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No es verdad que exista el pasado

No es verdad que exista el pasado

El absurdo no termina con identificarnos con esos pensamientos que campan a sus anchas, sino que es aquí donde empieza. Primero, porque no se trata de una voz en el interior de la cabeza, sino de muchas voces que pugnan y discuten entre sí, pues tenemos muchos pensamientos a menudo contradictorios y enfrentados. Y en segundo lugar, porque los pensamientos están condicionados no por el presente, sino por el pasado, por nuestras experiencias y recuerdos.

Esto nos introduce en un espectacular embrollo porque el pasado no existe ni existirá.

Creer en la existencia del pasado es la tercera gran mentira, asumida sin rechistar cuando es escaso el grado de consciencia sobre quién se es y lo que es real.

La memoria del pasado es algo que surge como forma mental en el momento presente; cuando pasó lo que pasó, lo hizo como presente y después dejó de ser real para configurarse en una creación u objeto mental.

Además, tal memoria ni siquiera es del todo certera, pues muchos sucesos del pasado los rememoramos desde la interpretación subjetiva de nuestra pequeña historia personal -sufrimientos y goces, éxitos y fracasos.-. Y ésta suele estar marcada por la insatisfacción, bien por no haber alcanzado lo deseado o porque, habiéndolo conseguido, inmediatamente aspiramos a algo más, a algo nuevo que haga nuestra vida más placentera, completa o genuina.

De este modo y aunque no nos percatemos del desatino, nuestra identidad, personalidad y sentido del yo quedan a merced de unos pensamientos contradictorios que responden a la interpretación subjetiva por parte del ego insatisfecho de un pasado inexistente.

Ante esto, no puede sorprendernos que nuestro sentido del yo se halle estrechamente ligado a una sensación de frustración o, al menos, de carencia de algo, de emociones o cosas. El piloto automático, a falta de dirección consciente, no da para más. Por lo que una gran parte de las personas notan que sus vidas no están llenas y cunde el desasosiego, configurado ya como santo y seña de la sociedad actual.

Emilio Carrillo

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Consciencia del pasado

Consciencia del pasado

En este ejercicio se trata de que veas tu día completo como en una película

Supongamos que realizas este ejercicio por la noche: pasa la película del día, en sentido inverso, de atrás hacia adelante, una escena en cada momento, hasta que llegues a la primera escena de la mañana, el primer instante de tu despertar.

Por ejemplo, ¿qué es lo último que has hecho antes de comenzar con este ejercicio? Entraste en esta habitación, te sentaste en la silla y te acondicionaste para hacer la meditación. Esta será la escena que aparecerá en primer lugar a tu contemplación. ¿Qué pasó antes de esto? Que entraste en la habitación. Esta será la segunda escena. ¿Y antes de eso? Te paraste a charlar con un amigo cuando venías a casa. Esta será la tercera escena…

Toma una escena por separado, una unidad de acciones, y observa todo lo que haces, piensas, sientes en ella

No trates de revivir la escena. A diferencia de los ejercicios anteriores sobre la fantasía, no tienes que tomar parte en estos acontecimientos, como si se realizasen de nuevo. Limítate simplemente a observarlos como espectador. Míralos de forma distanciada, como lo haría un observador neutral.

Ante todo, dedica algún tiempo a pacificarte, ya que este ejercicio requiere gran quietud interior… Realiza uno de los ejercicios de conscienciación para lograrlo y sitúate en el momento presente…

Comienza ahora a pasar el filme, retrocediendo a cada uno de los acontecimientos del día… Dedica todo el tiempo que sea preciso para observar con detalle cada uno de los acontecimientos… Fíjate especialmente en el protagonista, en ti mismo… Cómo actúa, lo que piensa, cuáles son sus sentimientos…

Es muy importante que, mientras observas esos acontecimientos, adoptes una actitud neutral; es decir, que no condenes ni apruebes lo que estás viendo…

Limítate a observar. No juzgues. No evalúes

Si te distraes cuando realizas el ejercicio intenta descubrir la fuente de la distracción tan pronto como caigas en la cuenta de que estás distraído. En otras palabras, supón que te encuentras pensando en la próxima comida. Pregúntate cómo has venido a parar a este tema. ¿Cuál fue el pensamiento que precedió inmediatamente a éste de la comida? ¿Y el anterior a aquél? ¿Y el anterior?… Así hasta que llegues al punto en que te apartaste de tu tarea de pasar hacia atrás la película.

