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¡Conócete a ti mismo! Si, pero… ¿Cómo conseguirlo?

¡Conócete a ti mismo! Si, pero… ¿Cómo conseguirlo?

Primero

Deseándolo de verdad. Los que han alcanzado el conocimiento de sí mismos enseñan que no es una tarea tan ardua como parece, pero que sí exige la voluntad firme de lograrlo. Éste es el punto de partida: la voluntad de adquirir consciencia, de conocerse íntimamente.

Segundo

A partir de ahí, reconocer abiertamente nuestra condición de buscadores; asumir, entender, interiorizar y comprender que el ser humano es un ser en búsqueda; abrir la puerta y ser sensible a esa fuerza interior -anhelo, agitación, deseo, ansia, zozobra, necesidad de algo más- que tiene mucho de irracional -intuitiva, emotiva y sensitiva- y que nos empuja existencialmente desde nuestro fuero interno.

Para ello hace falta modestia, humildad. Y una franca disposición a ver qué causa tu sufrimiento; a formularte grandes y pequeñas preguntas que despierten tu consciencia y creen en ti novedosas formas de estar en el mundo; y a deshacerte de multitud de ideas y conceptos falsos, especialmente sobre ti mismo, impuestos por la falaz visión predominante.

La búsqueda pronto nos aportará nuevos conocimientos, reales y verdaderos, pero exigirá también que reverenciemos la verdad y nos deshagamos de nociones tan erróneas como arraigadas en nosotros. Lo nuevo ni puede ni debe ser construido sobre bases falsas o equivocadas.

Tercero

En tercer lugar, el deseo de despertar nos proporcionará libertad y dicha. Hay que disfrutar de la búsqueda y con la búsqueda. Se trata de una hermosa aventura -la aventura de la Vida- en la que hay que regocijarse y con la que nos debemos alegrar.

En palabras de Fred Alan Wolf, el verdadero secreto en la vida no es alcanzar el conocimiento, sino adentrarse en el misterio. Y tener muy presente que al buscar ya hemos logrado el “encuentro”; nos parecerá imposible antes de empezar la búsqueda o aún dentro de ella, pero ¡al buscar ya hemos logrado el encuentro! Es como si al empezar a buscar de forma inmediata se colocara ante nosotros el espejo a cuyo otro lado el encuentro nos espera.

Por tanto, no hay que obsesionarse con hallar lo buscado. De nada sirven las prisas; la búsqueda no es una carrera. Al comienzo, la visión imperante nos llevará a pensar en ella como una competición en la que hay que llegar al final cuanto antes, ser los primeros o estar entre ellos.

Pero esto es una estupidez en el contexto de la verdadera realidad que la nueva visión irá poniendo de manifiesto, de manera natural y sencilla, dentro de nosotros; las cosas no funcionan así en la nueva realidad y en el grado de consciencia en el que nos estaremos introduciendo.

Una vez que sintamos la auténtica realidad de las cosas, nos reiremos a carcajadas, literalmente, de cuando pensábamos que era importante ser los primeros o superiores en algo.

Y en la búsqueda, iremos pasando por sucesivos estados de consciencia que afrontaremos con entusiasmo en el convencimiento de que en cada uno se halla lo buscado. Mas no serán sino la puerta a uno nuevo con mayor capacidad de conocimiento y de hacernos vibrar interiormente.

El gran encuentro

Y un buen día, por expresarlo de algún modo, se plasmará el gran encuentro. Hay que insistir en que al buscar ya se ha producido el encuentro y que la adquisición de consciencia plena siempre está a nuestra disposición.

La única diferencia es que en algún momento tomamos consciencia y cruzamos al otro lado del espejo que hace tiempo teníamos delante. Vemos entonces nuestro genuino ser y la verdadera faz y sustancia de todas las cosas. El velo que los cubría cae ante la iluminación interior.

Es una experiencia tan maravillosa que no puede ser descrita con palabras, sino con Amor. Y lo mejor es que con ella nada acaba. Al contrario, será entonces cuando todo comience.

Emilio Carrillo

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Lavado de cerebro

Lavado de cerebro

La vida es un banquete. Y lo trágico es que la mayoría de las personas se están muriendo de hambre. Realmente de eso es de lo que estoy hablando.

Hay una bonita historia …

Unas personas que se hallaban en una balsa a cierta distancia de la costa de Brasil, y se estaban muriendo de sed. No sabían que el agua en la que estaban flotando era dulce; el río entraba en el mar con tanta fuerza que penetraba en él más de tres kilómetros, de modo que tenían agua dulce allí mismo. Pero no lo sabían.

De la misma manera, estamos rodeados de alegría, felicidad, de amor. La mayoría de los seres humanos no lo saben. La razón: les lavaron el cerebro. La razón: están hipnotizados, están dormidos. Imagínense un mago que hipnotiza a alguien de manera que la persona ve lo no que está ahí y no ve lo que está ahí. De eso se trata.

¡Despierten!

