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Dolor, crecimiento y liberación

Piensa…

Piensa en algunos de los acontecimientos dolorosos de tu vida. ¿Cuántos de ellos son hoy para ti motivo de agradecimiento por haberte servido para cambiar y crecer? Hay aquí implícita una verdad elemental de la vida que la mayoría de las personas no llegan nunca a descubrir. Los acontecimientos afortunados hacen la vida más placentera, pero no son causa de autoconocimiento, de crecimiento y de libertad. Este es un privilegio reservado a aquellas cosas, personas y situaciones que nos ocasionan algún dolor.

Dolor, crecimiento y liberación

Todo acontecimiento doloroso encierra una semilla de crecimiento y de liberación. A la luz de esta verdad, vuelve ahora sobre tu vida y fíjate en tal o cual acontecimiento por el que no te sientas especialmente agradecido, y trata de descubrir el potencial de crecimiento que encierra y del que no has tomado conciencia hasta ahora, por lo que no has podido beneficiarte de él. Piensa también en algún acontecimiento reciente que te haya ocasionado dolor y sentimientos negativos.

Cualquiera que haya sido la cosa, persona o situación que te ha producido tales sentimientos, ha sido “maestra” para ti porque te ha revelado algo (o mucho) acerca de ti que probablemente no sabías y te ha invitado y desafiado a descubrirte y conocerte mejor y, consiguientemente, a crecer y acceder a la vida y a la libertad.

Intenta ahora identificar el sentimiento negativo que ese acontecimiento ha despertado en ti. Puede haber sido un sentimiento de inquietud, de inseguridad, de envidia de ira, de culpa… ¿Qué te dice esa emoción acerca de ti mismo, de tus valores, de tu manera de percibir el mundo y la vida y, sobre todo, de tu “programación” y tus condicionamientos?

Si consigues descubrirlo

Si consigues descubrirlo, te librarás de alguna ilusión o espejismo al que hasta ahora te hablas aferrado, o dejarás de percibir alguna cosa de manera deformada, o corregirás alguna falsa creencia, o aprenderás a distanciarte de tu sufrimiento… con tal de que comprendas que todo ello ha sido causado por tu “programación”, no por la propia realidad: e inesperadamente comprobarás que te sientes plenamente agradecido por esos sentimientos negativos y por la persona o el acontecimiento que los ha originado.

Un paso más

Intenta ahora dar un paso más. Considera todo cuanto piensas, sientes, dices y haces… y no te agrada: tus emociones negativas, tus defectos, tus “handicaps”, tus errores, tus apegos, tus neurosis, tus dependencias… Puedes considerarlo todo ello como una parte necesaria de tu desarrollo; como algo que te ofrece una promesa de crecimiento y de gracia para ti y para otros y que no se daría sin esa cosa concreta que tanto te desagrada.

Y si tú mismo has ocasionado dolor y sentimientos negativos a otros, piensa que en ese momento has ejercido con ellos la función de “maestro” y les has dado ocasión de autoconocerse y de crecer. Puedes seguir considerándolo hasta que lo veas todo ello como una “feliz culpa” necesaria que es ocasión de un inmenso bien para ti y para el mundo.

Si eres capaz de hacerlo, tu corazón se verá inundado de paz, de agradecimiento, de amor y de aceptación de todas y cada una de las realidades. Y habrás descubierto qué es lo que la gente busca en todas partes sin jamás encontrarlo: la fuente de la serenidad y de la alegría que se esconde en cada corazón humano.

Anthony de Mello

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Sexo, pareja y culpa

Sexo, pareja y culpa

Quizás el sexo sea la actividad que más culpa produce en nuestra sociedad.  Los padres engendran culpa en los niños por hechos o pensamientos relacionados con el sexo. Y los adultos no se sienten menos culpables en los asuntos del sexo.

La gente se introduce a escondidas  en las sexshop para que los demás no vean lo depravados que son. Mucha gente no quiere reconocer que disfrutan con ciertas prácticas sexuales como puede ser el sexo oral, y se sienten culpables de sólo pensar en ello. Las fantasías sexuales son también productoras muy eficientes de culpa. Muchas personas se sienten incómodas por tener tales pensamientos y niegan su existencia en privado, o incluso en sus sesiones de terapia.

En efecto, si tuviésemos que localizar un centro para la culpabilidad en el cuerpo humano, lo pondría en el sexo..

La culpa en la pareja

La culpabilidad por el “Si tú me quisieras,” es una de las maneras eficaces de manipular a un amante. Esta táctica es particularmente útil cuando uno quiere castigar a su pareja por algo que ha hecho. Es como si el amor dependiera de un tipo de comportamiento determinado.

