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Rodeado de Dios y no veo a Dios

Dios

Un ciego de nacimiento me pregunta: ¿Qué es esa cosa que llaman verde?” ¿Cómo se le describe el color verde a un ciego de nacimiento?

Se usan analogías. Entonces digo: “El color verde es algo como una música suave”. “Sí”, le digo, “música sosegada y suave”.

Otro ciego me pregunta: “¿Qué es el color verde?” Le digo  que es suave como el raso, muy sosegado y suave al tacto.

Al día siguiente me doy cuenta que los dos ciegos están peleando a botellazos. El uno dice: “Es suave como la música”; el otro dice: “Es suave como el raso”. Y así sigue la cosa. Ninguno de los dos sabe de qué se está hablando, porque si lo supieran, se quedarían callados. Así es de grave el asunto.

Es peor aún, porque digamos que un día el ciego ve, y se sienta en el jardín y mira alrededor, y usted dice: “Bueno, ahora usted sabe cómo es el color verde”. Y él le responde: “Es verdad. Lo oí  un poco esta mañana”.

La verdad es que usted está rodeado de Dios y no ve a Dios porque “sabe” acerca de Dios.

El obstáculo  final para la visión de Dios es el concepto que usted tiene de Dios. No encuentra a Dios porque cree que sabe.

Eso es lo terrible de la religión. Eso es lo que los evangelios decían, que la gente religiosa “sabía”, de manera que eliminaron a Jesús.

El más alto conocimiento de Dios es conocerlo como inconocible.

Se habla demasiado de Dios; todo el mundo está cansado de oírlo. Hay muy poca consciencia, muy poco amor, muy poca felicidad, pero tampoco usemos esas palabras. Se renuncia muy poco a las ilusiones, a los errores, a los apegos y a la crueldad, hay muy poca consciencia.

El mundo sufre por eso, no por falta de religión. Se supone que la religión versa sobre una falta de consciencia, de despertar. Miren en qué hemos caído. Vengan a mi país y véanlos matándose por las religiones. Esto lo encontrarán ustedes en todas partes. “El que sabe, no dice; el que dice, no sabe”.

Todas las revelaciones, por divinas que sean, nunca son más que un dedo que señala la luna. Como decimos en el Oriente: “Cuando el sabio señala la Luna, el idiota no ve sino el dedo”.

Jean Guiton, un escritor francés muy piadoso y ortodoxo, agrega un comentario aterrador: “Con frecuencia utilizamos el dedo para sacar los ojos”. ¿No es terrible? ¡Consciencia, consciencia, consciencia! En la consciencia está la curación; en la consciencia está la verdad; en la consciencia está la salvación; en la consciencia está el amor; en la consciencia está el despertar. Consciencia.

Necesito hablar sobre las palabras y los conceptos porque debo explicarles por qué, cuando miramos un árbol, realmente no vemos. Creemos que vemos, pero no vemos.

Cuando miramos a una persona, realmente no la vemos, sólo creemos que vemos. Lo que vemos es algo que fijamos en la mente. Recibimos  una  impresión y nos aferramos a ella, y seguimos mirando a la persona a través de esa impresión. Y hacemos esto con casi todo.

Si ustedes comprenden eso, comprenderán la amabilidad y la belleza de ser conscientes de todo lo que los rodea. Porque la realidad está ahí; “Dios”, sea lo que sea, está ahí. Todo está ahí.

El pececito en el océano dice: “Perdón, estoy buscando el océano. ¿Puede decirme dónde lo encuentro?”. Patético, ¿verdad? Si sólo abriéramos los ojos y viéramos, entonces comprenderíamos.

Anthony de Mello

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El mundo está bien

El mundo está bien

Cuando usted se despierta, cuando comprende, cuando ve, el mundo se arregla. Siempre nos molesta el problema del mal.

Hay una historia patética sobre un niño que iba por la orilla de un río y vio a un cocodrilo atrapado en una red.

El cocodrilo le dijo:

– Niño, apiádate de mí, suéltame. Tal vez yo sea feo, pero no tengo la culpa; así me hicieron. Pero sea cual sea mi aspecto, tengo corazón de madre. Vine en busca de alimento para mis hijos y ¡caí en la trampa!

El niño contestó:

-¡Ah, si te soltara, tú me atraparías y me matarías!

-¿Cómo puedes creerme capaz de hacerle eso a quien es mi benefactor y libertador? – protestó el cocodrilo.

El niño se dejó convencer, y le quitó la red y el cocodrilo lo atrapó.

Cuando el cocodrilo se lo estaba tragando, le dijo el niño:

-¿De manera que así pagas mi buena acción?

– Bueno – le explicó el cocodrilo -, no es nada personal, hijo mío. Así es el mundo. Es la ley de la vida.

El niño se puso a argumentar en contra de eso y el cocodrilo le dijo:

-¿Quieres preguntarle a otro animal si acaso no es así la vida?

El niño vio un pájaro posado en una rama, y se dirigió a él

– Dime, pájaro, ¿es cierto lo que dice el cocodrilo?

– El cocodrilo tiene razón – opinó el pájaro -, mira mi caso: Un día venía yo a casa con alimento para mis crías; imagínate cual no sería mi pavor al ver a la serpiente subiendo por el árbol, directamente hacia el nido. Yo me hallaba totalmente indefensa. Se comió a todos mis hijitos, uno tras otro. Yo grité y grité, pero fue inútil. El cocodrilo tiene razón: es la ley de la vida. Así es el mundo.

– Ya lo ves – le dijo el cocodrilo al niño -, pero éste insistió:

Déjame preguntarle a otro animal.

Está bien. hazlo – accedió el cocodrilo.

En ese momento paraba por la orilla del río un asno

– Escucha, asno – le dijo el niño -: El cocodrilo dice esto. ¿Tiene razón?

– Sí. Tiene toda la razón – le respondió el asno -. Mírame a mí. Yo trabajé y me esclavicé toda la vida, y mi amo apenas me daba de comer. Ahora que estoy viejo y soy inútil, me soltó, y yo ando vagando por la selva, esperando que algún animal salvaje salte sobre mí y me mate. El cocodrilo tiene razón: es la ley de la vida. Así es el mundo.

Entonces dijo el cocodrilo:

-¡Vamos!

El niño replicó:

– Dame otra oportunidad.

El niño vio pasar un conejo, y le dijo…

– Dime conejo, ¿tiene razón el cocodrilo?

El conejo se sentó en las patas traseras, y le preguntó al cocodrilo:

-¿Tú le dijiste eso al niño?

– Así es, eso le dije.

– Espera un momento – le sugirió el conejo- Tenemos que discutirlo.

– Está bien – aceptó el cocodrilo.

– Pero ¿cómo podremos discutirlo si tienes ese niño en la boca? Suéltalo; él también tiene que tomar parte en esta discusión.

El cocodrilo contestó:

– Tú eres muy astuto. Si lo soltara se escaparía.

