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3 Preguntas sobre tu Felicidad: ¿De dónde vienes? ¿A dónde vas? ¿Qué haces aquí?

3 Preguntas sobre tu Felicidad: ¿De dónde vienes? ¿A dónde vas? ¿Qué haces aquí?

¿De dónde vienes?

La contestación es directa: vengo de mí mismo.

A partir de aquí, media docena de apuntes:

Para nacer, primero has de morir.

Nunca viviremos verdaderamente a no ser que encontremos el motivo por el que estamos aquí, la razón por la que nos levantamos cada mañana.

Por muy pequeña que sea tu ventana, el cielo sigue siendo igual de grande.

Enorme verdad con harta frecuencia olvidada en medio de nuestros miedos inventados y recelos imaginarios.

Predecimos con el pasado, en él está escrito nuestro futuro.

Y no sólo en lo que hicimos o sucedió: también nuestras creencias pasadas crean nuestro futuro. ¡Lo que crees es lo que creas!. Sabiendo cómo llegamos al laberinto sabremos cómo salir de él; recuerda por dónde entraste y hallarás la salida. Hay muchas cosas que elegimos inconscientemente porque deseamos que sucedan.

Muchas personas se entierran en su propio surco.

Solemos buscar lo que creemos perdido yendo y viniendo en un corto trayecto. Así, terminamos hundidos en un surco que nosotros mismos hemos hecho con nuestras idas y venidas. Y ya ni recordamos qué andamos buscando, qué es lo que nos metió allí.

Hay que saber oler los caminos que tienen corazón.

Debemos aprender a ver lo esencial. De esta manera, podremos ser felices y ayudar y guiar a los demás.

La risa es algo muy serio.

Es el disolvente universal de las preocupaciones. Hay que reír hasta caer al suelo. Cada vez que te ríes desaparece un problema de tu cabeza.

¿A dónde vas?

De nuevo una respuesta rápida: al centro de mí mismo.

De esta respuesta derivan siete reflexiones:

La felicidad es el perfume de las cosas bien hechas

La felicidad no se busca, se encuentra. Y se halla en todas partes y en ninguna, porque la felicidad no es una meta, sino un perfume que desprende lo bien hecho: una puesta de sol, la caricia a un cachorro, la mirada de un ser amado, una canción sublime… cualquier cosa inolvidable.

Por eso no se puede atrapar como si fuese una mariposa. En griego, mariposa se escribe “psiké”, que también significa alma. Por eso debe ser tan difícil de capturar. Querer cazar una mariposa es como desear prender el alma; y el alma se pone en las cosas, pero no está en las cosas. Es, precisamente, como el perfume de la felicidad.

La felicidad es elegir o, mejor expresado, vivir sin miedo a elegir.

Nos perdemos en el laberinto cuando permitimos que elijan por nosotros. Porque uno es aquello que elige ser, pero también lo que renuncia a ser.

Cuando nos dejamos llevar por el éxtasis del canto y el baile, nuestros miedos salen volando.

El miedo es el medio para descubrir lo que necesitas encontrar.

Cuando se vence el temor al espantapájaros llega la oportunidad, pues él señala justamente el lugar donde se puede encontrar alimento. Bajo nuestros miedos se halla el tesoro que andamos buscando.

Pero hay que abrir la puerta del miedo; ella llevará a lo que más secretamente anhelamos. El miedo es una oportunidad porque permite conocer lo que estamos buscando. Verbigracia, el miedo a la muerte. Las personas que lo sufren en realidad tienen un gran anhelo a la vida, pero no se atreven a vivirla según les dicta su corazón. Por eso temen morir: porque les causa amargura abandonar este mundo sin haber cumplido con su misión. ¡El miedo es el medio! Déjate instruir por él y encontrarás tu misión y el sentido de la vida.

La cara es el espejo del alma

Con ella se puede revisar la vida de cada cual. Moldea cada mañana tu cara en consonancia con tu alma; y usa para ello la crema más barata, pues el secreto no gravita en la calidad del producto, sino en tu cualidad interior y el amor que pongas en ello.

Cada contacto con una persona es una oportunidad para mejorar su vida.

Todos tenemos cada día decenas de pequeños y grandes contactos con los demás. Nuestro reto es conseguir que su vida sea un poco mejor después de estar con nosotros. Este es el desafío, el premio gordo de cada encuentro. Ahí radica justamente el sentido de la vida.

Con todo, el sentido de la vida es distinto para cada persona.

Es uno mismo el que debe descubrirlo. Y apoyar a los demás para que también lo consigan. Hay que ser buscador de buscadores: ponerlos en el camino y ayudarles a encontrar lo que buscan.

¿Qué haces aquí?

Por último, en lo relativo al ¿qué haces aquí?, la conclusión es tan simple como profunda: ¡vivir!

Le acompañan tres meditaciones a modo de corolario:

El fuego de la esperanza.

Con él impregnamos lo que nos empuja y nos orienta en nuestro camino de búsqueda.

Tú eres tu propio camino.

Si eres fiel, allí donde estés te encontrarás siempre en el centro del laberinto (desde el que se puede encontrar la salida).

Ser el niño que fuimos y hemos perdido.

Recuperar las ganas de correr, reír jugar, amar… En definitiva: ¡vivir!

Emilio Carrillo

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Cuatro acuerdos para disfrutar de la vida

Cuatro acuerdos para disfrutar de la vida

Buscamos la perfección fuera de nosotros y ésa es una de las mayores pérdidas de tiempo. La verdad es que ya somos perfectos de maneras muy individuales. Eres lo que eres. Lo más importante es disfrutar de la vida y eso sólo es posible cuando las personas se transforman en lo que realmente son.

Hay “cuatro acuerdos” que son el espejo perfecto para mirarnos tal como somos; no como aparentamos ser, sino como realmente somos: Sé impecable con tus palabras; nada te tomes personalmente; no hagas suposiciones; y haz siempre lo máximo que puedas.

Estos cuatro acuerdos pueden ayudarnos significativamente a cambiar nuestras vidas:

Sé impecable con tus palabras

La palabra tiene gran poder y debe usarse con cuidado. Sé impecable con las palabras y trasciende tu nivel de existencia. Debemos evitar el uso de palabras para juzgar o avergonzar a otros, erradicando muy especialmente el chismorreo, que es particularmente venenoso.

Hay que hablar con integridad; decir solamente lo que se quiera decir; evitar hablar contra uno mismo y chismorrear sobre los demás.

Se debe utilizar el poder de las palabras para avanzar en la dirección de la verdad y el amor.

Toda la magia que poseemos se fundamenta en nuestras palabras; son pura magia y si se utilizan mal se convertirán en magia negra. Con una sola palabra se puede cambiar una vida o destruir a millones de personas.

La impecabilidad de nuestras palabras nos llevará a la libertad personal y a la abundancia

No te tomes nada personalmente

Las acciones y opiniones de otras personas no tienen nada que ver contigo, pues cada uno vive su propia realidad y tiene sus propias experiencias.

Si las palabras o acciones de otros nos afectan emocionalmente significa que han tocado una herida en nuestro interior, por lo que tendremos que concentrarnos en curar la herida y no en vengarnos contra el que nos ha recordado su existencia (al contrario, deberíamos estarle agradecidos).

Lo que los demás dicen y hacen es una proyección de su propia realidad, de su propio sueño, de su película. Nada de lo que hacen es por ti ni por mí.

Cuando se es inmune a las opiniones y actos de los demás, se deja de ser la víctima de un sufrimiento innecesario.

No hagas suposiciones

Suponemos porque tememos a hacer preguntas; y, con frecuencia, los supuestos que asumimos cambian el curso de nuestras vidas.

Debemos preguntar, expresar lo que deseamos y comunicarlo claramente, ya que, de lo contrario, agarrotamos nuestras vidas con malos entendidos, resentimientos y oportunidades perdidas.

Hay que tener la valentía necesaria para preguntar y expresar lo que se quiere; comunicarse con los demás tan diáfanamente como se pueda a fin de evitar entuertos, tristezas y dramas.

El día que no hagamos suposiciones, nuestras palabras se volverán impecables. Nuestra vida se habrá transformado por completo.

Haz siempre lo máximo que puedas

Si hacemos todo de la mejor manera posible y aceptamos el resultado, nunca será necesario compararnos con otra persona, ni nos juzgaremos con severidad si fracasamos.

Lo mejor de nosotros cambia a cada instante y lo máximo que podamos hacer cambiará de un momento a otro (será distinto, por ejemplo, si estamos sanos o enfermos), mas bajo cualquier circunstancia hay que hacer sencillamente lo máximo que se pueda. De este modo, evitaremos juzgarnos, maltratarnos y lamentarnos.

Además, hay que hacer lo que gusta hacer y evitar lo que no gusta. Se debe tener fe en uno mismo y, a partir de ahí, en todo lo que se hace.

Y hacer lo máximo que puedas no significa querer hacer más de lo que realmente puedes, que sólo genera estrés y frustración. Es algo que ocurre, especialmente, a muchas mujeres.

