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Me doy permiso

I

Me doy permiso para separarme de personas que me traten con brusquedad, presiones o violencia. No acepto ni la brusquedad ni mucho menos la violencia aunque vengan de mis padres o de mi marido, o mujer. Ni de mis hijos, ni de mi jefe, ni de nadie. Las personas bruscas o violentas quedan ya, desde este mismo momento fuera de mi vida.

Soy un ser humano que trata con consideración y respeto a los demás. Merezco también consideración y respeto.

II

Me doy permiso para no obligarme a ser “el alma de la fiesta”, el que pone el entusiasmo en las situaciones, ni ser la persona que pone el calor humano en el hogar, la que está dispuesta al diálogo para resolver conflictos cuando los demás ni siquiera lo intentan. No he nacido para entretener y dar energía a los demás a costa de agotarme yo: no he nacido para estimularles con tal de que continúen a mi lado.

Mi propia existencia, mi ser; ya es valioso. Si quieren continuar a mi lado deben aprender a valorarme. Mi presencia ya es suficiente: no he de agotarme haciendo más.

III

Me doy permiso para no hundirme las espaldas con cargas ajenas
Me doy permiso para dejar que se desvanezcan los miedos que me infundieron mis padres y las personas que me educaron. El mundo no es sólo hostilidad, engaño o agresión: hay también mucha belleza y alegría inexplorada….
Más vale lo bueno que ya he ido conociendo y lo mejor que aún está por conocer…

IV

Me doy permiso para no agotarme intentando ser una persona excelente. No soy perfecto, nadie es perfecto y la perfección es oprimente. Me permito rechazar las ideas que me inculcaron en la infancia intentando que me amoldara a los esquemas ajenos, intentando obligarme a ser perfecto: una mujer sin fisuras, rígidamente irreprochable. Es decir: inhumana.

Asumo plenamente mi derecho a defenderme, a rechazar la hostilidad ajena, a no ser tan correcto como quieren; y asumo mi derecho a ponerles límites y barreras a algunas personas sin sentirme culpable. No he nacido para ser la víctima de nadie.

V

Me doy permiso para no estar esperando alabanzas.. Soy yo quien me valoro…

Al contrario de lo que me enseñaron en la infancia, la vida es una experiencia de abundancia. Empiezo por reconocer mis valores, Y el resto vendrá solo. No espero de fuera.

Me doy permiso para no estar al día en muchas cuestiones de la vida……

Y me doy permiso para saborear las cosas de la vida que mi cuerpo y mi mente pueden asimilar con un ritmo tranquilo. Decido profundizar en todo cuanto ya tengo y soy. Con lo que soy es más que suficiente. Y aún sobra.

VI

Me doy permiso para ser inmune a los elogios o alabanzas desmesurados: las personas que se exceden en consideración resultan abrumadoras. Y dan tanto porque quieren recibir mucho más a cambio. Prefiero las relaciones menos densas.

Me permito un vivir con levedad, sin cargas ni demandas excesivas. No entro en su juego.

VII

Me doy el permiso más importante de todos: el de ser auténtica. No me impongo soportar situaciones y convenciones sociales que agotan, que me disgustan o que no deseo. No me esfuerzo por complacer. Si intentan presionarme para que haga lo que mi cuerpo y mi mente no quieren hacer, me afirmo tranquila y firmemente diciendo que no. Es sencillo y liberador acostumbrarse a decir “no”.

Elijo lo que me da salud y vitalidad. Me hago más fuerte y más serena cuando mis decisiones las expreso como forma de decir lo que yo quiero o no quiero, y no como forma de despreciar las elecciones de otros. No me justificaré: si estoy alegre, lo estoy; si estoy menos alegre, lo estoy; si un día señalado del calendario es socialmente obligatorio sentirse feliz, yo estaré como estaré.

VIII

Me permito estar tal como me sienta bien conmigo mismo y no como me ordenan las costumbres y los que me rodean: lo “normal” y lo “anormal” en mis estados emocionales lo establezco yo.

Alexandra ~ Allyoga – Publicado por Inmaculada García en el grupo de WhatsApp de EVOLUCION.CENTER

Autoestima y humildad

Recuperar la autoestima

«La humildad no es autoestima», dijo el Maestro. «La humildad proviene de la convicción de que lo único que consigue uno con su esfuerzo es cambiar su conducta, no a sí mismo».

«¿Quieres decir que el verdadero cambio no requiere esfuerzo?».

«Exacto», dijo el Maestro.

«¿Y cómo se produce?»

«Siendo consciente», dijo el Maestro.

«¿Y qué hay que hacer para ser consciente?»

