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Los 10 errores más comunes en el camino espiritual. Décimo: Creer que uno no puede enojarse, temer, o sentir cualquier otra emoción negativa por estar en el camino espiritual

Los 10 errores más comunes en el camino espiritual. Décimo: Creer que uno no puede enojarse, temer, o sentir cualquier otra emoción negativa por estar en el camino espiritual

Esta creencia nos lleva a una gran represión de la ira y de los enojos, que hacen su reaparición más tarde bajo la forma de rencor, crítica o rechazo.

Mientras estamos en el plano terrenal, vivimos la sensaciones y las emociones de este plano.  Algunas de ellas son muy placenteras, otras no.

El tener un conocimiento intelectual acerca de la acción destructiva de ciertas emociones no las hace desaparecer.

Uno puede saber lo malo que es el enojo y, sin embargo, no puede evitar enojarse.

En realidad, uno sí puede evitar enojarse, o asustarse o angustiarse, pero eso exige un entrenamiento.

Durante dicho entrenamiento, hay momentos en que podemos dominar la rabia y la ansiedad, y otros en los que nada puede calmarnos.

Una vez que aparece el enojo, lo mejor es descargarlo de la manera más positiva posible.

Es mucho peor reprimirse e intentar decir: “Todo está bien en mi mundo”, cuando uno internamente está sintiendo el deseo primitivo de querer atacar a alguien.

La mayoría de las personas que transitan el terreno espiritual son muy exigentes consigo mismas y pretenden erradicar completamente de sus vidas este tipo de reacciones.

Esto no resulta desacertado pero se logra a través de un proceso.

Date permiso

Sé amable contigo mismo y, de vez en cuando, date el permiso necesario para errar, golpear un almohadón, gritar, llorar y expresar, como mejor te resulte, todas las emociones negativas que te toca vivir.

La mayoría de los errores aquí enunciados están generados por la actitud crítica de nuestro propio ego.

El ego no puede desaparecer por que necesitamos de él para actuar en este plano.

La “solución” es ponerlo alineado con nuestro Espíritu.

Amablemente, le podemos decir al ego que:

“A partir de ahora, deberá seguir las indicaciones de un nuevo Maestro amoroso, amable, paciente y permanente, que nunca juzga y que sabe que siempre estamos haciendo lo mejor que podemos”.

Si seguimos las indicaciones de nuestro Maestro Interior, nunca podemos fallar.

Horacio Valsecia

Aprende a utilziar el poder de tu mente insconsciente

Los 10 errores más comunes en el camino espiritual. Octavo: Creer que uno puede guiar a otros o que puede ser guiado

Los 10 errores más comunes en el camino espiritual. Octavo: Creer que uno puede guiar a otros o que puede ser guiado

Sentir que gracias a uno otras personas se iluminan o, al revés, que la presencia de otros nos devuelve la Luz es pura ilusión del ego.

La verdadera Guía es Interna, es tu Intuición, la Voz de tu Conciencia interna.

Muchas veces esa Voz coincidirá con lo que escuchas de afuera y pensarás que alguien te está guiando.

Pero, apenas aceptes a alguien como tu ídolo, comenzarás a fabricar tu propia decepción.

Ocurre lo mismo si alguien te ha entronizado y te ha tomado como líder;  en algún momento los problemas de tu vida personal lo decepcionarán.

Todos aprendemos y enseñamos al mismo tiempo.

Por tal motivo, es conveniente mantener una actitud receptiva hacia las señales que recibimos de nuestro entorno y ver qué resonancia producen en nuestro interior.

No eres el salvador ni la guía de nadie.

Ninguna vida depende de tus conocimientos ni de tus esfuerzos.

Esto es cierto también al revés. Nadie te rescatará ni te salvará, excepto tú mismo. El mejor Guía con que contamos está dentro de Nosotros.

Nos habla con voz suave y paciente, sin obligarnos a nada; nos indica siempre el camino más corto y más feliz, nos da la idea más adecuada y la respuesta que racionalmente no podemos encontrar.

Por eso, es conveniente practicar meditación y ejercicios de relajación para poder escuchar esa Voz.

Si vives de prisa, tenso, angustiado y con un ritmo acelerado, seguramente no oirás la “Voz de tu intuición” y buscarás guías externas.

Hay personas que son muy positivas y estimulantes, y podrán ayudarte en un principio.

Evita idolatrarlas y evita también ser idolatrado.

Recuerda siempre que: la “Guía más válida y acertada está siempre dentro de ti”.