No hay que quedarse por debajo de lo que podamos hacer (no llegar “por defecto”), pero tampoco intentar hacer más de lo que en verdad nos es posible (pasarse “por exceso”).

Emilio Carrillo

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Cuatro pasos hacia la sabiduría

Cuatro pasos hacia la sabiduría

Lo primero que tiene que hacer es entrar en contacto con los sentimientos negativos de los cuales no es consciente

Muchas personas tienen sentimientos negativos sin saberlo. Muchas personas están deprimidas y no saben que están deprimidas. Solamente cuando entran en contacto con la alegría comprenden hasta que punto están deprimidas. No se puede tratar un cáncer que no se ha detectado. Usted no puede liberarse del gorgojo en su granja si no sabe que existe. Lo primero que necesita es tener consciencia de sus sentimientos negativos. ¿Cuales sentimientos negativos? La melancolía, por ejemplo. Usted está melancólico y triste. Usted siente que se odia a usted mismo, o se siente culpable. A usted le parece que la vida no tiene ninguna finalidad, que no tiene sentido; usted se siente herido, está nervioso y tenso. El primer paso es ponerse en contacto con esos sentimientos.

El segundo paso (éste es un programa de cuatro pasos) es comprender que el sentimiento está en usted, no en la realidad

Esto es tan evidente, pero ¿cree usted que los seres humanos lo saben? No lo saben, créanme. Tienen doctorados y son rectores de universidades, pero no han comprendido esto. En la escuela no me enseñaron a vivir. Me enseñaron todo lo demás. Como dijo alguien: “Tengo una educación muy buena. Tardé años en superarla”. La espiritualidad trata de eso: de desaprender. desaprender toda la basura que le enseñaron a uno.

Los sentimientos negativos están en usted, no en la realidad. Entonces, deje de tratar cambiar la realidad. ¡Eso es una locura! Deje de tratar de cambiar a la otra persona. Gastamos todo nuestro tiempo y nuestras energías tratando de cambiar las circunstancias externas, tratando de cambiar a nuestro cónyuge, a nuestro jefe, a nuestros amigos, a nuestros enemigos, y a todos los demás.

No necesitamos cambiar nada. Los sentimientos negativos están en usted. En la tierra no existe nadie que tenga el poder de hacerlo a usted desgraciado. En la tierra no hay ningún acontecimiento que tenga el poder de alterarlo o herirlo. Ningún acontecimiento, condición, situación o persona

Nadie le dijo esto; le dijeron lo contrario. Por eso está en el enredo en que se encuentra. Por eso está dormido. Nadie le ha dicho esto; pero es evidente. Supongamos que la lluvia acaba con un paseo campestre. ¿Quién se siente negativo? ¿La lluvia? o ¿Usted? ¿Qué causa el sentimiento negativo? ¿La lluvia o su reacción? Cuando usted golpea una rodilla contra una mesa, a la mesa no le pasa nada. Está ocupada en aquello para lo cual fue hecha: para ser una mesa. El dolor está en su rodilla, no en la mesa.

Los místicos tratan continuamente de decirnos que la realidad está bien. La realidad no es problemática. Los problemas sólo existen en la mente humana. Podríamos añadir: en la mente humana estúpida y dormida. La realidad no es problemática: si los seres humanos desaparecieran de este planeta, la vida continuaría, la naturaleza seguiría con toda su belleza y toda su violencia. ¿Dónde estaría el problema? No habría ningún problema. Usted creó el problema. Ése es el problema. Usted se identificó con el “mi” y ése es el problema. El sentimiento está en usted, no en la realidad.

El tercer paso: Nunca se identifique con dicho sentimiento; éste no tiene nada que ver con el “yo”

No defina su ser esencial en función de ese sentimiento. No diga: “Yo estoy deprimido”. Si quiere decir que la depresión está ahí, eso está bien; si quiere decir que la melancolía está ahí, eso está bien. Pero no diga: Yo estoy melancólico. Usted se está definiendo en función de este sentimiento. Ésa es su ilusión: ése es su error. Hay una depresión ahí en este momento, hay sentimientos lastimados ahí en este momento, pero déjelos, déjelos solos. Eso pasará. Todo pasa, todo. Sus depresiones y emociones no tienen nada que ver con la felicidad. Son el movimiento del péndulo. Si ve emociones, prepárese para la depresión ¿Quiere su droga? Prepárese para la resaca. El péndulo se mueve de un extremo a otro.

Esto no tiene nada que ver con el “yo”; no tiene nada que ver con la felicidad. Es el “mi”. Si usted recuerda esto, si se lo dice a usted mismo mil veces, si ensaya estos tres pasos mil veces, lo logrará

Es posible que no necesite hacerlo ni tres veces. No lo sé; no hay ninguna regla. Pero hágalo mil veces y hará el mayor descubrimiento de su vida. ¿Qué importan esas minas de oro en Alaska? ¿ Qué va a hacer con ese oro? Si no es feliz no puede vivir. De modo que encontró oro. ¿Qué importa? Usted es un rey; es una princesa. Usted es libre: ya no le importa ser aceptado o rechazado, eso no importa. Los psicólogos nos dicen que es muy importante tener un sentimiento de pertenencia. ¡Paja! ¿Para qué quiere usted pertenecer a alguien? Eso ya no importa.

Un amigo me contó que hay una tribu africana en la cual la pena capital es ser condenado al ostracismo…

Si a usted lo expulsaran de New York o de donde viva, usted no moriría. ¿Por qué el miembro de esa tribu africana muere? Porque participa de la común estupidez de la humanidad. Cree que no podrá vivir si no pertenece. ¿Es muy distinto de la mayoría de la gente, o no? El está convencido de que necesita pertenecer.

Pero usted no necesita pertenecer a nadie o a nada o a ningún grupo. Ni siquiera necesita estar enamorado. ¿Quién le dijo que lo necesitaba? Lo que necesita es ser libre. Lo que necesita es amar. Eso es; ésa es su naturaleza. Pero lo que realmente me está diciendo es que quiere ser deseado. Quiere ser aplaudido, ser atractivo, que todos los micos corran detrás de usted. Está desperdiciando su vida. ¡DESPIERTE! Usted no necesita eso. Puede ser plenamente feliz sin eso.

La sociedad no se va alegrar de oír esto, porque usted se vuelve aterrador cuando abre los ojos y comprende. ¿Cómo controlar a una persona como usted?

Usted no la necesita a ella; no se siente amenazado por su crítica; no le importa lo que piense ella o lo que diga ella. Usted cortó todas esas ataduras; ya no es una marioneta. Es aterrador. “De manera que tenemos que salir de él (sentencia la sociedad); el dice la verdad; no tiene miedo; ya no es humano” ¡HUMANO! ¡miren! ¡por fin un ser humano! Escapó de su esclavitud, escapó de su prisión.

Ningún acontecimiento justifica un sentimiento negativo. No hay ninguna situación en el mundo que justifique un sentimiento negativo. Eso es lo que nuestros místicos nos han dicho hasta el cansancio

Pero nadie escucha. El sentimiento negativo está en usted. En el Bhagavad-Gita, el libro sagrado de los hindúes, el señor Krishna le dice a Arjuna: “Lánzate al ardor de la batalla y mantén tu corazón a los pies del Señor”. Una frase maravillosa.

Usted no tiene que hacer nada para ser feliz. El gran Meister Eckhart dijo bellamente: “No se llega a Dios por un proceso de adición, de sumarle algo al alma, sino por proceso de sustracción”. Usted no hace nada para ser libre, usted descarta algo. Entonces es libre.

El cuarto paso hacia la sabiduría: ¿Cómo cambia uno las cosas? ¿Cómo se cambia uno a sí mismo? Hay muchas cosas que es necesario comprender aquí, o más bien, solamente una cosa puede expresarse de muchas maneras

Imagínese un paciente que va donde el médico y le dice de qué sufre. El médico le dice:
-Muy bien, yo entiendo sus síntomas. ¿Sabe qué haré? ¡Le recetaré un remedio a su vecino! El paciente responde:
– Muchas gracias, doctor, eso me hace sentir mucho mejor.

¿No es absurdo? Pero eso es lo que todos hacemos. La persona que está dormida siempre piensa que se sentirá mejor si otra persona cambia. Usted sufre porque está dormido, pero piensa: “Cómo sería de maravillosa la vida si la otra persona cambiara; cómo sería de maravillosa la vida si mi vecino cambiara, si mi esposa cambiara, si mi jefe cambiara”.

Siempre queremos que otra persona cambie para podernos sentir bien. ¿Pero se ha puesto a pensar alguna vez que si su esposa cambia o si su marido cambia, eso en qué lo afecta a usted? Usted sigue siendo tan vulnerable como antes; sigue siendo tan idiota como antes; sigue estando tan dormido como antes. Usted es el que tiene que cambiar, el que tiene que tomarse el remedio.

Usted insiste una y otra vez: “Me siento bien porque el mundo está bien”. ¡Se equivoca! El mundo está bien porque me siento bien. Eso es lo que todos los místicos dicen

Anthony de Mello

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Los obstáculos a la felicidad

Los obstáculos a la felicidad

Lo que voy a decir puede parecer un poco rebuscado. Pero es la verdad.