«¿Qué hay que hacer para despertar cuando uno está dormido?», dijo el Maestro.

«¿De manera que no hay bien alguno del que pueda uno enorgullecerse…?»

En respuesta, el Maestro refirió una conversación que había oído al azar:

«¡Qué voz tiene nuestro Maestro…! ¡Qué divinamente canta…!»

«¡Bueno…! También yo cantaría igual si tuviera su voz».

Anthony de Mello

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La senda de la autorealización

Autorealización

El esfuerzo se activa en cuanto la motivación es intensa. A cada paso la libertad interior está más cerca. Van sobreviniendo destellos de claridad y sosiego, percepciones de orden superior que nos enriquecen, comprensiones profundas que son como un primoroso bálsamo para el espíritu.

Larga es la senda de la autorrealización… y tortuosa. Pero en la senda hacia el sosiego inefable, la mente va purificándose.

Destellos de claridad y sosiego

Se libera de apego, odio, ofuscación, dependencias y servidumbres; gana desasimiento, compasión, claridad y emancipación.

Poco a poco la mente se torna más libre y aprende a no depender tanto de los objetos del exterior o de los propios contenidos mentales; se va liberando del aferramiento y de la aversión y va superando muchas dependencias de todo tipo.

Surge una clase de satisfacción y de alegría que no depende tanto de las circunstancias o eventos externos, sino que encuentra su fuente en la propia interioridad y en el sentimiento de fecunda integración.

Los factores de liberación mental van acudiendo en auxilio del buscador, factores como la ecuanimidad, la energía, el contento interno o gozo, la claridad y otros.

Lo agradable no va despertando tanto deseo y servidumbre; lo desagradable no suscita tanta aversión y sufrimiento.

El ego comienza a no sobredimensionarse y ocupa su justa posición, con lo que cede el sentido personalista del «hacedor» y el afán de posesividad, la arrogancia y la codicia.

Se va despertando la aletargada dicha enraizada en uno mismo y la vida se enfoca de otra manera (no sólo como una frenética carrera hacia fuera, en busca de fama, prestigio, consideración o progreso externo).

Al haber menos deseos compulsivos y aversiones, la agitación mental comienza a ceder. Los obstáculos en el camino se van salvando, aunque aparecen aparentes retrocesos. La paciencia es una buena consejera.

Ramiro Calle

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Dejar de ser víctima

Dejar de ser víctima

Independientemente de lo que el mundo refleje, tanto si las circunstancias son favorables como si son terroríficas, si internamente te cuentas una historia en la que eres la víctima, sufrirás.

Es muy simple. Si estás completamente seguro de no estar contándote una historia en la que eres la víctima y, sin embargo, sigues sufriendo, cabe la posibilidad de que estés mintiéndote. Estás siguiendo el hilo argumental de alguna antigua historia acerca de cómo te hicieron daño.

Tanto si la historia dice que Dios, tus padres o las circunstancias te han hecho daño, o que tú mismo te has hecho daño, tú eres la víctima en esa historia. Incluso los agresores más violentos, cuando se debilita su primera capa de agresividad, aducen una historia de haber sido dañados en algún momento pasado. Toda reacción violenta alimentada por la ira o la venganza conlleva siempre una historia de victimización.

Ver cómo se despliega esta historia de la víctima en tu propia vida es dar un paso importante hacia la verdadera libertad. Cuando realmente la ves, también ves que tienes que recrearla cada vez. Puede que surja en tu mente por la inercia adquirida, pero volver a representarla exige energía, atención, fe, emoción, así como algún tipo de disfrute masoquista del dolor. ¡Sí, reconocerlo es una conmoción! Comprobar que esto está operando en tu propia mente puede dejarte muy turbado.

Estar dispuesto a ver

Estar dispuesto a ver la realidad de uno mismo, estar dispuesto a ser libre, conlleva estar dispuesto a dejar de ser una víctima…, independientemente del dolor, de las circunstancias o de las acciones de otros. Dejar de ser una víctima no implica trivializar los horrores de tu vida, negarlos, edulcorarlos ni reprimirlos. Significa que puedes afrontar plenamente cualquier cosa que surja. No tienes que esconderte, que correr, que justificarte, que llorar, que maldecir ni que lamentarte. Simplemente puedes afrontar la vida tal como es.

¿Estás dispuesto a sacudirte tu historia de víctima? ¿Estás dispuesto a que esos horribles agresores se queden sin castigo? En cierto momento, tienes que estar dispuesto a cortar. Sí, ha habido un sufrimiento terrible, y tú has estado en ambos extremos de él. Lo has perpetuado, y lo has experimentado. ¿Estás dispuesto a concluirlo? Eres libre de sufrir y eres libre de dejar de sufrir. Nadie sino tú puede pararlo. Ahí es donde reside la libertad.

