es más importante que el hecho de ser.

Recuerdo a un joven que parecía no obtener resultado alguno de estos ejercicios. Le parecía tremendamente aburrido tener que permanecer sentado, inmóvil, y tener que enfrentarse al vacío aunque reconocía que le era totalmente imposible ocupar su mente en cualquier otra cosa mientras hacía oración. Según él, empleaba la mayor parte del tiempo en luchar contra las distracciones -por lo general sin éxito- y quería que yo le ofreciera algo que le hiciera parecer más valioso el tiempo y el esfuerzo que empleaba mientras hacía oración.

Por fortuna para él, perseveró en estos ejercicios, aparentemente ineficaces, y, pasados unos seis meses, vino a contarme que conseguía en ellos unos resultados inmensos, incomparablemente mayores que los anteriormente logrados en su oración y meditación.

¿Qué había sucedido?

Encontraba, sin duda, en estos ejercicios mayor paz. Sus distracciones no habían desaparecido. Seguía pensando que los ejercicios que realizaba eran tan aburridos como antes. Nada había cambiado en ellos. Pero había cambiado su vida.

El esfuerzo constante, doloroso, realizado día tras día para exponerse a lo que parecía ser nada y vacío, la lucha por acallar su mente y lograr un cierto silencio concentrándose en las sensaciones corporales, en la respiración o en los sonidos estaba reportándole un poder nuevo en su vida diaria, poder que jamás había tenido anteriormente, poder tan grande que se percibía palpablemente en su vida.

Este es uno de los mayores beneficios de esta forma de oración: el cambio en uno mismo, logrado, aparentemente, sin esfuerzo.

Todas las virtudes que anteriormente intentaste conseguir ejercitando tu fuerza de voluntad parecen llegarte ahora sin esfuerzo alguno: sinceridad, sencillez, cordialidad, paciencia… Los vicios parecen desvanecerse sin que uno se lo proponga o se esfuerce: vicios tales como el fumar, excesivo uso del alcohol, la fanfarronería, dependencia excesiva de otras personas.

Cuando te ocurra todo esto, te darás cuenta de que no ha sido en vano el tiempo que has dedicado a estos ejercicios; que están produciendo dividendos.

Anthony de Mello

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Encontrar a Dios en todas las cosas

Encontrar a Dios en todas las cosas

Esto es una recapitulación de la mayoría de los ejercicios precedentes.

Realiza algunos de los ejercicios de toma de conciencia expuestos en las páginas anteriores.

Fija, por ejemplo, la sensación de tu cuerpo como punto de atención… Observa no sólo las sensaciones que se ofrecen espontáneamente a tu conciencia, las más intensas, sino también las más sutiles… Si es posible, abstente de dar nombre a las sensaciones (ardor, entumecimiento, pinchazo, comezón, frío…). Trata de sentirlas sin darles nombre…

Actúa de igual manera con los sonidos… Trata de captar el mayor número de ellos… No busques identificar su fuente… Escucha los sonidos sin darles nombre…

A medida que avances en este ejercicio notarás que te invade una gran calma, un silencio profundo… Ahora percibe, por un instante, esta quietud y silencio…

Experimenta qué bien se está aquí ahora. No tener nada que hacer. Simplemente ser.

Ser

Para los que se sienten más inclinados a lo devoto:

Realiza el ejercicio precedente hasta que sientas la quietud que trae consigo…

Percibe, durante un momento, la quietud y el silencio… A continuación, comunícate con Dios sin emplear palabras. Imagina que eres mudo y que puedes comunicarte tan sólo con los ojos y con la respiración. Dile al Señor sin Palabras: «¡Señor! ¡Qué bien se está aquí contigo!”.

O no te comuniques con el Señor. Confórmate con permanecer en su presencia.

También para los que se sienten inclinados a lo devoto: un ejercicio rudimentario de encontrar a Dios en todas las cosas.