Arrepiéntanse y acepten la buena nueva. ¡Arrepiéntanse! ¡Despierten! No lloren por sus pecados. ¿Por qué llorar por pecados que cometieron cuando estaban dormidos? ¿Van a llorar por lo que hicieron en estado hipnótico? ¿Por qué quieren ser como una persona hipnotizada? ¡Despierten! ¡Despierten! ¡Arrepiéntanse! ¡Tengan una mente nueva! ¡Adopten una nueva manera de ver las cosas! porque “¡El reino está aquí!”

Son pocos los cristianos que toman eso en serio. Ya les dije a ustedes que lo primero que necesitan hacer es despertar, reconocer el hecho de que no les gusta que los despierten. Les gustaría más tener todas las cosas que en su estado hipnótico, les hicieron creer que eran tan preciosas y tan importantes para usted, y para su vida y su supervivencia. Además, comprendan. Comprendan que tal vez tienen ideas equivocadas, y que son estas ideas las que están influyendo en su vida y convirtiéndola en el desastre que es y manteniéndolos dormidos.

Ideas sobre el amor, ideas sobre la libertad, ideas sobre la felicidad, y otras ideas. Y no es fácil escuchar a alguien que cuestiona esas ideas que son tan preciosas para ustedes.

Lavado de cerebro

Se han hecho estudios interesantes sobre el lavado de cerebro. Se ha revelado que le lavaron el cerebro a alguien cuando adopta o “introyecta” una idea que no es suya, que es de otro. Y lo increíble es que esa persona estaría dispuesta a morir por esa idea. ¿No es extraño?

La primera prueba de que a una persona le lavaron el cerebro e introyectó convicciones y creencias tiene lugar cuando se atacan esas convicciones y creencias, se siente aturdida, reacciona emocionalmente. Esa es una buena señal, – no infalible, pero si una buena señal – de que se trata de lavado de cerebro. La persona está dispuesta a morir por una idea que no fue suya. Los terroristas o los santos (así llamados) aceptan una idea, la tragan entera y están dispuestos a morir por ella.

No es fácil escuchar, especialmente cuando uno se pone emocional con respecto a una idea

Y aunque no se ponga emocional, no le es fácil escuchar; siempre escucha de acuerdo a con su programación, con sus condicionamientos, con su estado hipnótico. Con frecuencia interpreta todo lo que se dice en función de su estado hipnótico, o de su condicionamiento, o de su programación. Como esta joven que está escuchando una conferencia sobre agricultura y dice: “Excúseme señor, estoy completamente de acuerdo con usted con que el mejor abono es el abono de caballo maduro. ¿Nos podría decir, qué edad debe tener el caballo?” ¿Ven en función de qué habla ella?

Todos tenemos nuestras opiniones, ¿no es verdad? Y escuchamos en función de esas opiniones. “Enrique, ¡Cómo has cambiado! Eras alto y ahora eres tan bajo. Estabas fornido y ahora eres delgado. Eras rubio y ahora eres tan moreno. ¿Qué te pasó Enrique? Enrique dice: “Yo no soy Enrique, soy Juan”. “Ah, ¡Cambiaste hasta de nombre!” ¿Cómo hacer que personas así escuchen?

Anthony de Mello

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Dar, libre de ego

Dar, libre de ego

Vivía en una ermita en los Himalayas. Había cobrado fama de serenidad, desprendimiento y santidad. Por ello, con frecuencia, venían gentes de las localidades de los alrededores a visitarle y recibir sus bendiciones. Los más acaudalados le llevaban sustanciosos regalos de todo tipo, pero el hombre los cogía y tiraba detrás de él sin echarles siquiera un vistazo. De vez en cuando, asía al azar alguno de los caros presentes recibidos y se lo entregaba a los que eran pobres y nada poseían. Tomaba y daba sin reparar en ello, alegremente, como si todo aquello no fuera con él. Extrañados, sus más cercanos discípulos le preguntaron sobre el porqué de esa forma de actuar. Sosegadamente respondió:

– Porque, queridos míos, yo no estoy ni en el dar ni en el tomar.

Comentario

Jesús lo dijo magníficamente: «Que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda». Los yoguis dicen que al obrar retiremos nuestro ego de la acción. «Renunciando tanto a la victoria como a la derrota, los pacíficos viven felices». Como aconsejan los maestros, «vive para servir a los demás». Pero en ese servicio no puede interferir el mezquino ego. La acción ego céntrica no conduce a la apertura amorosa ni al sosiego.

Hay una historia muy bonita

Un maestro ayudó a salvar la vida de una mujer. El marido de ésta vino a agradecérselo, pero el mentor le reprendió diciéndole: «Nunca digas que yo lo he hecho».

Otro maestro tenía algunas cualidades curativas y sanaba a algunas personas, pero cuando se lo agradecían, reprendía a los que así lo hacían diciéndoles: «Una visión incorrecta os induce a pensar que yo soy el que hago. ¡Cuán equivocados estáis! La energía hace por mí».

Cuando el destino o el azar o como queramos decido pone en nuestras manos dar o tomar, no podemos inmiscuir al ego impostor, porque el curso de los acontecimientos también sigue sus leyes.