Lo que viene pueden ser los minutos más importantes de su vida. Si pudieran comprender esto, descubrirían el secreto del despertar. Serían felices para siempre. Nunca volverán a ser desdichados. Nada podría volver a lastimarlos.

Lo digo en serio: nada. Es como cuando se derrama pintura negra en el aire; el aire permanece sin contaminar. Usted nunca puede pintar el aire de negro. No importa qué le suceda, usted permanece incontaminado. Permanece en paz.

Hay seres humanos que han logrado esto, lo que llamo ser humano. Nada de esa tontería de ser una marioneta llevado de un lado a otro, dejando que los acontecimientos y las personas le digan cómo sentirse. De manera que usted se siente así y dice que es vulnerable. ¡Ja! Eso lo llamo ser una marioneta. ¿Quiere ser una marioneta? Presione un botón y está deprimido; ¿eso le gusta? Pero si se niega a identificarse con esos rótulos, cesan la mayoría de sus preocupaciones.

Mas tarde hablaremos sobre el temor a la enfermedad y a la muerte, pero generalmente usted se preocupa por lo que le va a suceder en su carrera. Un pequeño empresario, de cincuenta años está tomando cerveza en un bar en alguna parte y dice: “Bueno, miren a mis condiscípulos: ellos realmente lo lograron”, ¡idiota! ¿Qué quiere decir con “lo lograron”? Sus nombres aparecen en los periódicos, ¿eso es lograrlo? Uno es presidente en una corporación; el otro es miembro de la Corte Suprema de Justicia; el otro es esto o lo otro. Payasos, todos ellos.

¿Quién decide lo que significa tener éxito? ¡Esta estúpida sociedad! ¡La principal preocupación de la sociedad es mantener enferma la sociedad! Y cuando más rápidamente comprenda esto, mejor. Están enfermos, todos. Están chiflados, están locos.

Usted llegó a ser presidente del manicomio y está orgulloso de ello aunque no significa nada. Ser presidente de una corporación no tiene nada que ver con el éxito en la vida.

¡Usted tiene éxito cuando despierta! Entonces no tiene que presentarle disculpas a nadie, no tiene que explicarle nada a nadie, le importa un comino lo que otros piensen de usted o lo que digan de usted. Usted no tiene preocupaciones; es feliz. Eso es lo que yo llamo tener éxito. Tener un buen empleo o ser famoso no tiene nada que ver con la felicidad o el éxito. ¡Nada! Eso es totalmente ajeno. Todo lo que le preocupa realmente a él es lo que sus hijos piensen de él. Lo que sus vecinos piensen de él, lo que su esposa piense de él. Debiera haber sido famoso. Nuestra sociedad y nuestra cultura nos meten eso en la cabeza día y noche.

¡Las personas que lo logran! ¿Logran qué? Hicieron el ridículo. Porque gastaron toda su energía consiguiendo algo que no tenía valor

Están asustados y confundidos. son marionetas, como los demás. mírelos pasando por el escenario. Miren cómo se descomponen si tienen una mancha en la camisa. ¿Es eso el éxito? Miren cuan asustados están ante la posibilidad de no ser reelegidos. ¿Eso es éxito? Están controlados, son manipulados. No son felices, son desgraciados. No disfrutan la vida. Están constantemente tensos y ansiosos. ¿Es eso humano? ¿Y saben por qué sucede eso? Solamente por una razón: Se identificaron con algún rótulo. Identificaron el “yo” con su dinero o con su empleo o con su profesión. Ese fue el error que cometieron.

¿Han oído hablar del abogado a quien el fontanero le presentó una cuenta? Le dijo al fontanero:
– Mire, usted me está cobrando doscientos dólares la hora. Yo no me gano eso como abogado. El fontanero le contestó:
-¡Yo tampoco ganaba esa cantidad de dinero cuando era abogado!

Usted podría ser fontanero o abogado, hombre de negocios o sacerdote, pero eso no afecta al “yo” esencial. No lo afecta. Si mañana cambio de profesión, es como cambiarme de ropa. No me toca ¿Es usted su ropa? ¿Es usted su nombre? ¿Es usted su profesión? Deje de identificarse con esas cosas, ellas van y vienen.

Cuando usted comprenda esto realmente, ninguna crítica puede afectarlo. Tampoco pueden afectarlo la alabanza o la adulación

Cuando alguien le dice: “Usted es una gran persona” ¿De qué está hablando? Está hablando del “mi”, no está hablando del “yo”. “Yo” no es ni grande ni pequeño. “Yo” no tiene éxito ni fracasa. No es ninguno de esos rótulos. Estas cosas dependen del condicionamiento de usted. Estas cosas dependen del estado de ánimo de la persona que está hablando con usted en este momento. No tiene nada que ver con el “yo”.

“Yo” no es ninguno de estos rótulos. “Mi” es generalmente egoísta, estúpido, infantil – un gran estúpido. De modo que cuando usted me dice: “usted es un estúpido” ¡eso lo sé desde hace años! El ego condicionado – ¿qué más podría esperar de usted? Eso lo sé desde hace años. ¿Por qué usted se identifica con él? ¡Idiota! Eso no es el “yo”, eso es el “mi”.

¿Quiere ser feliz?

La felicidad ininterrumpida no es causada. Usted no puede hacerme feliz, no es mi felicidad. Usted le dice a la persona que ha despertado: ¿Por qué está feliz? y la persona que ha despertado responde: ¿Por qué no he de estarlo?

La felicidad es nuestro estado natural

La felicidad es el estado natural de los niños, a quienes pertenece el reino hasta que son corrompidos y contaminados por la estupidez de la sociedad y la cultura. No se puede hacer nada para adquirir la felicidad, porque la felicidad no se puede adquirir. ¿Alguien sabe por qué? Porque ya la tenemos. ¿Cómo se puede adquirir lo que ya se tiene? ¿Entonces por qué no tiene experiencia de ella? Porque tiene que descartar algo. Tiene que descartar las ilusiones. Para ser feliz no tiene que agregar nada; tiene que descartar algo. La vida es fácil, la vida es maravillosa. Es dura solamente para sus ilusiones, sus ambiciones, su avidez, sus deseos. ¿Sabe de dónde vienen estas cosas? De haberse identificado con toda clase de rótulos.

Anthony de Mello

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El Miedo y el Amor

El Miedo y el Amor

Algunos dicen que solamente hay dos cosas en el mundo: Dios y el miedo; el amor y el miedo son las únicas dos cosas. Solamente hay un mal en el mundo: el miedo. Solamente hay un bien en el mundo: el amor. A veces le dan otros nombres. A veces lo denominan felicidad o libertad o paz o gozo o Dios o lo que sea. Pero el rótulo realmente no importa. Y no hay un solo mal en el mundo que no se origine en el miedo. Ni uno solo.

La ignorancia y el miedo, la ignorancia causada por el miedo, de ahí viene todo el mal, de ahí viene la violencia

La persona que realmente no es violenta, la que es incapaz de la violencia, es la persona que no tiene miedo. Usted se enoja solamente cuando tiene miedo. Piense en la última vez que se enojó y busque el miedo subyacente. ¿Qué temía perder? ¿Qué temía que le quitaran? De ahí viene la ira. Piense en una persona furiosa, tal vez en alguien a quien usted teme. ¿Puede ver todo el miedo de esa persona? Tiene mucho miedo, realmente lo tiene. Está muy asustada o no estaría furiosa. En el último análisis solamente hay dos cosas, el amor y el miedo.

Yo trato diferentes temas, pero todos son sobre lo mismo. Llámelo consciencia, llámelo amor, llámelo espiritualidad o libertad o despertar o cualquier cosa. Realmente es lo mismo.

Anthony de Mello

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Las tres cosas más difíciles para un ser humano

 

Alguien dijo: “Las tres cosas más difíciles para un ser humano no son las hazañas físicas ni los logros intelectuales, son, en primer lugar, retornar amor por odio; en segundo lugar, incluir a los excluidos; en tercer lugar, admitir que está equivocado”.

Pero éstas son las cosas más fáciles del mundo si usted no se ha identificado con el “mi”. Usted es capaz de decir cosas como: “¡Me equivoqué!

La primera vez que vislumbré este nuevo mundo, fue aterrador

Comprendí lo que significa estar solo, sin un lugar donde apoyar la cabeza, dejar que todos sean libres y ser libre, no ser especial para nadie y amarlos a todos – porque el amor hace eso. Brilla sobre los buenos y los malos por igual; hace que llueva sobre los santos y los pecadores por igual.

¿Es posible que la rosa diga: “Les daré mi perfume a los buenos que quieran olerme, pero no a los malos?

¿O es posible que la lámpara diga: “Iluminaré a los buenos que están en esta sala, pero no iluminaré a los malos”?

¿O puede el árbol decir: “les daré mi sombra a los buenos que descansen junto a mí, pero no a los malos”? Estas son imágenes de lo que es el amor.

