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Los enfoques incorrectos

Uno de los grandes impedimentos para hallar la comprensión real y la serenidad son los enfoques incorrectos, que distorsionan los hechos e inducen a actitudes y procederes inoportunos. Es como si no operasen correctamente los «conectores» de la mente y entonces nos informasen de una manera equivocada, con lo que la visión se estrecha y la información obtenida no es certera.

A menudo nos falla el discernimiento

Y nuestro entendimiento, al no resultar lúcido, nos impide decidir con sabiduría, distinguir con precisión y adoptar el adecuado proceder.

Muchas veces el empañamiento de la visión deriva de una falta de atención y ecuanimidad, o de un desmesurado egocentrismo, de tendencias muy marcadas al apego o al odio, emociones negativas, códigos y esquemas u otros factores.

El esclarecimiento de la visión es uno de los logros que debemos proponemos y para ello hay que trabajar necesariamente con el discernimiento para ir recuperando la sabiduría discriminativa.

La visión oscurecida provoca innecesarias querellas, discordia, opiniones equivocadas, dogmatismos, fanatismo y dolor.

Los antídotos para la visión perturbada y demasiado coloreada por el egocentrismo y las opiniones son:

– La ejercitación del entendimiento.

– La comprensión intelectiva.

– La duda constructiva.

– La investigación rigurosa.

– La apreciación de otros puntos de vista.

– El saludable dominio del pensamiento.

Y, por supuesto, la meditación como disciplina.

Ramiro Calle

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Ejercitar la mente

«La mente es la precursora de todos los estados. Ella es su fundamento y todos ellos son creados por la mente. Si uno habla o actúa con una mente impura, entonces el sufrimiento le sigue del mismo modo que la rueda sigue a la pezuña del buey. Si uno habla o actúa con una mente pura, entonces la felicidad le sigue como una sombra que nunca le abandona».

De acuerdo con cómo se encuentra la mente, los acontecimientos resultan más gratos o ingratos y se pueden o no instrumentalizar para seguir aprendiendo y desarrollándose.

La mente siempre está con nosotros

Incluso en sueños siguen funcionando sus deseos y temores.

Es fuente de alegría y de tristeza, de fuerza y de debilidad, de amor y de odio.

Cuando en la mente hay ansiedad, zozobra y confusión, ni lo más deleitoso puede apreciarse; todo pierde su brillo, su energía, su vitalidad (…). La persona deprimida, víctima de una mente abatida y sin energía, no está capacitada para disfrutar de nada y en toda situación o lugar se siente mal.

Es esencial, por ello, cultivar, ordenar y ejercitar la mente

«La ejercitación de la mente consiste en poseer un espíritu alegre y tranquilo, suave, en cultivar el silencio, el dominio de uno mismo y la purificación de las pasiones».

El demonio de la mente, una vez despierto, causa sufrimiento. Para experimentar el infinito gozo, es preciso aquietarla enérgicamente.

Ramiro Calle

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Despojarse del pasado

El pasado…

Hay dos tipos de memoria: la psicológica y la factual o de datos. La segunda es absolutamente deseable y necesaria; la primera, si nos dejamos anegar y abatir por ella, es sumamente condicionante, sombrea el presente y nos impide vivir en la frescura del momento.

Memoria

La memoria trae al presente los acontecimientos, vivencias y reacciones del pasado, y es como una densa interferencia entre el observador y lo observado. No se ve con ojos nuevos la realidad inmediata, sino velada por todo tipo de memorias que están cargadas de sentimientos.

Hay personas que viven atormentadas o desesperadas por sus recuerdos que, inexorablemente, traen a la mente situaciones del pasado que fueron dolorosas o traumáticas, pero, además, las memorias (que incluyen códigos, esquemas, modelos y filtros socioculturales y familiares) se imponen de manera inconsciente al individuo y le roban su libertad interior, creando tendencias que no son consciente y libremente elegidas, sino que vienen impulsadas por las impregnaciones de esas memorias.

Saber soltar

Hay que saber despojarse del fardo de muchas experiencias o circunstancias del pasado, para poder estrenar la mente cada mañana y no sabotear con nuestras memorias psicológicas la serenidad y la certidumbre.