– Yo creí que tú eras más inteligente – objetó el conejo -. Si intentara huir, podrías matarlo de un coletazo.

– Es justo – concedió el cocodrilo, y soltó al niño. Apenas quedó libre el niño, el conejo le gritó:

-¡Escapa!

El niño corrió y escapó. Luego le dijo el conejo:

– Oye niño, ¿A ti no te gusta la carne de cocodrilo? ¿La gente de tu pueblo no apetecerá un buen bistec de carne de cocodrilo?

En realidad, tú no soltaste del todo al cocodrilo: tiene atrapada la mayor parte del cuerpo en la red ¿Por qué no vas a la aldea y los traes a todos para que preparen un banquete?

El niño le hizo caso: fue a la aldea y llamó a los hombres. Éstos trajeron hachas, porras, y lanzas, y dieron muerte al cocodrilo.

El perro del niño también vino, y cuando vio al conejo, lo atrapó y lo degolló.

El niño llegó demasiado tarde, y, viendo morir al conejo, dijo: “El cocodrilo tenía razón: Así es el mundo. Es la ley de la vida”.

¡No hay ninguna explicación para todos los sufrimientos y los males y las torturas y la destrucción y el hambre que hay en el mundo!

Eso nunca se lo podrá explicar uno; puede intentarlo con sus fórmulas, religiosas o de otra índole, pero nunca se lo explicará.

Porque la vida es un misterio, lo cual quiere decir que con su mente racional, uno no puede explicárselo.

Para eso tiene que despertar y entonces se dará cuenta repentinamente de que la realidad no es el problema, el problema es uno mismo

Anthony de Mello

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El sufrimiento

Sufrimiento

Lo importante no es saber quién es “yo” o qué es “yo”. Usted nunca lo logrará. Lo importante es descartar los rótulos.

Como dicen los maestros Zen japoneses: “No busquen la verdad; sencillamente descarten sus opiniones”. Descarten sus teorías; no busquen la verdad, la verdad no es algo que se busca. Si dejaran de apegarse a sus opiniones, lo sabrían.

¿Qué quiero decir por rótulos? Todos los rótulos son imaginables excepto quizás el de ser humano. Soy un ser humano. Suficiente; no dice mucho. Pero cuando alguien dice”Yo tengo éxito” eso es demencial. El éxito no es parte del “yo”. El éxito es algo que va y viene; podría estar presente hoy y ausente mañana. eso no es “yo”.

Cuando alguien dice: “Tuve éxito”, está en un error, está a oscuras. Se identificó con el éxito.

Lo mismo sucede cuando dice: “Fracasé”; yo soy abogado, yo soy un hombre de negocios. Ustedes saben lo que va a suceder si se identifican con estas cosas. Se van a apegar a ellas y se van a preocupar porque se acaben. Y entonces es cuando aparece el sufrimiento. Eso es lo que quiero decir cuando les digo: “Si ustedes sufren, están dormidos”

¿Quieren un signo de que están dormidos? Aquí lo tienen: ustedes sufren

El sufrimiento es un signo de que ustedes no están en contacto con la verdad; se les da para que puedan abrir los ojos a la verdad, para que puedan comprender que en alguna parte hay falsedad, así como el dolor físico les da para que comprendan que en alguna parte hay enfermedad.

El sufrimiento indica que en alguna parte hay falsedad; se produce cuando ustedes se estrellan contra la realidad. Cuando sus falsedades se estrellan con la verdad, entonces hay sufrimiento. De otra manera no hay sufrimiento.

Anthony de Mello

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¿Podría darme una palabra de sabiduría?

Sabiduría

Regrese a usted mismo como a su hogar. Obsérvese. La autoobservación es algo sumamente agradable y extraordinario. Después de un tiempo usted no tiene que hacer ningún esfuerzo, porque, a medida que las ilusiones empiezan a derrumbarse, usted empieza a conocer cosas que no pueden describirse. Eso se llama felicidad. Todo cambia, y usted se vuelve adicto a la consciencia.

Hay una historia sobre el discípulo que fue a donde el maestro

Le dijo: “¿Podría darme una palabra de sabiduría?” “¿Podría darme algo que me guiara a través de mis días?” Era el día de silencio del maestro, de manera que tomó un bloc. Escribió: “Consciencia”. Cuando el discípulo lo vio, dijo: “Es demasiado breve. ¿Puede ampliarlo un poco?” Entonces el maestro tomó el bloc y escribió: “Consciencia, consciencia, consciencia”.

El discípulo dijo: “Sí, pero ¿qué significa?” El maestro volvió a tomar el bloc y escribió: “Consciencia, consciencia, consciencia significa: consciencia”.

Eso es lo que significa auto-observarse

Nadie puede mostrarle a usted cómo hacerlo, porque estaría dándole una técnica, estaría programándolo. Pero obsérvese a usted mismo.

Cuando habla con alguien, ¿está consciente de ello o sencillamente se identifica con ello?

Cuando se disgustó con alguien, ¿estaba consciente de que estaba furioso, o sencillamente se identificó con su cólera?

Más tarde, cuando tuvo tiempo, ¿estudió su experiencia y trató de comprenderla? ¿De dónde procedía? ¿Qué la causó?

No conozco ninguna otra vía hacia la consciencia. Usted sólo hace cambiar lo que comprende. Reprime lo que no comprende y aquello de lo cual no es consciente. Usted no cambia, pero cuando lo comprende, eso cambia.

A veces me preguntan: “¿Es este tránsito hacia la consciencia algo gradual, o es algo súbito?” Algunas personas afortunadas lo logran en un instante. Sencillamente, toman consciencia. Otra van avanzando lentamente, gradualmente, progresivamente. Empiezan a ver las cosas. Las ilusiones se acaban, las fantasías desaparecen, y empiezan a ponerse en contacto con los hechos. No hay una regla general.

Hay una famosa historia de un león que encontró un rebaño de ovejas, y, con asombro, descubrió un león entre las ovejas

Era un león que había crecido entre las ovejas desde que era cachorro. Balaba como oveja y corría como una oveja. El león se le acercó, y cuando la oveja- león estuvo frente al león real, empezó a temblar.

El león dijo:
-¿Qué estás haciendo entre estas ovejas?

La oveja – león le contestó:
– Yo soy una oveja

– No, tú no eres una oveja – le replicó el león – Ven conmigo. Entonces llevó a la oveja – león a un estanque y le dijo:
-¡Mira!

Cuando la oveja – león vio su reflejo en el agua, dio un gran rugido, y en ese momento se transformó.

Nunca volvió a ser como antes

Si usted tiene suerte y los dioses son benévolos, o si usted recibe la gracia divina (use cualquier expresión teológica que desee), repentinamente podría comprender quién es “yo”, y nunca volvería a ser el mismo de antes, nunca. Nada podrá volver a afectarlo, y nadie podrá volver a herirlo.