Siempre ha estado allí, directamente frente a nosotros en las escrituras, aunque nunca quisimos verlo porque estábamos sumergidos en lo que nuestra cultura llama el amor, con sus canciones y sus poemas de amor; eso no es amor en absoluto, eso es lo opuesto al amor. Eso es deseo y control y posesión. Eso es manipulación, y temor, y ansiedad; eso no es amor.

Nos dijeron que la felicidad es una piel suave, un lugar de vacaciones

No son esas cosas, pero tenemos maneras sutiles de hacer que nuestra felicidad dependa de esas cosas, tanto dentro como fuera de nosotros. Decimos: “Me niego a ser feliz hasta que desaparezca mi neurosis”.

Le tengo buenas noticias: puede ser feliz ahora mismo, con la neurosis.

¿Quiere noticias todavía mejores? Hay una sola razón por la cual usted no está experimentando lo que en la India llamamos anand: felicidad, felicidad. Hay una sola razón por la cual usted no es feliz en este momento: porque está pensando o concentrándose en lo que no tiene. De otra manera, sería feliz. Usted se está concentrando en lo que no tiene. Pero ahora mismo usted tiene todo lo que necesita para ser feliz.

Pero ¿quién escucha? A nadie le interesa; la gente prefiere estar dormida.

Anthony de Mello

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Sobre el deseo de felicidad

Sobre el deseo de felicidad

Estaba diciendo que no queremos ser felices. Queremos otras cosas. O más exactamente: No queremos ser incondicionalmente felices. Estoy dispuesto a ser feliz siempre y cuando tenga esto y lo otro. Pero esto realmente es decirle a nuestro amigo o a nuestro Dios o a cualquiera:

“Tu eres mi felicidad. Si no te tengo, me niego a ser feliz”.

Es muy importante comprender eso. No podemos imaginarnos la felicidad sin esas condiciones. Es muy cierto. No podemos imaginarnos la felicidad sin ellas. Nos han enseñado a cifrar en ellas nuestra felicidad.

De manera que eso es lo primero que debemos hacéis si queremos despertar, que es lo mismo que decir: Si queremos amar, si queremos ser libres, si queremos la alegría y la paz y la espiritualidad.

En ese sentido, la espiritualidad es lo más práctico que hay en el mundo.

Desafío a cualquiera a pensar en algo más práctico que la espiritualidad como la he definido. No como piedad, no como devoción, no como religión, no como adoración sino como espiritualidad –

¡Despertar!, ¡despertar! Veamos la angustia que hay en todas partes, veamos la soledad, veamos el temor, la confusión, el conflicto en el corazón de la gente, el conflicto interno, el conflicto externo.

Imagínense ustedes que alguien les muestra la manera de librarse de todo eso. Imagínense ustedes que alguien les muestra la manera de detener ese tremendo gasto de energía, de salud, de emoción que es el resultado de esos conflictos y de esa confusión.

¿Les gustaría?

Imaginemos que alguien nos muestra la manera de amarnos los unos a los otros, y de vivir en paz y con amor. ¿Pueden ustedes imaginarse algo más práctico que eso?

Pero, en cambio, hay personas que piensan que los grandes negocios son más prácticos, que la política es más práctica, que la ciencia es más práctica. ¿De qué nos sirve llevar un hombre a la luna si no podemos vivir en la tierra?

Lo repito: Ustedes quieren despertar, ustedes están representando un gran papel, y ni siquiera lo saben. Piensan que aman. ¡Ja! ¿A quién aman? Hasta la abnegación los hace sentir bien, ¿verdad? “¡Me estoy sacrificando! Estoy viviendo de acuerdo con mi ideal”. Pero ustedes obtienen algún beneficio de eso, ¿no es así? Siempre obtienen algo de todo lo que hacen, hasta que despierten.

De modo que aquí está el primer paso: Dese cuenta de que no quiere despertar. Es bastante difícil que despierte si lo hipnotizaron para que crea que un pedazo de papel periódico viejo es un cheque por un millón de dólares

¡Qué difícil es separarse de ese pedazo de periódico viejo!

Anthony de Mello

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Trece pasos hacia la paz interior

Buscamos la felicidad fuera

Buscamos la felicidad fuera de nosotros; miramos tan lejos que no podemos divisar el horizonte; cerramos todas las puertas de acceso hacia nosotros mismos. Somos mendigos de todo lo ajeno; pordioseros de lo que habita fuera de nosotros mismos.

Reclamamos que los otros nos hagan sentimos bien, nos procuren dicha y diversión, nos afirmen y aprueben, nos produzcan gusto y sosiego. Pero la fuente de dicha y sosiego está dentro de nosotros, porque es ahí donde sentimos, experimentamos, vivenciamos y en última instancia vivimos.

En el mundo exterior podemos hallar confort, diversión, encuentro y desencuentro, placer y sufrimiento, pero el tesoro de la inconmovible paz interior está en nosotros mismos.

Nadie te puede procurar ese sosiego. No podemos desplazar nuestra responsabilidad y poner el sosiego y la dicha en la falsa idea de que los demás nos los tienen que proporcionar. Esa actitud es nociva e infantil; se basa en expectativas que antes o después se sentirán defraudadas.

Es como la persona ganada por el tedio que culpa a los demás de su propio aburrimiento. Pero uno mismo debe convertirse en su maestro y viajar hacia el tesoro interior, pues reclamamos de fuera lo que habita dentro. Hemos de emprender sin demora la senda hacia nuestra quietud interior (…).

Los trece pasos de la senda hacia la paz interior:

1 – Trabajar sobre la mente para liberada de ofuscación, avidez y odio, a fin de que pueda florecer el lado más luminoso, claro y constructivo de la misma.

2 – Desarrollar un saludable autocontrol, que nos permita refrenar la apatía, la pereza, la negligencia y la confusión mental.

3 – Desplegar el entendimiento correcto para poner la energía en esencial y no en lo inesencial.

4 – Vigilar los pensamientos, las palabras y los actos, haciéndolos más lúcidos e inegoístas.

5 – Desarrollar una conducta más virtuosa y menos egoísta y egocéntrica, pudiendo así evitar culpas y arrepentimientos.

6 – Evitar relacionamos sistemáticamente con personas innobles, confusas y malintencionadas; en lo posible asociamos con individuos sensibles, nobles, sabios y bienintencionados.

7 – Ser indiferentes al halago o al insulto, a la aprobación o a la desaprobación.

8 – Ejercitarse en el desasimiento y el desapego, mediante la atención vigilante, la ecuanimidad, el desenvolvimiento de la compasión, el sometimiento del ego y el saludable autodominio.

9 – Comprender las necesidades ajenas y evitar herir a las otras criaturas.

10 – Renunciar al aferrante sentido de posesividad, saber soltar y fluir.

11 – Valorar la amistad y tender vínculos de genuino amor y sana afectividad.

12 – Tratar de ser uno mismo y mantener la firmeza y equilibrio demente a pesar de las inevitables vicisitudes vitales.

13 – No cejar en el empeño de mejorar, porque «gradualmente, poco a poco, de uno a otro instante, el sabio elimina sus propias impurezas como el fundidor elimina la escoria de la plata».

Nuestra energía de ser

Ese místico y poeta excepcional llamado Kabir escribía, a propósito de ese gran tesoro interior que es nuestra energía de ser, lo siguiente: «He encontrado algo realmente excepcional; nadie puede calcular su valor… Yo moro en él y él mora en mí, formamos una unidad, como agua con agua mezclada. Aquel que lo conoce nunca morirá».

Ramiro Calle

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¿El amor es ciego?

¿El amor es ciego?

Se dice que el amor es ciego. Pero ¿lo es de veras? De hecho, nada hay en el mundo tan clarividente como el amor. Lo que es ciego no es el amor, sino el apego: ese estado de obcecación que proviene de la falsa creencia de que algo o alguien te es del todo necesario para ser feliz.

Imagínate un político…

Imagínate a un político que está convencido de que no puede ser feliz si no alcanza el poder: la búsqueda del poder va a endurecer su sensibilidad para el resto de su vida. Apenas tiene tiempo para dedicarlo a su familia y a sus amigos. De pronto ve a todos los seres humanos -y reacciona ante ellos- en función de la ayuda o la amenaza que puedan suponer para su ambición

Y los que no suponen ninguna de las dos cosas ni siquiera existen para él. Si además de este ansia de poder, está apegado a otras cosas, como el sexo o el dinero, el pobre hombre será tan selectivo en sus percepciones que casi puede afirmarse que está ciego. Esto es algo que ve todo el mundo, excepto él mismo. Y es también lo que conduce al rechazo de la verdad, la belleza y la bondad, porque uno se ha hecho ciego para percibirlas.

Imagínate a ti mismo escuchando una orquesta…

Imagínate ahora a ti mismo escuchando una orquesta cuyos timbales suenan tan fuerte que hacen que no se oiga nada más. Naturalmente, para disfrutar de una sinfonía tienes que poder oír cada uno de los instrumentos.

Del mismo modo, para vivir en ese estado que llamamos “amor” tienes que ser sensible a la belleza y al carácter único de cada una de las cosas y personas que te rodean.

