El dolor de las pseudosoluciones (I)

El dolor de las pseudosoluciones

La mayoría de mis amigos que trabajan en este camino se acercan a ciertas áreas de los problemas de su alma en donde encuentran dolor. Para entender el significado de ese dolor quisiera darles una visión general del proceso mediante el cual lo disipamos.

Origen del dolor

Primero recapitulemos. El niño sufre a causa de ciertas imperfecciones del amor y del afecto de sus padres. También sufre por no ser completamente aceptado en su individualidad particular. Con esto me refiero a la práctica común de tratar al niño como a un niño, en vez de tratarlo como a un individuo en particular. Esto te hace sufrir aunque tal vez nunca te des cuenta de ello en estos términos o con estos pensamientos. Esto puede dejar una cicatriz tan grande como la falta de amor y de cuidados. Causa tanta frustración como lo hace la falta de amor e incluso la crueldad.

La no aceptación de la individualidad tiene consecuencias

El clima general en el cual creces le afecta como un pequeño trauma constante que a menudo deja una marca mucho mayor que una fuerte experiencia traumática. Esto es la razón por la cual suele ser más fácil curar este segundo tipo de trauma. El clima constante de no aceptación de individualidad, lo mismo que la falta de amor y comprensión, provocan lo que suele llamarse una neurosis. Se acepta ese clima como un hecho, como algo dado, crees que debe ser así. Sin embargo, sufres a causa de él. La combinación de sufrir a causa de él y creer que es un hecho inalterable te condiciona para que desarrolles defensas destructivas.

Reprimimos el dolor

El dolor y la frustración originales con los cuales el niño no podía lidiar son reprimidos. Son sacados fuera de la conciencia, pero permanecen latentes en la mente inconsciente. Es entonces que se empiezan a formar las imágenes y los mecanismos de defensa. Las imágenes que creas son mecanismos de defensa. A través de sus conclusiones equivocadas buscas una manera de luchar en contra de las influencias incómodas que crearon el dolor original. Las pseudosoluciones son una manera de pelear contra el mundo, contra el dolor y contra todo aquello que deseas evitar.

Una posible estrategia: Retraimiento de sentir y amar

Cuando tu pseudosolución consiste en un retraimiento de sentir, de amar y te aleja de la vida, se trata de una defensa en contra de la posibilidad de ser lastimado. Sólo después de mucha comprensión dentro de ti mismo verás qué irreal y limitado es este «remedio». Querrás cambiar y más bien darle la bienvenida al dolor en vez de la enajenación del ser que te lleva a no sentir nada, o muy poco. Continuando con el trabajo y pasando valerosamente a través de los períodos temporales de desánimo y resistencia, llegarás al punto en el que se rompa esa dura concha y dejarás de estar muerto en tu interior. Pero la primera reacción no será agradable. No puede serlo

Todas las emociones negativas reprimidas, lo mismo que el dolor reprimido, se harán conscientes primero y entonces te parecerá que tu retraimiento era correcto o acertado. Sólo después de seguir adelante obtendrás la recompensa de los sentimientos buenos y constructivos.

Otra: sumisión, debilidad, desamparo y dependencia

Si tu pseudosolución es la sumisión, la debilidad, el desamparo y la dependencia como medio para tener a alguien que cuide por ti, no necesariamente en el plano material, sino emocionalmente, esto es tan limitado e insatisfactorio como la solución anterior. La constante dependencia en los demás crea miedo y desamparo. Disminuye aún más tu ya existente falta de confianza en ti mismo.

Así como la solución del retraimiento hace que estés muerto en tus sentimientos y te roba el significado de la vida, igualmente la solución de la sumisión te quita independencia y fuerza y crea un aislamiento similar al del retraimiento, aunque lo haga por otro camino. Originalmente deseabas evitar el dolor consiguiéndote a una persona fuerte que te cuidara. En realidad te haces más daño porque nunca puedes encontrar a esa persona. Esa persona debe ser tú mismo.