Usted no temerá a nadie y no tendrá miedo de nada. ¿No es eso extraordinario? Usted vivirá como un rey, como una reina. Esto es lo que significa vivir como la realeza. Nada de esa basura de que su retrato salga en el periódico o de tener mucho dinero. Eso es paja. Usted no teme a nadie porque está completamente satisfecho de no ser nadie. No le interesan el éxito ni el fracaso. No significan nada. Los honores, la desgracia, ¡no significan nada! Si usted se comporta como un estúpido, esto tampoco significa nada. ¡Qué estado tan maravilloso!

Algunas personas llegan a esta meta con dificultad, paso a paso, después de meses y semanas de autoconsciencia.

Pero les prometo que no he conocido una sola persona que haya dedicado tiempo a ser consciente que no haya visto una diferencia en cuestión de semanas

La calidad de su vida cambia, de manera que ya no tiene que aceptarlo como cuestión de fe. Lo ve: ella es diferente. Reacciona de manera diferente. En realidad, reacciona menos y actúa más. Ve cosas que nunca ha visto.

Usted tendrá mucha más energía, estará mucho más vivo. La gente cree que si ella no tiene deseos es como leña seca, pero, en realidad, dejaría de estar tensa. Libérese de su temor al fracaso, de sus tensiones acerca del éxito; usted será usted mismo. Relajado. No conducirá con los frenos puestos. Eso será lo que sucederá.

Anthony de Mello

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Sobre la dependencia

Dependencia

¿Es concebible vivir una vida en la que usted esté tan totalmente solo que no dependa emocionalmente de nadie?

Todos dependemos unos de otros para todo tipo de cosas, ¿no es verdad? Dependemos del carnicero, del panadero, del fabricante de velas. Interdependencia. ¡Eso está bien! Organizamos una sociedad de esta manera, y les asignamos funciones diferentes a personas diferentes para el bienestar de todos, de manera que funcionemos mejor y vivamos con mayor eficacia – al menos así lo esperamos.

Pero depender psicológicamente de otra persona – ¿qué implica eso? – significa depender de otro ser humano para mi felicidad.

Piense en eso. Porque si lo hace, la próxima cosa que usted va a hacer – tenga consciencia de ello o no, – es exigir que los demás contribuyan a su felicidad. Entonces habrá otro paso: temor, temor a perder, temor a estar alienado, temor a ser rechazado, un control mutuo.

El amor perfecto expulsa el temor

En donde hay amor no hay exigencias, no hay expectativas, no hay dependencia. Yo no exijo que usted me haga feliz; mi felicidad no está en usted. Si usted me dejara, no me condolería de mí mismo; yo disfruto enormemente de su compañía, pero no me aferro.

Yo disfruto sin aferrarme. Lo que realmente disfruto no es usted; es algo más grande que usted y yo. Es algo que descubrí, una especie de sinfonía, una especie de orquesta que interpreta una melodía en su presencia, pero cuando usted se va, la orquesta no se detiene. Cuando me encuentro con otra persona, la orquesta interpreta otra melodía, la cual también es agradable. Y cuando estoy solo, continúa tocando. Tiene un gran repertorio y nunca deja de tocar.

De eso se trata el despertar

También por eso estamos hipnotizados, nos lavan el cerebro, estamos dormidos. Parece terrible preguntar, pero ¿puede decirse que usted me ama si se aferra y no me deja ir? ¿Si no me permite ser? ¿Puede decirse que me ama si me necesita psicológica o emocionalmente para su felicidad?

Esto contradice la enseñanza universal de todas las escrituras, todas las religiones, todos los místicos. “¿Cómo pudimos pasarlo por alto durante tantos años?” Repetidamente me digo a mí mismo: ¿Cómo fue posible que no lo viera? Cuando uno lee estas cosas radicales en las escrituras, se pregunta: ¿Este hombre está loco? Pero después de un tiempo empieza a pensar que todos los demás están locos.

“Si no renuncias a todo lo que posees, no puedes ser mi discípulo”. Hay que dejarlo todo. No se trata de un renunciamiento físico, comprendan; eso es fácil. Cuando sus ilusiones se acaban, por fin uno esta en contacto con la realidad, y créanme, nunca volverá a sentirse solo, nunca más.

La soledad no se cura con la compañía humana

La soledad se cura con el contacto con la realidad. Tengo muchísimo que decir sobre eso. El contacto con la realidad, la desaparición de nuestras ilusiones, el contacto con lo real. Sea lo que sea, no tiene nombre. Solamente podemos conocerlo abandonando lo que es irreal. Usted puede saber lo que es la soledad cuando deja de aferrarse, cuando renuncia a su dependencia. Pero el primer paso para lograrlo es que lo vea como deseable. Si no lo ve como deseable, ¿cómo puede llegar a acercarse?

Piense en su soledad. ¿Desaparecería por la compañía humana? Ésta sólo servirá de distracción. Adentro hay un vacío ¿no es así? Y cuando el vacío sale a la superficie, ¿qué hace usted? Huye, enciende el televisor, enciende el radio, lee un libro, busca compañía humana, busca entretenimiento, busca distracción. Todo el mundo hace eso. Actualmente esto es un gran negocio, una industria organizada para distraernos o entretenernos.

Anthony de Mello

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¿Puedo saber que es el “yo”?

¿Puedo saber que es el “yo”?

Les sugiero un ejercicio: Escriban en una hoja de papel cualquier forma breve en que ustedes se describirían; por ejemplo, hombre de negocios, sacerdote, ser humano, católico, judío, cualquier cosa.

Me doy cuenta que algunos escriben cosas como fructífero, peregrino en búsqueda, competente, vivo, impaciente, centrado, flexible, reconciliador, amante, miembro de la especie humana, demasiado estructurado. Confío en que esto sea el resultado de observarse uno a sí mismo. Como si estuviera observando a otra persona.

Pero dénse cuenta, el “yo” está observándome a “mí”. Éste es un fenómeno interesante que nunca ha dejado de asombrar a los filósofos, místicos, científicos, psicólogos, que el “yo” pueda observarme a “mí”. Parece que los animales no son capaces de hacer esto. Parece que se necesita cierta cantidad de inteligencia para poder hacerlo.

Lo que voy a decirles ahora no es metafísica; no es filosofía. Es sencilla observación y sentido común: Los grandes místicos del Oriente se refieren realmente al “yo”, no al “mí”. De hecho, algunos de estos místicos nos dicen que empezamos primero con las cosas; después pasamos a una consciencia de los pensamientos (es decir, del “mí”); y finalmente obtenemos una consciencia del pensador. Las cosas, los pensamientos, el pensador. Al que realmente estamos buscando es al pensador.

¿Puede el pensador conocerse a sí mismo?

¿Puedo saber que es el “yo”?

Algunos de estos místicos responden: ¿Puede el cuchillo cortarse a sí mismo? ¿Puede el diente morderse a sí mismo? ¿El ojo puede verse así mismo? ¿Puede el “yo” conocerse a sí mismo?