Difícilmente podrás decir que amas aquello que ni siquiera ves: y si únicamente ves a unos cuantos seres, pero excluyes a otros, eso no es amor ni nada que se le parezca, porque el amor no excluye absolutamente a nadie, sino que abraza la vida entera: el amor escucha la sinfonía como un todo, y no únicamente tal o cual instrumento.

Detente ahora por unos instantes

Detente ahora por unos instantes y observa cómo tus apegos -al igual que el apego del político al poder, o el del hombre de negocios al dinero- te impiden apreciar debidamente la sinfonía de la vida.

O tal vez prefieras verlo de esta otra manera: existe una enorme cantidad de información que, procedente del mundo que te rodea, afluye hacia ti a través de los sentidos, los tejidos y los diversos órganos de tu cuerpo, pero tan sólo una pequeña parte de esa información consigue llegar a tu mente consciente.

Es algo parecido a lo que ocurre con la inmensa cantidad de “feedback” que se envía al Presidente de una nación: sólo una mínima parte de la misma llega hasta él, porque alguien de su entorno se encarga de filtrar y tamizar dicha información.

¿Quién decide, pues, lo que finalmente, de entre todo el material que te llega del mundo circundante se abre camino hasta tu mente consciente? Hay tres “filtros” que actúan de manera determinante: tus apegos, tus creencias y tus miedos.

Tres filtros

En primer lugar, tus apegos: inevitablemente, siempre prestarás atención a lo que favorece o pone en peligro dichos apegos, y fingirás no ver lo demás. Lo demás no te interesará más de cuanto pueda interesarle al avaro hombre de negocios cualquier cosa que no suponga hacer dinero.

En segundo lugar, tus creencias: piensa por un momento en el individuo fanático que tan sólo se fija en aquello que confirma lo que él cree y apenas percibe cuanto pueda ponerlo en entredicho, y comprenderás lo que tus creencias suponen para ti.

Finalmente, tus miedos: si supieras que ibas a ser ejecutado dentro de una semana, tu mente se centraría exclusivamente en ello y no podrías pensar en otra cosa. Esto es lo que hacen los miedos: fijar tu atención en determinadas cosas, excluyendo todas las demás.

Piensas equivocadamente que tus miedos te protegen, que tus creencias te han hecho ser lo que eres y que tus apegos hacen de tu vida algo apasionante y firme. Y no ves, sin embargo que todo ello constituye una especie de pantalla o filtro entre ti y la sinfonía de la vida.

Empezar a percibir las cosas como realmente son

Naturalmente, es del todo imposible ser plenamente consciente de todas y cada una de las notas de dicha sintonía. Pero, si logras mantener tu espíritu libre de obstáculos y tus sentidos abiertos, comenzarás a percibir las cosas tal como realmente son y a establecer una interacción mutua con la realidad, y quedarás cautivado por la armonía del universo.

Entonces comprenderás lo que es Dios, porque al fin habrás entendido lo que es el amor.

Míralo de este modo: tú ves a las personas y las cosas, no tal como ellas son, sino tal como eres tú.

Si quieres verlas tal como ellas son, debes prestar atención a tus apegos y a los miedos que tales apegos engendran. Porque, cuando encaras la vida, son esos apegos y esos miedos los que deciden qué es lo que tienes que ver y lo que tienes que ignorar. Y sea cual sea lo que veas, ello va a absorber tu atención. Ahora bien, como tu mirar es selectivo, tienes una visión engañosa de las cosas y las personas que te rodean.

Y cuanto más se prolongue esa visión deformada, tanto más te convencerás de que ésa es la verdadera imagen del mundo, porque tus apegos y tus miedos no dejan de procesar nuevos datos que refuercen dicha imagen.

Esto es lo que da origen a tus creencias, las cuales no son sino formas fijas e inmutables de mirar una realidad que de por sí, no es fija ni inmutable, sino móvil y en constante cambio.

Así pues, el mundo con el que te relacionas y al que amas no es ya el mundo real, sino un mundo creado por tu propia mente. Sólo cuando consigas renunciar a tus creencias, a tus miedos y a los apegos que los originan, te verás libre de esa insensibilidad que te hace ser tan sordo y tan ciego para contigo mismo y para con el mundo.

Anthony de Mello

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¿Qué puede hacerse para alcanzar la felicidad?

Alcanzar la felicidad

¿Qué puede hacerse para alcanzar la felicidad?  No hay nada que tú ni cualquier otro podáis hacer. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que ahora mismo ya eres feliz, ¿y cómo vas a adquirir lo que ya tienes?

Pero, si es así, ¿por qué no experimentas esa felicidad que ya posees? Pues, simplemente, porque tu mente no deja de producir infelicidad. Arroja esa infelicidad de tu mente, y al instante aflorará al exterior la felicidad que siempre te ha pertenecido.

¿Y cómo se arroja fuera la infelicidad? Descubre qué es lo que la origina y examina la causa abiertamente y sin temor: la infelicidad desaparecerá automáticamente.

Ahora bien, si te fijas como es debido, verás que hay una sola cosa que origina la infelicidad: el apego.

El apego

¿Y qué es un apego? Es un estado emocional de vinculación compulsiva a una cosa o persona determinada, originado por la creencia de que sin esa cosa o persona no es posible ser feliz.

Tal estado emocional se compone de dos elementos; uno positivo y otro negativo. El elemento positivo es el fogonazo del placer y la emoción, el estremecimiento que experimentas cuando logras aquello a lo que estás apegado. El elemento negativo es la sensación de amenaza y de tensión que siempre acompaña al apego.

Imagínate a alguien encerrado en un campo de concentración y que no deja de engullir comida: con una mano se lleva la comida a la boca, mientras que con la otra protege la comida restante de la codicia de sus compañeros de encierro, que tratarán de arrebatársela en cuanto baje la guardia. He ahí la imagen perfecta de la persona apegada. Por su propia naturaleza, el apego te hace vulnerable al desorden emocional y amenaza constantemente con hacer añicos tu paz. ¿Cómo puedes esperar, entonces, que una persona apegada acceda a ese océano de felicidad que llamamos el “Reino de Dios”? ¡Es como esperar que un camello pase por el ojo de una aguja!

Ahora bien, lo verdaderamente trágico del apego es que, si no se consigue su objeto, origina infelicidad; y, si se consigue, no origina propiamente la felicidad, sino que simplemente produce un instante de placer, seguido de la preocupación y el temor de perder dicho objeto. Dirás:

Entonces, ¿no puedo tener ni un solo apego?

Por supuesto que sí. Puedes tener todos los apegos que quieras. Pero por cada uno de ellos tendrás que pagar un precio en forma de pérdida de felicidad. Fíjate bien: los apegos son de tal naturaleza que, aun cuando lograras satisfacer muchos de ellos a lo largo de un día, con que sólo hubiera uno que no pudieras satisfacer, bastaría para obsesionarte y hacerte infeliz. No hay manera de ganar la batalla de los apegos. Pretender un apego sin infelicidad es algo así como buscar agua que no sea húmeda. Jamás ha habido nadie que haya dado con la fórmula para conservar los objetos de los propios apegos sin lucha, sin preocupación, sin temor y sin caer, tarde o temprano, derrotado.

En realidad, sin embargo, sí hay una forma de ganar la batalla de los apegos: renunciar a ellos.

Contrariamente a lo que suele creerse, renunciar a los apegos es fácil. Todo lo que hay que hacer es ver, pero ver realmente, las siguientes verdades.

Primera verdad: estás aferrado a una falsa creencia, a saber, la de que sin una cosa o persona determinada no puedes ser feliz. Examina tus apegos uno a uno y comprobarás la falsedad de semejante creencia. Tal vez tu corazón se resista a ello; pero, en el momento en que consigas verlo, el resultado emocional se producirá de inmediato, y en ese mismo instante el apego perderá su fuerza.

Segunda verdad: si te limitas a disfrutar las cosas, negándote a quedar apegado a ellas, es decir negándote a creer que no podrás ser feliz sin ellas, te ahorrarás toda la lucha y toda la tensión emocional que supone el protegerlas y conservarlas. ¿No conoces lo que es poder conservar todos los objetos de tus distintos apegos, sin renunciar a uno sólo de ellos, y poder disfrutarlos más aún a base de no apegarte ni aferrarte a ellos, porque te encuentras pacífico y relajado y no sientes la menor amenaza en relación a su disfrute?

Tercera y última verdad: si aprendes a disfrutar el aroma de un millar de flores, no te aferrarás a ninguna de ellas ni sufrirás cuando no puedas conseguirla. Si tienes mil platos favoritos, la pérdida de uno de ellos te pasará inadvertida, y tu felicidad no sufrirá menoscabo. Pero son precisamente tus apegos los que te impiden desarrollar un más amplio y más variado gusto por las cosas y las personas.

A la luz de estas tres verdades, no hay apego que sobreviva. Pero la luz, para que tenga efecto, debe brillar ininterrumpidamente. Los apegos sólo pueden medrar en la oscuridad del engaño y la ilusión. Si el rico no puede acceder al reino del gozo y de la alegría, no es porque quiera ser malo, sino porque decide ser ciego.