Cada vez que alguien no está a la altura de lo que se espera de él se puede usar la culpa para hacerlo volver al redil. Tiene que sentirse culpable de no amar al otro. Los resentimientos, los silencios pronunciados y las miradas doloridas son métodos muy útiles para provocar la culpa en los demás. “Yo no te voy a hablar, así aprenderás”. O “Ni te me acerques ¿cómo pretendes que te quiera después de lo que has hecho?” Esta es una táctica muy usada en los casos en que uno de los amantes empieza a descarriarse.

A menudo, años después de ocurrido un incidente, uno de los cónyuges se lo recuerda al otro para ayudarlo a escoger la culpa del momento presente. “No te olvides de lo que hiciste en 2008. O “¿ Cómo puedo tener confianza en ti cuando me fallaste entonces?” De esta manera uno de los miembros de la pareja puede manipular el presente del otro refiriéndose al pasado.

Si uno de ellos ha logrado finalmente olvidarlo, el otro puede recordárselo periódicamente y así mantener al día sus sentimientos de culpa por comportamientos pasados. La culpa es muy útil para conseguir que tu pareja en el amor se adapte a tus demandas y normas. “Si tuvieras algo de sentido de responsabilidad, me hubieras llamado.” O “Ésta es la tercera vez que he tenido que vaciar la basura, me imagino que simplemente te niegas a hacer tu parte”. ¿ La meta? ¿El fin de todo esto? Lograr que uno haga lo que quiere el otro. ¿El método? La culpabilidad.

Wayne W. Dyer

Podemos ayudarte

Si tú crees que sentirte mal o preocuparte lo suficiente cambiará un hecho pasado o futuro, quiere decir que resides en otro planeta con un diferente sistema de realidad. A lo largo de la vida, las dos emociones más inútiles son la culpabilidad por lo que se ha hecho y la preocupación por lo que se podría hacer.

Si tienes zonas extensas de culpa, hay que exterminarlas, limpiarlas y esterilizarlas para siempre. Sácate de encima esas pequeñas “culpas”. Hoy es un día perfecto para empezar. Te acompañamos en ese camino apasionante.

Hipnosis & Coaching

 

 

Niños “culpables”

Niños culpables

Una de las maneras de manipular a un niño por medio de la culpa para que haga algo podría ser más o menos como la que se usa en el siguiente ejemplo:

Madre: “Pablo, trae las sillas del sótano porque vamos a comer en un momento”.

Niño: “Bueno mamá, en seguida voy; estoy mirando el partido y lo haré cuando se acabe este tiempo”.

Mensaje materno productor de culpa: “No importa entonces. Yo lo haré… con lo que me duele la espalda. Tú sigue disfrutando el partido”.

Pablo se imagina a su madre cayéndose por las escaleras con seis sillas sobre las espaldas. Y él es el responsable.

El tipo de mentalidad de “Yo me sacrifiqué por ti”, es un productor de culpa sumamente eficiente. Aquí el padre o la madre pueden recordar los momentos difíciles cuando sacrificaron su propia felicidad a fin de que tú tuvieras algo. Cuando te recuerdan tus deudas, tú naturalmente te preguntas cómo puedes ser tan egoísta.

Las referencias a los dolores del parto son uno de los ejemplos de esta actitud productora de culpa. “Sufrí dieciocho horas seguidas sólo para traerte a este mundo.” Otra frase muy eficiente es: “Si seguí casada con tu padre, fue por ti”. Están tratando de hacerte sentir culpable por la infelicidad matrimonial de tu madre.

Manipular

La culpa es uno de los métodos más eficientes que tienen los padres para manipular las acciones de los niños. “Está muy bien. Nosotros nos quedaremos aquí solos. Tú ve y diviértete como siempre lo has hecho. No te preocupes por nosotros”.

Este tipo de comentario sirve mucho para conseguir que llames por teléfono o vayas de visita a menudo a casa de tus padres. Si le das vuelta ligeramente podrás oír algo así como: “¿Qué diablos te pasa? ¿Acaso te has roto el dedo y no puedes marcar un número de teléfono?”.

Los padres enchufan la máquina de la culpa y tú te comportas de acuerdo con ella, vale decir con rencor. La táctica de “Nos dejaste avergonzados” es también muy útil. O: “¿Qué dirán los vecinos?”.