La libertad consciente es la libertad de afrontar el sufrimiento conscientemente, y después elegir conscientemente dejarlo ir. El aprisionamiento consiste en no ser consciente de esa elección. Puedes elegir ser libre o puedes elegir sufrir. Depende de ti.

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La práctica del deseo

Deseo y sufrimiento

En una ocasión alguien compartió conmigo este descubrimiento tan simple y a la vez tan profundo: «Si practico el deseo, sufro». ¿Podría haber algo más simple? Esta enseñanza surgió de la experiencia directa de aquella persona.

Ciertos deseos, como es lógico, son totalmente inocuos. Si tienes deseo de descansar, descansa, y lo mismo vale para comer, hablar, caminar o leer. Pero si tienes el deseo de comer, descansar, hablar, hacer el amor, ser poderoso o iluminarte, y estos deseos son neuróticos y producen dolor, date cuenta de que tienes la oportunidad de parar. Tienes que estar dispuesto a pararte justo en medio del deseo y arder en su fuego sin hacer nada por satisfacerlo.

Parar

Puedes tener justificaciones muy elaboradas respecto a por qué es perfectamente adecuado actuar a partir de ese deseo —esta vez, una vez, una última vez— y puedes también, en medio de esas justificaciones, parar. Si no te ofreces una salida, se produce una especie de crucifixión en la que surge una resolución interna que dice: «Aunque esto me mate, en este momento no me voy a mover». El no moverse ofrece la posibilidad de descubrir la paz de la rendición, de la resurrección, de la redención. Este descubrimiento permite que la atadura del deseo o del hábito adictivo se debilite de manera natural. En este momento es posible cortar totalmente la adicción, o al menos hacer que pierda fuerza. Así, en la siguiente ocasión en que surge el impulso, sabes que tienes una opción. Sabes que no estás dominado por tus impulsos, por más intensos que sean.

Obsérvate

Si actualmente te entregas a satisfacer tus deseos —y la mayoría de la gente lo hace en cierta medida—, has de saber que tienes otra manera de aproximarte a ellos: observar conscientemente cómo estás implicado en cada uno de ellos, y después decir la verdad. La conciencia te permite observar cómo tu mente cede a la adicción y descubrir conscientemente tu verdadera relación con ella. Al menos no volverás a caer en las mismas justificaciones de antes.

Permítete experimentar plenamente tu emoción ante un objeto de deseo. Aunque sepas intelectualmente que te va a llevar por el mismo camino de siempre, es posible que nunca hayas reconocido consciente y completamente tu apego a él. Hay energía en ese apego compulsivo. La pura fuerza del deseo puede producirte un temblor celular. Estate dispuesto a experimentar la totalidad de esa fuerza sin insensibilizarte ni disociarte.

Experimenta la quemazón de estar despierto y consciente en una hoguera de deseo.

La realización de un deseo requiere esfuerzo. Hace falta que imagines y pienses en lo que quieres o en lo que has perdido. Tienes que comparar el momento presente con algún momento idealizado del pasado o del futuro. Has de intentar agarrarte a algo, o bien a evitar algo. Es una práctica. ¿Es tu práctica? ¿A qué práctica estás dedicando tu vida? Si pones en práctica el deseo, sufres. Comprueba por ti mismo si cuando sufres estás poniendo en práctica el deseo.

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¿Deseas limpiar de tu alma las sensaciones de culpa y preocupación? ¿Necesitas aprender las lecciones del pasado y  establecer nuevos retos y objetivos? Si de una vez por todas has decido poner todo tu Ser a favor de tí y de tus sueños, podemos ayudarte. Hoy es un día perfecto para empezar. Te acompañamos en ese camino apasionante.

Nuestro equipo

¿Cuál es tu historia?

¿Cuál es tu historia?

¿Te cuentas historias? ¿Son historias sobre lo que tienes o no tienes, lo que necesitas o no necesitas? ¿Sobre tu libertad, tu aprisionamiento, tus carencias, tu riqueza, tus penas, tus alegrías? ¿Son historias sobre quién eres, sobre quiénes son los demás? ¿Son historias sobre lo que tiene que cambiar, sobre lo que tiene que seguir igual, sobre lo que está bien y lo que está mal? ¿Estás dispuesto a dejar de contar tu historia personal? ¿Estás dispuesto a decir la verdad respecto a si estás dispuesto o no?