La tiranía del débil sobre el fuerte

Al hacerte deliberadamente débil ejerces la tiranía más dura. No hay peor tiranía que la que ejerce la persona débil sobre la más fuerte o sobre sí misma o su entorno. Es como si esa persona estuviera diciendo constantemente: «Soy tan débil. Tienes que ayudarme. Estoy desamparado. Tú eres responsable de mí. Los errores que cometo no cuentan porque no sé nada. No puedo evitarlo. Debes constantemente perdonarme y dejarme que me salga siempre con la mía. No puedes esperar que me responsabilice de mis actos u omisiones, de mis pensamientos y sentimientos o de la falta de ellos. Puedo errar porque soy débil. Tú eres fuerte, así que debes comprenderlo todo. No puedes fallar porque tu falla rae afectaría.» La autocomplacencia indulgente y perezosa y la lástima de sí mismo del débil ejerce tremendas exigencias sobre sus semejantes.

Eso se vuelve evidente si las expectativas tácitas y el significado de las reacciones emocionales son objeto de investigación y luego se les interpreta en un pensamiento conciso.

Es falso creer que la persona débil no puede hacer daño

Es falso creer que la persona débil no puede hacer daño y que lastima menos que las personas dominantes y agresivas. Todas las pseudosoluciones conllevan un dolor incalculable para quien las ejerce y para los demás. Al retraerte, rechazas a los demás y retienes el amor que quieres darles y que quieren recibir de ti.

Al someterte, no amas, sino simplemente esperas ser amado. No ves que los otros también son vulnerables, que tienen debilidades y necesidades. Rechazas todas esas partes de su naturaleza humana y de ese modo los lastimas. Con la solución de la agresividad alejas a la gente y abiertamente la lastimas con una falsa superioridad. En todos los casos lastimas a los demás y de ese modo te lastimas más a ti mismo. El dolor que provocas no puede más que traer consecuencias, así que las pseudosoluciones creadas para eliminar el dolor original sólo traen más dolor.

Todas las pseudosoluciones son incorporadas a tu autoimagen idealizada.

Dado que la naturaleza de tu imagen idealizada es la autoexaltación, te separa de los demás. Como su naturaleza es el aislamiento, te separa y te hace, lo mismo que a quienes te rodean, una persona solitaria. Puesto que su naturaleza es la falsedad vía patraña, te aleja de ti mismo, de la vida y de los demás. Todo esto tiende a traerte dolor, heridas, frustración e insatisfacción. Escogiste una forma de evitar el dolor y la frustración, pero esa forma ha probado ser no sólo inadecuada, sino que de hecho te trae más de lo que querías evitar. Sin embargo, para reconocer claramente este hecho y para establecer las relaciones necesarias, se requiere de un trabajo activo dentro de la sincera búsqueda de uno mismo.

El perfeccionismo te impide aceptarte

El perfeccionismo que está tan hondamente incrustado dentro de ti y en tu imagen idealizada de ti mismo te hace imposible aceptarte y aceptar a los demás, aceptar la realidad de la vida y, por lo tanto, no eres capaz de enfrentarla ni de resolver sus problemas ni los tuyos propios. Te hace perderte la experiencia de vivir en su verdadero sentido.

Si has alcanzado aunque sea un nivel de conciencia pequeño de tus imágenes, tus pseudosoluciones y de la naturaleza de tu autoimagen idealizada, tal vez tengas ya una pista de la forma en que eres perfeccionista y estás alejado de ti mismo. Ya te habrás dado cuenta del nivel del daño que te has hecho a ti mismo y que has hecho a los demás. Puede que estés cerca del umbral que abre el camino hacia una nueva vida interior en la cual estarás emocionalmente dispuesto a abandonar todas tus defensas. Si aún no estás ahí, pronto te acercarás a esa fase, siempre y cuando continúes con tu trabajo con una voluntad interior.

Observa

El sólo ejercicio de observar constantemente tus emociones y reacciones poco realistas e inmaduras debilita su impacto e inicia el proceso de disolverlas, por así decirlo, de manera automática. Cuando se ha realizado cierta disolución, la psique está lista para atravesar el umbral. Pero al principio el acto de cruzarlo es doloroso.

Eva Pierrakos & Donovan Thesenga

El dolor de las pseudosoluciones (I)