Lo que hacemos muchas veces es que nos equivocamos asumiendo el protagonismo de muchas acciones y nos declaramos sus hacedores, y eso es como cuando en la base de un rascacielos vemos una escultura de adorno que finge soportar el edificio y creemos que realmente lo sostiene.

En la sociedad desmedidamente codiciosa en la que estamos inmersos creemos que el que recibe debe sentirse agradecido, pero hay otro enfoque mucho más sabio y hermoso: el que da tiene que estar agradecido al que recibe, porque éste le ha dado la preciosa oportunidad de poder dar y elevar su espíritu.

Ramiro Calle

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Perdonar con inteligencia

Perdonar

La indulgencia no es debilidad sino, por el contrario, una energía muy poderosa.

El perdón no es falta de firmeza ni mucho menos de entereza, sino generosidad.

En el camino hacia la paz interior hay obstáculos que necesariamente deben salvarse, como el resentimiento, el rencor, el odio o el afán de venganza. Estos obstáculos alteran a la persona y le roban su paz interna.

Hemos de asociamos con personas sabias y nobles, si tal es posible, y no dejamos alcanzar por individuos aviesos o insensibles.

En nuestro hogar mental no debemos dejar que partícula tras partícula de rencor vayan amontonándose, sino que, por el contrario, hemos de estar libres de máculas de venganza y resentimiento, porque al que dañan es a aquel que las padece, impidiéndole el sosiego, la lucidez y la buena relación consigo mismo.

Nuestras intenciones puras no deben verse desviadas por las intenciones impuras de los otros.

Hay que ejercitarse para que el estado de serenidad no se vea perturbado por tendencias de odio o resentimiento.

La mejor receta para ello es perdonar, pero no dar lugar a que la persona perdonada siga provocándonos dolor o malestar. No sólo es la actitud más noble, sino la más inteligente.

Ramiro Calle

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El control de la palabra

El control de la palabra viene precedido por el de la mente.

Cuando en la mente hay desorden, en la palabra hay desorden e imprecisión;.

Cuando en la mente hay venenos, las palabras destilan venenos y la lengua se convierte en un estilete para herir a los otros.

El dominio sobre la palabra es muy importante

Con ella podemos arruinar muchas vidas, generar mucha desdicha, sembrar discordia, crear alteraciones y malentendidos, difamar y calumniar, en suma, no sembrar sosiego, sino insuperables tensiones.

El que aprende a controlar las palabras no es dado a engañar a sabiendas ni a adulterar los hechos, ni se pierde en chismorreos de comadres, ni utiliza las palabras con acritud o despotismo. No es mordaz al hablar, evita la ironía hiriente, no censura por censurar, no difama, no se extravía en términos violentos o groserías, no incita con sus palabras a crear conflictos y equívocos entre las personas.

Habla con precisión y cordura, se ajusta a los hechos, utiliza palabras cariñosas y amables, siembra concordia con sus sabias frases y sabe hallar la palabra amorosa para ayudar a los otros.

Ramiro Calle

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Hacer sin hacer

Nadie puede dejar de actuar, porque la vida es movimiento y acción.

Los hay que actúan compulsiva y vehementemente; los hay que hacen sin-hacer y entonces hacen mucho mejor, más acertadamente y con mayor precisión. Está la acción agitada y ofuscada; está la acción clara y lúcida.

No-hacer significa no implicarse egocéntricamente

Los acontecimientos también siguen su curso. ¿Acaso no se refleja la luna en las aguas del lago por la noche y no van y vienen las olas lamiendo la playa?

Hacer sin lucidez, sin sosiego y sin equilibrio es muy peligroso, y ya constatamos lo que está haciendo el ser humano con las otras criaturas y con el ecosistema. No hay armonía en la mente y entonces no se respeta la armonía exterior.

«Cuando los deseos humanos son moderados, se produce la paz, y el mundo se armoniza por su propio acuerdo». Pero trasladamos nuestro desequilibrio interior al exterior y lo contaminamos con desasosiego e inarmonía.

No-hacer no es no hacer nada

… Sino hacer sin aferrarse a la acción ni a los resultados de ésta; es la acción más libre, inegoísta, consciente, natural, oportuna, con renuncia a los frutos de la acción, porque si tienen que llegar lo harán por añadidura.

Una acción tal no aliena, no condiciona, no limita, no esclaviza, no neurotiza, no revierte en feo y atroz egoísmo.

Haz lo mejor que puedas en toda circunstancia y situación, libre de los resultados de la acción.

No se puede empujar el río. Al día sigue apaciblemente la noche. No actúes de manera compulsiva. La acción más lenta y sosegada, más atenta y precisa, es hermosa y fecunda; la acción precipitada, urgente y agresiva, es fea e indigna.

Todos tenemos que actuar

Pues incluso un eremita en su cueva ha de limpiarla, meditar, ordeñar a la cabra para tomar su leche o encender un fuego para protegerse de las inclemencias del invierno. Pero la acción puede encadenamos y los resultados obsesionamos y esclavizamos, o por el contrario podemos acometerla sin ataduras.