Sigue con este ejercicio hasta que logres llegar al primer momento del día, tu despertar…

Es extremadamente difícil realizar con éxito este ejercicio

Exige un grado intenso de calma y gran dominio del arte de la concentración. Este tipo de concentración es accesible tan sólo a los que se hallan profundamente en paz consigo mismos y han conseguido que esa paz invada su mente y las restantes facultades. Por consiguiente, no te desanimes si compruebas que tus primeros ejercicios van acompañados de muchos fallos. El simple intento te producirá un gran bien y, probablemente, sacarás enorme provecho de observar una o dos escenas.

Los maestros orientales que proponen este ejercicio afirman que quienes lo dominan (y, por consiguiente, dominan su mente para ser capaces de realizarlo con éxito) son capaces de recordar con perfecta claridad no sólo las escenas del día que termina, sino cada una de las acaecidas en la semana última, del mes, del año y de los años hasta llegar al momento de su nacimiento.

Si compruebas que el intento de descubrir la fuente de las distracciones es en sí una gran distracción, déjalo y, cuando caigas en la cuenta de que estás distraído, vuelve a la última escena que contemplabas antes de la distracción. El intento de retrotraer las distracciones a su origen plantea quizá excesivas dificultades al comienzo.

La indicación hecha de no aprobar ni condenar se basa en la enseñanza de algunos maestros orientales

Según ellos, ni la aprobación ni la condenación son necesarias para cambiar nuestras vidas y conductas. Emplear la fuerza de voluntad para hacer un propósito o el autocastigo que se incluye en la condena puede provocar una resistencia interior; te verías envuelto innecesariamente en un conflicto interno ya que la acción produce una reacción similar y opuesta.

Este peligro lo evita la autoconsciencia. El postulado afirma que ella se basta para curar sin necesidad de juicios ni propósitos. La sola consciencia hará morir todo lo insano y crecer todo lo bueno y santo. Es parecido al sol, que da vida a las plantas y mata los gérmenes. No es preciso que emplees tus músculos espirituales para lograrlo.

Haz la calma y la paz dentro de ti. Sé lo más plenamente consciente que puedas. Se trata -no lo olvides- de un postulado. Cuando te hayas familiarizado con el poder de la autoconciencia, dejará de ser un postulado y se convertirá en acervo de tu experiencia personal.

Anthony de Mello

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Sanar heridas del pasado

Sanar heridas del pasado

Con frecuencia muchas personas llevan consigo heridas del pasado que aún supuran dentro de sus corazones.

Con el paso del tiempo llega un momento en que ya no se siente la supuración. Pero el efecto dañoso de la herida, si no ha curado, persistirá.

Por ejemplo, un niño se verá inundado de tristeza al perder a su madre. La tristeza y la pena pueden ser reprimidas y olvidadas, pero continúan influyendo en la vida de este niño, ahora adulto: quizás le cueste trabajo acercarse a la gente por temor a perderla, o sea incapaz de aceptar con amor a personas que se acerquen a él, o quizás pierda gradualmente interés por la vida y por las personas en general porque emocionalmente se encuentra aún junto a la tumba de su madre, negándose a alejarse de allí, y pidiéndole un amor que ya no puede darle.

Tal vez hayas sido herido profundamente por un amigo. La herida se torna resentimiento que se mantiene latente dentro de ti y se mezcla con el amor auténtico que sientes por él. Entonces, por alguna razón misteriosa, el calor se ausenta de tus relaciones con él.

Tal vez cuando eras niño, algo te asustó dejándote un recuerdo desagradable, y sientes propensión al temor y la ansiedad cuando en la actualidad tienes que enfrentarte a una situación similar.

O tal vez llevas aún a cuestas un sentimiento de culpabilidad del que no puedes desprenderte y que no sirve a ningún fin válido.

Ayuda mucho retornar a los acontecimientos que han producido esos sentimientos negativos para purificarlos de cualquier efecto dañoso que han producido en ti hasta el momento presente.

Vuelve a alguna escena del pasado en la que sentiste dolor o aflicción o daño o temor o amargura… Revive el acontecimiento… Pero esta vez busca y trata de encontrar la presencia del Señor en ese acontecimiento… ¿En qué forma se hace el Señor presente en ese hecho?…

O imagina que el Señor en persona toma parte en esa escena… ¿Qué papel representa?.. Habla con él. Y pregúntale la significación de lo que está ocurriendo… Escucha lo que responde…

Es muy útil volver con la imaginación al acontecimiento una y otra vez hasta que logres liberarte de los sentimientos negativos que había producido en ti.

