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Investigar el sufrimiento

¿Jugó algún papel el sufrimiento para impulsarle en su camino?

Depende de cómo entiendas el sufrimiento. El sufrimiento como idea, como concepto, nunca puede proporcionarte el conocimiento de ti mismo. Pero la percepción directa del sufrimiento, como la percepción directa de todo objeto, es un indicador de tu Sí mismo.

Lo que fue importante para mí fueron aquellos momentos en que miré hacia mí mismo y encontré una ausencia de realización; esto puso en acción un proceso de investigación más profunda.

En cierto sentido, cuando realmente sientes esta carencia sin conceptualizarla, hay un sufrimiento intenso, pero no es un sufrimiento semejante al que pueda ser motivado por un robo, la pérdida de empleo, la ruptura del matrimonio, una muerte o cualquier otra circunstancia de este tipo. Desde luego, estas dificultades te privan de una cierta clase de complacencia y alteran tu habitual modo de vida. Te llevan a interrogar, a investigar, a explorar, a cuestionar, el propio sufrimiento.

Haz del sufrimiento un objeto

Haz del sufrimiento un objeto. En el completo abandono a la percepción, aparece la luz. Debes comprender que por «abandono» no quiero decir una aceptación fatalista ni ninguna clase de sacrificio psicológico.

El abandono real consiste en dejar marchar todas las ideas y permitir que la percepción —en este caso el sufrimiento— venga a ti en tu apertura. Verás que eso no es un «cambiar de sitio» como sucede en la aceptación psicológica, donde la energía fijada como sufrimiento es meramente desplazada hacia otra área, sino que viene a florecer desde el interior de la plenitud de tu atención.

La sentirás como energía libre, energía que estaba anteriormente cristalizada. Así pues, el abandono no es un estado pasivo. Es tanto pasivo como activo, pasivo en el sentido de «dejar ir», como con el «hombre pobre» de Meister Eckhart, y activo en cuanto que es una alerta constante.

Jean Klein

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Para qué meditar

La meditación consiste en traer la mente a casa, y esto se consigue en primer lugar gracias a la práctica de la atención.

En cierta ocasión, una anciana fue a ver al Buda para preguntarle cómo meditar. Él le aconsejó que cada vez que sacara agua del pozo permaneciera atenta a todos y cada uno de los movimientos de sus manos. Sabía que así alcanzaría rápidamente el estado de calma vigilante y espaciosa que es la meditación.

Meditar, “morar en calma”, permite realizar varias cosas.

En primer lugar

En primer lugar, todos los aspectos fragmentados de nosotros que hasta entonces estaban en guerra, se asientan, se disuelven y se reconcilian. En ese apaciguamiento, empezamos a comprender mejor y a veces incluso tenemos vislumbres del esplendor de nuestra naturaleza fundamental.

En segundo lugar

En segundo lugar, la práctica de la atención desactiva nuestra negatividad, nuestra agresividad, nuestro dolor, nuestro sufrimiento y nuestra frustración, que pueden haber ido acumulando poder a lo largo de numerosas vidas. En vez de reprimir nuestras emociones o regodearnos en ellas, lo importante aquí es contemplarlas, así como nuestros pensamientos y todo lo que surja, con una aceptación y una generosidad tan abiertas y amplias como nos sea posible.

Gradualmente, al permanecer abiertos y atentos, y si centráis vuestra mente cada vez más, vuestra negatividad se irá desactivando poco a poco. Empezaréis a sentiros bien con vosotros mismos o, como dicen los franceses, “estaréis bien dentro de vuestra piel”. Experimentaréis entonces una sensación de liberación y os sentiréis profundamente a gusto. A mi modo de ver, esta práctica es la forma más eficaz de terapia y autocuración.