Anthony de Mello

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¿Has sido “programado” para ser infeliz?

¿Has pensado alguna vez que has sido programado para ser infeliz?

¿Has pensado alguna vez que has sido “programado” para ser infeliz y que, por lo tanto, hagas lo que hagas para obtener la felicidad, estás abocado al fracaso? Es como si introdujeras una serie de ecuaciones matemáticas en un ordenador, y éste fallara cada vez que pulsas el teclado para obtener un pasaje de Shakespeare.

Si quieres ser feliz, no necesitas hacer ningún tipo de esfuerzo; ni siquiera necesitas buena voluntad o buenos deseos, sino comprender con claridad de qué manera has sido “programado” exactamente. Lo que ha ocurrido es lo siguiente: primero, tu sociedad y tu cultura te han enseñado a creer que no puedes ser feliz sin determinadas personas y determinadas cosas. Echa un vistazo a tu alrededor. y por todas partes verás a personas que en realidad han construido sus vidas sobre la creencia de que sin determinadas cosas -dinero, poder, éxito, aceptación, fama, amor, amistad, espiritualidad, Dios…- no pueden ser felices. ¿Cuál es la combinación exacta en tu caso?

Una vez que te has “tragado” tu creencia, has desarrollado instintivamente un especial apego a esa persona o cosa, sin la que estabas convencido de no poder ser feliz. Luego vinieron los consabidos esfuerzos por adquirirla, aferrarte a ella una vez conseguida y eliminar toda posibilidad de perderla. Todo ello te llevó, finalmente, a una servil dependencia emocional de ella, hasta el punto de concederle el poder de hacerte estremecer al conseguirla, de angustiarte ante la posibilidad de verte privado de ella y de entristecerte en el caso de perderla efectivamente.

Detente

Detente ahora por unos momentos y contempla horrorizado la lista interminable de ataduras que te tienen preso. Piensa en cosas y personas concretas, no en abstracciones… Una vez que tu apego a ellas se hubo apoderado de ti, comenzaste a esforzarte al máximo, en cada instante de tu vida consciente, por reordenar el mundo que te rodeaba, en orden a conseguir y conservar los objetos de tu adhesión.

Es ésta una agotadora tarea que apenas te deja energías para dedicarte a vivir y disfrutar plenamente de la vida. Pero, además, es una tarea imposible en un mundo que no deja de cambiar y que tú, sencillamente, no eres capaz de controlar.

Por eso, en lugar de una vida de plenitud y serenidad, estás condenado a vivir una vida de frustración, ansiedad, preocupación, inseguridad, incertidumbre y tensión.

Durante unos pocos y efímeros momentos, el mundo, efectivamente, cede a tus esfuerzos y se acomoda a tus deseos, y gozas entonces de una pasajera felicidad. Mejor dicho: experimentas un instante de placer, que en modo alguno constituye la felicidad, porque viene acompañado de un difuso temor a que, en cualquier momento, ese mundo de cosas y personas que con tanto esfuerzo has conseguido construir escape a tu control y te llene de frustración, que es algo que, tarde o temprano, acaba siempre por suceder.

Hay algo que conviene meditar…

Hay algo aquí que conviene meditar: siempre que te encuentras inquieto o temeroso, es porque puedes perder o no conseguir el objeto de tu deseo. ¿no es verdad?

Y siempre que sientes celos, ¿no es porque alguien puede llevarse aquello a lo que tú estás apegado? (¿Acaso tu irritación no se debe a que alguien se interpone entre ti y lo que deseas?) Observa la paranoia que te entra cuando ves amenazado el objeto de tu adhesión o de tu afecto: no eres capaz de pensar con objetividad, y toda tu visión se deforma, ¿no es así?

Y cuando te encuentras fastidiado, ¿no es porque no has conseguido en suficiente medida lo que tú crees que puede hacerte feliz o aquello por lo que sientes apego?

Y cuando estás deprimido y triste, ¿acaso no ve todo el mundo que es porque la vida no te da aquello sin lo que estás convencido de que no puedes ser feliz?

Casi todas las emociones negativas que experimentas son fruto directo de un apego de este tipo.

Así pues, estás agobiado por la carga de tus ataduras… y luchando desesperadamente por alcanzar la felicidad precisamente aferrándote a dicha carga. La sola idea es verdaderamente absurda.

Pero lo trágico es que ése es el único método que nos han enseñado para lograr la felicidad (un método seguro, por otra parte, para producir desasosiego, frustración y tristeza). A casi nadie le han enseñado que, para ser auténticamente feliz, una sola cosa es necesaria: desprogramarse, liberarse de esas ataduras.

Liberarse de ataduras

Cuando uno descubre esta palmaria verdad, le aterra pensar el dolor que puede suponerle el liberarse de sus ataduras. Pero lo cierto es que no se trata de un proceso doloroso, ni mucho menos. Al contrario: liberarse de las ataduras constituye una tarea absolutamente gratificante, con tal de que el instrumento empleado para ello no sea la fuerza de voluntad ni la renuncia, sino la visión.

Todo cuanto tienes que hacer es abrir los ojos y ver que, de hecho, no necesitas en absoluto eso a lo que estás tan apegado; que has sido programado y condicionado para creer que no puedes ser feliz o que no puedes vivir sin esa persona o cosa determinada.

Seguramente recuerdas la angustia que experimentaste cuando perdiste a alguien o algo que era para ti de incalculable valor; probablemente estabas seguro de que nunca más volverías a ser feliz. Pero ¿qué sucedió después? Pasó el tiempo, y aprendiste a arreglártelas perfectamente,¿no es así? Aquello debería haberte hecho ver la falsedad de tu creencia, la mala pasada que estaba jugándote tu mente “programada”.

Un apego es una creencia, una fantasía de la mente

Un apego no es un hecho. Es una creencia, una fantasía de tu mente, adquirida mediante una “programación”. Si esa fantasía no existiera en tu mente, no estarías apegado. Amarías las cosas y a las personas y disfrutarías de ellas; pero, al no existir la creencia, disfrutarías de ellas sin atadura de ningún tipo.

Anthony de Mello

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Tu programación

Si observas…

Si observas de qué modo estás hecho y cómo funcionas, descubrirás que hay en tu mente todo un “programa“, toda una serie de presupuestos acerca de cómo debe ser el mundo, cómo debes ser tú mismo y qué es lo debes desear.

¿Quién es el respnsable de tu programación?

¿Quién es el responsable de ese “programa” Tú no, desde luego. No eres realmente tú quien ha decidido cosas tan fundamentales como son tus deseos y exigencias, tus necesidades, tus valores, tus gustos, tus actitudes…

Han sido tus padres, tu sociedad, tu cultura, tu religión y tus experiencias pasadas las que han introducido en tu “ordenador” las normas de funcionamiento. Ahora bien, sea cual sea tu edad y vayas adonde vayas, tu “ordenador” va contigo y actúa y funciona en cada momento consciente del día, insistiendo imperiosamente en que sus exigencias deben ser satisfechas por la vida, por la gente y por ti mismo.

De hacerlo así, el “ordenador” te permitirá vivir pacífica y felizmente: de lo contrario, y aunque tú no tengas la culpa, generará unas emociones negativas que te harán sufrir.

¿Qué pasa si no sucede lo que tu ordenador espera?

Cuando, por ejemplo, otras personas no viven con arreglo a las expectativas de tu “ordenador”, éste te atormenta a base de frustración, de ira, de amargura… O cuando, por ejemplo, las cosas escapan a tu control, o el futuro es incierto, tu “ordenador” insiste en que experimentes ansiedad, tensión, preocupación… Entonces empleas un montón de energías en hacer frente a esas emociones negativas.

Y generalmente te las apañas para gastar aún más energías en intentar cambiar el mundo que te rodea, al objeto de satisfacer las exigencias de tu “ordenador”. Con lo cual obtienes una cierta dosis de una paz bastante precaria, porque en cualquier momento la menor nimiedad (un tren que se retrasa, una grabadora que no funciona, una carta que no llega…) no es conforme con el programa de tu “ordenador”, y éste se empeñará en que vuelvas a preocuparte de nuevo.

Por eso llevas una existencia patética, siempre a merced de las cosas y las personas, tratando desesperadamente de que se ajusten a las exigencias de tu “ordenador”, a fin de poder tú disfrutar de la única paz que conoces: una tregua temporal de tus emociones negativas, cortesía de tu “ordenador” y de tu “programa”.

¿Tiene esto solución?

¿Tiene esto solución? Por supuesto que sí. Naturalmente, no podrás cambiar tu “programa” de buenas a primeras, o quizá nunca. Pero ni siquiera lo necesitas.

Intenta lo siguiente:

Imagina que te encuentras en una situación o con una persona que te resulta desagradable y que ordinariamente tratas de evitar. Observa ahora cómo tu “ordenador” entra instintivamente en funcionamiento e insiste en que evites dicha situación o trates de modificarla.