Ramiro Calle

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Las patrañas de la mente

La mente…

El monarca estaba cada día más triste. Aunque todo iba bien, algo le apenaba obsesivamente: era muy aficionado a la arquería y había adquirido una notable destreza en la misma, pero sus súbditos , y cortesanos eran muy deficitarios en este arte: el rey no tenía con quién competir. Eso le causaba pesadumbre y se sentía desgraciado. Entonces pensó que tal vez pudiera traerle algún consuelo un sabio que vivía retirado en el bosque. Le mandó llamar y le contó lo que le sucedía.

– Y cada día estoy más alicaído, porque es una lástima que ninguno de los que me rodean sea un buen tirador de arco y pueda medirme con él.

– Majestad -dijo el sabio -, deberías sentirte muy afortunado.

– ¿Por qué? – preguntó intrigado y un poco molesto el monarca.

– Porque si hubiera excelentes arqueros en el reino, entonces estarías muy preocupado intentando enfrentarte a ellos con éxito y obsesionado por saber si podrías superarlos o no. En lugar de triste, estarías agitado y atormentado. Ésa es la naturaleza de la mente, Majestad.

Comentario

A menudo la mente valora más lo que no tiene que lo que tiene. Vive más en la idea y la expectativa, que en lo que es. Hay algunas sugerencias que pueden ser útiles para lograr sosiego interior:

– Aprecia más lo que es, en lugar de lo que puede o no llegar a ser.

– Reconcíliate con tu mente, aunque tiene múltiples y particulares rarezas, pero puedes aprovechar su insatisfacción para trabajar sobre ti mismo y autodesarrollarte. «Lo que te ha estimulado a buscar la verdad y la paz es la agitación de tu mente, que nunca se ha conformado con una temporal quietud… Debes considerar que, en este sentido, la mente te ha hecho un gran favor. La agitación de tu mente es una valiosa cualidad, ya que ha alimentado tu interés por la meditación».

– Abandona el apego y el odio, para aprender en apertura a cada momento, con la mente más armónica.

Ramiro Calle

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Mente lúcida, corazón tierno

Mente, corazón

Hay una ley eterna: el odio nunca podrá acabar con el odio; el odio engendra más odio.

Hay otra ley eterna: la desgracia seguirá a los que destruyen como la sombra al cuerpo.

No logrará hacer la paz dentro de sí mismo: el que daña gratuitamente; hiere a cualquier criatura; ejerce malevolencia o crueldad; explota a los otros o los denigra; trafica con armas, sustancias tóxicas o personas; mata por diversión; roba sin necesidad y maltrata a los demás, es corrupto e innoble, y aprovecha las desgracias ajenas para sí mismo.

El virtuoso ya tiene mucho conquistado en la senda hacia el sosiego interior. No necesita someter a nadie ni jactarse de sus triunfos, ni apuntalar su ego humillando a los otros. «La virtud máxima no hace ostentación, ni tiene intereses personales que servir». «Conociendo lo equivocado como equivocado y lo acertado como acertado: esos seres, adoptando la visión correcta, alcanzan un estado de felicidad».

El ser humano debe aprender a trabajar sobre su mente y sobre su corazón.

Mente lúcida, corazón tierno

La claridad mental, cuando es tal, conduce al desarrollo de la compasión, es decir, la identificación con el sufrimiento de las otras criaturas y el ejercicio noble de tratar de aliviar dicho sufrimiento.

La vida se convierte en una ejercitación, donde los senderos de la mente y los del corazón coinciden y se complementan.

La emoción sin mente puede conducir a la sensiblería o la pusilanimidad; la mente sin emoción puede arrastrar al insensitivismo y la frialdad.

Mente y corazón son las dos alas de un ave que remonta el vuelo hacia el sosiego y la sabiduría

Ramiro Calle

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Más allá de la mente

Los maestros insisten en la necesidad de dar el salto. ¿Hacia dónde? Más allá de la mente ordinaria y, por tanto, de la percepción y comprensión ordinarias.

La racionalidad es una función de la mente, pero hay otra que no es irracional, sino «arracional». La primera función es la del pensamiento, la lógica, el análisis intelectivo. Es muy útil e imprescindible para la vida ordinaria, pero en la búsqueda del verdadero bienestar interior y el sosiego, debe dar paso a otro tipo de mente que representa la lógica paradójica, el nopensamiento, la perceptividad de orden superior.

Conocí a un maestro de yoga que, cuando le pregunté por la función del intelecto en la senda hacia el ser interior, me dijo que era necesario que el propio intelecto comprendiera que debe sacrificarse en un momento dado para que pueda proseguir a niveles más despiertos la aventura del espíritu.

