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Una sencilla práctica

Una sencilla práctica

Para vislumbrar lo que significa Ser sirve un sencillo ejercicio. Basta con dejar un lapso entre dos pensamientos de los que bullen en nuestra mente. Concentrémonos e intentemos que haya un instante, uno sólo, por pequeño que sea, entre ambos.

Cada uno de estos pensamientos es un objeto mental.

El lapso que conscientemente dejamos entre ellos es la presencia del Ser, el Yo verdadero. Los pensamientos van y vienen incluso cuando dormimos. En el lapso en el que los interrumpimos radica la consciencia: estar muy despierto sin nombrar o interpretar el momento. Simplemente, quietud en alerta.

Una quietud que está presente, igualmente, en el movimiento, en la acción. Para el Yo verdadero, la quietud es movimiento y el movimiento es quietud.

Y los seres humanos estamos en condiciones de lograr que en nuestra vida la consciencia que percibimos durante el referido lapso sea no sólo un corto instante entre dos pensamientos, sino que florezca e impregne toda ella, de modo que el Yo verdadero coja las riendas, en lugar del ego, y que la mente esté a nuestro servicio, no al revés.

En realidad todo consiste en ser consciente de que Yo soy, de que existo, y de que mi ser y existencia es tanto la dimensión subyacente del ahora –inmutable, inalterable- como el espacio en el que surge y se despliega la forma del momento presente –mutable, variable-.

Y con esta toma permanente de consciencia se produce la conexión entre nuestro Yo profundo –interior, eterno y situado más allá de la mente- y el mundo y circunstancias que nos rodean –exterior, efímero y mental-, que quedan así bajo el mando del Yo verdadero.

La nueva visión que esta toma de consciencia aporta es extraordinaria.

Yo Soy; y todo es y se desenvuelve porque Yo soy. Si Yo no fuera, nada sería. Yo soy es la razón de cuanto existe. Y, como veremos en próximos capítulos, mi Yo soy es idéntico al Yo soy del otro y sólo se explica y se sostiene en la Unidad del Ser Uno.

Emilio Carrillo

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Mentira 1: esa voz en la cabeza que habla sin parar

No es verdad que sea consustancial tener una voz en la cabeza que habla sin parar

Cuando el ego está al mando…

Basta con que se reflexione o medite un momento para constatar que los pensamientos acuden a la mente sin previo aviso, de manera espontánea y sin autorización por nuestra parte, sin que intervenga nuestra voluntad. Parecen obedecer al dictado de algo o alguien ajeno a nosotros mismos, como si estuviéramos poseídos por una entidad extraña con sus propios deseos y prioridades.

Nos cuesta enorme trabajo cortar ese flujo permanente y descontrolado de pensamientos. También resulta difícil concentrarse en uno concreto, pues enseguida otros pugnan por entrar en escena. Y su autonomía llega al extremo que ni siquiera podemos evitar aquéllos que nos desagradan; por más que nos fastidien, vuelven a aparecer cuando les viene en gana.

Es más, los pensamientos han logrado tal poder que aceptamos su dominio como lo más normal del mundo. Cada uno de nosotros y la  civilización y cultura vigentes, la visión imperante, estima lógico que no podamos poner coto a su ritmo incesante, centrarnos en uno específico o liberarse de los que nos disgustan.

Pero esto es una gran mentira:

No es un hecho consustancial al ser humano tener en el interior de la cabeza una especie de voz que habla sin parar y con autonomía y criterio propios.

Esto se produce cuando el referido piloto automático está encendido. Si el ser humano eleva su grado de consciencia, el piloto se desactiva y el Yo verdadero toma la dirección, teniendo capacidad sobrada para controlar la mente, ya sea para acallarla o para concentrarla en un tema o asunto concreto sin interferencias o injerencias de pensamientos no invitados.

Cuando aumentamos el nivel consciencial, los pensamientos están a nuestro servicio y no nosotros al servicio de ellos.

Emilio Carrillo

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La Glándula Pineal

La Glándula Pineal

La glándula pineal o epífisis es una pequeña formación ovoidea y aplanada (mide unos cinco milímetros de diámetro), que descansa sobre la lámina cuadrigémina, en el tercer ventrículo cerebral, justo a la altura del punto intermedio entre ambos ojos.

Se encarga de tareas como regular los ciclos de día y noche o segregar melatonina (se vende en farmacias para tomarla cuando se hacen viajes y cambia el horario) y constituye un antioxidante muy potente.

Igualmente, dado que se une a la retina, se considera parte de las vías visuales, con la función de convertir la información lumínica en secreción hormonal.

En este marco, éstas son las principales funciones que se le suelen reconocer a la glándula pineal:

– Controla el inicio de la pubertad.