Retorna al mundo de los sentidos. Percibe con la mayor agudeza posible el aire que respiras… los sonidos que te rodean… las sensaciones que experimentas en tu cuerpo…

Siente a Dios en el aire, en los sonidos, en las sensaciones… Permanece en el mundo de los sentidos… Permanece en Dios… Entrégate al mundo de los sentidos (sonidos, sensaciones del tacto, colores…) Entrégate a Dios…

Anthony de Mello

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Sonidos

Sonidos

Si no pongo mucho cuidado en escoger un lugar tranquilo para los grupos de contemplación, algunos miembros del grupo se quejan invariablemente de los ruidos que les rodean. El tráfico de las calles, el sonido estridente de la radio. Una puerta que chirría. El teléfono que suena. Todos estos ruidos estorban su quietud y tranquilidad y les sumergen en distracciones.

Algunos sonidos favorecen el silencio y la oración. Escuchar el sonido lejano de la campana de una iglesia, por ejemplo, o el gorjeo de los pájaros al amanecer o escuchar las melodías del órgano en una iglesia grandiosa no producen molestia alguna. Y con todo, ningún sonido, a no ser algún ruido tan fuerte que te estropee los tímpanos, tiene por qué perturbar tu silencio, quietud y tranquilidad.

Contemplar los sonidos

Si aprendes a llevar a la contemplación todos los sonidos que te rodean (suponiendo que interfieran en tu acto de consciencia cuando estás en contemplación), descubrirás que existe un silencio profundo en el corazón de los ruidos. Me gusta, por este motivo, tener las sesiones de oración en grupo en lugares que no estén en silencio total. Una sala situada al lado de una calle de intenso tráfico se acomoda admirablemente a mis preferencias.

A continuación, presento un ejercicio que te ayudará notablemente a lograr la contemplación en medio de los sonidos que te rodean:

Cierra los ojos. Tapona tus oídos con los pulgares. Cubre los ojos con las palmas de tus manos.

Ahora no escuchas sonido alguno de los que te rodean.

Escucha el sonido de tu respiración.

Después de respirar diez veces profundamente, lleva tus manos muy despacio sobre tu regazo. Que tus ojos permanezcan cerrados. Presta atención a todos los sonidos que te rodean, el mayor número posible de ellos, los sonidos intensos, los tenues; los que se oyen cerca, los que suenan más alejados… Durante un rato escucha estos sonidos sin tratar de identificarlos (ruido de pasos, tic tac del reloj, ruido del tráfico…) Escucha todo el mundo de sonidos que te rodean considerándolos como un todo…

Los sonidos distraen cuando luchas por escapar de ellos, cuando intentas expulsarlos fuera de tu conciencia, cuando protestas que no tienen derecho a estar allí. En esta ultima eventualidad, además de molestar, irritan. Si, por el contrario, los aceptas y los conciencias se convertirán para ti no en fuente de distracción o de irritación sino en un medio para lograr el silencio. Aprenderás por experiencia cuán relajante resulta este ejercicio.

Pero no solamente eso. Es también una buena contemplación. Podrías aplicar aquí la teoría sobre el desarrollo del Corazón dentro de ti para captar a Dios. En vez de ocupar tu mente en las sensaciones de tu cuerpo, podrías ocuparla haciéndote consciente de los sonidos que te rodean mientras tu Corazón se despliega gradualmente y comienza a tender hacia Dios.

Otro ejercicio

Pero si esta teoría no te agrada, te presento otro medio para lograr que la contemplación, en este ejercicio, sea más explícita:

Escucha todos los sonidos que te rodean, como hemos indicado en el ejercicio anterior…

Asegúrate de que puedes escuchar hasta los sonidos más leves. Con frecuencia, un sonido se compone de otros muchos… tiene diferencias de nivel e intensidad… Averigua cuántos de estos matices puedes captar…

Toma en cuenta ahora no tanto los sonidos que te rodean, sino tu acto de oír…

¿Qué sientes cuando percibes que posees la facultad de oír? ¿Agradecimiento… alabanza… gozo… amor…?

Vuelve de nuevo al mundo de los sonidos y alterna entre la toma de conciencia de los sonidos y tu actividad auditiva… Piensa ahora que cada uno de los sonidos es producido y sostenido por la omnipotencia de Dios… Dios está sonando a tu alrededor… Descansa en este mundo de los sonidos… Descansa en Dios (…).