El pensamiento ordinario es insuficiente

Cuando la comprensión intelectual no llega a más, surge otro tipo de comprensión. Unos lo denominan «intuición»; otros, conocimiento «supraconsciente» o «supramundano»; otros, «golpe de luz» o «eureka». No importa el nombre: se trata de una experiencia transformadora que nada tiene que ver con la función racional corriente y que representa un giro instantáneo y espontáneo de la mente que permite ver lo que no se veía.

(…) Los psicoanalistas saben muy bien cómo operan las racionalizaciones, que a menudo son el abono para el cultivo de autoengaños de todo tipo. Y cuanto más inteligente intelectualmente es la persona, más fácil lo tendrá para autoengañarse, porque con habilidad encontrará variados subterfugios.

Los maestros de todas las épocas y latitudes han puesto su empeño en intencionadamente «bloquear» la mente conceptual del discípulo para que se desencadene otro tipo de visión no limitada por conceptos y pensamientos. A menudo, entre el que ve y lo visto hay una nube de juicios y prejuicios que impiden la visión clara.

Un discípulo acudió al maestro y le dijo: «Cuando me miro, sólo veo lo que los demás quieren o esperan de mí». Al menos él había dado un paso importante, porque se había percatado de ello.

Permanece quieto

Aunque no seamos creyentes, podemos aprender una enseñanza de los Salmos cuando dicen: «Permanece quieto y sabe que yo soy Dios». La quietud tiene su propio lenguaje revelador. La vibración más pura y curativa es la de la quietud. Pero la verdadera quietud exige el ayuno de la mente, es decir, el silencio interior. No hay huéspedes más molestos y enojosos que los que conforman nuestro particular charloteo mental. Sea bienvenida toda técnica o método para desalojarlos del hogar mental y poder escuchamos interiormente.

Ramiro Calle

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Alquimia interior

La mente está saturada de condicionamientos. La misma mente que quiere o dice querer verse libre de ellos los sigue apuntalando e intensificando. La mente lucha contra ella misma.

Tres mentes

Hay una mente de superficie, una mente de profundidad en la sombra y una mente de bendita paz interior donde cesan los pensamientos, los deseos y los miedos. Esta última es la mente meditativa. Sólo ésta permite la captación de la naturaleza primordial en uno mismo. Pero la mente de superficie y la mente de profundidad con sus condicionamientos, deseos compulsivos y odios no facilitan el acceso a la mente meditativa (…).

Alquimia interior

El enemigo está dentro de la mente: nos limita, abate, turba y condiciona. Es el ladrón del sosiego, el asesino de la serenidad. La alquimia interior consiste en lograr que la misma mente que nos ata gire y comience a apoyarnos en la emancipación.

El más antiguo método de autodesarrollo humano y búsqueda de la serenidad, el yoga, propone para ello: la higiene física y mental; el autodominio saludable; la virtud genuina; el perfeccionamiento del cuerpo, sus energías y funciones; la concentración y la meditación; el conocimiento supralógico; la acción consciente e inegoísta. También invita a la simplicidad, a la apertura al aquí y ahora y al despliegue de esa hermosísima e incomparable cualidad que es la compasión.

Compasión

«La compasión por sí misma puede ayudarte a ganar una guerra. La compasión por sí misma puede ayudarte a defender tu estado. Porque el cielo acudirá al rescate de los compasivos y los protegerá con su compasión». Pero en la medida en que vamos aquietando la mente e inhibiendo los pensamientos automáticos, vamos encontrando una fina «brecha» hacia la mente silenciosa y plena. También es importante cuidar el cuerpo, sin obsesiones, pero atenderlo de modo adecuado, y cuidar las energías vitales.

Calma

En la medida en que la mente de superficie y la de profundidad se calman, se manifiesta la otra mente, capaz, como el más puro de los espejos, de reflejar límpidamente el Yo superior.

Ramiro Calle

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Hechos incontestables

¿Somos al menos ligeramente conscientes de la masa enorme de sufrimiento que hemos acumulado sin utilidad por no aceptar con ecuanimidad los hechos incontrovertibles?

Nadie puede elevarse en el aire tirando de los cordones de los propios zapatos. Puede intentarse, para una y otra vez conseguir, como mucho, romperse la crisma contra el pavimento. Hay que desarrollar un poco de inteligencia clara a fin de discernir cuándo se puede modificar algo o cuando debe ser aceptado como hecho incontestable. En todo caso, no lo olvidemos, podemos modificar nuestra actitud.