Horacio Valsecia

Descubre el poder de tu mente insconsciente

La sabiduría y yo

La Sabiduría y yo

En el silencio de la noche, la Sabiduría penetró en mi cuarto y se quedó de pie junto al lecho. Me miró con la expresión de una madre cariñosa, enjugó mis lágrimas y me dijo:

-He escuchado los gemidos de tu alma y he venido a consolarte. Abreme tu corazón, que yo lo llenaré de luz. Pregúntame, que yo te mostraré el camino de la Verdad.

Atendí a su indicación y le pregunté:

-¿Quién soy yo, Sabiduría, y cómo llegué a este lugar de horrores? ¿Qué son estas inmensas esperanzas, estas montañas de libros y estas extrañas figuras? ¿Qué son estos pensamientos que vienen y van como bandadas de palomas? ¿Qué son estas palabras que articulamos con deseo y escribimos con alegría? ¿Qué son estas tristes y gozosas conclusiones que abrazan mi alma y envuelven mi corazón? ¿De quién son estos ojos que me miran y taladran hasta los rincones más oscuros de mi alma y, sin embargo, no se ocupan de mi pena? ¿Qué son estas voces que lamentan el paso efímero de mis días y cantan las alabanzas de mi niñez? ¿Quién es este joven que juega con mis deseos y se burla de mis sentimientos, olvidándose de las acciones de ayer contentándose exclusivamente con lo pequeño de hoy y armándose contra el lento acercarse del mañana?

¿Qué es este mundo horrible y a qué tierra desconocida me lleva?

¿Cuál es esta tierra que abre anchurosamente sus fauces para tragar nuestros cuerpos y prepara un albergue imperecedero para los avaros? ¿Quién es este Hombre que se da por contento con los favores de la Fortuna y está suspirando por un beso de los labios de la Vida, mientras la Muerte le abofetea el rostro?

¿Quién es este Hombre que compra un momento de placer con un año de arrepentimiento, y se entrega al sueño, cuando le rondan las pesadillas? ¿Quién es este Hombre que nada en las olas de la Ignorancia, hacia el vértice de las Tinieblas?

Dímelo, Sabiduría… ¿qué son todas estas cosas?

Y la Sabiduría abrió sus labios y habló:

-Tú, Hombre, eres capaz de ver el mundo con los ojos de Dios y captar los secretos del más allá a través del pensamiento humano. Este es el fruto de la ignorancia.

Sal al campo y contempla cómo las abejas rondan las hermosas flores, y el águila se abalanza sobre su presa. Entra en la casa de tu vécino y ve al pequeñuelo fascinado por las llamas del hogar, mientras la madre trajina en sus tareas domésticas. Sé como la abeja y no desperdicies los días de tu primavera mirando lo que hace el águila. Sé como el niño a quien encanta el fuego de la chimenea y deja que la madre se dedique a sus quehaceres. Todo lo que ves fue y sigue siendo tuyo.

Los numerosos libros, figuras extrañas y bellos pensamientos que te rodean son fantasmas de espíritus que te han precedido. Las palabras pronunciadas por tus labios son los eslabones que te vinculan a tus semejantes. Las conclusiones tristes y alegres son las semillas del pasado arrojadas en el surco de tu alma, para ser cosechadas en el futuro.

El joven que juega con tus deseos es el que va a abrir la puerta de tu corazón para que entre la luz. La tierra que abre sus voraces fauces para tragar al hombre y, con él, sus obras, es la redentora de nuestras almas, que las liberará de la esclavitud a nuestros cuerpos.

El mundo que se mueve contigo es tu propio corazón, que es el mundo mismo. Y el hombre a quien consideras tan pequeño e ignorante, es el mensajero de Dios que ha venido a aprender la alegría de la vida a través del dolor y de la ignorancia.

Así habló la Sabiduría y poniéndome una mano en la frente calenturienta, me dijo:

-Sigue adelante. No te detengas. Avanzar es caminar hacia la perfección. Sigue adelante, sin temor a las espinas ni a las piedras cortantes del camino de la Vida.

Khalil Gibran

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Nuestros valores

Pedir consejo

Pedir consejo

Yo he estado aquí desde el principio, y estaré hasta el fin de los días; porque mi existencia no tiene límites. El alma humana es sólo una parte de la antorcha encendida que Dios separó de Sí al crear el mundo.

Hermanos míos, aconsejaos unos a otros, porque en ese consejo radica la liberación del error y arrepentimiento fútil. La sabiduría de los más es vuestro escudo contra la tiranía. Porque, cuando nos pedimos consejo uno al otro, reducimos el número de nuestros enemigos.

