Un minuto para el absurdo V

I.-

«La gente no está dispuesta a renunciar a sus celos y preocupaciones, a sus resentimientos y culpabilidades, porque estas emociones negativas, con sus ‘punzadas’, les dan la sensación de estar vivos», dijo el Maestro.

Y puso este ejemplo:

«Un cartero se metió con su bicicleta por un prado, a fin de atajar. A mitad de camino, un toro se fijó en él y se puso a perseguirlo. Finalmente, y después de pasar muchos apuros, el hombre consiguió ponerse a salvo.

«Casi te agarra, ¿eh?», le dijo alguien que había observado lo ocurrido.

«Sí», respondió el cartero, «como todos los días».

II.-

Un científico se quejó al Maestro de que el desprecio que éste manifestaba por los conceptos, en cuanto opuestos al «conocimiento no conceptual», era una injusticia para con la ciencia.

El Maestro se las vio y se las deseó para hacerle comprender que no tenía nada contra la ciencia. «Pero», añadió, «ojalá el conocimiento que tú tienes de tu mujer sea algo más que un conocimiento científico!».

Más tarde, hablando con sus discípulos, se mostró aún más enérgico: «Los conceptos definen», dijo; «pero definir es destruir. Los conceptos diseccionan la realidad, y lo que diseccionas lo matas».

«Entonces, ¿son inútiles los conceptos?».

«No. Disecciona una rosa, y tendrás una valiosa información -y ningún conocimiento- sobre la rosa. Hazte un experto, y tendrás mucha información -y ningún conocimiento- sobre la realidad».

Anthony de Mello

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