Además, el proceso es tan o más importante que la meta. Cada paso en la larga marcha tiene su peso específico y cuenta. Más importante que adónde voy, es que voy. El cementerio está lleno de personas que tuvieron mucha prisa y lo único que hicieron fue volver un poco antes al polvo del que emergieron. El no-hacer es también hacer sin avidez ni odio, con equilibrio de ánimo.

La acción nunca puede ser superior al que actúa

Aunque el hombre de esta época parece olvidar este valioso principio y se aliena fácilmente con un elevado coeficiente de actividades desasosegadoras.

La acción más inegoísta no se basa nunca en explotar, someter o vencer. Es cooperante y amable. No admite competencia ni desamor. La mente permanece pura y ni se aferra ni genera aversión. Del fracaso se aprende. No hay lugar para el desfallecimiento. La acción en sí misma es entonces liberatoria.

Da igual que se haga

Barrer es tan importante o más que las decisiones de un ministro; lavar los utensilios de la cocina es tan decisivo como la labor que lleva a cabo un abogado o un médico. Se hace lo que se tiene que hacer; se toma la dirección que se debe tomar.

Al hacer sin hacer no hay vacilaciones. Eres jardinero. Cultiva lo mejor que puedas el jardín. No depende de ti si luego llega un huracán y lo destruye. Tú haz lo mejor que puedas al abonar, podar, regar y remover la tierra. Ésa es ya en sí misma la recompensa, y no si llegas a tener el jardín más admirado del mundo.

Ramiro Calle

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Amar más allá de la forma

Amar más allá de la forma

Un hombre amaba con intensidad a su compañera, la cual no era precisamente bella. Desde niña tenía la cara picada con viruela. Con aquella mujer, las noches eran de carne y espíritu.

Un amanecer, ella le susurró:

– Amado mío, mi muy amado, cuánto lamento que mi piel no sea suave como un nenúfar para recibir tus labios.

– ¿Por qué me dices eso, mi muy querida? – preguntó el hombre extrañado.

Y la mujer, intuitivamente, comprendió al instante que él jamás había reparado en sus feas señales. Al mirar más allá, la había encontrado realmente a ella.

Comentario

La belleza exterior tiene un milímetro de espesura: el de la piel. La belleza interior es más profunda que los vastos océanos.

Unos ven en los demás su lado feo, y crean malestar y ansiedad sobre sí mismos y los otros; los hay en cambio, más afortunados, que saben ver el lado luminoso de los demás y no poner el acento sobre el difícil.

Podemos preguntamos: ¿Amamos a la otra persona por el placer que nos procura o por la persona misma?

El amor egocéntrico conlleva ansiedad, inquietud, celos, desasosiego, resentimiento, exigencias y reproches.

El amor más incondicional está libre de posesividad y contaminaciones de cualquier orden, por lo que resulta más genuino, estable y tranquilizador.

Ramiro Calle

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Serenidad también es aceptar

Serenidad

Cuántas veces ponemos el énfasis justo en lo que queremos evitar; cuánto sufrimos por no querer sufrir; cuánta felicidad perdemos por nuestro afán desmedido de felicidad; hasta qué punto tenemos una recalcitrante inclinación a ver en las aguas pantanosas sólo la suciedad y no apreciar la espléndida flor de loto. Hay un adagio muy sutil: «Cuanto más lo busco, menos lo encuentro».

¿Sabes una cosa?

Si persigues tu sombra, nunca la atrapas; si te empeñas en ver tus ojos nunca lo consigues, del mismo modo que el sable no puede combatir consigo mismo; si te obsesionas porque no quieres escuchar un ruido, lo oyes más; si te dejas arrastrar por la antipatía hacia una persona, intensificas la antipatía que te produce.

El arte de fluir, abrirse, ser permeable y flexible, absorber sin inútiles resistencias, es de una gran ayuda para la vida.

Enseña el maestro: «La mejor manera de conquistar a un enemigo es ganarle sin enfrentarse a él». Es la llamada virtud de la no-lucha. También el arte de la no-oposición.

También la senda de no-fortalecer-al-enemigo, sino amistar con él para debilitarlo.

Además, la belleza está en los ojos del que mira. Una nariz fea para unos es hermosa para otros e indiferente para muchos. Nosotros, que tanto distamos de la perfección física, mental, moral y emocional, ¡cuánta perfección exigimos en los demás!

Un místico dijo en una ocasión: «Como no hay nadie en el que no haya algo bueno, nunca logro ver lo malo en él».

La serenidad también consiste en saber aceptar una nariz que no es suficientemente agraciada, o a un amigo que resulta un poco pesado o la cabeza que en el cine nos oculta parte de la pantalla.

Ramiro Calle

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Sabiduría

La erudición no es sabiduría; el saber libresco no es conocimiento que transforma y libera. La erudición es acumulación de datos e información, pero no procura una experiencia interior de paz profunda y autoconocimiento.

Todos nos podemos pasar los unos a los otros estos datos. Tú me pasas tu información y yo te paso la mía. Pero tú no me puedes pasar tu sabiduría ni yo te puedo pasar la mía, porque la sabiduría es personal e intransferible.

El mundo está lleno de personas con grandes conocimientos que son irritables, o están atormentadas, o generan relaciones destructivas y conflictivas, o no pueden liberarse de sus emociones venenosas.