Pero ahora estoy pensando en algo mucho más práctico, que es decir qué no es el “yo”. Iré tan lentamente como sea posible porque las consecuencias son devastadoras. Maravillosas o aterradoras, según el punto de vista de cada cual.

Escuchen esto: ¿Yo soy mis pensamientos, los pensamientos que estoy pensando?

No. Los pensamientos van y vienen; yo no soy mis pensamientos.

¿Soy mi cuerpo?

Nos dicen que millones de células de nuestro cuerpo cambian o se renuevan cada minuto, de manera que después de siete años no tenemos en nuestro cuerpo una célula viva de las que había en él hace siete años. Las células van y vienen. Las células se forman y mueren. Pero el “yo” parece que permanece, de manera que ¿yo soy mi cuerpo? ¡Es evidente que no!

El “yo” es algo diferente del cuerpo; es algo más. Podría decirse que el cuerpo es parte del “yo”, pero es una parte que cambia. Se mueve continuamente, cambia continuamente. Le seguimos dando el mismo nombre, pero él cambia constantemente. Así como les damos el mismo nombre a las Cataratas del Niágara aunque las Cataratas del Niágara estén constituidas por agua que cambia continuamente. Usamos el mismo nombre para una realidad que siempre está cambiando.

¿Y, en cuanto a mi nombre? ¿”Yo” es mi nombre?

Evidentemente, no. No porque puedo cambiarme de nombre sin que cambie mi “yo”. ¿Mi carrera? ¿Mis creencias? Digo que soy católico, judío. ¿Es eso una parte esencial del “yo”? Cuando paso de una religión a otra, ¿Ha cambiado el “yo”? ¿Tengo un nuevo “yo” o es el mismo “yo” que ha cambiado? En otras palabras, ¿es mi nombre una parte esencial de mí, del “yo”

Bien, alguien me contó otra historia acerca de Patricio. Patricio va por una calle en Belfast y siente un revólver en la nuca; una voz le dice: “¿Es usted católico o protestante?” Bien, Patricio tenía que pensar de prisa. Dice: “Yo soy judío”, y la voz le dice: “Yo soy el árabe más afortunado de todo Belfast”. Los rótulos nos importan mucho. “Yo soy republicano”, dice usted. Pero ¿lo es realmente? Es imposible que usted quiera decir que cuando cambia de partido cambia de “yo”. ¿No se trata del mismo viejo “yo” con nuevas convicciones políticas?

Recuerdo haber oído acerca de un hombre que le pregunta a un amigo…

-¿Piensas votar por los republicanos?

– No, voy a votar por los demócratas – Le contesta el amigo – Mi padre era demócrata, mi abuelo era demócrata y mi bisabuelo era demócrata.

– Esa lógica es loca – dice el otro -. Es decir, si tu padre hubiera sido ladrón de caballos, y tu abuelo hubiera sido ladrón de caballos, y tu bisabuelo hubiera sido ladrón de caballos ¿qué hubieras sido tu?

– Ah – respondió el amigo -, entonces sería republicano.

Dedicamos mucho tiempo en la vida a reaccionar a los rótulos, los nuestros y los de los demás

Identificamos los rótulos con el “yo”. Católico y protestante son rótulos frecuentes.

Cierta vez un hombre fue a ver a un sacerdote y le dijo:

– Padre, quiero que diga una misa por mi perro. El sacerdote se indignó:
-¿Cómo así? ¿Decir una misa por su perro?
– Era mi perro consentido – le contestó el hombre – Yo amaba ese perro, y me gustaría que usted dijera una misa por él.
– Aquí no decimos misas por perros – replicó el sacerdote -. Pruebe en la iglesia vecina. Pregunte si pueden celebrarle un servicio.
Cuando el hombre estaba por irse, le dijo al sacerdote:
– Es una lástima. Realmente yo amaba a ese perro, iba a pagarle un millón de dólares por la misa. Y el sacerdote dijo:
Espere un momento, usted no me había dicho que su perro fuera católico.

Cuando usted está atrapado por los rótulos, ¿qué valor tienen esos rótulos, en cuanto al “yo”?

¿Podríamos decir que el “yo” no es ninguno de los rótulos que le adjudicamos? Los rótulos pertenecen al “mi”. Lo que cambia constantemente es el “mi”. ¿El “yo” cambia alguna vez? ¿Cambia alguna vez el observador? El hecho es que cualquier rótulo en que usted piense (excepto quizá ser humano) debe aplicarlo al “mi”. “Yo” no es ninguna de esas cosas. De manera que cuando usted sale de usted mismo y observa el “mi”, ya no se identifica con el “mi”.

El sufrimiento existe en el “mi”, de manera que cuando usted identifica el “yo” con el “mí” empieza el sufrimiento.

Diga que tiene miedo, o deseo o ansiedad. Cuando el “yo” no se identifica con el dinero, o el nombre o la nacionalidad, o las personas o los amigos, o con cualquier cualidad, el “yo” nunca está amenazado.

Puede ser muy activo, pero nunca está amenazado. Piense en cualquier cosa que le ha causado o causa dolor o preocupación o ansiedad. En primer lugar, puede identificar el deseo bajo el sufrimiento; hay algo que usted desea ardientemente, o no habría sufrimiento. ¿Qué es ese deseo? En segundo lugar, no es sencillamente un deseo; hay identificación. De alguna manera, usted se dijo a usted mismo:

“El bienestar del “yo”, casi la existencia del “yo”, está ligada con este deseo”. Todo sufrimiento es causado por identificarme con algo, sea que ese algo esté dentro de mí o fuera de mí.

Anthony de Mello

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Encontrarse a si mismo

Encontrarse a si mismo

Los grandes maestros nos dicen que la pregunta más importante del mundo es: “¿Quién soy yo?” O más bien: “¿Qué es “yo”? ¿Qué es lo que llamo “yo”? ¿Quiere decirme que usted comprendía todas las demás  cosas del mundo y no comprendía esto? ¿Quiere decirme que usted comprendía la astronomía y los agujeros negros y los quasares y que aprendió la ciencia de la computación y que no sabe quién es usted? Todavía está dormido. Es un científico dormido. ¿Quién es la persona que comprende? Primero averigüe eso. Eso es la base de todo, ¿verdad?

Por no haber comprendido esto están todas esas personas religiosas empeñadas en todas esas estúpidas guerras religiosas -Musulmanes contra Judíos. Protestantes contra católicos, y toda esa tontería. No saben quienes son, porque si lo supieran, no habría guerras, como la niña  que le dice al niño: “¿Ustedes son presbiterianos?” y él le contesta: “No, ¡pertenecemos a otra abominación!

Pero lo que más me gustaría subrayar ahora es la auto-observación

Usted me está escuchando, pero ¿está usted oyendo algo más, además del sonido de mi voz? ¿Es consciente de sus reacciones cuando me escucha?  Si no es así, le van a lavar el cerebro.