Cualquier cosa que te cuentes a ti mismo, por más terrible o grandiosa que sea, es una historia. Y como historia, como destilación de experiencia, puede ser una verdad relativa, pero no es la verdad final. Las historias aparecen, cambian y desaparecen. Tanto tu historia es sobre lo bueno o lo malo que eres, aparece y desaparece. La verdad final no tiene nada que ver con las emociones, la bioquímica o los cambios de circunstancias. Es inmutable e incondicional.

Dejar de contar

Puedes dejar de contar tu historia en menos de un instante. Aunque sea una buena historia, deja de ceder a tus ganas de contarla y podrás experimentar inmediatamente la verdad. No puedes experimentar la verdad si sigues contando tu historia, y no puedes seguir contando tu historia si estás experimentando la verdad. Parece obvio, ¿no es cierto? Deja de contar tu historia ahora mismo. No después, cuando la historia mejore o empeore, sino ahora mismo.

Si dejas de contar su historia ahora mismo, dejas de posponer la realización de la verdad que está más allá de cualquier historia. Todo esfuerzo, toda dificultad y todo sufrimiento continuado están contenidos en la resistencia a soltar. Ésta es alimentada por la esperanza de que la historia te dará lo que anhelas, la esperanza de que si puedes arreglar la historia, hacer los cambios necesarios, conseguirás lo que quieres.

Cuando dejas de contar tu historia sobre mí, él, ella, ellos o nosotros, puedes conocer, en menos de un instante, las verdaderas profundidades de lo que significa ser quien eres. Entonces, cualquier historia que aparezca o desaparezca no tocará tu identidad.

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Origen de la culpa

Los orígenes de la culpa son dos procesos que aprendiste y que ahora forman parte de tu mecanismo emotivo. El primero es la culpabilidad que aprendiste a muy temprana edad, que queda como un residuo infantil en tu personalidad adulta. El segundo es la culpa que te autoimpones siendo adulto después de infringir tu código moral.

La culpa residual

Esta culpa es la reacción emocional que arrastras contigo desde sus memorias infantiles. Los productores de culpa son numerosos, y si funcionan en el caso de los niños, la gente sigue cargando con ellos en su edad adulta.

Algunos de estos residuos implican amonestaciones como las siguientes: “Papá no te va a querer si haces eso otra vez”. “Deberías sentirte avergonzado por lo que has hecho”, (como si eso te fuera a ayudar). “Bueno, muy bien, a fin de cuentas, yo sólo soy tu madre”.

Cuando ya eres una persona adulta, las implicaciones de este tipo de frases pueden seguir vigentes cuando desagradas a tu jefe, o a otras personas que sirven como imágenes paternales y maternales. El intento persistente de lograr el apoyo de estas figuras sigue presente y, en consecuencia, lo mismo sucede con el sentimiento de culpa cuando tus esfuerzos fracasan.

La culpa residual también aflora en el sexo y en el matrimonio. Es fácil verlo en tus múltiples remordimientos y en las excusas por comportamientos pasados. Estas reacciones de culpa se producen porque en tu infancia aprendiste a ser manipulado por los adultos, y estas mismas reacciones pueden seguir funcionando en el hombre / mujer que ha dejado de ser niño para convertirse en adulto.

Culpa autoimpuesta

Esta segunda categoría de reacción culpable cubre una zona mucho más molesta. Aquí te sientes inmovilizado por cosas que has hecho recientemente, pero que no tienen necesariamente que estar conectadas con algo que pasó en tu infancia.

Es la culpabilidad impuesta por ti mismo cuando infringes una norma adulta o un código moral adulto. Puedes sentirte mal durante mucho tiempo, aunque el dolor nada puede hacer para cambiar lo que ha sucedido.

Entre las culpas autoimpuestas más típicas está la de haber reñido con alguien y luego detestarse por haberlo hecho; o el sentirse emocionalmente nulo debido a algo indebido que has dicho o hecho.

De este modo, puedes considerar la culpa como una reacción a normas que te fueron impuestas, y por las que aún estás tratando de complacer a alguna figura de autoridad ausente. O como resultado de tus esfuerzos por vivir a la altura de normas autoimpuestas que realmente no te convencen, pero que sientes que debes obedecer.

Comportamiento inútil

En ambos casos, se trata de un comportamiento estúpido y, lo que es más importante, inútil. Puedes seguir lamentándote hasta el fin de tus días, pensando en lo malo que has sido, y lo culpable que te sientes, y ni la más pequeña tajada de culpa podrá hacer algo para rectificar ese comportamiento.