La erudición y la cultura se adquieren, vienen de afuera, pero la sabiduría hay que desarrollada y actualizada dentro de uno mismo. Es una lámpara para iluminar la senda de la vida.

La sabiduría aporta…

La sabiduría aporta equilibrio y armonía; nos permite saber cuándo injerir en el curso de los acontecimientos o cuándo abstenernos de hacerlo.

Procura confianza en uno mismo pero desde la humildad y no desde la arrogancia.

Nos previene para que no nos precipitemos en la exaltación desmedida o el insuperable abatimiento (estabilizando el ánimo).

Ayuda a encontrar nuestro propio eje y a evitar el tedio, los auto engaños y justificaciones;.

Nos hace conscientes de nuestras limitaciones como seres humanos, sin atolondrarnos con falaces expectativas;

Mejora la relación con los demás y considera como lo más bello e importante la bondad y la amistad.

Nos enseña a navegar en el océano de la vida cotidiana y en el de nuestro universo interior.

Invita a una vida sencilla, sin artificios, natural y placentera, sin desear lo inalcanzable y gozando de lo que es posible alcanzar, sin preocuparse de si nos elogian o insultan, libre siempre de envidia y celos, sin afán de acumular más de lo necesario, valorando cada minuto de la vida para no despilfarrar innecesariamente el tiempo.

Y mucho más…

Coopera para poder discernir entre lo esencial y lo superfluo, lo real y lo banal.

Abre el corazón y deja que fluya libremente el néctar de la compasión, pudiendo identificarnos con el sufrimiento de otras criaturas y tratando de colaborar en su bienestar.

Nos ayuda a estar más autovigilantes y ocupamos mejor de nosotros mismos y de los demás.

Es la luz del noble arte de vivir y nos otorga un saludable dominio sobre la mente, la palabra y los actos.

Resuelve conflictos y discordias; previene contra el agobio y la desesperación; convierte la soledad en fecunda y valora el autoconocimiento.

Enseña a estar bien en soledad y en multitud.

Nos hace más veraces y próximos a los otros seres sintientes.

Proporciona sagacidad, renovado entusiasmo, sentido del humor, ánimo apaciguado.

Presta vitalidad; ayuda a vivir y a morir.

Sabiduría y sosiego

La sabiduría es sosiego; el sosiego conlleva sabiduría. La sabiduría nos ayuda a percibir y conocer lo que no puede ser percibido ni conocido por la erudición.

Ramiro Calle

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La senda de la autorealización

Autorealización

El esfuerzo se activa en cuanto la motivación es intensa. A cada paso la libertad interior está más cerca. Van sobreviniendo destellos de claridad y sosiego, percepciones de orden superior que nos enriquecen, comprensiones profundas que son como un primoroso bálsamo para el espíritu.

Larga es la senda de la autorrealización… y tortuosa. Pero en la senda hacia el sosiego inefable, la mente va purificándose.

Destellos de claridad y sosiego

Se libera de apego, odio, ofuscación, dependencias y servidumbres; gana desasimiento, compasión, claridad y emancipación.

Poco a poco la mente se torna más libre y aprende a no depender tanto de los objetos del exterior o de los propios contenidos mentales; se va liberando del aferramiento y de la aversión y va superando muchas dependencias de todo tipo.

Surge una clase de satisfacción y de alegría que no depende tanto de las circunstancias o eventos externos, sino que encuentra su fuente en la propia interioridad y en el sentimiento de fecunda integración.

Los factores de liberación mental van acudiendo en auxilio del buscador, factores como la ecuanimidad, la energía, el contento interno o gozo, la claridad y otros.

Lo agradable no va despertando tanto deseo y servidumbre; lo desagradable no suscita tanta aversión y sufrimiento.

El ego comienza a no sobredimensionarse y ocupa su justa posición, con lo que cede el sentido personalista del «hacedor» y el afán de posesividad, la arrogancia y la codicia.

Se va despertando la aletargada dicha enraizada en uno mismo y la vida se enfoca de otra manera (no sólo como una frenética carrera hacia fuera, en busca de fama, prestigio, consideración o progreso externo).

Al haber menos deseos compulsivos y aversiones, la agitación mental comienza a ceder. Los obstáculos en el camino se van salvando, aunque aparecen aparentes retrocesos. La paciencia es una buena consejera.

Ramiro Calle

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¿Podríamos meditar sobre algo?

Entonces, ¿qué podemos hacer para prepararnos? ¿Podríamos meditar sobre algo?

No se medita sobre algo; esa no es la formulación adecuada. Meditar significa estar plenamente alerta y permitir que la sensación cuerpo-mente llegue a tu atención. Por ejemplo, cuando te sientas aquí puedes advertir que ciertas partes de tu cuerpo están tensas. Estas partes se sienten pesadas y tensas porque otras partes están ligeras y relajadas. Pero la concentración sobre la tensión, sobre las zonas rígidas, conduce a la fijación. ¿Cómo proceder entonces? Hazte consciente de una zona que sientas ligera y vacía. Y, como si de agua se tratara, deja que esa sensación se expanda hasta incluir áreas más densas.