O va a ser influenciado por fuerzas internas de las cuales no tiene ningún conocimiento. Y aunque sea consciente de cómo reacciona a mí, ¿también es consciente de dónde provienen esas reacciones? Tal vez ni siquiera me está escuchando; tal vez es su padre el que me está escuchando. ¿Cree que eso es posible? Por supuesto que sí.

En mis grupos de terapia, me encuentro una y otra vez con personas que no están presentes. Está su padre, está su madre, pero ellas no están. Nunca estuvieron presentes. “Ahora vivo, no yo, sino mi padre que vive en mí” Bien, eso es absolutamente, literalmente verdad. Yo podría desarmarlo a usted pieza por pieza, y preguntarle: “Bueno, esta frase, ¿viene de su padre, de su madre, de su abuela, de su abuelo, de quien?”

¿Quién vive en usted?

Es terrible cuando llega a saber eso. Usted cree que es libre, pero probablemente no hay un gesto, un pensamiento, una emoción, una actitud, una creencia que no venga de otra persona. ¿No es horrible? Y usted no lo sabe. Se trata de una vida mecánica que le fue impuesta. Usted tiene opiniones sólidas sobre ciertas cosas, y cree que es usted el que las tiene: pero, ¿realmente es usted? Usted va a necesitar mucha consciencia para que pueda entender que tal vez eso que llama “yo” es sencillamente un conglomerado de sus experiencias pasadas, de sus condicionamientos y de su programación.

Eso duele. Realmente, cuando uno está empezando a despertar, siente mucho dolor

Es doloroso ver sus ilusiones destruidas. Todo lo que creía que había construido se derrumba, y eso es doloroso. De eso se trata el arrepentimiento; de eso se trata el despertar. Por eso, ¿Qué tal que dedique usted un minuto ahora mismo, ahí donde está sentado a ser consciente, mientras hablo, de lo que siente su cuerpo, de lo que pasa por su mente, y de cómo es su estado emocional? ¿Qué tal ser consciente del tablero, si tiene los ojos abiertos y del color de estas paredes y del material del que están construidas? ¿Qué tal ser consciente de mi rostro y de sus reacciones a este rostro mío? Porque usted reacciona, aunque no se dé cuenta. Y probablemente esa reacción no es de usted sino la tiene porque lo condicionaron para que la tuviera. ¿Y qué tal ser consciente de algunas cosas que acabo de decir? Aunque eso no sería consciencia, porque ahora sería solamente memoria.

Sea consciente de su presencia en el lugar en el que se encuentra

Dígase: “Estoy en esta sala”. Es como si estuviera fuera de usted mismo, mirándose a usted mismo. Note un sentimiento ligeramente diferente del que tendría si estuviera mirando las cosas de la sala. Más tarde preguntaremos: “¿Quién es la persona que está mirando?”  Yo me miro a mí mismo. “¿Qué es yo?” “¿Qué es “mí”? Por el momento es suficiente que yo me mire a mí mismo, pero si encuentra que usted está condenando a usted mismo o se aprueba a usted mismo, no interrumpa la condenación y no detenga el juicio o la aprobación, simplemente mírela.

Me estoy condenando a mí mismo; me estoy aprobando a mí mismo Simplemente mírelo y punto. ¡No trate de cambiarlo! No diga: “Ay, nos dijeron que no hiciéramos esto”. Sencillamente observe lo que sucede. Como les dije antes, la observación de sí mismo significa mirar – observar lo que sucede en uno y alrededor de uno, como si le estuviera sucediendo a otra persona.

Anthony de Mello

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La ilusión de las recompensas

La ilusión de las recompensas

Muchos creen que la pregunta más importante es: ¿Quién es Jesucristo? ¡Se equivocan! Muchos piensan que es: ¿Dios existe? ¡Se equivocan! Otros piensan que es: ¿Existe una vida después de la muerte? ¡Se equivocan!

Nadie parece afrontar el problema: ¿Hay una vida ANTES de la muerte? Sin embargo, según mi experiencia son precisamente los que no saben que hacer con esta vida los que viven preocupados por lo que van a hacer con la otra vida. Una señal de que usted despertó es que no le importa un comino lo que va a suceder en la próxima vida. A usted no le preocupa: no le importa. No le interesa, y punto.

¿Saben ustedes lo que es la vida eterna?

Ustedes creen que es la vida interminable. Pero sus propios teólogos les dirán que eso no es, porque lo interminable todavía está dentro del tiempo. Es el tiempo que no se acaba. Lo eterno significa atemporal – Por fuera del tiempo-

La mente humana puede comprender el tiempo y negar el tiempo. Lo que es atemporal está más allá de nuestra comprensión.

Sin embargo, los místicos nos dicen que la eternidad es ahora mismo. ¿Cómo les parece esa buena noticia? Es ahora mismo.

La gente se preocupa mucho cuando le digo que olvide su pasado. Está muy orgullosa de su pasado. O se avergüenza mucho de su pasado.

¡La gente está loca! ¡Olvídenlo!

Cuando oigan “Arrepiéntase de su pasado”, dense cuenta de que se trata de una gran distracción religiosa que les impedirá despertar. ¡Despierten! Eso es lo que significa el arrepentimiento. No “lloren por sus pecados”. ¡Despierten! Comprendan, dejen de llorar!

Anthony de Mello

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¿Preferiría usted vivir en la oscuridad?

Oscuridad

No hay nada más maravilloso que ser consciente. ¿Preferiría usted vivir en la oscuridad? ¿Actuar y no ser consciente de sus acciones, hablar y no ser consciente de sus palabras? ¿Preferiría oír a la gente y no ser consciente de lo que está oyendo o ver las cosas y no ser consciente de lo que está viendo?

El gran Sócrates dijo: “La vida sin consciencia no merece ser vivida”. Ésa es una verdad evidente.

La mayoría de la gente no vive una vida consciente. Vive una vida mecánica, pensamientos mecánicos – por lo general ajenos -, emociones mecánicas.

¿Quieren ver cuán mecánico es usted realmente?

“¡Qué linda camisa tienes!” Usted se siente bien oyendo eso. ¡Por una camisa, santo cielo! Usted se siente orgulloso cuando oye eso.

La gente viene a mi centro en la India y dice: “¡Qué lugar tan encantador, qué árboles tan encantadores!” (de los cuales no tengo ninguna responsabilidad), ¡qué clima tan encantador!” Y ya empiezo a sentirme bien, hasta que me sorprendo sintiéndome bien, y digo: “¿Puede usted imaginarse algo más estúpido que eso?” Yo no soy responsable de esos árboles; no fui responsable de la elección del lugar. No ordené el clima, sencillamente sucedió. Pero el “mi” se metió allí, de modo me siento bien. Me siento bien sobre “mi” cultura y “mi” nación.