A menudo, por ofuscación mental, no modificamos lo que deberíamos corregir y, en cambio, nos empeñamos en transformar lo que no puede ser mutado.

El ave y el pez

Veamos la historia de un pez que quería volar y un ave que deseaba bucear. No aceptaban conscientemente su condición y sufrían mucho. Sucedió que de tanto anhelar lo que no podían hacer, el pez renació como ave y el ave, como pez. Pero la historia se repitió: el pez quería volar y el ave deseaba nadar. ¡A saber cuántas veces hubieron de renacer para llegar a aceptar sus condiciones!

La aceptación consciente es una clave importante para propiciar el sosiego y empieza por la aceptación de lo que uno es, pero no para resignarse fatalmente, sino a fin de comenzar, desde ahí, a poner los medios para la evolución de la consciencia.

También hay que aprender a aceptar a los demás. Generamos mucha ansiedad si nos extraviamos en expectativas, falsas ilusiones, exigencias e imágenes idealizadas. Muchos vinculos afectivos no llegan nunca a ser sanos porque se basan en expectativas infantiles o neuróticas.

Ramiro Calle

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Placer y dolor

Hay una saludable disciplina para la mente. Yo la llamo «yoga», pero se la puede llamar como se quiera. Es un método para esclarecer los enfoques y empezar a ver las cosas como son y tener la capacidad de transformadas dentro de nosotros.

Lo que para unos es una tragedia, para otros es un problema de escasa importancia. No es ni mucho menos insensibilidad sino comprensión y madurez. Todo fluye y nada permanece. Los maestros denominan esta característica de la existencia como «transitoriedad», «impermanencia» o «inestabilidad».

Si queremos detener el río, estamos perdidos; si queremos empujarlo, también. El río de la vida sigue su curso. Los acontecimientos se suceden. A veces, hasta cierto punto, controlamos (o al menos lo parece) las circunstancias, pero otras muchas nos controlan.

¿Conoces la historia del mosquito sobre el elefante?

El mosquito piensa en ir hacia la derecha y en ese momento el elefante gira casualmente a la derecha y el animalillo piensa: «Soy fabuloso. ¡Cómo domino al elefante!». Unos segundos después el elefante estornuda, y ya imaginas lo que sucede con el mosquito.

Pues la vida tiene vicisitudes y las circunstancias muchas veces nos controlan. Se abre el abismo. Resulta que todo parecía estar muy bien y de repente todo se desbarata. El abismo de lo imprevisto, lo inescrutable, el lado desconocido e incontrolable de la vida.

Todo parece discurrir con mucha fortuna. Llega el infortunio, del mismo modo que una estación sigue a la otra, y el ocaso al amanecer. El que comprende, permanece tranquilo. El que no comprende, se alarma, se desgarra, añade sufrimiento al sufrimiento, se lamenta y llora. No puede controlar las circunstancias.

¿Qué puede hacer?

Puede cambiar su punto de vista ante las mismas, su enfoque o actitud. No puede resolver nada fuera, pero sí puede hallar una solución dentro de sí mismo.

Incluso la adversidad puede instrumentalizarse para el autodesarrollo. Si uno sabe no añadir sufrimiento al sufrimiento, todo puede ser para bien. Espera, sé paciente, no te debatas contra las circunstancias inevitables. Ahorra tu fuerza. No desperdicies tus energías enfrentándote al muro y golpeándote contra él. Fuera de ti está el muro, pero no dentro de ti. Si esperas, también el muro exterior desaparecerá.

A veces nos toma la nube del desaliento, porque somos humanos. Hay una meditación muy humana: la del llanto. Llorar conscientemente. El desaliento tampoco es permanente, se irá.

Esto pasa…

No siempre hay soluciones en el exterior; la demanda excesiva de seguridad es una neurosis, porque reclamamos lo que no es posible y, como dijera Tennyson, «la única seguridad yace sobre la inseguridad». No es fácil convivir con ésta, sentirse amenazado por el cambio, aprender a mantener el punto de quietud cuando llegan los «tornados» existenciales. Apela a tu actitud y mantén la mente atenta y serena. Piensa: «Esto pasa».

Estate tranquilo. ¿De qué sirve tensarse si no es para impedir que aflore la energía? Incluso tal vez logres un día dar un paso más allá y decir: «Está bien, está bien».