– Armoniza el sistema vegetativo con el medio ambiente, a través de la vista, y probablemente también del resto de los sentidos;
– Induce al sueño.

– Probablemente, regula los ritmos circadianos.

– Es un interruptor que modula la intensidad de funcionamiento de todos los centros neuroendocrinos hipotalámicos. 

– Previene una calificación prematura en la infancia, al evitar las síntesis esteroideas, favoreciendo el crecimiento óseo por este mecanismo, indirecta y directamente a través de la DA y GH.

No obstante, sus funcionalidades van mucho más allá

Las funcionalidades de la glándula pineal se asocian a lo que René Descartes intuyó, cuando afirmó que es el lugar donde el alma se une al cuerpo. Las antiguas culturas la conocían como el chakra del tercer ojo (por ejemplo, en diferentes tradiciones hindúes, la concentración en meditación se hace sobre este punto preciso del cuerpo), ligado al hecho de que la pineal es una auténtica antena de radio-frecuencia instalada estratégicamente en la parte superior del cráneo para recibir y emitir.

Además, la pineal convierte ondas electromagnéticas en estímulos neuroquímicos, como comprobaron los científicos Vollrath y Semm, que tienen artículos publicados al respecto en la revista Nature en 1988.

Esto permite que la interacción entre el cerebro de la cabeza y la glándula pineal, junto con las funciones asociadas la glándula pituitaria, configure un espléndido sistema de comunicación hacia el interior del cuerpo y hacia el exterior que, entre otras cosas, permite al ser humano disponer de potencialidades mayoritariamente desconocidas. Verbigracia:

– Facultades psíquicas como la intuición, la premonición o la telequinesia;

– Capacidades de comunicación con su biología interior (órganos, sistemas, aparatos, tejidos, células,…) y de auto-sanación hacia toda ella;

– Poder de transmisión energética (sanación incluida) hacia sus congéneres y toda la Naturaleza, que puede ser aplicado tanto mediante el contacto físico (abrazos, caricias, manos,…) como a distancia (por medio de la meditación y la visualización)

– Notabilísimas funcionalidades de conexión e intercambio de información con los demás seres humanos (telepatía); la Humanidad en su conjunto (a través de los campos mórficos y morfogenéticos y de la red consciencial humana); y el planeta Tierra, el sistema solar y el Cosmos en su conjunto (con acceso – canalizaciones, inspiraciones, descargas de información durante el sueño nocturno,…- a los que algunos denominan la Internet Cósmica).

Por tanto, la operatividad fundamental del cerebro de la cabeza no radica en el tratamiento de la información, que corresponde al cerebro-corazón, sino en ser un sensacional sistema de comunicación interior y exterior.

Para ello, la conjunción con la pineal es crucial. Esta glándula no podría desarrollar por sí sola tamaña funcionalidad, como simplemente los ojos no explican la visión. Se pueden puede tener los ojos perfectos, pero se precisa de un área cerebral que interprete la imagen. Es como un ordenador: se pueden disponer de todos los programas, pero si la pantalla no funciona, no se ve nada.

La pineal capta el campo electromagnético, como si fuese un teléfono móvil, pero la comunicación tiene que ser interpretada en áreas cerebrales, como por ejemplo, el cortex frontal.

Emilio Carrillo

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Mente, cerebro, consciencia

Mente, cerebro, consciencia

El cerebro se estructura en dos hemisferios. El izquierdo opera como un procesador en serie; y el derecho, como un procesador en paralelo. Ambos están completamente separados -sólo se unen por medio de un cuerpo calloso compuesto por 300 millones de fibras- y se ocupan de cosas diferentes, debido a una división del trabajo resultado de la evolución.

Las prestaciones directamente relacionadas con el mundo tridimensional y la esfera físico-material de las personas están radicadas en el hemisferio izquierdo, que piensa lineal y metódicamente y se centra en el pasado y el futuro.

Registra el colosal collage de cuanto ocurre y acontece; analiza detalles y más detalles de los mismos detalles; clasifica y organiza toda esa información; la asocia con todo lo que aprendimos en el pasado; y la proyecta hacia el futuro con sus posibilidades y alternativas.

Para ello, utiliza los datos facilitados por nuestros sentidos -los que derivan de ver, palpar, oír, oler y degustar-; procesa la experiencia adquirida y los instintos básicos, como el de conservación; y, como herramienta de supervivencia en el medio tridimensional, posibilita que cada uno se considere un ser individual y fabrique mentalmente la noción de un yo y una personalidad. Es el ego con el que, olvidando otras dimensiones de nuestro ser, transitamos por un mundo hacia el que volcamos nuestros deseos, apegos miedos y frustraciones, pero que contemplamos, a la par, como ajeno y hostil.

El hemisferio izquierdo piensa con lenguaje. Se trata del diálogo interno que continuamente pone en conexión el yo con el mundo exterior.