OM

 

Un añadido agradable al ejercicio puede consistir en que el grupo o quien lo dirige reciten una antífona con voz suave. Recitar la palabra sánscrita OM, puede ser de gran ayuda. En cualquier caso, se trata de recitar una línea o una palabra, permanecer después en silencio durante unos instantes y volver a recitada de nuevo. Puedes intentado tú mismo si haces la contemplación en solitario.

Lo importante no es escuchar únicamente el sonido, sino también el silencio que se produce después de cada línea o palabra que recitas.

Suelo introducir con frecuencia un recitado en determinados momentos en que el grupo contempla en silencio. Esto contribuye a profundizar el silencio si el grupo sabe escuchado convenientemente. Efecto similar puede obtenerse golpeando rítmicamente un gong. Golpear el gong, escuchar la resonancia, percibir cómo muere el sonido, escuchar el silencio que se produce a continuación.

Anthony de Mello

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El toque de Dios

El toque de Dios

Esta es una variante de los ejercicios sobre sensaciones corporales. Te será útil si tienes ciertos reparos en llamar a estos últimos verdadera oración o contemplación.

Repite uno de los ejercicios sobre las sensaciones del cuerpo… Tómate algún tiempo para experimentar el mayor número de las sensaciones más sutiles en las diversas partes de tu cuerpo…

Ahora reflexiona: ninguna de las sensaciones que he percibido, por más tenue que sea el resultado de la reacción química, se daría si no existiese la omnipotencia de Dios… Siente la actuación del poder de Dios en la producción de cada una de las sensaciones…

Siente

Siéntele tocándote en cada una de esas sensaciones que él produce… Siente el tacto de Dios en diferentes partes de tu cuerpo: áspero, suave, placentero, doloroso…

Personas deseosas de experimentar a Dios y conscientes de que aún no lo han logrado, me preguntan con ansia cómo pueden llegar a tener esta experiencia de él. La experiencia de Dios no tiene por qué ser algo sensacional o fuera de lo corriente. Existe, sin duda, una experiencia de Dios que difiere del curso ordinario de las experiencias a las que estamos habituados: se trata del silencio profundo del que he hablado anteriormente, la oscuridad resplandeciente, el vacío que trae plenitud. Se producen destellos, repentinos, inenarrables, de eternidad o de infinitud que nos vienen cuando menos los esperamos, en medio del juego o del trabajo.

Cuando nos hallamos ante la presencia de la belleza o del amor… tenemos la sensación de salir fuera de nosotros…

Rara vez juzgamos esas experiencias como extraordinarias o fuera de lo corriente. Apenas les prestamos atención. No las apreciamos en todo su valor y continuamos buscando la gran experiencia de Dios que transformará nuestras vidas.

En realidad, se requiere muy poco para experimentar a Dios. Basta con que nos tranquilicemos, con que alcancemos el silencio y tomemos en cuenta la sensación de nuestra mano. Ser conscientes de las sensaciones que se dan en nuestra mano… Ahí está Dios, viviendo y actuando en ti, tocándote, intensamente próximo a ti… Siéntelo… Experiméntalo…

Muchas personas consideran estas experiencias como algo carente de significación. Sin duda que sentir a Dios es algo más que la simple constatación de las sensaciones de nuestra mano derecha. Hay personas que, como los judíos, clavan sus ojos en el futuro esperando la venida de un Mesías glorioso, sensacional, mientras que el Mesías auténtico se encontraba entre ellos, en la forma de un hombre llamado Jesús de Nazaret.

Olvidamos con demasiada facilidad que una de las lecciones más grandiosas de la encarnación es que Dios se encuentra en las cosas ordinarias.

¿Deseas ver a Dios? Mira el rostro de la persona que se encuentra junto a ti. ¿Quieres escuchado? Presta atención al llanto de un niño, al tumulto de una fiesta, al viento que susurra en los árboles. ¿Quieres sentido? Extiende tu mano y siente su caricia. O toca la silla en la que estás sentado o el libro que lees. O haz la calma dentro de ti y percibe las sensaciones de tu cuerpo, siente actuar en ti todo su poder sin límite y experimenta cuán próximo está de ti. Emmanuel. Dios con nosotros.

Anthony de Mello

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