¿Hay algunos momentos del día que sean especialmente indicados para esta clase de observación?

Sí. Puede haber momentos en los que estás más disponible. El mejor momento es por la mañana, justo al despertar. No eres tú quien despierta, sino el cuerpo el que despierta en tu conciencia. Por eso, cuando estás alerta, ves cómo el cuerpo retorna a sus viejos esquemas. Cuanto mayor es la frecuencia con que el cuerpo se te presenta globalmente como una sensación, más frecuentemente también la memoria orgánica se va haciendo cargo de él. Durante el día, cada vez que introduces tus habituales esquemas de contracción, la memoria orgánica de la totalidad te devuelve a la sensación global y llega un momento en el que ya no regresas a la imagen fraccionada de tu cuerpo.

Ha dicho que no podemos realizar nada mediante la voluntad y el esfuerzo. Sin embargo, si prescindimos del esfuerzo, vemos que nada sucede, que no hacemos nada.

Pero nada sucede cuando intentas hacer que suceda. La mera intención de hacer que algo ocurra bloquea su expresión espontánea. La intención hunde sus raíces en el miedo y en la inseguridad. Toda esa energía condicionada debe llegar a detenerse. La mente debe quedar en suspenso. Sólo una actitud de no-interferencia puede llevar a su fin el proceso de la memoria mecánica y todos los condicionamientos que la acompañan. Entonces la original energía incondicionada sale a la superficie.

Generalmente, sólo conocemos conceptos, pero no conocemos el silencio. El valor de la práctica de la meditación reside en que nos ayuda a familiarizarnos con el dejar ir, con la quietud. Cuando la mente deja de interferir, sólo hay silencio; y de éste, aflora la creatividad. Pero en cuanto caemos bajo el hechizo de la voluntad, sólo hay repetición.

Cuando miramos a nuestros amigos o a nuestro entorno, sólo vemos nuestras proyecciones, nuestras superposiciones, no vemos el mundo como es. Así pues. el primer paso es reparar en que realmente no vemos, en qué proyectamos nuestros miedos y nuestras esperanzas sobre todo lo que nos rodea. Para verlo, debes estar en silencio. Cuando se vive este silencio nada es repetitivo y quedarás sorprendida por todo lo que entonces surge.

Jean Klein

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El Amor

El Amor

EL AMOR

Dijo Almitra: Háblanos del amor.

Y él levantó la cabeza, miró a la gente y una quietud descendió sobre todos. Entonces, dijo con gran voz:

Cuando el amor os llame…

Cuando el amor os llame, seguidlo.

Y cuando su camino sea duro y difícil.

Y cuando sus alas os envuelvan, entregaos. Aunque la espada escondida entre ellas os hiriera.

Y cuando os hable, creed en él. Aunque su voz destroce vuestros sueños, tal como el viento norte devasta los jardines.

Porque, así como el amor os corona, así os crucifica.

Así como os acrece, así os poda.

Así como asciende a lo más alto y acaricia vuestras más tiernas ramas, que se estremecen bajo el sol, así descenderá hasta vuestras raíces y las sacudirá en un abrazo con la tierra.

Él os une con vosotros mismos

Como trigo en gavillas él os une con vosotros mismos.

Os desgarra para desnudaros.

Os cierne, para libraros de vuestras coberturas.

Os pulveriza hasta volveros blancos.

Os amasa, hasta que estéis flexibles y dóciles.

Y os asigna luego a su fuego sagrado, para que podáis convertiros en sagrado pan para la fiesta sagrada de Dios.

Conocer los secretos del corazón

Todo esto hará el amor con vosotros para que podáis conocer los secretos de vuestro corazón y convertiros, por este conocimiento, en un fragmento del corazón de la Vida.

Pero si, en vuestro miedo, buscaréis solamente la paz y el placer del amor, entonces, es mejor que cubráis vuestra desnudez y os alejéis de sus umbrales.

Hacia un mundo de primaveras donde reiréis, pero no con toda vuestra risa, y lloraréis, pero no con todas vuestras lágrimas.

El amor no da nada más a sí mismo y no toma nada más que de sí mismo.

El amor no posee ni es poseído.

Porque el amor es suficiente para el amor.

Cuando améis

Cuando améis no debéis decir: “Dios está en mi corazón”, más bien: “yo estoy en el corazón de Dios”.

Y pensad que no podéis dirigir el curso del amor porque él si os encuentra dignos, dirigirá vuestro curso.

El amor no tiene otro deseo que el de realizarse.

Pero, si amáis y debe la necesidad tener deseos, que vuestros deseos sean éstos:

Fundirse y ser como un arroyo que canta su melodía a la noche.

Saber del dolor de la demasiada ternura.

Ser herido por nuestro propio conocimiento del amor. Y sangrar voluntaria y alegremente.

Despertarse al amanecer con un alado corazón y dar gracias por otro día de amor.

Descansar al mediodía y meditar el éxtasis de amar.

Volver al hogar con gratitud en el atardecer.

Y dormir con una plegaria por el amado en el corazón y una canción de alabanza en los labios.