Ello hace posible que nuestras ideas y sueños estén conectados a una realidad compartida, evitando que se conviertan en delirios (esquizofrenia, trastorno bipolar,…). También es la vocecilla que me indica “no olvides pasarte por el supermercado y comprar esto y aquello para la comida de mañana”; la inteligencia que me recuerda cuándo tengo que ir a una cita o planchar la ropa. Y, lo más notable, relacionado con lo ya reseñado, es la voz que me dice que existo como yo, la que forja mi ego y me convierte en un ser individual.

Bajo su influjo, me contemplo como una sola persona sólida, fragmentada del flujo de energía de alrededor, separada del otro y de lo otro y con sentido de sus límites corporales, dónde empiezan y dónde terminan, dejando de ser átomos y moléculas que se mezclan con los de los objetos y cosas que me rodean.

El Hemisferio derecho se ocupa de otra dimensión…

Sin embargo, es mucho menos conocido, sólo en la actualidad algunas investigaciones empiezan a mostrarlo, que la mente proporciona igualmente utilidades de excelencia al servicio de no de la tridimensionalidad, sino otra dimensión del ser humano que trasciende lo físico-material. De ello se ocupa el hemisferio derecho, que se centra en el aquí y ahora mismo; y mantiene abierto los conductos y canales que permiten que el ser humano y su cuerpo interactúen con la unidad material y no material a la que pertenece y en la que se integra. En este orden, aporta funciones y mecanismos que se mueven en el campo de lo irracional, intuitivo y sensitivo; vive plenamente el presente más allá del tiempo y el espacio; y percibe y trata información que los sentidos físicos no pueden aportar.

El hemisferio derecho piensa en imágenes, sensaciones…

La información le llega en forma de flujos de energía de manera simultánea desde todos nuestros sistemas sensoriales, hasta conformar el cuadro completo de la apariencia del momento presente –cómo se ve, a qué huele, a qué sabe, qué se siente y cómo suena el presente-.

Permite que nos contemplemos como seres de energía conectados a la energía de nuestro entorno; seres de energía, interconectados a la familia humana y al planeta, que estamos aquí para hacer del mundo un lugar mejor. Y, con esta percepción, nos vemos perfectos y hermosos.

La mente es un ordenador colosal… cuyo rendimiento depende de la cualificación del usuario

Así, el potencial operativo de la mente es colosal, inmenso. Tanto que, como si fuera un ordenador de última generación, su rendimiento no depende estrictamente de ella, sino de la cualificación del usuario. Y si en los ordenadores tal cualificación viene definida por los conocimientos y pericia del operador, en el caso de la mente está en función del estado de consciencia de cada ser humano. Por lo que cabe afirmar que la mente está al servicio de la consciencia.

Con esta base, cuando el estado consciencial que experimenta una persona hace que se perciba y contemple sólo en esfera físico-material y no se percate de su dimensión interior, que es nuestro verdadero Yo, la mente activa una especie de piloto automático, valga el símil, que suple tal déficit. Se trata del ego, que desarrolla un yo y una personalidad ante las necesidades de conservación y actuación en el mundo tridimensional.

Frente al Yo interior, es un yo no sólo pequeño, sino también falso, en el sentido de que es una creación de la mente, un objeto mental. Pero no es menos cierto que resulta imprescindible para la supervivencia y actividad del ser humano ante la ausencia de un mando consciente.

En cambio, cuando el estado de consciencia que la persona experiencia le permite percibir su dimensión interior y el verdadero Yo asume la dirección consciente, el piloto automático, el ego, no es preciso, por lo que la mente lo mantiene desactivado. Además, en vez de usar y canalizar su energía y capacidad para el funcionamiento y desarrollo del ego, las pone al servicio del Yo profundo.

Emilio Carrillo

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Los enfoques incorrectos

Uno de los grandes impedimentos para hallar la comprensión real y la serenidad son los enfoques incorrectos, que distorsionan los hechos e inducen a actitudes y procederes inoportunos. Es como si no operasen correctamente los «conectores» de la mente y entonces nos informasen de una manera equivocada, con lo que la visión se estrecha y la información obtenida no es certera.

A menudo nos falla el discernimiento

Y nuestro entendimiento, al no resultar lúcido, nos impide decidir con sabiduría, distinguir con precisión y adoptar el adecuado proceder.

Muchas veces el empañamiento de la visión deriva de una falta de atención y ecuanimidad, o de un desmesurado egocentrismo, de tendencias muy marcadas al apego o al odio, emociones negativas, códigos y esquemas u otros factores.

El esclarecimiento de la visión es uno de los logros que debemos proponemos y para ello hay que trabajar necesariamente con el discernimiento para ir recuperando la sabiduría discriminativa.