El que no pide consejo es un atolondrado. Su irreflexión lo ciega para la Verdad y lo hace perverso y peligroso para su prójimo.

Una vez que hayas comprendido claramente un problema, afróntalo con resolución, porque eso es lo que hace el fuerte.

Solicita el consejo de los ancianos, porque sus ojos han mirado a la cara de los años y sus oídos han escuchado las voces de la Vida. Aunque su consejo te parezca desagradable, síguelo.

No esperes un buen consejo de ningún tirano, malhechor, engreído o desertor del honor. ¡Ay del que colabore con el perverso que viene a pedirle consejo! Porque dar la razón o aliarse con el malhechor es una infamia, y dar oídos a la falsedad es una traición.

Mientras no esté dotado de gran conocimiento, criterio certero y profunda experiencia, no podré considerarme consejero de los hombres.

Avanza despacio y no seas negligente cuando se te presente una oportunidad. De esta manera evitarás grandes equivocaciones.

Amigo mío, no seas como él que se sienta frente al fuego y ve cómo éste se consume, intentando en vano soplar las cenizas muertas. No te rindas ni te entregues a la desesperación por lo pasado, porque lamentar lo irremediable es la peor de las flaquezas humanas.

Ayer me arrepentí de lo que había hecho, y hoy comprendo mi error y el mal que atraje sobre mí al quebrar mi arco y destruir mi aljaba.

Te amo, hermano mío, quien quiera que seas, lo mismo si adoras a Dios en una iglesia, que si te hincas de rodillas en un templo o rezas en una mezquita. Tú y yo somos hijos de una sola fe, porque los diversos caminos de la religión son dedos de la mano amante de un solo Ser Supremo, mano qué se extiende a todos, ofrece la plenitud del espíritu a todos y está deseosa de recibir de todos.

Dios te ha concedido un espíritu con alas, para que surques firmemente el espacio del Amor y ‘de la Libertad. ¿No es, por tanto, una pena que te arranques las alas con tus mismas manos y tenga después tu alma que arrastrarse como un insecto sobre la tierra?

Alma mía, vivir es como el corcel de la noche, cuanto más rápida sea su carrera, más pronto llegará el día.

Khalil Gibran

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Ocúpate de tus propios asuntos

Ocúpate de tus propios asuntos

Sólo puedo encontrar tres tipos de asuntos en el universo: los míos, los tuyos y los de Dios. (Para mí, la palabra Dios significa «realidad». La realidad es Dios, porque gobierna. Todo lo que escapa a mi control, al tuyo y al de cualquier otra persona es lo que yo denomino «los asuntos de Dios»). Buena parte de nuestras tensiones proviene de vivir mentalmente fuera de nuestros asuntos.

Cuando pienso: «Necesitas encontrar un trabajo, quiero que seas feliz, debieras ser puntual, necesitas cuidar mejor de ti mismo», me estoy inmiscuyendo en tus asuntos. Cuando me preocupo por los terremotos, las inundaciones, la guerra o la fecha de mi muerte, me estoy inmiscuyendo en los asuntos de Dios. Si mentalmente estoy metida en tus asuntos o en los de Dios, el efecto es la separación. Fui consciente de esto hace tiempo, en 1986. Cuando, por ejemplo, me inmiscuía mentalmente en los asuntos de mi madre con pensamientos del tipo: «Mi madre debiera comprenderme», experimentaba de inmediato un sentimiento de soledad. Y comprendí que siempre que me he sentido herida o sola, he estado inmiscuida en los asuntos de otra persona.

Si tú estás viviendo tu vida y yo estoy viviendo mentalmente tu vida, ¿quién está aquí viviendo la mía? Los dos estamos ahí. Ocuparme mentalmente de tus asuntos me impide estar presente en los míos. Me separo de mí misma y me pregunto por qué razón mi vida no funciona. Pensar que yo sé lo que es mejor para los demás es estar fuera de mis asuntos. Incluso en nombre del amor, es pura arrogancia y el resultado es la tensión, la ansiedad y el miedo. ¿Sé lo que es adecuado para mí? Ese es mi único asunto. Permíteme trabajar en eso antes de tratar de resolver tus problemas por ti.

Si comprendes los tres tipos de asuntos lo bastante para ocuparte de los tuyos propios, este conocimiento puede liberar tu vida de una manera que ni siquiera eres capaz de imaginar. La próxima vez que sientas tensión o incomodidad, pregúntate de quién son los asuntos en los que te ocupas mentalmente, ¡y quizás estalles en carcajadas! Esa pregunta puede devolverte a ti mismo. Tal vez llegues a descubrir que, en realidad, nunca has estado presente y que te has pasado toda la vida viviendo mentalmente en los asuntos de otras personas. Y si practicas durante un tiempo, quizá descubras que en realidad no tienes ningún asunto y que tu vida funciona perfectamente por sí misma.