¡Se acabó! Tu culpabilidad es una tentativa de cambiar la historia, de desear que las cosas no hubieran sido como fueron. Pero la historia fue así, y tú no puedes hacer nada al respecto.

Disfrutar del placer sin sentirte culpable

En nuestra cultura hay muchas venas de pensamiento puritano que nos envían mensajes de este calibre: “Si te diviertes, tendrías que sentirte culpable por ello”. Muchas de tus propias reacciones de culpa autoimpuestas podrían encontrar su origen en este tipo de pensamiento.

Quizás has aprendido a que no debes satisfacer tus gustos, o que no debes disfrutar de un chiste verde, o que no debes participar en cierto tipo de comportamientos sexuales. Si bien los mensajes represores son muy comunes en nuestra cultura, la culpa que sientes cuando te estás divirtiendo es puramente autoimpuesta.

Puedes aprender a disfrutar del placer sin sentirte culpable. Puedes aprender a verte a ti mismo como una persona que es capaz de hacer cualquier cosa integrada en su propio sistema de valores sin perjudicar a los demás. Y hacerlo sin sentir culpa.

Lo que sí puedes hacer

Lo que sí puedes hacer es empezar a cambiar tu actitud respecto a las cosas que te producen culpa.

Si haces algo y te disgustas contigo mismo después de hacerlo, puedes proponerte evitar ese comportamiento en el futuro. Pero soportar una sentencia de culpa autoimpuesta es un “viaje” neurótico innecesario.

La culpabilidad no sirve de ayuda para nada. Por el contrario, no sólo sirve para inmovilizarte sino que aumenta las posibilidades de que repitas el mismo comportamiento indeseado en el futuro.

La culpa puede servir de retribución en sí misma, y también de permiso para repetir el mismo comportamiento. Mientras sigas inmerso en la culpabilidad podrás seguir así, indefinidamente, sin lograr nada, a no ser la infelicidad del momento presente.

Aprender del pasado no es sentirte culpable

La culpa no es sólo una preocupación por el pasado. Es la inmovilización del momento presente por un suceso del pasado. Y el grado de inmovilización puede abarcar desde una pequeña incomodidad hasta una severa depresión.

Si simplemente estás aprendiendo lecciones de tu pasado, y prometiéndote evitar la repetición de algún comportamiento específico, eso no se llama culpa. Experimentas culpabilidad sólo cuando este sentimiento te impide actuar ahora porque antes te comportaste de una cierta manera.

Aprender de tus equivocaciones es una parte sana y necesaria de tu crecimiento y desarrollo. La culpabilidad es malsana porque gastas inútilmente tu energía en el presente, sintiéndote molesto y deprimido a causa de un acontecimiento ya histórico. Y eso es tan inútil como malsano.

No hay culpabilidad por grande que sea, que pueda resolver un solo problema.

Wayne W. Dyer

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Cambio

La vida es así

Muchas veces me pregunto: “Cómo es que todo cambia?” Y sólo encuentro una respuesta: la vida es así. Nada, en absoluto, posee el menor carácter duradero. Buda dijo:

Esta existencia nuestra es tan efímera como las nubes de otoño. Observad el nacimiento y la muerte de los seres es como contemplar los movimientos de un baile. la vida entera es como un relámpago en el cielo, se precipita a su fin como un torrente por una empinada montaña.

Impermanencia

Una de las principales razones por las que tanto nos cuesta y tanta angustia nos produce afrontar la muerte es que ignoramos la verdad de la impermanencia. Deseamos que todo siga tal y como está de una manera tan desesperada que necesitamos persuadirnos de que las cosas no cambiarán jamás. Pero eso sólo es una quimera. Y, como experimentamos muy amenudo, lo que creemos tiene poco que ver con la realidad. Esa ficción, con sus ideas, suposiciones e informaciones erróneas es el endeble cimiento sobre el cual edificamos nuestra vida.

A nuestros ojos, los cambios siempre equivalen a pérdida y sufrimiento. Y, cuando se producen, procuramos anestesiarnos cuanto más mejor. Nos obstinamos en creer, terca e incuestionablemente, que la permanencia proporciona seguridad y la impermanencia no. Pero, de hecho, la impermanencia se parece a algunas personas que se cruzan en nuestra vida: difíciles e inquietantes al principio, pero que, una vez nos hemos familiarizado con ellas, resultan mucho más amigables y menos irritantes de lo que uno hubiera podido imaginar.