La visión oscurecida provoca innecesarias querellas, discordia, opiniones equivocadas, dogmatismos, fanatismo y dolor.

Los antídotos para la visión perturbada y demasiado coloreada por el egocentrismo y las opiniones son:

– La ejercitación del entendimiento.

– La comprensión intelectiva.

– La duda constructiva.

– La investigación rigurosa.

– La apreciación de otros puntos de vista.

– El saludable dominio del pensamiento.

Y, por supuesto, la meditación como disciplina.

Ramiro Calle

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Ejercitar la mente

«La mente es la precursora de todos los estados. Ella es su fundamento y todos ellos son creados por la mente. Si uno habla o actúa con una mente impura, entonces el sufrimiento le sigue del mismo modo que la rueda sigue a la pezuña del buey. Si uno habla o actúa con una mente pura, entonces la felicidad le sigue como una sombra que nunca le abandona».

De acuerdo con cómo se encuentra la mente, los acontecimientos resultan más gratos o ingratos y se pueden o no instrumentalizar para seguir aprendiendo y desarrollándose.

La mente siempre está con nosotros

Incluso en sueños siguen funcionando sus deseos y temores.

Es fuente de alegría y de tristeza, de fuerza y de debilidad, de amor y de odio.

Cuando en la mente hay ansiedad, zozobra y confusión, ni lo más deleitoso puede apreciarse; todo pierde su brillo, su energía, su vitalidad (…). La persona deprimida, víctima de una mente abatida y sin energía, no está capacitada para disfrutar de nada y en toda situación o lugar se siente mal.

Es esencial, por ello, cultivar, ordenar y ejercitar la mente

«La ejercitación de la mente consiste en poseer un espíritu alegre y tranquilo, suave, en cultivar el silencio, el dominio de uno mismo y la purificación de las pasiones».

El demonio de la mente, una vez despierto, causa sufrimiento. Para experimentar el infinito gozo, es preciso aquietarla enérgicamente.

Ramiro Calle

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Despojarse del pasado

El pasado…

Hay dos tipos de memoria: la psicológica y la factual o de datos. La segunda es absolutamente deseable y necesaria; la primera, si nos dejamos anegar y abatir por ella, es sumamente condicionante, sombrea el presente y nos impide vivir en la frescura del momento.

Memoria

La memoria trae al presente los acontecimientos, vivencias y reacciones del pasado, y es como una densa interferencia entre el observador y lo observado. No se ve con ojos nuevos la realidad inmediata, sino velada por todo tipo de memorias que están cargadas de sentimientos.

Hay personas que viven atormentadas o desesperadas por sus recuerdos que, inexorablemente, traen a la mente situaciones del pasado que fueron dolorosas o traumáticas, pero, además, las memorias (que incluyen códigos, esquemas, modelos y filtros socioculturales y familiares) se imponen de manera inconsciente al individuo y le roban su libertad interior, creando tendencias que no son consciente y libremente elegidas, sino que vienen impulsadas por las impregnaciones de esas memorias.

Saber soltar

Hay que saber despojarse del fardo de muchas experiencias o circunstancias del pasado, para poder estrenar la mente cada mañana y no sabotear con nuestras memorias psicológicas la serenidad y la certidumbre.

Ramiro Calle

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Las patrañas de la mente

La mente…

El monarca estaba cada día más triste. Aunque todo iba bien, algo le apenaba obsesivamente: era muy aficionado a la arquería y había adquirido una notable destreza en la misma, pero sus súbditos , y cortesanos eran muy deficitarios en este arte: el rey no tenía con quién competir. Eso le causaba pesadumbre y se sentía desgraciado. Entonces pensó que tal vez pudiera traerle algún consuelo un sabio que vivía retirado en el bosque. Le mandó llamar y le contó lo que le sucedía.

– Y cada día estoy más alicaído, porque es una lástima que ninguno de los que me rodean sea un buen tirador de arco y pueda medirme con él.

– Majestad -dijo el sabio -, deberías sentirte muy afortunado.

– ¿Por qué? – preguntó intrigado y un poco molesto el monarca.

– Porque si hubiera excelentes arqueros en el reino, entonces estarías muy preocupado intentando enfrentarte a ellos con éxito y obsesionado por saber si podrías superarlos o no. En lugar de triste, estarías agitado y atormentado. Ésa es la naturaleza de la mente, Majestad.

Comentario

A menudo la mente valora más lo que no tiene que lo que tiene. Vive más en la idea y la expectativa, que en lo que es. Hay algunas sugerencias que pueden ser útiles para lograr sosiego interior:

– Aprecia más lo que es, en lugar de lo que puede o no llegar a ser.