Si consigues resistir y te niegas a modificar la situación, observa cómo el “ordenador” se empeña en que experimentes irritación, ansiedad, culpabilidad o cualquier otra emoción negativa.

Sigue considerando esa situación (o persona) desagradable hasta que caigas en la cuenta de que no es ella la que origina las emociones negativas (ella se limita a “estar ahí” y a desempeñar su función bien o mal, acertada o equivocadamente: es lo de menos). Es tu “ordenador” el que, gracias al “programa”, se empeña en que tú reacciones a base de emociones negativas.

Lo verás mejor si logras comprender que hay personas que, con un programa diferente, y frente a esa misma situación, persona o acontecimiento, reaccionan con absoluta calma y hasta con gusto y contento.

No cejes hasta haber captado esta realidad: la única razón por la que tú no reaccionas de ese modo es porque tu “ordenador” insiste obstinadamente en que es la realidad la que debe ser modificada para ajustarse a su “programa”. Observa todo esto desde fuera, por así decirlo, y comprueba el prodigioso cambio que se produce en ti.

Una vez que hayas comprendido…

Una vez que hayas comprendido esta verdad y, consiguientemente, haya dejado tu “ordenador” de generar emociones negativas, puedes emprender cualquier acción que creas conveniente. Puedes evitar la situación o a la persona en cuestión;  tratar de cambiarla; puedes insistir en que se respeten tus derechos o los derechos de los demás; incluso puedes recurrir al uso de la fuerza…

Pero sólo después de haber conseguido liberarte de tus trastornos emocionales, porque sólo entonces tu acción nacerá de la paz y del amor, no del deseo neurótico de satisfacer a tu “ordenador”, de ajustarte a su “programa” o de liberarte de las emociones negativas que genera.

Y sólo entonces comprenderás cuán profunda es la sabiduría de estas palabras: “Al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto; y a quien te fuerce a caminar una milla, acompáñalo dos”. Porque te resultará evidente que la verdadera opresión proviene, no de las personas que pleitean contigo ni de quien te somete a un trabajo excesivo, sino de tu “ordenador, cuyo “programa” acaba con la paz de tu mente en el momento en que las circunstancias externas dejan de ajustarse a sus exigencias.

Se sabe de personas que han sido felices… ¡incluso en el opresivo clima de un campo de concentración! De lo que necesitas ser liberado es de la opresión de tu “programa”. Sólo así podrás experimentar la libertad interior que está en el origen de toda revolución social, porque esa intensísima emoción, esa pasión que brota en tu corazón a la vista de los males sociales y te impulsa a la acción, tendrá su origen en la realidad, no en tu “programa” ni en tu ego.

Anthony de Mello

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¿Sabes cuál es la causa de la infelicidad?

La infelicidad tiene una sola causa

Echa un vistazo al mundo y observa la infelicidad que hay en torno a ti y dentro de ti mismo. ¿Acaso sabes cuál es la causa de tal infelicidad? Probablemente digas que la causa es la soledad, o la opresión, o la guerra, o el odio, o el ateísmo… Y estarás equivocado. La infelicidad tiene una sola causa: las falsas creencias que albergas en tu mente; creencias tan difundidas, tan comúnmente profesadas, que ni siquiera se te ocurre la posibilidad de ponerlas en duda.

Debido a tales creencias ves el mundo y te ves a ti mismo de una manera deformada. Estás tan profundamente “programado” y padeces tan intensamente la presión de la sociedad que te ves literalmente obligado a percibir el mundo de esa manera deformada. Y no hay solución, porque ni si quiera sospechas que tu percepción está deformada, que piensas de manera equivocada, que tus creencias son falsas.

Mira alrededor tuyo

Mira alrededor tuyo y trata de encontrar a una sola persona que sea auténticamente feliz: sin temores de ningún tipo, libre de toda clase de inseguridades, ansiedades, tensiones, preocupaciones… Será un milagro si logras encontrar a una persona así entre cien mil. Esto debería hacerte sospechar de la “programación” y las creencias que tanto tú como esas personas tenéis en común.

Pero resulta que también has sido “programado” para no abrigar sospechas ni dudas, y para limitarte a confiar en lo que tu tradición, tu cultura, tu sociedad y tu religión te dicen que des por sentado. Y si no eres feliz, ya has sido adiestrado para culparte a ti de ello, no a tu “programación” ni a tus ideas y creencias culturalmente heredadas. Pero lo que empeora aún más las cosas es el hecho de que la mayoría de las personas han sufrido tal lavado de cerebro que ni siquiera se dan cuenta de lo infelices que son…: como el hombre que sueña y no tiene ni idea de que está soñando.

¿Cuáles son esas falsas creencias que te apartan de la felicidad? Veamos algunas.

 “No puedes ser feliz sin las cosas a las que estás apegado y que tanto estimas

Falso. No hay un solo momento en tu vida en el que no tengas cuanto necesitas para ser feliz. Piensa en ello durante un minuto… La razón por la que eres infeliz es porque no dejas de pensar en lo que no tienes, en lugar de pensar más bien en lo que tienes en este momento.

La felicidad es cosa del futuro

No es cierto. Tú eres feliz aquí y ahora; pero no lo sabes.

Porque tus falsas creencias y tu manera deformada de percibir las cosas te han llenado de miedos, de preocupaciones, de ataduras, de conflictos, de culpabilidades y de una serie de “juegos” que has sido “programado” para jugar. Si lograras ver a través de toda esa maraña, comprobarías que eres feliz… y no lo sabes.

 “La felicidad te sobrevendrá cuando logres cambiar la situación en que te encuentras y a las personas que te rodean

Otra falsa creencia: Tampoco es cierto. Estás derrochando estúpidamente un montón de energías tratando de cambiar el mundo. Si tu vocación en la vida es la de cambiar el mundo: ¡adelante, cámbialo!; pero no abrigues la ilusión de que así lograrás ser feliz. Lo que te hace feliz o desdichado no es el mundo ni las personas que te rodean, sino los pensamientos que albergas en tu mente.

Tan absurdo es buscar la felicidad en el mundo exterior a uno mismo como buscar un nido de águilas en el fondo del mar. Por eso, si lo que buscas es la felicidad, ya puedes dejar de malgastar tus energías tratando de remediar tu calvicie, o de conseguir una figura atractiva, o de cambiar de casa, de trabajo, de comunidad, de forma de vivir o incluso de personalidad.

¿No te das cuenta de que podrías cambiar todo eso, tener la mejor de las apariencias, la más encantadora personalidad, vivir en el lugar más hermoso del mundo… y, a pesar de ello, seguir siendo infeliz?

En el fondo, tú sabes que esto es cierto; sin embargo, te empeñas en derrochar esfuerzos y energías tratando de obtener lo que sabes muy bien que no puede hacerte feliz.

 “Si se realizan todos tus deseos, serás feliz

Otra falsa creencia más: También esto es absolutamente falso. De hecho, son precisamente esos deseos los que te hacen vivir tenso, frustrado, nervioso, inseguro y lleno de miedos.

Haz una lista

Haz una lista de todos tus apegos y deseos, y a cada uno de ellos dile estas palabras: “En el fondo de mi corazón, sé que aunque te obtenga no alcanzaré la felicidad“. Reflexiona sobre la verdad que encierran estas palabras. Lo más que puede proporcionarte el cumplimiento de un deseo es un instante de placer y de emoción. Y no hay que confundir eso con la felicidad.

¿Qué es entonces la felicidad?

¿Qué es entonces, la felicidad? Muy pocas personas lo saben, y nadie puede decírtelo, porque la felicidad no puede ser descrita. ¿Acaso puedes describir lo que es la luz a una persona que no ha conocido en toda su vida más que la oscuridad? ¿O puedes quizá describir la realidad a alguien durante un sueño? Comprende tu oscuridad, y ésta se desvanecerá; entonces sabrás lo que es la luz. Comprende tu pesadilla como tal pesadilla, y ésta cesará; entonces despertarás a la realidad. Comprende tus falsas creencias, y éstas perderán fuerza; entonces conocerás el sabor de la felicidad.

Comprender nuestras falsas creencias

Si las personas desean tanto la felicidad, ¿por qué no intentan comprender sus falsas creencias? En primer lugar, porque nunca las ven como falsas, ni siquiera como creencias. De tal manera han sido “programadas” que las ven como hechos, como realidad. En segundo lugar, porque les aterra la posibilidad de perder el único mundo que conocen: el mundo de los deseos, los apegos, los miedos, las presiones sociales, las tensiones, las ambiciones, las preocupaciones, la culpabilidad…, con los instantes de placer, de consuelo y de entusiasmo que tales cosas proporcionan. Imagínate a alguien que temiera liberarse de una pesadilla, porque, a fin de cuentas, fuera ése el único mundo que conociera…: he ahí tu retrato y el de otras muchas personas.

Dedica, pues un tiempo a tratar de ver tal como son cada una de las cosas a las que te aferras: una pesadilla que, por una parte, te proporciona entusiasmo y placer y, por otra, preocupación, inseguridad, tensión, ansiedad, miedo, infelicidad…

Anthony de Mello

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Momento presente, momento maravilloso

Momento presente, momento maravilloso

Ahora me gustaría practicar el quinto guijarro. Esta es la práctica más maravillosa. El quinto guijarro puede traerles mucha alegría, mucha iluminación, mucho deleite. Esto es “Momento presente, momento maravilloso. Momento presente, momento maravilloso”.