Conocí a un maestro que decía: «Ni en el gusto ni en el disgusto estoy yo». Quizá por eso parecía una gacela, sutil, elegante en sus movimientos, fluido y sin crispación. Carecía de un ego que estuviera en el gusto o en el disgusto.

Placer y dolor

No se puede dividir la vida en dos, placer y dolor, y quedarse sólo con el placer. Le dijeron en una ocasión a un maestro: «Pero, señor, hablas mucho del sufrimiento». Repuso: «No es que no haya placer, queridos míos, pero también existe el dolor. Enseño la causa de éste y el modo de superarlo».

Hay un antiguo adagio que nos instruye así: «El problema comienza cuando empezamos a hacer distinción entre el placer y el dolor».

Placer, a un lado; sufrimiento, a otro; como el péndulo que oscila entre ambos lados, si desarrollamos la conciencia y la ecuanimidad, podemos situamos mentalmente en la parte alta del péndulo y ver los extremos manteniendo una actitud de quietud y equilibrio.

Ramiro Calle

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Escapar de la monotonía

Escapar de la monotonía es a menudo intensificar la monotonía; escapar de la soledad es desencadenar un profundo sentimiento de soledad. No se trata de escapar, sino de atravesar.

El discípulo

Había un discípulo que al meditar oía los ruidos del exterior, que le distraían; cuanto menos quería percibidos, más los oía. Al comentárselo a su maestro, éste le dijo: «El problema es que quieres escapar del ruido, en lugar de atravesarlo». «¿Y cómo puedo atravesarlo?» Y el maestro le respondió: «Oyéndolo».

Tres velos

Hay tres velos que distorsionan la visión mental e impiden la sabiduría liberadora y la paz interior. Son la reacción, la interpretación y la imaginación descontrolada. Así la mente cae en sus propios códigos rígidamente establecidos. ¿Quién dice lo que es o no es monotonía?

El jardinero

Un jardinero llevaba cincuenta años atendiendo su jardín y un día le preguntaron: «¿No te aburres de hacer siempre lo mismo?». «¡Ah! -exclamó el jardinero-, pero ¿es que acaso hago siempre lo mismo?»

Si la mente se renovase, ¿dejaríamos de ver como interesante lo que un día nos lo pareció? La monotonía también está en la mente. Aun en la rutina subyace lo imprevisible; incluso en lo cotidiano hay una magia para el que sabe verla.

Dos hombres

Sirve de ejemplo el de un hombre que siempre estaba aburrido. Unos amigos se propusieron divertirle, pero no fue posible. Le hicieron viajar por países exóticos, le llevaron a fiestas, le presentaron personas fascinantes. Nada pudo hacerle salir de su tedio, porque la mente era su tedio. Otro hombre no hacía nada especial. Todos los atardeceres se sentaba algunas horas en su mecedora y miraba el horizonte. Cada atardecer era un prodigio, un espectáculo, un verdadero acontecimiento. La fiesta estaba en su mente, no sólo en el hermoso atardecer.

Actitud

A veces no se puede cambiar lo que es, pero sí la actitud ante lo que es. Lo que a unos atrae a otros repele; lo que a unos apasiona a otros deja indiferente. Si no podemos cambiar lo que es, cambiemos nuestro punto de vista o enfoque ante lo que es.

El mono atrapado

Pero la mente no sólo es saltarina como un mono, sino que también puede ser tan necia como el mono que fue atrapado en una botella. ¿Conoces la historia? Un hombre, para atrapar a un mono, colocó una botella de cuello largo en el campo y dejó dentro de ella algunos frutos secos, que tan apetecibles resultan a estos animales. Un mono metió el brazo y atrapó los frutos secos, pero al querer librarse de la botella no pudo conseguido, porque en su avidez no comprendía que sólo necesitaba abrir la mano, pues el puño era lo que no podía salir a través del cuello de la botella. El resultado fue evidente: el hombre cazó al mono.

Cada vez que la mente se cierra, es monotonía, embotamiento y mediocridad; cada vez que se abre, es frescura, vitalidad e intensidad. Si nos contraemos, la energía se estanca; si nos relajamos, la energía se expande. Aún en las dificultades, la zozobra y la amargura, podemos aprender a soltamos.

Ramiro Calle

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Tres secretos

Reactividad

¿Queremos hallar el sosiego, la quietud, la paz interior que le procure otro sentido a nuestra vida?