Hasta que seas capaz de desprenderte de algo que te produce daño, de perdonar a quien te hizo sufrir, hasta poder mirar de frente a lo que en otro tiempo te producía miedo… Hasta que seas capaz de re-vivir el acontecimiento en paz. Incluso, quizás, con sentimiento de gozo y de gratitud.

Es muy posible que, al revivir estos hechos como te he sugerido, comiences a comprender que el Señor ha intervenido de alguna manera para que se produjera ese acontecimiento… Por ello, es posible que tus resentimientos, tu rabia o tu amargura se vuelvan contra él. Si se produce tal situación, es importante que te enfrentes a esos sentimientos y los manifiestes al Señor sin temor alguno.

El Señor sabe perfectamente lo que sucede en tu corazón y nada consigues encubriendo tus sentimientos.

Por el contrario, si expresas con franqueza tus sentimientos -aun cuando tengas que emplear palabras agrias y duras para expresarlos- verás que se despeja la atmósfera y que te sentirás más cerca del Señor.

Sería maravilloso que pudieses confiar en él de tal manera, estar de tal manera seguro del amor que te tiene, que pudieras decirle cosas duras también a él.

Anthony de Mello

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Despojarse del pasado

El pasado…

Hay dos tipos de memoria: la psicológica y la factual o de datos. La segunda es absolutamente deseable y necesaria; la primera, si nos dejamos anegar y abatir por ella, es sumamente condicionante, sombrea el presente y nos impide vivir en la frescura del momento.

Memoria

La memoria trae al presente los acontecimientos, vivencias y reacciones del pasado, y es como una densa interferencia entre el observador y lo observado. No se ve con ojos nuevos la realidad inmediata, sino velada por todo tipo de memorias que están cargadas de sentimientos.

Hay personas que viven atormentadas o desesperadas por sus recuerdos que, inexorablemente, traen a la mente situaciones del pasado que fueron dolorosas o traumáticas, pero, además, las memorias (que incluyen códigos, esquemas, modelos y filtros socioculturales y familiares) se imponen de manera inconsciente al individuo y le roban su libertad interior, creando tendencias que no son consciente y libremente elegidas, sino que vienen impulsadas por las impregnaciones de esas memorias.

Saber soltar

Hay que saber despojarse del fardo de muchas experiencias o circunstancias del pasado, para poder estrenar la mente cada mañana y no sabotear con nuestras memorias psicológicas la serenidad y la certidumbre.

Ramiro Calle

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Superar memorias negativas

En la senda del autoconocimiento, es necesario el examen de la mente. Cuando comenzamos a indagar en ella, descubrimos hasta qué punto puede ser una locura. Pero como nadie puede vivir sin mente, la única alternativa es esclarecerla y ordenarla.

En el contenido mental descubriremos cosas que no nos van a gustar: insinceridad, odio, codicia desmedida, egoísmo atroz, y otras.

Un cementerio…

Descubriremos también hasta qué punto la mente es un cementerio donde se van acumulando cadáveres, pero que a diferencia de los muertos, siguen operando desde la oscuridad y condicionándonos.

La mente arrastra, perpetúa, acarrea… Se ha vuelto en muchas personas un ropero viejo, con prendas apolilladas y malolientes, que uno no se decide a arrojar al cubo de la basura.

La mente sigue recordando aquel desprecio que hace años nos hizo una persona o aquella deslealtad de un amigo o aquella dolorosa ruptura sentimental o la bofetada que el profesor nos propinó en el colegio.

Los cadáveres danzan en el trasfondo de la mente y el pasado condiciona el presente y a su vez proyecta el futuro. Pero para que algo pueda tomarse, algo debe dejarse. Como afirma una instrucción: «Todos los días debes olvidar algo, todos los días algo debes aprender».

Superar memorias negativas

Las memorias negativas nos causan desasosiego y sufrimiento. Aunque ha sido muy repetido, no deja de ser hermoso y significativo el aforismo de Tagore: «Si lloras porque se ha marchado el sol, no podrás contemplar las estrellas».

La meditación es una práctica extraordinaria para enfocar el presente y superar las memorias negativas.

No quiere decir que te olvides de tu nombre o de la dirección de tu casa, no, sino que las memorias psicológicas no invadan tu mente y sigan actualizándose en ti como si en el presente esos hechos se estuvieran produciendo.

Ramiro Calle

 

 

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