– Reconcíliate con tu mente, aunque tiene múltiples y particulares rarezas, pero puedes aprovechar su insatisfacción para trabajar sobre ti mismo y autodesarrollarte. «Lo que te ha estimulado a buscar la verdad y la paz es la agitación de tu mente, que nunca se ha conformado con una temporal quietud… Debes considerar que, en este sentido, la mente te ha hecho un gran favor. La agitación de tu mente es una valiosa cualidad, ya que ha alimentado tu interés por la meditación».

– Abandona el apego y el odio, para aprender en apertura a cada momento, con la mente más armónica.

Ramiro Calle

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Mente lúcida, corazón tierno

Mente, corazón

Hay una ley eterna: el odio nunca podrá acabar con el odio; el odio engendra más odio.

Hay otra ley eterna: la desgracia seguirá a los que destruyen como la sombra al cuerpo.

No logrará hacer la paz dentro de sí mismo: el que daña gratuitamente; hiere a cualquier criatura; ejerce malevolencia o crueldad; explota a los otros o los denigra; trafica con armas, sustancias tóxicas o personas; mata por diversión; roba sin necesidad y maltrata a los demás, es corrupto e innoble, y aprovecha las desgracias ajenas para sí mismo.

El virtuoso ya tiene mucho conquistado en la senda hacia el sosiego interior. No necesita someter a nadie ni jactarse de sus triunfos, ni apuntalar su ego humillando a los otros. «La virtud máxima no hace ostentación, ni tiene intereses personales que servir». «Conociendo lo equivocado como equivocado y lo acertado como acertado: esos seres, adoptando la visión correcta, alcanzan un estado de felicidad».

El ser humano debe aprender a trabajar sobre su mente y sobre su corazón.

Mente lúcida, corazón tierno

La claridad mental, cuando es tal, conduce al desarrollo de la compasión, es decir, la identificación con el sufrimiento de las otras criaturas y el ejercicio noble de tratar de aliviar dicho sufrimiento.

La vida se convierte en una ejercitación, donde los senderos de la mente y los del corazón coinciden y se complementan.

La emoción sin mente puede conducir a la sensiblería o la pusilanimidad; la mente sin emoción puede arrastrar al insensitivismo y la frialdad.

Mente y corazón son las dos alas de un ave que remonta el vuelo hacia el sosiego y la sabiduría

Ramiro Calle

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Más allá de la mente

Los maestros insisten en la necesidad de dar el salto. ¿Hacia dónde? Más allá de la mente ordinaria y, por tanto, de la percepción y comprensión ordinarias.

La racionalidad es una función de la mente, pero hay otra que no es irracional, sino «arracional». La primera función es la del pensamiento, la lógica, el análisis intelectivo. Es muy útil e imprescindible para la vida ordinaria, pero en la búsqueda del verdadero bienestar interior y el sosiego, debe dar paso a otro tipo de mente que representa la lógica paradójica, el nopensamiento, la perceptividad de orden superior.

Conocí a un maestro de yoga que, cuando le pregunté por la función del intelecto en la senda hacia el ser interior, me dijo que era necesario que el propio intelecto comprendiera que debe sacrificarse en un momento dado para que pueda proseguir a niveles más despiertos la aventura del espíritu.

El pensamiento ordinario es insuficiente

Cuando la comprensión intelectual no llega a más, surge otro tipo de comprensión. Unos lo denominan «intuición»; otros, conocimiento «supraconsciente» o «supramundano»; otros, «golpe de luz» o «eureka». No importa el nombre: se trata de una experiencia transformadora que nada tiene que ver con la función racional corriente y que representa un giro instantáneo y espontáneo de la mente que permite ver lo que no se veía.

(…) Los psicoanalistas saben muy bien cómo operan las racionalizaciones, que a menudo son el abono para el cultivo de autoengaños de todo tipo. Y cuanto más inteligente intelectualmente es la persona, más fácil lo tendrá para autoengañarse, porque con habilidad encontrará variados subterfugios.

Los maestros de todas las épocas y latitudes han puesto su empeño en intencionadamente «bloquear» la mente conceptual del discípulo para que se desencadene otro tipo de visión no limitada por conceptos y pensamientos. A menudo, entre el que ve y lo visto hay una nube de juicios y prejuicios que impiden la visión clara.

Un discípulo acudió al maestro y le dijo: «Cuando me miro, sólo veo lo que los demás quieren o esperan de mí». Al menos él había dado un paso importante, porque se había percatado de ello.

Permanece quieto

Aunque no seamos creyentes, podemos aprender una enseñanza de los Salmos cuando dicen: «Permanece quieto y sabe que yo soy Dios». La quietud tiene su propio lenguaje revelador. La vibración más pura y curativa es la de la quietud. Pero la verdadera quietud exige el ayuno de la mente, es decir, el silencio interior. No hay huéspedes más molestos y enojosos que los que conforman nuestro particular charloteo mental. Sea bienvenida toda técnica o método para desalojarlos del hogar mental y poder escuchamos interiormente.