Tenemos en ese caso que empezar a conocemos y a descubrir las estrategias de nuestra mente. Hay un dispositivo en ella que llamamos «reactividad»: hace que ésta rumie, se torne repetitiva, obstinada y doliente, es una causa de malestar innecesario.

¡Parece increíble que todo ello lo hayan mostrado las psicologías orientales hace miles de años y la psicología occidental siga ignorándolo! Por eso la oriental es tan práctica y nada académica.

La reactividad es una actitud de reacción excesiva y repetitiva, pura y simple neurosis. El pensamiento no cesa, acarrea, causa confusión y dolor. Por ejemplo, si uno es insultado en una ocasión, puede seguir, según esta reacción, recordándolo día tras día, de modo que se sentirá continuamente insultado.

El fango del subconsciente

La mente no sabe evacuar y limpiarse. Acarrea traumas, frustraciones, «asignaturas pendientes», heridas sobre heridas, detritos sobre detritos. Es el fango del subconsciente.

Pero incluso cuando nos insultan la primera vez, podemos ser menos «reactivos» y mantener la ecuanimidad. Imaginemos que en lugar de aleccionarnos sobre que el insulto es despreciativo o vejatorio, nos hubieran enseñado que es divertido y produce contento. Cada vez que nos insultaran, nos alegraríamos y divertiríamos.

«¡La mente! ¡Vaya loca! ¡Si te la crees estás perdido!», exclamó un maestro. Dice querer no sufrir y se las arregla para sufrir. Tiene muchos apegos y uno de ellos es al sufrimiento.

Atisha era un sabio del siglo x que dijo: «Cuando te enfrentes a los objetos de deseo o de odio, contémplalos como ilusiones y apariciones. Cuando oigas cosas desagradables, considéralas ecos».

Si estamos enganchados en las reactividades, no puede haber quietud interior. Reaccionamos desmedidamente, con exaltación o abatimiento, al halago y al insulto, al placer y al dolor, a lo grato y a lo ingrato. No puede haber paz, no es posible hallada así.

Hay una preciosa herramienta: la ecuanimidad o equilibrio de ánimo, es decir, firmeza de mente. «Suceda lo que suceda, la mente atenta, la mente calma.»

Tres secretos

Hay un gran secreto en aprender a no reaccionar neuróticamente.

Hay otro secreto en aprender de lo que a cada momento es y por ello apreciarlo, aunque sea el insulto, las vicisitudes o las adversidades.

Y un secreto más: dejar de cargar con el fardo de las memorias, los condicionamientos y los esquemas.

Debemos empeñamos en estrenar la mente cada día y aprender a desligamos de experiencias pasadas que velen y distorsionen el presente, porque en ese caso, al filtrar con la mente vieja, no hay aprendizaje posible.

La meditación, precisamente, es un método para conseguir la denominada «mente nacida de la meditación», renovada y que supera las viejas y asfixiantes estructuras mentales.

Ramiro Calle

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Estupidez de la mente

Estupidez

Dondequiera que vayamos, la mente estará con nosotros. Con quienquiera que estemos, la mente estará con nosotros.

En una ocasión le preguntaron al gran sabio indio Ramana Maharshi a qué había que renunciar, y repuso: «A lo único que hay que renunciar es a la estupidez de la mente y a la idea de posesión».

La gente corre hacia un guía espiritual para que libere su mente, sin darse cuenta de que sólo uno mismo puede liberarla, pues uno tiene que encender la propia lámpara interior. Por minoría de edad emocional, la gente persigue líderes de todo tipo, ídolos de barro, desaprensivos y burdos farsantes o mercenarios del espíritu. Todo con tal de no asumir la propia responsabilidad del cambio interior. Dando vueltas de aquí para allá, pero arrastrando los oscurecimientos de la mente.

Te vas a la India o a la isla de Pascua o al Machupicchu, pero arrastrando la misma mente, acarreando los mismos impedimentos mentales. Estos impedimentos mentales, también conocidos como oscurecimientos de la mente y que distorsionan el discernimiento y frustran el entendimiento correcto, son:

-El apego a las ideas, puntos de vista, interpretaciones y estrechas opiniones. No hay peor apego. Velan la visión mental y la oscurecen. Por el apego a las ideas se llega a matar.

-Los venenos emocionales o tóxicos mentales, como el odio, los celos, la envidia, la rabia, el resentimiento, la soberbia y tantos otros, que nacen de la ofuscación y conducen a la misma.