Se recurre a las fuerzas externas para hacerte sentir mal por lo que has hecho y para evitar que pienses por ti mismo. La táctica de “Si llegas a fracasar en algo nos dejarás avergonzados” es un ataque de culpabilidad que puede hacer casi imposible tu vida normal después de haber experimentado el más leve fracaso.

La enfermedad de uno de los padres es un superfabricante de culpa. “Has hecho que me suba la presión.” Alusiones a que “me estás matando” o “provocando un ataque al corazón” son muy eficientes a la vez que te culpabilizan por todas las dolencias típicas de la vejez.

Necesitas hombros muy anchos para poder llevar este tipo de culpa puesto que puede durar toda una vida, literalmente, y si eres muy vulnerable, puedes incluso llegar a sentirte culpable de la muerte de uno de tus padres.

Culpa sexual

La culpa sexual impuesta por los padres es muy común. Todos los pensamientos o comportamientos sexuales son como campos fértiles para el cultivo de la culpa. “Dios no permita que te masturbes. Eso es malo.”

Por medio de la culpa te pueden manipular para que adoptes la actitud sexual apropiada. “Debería darte vergüenza leer esas revistas. Ni siquiera deberías tener esos pensamientos”. La culpabilidad puede estimular ciertos comportamientos socialmente correctos “. ¡Cómo puedes dejarme avergonzada ante la abuela hurgándote la nariz en público!” “Olvidaste darle las gracias. Debería darte vergüenza o ¿es que quieres que nuestros amigos piensen que yo no te enseño nada?”

Comportamiento adecuado

No obstante, es posible ayudar al niño a tener un comportamiento social adecuado sin cargarlo de culpa. Una simple y directa explicación del porqué ese comportamiento es indeseable es un método más eficiente. Por ejemplo, si se le dice a Pablo que sus interrupciones constantes son molestas y no dejan conversar a los mayores se habrá plantado en él la primera semilla evitando la culpa que acompaña a una frase como la siguiente: “Tú siempre interrumpes, debería darte vergüenza, es imposible hablar cuando tú estás cerca”.

Y el sólo hecho de alcanzar la madurez no logra poner fin a la manipulación filial por medio de la culpa. Los ejemplos que dimos más arriba sólo son una pequeña muestra de la infinidad de frases y técnicas que sirven para ayudar al hijo o la hija a escoger la culpa (inmovilidad del momento presente por un suceso del pasado).

Wayne W. Dyer

Podemos ayudarte

A lo largo de la vida, las dos emociones más inútiles son la culpabilidad por lo que se ha hecho y la preocupación por lo que se podría hacer. Si tienes zonas extensas de culpa hay que exterminarlas, limpiarlas y esterilizarlas para siempre. Sácate de encima esas pequeñas “culpas” que infectan tantos sectores de tu vida.

Si deseas limpiar de tu alma las sensaciones de culpa y preocupación, aprender las lecciones del pasado, establecer nuevos retos y objetivos, y poner todo tu Ser a disfrutar en el momento presente a favor de tí y de tus sueños, podemos ayudarte. Hoy es un día perfecto para empezar. Te acompañamos en ese camino apasionante.

Regresión a Vidas Pasadas

 

Origen de la culpa

Los orígenes de la culpa son dos procesos que aprendiste y que ahora forman parte de tu mecanismo emotivo. El primero es la culpabilidad que aprendiste a muy temprana edad, que queda como un residuo infantil en tu personalidad adulta. El segundo es la culpa que te autoimpones siendo adulto después de infringir tu código moral.

La culpa residual

Esta culpa es la reacción emocional que arrastras contigo desde sus memorias infantiles. Los productores de culpa son numerosos, y si funcionan en el caso de los niños, la gente sigue cargando con ellos en su edad adulta.

Algunos de estos residuos implican amonestaciones como las siguientes: “Papá no te va a querer si haces eso otra vez”. “Deberías sentirte avergonzado por lo que has hecho”, (como si eso te fuera a ayudar). “Bueno, muy bien, a fin de cuentas, yo sólo soy tu madre”.

Cuando ya eres una persona adulta, las implicaciones de este tipo de frases pueden seguir vigentes cuando desagradas a tu jefe, o a otras personas que sirven como imágenes paternales y maternales. El intento persistente de lograr el apoyo de estas figuras sigue presente y, en consecuencia, lo mismo sucede con el sentimiento de culpa cuando tus esfuerzos fracasan.

La culpa residual también aflora en el sexo y en el matrimonio. Es fácil verlo en tus múltiples remordimientos y en las excusas por comportamientos pasados. Estas reacciones de culpa se producen porque en tu infancia aprendiste a ser manipulado por los adultos, y estas mismas reacciones pueden seguir funcionando en el hombre / mujer que ha dejado de ser niño para convertirse en adulto.