Ramiro Calle

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Alquimia interior

La mente está saturada de condicionamientos. La misma mente que quiere o dice querer verse libre de ellos los sigue apuntalando e intensificando. La mente lucha contra ella misma.

Tres mentes

Hay una mente de superficie, una mente de profundidad en la sombra y una mente de bendita paz interior donde cesan los pensamientos, los deseos y los miedos. Esta última es la mente meditativa. Sólo ésta permite la captación de la naturaleza primordial en uno mismo. Pero la mente de superficie y la mente de profundidad con sus condicionamientos, deseos compulsivos y odios no facilitan el acceso a la mente meditativa (…).

Alquimia interior

El enemigo está dentro de la mente: nos limita, abate, turba y condiciona. Es el ladrón del sosiego, el asesino de la serenidad. La alquimia interior consiste en lograr que la misma mente que nos ata gire y comience a apoyarnos en la emancipación.

El más antiguo método de autodesarrollo humano y búsqueda de la serenidad, el yoga, propone para ello: la higiene física y mental; el autodominio saludable; la virtud genuina; el perfeccionamiento del cuerpo, sus energías y funciones; la concentración y la meditación; el conocimiento supralógico; la acción consciente e inegoísta. También invita a la simplicidad, a la apertura al aquí y ahora y al despliegue de esa hermosísima e incomparable cualidad que es la compasión.

Compasión

«La compasión por sí misma puede ayudarte a ganar una guerra. La compasión por sí misma puede ayudarte a defender tu estado. Porque el cielo acudirá al rescate de los compasivos y los protegerá con su compasión». Pero en la medida en que vamos aquietando la mente e inhibiendo los pensamientos automáticos, vamos encontrando una fina «brecha» hacia la mente silenciosa y plena. También es importante cuidar el cuerpo, sin obsesiones, pero atenderlo de modo adecuado, y cuidar las energías vitales.

Calma

En la medida en que la mente de superficie y la de profundidad se calman, se manifiesta la otra mente, capaz, como el más puro de los espejos, de reflejar límpidamente el Yo superior.

Ramiro Calle

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Hechos incontestables

¿Somos al menos ligeramente conscientes de la masa enorme de sufrimiento que hemos acumulado sin utilidad por no aceptar con ecuanimidad los hechos incontrovertibles?

Nadie puede elevarse en el aire tirando de los cordones de los propios zapatos. Puede intentarse, para una y otra vez conseguir, como mucho, romperse la crisma contra el pavimento. Hay que desarrollar un poco de inteligencia clara a fin de discernir cuándo se puede modificar algo o cuando debe ser aceptado como hecho incontestable. En todo caso, no lo olvidemos, podemos modificar nuestra actitud.

A menudo, por ofuscación mental, no modificamos lo que deberíamos corregir y, en cambio, nos empeñamos en transformar lo que no puede ser mutado.

El ave y el pez

Veamos la historia de un pez que quería volar y un ave que deseaba bucear. No aceptaban conscientemente su condición y sufrían mucho. Sucedió que de tanto anhelar lo que no podían hacer, el pez renació como ave y el ave, como pez. Pero la historia se repitió: el pez quería volar y el ave deseaba nadar. ¡A saber cuántas veces hubieron de renacer para llegar a aceptar sus condiciones!

La aceptación consciente es una clave importante para propiciar el sosiego y empieza por la aceptación de lo que uno es, pero no para resignarse fatalmente, sino a fin de comenzar, desde ahí, a poner los medios para la evolución de la consciencia.

También hay que aprender a aceptar a los demás. Generamos mucha ansiedad si nos extraviamos en expectativas, falsas ilusiones, exigencias e imágenes idealizadas. Muchos vinculos afectivos no llegan nunca a ser sanos porque se basan en expectativas infantiles o neuróticas.

Ramiro Calle

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Placer y dolor

Hay una saludable disciplina para la mente. Yo la llamo «yoga», pero se la puede llamar como se quiera. Es un método para esclarecer los enfoques y empezar a ver las cosas como son y tener la capacidad de transformadas dentro de nosotros.

Lo que para unos es una tragedia, para otros es un problema de escasa importancia. No es ni mucho menos insensibilidad sino comprensión y madurez. Todo fluye y nada permanece. Los maestros denominan esta característica de la existencia como «transitoriedad», «impermanencia» o «inestabilidad».

Si queremos detener el río, estamos perdidos; si queremos empujarlo, también. El río de la vida sigue su curso. Los acontecimientos se suceden. A veces, hasta cierto punto, controlamos (o al menos lo parece) las circunstancias, pero otras muchas nos controlan.

¿Conoces la historia del mosquito sobre el elefante?