Byron Katie

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¿Te sientes triste, falta de motivación, ansiedad? ¿Problemas de concentración, sobrepresión, miedos descontrolados? ¿Atraviesas un duelo? ¿Te encuentras ante una ruptura conyugal o de pareja, un divorcio? ¿Un cambio de trabajo, estrés…? Te ayudamos a recuperar la paz, fuerza, determinación, el equilibrio y la armonía interior que tanto te mereces y necesitas.

Regresiones

Lo que es, es

Lo que es, es

Únicamente sufrimos cuando creemos un pensamiento que está en desacuerdo con lo que es. Cuando la mente está perfectamente clara, lo que es, es lo que queremos. Si quieres que la realidad sea diferente de lo que es, podrías intentar enseñarle a ladrar a un gato y obtendrías el mismo resultado. Puedes intentarlo una y otra vez, y al final, el gato te mirará y volverá a decir: «Miau».

Un deseo imposible

Desear que la realidad sea diferente de lo que es, es un deseo imposible de satisfacer. Y aun así, si prestas atención, advertirás que tienes pensamientos de este tipo docenas de veces al día: «La gente debiera ser más amable», «Debiera enseñarse a los niños a comportarse bien», «Mis vecinos debieran cuidar mejor su césped», «La cola del supermercado debiera avanzar más deprisa», «Mi mujer (o mi marido) debiera estar de acuerdo conmigo», «Debiera estar más delgada (o ser más guapa o tener más éxito)». Estos pensamientos constituyen distintas maneras de querer que la realidad sea diferente de lo que es. Si te parece que esto suena deprimente, estás en lo cierto. Toda la tensión que sentimos se origina en nuestras discusiones con lo que es.

Muchas personas me dicen a menudo: «Pero si renunciase a mi discusión con la realidad perdería parte de mi poder. Si simplemente acepto la realidad, seré pasiva. Quizás incluso pierda el deseo de actuar». Yo les contesto con una pregunta: «¿Tienes la absoluta certeza de que eso es verdad?». «Ojalá no hubiese perdido mi trabajo» o «He perdido mi trabajo; ¿qué puedo hacer ahora?»: ¿Qué es lo que te da más poder?

Sin lucha interior

En realidad lo que piensas que no debiera haber sucedido sí debiera haber sucedido. Debiera haber sucedido porque así fue y ningún pensamiento del mundo puede cambiarlo. Eso no quiere decir que lo toleres ni que lo apruebes. Sólo significa que eres capaz de ver las cosas sin resistencia y sin la confusión de tu lucha interior. Nadie quiere que sus hijos enfermen, nadie quiere ser víctima de un accidente de coche; pero cuando estas cosas ocurren, ¿de qué forma podría ayudar discutir mentalmente con ellas? Sabemos que no tiene sentido, y sin embargo, lo hacemos porque no sabemos cómo dejar de hacerlo.

Soy una amante de lo que es, no porque sea una persona espiritual, sino porque, cuando discuto con la realidad, sufro. Podemos saber que la realidad está bien tal como es porque, cuando discutimos con ella, sentimos tensión y frustración. No nos sentimos normales ni equilibrados.

Cuando dejamos de oponernos a la realidad, la acción se convierte en algo sencillo, fluido, amable y seguro.

Byron Katie

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¿Deseas enfrentarte y vencer las resistencias que te están impidiendo colocar el amor en el centro de tu Vida? ¿Quieres poner todo tu Ser a trabajar a favor de tí y de tus sueños? Podemos ayudarte. Hoy es un día perfecto para empezar. Te acompañamos en ese camino apasionante.

Coaching Personal y Profesional

La vigilancia

La vigilancia

La llamada a una rendición más profunda. Muchas personas afortunadas y agraciadas han podido gustar o tener un vislumbre de lo inmortal, del Ser eterno. A partir de esa experiencia surge la pregunta: “¿Qué viene ahora?” O,”¿qué debería hacer ahora?” “¿Qué debería hacer con esto?” “¿Qué hago con esto?” Estas preguntas indican que se necesita una rendición más profunda. Siempre hay una invitación a ello. Esta capitulación es vigilancia.