No des nada por sentado

Reflexionad sobre esto: la comprensión de la impermanencia es, paradógicamente, la única cosa a la que podemos aferrarnos, quizás nuestra única posesión verdadera. No importa lo mucho que todo cambie o se venga abajo alrededor de nosotros, ellos siguen ahí. Supongamos que atravesamos una crisis emocional demoledora; toda nuestra vida parece desintegrarse; nuestra pareja nos abandona de pronto, sin previo aviso… La Tierra sigue ahí, el cielo sigue ahí. Naturalmente, incluso la Tierra tiembla de vez en cuando, simplemente para recordarnos que no podemos dar nada por sentado.

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Decir no

Ejercicio de fantasía

Piensa en una persona conocida y date cuenta de las veces que le has exigido comportarse de determinada manera, y pídele perdón por haber querido cambiarla. Habla con ella con sinceridad, sin miedos. Puedes decirle algo así: “Tú haz tu propia vida. Yo no voy a enfadarme porque obres de una manera distinta a como yo lo haría. Entiendo que eres libre de hacerlo, pero eso no quiere decir que no voy a protegerme de las consecuencias de tus actos. Yo me protegeré cuando lo crea necesario, pero no voy a protegerte a ti de ti mismo”.

Decir no

La persona libre es la que es capaz de decir sí o no con la misma sencillez en cualquier circunstancia. Si a veces dices sí por no desilusinar a la gente, eso no es amor, es cobardía. Un gran ejercicio de amor es saber decir no.

Cuando alguien te pide algo insistentemente, como si le fuese la vida en ello, y tú no ves lo positivo de que accedas, sé capaz de decir sencillamente, y todo lo enérgicamente que sea necesario, que tú no sueles hacer regalos ni concesiones a las personas si no tienes claros los medios ni los motivos psicológicos para hacerlos. Porque, si no, te vas a quedar resentido de su imposición, y él va a ser una víctima de ese resentimiento que provoca y, además, estarás retrasando su crecimiento y su autonomía como persona.

Miedo y cobardía

Ser disponible, estar abierto, no es eso. Eso es miedo a perder la imagen y cobardía ante la verdad, porque decir la verdad es, a veces, difícil. No quieres darle un remedio, pero quieres que se cure y, en cambio, no aguantas que se porte así. ¡Cobarde, egoísta, hipócrita!, ¿qué hay de bueno en tu actitud? Si hubieras estado completamente libre del sentido de culpabilidad, le hubieras dicho sencillamente que no. El egoísmo es exigir que el otro haga lo que tú quieras. El dejar que cada uno haga lo que quiera es amor.

Sin exigencias ni chantajes

En el amor no puede haber no exigencias ni chantajes. Se cuenta que un árabe fue a visitar a un gran maestro y le dijo:

– Tan grande es la confianza que tengo en Alá que, al venir aquí, no he atado el camello.

Y el gran maestro le contestó:

– ¡Ve a atar el camello, idiota, que Dios no se ocupa de lo que tú puedes hacer!

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Por qué nosotros

 

 

 

Mi madre

Mi madre

Dicen que cuando nací, mi madre me enseñó tiernamente a alimentarme de su seno; y que cada noche, sentada cerca de mi cuna, velando mi sueño me enseñó a dormir.

Sonriendo puso su boca en la mía y me enseñó a abrir esta yema.

Cogió mi mano y me hizo poner un pie delante del otro hasta que me enseñó a caminar.

Un sonido, luego dos, me puso las palabras en la boca y me enseñó a hablar.

Por esta razón mi vida forma parte de su vida; mientras ella viva, ella será para mí algo muy querido y valioso.

Idadj Mirza

Nuestro pequeño homenaje a todas las madres del mundo, que nos han dado lo más preciado que tenemos, la Vida.

Para ti y para todas las madres, nuestro agradecimiento por tanto, tantísimo amor.

 

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Concédete tus deseos

Concédete tus deseos

La mayoría de las personas no descubren qué es más importante en la vida hasta que son demasiado mayores… entonces se lamentan de los años, los meses, las semanas, los días… dedicados a objetivos que al final importan poco.

¿Qué objetivos son realmente importantes para tí?

¿Qué deseas con todas tus fuerzas?

A pesar del empeño de nuestra sociedad de consumo porque llenemos nuestras vida de objetos materiales y sofisticados servicios, tal vez si te paras a reflexionar descubras que los placeres más simples son los que te enriquecen y te llenan.

Hay todo un mundo de placeres sencillos a tu alrededor a la espera de ser descubiertos y valorados. Y hay muchos deseos en tu interior más profundo a la espera de que les des la oportunidad de hacerse realidad en tu vida.

¿Recuerdas cuando eras pequeño y querías crecer para hacer todo lo que te daba la gana, cuando te diera la gana?

¿Qué tal te va con eso?