¿Cuán estúpido puede ser uno? Lo digo en serio. Me dicen que por mi gran cultura hindú he producido todos estos místicos. Yo no los produje. Yo no soy responsable de ello. O me dicen: “Ese país suyo y su pobreza – ¡es horrible!” Me avergüenzo. Pero yo no la creé. ¿Qué está pasando? ¿Se detuvo usted alguna vez a pensar? La gente le dice a uno: “Usted es encantador”, y uno se siente maravilloso. Obtiene una caricia positiva (de ahí que a eso lo llamen “yo estoy bien, tú estás bien”).

Algún día voy a escribir un libro y el título será “Yo soy un estúpido, tú eres un estúpido”. Eso es lo más liberador, lo más maravilloso del mundo, cuando usted admite públicamente que es un estúpido. Es maravilloso. Cuando la gente me dice: “Usted se equivoca”, yo digo: ¿Qué más se puede esperar de un estúpido?.

Desarmados, todos debemos estar desarmados

En la liberación final, yo soy un estúpido. Por lo general, ocurre cuando yo oprimo un botón y usted se siente bien; oprimo otro botón y usted se siente mal. Y a usted le gusta.

¿Cuántas personas conoce usted que no se dejan afectar por la alabanza o la crítica?

Decimos que eso no es humano.

Humano significa que usted es un poquito como un mico, de modo que todos pueden influir en usted, y usted hace lo que debe hacer. Pero, ¿eso es humano? Si les parezco encantador a ustedes, eso quiere decir que en este momento están de buen humor, y también significa que cumplo sus expectativas.

Anthony de Mello

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¿Usted quiere cambiar el mundo?

¿Usted quiere cambiar el mundo? ¿Qué tal empezar por usted mismo? ¿Qué tal transformarse usted primero?

Pero ¿Cómo se logra eso? Por medio de la observación. Por medio de la comprensión. Sin interferencia o juicio de usted.

Porque usted no puede comprender lo que juzga

Cuando dice de alguien: “Es comunista”, se interrumpe en ese momento la comprensión. Usted le puso a esa persona un rótulo. “Ella es capitalista”. En ese momento se detiene la comprensión. Le puso un rótulo, y si ese rótulo lleva ecos de aprobación o desaprobación, ¡tanto peor! ¿Como va a comprender lo que aprueba, o lo que desaprueba?

Todo esto que digo suena como a un mundo nuevo, ¿no es así? Ningún juicio, ningún comentario, ninguna actitud: simplemente observar, estudiar, mirar, sin el deseo de cambiar lo que es. Porque si usted desea cambiar lo que es por lo que cree que debe ser, deja de comprender.

Un entrenador de perros trata de comprender a un perro de manera que pueda entrenarlo para realizar ciertos trucos. Un científico observa el comportamiento de las hormigas sin ningún otro fin distinto de estudiar las hormigas, de aprender lo más posible sobre ellas. No tiene ningún otro propósito. No intenta entrenarlas o conseguir algo de ellas. Le interesan las hormigas, quiere aprender todo lo que sea posible sobre ellas. Ésa es su actitud.

El día que ustedes logren una actitud como esa, experimentarán un milagro

Cambiarán, sin esfuerzo, correctamente. El cambio ocurrirá, no tendrán que lograrlo. Cuando la vida de la consciencia llegue a la oscuridad de ustedes, desaparecerá todo lo malo. Lo bueno se cultivará. Tienen que experimentar eso ustedes mismos.

Pero para esto se requiere una mente disciplinada. Y cuando digo disciplinada, no me refiero al esfuerzo. Estoy hablando de otra cosa. ¿Alguna vez han estudiado a un atleta? Toda su vida son los deportes, pero qué vida tan disciplinada la que lleva. Y miren un río que se dirige al mar: él crea el cauce que lo contiene.

Cuando dentro de uno hay algo que lo mueve en la dirección correcta, crea su propia disciplina

En el momento en que le llega la consciencia. ¡Ah, es maravilloso! Es lo más maravilloso del mundo; lo más importante; lo más maravilloso. No hay nada más importante en el mundo que despertar ¡Nada! Y, por supuesto, a su manera también es una disciplina.

Anthony de Mello

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Usted no está deprimido

Usted no está deprimido

La razón porque usted sufre con su depresión y sus ansiedades es porque se identifica con ellas. Usted dice: “Estoy deprimido”. Pero eso es falso. Usted no está deprimido. Si quiere ser preciso, debería decir:

“Ahora estoy experimentando una depresión”. Pero no decir: “Estoy deprimido”.

Usted no es su depresión. Eso no es sino un extraño truco de la mente, un extraño tipo de ilusión

Usted se engaña a sí mismo , y piensa – aunque no tiene consciencia de ello – que usted es su depresión, que usted es su ansiedad, que usted es su alegría o las emociones que tiene.

“¡Yo soy feliz!” Ciertamente usted no es feliz

La felicidad puede estar en usted ahora mismo, pero espere un poco, y eso cambiará; no durará: nunca dura; cambia continuamente: cambia siempre.

Las nubes van y vienen: unas son negras y otras son blancas, unas grandes y otras pequeñas. Si queremos seguir con la analogía, usted sería el cielo, y está observando las nubes. Usted es un observador pasivo, desprendido. Eso es sorprendente, especialmente para un occidental. Usted no está interfiriendo. No interfiera. No “arregle nada”. ¡Observe!

El problema con la gente es que se mantiene ocupada arreglando cosas que ni siquiera comprende

Siempre estamos arreglando cosas, ¿no es así? Nunca caemos en la cuenta que no es necesario arreglar las cosas. Realmente, no lo es. Esta es la gran iluminación. Es necesario comprenderlas. Si usted las comprendiera, ellas cambiarán.

Anthony de Mello

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¿Usted recibió la iluminación?

Iluminación

Alguien vino a preguntarme algo. ¿Qué creen que fue? Me dijo: ¿Usted recibió la iluminación?

¿Qué creen que le respondí? ¡No importa!

¿Quieren una respuesta mejor? Mi respuesta sería: “¿Cómo podría yo saberlo? ¿Cómo podría saberlo usted? ¿Qué importa?”

¿Quieren saber una cosa? Si ustedes desean algo demasiado, están metidos en un gran problema.

¿Quieren saber otra cosa? Si yo hubiera obtenido la iluminación y ustedes me escucharan por ello, entonces estarían metidos en un gran problema.

¿Están dispuestos a que alguien que ha obtenido la iluminación les lave el cerebro? ¡Cualquiera puede lavarles el cerebro! ¿Qué importa que alguien haya o no haya logrado el despertar?

Pero vean: Queremos apoyarnos en alguien que nosotros creemos que ha llegado a la meta. Nos encanta oír que la gente llegó a la meta. Eso nos da esperanza ¿No es verdad? ¿Qué es lo que quieren esperar? ¿No es eso otra forma de deseo?

Ustedes quieren esperar algo mejor que lo que tienen ahora ¿no es así? Si no fuera así, no estarían esperando. Pero entonces olvidan que ustedes lo tienen todo ahora mismo, y no lo saben.

¿Por qué no concentrarse en el presente, en lugar de esperar algo mejor en el futuro?