El mosquito piensa en ir hacia la derecha y en ese momento el elefante gira casualmente a la derecha y el animalillo piensa: «Soy fabuloso. ¡Cómo domino al elefante!». Unos segundos después el elefante estornuda, y ya imaginas lo que sucede con el mosquito.

Pues la vida tiene vicisitudes y las circunstancias muchas veces nos controlan. Se abre el abismo. Resulta que todo parecía estar muy bien y de repente todo se desbarata. El abismo de lo imprevisto, lo inescrutable, el lado desconocido e incontrolable de la vida.

Todo parece discurrir con mucha fortuna. Llega el infortunio, del mismo modo que una estación sigue a la otra, y el ocaso al amanecer. El que comprende, permanece tranquilo. El que no comprende, se alarma, se desgarra, añade sufrimiento al sufrimiento, se lamenta y llora. No puede controlar las circunstancias.

¿Qué puede hacer?

Puede cambiar su punto de vista ante las mismas, su enfoque o actitud. No puede resolver nada fuera, pero sí puede hallar una solución dentro de sí mismo.

Incluso la adversidad puede instrumentalizarse para el autodesarrollo. Si uno sabe no añadir sufrimiento al sufrimiento, todo puede ser para bien. Espera, sé paciente, no te debatas contra las circunstancias inevitables. Ahorra tu fuerza. No desperdicies tus energías enfrentándote al muro y golpeándote contra él. Fuera de ti está el muro, pero no dentro de ti. Si esperas, también el muro exterior desaparecerá.

A veces nos toma la nube del desaliento, porque somos humanos. Hay una meditación muy humana: la del llanto. Llorar conscientemente. El desaliento tampoco es permanente, se irá.

Esto pasa…

No siempre hay soluciones en el exterior; la demanda excesiva de seguridad es una neurosis, porque reclamamos lo que no es posible y, como dijera Tennyson, «la única seguridad yace sobre la inseguridad». No es fácil convivir con ésta, sentirse amenazado por el cambio, aprender a mantener el punto de quietud cuando llegan los «tornados» existenciales. Apela a tu actitud y mantén la mente atenta y serena. Piensa: «Esto pasa».

Estate tranquilo. ¿De qué sirve tensarse si no es para impedir que aflore la energía? Incluso tal vez logres un día dar un paso más allá y decir: «Está bien, está bien».

Conocí a un maestro que decía: «Ni en el gusto ni en el disgusto estoy yo». Quizá por eso parecía una gacela, sutil, elegante en sus movimientos, fluido y sin crispación. Carecía de un ego que estuviera en el gusto o en el disgusto.

Placer y dolor

No se puede dividir la vida en dos, placer y dolor, y quedarse sólo con el placer. Le dijeron en una ocasión a un maestro: «Pero, señor, hablas mucho del sufrimiento». Repuso: «No es que no haya placer, queridos míos, pero también existe el dolor. Enseño la causa de éste y el modo de superarlo».

Hay un antiguo adagio que nos instruye así: «El problema comienza cuando empezamos a hacer distinción entre el placer y el dolor».

Placer, a un lado; sufrimiento, a otro; como el péndulo que oscila entre ambos lados, si desarrollamos la conciencia y la ecuanimidad, podemos situamos mentalmente en la parte alta del péndulo y ver los extremos manteniendo una actitud de quietud y equilibrio.

Ramiro Calle

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Escapar de la monotonía

Escapar de la monotonía es a menudo intensificar la monotonía; escapar de la soledad es desencadenar un profundo sentimiento de soledad. No se trata de escapar, sino de atravesar.

El discípulo

Había un discípulo que al meditar oía los ruidos del exterior, que le distraían; cuanto menos quería percibidos, más los oía. Al comentárselo a su maestro, éste le dijo: «El problema es que quieres escapar del ruido, en lugar de atravesarlo». «¿Y cómo puedo atravesarlo?» Y el maestro le respondió: «Oyéndolo».

Tres velos

Hay tres velos que distorsionan la visión mental e impiden la sabiduría liberadora y la paz interior. Son la reacción, la interpretación y la imaginación descontrolada. Así la mente cae en sus propios códigos rígidamente establecidos. ¿Quién dice lo que es o no es monotonía?

El jardinero

Un jardinero llevaba cincuenta años atendiendo su jardín y un día le preguntaron: «¿No te aburres de hacer siempre lo mismo?». «¡Ah! -exclamó el jardinero-, pero ¿es que acaso hago siempre lo mismo?»

Si la mente se renovase, ¿dejaríamos de ver como interesante lo que un día nos lo pareció? La monotonía también está en la mente. Aun en la rutina subyace lo imprevisible; incluso en lo cotidiano hay una magia para el que sabe verla.