Después de 10 minutos de relajación, haré una lista de mis deseos.

Estos son mis deseos

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Y después de escribirlos, los colocaré en un lugar bien visible, y pondré todos mis recursos para hacerlos realidad.

Para el hombre, el destino es como el viento para un velero.

El que lleva el timón no puede decidir de dónde sopla el viento, ni con qué fuerza, pero puede orientar su propia vela.

Y esto, en ocasiones, supone una gran diferencia.

El mismo viento que puede hacer perecer a un marinero inexperto, imprudente, o poco atento,

 llevará a otro a buen puerto.

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Agenda 2017

Agenda 2017: Elimina de tu vida aquello que te hace sentir mal

No vivimos solos ni al margen del mundo que nos rodea. Por ello es muy importante estar siempre atentos a las personas, lugares y situaciones que incorporamos en nuestra vida.

Hay personas, lugares, situaciones,  que te inspiran, te dan paz, te llenan de energía positiva.

Y los hay que “te quitan vida”.

Por eso te proponemos que desde hoy decidas muy bien con qué personas vas a relacionarte, en qué lugares vas a estar, a qué vas a dedicar tu tiempo…. en definitiva, qué vas incorporar en tu agenda, y qué vas a sacar de ella.

Tanto en tu vida personal, como en tu vida profesional, hay energías muy valiosas que sacan la mejor versión de nosotros mismos… y otras con las que sucede lo contario.

Esta Navidad hazte el regalo que tanto tiempo has estado esperando:

Una lista con 10 personas, situaciones, lugares, objetos … que te dan energía positiva… si son más, mucho mejor! Son las que vas a frecuentar de forma proactiva. Dedicarás tiempo a todas y cada una de ellas, y confeccionarás así tu nuevo ciclo anual.

Y otra lista con 10 personas, situaciones, lugares, objetos … que te dan energía negativa. Son energías que vas a eliminar de tu agenda y de tu vida. Algunas las eliminarás de un plumazo, otras tal vez te lleven más tiempo, pero más pronto que tarde, conforme tus deseos, vas a eliminarlas de tu agenda y de tu vida.

De este modo, vas a construir tu nueva agenda 2017.

Me da energía +

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Me hace sentir mal

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Lo que corrompe no es el poder, sino el miedo.

Cuando comprendemos que no podemos ser destruidos, nos liberamos del temor.

Si deseas enfrentarte y vencer las resistencias que te están impidiendo eliminar de tu Vida situaciones que de modo reiterado te hacen sentir mal, y poner todo tu Ser a trabajar a favor de tí y de tus sueños, podemos ayudarte. Hoy es un día perfecto para empezar. Te acompañamos en ese camino apasionante.

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Afronta tus miedos

Afronta tus miedos cara a cara

El miedo es una emoción básica que te acompaña desde tu nacimiento, y como el resto de emociones, te proporciona mucha información: Te avisa de peligros de los que debes protegerte, de aspectos de la consciencia que tienen que ver con la seguridad, la supervivencia y la confianza (dinero, hogar y trabajo; sentirse agusto y presente en el aquí y ahora). Y no puedes permanecer impasible ante ellos. Debes actuar: huir y escaparte del peligro, o prepararte para hacer frente a la situación amenazante (no al miedo) y superarla.

Sin embargo, sé consciente de lo siguiente: una cosa es el miedo que te pone alerta y se dispara cuando aparece un peligro real, y otra bien diferente es el miedo tóxico que te atenaza y se dispara por eventos imaginarios que no son reales, y sólo tienen la fuerza que les das en tu imaginación… es como una música de fondo que nunca deja de sonar…

Cuando la principal fuerza motivadora en tu vida es la seguridad o la superviviencia, cuando el miedo es lo que te empuja a actuar en contra de lo que realmente deseas en tu vida, haz un alto en tu camino, y reflexiona si ese miedo responde a un peligro real… o si es tan sólo un peligro imaginario.

Cuando tu consciencia esté limpia de miedos imaginarios serás capaz de sentir seguridad, de “sentirte en casa”, de experimentar solidez y firmeza en la vida del día a día, estarás presente en el aquí y ahora, podrás confiar en tus percepciones y, en general, no tendrás problemas de confianza.

Maestro, ¿qué esperas de la vida?

Lo que ocurra, – contestó

Siento miedo a…

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¿Ese miedo responde a un peligro real… o es tan sólo un peligro imaginario?

Si es un peligro real…. lo que haré para eliminar esta situación que me amenaza es…

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Si es un peligro imaginario… daré un golpe sobre la mesa cada vez que me ronde por la cabeza, y no permitiré que condicione mi vida ni un minuto más.