-Los condicionamientos del subconsciente, es decir, las heridas inconscientes que arrastramos, las frustraciones y los traumas, todas esas huellas subliminales que perturban el pensamiento, condicionan la visión e impiden la lucidez y el sosiego.

Poner orden

No hay ningún sitio adonde ir tan importante como la propia mente, para examinada y purificada, para poner un poco de orden en la misma y sanear su trasfondo. La verdad está aquí y ahora, y aquí y ahora debe comenzar el trabajo sobre uno mismo para hallar el equilibrio y el sosiego.

De la mente oscurecida sólo pueden brotar desdicha, insania y malestar propio y ajeno. El maestro, el líder, el guía, está dentro de uno mismo, aunque otra persona nos pueda procurar métodos y claves para hallarlo en nuestro interior.

Si la mente logra estar atenta y serena, la verdad se percibe en todo lugar y a cada momento.

Damos vueltas atolondradamente, porque la mente está aturdida; es lo que los yoguis denominan «lavar manchas de sangre con sangre».

Tenemos que ser cuidadosos para no convertir en escapes o subterfugios lo que imaginamos como medios de búsqueda o autodesarrollo.

Unos meditan para escapar; otros, para enfrentarse a sí mismos y realmente superarse. Unos hacen de la vida espiritual un placebo y otros, una búsqueda real e intrépida. No hay mayor renuncia que la renuncia a los modelos estereotipados de la mente y a las raíces insanas de la misma: la ofuscación, la avidez y el odio. Éstas pueden disolverse cultivando las raíces de lo saludable: la lucidez, la generosidad y el amor. En el escenario de la mente se celebra el juego de la libertad interior.

Ramiro Calle

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Ideas

Ideas

Un maestro decía: «Ponte en contacto con lo que es»; «Ven y mira»; «Conecta, eso es todo»; «En lugar de pensar en lo que es, sé»; «Mira a través de las rendijas de tus pensamientos, más allá de ellos».

No es la creencia lo que cuenta…

No es la creencia lo que cuenta, sino la experiencia que transforma y libera. Las ideas no van a procuramos ni serenidad ni lucidez. A menudo confundimos el dedo que apunta a la luna con la luna misma. Incluso la idea de iluminación o vacío es una idea, una obstrucción, pues, un dique.

La idea puede terminar siendo una trampa, una emboscada, un ladrón de la serenidad. Unas personas llenan su vida de ideas; otras viven la vida. Unos consumen su existencia teorizando, discurriendo filosóficamente, pensando; otros perciben, fluyen y viven. Hay mucho que arrojar y, como sabiamente dijo Jesús, no se puede hacer remiendo a paño viejo.

Saturados

Estamos saturados de modelos, esquemas, filtros. Esquemas incluso sobre la última realidad o la iluminación, que situamos muy lejos, muy distante; no somos capaces de contemplada aquí y ahora, porque sólo vemos nuestros esquemas o modelos mentales. Mencio declaraba: «La verdad está cerca y se la busca lejos».

El logro también es una idea y nos despierta mucha tensión, mucha ansiedad, mucha prisa. Pero nunca se alcanza aquello que tanto se desea. Sólo existe en la imaginación. Por eso uno se defrauda, se desalienta, se desencanta y tiene que seguir ansiando, expectante, persiguiendo.

Así no puede haber sosiego ni equilibrio. Incluso si de verdad queremos llegar a conocemos (y el autoconocimiento es necesario para hallar el sosiego), tendremos que eliminar todas las ideas preconcebidas sobre nosotros mismos para comenzar a examinarnos como somos, y no como suponemos que somos o queremos ser o los demás nos dicen que somos.

Sacar la basura

Es un buen ejercicio: empezar a sacar la basura de nosotros mismos. Que sintamos, a cada momento, que estamos drenando, limpiando, y todo adquiere otro sentido en esta finitud entre dos infinitudes que es la vida.

Las dificultades siguen existiendo, los problemas y las personas aviesas. también, pero en la mente hay calma y un vacío capaz de absorber sin quebrarse. Tomamos el cosmos como la pantalla que nos soporta y así todo es más soportable. No nos hundimos tan fácilmente, porque somos más elásticos, más porosos.

Suelta

Toma y arroja. Disfruta y suelta. Sufre y suelta. Vive y suelta. Ama y suelta. Cuando se arroja, todo se renueva. Uno está más ligero para saltar. No hay tantos lastres. Nada pesa tanto ni ocupa tanto espacio como las ideas, los trastos inútiles y polvorientos de la trastienda de la mente.