¿Por qué no comprender el presente en lugar de olvidarlo y esperar del futuro? ¿No es el futuro, sencillamente otra trampa?

Anthony de Mello

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Bueno, malo o afortunado

Bueno, malo o afortunado

En mi opinión el egoísmo parece provenir de un instinto de conservación, el primero y el más profundo de nuestros instintos. ¿Cómo podemos optar por el desinterés? Sería casi como optar por la inexistencia.

En mi opinión, podría parecer lo mismo que no existir. Lo que estoy diciendo es: no se sienta mal por ser egoísta; todos somos iguales. Una vez alguien dijo algo terriblemente hermoso sobre Jesús: quien lo dijo, ni siquiera era cristiano: “Lo más hermoso acerca de Jesús es que estaba a gusto con los pecadores, porque comprendía que no era mejor que ellos”.

Somos distintos a los demás – por ejemplo, de los criminales- sólo en lo que hacemos o no hacemos, no en lo que somos. La única diferencia entre Jesús y los demás era que él estaba despierto y ellos no.

Nuestras ilusiones respecto de los demás

Un joven vino a quejarse de que su novia lo había desilusionado, que lo había traicionado. ¿De qué se queja? ¿Esperaba algo mejor? Espere lo peor. Está tratando con gente egoísta. Usted es el idiota; pensó que ella era una princesa, que la gente era buena. ¡No, no es! No es buena. Es tan mala como usted; mala ¿me entiende? Está dormida, lo mismo que usted. ¿Y qué cree usted que la gente pretende? Satisfacer su propio interés, lo mismo que usted. No hay ninguna diferencia.

¿Puede usted imaginarse como es de liberador saber que usted nunca volverá a desilusionarse, nunca volverá a decepcionarse?

Nunca volverá a sentirse traicionado. Nunca se sentirá rechazado. ¿Quiere despertar? ¿Felicidad? ¿Libertad? Aquí está: Renuncie a sus falsas ideas. Mire a través de la gente. Si mira a través de usted mismo, mirará a través de todos los demás. Entonces los amará. Si no es así, estará todo el tiempo luchando con sus ideas equivocadas que usted tiene acerca de ellos, con sus ilusiones que constantemente se estrellan contra la realidad.

Tal vez es demasiado alarmante para muchos de ustedes entender que se puede esperar de todos los seres humanos – excepto los pocos que han despertado- sean egoístas y busquen su propio interés, bien sea en forma ruda o en forma refinada.

Esto los lleva a ver que no hay por qué desilusionarse de nada, no hay por que decepcionarse de nada. Si hubieran estado todo el tiempo en contacto con la realidad, no se habrían decepcionado. Pero decidieron pintar a la gente de colores brillantes; decidieron no mirar a través de los seres humanos, porque decidieron no mirar a través de ustedes mismos. Entonces ahora pagan el precio.

Antes de discutir esto, les contaré una historia. Una vez alguien preguntó: ¿Cómo es la iluminación? ¿Cómo es el despertar?

“Es como el vagabundo de Londres que se estaba acomodando para pasar la noche. A duras penas había conseguido un pedazo de pan para comer. Entonces llegó a un malecón, junto al río Támesis. Estaba lloviznando, y se envolvió en su viejo abrigo. Ya iba a dormirse cuando de repente se acercó un Rolls Royce manejado por un conductor. Una hermosa joven descendió del automóvil y le dijo:

– Mi pobre hombre, ¿va a pasar la noche en este malecón?
– Sí – le contestó el vagabundo.
– No lo permitiré – le dijo ella- Usted se viene conmigo a mi casa y va a pasar la noche cómodamente y a tomar una buena cena.

La joven insistió en que subiera al automóvil. Bien, salieron de Londres, y llegaron a un lugar en donde ella tenía una gran mansión con amplios jardines…

Los recibió el mayordomo, a quien la joven le dijo: “Jaime, cerciórese de que a este hombre lo lleven a las habitaciones de los sirvientes y lo traten bien”. Y Jaime obró como le dijo.

La joven se había desvestido y estaba a punto de acostarse cuando recordó a su huésped. Entonces se puso algo encima y fue hasta las habitaciones de los sirvientes. Vio una rendija de luz en la habitación en la que acomodaron al vagabundo, llamó suavemente a la puerta, la abrió, y encontró al hombre despierto. Le dijo:

– ¿Qué sucede, buen hombre, no le dieron una buena cena?
– Nunca había comido tan bien en mi vida, contestó el vagabundo.
– ¿Está usted bien caliente?
– Sí, la cama es hermosa y está tibia.
– Tal vez usted necesita compañía – le dice ella- córrase un poquito. Se le acercó, y él se corrió, y cayó directo al Támesis.

¡Ja! ¡Ésa no la esperaban!

¡Iluminación! ¡Iluminación! ¡Despierten!

Cuando estén dispuestos a cambiar sus ilusiones por la realidad, cuando estén dispuestos a cambiar sus sueños por hechos, entonces encontrarán todo. Así es como finalmente la vida tiene sentido. La vida se vuelve hermosa.

Hay una historia sobre Ramírez

Él es viejo, y vive en su castillo en la colina. Mira por la ventana (está en cama y paralítico) y ve a su enemigo. A pesar de ser viejo, su enemigo está subiendo por la colina, apoyado en un bastón, despacio, con dificultad. Tarda alrededor de dos horas y media en subir la colina. Ramírez no puede hacer nada porque los sirvientes tienen el día libre. Entonces su enemigo abre la puerta, entra en la habitación, mete la mano bajo la capa y saca una pistola. Dice:

– Ramírez, ¡por fin vamos a ajustar cuentas!.
Ramírez prueba la mejor manera de disuadirlo. Le dice:
– Vamos, Borgia, usted no puede hacer eso. Usted sabe que ya no soy el hombre que lo maltrató cuando usted era joven hace años, usted ya no es ese joven, ¡piénselo!
– Ah, no – le contesta su enemigo – Sus dulces palabras no me impedirán cumplir con esta divina misión. Lo que yo quiero es vengarme y usted no puede hacer nada para impedirlo.
-¡Sí puedo hacer algo! – le asegura Ramírez
-¿Qué? – le pregunta su enemigo
– Puedo despertar.
Y, en efecto, ¡despertó!

Así es la iluminación. Cuando alguien le dice: “No hay nada que pueda hacer”, usted dice: “Sí, yo puedo hacer algo: ¡puedo despertar!” De repente la vida ya no es una pesadilla. ¡Despierten!

Anthony de Mello

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No queremos ver

No queremos ver

Lo más difícil en el mundo es escuchar, es ver. No queremos ver. ¿Creen ustedes que un partidario del partido político A quiere ver lo que hay de bueno en el partido político B?  ¿Creen ustedes que un rico quiere mirar a los pobres?