Culpa autoimpuesta

Esta segunda categoría de reacción culpable cubre una zona mucho más molesta. Aquí te sientes inmovilizado por cosas que has hecho recientemente, pero que no tienen necesariamente que estar conectadas con algo que pasó en tu infancia.

Es la culpabilidad impuesta por ti mismo cuando infringes una norma adulta o un código moral adulto. Puedes sentirte mal durante mucho tiempo, aunque el dolor nada puede hacer para cambiar lo que ha sucedido.

Entre las culpas autoimpuestas más típicas está la de haber reñido con alguien y luego detestarse por haberlo hecho; o el sentirse emocionalmente nulo debido a algo indebido que has dicho o hecho.

De este modo, puedes considerar la culpa como una reacción a normas que te fueron impuestas, y por las que aún estás tratando de complacer a alguna figura de autoridad ausente. O como resultado de tus esfuerzos por vivir a la altura de normas autoimpuestas que realmente no te convencen, pero que sientes que debes obedecer.

Comportamiento inútil

En ambos casos, se trata de un comportamiento estúpido y, lo que es más importante, inútil. Puedes seguir lamentándote hasta el fin de tus días, pensando en lo malo que has sido, y lo culpable que te sientes, y ni la más pequeña tajada de culpa podrá hacer algo para rectificar ese comportamiento.

¡Se acabó! Tu culpabilidad es una tentativa de cambiar la historia, de desear que las cosas no hubieran sido como fueron. Pero la historia fue así, y tú no puedes hacer nada al respecto.

Disfrutar del placer sin sentirte culpable

En nuestra cultura hay muchas venas de pensamiento puritano que nos envían mensajes de este calibre: “Si te diviertes, tendrías que sentirte culpable por ello”. Muchas de tus propias reacciones de culpa autoimpuestas podrían encontrar su origen en este tipo de pensamiento.

Quizás has aprendido a que no debes satisfacer tus gustos, o que no debes disfrutar de un chiste verde, o que no debes participar en cierto tipo de comportamientos sexuales. Si bien los mensajes represores son muy comunes en nuestra cultura, la culpa que sientes cuando te estás divirtiendo es puramente autoimpuesta.

Puedes aprender a disfrutar del placer sin sentirte culpable. Puedes aprender a verte a ti mismo como una persona que es capaz de hacer cualquier cosa integrada en su propio sistema de valores sin perjudicar a los demás. Y hacerlo sin sentir culpa.

Lo que sí puedes hacer

Lo que sí puedes hacer es empezar a cambiar tu actitud respecto a las cosas que te producen culpa.

Si haces algo y te disgustas contigo mismo después de hacerlo, puedes proponerte evitar ese comportamiento en el futuro. Pero soportar una sentencia de culpa autoimpuesta es un “viaje” neurótico innecesario.

La culpabilidad no sirve de ayuda para nada. Por el contrario, no sólo sirve para inmovilizarte sino que aumenta las posibilidades de que repitas el mismo comportamiento indeseado en el futuro.

La culpa puede servir de retribución en sí misma, y también de permiso para repetir el mismo comportamiento. Mientras sigas inmerso en la culpabilidad podrás seguir así, indefinidamente, sin lograr nada, a no ser la infelicidad del momento presente.

Aprender del pasado no es sentirte culpable

La culpa no es sólo una preocupación por el pasado. Es la inmovilización del momento presente por un suceso del pasado. Y el grado de inmovilización puede abarcar desde una pequeña incomodidad hasta una severa depresión.

Si simplemente estás aprendiendo lecciones de tu pasado, y prometiéndote evitar la repetición de algún comportamiento específico, eso no se llama culpa. Experimentas culpabilidad sólo cuando este sentimiento te impide actuar ahora porque antes te comportaste de una cierta manera.

Aprender de tus equivocaciones es una parte sana y necesaria de tu crecimiento y desarrollo. La culpabilidad es malsana porque gastas inútilmente tu energía en el presente, sintiéndote molesto y deprimido a causa de un acontecimiento ya histórico. Y eso es tan inútil como malsano.

No hay culpabilidad por grande que sea, que pueda resolver un solo problema.

Wayne W. Dyer

Podemos ayudarte

¿Te sientes triste, falta de motivación, ansiedad, problemas de concentración, sobrepresión, miedos descontrolados, atraviesas un duelo, te encuentras ante una ruptura conyugal o de pareja, un divorcio, un cambio de trabajo, estrés…? Te ayudamos iluminando tu camino para que recuperes paz, fuerza y determinación; el equilibrio y la armonía interior que tanto te mereces y necesitas.