Dos hombres

Sirve de ejemplo el de un hombre que siempre estaba aburrido. Unos amigos se propusieron divertirle, pero no fue posible. Le hicieron viajar por países exóticos, le llevaron a fiestas, le presentaron personas fascinantes. Nada pudo hacerle salir de su tedio, porque la mente era su tedio. Otro hombre no hacía nada especial. Todos los atardeceres se sentaba algunas horas en su mecedora y miraba el horizonte. Cada atardecer era un prodigio, un espectáculo, un verdadero acontecimiento. La fiesta estaba en su mente, no sólo en el hermoso atardecer.

Actitud

A veces no se puede cambiar lo que es, pero sí la actitud ante lo que es. Lo que a unos atrae a otros repele; lo que a unos apasiona a otros deja indiferente. Si no podemos cambiar lo que es, cambiemos nuestro punto de vista o enfoque ante lo que es.

El mono atrapado

Pero la mente no sólo es saltarina como un mono, sino que también puede ser tan necia como el mono que fue atrapado en una botella. ¿Conoces la historia? Un hombre, para atrapar a un mono, colocó una botella de cuello largo en el campo y dejó dentro de ella algunos frutos secos, que tan apetecibles resultan a estos animales. Un mono metió el brazo y atrapó los frutos secos, pero al querer librarse de la botella no pudo conseguido, porque en su avidez no comprendía que sólo necesitaba abrir la mano, pues el puño era lo que no podía salir a través del cuello de la botella. El resultado fue evidente: el hombre cazó al mono.

Cada vez que la mente se cierra, es monotonía, embotamiento y mediocridad; cada vez que se abre, es frescura, vitalidad e intensidad. Si nos contraemos, la energía se estanca; si nos relajamos, la energía se expande. Aún en las dificultades, la zozobra y la amargura, podemos aprender a soltamos.

Ramiro Calle

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Tres secretos

Reactividad

¿Queremos hallar el sosiego, la quietud, la paz interior que le procure otro sentido a nuestra vida?

Tenemos en ese caso que empezar a conocemos y a descubrir las estrategias de nuestra mente. Hay un dispositivo en ella que llamamos «reactividad»: hace que ésta rumie, se torne repetitiva, obstinada y doliente, es una causa de malestar innecesario.

¡Parece increíble que todo ello lo hayan mostrado las psicologías orientales hace miles de años y la psicología occidental siga ignorándolo! Por eso la oriental es tan práctica y nada académica.

La reactividad es una actitud de reacción excesiva y repetitiva, pura y simple neurosis. El pensamiento no cesa, acarrea, causa confusión y dolor. Por ejemplo, si uno es insultado en una ocasión, puede seguir, según esta reacción, recordándolo día tras día, de modo que se sentirá continuamente insultado.

El fango del subconsciente

La mente no sabe evacuar y limpiarse. Acarrea traumas, frustraciones, «asignaturas pendientes», heridas sobre heridas, detritos sobre detritos. Es el fango del subconsciente.

Pero incluso cuando nos insultan la primera vez, podemos ser menos «reactivos» y mantener la ecuanimidad. Imaginemos que en lugar de aleccionarnos sobre que el insulto es despreciativo o vejatorio, nos hubieran enseñado que es divertido y produce contento. Cada vez que nos insultaran, nos alegraríamos y divertiríamos.

«¡La mente! ¡Vaya loca! ¡Si te la crees estás perdido!», exclamó un maestro. Dice querer no sufrir y se las arregla para sufrir. Tiene muchos apegos y uno de ellos es al sufrimiento.

Atisha era un sabio del siglo x que dijo: «Cuando te enfrentes a los objetos de deseo o de odio, contémplalos como ilusiones y apariciones. Cuando oigas cosas desagradables, considéralas ecos».

Si estamos enganchados en las reactividades, no puede haber quietud interior. Reaccionamos desmedidamente, con exaltación o abatimiento, al halago y al insulto, al placer y al dolor, a lo grato y a lo ingrato. No puede haber paz, no es posible hallada así.

Hay una preciosa herramienta: la ecuanimidad o equilibrio de ánimo, es decir, firmeza de mente. «Suceda lo que suceda, la mente atenta, la mente calma.»

Tres secretos

Hay un gran secreto en aprender a no reaccionar neuróticamente.

Hay otro secreto en aprender de lo que a cada momento es y por ello apreciarlo, aunque sea el insulto, las vicisitudes o las adversidades.

Y un secreto más: dejar de cargar con el fardo de las memorias, los condicionamientos y los esquemas.

Debemos empeñamos en estrenar la mente cada día y aprender a desligamos de experiencias pasadas que velen y distorsionen el presente, porque en ese caso, al filtrar con la mente vieja, no hay aprendizaje posible.

La meditación, precisamente, es un método para conseguir la denominada «mente nacida de la meditación», renovada y que supera las viejas y asfixiantes estructuras mentales.

Ramiro Calle

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