En tercer lugar

En tercer lugar, esta práctica disuelve y elimina la animadversión y el daño que hay en nostros, desvelando y revelando así nuestro buen corazón fundamental. Sólo cuando hayamos eliminado el daño que llevamos dentro seremos verdaderamente útiles a los demás. Así pues, al eliminar lentamente la animadversión y el daño que hay en nostros mismos por medio de la práctica, permitimos que nuestro verdadero buen corazón – la bondad y la amabilidad fundamentales que constituyen nuestra auténtica naturaleza – resplandezca y cree el cálido entorno en el que nuestro verdadero ser pueda florecer.

Comprenderéis ahora por qué califico la meditación de verdadera práctica de la paz, de la no agresión y de la no violencia, el desarme verdadero y supremo.

Sogyal Rimpoché

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Observar la respiración

La respiración es vida, la expresión más básica y fundamental de nuestra vida

Una práctica espiritual muy antigua consiste en dejar reposar vuestra atención en la respiración, suave y atentamente.

En el judaísmo, ruah – el aliento – significa el espíritu de Dios que inspira la creación; el cristianismo también establece una profunda relación entre el Espíritu Santo, sin el cual nada estaría dotado de vida, y el aliento. En las enseñanzas de Buda se dice que el aliento, prana en sánscrito, es el “vehículo de la mente”.

Así, cuando aquietáis la mente al trabajar hábilmente con la respiración, estáis simultánea y automáticamente domesticando y entrenando la mente. ¿Acaso no hemos experimentado todos, cuando la vida se llena de tensiones, lo relajante que puede ser quedarnos unos minutos a solas y limitarnos a respirar, al ritmo de inspiraciones y espiraciones profundas y tranquilas? Incluso un ejercicio tan sencillo como éste puede sernos de gran ayuda.

Por consiguiente, cuando meditéis respirad con naturalidad, tal como lo haríais normalmente. Posad ligeramente vuestra atención sobre la respiración. Al espirar, dejaros llevar por el aliento. Cada vez que espiráis, soltáis y liberáis todo aferramiento. Imaginad que vuestro aliento se disuelve en el espacio de la verdad que lo abarca todo. Cada vez que espiráis, y antes de la inspiración siguiente, descubriréis que se produce un intervalo natural, a medida que se disuelve el aferramiento.

Reposad en ese resquicio, en ese espacio abierto. Y al volver a tomar aire, de un modo natural, no prestéis demasiada atención a la inspiración; dejad que vuestra mente siga reposando en ese intervalo que se ha abierto.

Cuando practicáis, es importante no dejaros llevar por comentarios mentales, análisis ni charlas interiores. No confundáis los comentarios de vuestra mente (“ahora estoy inspirando, ahora estoy espirando”) con la atención; lo importante es la pura presencia.

No os concentréis en exceso en la respiración

Es muy importante – tal como recomiendan siempre los maestros – no concentrarse demasiado mientras se practica la concentración del “Morar en calma”. Por eso aconsejan conceder aproximadamente un 25 por ciento de la atención a la respiración. Sin embargo, como podréis constatar, la atención por sí sola no basta.

Al cabo de uno o varios minutos de estar, supuestamente, observando la respiración, tal vez descubráis que estáis jugando en un partido de fútbol o haciendo de protagonista en vuestra propia película. Por eso debéis dedicar otro 25 por ciento a una atención sostenida y vigilante que supervisa y comprueba que seguís atentos a la respiración.

Dejad que el 50 por ciento restante de vuestra atención permanezca espaciosamente.

A medida que estéis más atentos a vuestra respiración, os notaréis cada vez más presentes, que reunís de nuevo todos vuestros aspectos fragmentados y que encontráis la plenitud.

En vez de “observar” la respiración, id identificándoos gradualmente con ella, como si fuerais a convertiros en ella. Poco a poco, la respiración, aquel que respira y el acto de respirar, se vuelven uno. La dualidad y la separación se desvanecen.

Descubriréis que este sencillísimo proceso de atención filtra vuestros pensamientos y vuestras emociones. Entonces, al igual que si os despojárais de una piel vieja, algo se desprende de vosotros y se libera.

Sogyal Rimpoché

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