Khalil Gibrán

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Sentimientos mundanos, sentimientos anímicos

Primer contraste

Recuerda la clase de sentimiento que experimentas cuando alguien te elogia, cuando te ves aprobado, aceptado, aplaudido… Y compáralo con el sentimiento que brota en tu interior cuando contemplas la salida o la puesta del sol, o la naturaleza en general, o cuando lees un libro o ves una película que te gustan de veras.

Trata de revivir este último sentimiento y compáralo con el primero, el producido por el hecho de ser elogiado. Comprende que este primer tipo de sentimiento proviene de tu propia “glorificación” y “promoción” y es un sentimiento mundano, mientras que el segundo proviene de tu propia realización y es un sentimiento anímico.

Segundo contraste

Veamos otro contraste: recuerda la clase de sentimiento que experimentas cuando obtienes algún éxito, cuando consigues algo que anhelabas, cuando “llegas arriba”, cuando vences en una partida, en una apuesta o en una discusión. Y compáralo con el sentimiento que te invade cuando disfrutas realmente con tu trabajo, cuando de veras te absorbe por entero la tarea que desempeñas. Y observa, una vez más, la diferencia cualitativa que existe entre el sentimiento mundano y el sentimiento anímico.

Tercer contraste

Y todavía otro contraste más: recuerda lo que sentías cuando tenías poder, cuando tú eras el jefe y la gente te respetaba y acataba tus órdenes, o cuando eras una persona popular y admirada. Y compara ese sentimiento mundano con el sentimiento de intimidad y compañerismo que has experimentado cuando has disfrutado a tope de la compañía de un amigo o de un grupo de amigos con los que te has reído y divertido de veras.

Comprende…

Una vez hecho lo anterior, trata de comprender la verdadera naturaleza de los sentimientos mundanos, es decir. los sentimientos de autobombo y vanagloria, que no son naturales, sino que han sido inventados por tu sociedad y tu cultura para hacer que seas productivo y poder controlarte. Dichos sentimientos no proporcionan el sustento y la felicidad que se producen cuando contemplas la naturaleza o disfrutas de la compañía de un amigo o de tu propio trabajo, sino que han sido ideados para producir ilusiones, emoción… y vacío.

Mírate

Trata luego de verte a ti mismo en el transcurso de un día o de una semana y piensa cuántas de las acciones que has realizado y de las actividades en que te has ocupado han estado libres del deseo de sentir esas emociones e ilusiones que únicamente producen vacío, del deseo de obtener la atención y la aprobación de los demás, la fama, la popularidad, el éxito o el poder.

Fíjate

Fíjate en las personas que te rodean. ¿Hay entre ellas alguna que no se interese por esos sentimientos mundanos? ¿Hay una sola que no esté dominada por dichos sentimientos, que no los ansíe, que no emplee, consciente o inconscientemente, cada minuto de su vida en buscarlos? Cuando consigas ver esto, comprenderás cómo la gente trata de ganar el mundo y cómo, al hacerlo pierde su vida. Y es que viven unas vidas vacías, monótonas, sin alma…

Una parábola

Propongo a tu consideración la siguiente parábola de la vida: un autobús cargado de turistas atraviesa una hermosísima región llena de lagos, montañas, ríos y praderas. Pero las cortinas del autobús están echadas, y los turistas, que no tienen la menor idea de lo que hay al otro lado de las ventanillas, se pasan el viaje discutiendo sobre quién debe ocupar el mejor asiento del autobús, a quién hay que aplaudir, quién es más digno de consideración… Y así siguen hasta el final del viaje.

Anthony de Mello

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La sabiduría y yo

La Sabiduría y yo

En el silencio de la noche, la Sabiduría penetró en mi cuarto y se quedó de pie junto al lecho. Me miró con la expresión de una madre cariñosa, enjugó mis lágrimas y me dijo:

-He escuchado los gemidos de tu alma y he venido a consolarte. Abreme tu corazón, que yo lo llenaré de luz. Pregúntame, que yo te mostraré el camino de la Verdad.

Atendí a su indicación y le pregunté:

-¿Quién soy yo, Sabiduría, y cómo llegué a este lugar de horrores? ¿Qué son estas inmensas esperanzas, estas montañas de libros y estas extrañas figuras? ¿Qué son estos pensamientos que vienen y van como bandadas de palomas? ¿Qué son estas palabras que articulamos con deseo y escribimos con alegría? ¿Qué son estas tristes y gozosas conclusiones que abrazan mi alma y envuelven mi corazón? ¿De quién son estos ojos que me miran y taladran hasta los rincones más oscuros de mi alma y, sin embargo, no se ocupan de mi pena? ¿Qué son estas voces que lamentan el paso efímero de mis días y cantan las alabanzas de mi niñez? ¿Quién es este joven que juega con mis deseos y se burla de mis sentimientos, olvidándose de las acciones de ayer contentándose exclusivamente con lo pequeño de hoy y armándose contra el lento acercarse del mañana?

¿Qué es este mundo horrible y a qué tierra desconocida me lleva?