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Culpa y Preocupación

Culpa y Preocupación

Si tú crees que sentirte mal o preocuparte lo suficiente cambiará un hecho pasado o futuro, quiere decir que resides en otro planeta con un diferente sistema de realidad. A lo largo de la vida, las dos emociones más inútiles son la culpabilidad por lo que se ha hecho y la preocupación por lo que se podría hacer.

Son los grandes despilfarros: la preocupación y la culpabilidad; la culpabilidad y preocupación.

Al examinar estas dos zonas erróneas, te irás dando cuenta de lo conectadas que están; en realidad pueden ser vistas como los extremos opuestos de la misma zona. La culpabilidad quiere decir que despilfarras tus momentos presentes al estar inmovilizado a causa de un comportamiento pasado, mientras que la preocupación es el mecanismo que te mantiene inmovilizado ahora por algo que está en el futuro y que a menudo es algo sobre lo que no tienes ningún control.

Podrás ver esto con claridad si tratas de pensar en ti mismo como sintiéndote culpable de algo que aún no ha sucedido. Aunque una respuesta está dirigida al futuro y la otra al pasado, ambas sirven el mismo propósito inútil de mantenerte inquieto o inmóvil en tu momento presente.

Malgastar el momento presente

No es la experiencia del día de hoy lo que vuelve locos a los hombres. Es el remordimiento por algo que sucedió ayer, y el miedo a lo que nos pueda traer el mañana.

Es fácil ver ejemplos de culpabilidad y preocupación en todas partes, prácticamente en todas las personas que encontramos a nuestro paso. El mundo está poblado por personas que se sienten pésimamente por algo que no deberían haber hecho o asustados y consternados por cosas que pueden llegar a pasar. Y probablemente tú no eres una excepción.

Si tienes zonas extensas de culpa y preocupación, hay que exterminarlas, limpiarlas y esterilizarlas para siempre. Sácate de encima esas pequeñas “culpas” y “preocupaciones,” que infectan tantos sectores de tu vida.

La culpabilidad y la preocupación son quizá las dos formas más comunes de angustia en nuestra cultura. Con la culpa, te fijas en sucesos pasados, te sientes abatido o molesto por algo que dijiste o hiciste y gastas tus momentos presentes afligido por comportamientos pasados.

Con la preocupación gastas el valioso presente obsesionándote por algún suceso futuro. Ya mires atrás o adelante, el resultado es el mismo. Estás malgastando el momento presente.

Máquinas culpables

Somos muchos los que hemos sido sometidos a una verdadera conspiración de culpabilidad en nuestras vidas; una conspiración no premeditada pero muy eficiente destinada a convertirnos en verdaderas máquinas culpables.

La máquina funciona de la siguiente manera. Alguien emite un mensaje destinado a recordarte que has sido una mala persona por algo que dijiste o no dijiste, sentiste o no sentiste, hiciste o no hiciste. Tú respondes sintiéndote mal e incómodo en tu momento presente.

Tú eres la máquina de culpabilidad. Un aparato que respira, habla, camina y reacciona con cargas de culpabilidad cada vez que le echan el combustible apropiado. Y debes estar bien engrasado si has estado totalmente inmerso en nuestra cultura, que es una cultura productora de culpas.

¿Por qué has recibido los mensajes de preocupación y culpabilidad que te han echado encima todos estos años? En gran parte porque se considera “incorrecto” que no te sientas culpable, e “inhumano” que no te preocupes.

Todo está relacionado con la IMPORTANCIA que le des a los problemas. Si realmente te importa una persona o cosa, demuestras este interés sintiéndote culpable por las cosas terribles que has hecho al respecto, o dando muestras visibles de que su futuro te preocupa.

Es casi como si tuvieras que demostrar tu neurosis para que te clasifiquen y consideren como a una persona a quien le importan los demás. La culpabilidad es, de todas las zonas erróneas de comportamiento, la más inútil. Es de lejos la que despilfarra mayor cantidad de energía emocional. ¿Por qué? Porque, por definición, te estás sintiendo inmovilizado en el presente por algo que ya pasó. Y no existe culpabilidad por grande que sea, que pueda cambiar la historia.

Dos días

Hay dos días en la semana que nunca me preocupan. Dos días despreocupados, mantenidos religiosamente libres de miedos y temores. Uno de esos días es ayer… y el otro día que no me preocupa es mañana.

Wayne W. Dyer

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