Esta es una enseñanza muy profunda del Buddha. El Buddha dijo que es posible vivir felizmente aquí mismo y ahora mismo. No tenemos que ir al futuro. No tenemos que ir a otra parte para ser felices. Podemos ser felices aquí mismo y ahora mismo. No necesitan más condiciones para ser felices, ya tienen suficientes condiciones para ser felices aquí mismo y ahora mismo.

La práctica de vivir felizmente el momento presente

Si sabemos cómo ser nosotros mismos y mirar adentro y alrededor de nosotros, vemos que hemos tenido condiciones suficientes para ser felices. Esta es la práctica de vivir felizmente en el momento presente.

Cuando inhalan, sienten que están vivos. La vida es accesible para ustedes, ahora: el cielo azul, la nube blanca, la vegetación verde, los pájaros cantando. Plum Village está aquí. Muchos amigos están aquí. Su padre aun está vivo, su madre está con ustedes, su hermano está aquí, su hermana está aquí. Tienen pies fuertes. Pueden correr. Tienen ojos que pueden ayudarlos a ver todo. Hay muchas condiciones para su felicidad, no necesitan nada más, pueden ser felices ahora mismo. Dejen de correr. Esta es la práctica. Porque hay gente que corre toda su vida; ellos corren porque creen que la felicidad no es posible en el aquí y el ahora.

Así que esta es una enseñanza maravillosa del Buddha. Inhalan y dicen “Momento presente”. Esto significa “me establezco en el momento presente. No necesito correr más”. Esta es la práctica de samatha, detener. Detener el correr. Estoy maravillosamente así en mi posición de sentado o en mi posición de caminar o incluso en mi posición acostado. Es tan maravilloso que no necesito correr más. Detener. Momento presente, momento maravilloso. Es maravilloso que estén vivos.

El milagro de estar vivos

Estar vivos, esto es un milagro. Imaginen a una persona que ya está muerta. Puede que no hayan visto a una persona muerta pero habrán visto a un pájaro muerto, un animal muerto. No importa lo que hagan, el animal no puede volver a la vida. Cualquier cosa que digan, cualquier cosa que hagan, el animal no puede escuchar, oír. Una persona muerta también es así. Yace en la cama y no importa lo que hagan, no pueden revivirla. No pueden volverla a la vida nuevamente. Lloran, golpean su pecho, tiran de su cabello.

Pero esa persona ya está muerta. Entonces, cuando se miran a ustedes mismos, ven que aun están vivos. Ven que la persona que aman aun está viva. Esto es maravilloso. Deben despertar a este hecho. La enseñanza del Buddha es la enseñanza del despertar, despertar a ver todas estas cosas maravillosas aun están disponibles. Entonces dejan de correr, se establecen en el momento presente. “Inhalando, estoy en el aquí y en el ahora. Momento presente. Exhalando, siento que este es un momento maravilloso, maravilloso”.

La vida sólo está disponible en el momento presente

El Buddha dijo que la vida está disponible sólo en el momento presente. El pasado se ha ido, el futuro aun no llegó, tienen sólo un momento para estar vivos. Ese es el momento presente. Tan simple y tan profundo. Tienen una cita con la vida. No deberían perder esa cita. La vida es lo más precioso. Deben conocerla, deben estar con ella. Y ustedes saben algo, la vida solo está disponible en el aquí y el ahora, en el momento presente. Así que no pierdan su cita con la vida. No pierdan el momento presente. Esta es la razón por la cual la quinta práctica es maravillosa. Si practican así, tienen mucha alegría ya sea que estén en su almohadón o en su cama o en la posición de meditación caminando. “Momento presente, momento maravilloso”.

Thich Nhat Hanh

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¿Deseas enfrentarte y vencer las resistencias que te están impidiendo colocar el amor en el centro de tu Vida? ¿Quieres poner todo tu Ser a trabajar a favor de tí y de tus sueños? Podemos ayudarte. Hoy es un día perfecto para empezar. Te acompañamos en ese camino apasionante.

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¿Qué quiero realmente?

Cuando llegas a reconocer que no te han satisfecho todos los caminos recorridos en tu búsqueda de la plenitud, surge de manera natural la pregunta siguiente:

Bien; entonces, ¿qué es lo que realmente quiero? Si todas las vías que he probado en la búsqueda de mi felicidad no me han satisfecho, una vez que todo está ya dicho y hecho, ¿qué es lo que final y verdaderamente quiero?”.

Un privilegio

El Occidente, la mayoría vivimos unas vidas extraordinariamente privilegiadas. Proporcionalmente, son pocos los que han de preocuparse de dónde conseguir su próxima comida; o de si tendrán lugar para dormir esta noche. Para la mayor parte no existe un riesgo inminente. La vida que llevamos nos permite dejar a un lado nuestros hábitos mentales y estrategias de protección, y reflexionar sobre qué está presente cuando la mente no está ocupada en protegerse. En este momento las preocupaciones con respecto al futuro no tienen razón de ser.

Es evidente que todos, incluso los más privilegiados, experimentamos algún grado de sufrimiento. Pero si miras al resto del planeta, verás a miles de millones de seres humanos que están soportando grandes sufrimientos y que viven muy limitados por ellos. En cambio, nosotros tenemos el privilegio de disponer del tiempo, el espacio y la oportunidad de cuestionar las premisas más básicas de la vida humana. Somos libres de examinar nuestras vidas y de plantearnos las preguntas más profundas:

Preguntas profundas

¿En qué consiste la vida?

¿Para qué la estoy usando?

¿Cómo paso el tiempo?

¿Dónde está mi atención?

¿Estoy viviendo una vida plena de sentido?

¿Soy feliz?

¿Cuáles son los anhelos de mi alma y de mi corazón?

¿Siento anhelo de paz y libertad?

La mayoría de nosotros tenemos la oportunidad de pararnos a reflexionar sobre las preguntas más profundas, aquéllas para las que no hallamos respuesta.

Descubrir lo que uno quiere

En mi experiencia de hablar con la gente, me he dado cuenta de que descubrir lo que uno realmente quiere puede abrir la puerta a la realización de la verdadera libertad. Puede haber una respuesta inmediata a esa pregunta, como “lo que más deseo es una vida mejor”, “lo que realmente quiero es ser feliz en todo momento”, o “lo que realmente anhelo es mi media naranja”.

Ante cualquier respuesta que surja, resulta muy útil preguntarse seguidamente: “¿Qué es lo que eso me aportará?”. Si tienes la pareja del alma, la pareja perfecta, ¿qué es lo que te aportará? Una vida feliz, ¿qué te aportará? Si la respuesta es: “Entonces me sentiré en paz, entonces podré descansar”, la verdad es que eso ya es posible ahora, en este mismo instante. La paz y el descanso no tienen nada que ver con tener una pareja. La paz, el descanso y la plenitud que has estado buscando fuera, por intensos y sublimes que sean, en realidad están aquí y ahora.

Si en este momento pudieras descartar los referentes externos con respecto a lo que aporta paz, reconocerías que ésta ya está aquí, independientemente de cualquier circunstancia interna o externa. En este reconocimiento puedes investigar más detenidamente para ver si hay alguna separación entre la paz que siempre está presente y quién tú eres. ¿Cuál es la frontera entre quien realmente eres y la paz?

¿Qué quiero realmente?

Lo que surge en un momento de realización perfecta es lo que siempre ha estado presente, y esto suele provocar en nosotros una gran alegría. Esas que has estado buscando desesperadamente, furiosamente, incesantemente, y con gran frustración siempre ha estado presente, ¡exactamente dónde estás! Está presente ahora, en ti, y puede revelarse como tu propio ser.

¿Qué quieres ser realmente? Te invito a que, ahora mismo, te tomes el tiempo necesario para responder a esta pregunta. Pregúntate repetida y directamente:

¿Qué quiero realmente?

Deja que las respuestas fluyan libremente, surgiendo del inconsciente sin esfuerzo ni censura. No hay respuestas correctas. Considera estas preguntas como un juego, un juego que puede hacer aflorar las creencias y conceptos que siguen enterrados en tu subconsciente.

Indaga en tu interior

A medida que indagues en tu interior, déjate traspasar por las sensaciones, emociones y comprensiones que surjan. Si has descubierto que lo que quieres finalmente es paz, felicidad, amor o iluminación, ahora tienes la oportunidad de ver dónde los has estado buscando. Puedes investigar todavía más preguntándote:

¿Dónde he buscado lo que quería?

¿Qué actividades he llevado a cabo para conseguir lo que quería?

¿Dónde creo que acabaré encontrándolo?

¿Qué creo que me impide tenerlo ahora mismo?

¿Están la paz, la felicidad, el amor y la plenitud condicionados por alguna circunstancia externa, o ya están vivos dentro de ti?

Gangaji

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