¿Cuál es esta tierra que abre anchurosamente sus fauces para tragar nuestros cuerpos y prepara un albergue imperecedero para los avaros? ¿Quién es este Hombre que se da por contento con los favores de la Fortuna y está suspirando por un beso de los labios de la Vida, mientras la Muerte le abofetea el rostro?

¿Quién es este Hombre que compra un momento de placer con un año de arrepentimiento, y se entrega al sueño, cuando le rondan las pesadillas? ¿Quién es este Hombre que nada en las olas de la Ignorancia, hacia el vértice de las Tinieblas?

Dímelo, Sabiduría… ¿qué son todas estas cosas?

Y la Sabiduría abrió sus labios y habló:

-Tú, Hombre, eres capaz de ver el mundo con los ojos de Dios y captar los secretos del más allá a través del pensamiento humano. Este es el fruto de la ignorancia.

Sal al campo y contempla cómo las abejas rondan las hermosas flores, y el águila se abalanza sobre su presa. Entra en la casa de tu vécino y ve al pequeñuelo fascinado por las llamas del hogar, mientras la madre trajina en sus tareas domésticas. Sé como la abeja y no desperdicies los días de tu primavera mirando lo que hace el águila. Sé como el niño a quien encanta el fuego de la chimenea y deja que la madre se dedique a sus quehaceres. Todo lo que ves fue y sigue siendo tuyo.

Los numerosos libros, figuras extrañas y bellos pensamientos que te rodean son fantasmas de espíritus que te han precedido. Las palabras pronunciadas por tus labios son los eslabones que te vinculan a tus semejantes. Las conclusiones tristes y alegres son las semillas del pasado arrojadas en el surco de tu alma, para ser cosechadas en el futuro.

El joven que juega con tus deseos es el que va a abrir la puerta de tu corazón para que entre la luz. La tierra que abre sus voraces fauces para tragar al hombre y, con él, sus obras, es la redentora de nuestras almas, que las liberará de la esclavitud a nuestros cuerpos.

El mundo que se mueve contigo es tu propio corazón, que es el mundo mismo. Y el hombre a quien consideras tan pequeño e ignorante, es el mensajero de Dios que ha venido a aprender la alegría de la vida a través del dolor y de la ignorancia.

Así habló la Sabiduría y poniéndome una mano en la frente calenturienta, me dijo:

-Sigue adelante. No te detengas. Avanzar es caminar hacia la perfección. Sigue adelante, sin temor a las espinas ni a las piedras cortantes del camino de la Vida.

Khalil Gibran

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Curaciones mentales

Curaciones mentales

¿Qué es lo que cura? ¿Dónde está el poder curativo? Nos hacemos estas preguntas porque todos nosotros estamos interesados en suprimir molestias corporales y demás problemas internos.

Poder curativo

Existe un poder curativo en la mente subconsciente de cada persona; un cambio en nuestra actitud mental hacia la parte enferma movilizará este Poder: conocido también como Naturaleza, Vida, Dios, Inteligencia Creadora o Poder Subconsciente.

Este poder se encuentra en la mente subconsciente; puedes curar dolencias mentales y corporales si sabes dirigir ese poder correctamente. Otra persona puede hacerlo también en beneficio tuyo, pero de nada sirve si tú no quieres conseguir la curación. Actúa en todas las personas, cualquiera sea su credo, color o raza. No es necesario pertenecer a una iglesia, secta o ideología determinada para obtener este poder o participar de sus fuerzas curativas; curará la quemadura o herida de la mano, curará tanto si eres católico, ateo o agnóstico.

La oración o plegaria curativa

Se utilizan diferentes métodos para eliminar los obstáculos mentales, emocionales o físicos, que impiden el flujo curativo que nos anima a todos. Entre estos métodos citemos la oración o plegarias curativas, un medio utilizado por personas ya entrenadas en los mecanismos de la ciencia mental.

Se basan en el principio de interacción que existe “entre la Inteligencia Infinita y el Poder de la mente subconsciente”, el cual responde de acuerdo a las convicciones de la persona interesada. El significado es: “creer en el recibir y se recibirá”. Para obtener los efectos deseados debes imaginarlos y sentirlos una realidad, y esperar que el principio vital infinito responda a tu petición consciente.

Para obtener mejores resultados sigue este precepto: aíslate de todo ruido, en un cuarto oscuro, y cierra la puerta. En otras palabras: “Cierra la puerta de tu mente” para abstraerse de todas las distracciones; relájate sosegada y completamente; vendrá la inspiración; despliega tu deseo o petición, transportándolo a tu mente subconsciente; continúa hasta sentir dentro de ti la infinita presencia curativa, hasta quedar convencido que tu mente responderá de acuerdo a tu específica necesidad, o al objeto deseado.

J. Murphy

Podemos ayudarte

¿Deseas limpiar de tu alma las sensaciones de culpa y preocupación? ¿Necesitas aprender las lecciones del pasado y  establecer nuevos retos y objetivos? Si de una vez por todas has decidido poner todo tu Ser a favor de tí y de tus sueños, podemos ayudarte. Hoy es un día perfecto para empezar. Te acompañamos en ese camino apasionante.

¿Conoces tu misión en la vida?

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