Ramiro Calle

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Lo hermosamente desnudo

La mente se encarga de complicarlo todo. Busca donde no puede encontrar; ansía lo que no puede obtener. Se extravía con suma facilidad en toda clase de expectativas ilusorias. Dice querer bienestar, pero provoca malestar. Siempre está corriendo, deseando, persiguiendo logros.

Tiene tanta prisa, tanta urgencia, que no puede jamás disfrutar de serenidad. Aunque nada le quede pendiente, sigue experimentando prisa y urgencia, sigue acumulando confusión y neurosis. No sabe detenerse, aguardar, esperar y confiar.
Tanto mira a lo lejos que no ve lo más cercano.

Lo hermosamente desnudo

No aprecia lo sencillo, lo simple, lo hermosamente desnudo y evidente, como el trino de un pájaro o el rumor de un arroyo o la reconfortante brisa del aire o la caricia de un ser querido.

Se pierde lo mejor de cada momento porque está pendiente de lo mejor para después, atrapada en la jaula de la expectativa.

Incluso presupone la verdad tan lejos que no es capaz de detectada en la vida misma estallando con su energía a cada momento, unas veces en forma de nube y otras en forma de árbol, unas veces como el canto de un ruiseñor y otras como las arrugas de un anciano.

Deja todo de lado y conéctate con el aquí y ahora. La mente atenta y relajada, perceptiva y sosegada: escucha el trino de los pájaros. Aprecia ese instante como si fuera el primero y el último. No quieras agarrarlo, ni retenerlo, ni pensarlo, porque entonces escapará o se convertirá en un feo y hueco concepto.

Si estás atento y relajado, en ese momento puedes vivir la vida en su totalidad. No hay otra verdad que enseñar.

Ramiro Calle

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Concentración y virtud

Concentración y dispersión

¿No es cierto que toda fuerza unificada gana en penetración y eficacia? La luz, el agua, el calor… y, por supuesto, la mente.

Pero si por algo se caracteriza la mente es por su contumaz dispersión. La mayoría de las veces, donde está nuestro cuerpo no está nuestra mente. Siempre se halla en el tiempo y en el espacio, pero se resiste a concentrarse y permanecer en el «aquí y ahora», a pesar de que el presente inmediato es la vida, pues como dijera Buda, «el pasado es un sueño; el futuro, un espejismo, y el presente, una nube que pasa».

La mente se resiste y escapa de la realidad inmediata. Enredada en pensamientos que la arrastran como el viento a las nubes, no cesa de divagar. Ya uno de los más antiguos adagios reza: «Como está en la naturaleza del fuego quemar, está en la de la mente dispersarse». Se la ha comparado por ello con un mono loco saltando de rama en rama o con un elefante ebrio y furioso.

La mente pierde gran parte de su vitalidad y frescura enredándose en memorias y fantasías. Ni un minuto puede estar concentrada y así pierde mucha energía y permite que la aneguen las aflicciones y las preocupaciones. Pero como la mente es la precursora de todos los estados, es preciso ejercitarla para que aprenda a ser unidireccional cuando sea necesario. Es una disciplina que conduce al equilibrio y al sosiego, activa la conciencia y desarrolla armónicamente la atención.

¿Cómo desarrollar la concentración?

Estando más atento a lo que se piensa, se dice o se hace. Estriba en vaciarse de todo para saturarse de aquello a lo que decidimos estar atentos: un amanecer, una caricia, el aroma de una flor, preparar una ensalada o dar un paseo.

La mente se abre al momento, fluidamente, sin resistencias, dejando fuera de su campo todo lo que no es el objeto de su atención. Se requiere prestancia y diligencia.

Virtud

Sin embargo, la concentración por sí sola no es suficiente. Es una energía poderosa, pero puede utilizarse perversamente, ya sea para robar, denigrar, explotar o de cualquier otro modo poco laudable. Por eso tiene que asociarse a la virtud o ética genuina, que no estriba en otra cosa que en poner los medios para que los otros seres sean felices y evitarles cualquier sufrimiento, en suma, lo que cada uno quiere para sí.

La virtud y la concentración, es decir, la ética y la ejercitación de la atención, van haciendo posible que emerja la visión clara y lúcida, o sea, la sabiduría.

Ramiro Calle

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