Elévate por encima del tiempo y del espacio, abandona el mundo,

Y sé tu mismo un mundo para ti mismo.

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Meditar es…

Meditar es…

Meditación, mindfulness, atención plena, conciencia plena o conciencia pura,  son prácticas de gran importancia en el camino hacia el despertar de nuestras facultades superiores, hacia la conexión con una verdad, una realidad, tan diferente de cuanto sabemos, de cuanto conocemos, de cuanto creemos, que todo el tiempo dudamos de ella.

Te invitamos a que te concedas diariamente un gran regalo: un tiempo especial para tí, para relajarte y prestarte toda tu atención, para sentir la vida en tu interior, para sentirte respirar y escuchar los latidos de tu corazón…

Relajarse diariamente diez minutos nos permite estar más alerta, más oxigenados, menos desgastados, reparar nuestro sistema nervioso, trabajar sin acabar en un estrés desgastante, mantener un mejor sentido del humor y renovar la energía sexual, entre otros beneficios.

Relajarse… y meditar es importante para que nuestra falsa visión de las cosas, la agitación de nuestra mente inquieta, no se empeñe en valorar y juzgar cada experiencia, y no nos sumerja nuevamente en el sueño tras algunos momentos de despertar.

Hay una sabiduría milenaria en la práctica de la meditación. Piernas asentadas en el suelo, si es posible mejor cruzadas en posición de loto, espalda recta, en una inmovilidad largo tiempo mantenida, estando alerta, atento a la postura, atento a la respiración… y sin saber cómo, de la aplicación de estas técnicas, un espíritu que se vuelve concentrado, purificado, reformado, libre de impurezas, libre de culpas, firme y sin vacilaciones.

Todos podemos practicar la relajación y la meditación. Sus beneficios son extraordinarios. Son prácticas simples y poderosas. No necesitan de costosos equipos, ni de afamados instructores. Lo único que requieren es tu determinación para ponerte a practicar. No necesitas tampoco mucho tiempo… ni desplazarte a un sitio diferente del que ahora te encuentras. Ya sabes, sientate cómodamente, con la espalda recta, las piernas apoyadas sobre el suelo, toma varias respiraciones profundas, procura permanecer inmóvil, y permanece atento a tu postura y a tu respiración, ya está. Cuando vengan pensamientos a tu mente, deja de prestarles atención, y vuelve a poner tu atención en tu postura y en tu respiración.

Si te apetece pasar un fin de semana mágico en la naturaleza, vente a una de las salidas que organizamos a la Sierra de Aracena. Disfrutarás de rutas de senderismo preciosas, y practicarás la meditación en plena naturaleza. El precio es super ajustado. Incluye el alojamiento en una casa rural con muchísimo encanto, y pensión completa vegetariana con recetas tradicionales de la sierra. En este enlace puedes consultar la programación.

https://evolucion.center/events

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Prejuicios

Yo no soy nada de lo que creo ser: mis cosas, mi cuerpo, mis sentimientos. Mi yo es indefinible porque no hay nada que lo defina. Soy tantas cosas… hombre, mujer, profesional, madre, amante, hija, hermano, amiga, jardinero, lectora… el dueño de esto o aquello, éste y ese recuerdo, aquella experiencia, ese viajero… aquél que hizo esto, o no lo hizo…

Y tú tampoco eres nada de lo que crees ser.

Cuando me encuentro con otra persona, ¿con quién me relaciono? Tengo el recuerdo de unas experiencias, de unos sentimientos, y con ellos construyo su imagen. De modo que no me relaciono con esta persona, sino con la memoria que tengo de ella. Si yo identifico a la persona con la memoria que tengo de ella, la estoy fijando a un prejuicio.

Y así funcionamos, juzgando por prejuicios.

Purifiquemos nuestra memoria. Librémosla de emociones pasadas, de prejuicios. Liberemos la memoria para recibir todo lo nuevo, para recibir a la Persona en cada momento, limpios de todo recuerdo y emoción.

Cuando te encuentro, he de dejar atrás todo pasado – tanto lo bueno como lo malo – para estar abierto a tu presente sin relacionarte con ninguna imagen, sino con la realidad de tu presente.

Cuando tu presente y mi presente se encuentran, libres de prejuicios, aparece la eternidad.

Si deseas enfrentarte y vencer los prejuicios que te están impidiendo colocar el presente en el centro de tu Vida, y poner todo tu Ser a trabajar a favor de tí y de tus sueños, podemos ayudarte. Hoy es un día perfecto para empezar. Te acompañamos en ese camino apasionante.

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