No queremos mirar, porque si lo hacemos, podemos cambiar

No queremos mirar. Si uno mira pierde el control de la vida que tiene tan precariamente armada. Y por eso, para poder despertar, lo que más necesita uno no es energía, ni fuerza, ni juventud, ni siquiera una gran inteligencia lo que necesita por encima de todo es estar dispuesto a aprender algo nuevo.

Las posibilidades de despertar están en proporción directa a la cantidad de verdad que uno puede aceptar sin huir

¿Cuánta verdad están dispuestos a aceptar? De todas las cosas que aman, ¿cuántas están dispuestas a ver destruidas, sin huir? ¿Cuán dispuestos están a pensar en algo que no les sea familiar?

La primera reacción es el temor. No es que temamos lo desconocido. Uno no puede temer lo que no conoce, nadie teme lo desconocido. Lo que uno realmente teme, es la pérdida de lo conocido. Eso es lo que teme.

A manera de ejemplo, dije que todo lo que hacemos está tocado de egoísmo. No es fácil oír eso. Pero piensen por un minuto, Profundicemos un poco más en eso: Si todo lo que ustedes hacen proviene del egoísmo – ilustrado o no- ¿cómo los hace sentir eso a ustedes con respecto a su caridad y a todas sus obras buenas? ¿Qué les pasa a ellas?

He aquí un pequeño ejercicio

Piensen en todas las buenas obras que han hecho o en algunas de ellas (porque sólo les voy a dar unos pocos segundos). Ahora comprendan que realmente surgieron del egoísmo supiéranlo ustedes o no. ¿Qué le pasa a su orgullo, a su vanidad? ¿Qué le pasa a esos agradables sentimientos suyos, a esa palmadita de felicitación en la espalda cada vez que hizo algo que lo hacía sentir tan caritativo? Todo queda aplastado, ¿no es así? ¿Qué le pasa a ese sentimiento de superioridad frente a su vecino a quien usted consideraba tan egoísta? Todo cambia, ¿no es verdad? “Bueno”, dirá usted, “mi vecino tiene gustos menos refinados que los míos”.

Usted es una persona peligrosa, realmente lo es

Parece que Jesucristo tuvo menos problemas con otra clase de personas que con la clase de usted. Muchos menos problemas. Él tuvo problemas con personas que realmente estaban convencidas de que eran buenas. Las personas de otra clase parece que no le crearon muchos problemas, las que eran abiertamente egoístas y lo sabían. ¿Pueden ver ustedes cuán liberador es eso?

¡Vamos, Despierten! Eso es liberador. ¡Es maravilloso! ¿Está usted deprimido? Tal vez lo esté. ¿No es maravilloso darse cuenta que usted no es mejor que nadie en el mundo? ¿No es maravilloso? ¿Está desilusionado? ¡Mire, lo hemos sacado a la luz! ¿Qué le pasa a su vanidad? A usted le gustaría sentir que es mejor que otros. Pero mire cómo hemos sacado a la luz esa falacia.

Anthony de Mello

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Lavado de cerebro

Lavado de cerebro

La vida es un banquete. Y lo trágico es que la mayoría de las personas se están muriendo de hambre. Realmente de eso es de lo que estoy hablando.

Hay una bonita historia …

Unas personas que se hallaban en una balsa a cierta distancia de la costa de Brasil, y se estaban muriendo de sed. No sabían que el agua en la que estaban flotando era dulce; el río entraba en el mar con tanta fuerza que penetraba en él más de tres kilómetros, de modo que tenían agua dulce allí mismo. Pero no lo sabían.

De la misma manera, estamos rodeados de alegría, felicidad, de amor. La mayoría de los seres humanos no lo saben. La razón: les lavaron el cerebro. La razón: están hipnotizados, están dormidos. Imagínense un mago que hipnotiza a alguien de manera que la persona ve lo no que está ahí y no ve lo que está ahí. De eso se trata.

¡Despierten!

Arrepiéntanse y acepten la buena nueva. ¡Arrepiéntanse! ¡Despierten! No lloren por sus pecados. ¿Por qué llorar por pecados que cometieron cuando estaban dormidos? ¿Van a llorar por lo que hicieron en estado hipnótico? ¿Por qué quieren ser como una persona hipnotizada? ¡Despierten! ¡Despierten! ¡Arrepiéntanse! ¡Tengan una mente nueva! ¡Adopten una nueva manera de ver las cosas! porque “¡El reino está aquí!”

Son pocos los cristianos que toman eso en serio. Ya les dije a ustedes que lo primero que necesitan hacer es despertar, reconocer el hecho de que no les gusta que los despierten. Les gustaría más tener todas las cosas que en su estado hipnótico, les hicieron creer que eran tan preciosas y tan importantes para usted, y para su vida y su supervivencia. Además, comprendan. Comprendan que tal vez tienen ideas equivocadas, y que son estas ideas las que están influyendo en su vida y convirtiéndola en el desastre que es y manteniéndolos dormidos.

Ideas sobre el amor, ideas sobre la libertad, ideas sobre la felicidad, y otras ideas. Y no es fácil escuchar a alguien que cuestiona esas ideas que son tan preciosas para ustedes.

Lavado de cerebro

Se han hecho estudios interesantes sobre el lavado de cerebro. Se ha revelado que le lavaron el cerebro a alguien cuando adopta o “introyecta” una idea que no es suya, que es de otro. Y lo increíble es que esa persona estaría dispuesta a morir por esa idea. ¿No es extraño?

La primera prueba de que a una persona le lavaron el cerebro e introyectó convicciones y creencias tiene lugar cuando se atacan esas convicciones y creencias, se siente aturdida, reacciona emocionalmente. Esa es una buena señal, – no infalible, pero si una buena señal – de que se trata de lavado de cerebro. La persona está dispuesta a morir por una idea que no fue suya. Los terroristas o los santos (así llamados) aceptan una idea, la tragan entera y están dispuestos a morir por ella.

No es fácil escuchar, especialmente cuando uno se pone emocional con respecto a una idea

Y aunque no se ponga emocional, no le es fácil escuchar; siempre escucha de acuerdo a con su programación, con sus condicionamientos, con su estado hipnótico. Con frecuencia interpreta todo lo que se dice en función de su estado hipnótico, o de su condicionamiento, o de su programación. Como esta joven que está escuchando una conferencia sobre agricultura y dice: “Excúseme señor, estoy completamente de acuerdo con usted con que el mejor abono es el abono de caballo maduro. ¿Nos podría decir, qué edad debe tener el caballo?” ¿Ven en función de qué habla ella?

Todos tenemos nuestras opiniones, ¿no es verdad? Y escuchamos en función de esas opiniones. “Enrique, ¡Cómo has cambiado! Eras alto y ahora eres tan bajo. Estabas fornido y ahora eres delgado. Eras rubio y ahora eres tan moreno. ¿Qué te pasó Enrique? Enrique dice: “Yo no soy Enrique, soy Juan”. “Ah, ¡Cambiaste hasta de nombre!” ¿Cómo hacer que personas así escuchen?

Anthony de Mello

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