A menudo no se entiende qué es la vigilancia. Generalmente, lo que se considera vigilancia es una cuidadosa supervisión o seguimiento por parte del superego. Estoy seguro de que eres consciente de este tipo de revisión: ¡Oh!, no debería haberlo hecho así. Debería haberlo dicho de otro modo. No debería haber pensado eso. Debería haberme rendido. Esta supervisión o monitorización no es vigilancia, sino una imitación de la vigilancia.

Vigilancia viene de la palabra “vigilia”, que significa “guardar vigilia”. Guardar vigilia es un tipo de adoración. La vigilancia es una vigilia sagrada, serena y pacífica ante la llama de la Verdad.

Mantén la vigilia

Mantén la vigilia mientras quepa la posibilidad de que percibas a alguien separado de la Verdad, mientras sigas desactivando los viejos deseos, mientras quede un aliento en tu cuerpo. Asumiendo que es probable -o, al menos, posible- que te percibas separado de la Verdad, tienes la oportunidad de mantenerte vigilante ante Su llama. Si te mantienes muy alerta descubrirás que no estás separado de Ella. ¿Y qué viene después de eso? Una vigilancia aún más profunda, descubrimientos más internos. El verdadero descubrimiento no tiene fin.

Lo que sí podría acabar es tu preocupación por quien creías ser: tu cuerpo, tus pensamientos y tus emociones. De hecho, la preocupación sólo continúa mientras sigues alimentándola.

Nutre tu cuerpo. Hacerlo no es gran cosa. Pero sustentar tus pensamientos sí que es muy importante y tus emociones, muy relevante.

Deja de alimentar tus pensamientos y emociones, contempla lo que no necesita ser nutrido para existir. Mantente vigilante a eso. Ríndete a ello.

Gangaji

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Sanar las heridas

Sanar las heridas

Si deseas la libertad, tienes que estar dispuesto a afrontar aquello de lo que has estado huyendo en tu búsqueda de ella. En general, la mayoría de la gente huye de algún tipo de historia dolorosa, generalmente resultado de algunas necesidades que quedaron insatisfechas en la infancia. El dolor puede tener componentes tanto físicos como psicológicos. Es posible que tenga una historia aparejada, o es posible que sólo sea un campo energético, como una sensación de temor o negatividad.

Son múltiples las heridas que acompañan cada vida, incluso entre los más privilegiados. Algunas personas consiguen generar tejido de cicatrización sobre sus psiques, sobre sus heridas físicas y emocionales, y siguen adelante con su vida. Pero sospecho que el éxito en este sentido nunca es completo para nadie, y este fracaso es bueno, porque así la herida llama la atención sobre sí misma, del mismo modo que una piedra en el zapato no te dejará en paz hasta que concentres tu atención sobre ella.

Curarse las heridas es pertinente. Hay tratamientos para todas las heridas, y debemos cuidar de las heridas que podemos atender. Mientras abordamos las heridas físicas, emocionales o mentales, pasamos por alto eso que por su naturaleza es puro, libre y está en paz. La verdad ya está aquí, independientemente del estado de tu cuerpo, de tus emociones, de tu mente, o de tus circunstancias.

Dejar de escapar

Cuando tomas la decisión de rendirte, de dejar de intentar escaparte, entonces, sin necesidad de someterte a disyuntiva alguna, con elegancia y sin esfuerzo, el tesoro de tu ser se revela a sí mismo como tu verdadera identidad. Entonces puedes celebrar la curación de cualquier herida que tenga que ser curada, y llorar por las restantes. En medio de la celebración y del lamento, puedes descansar en la verdad que siempre está presente.

Lo que sugiero es que saltes profundamente al núcleo de tu ser. Sé que la experiencia de la herida puede generar la sensación de que lo que hay en el núcleo de tu ser es realmente horrible. Pero yo he vivido la incomparable experiencia de conocer a una gran cantidad de gente con heridas profundas, desde psicosis hasta las habituales neurosis con las que tenemos que lidiar la mayoría de nosotros. Y nunca he conocido a nadie que, cuando estaba dispuesto a decir realmente la verdad y afrontar su propio sufrimiento, no encontrara finalmente la belleza y la paz esencial.

Entra

Hay un tesoro que es la verdad de tu ser y te está diciendo: «Entra». Tal vez, como ha estado escondido durante tanto tiempo, crees que es algo oscuro, feo y prohibido, y has recibido mucho apoyo para no mirarlo directamente. De hecho, todo tu proceso de socialización ha consistido en no mirarlo directamente. Pero, por fortuna, mediante el poder de la elección, puedes dejar a un lado toda esa socialización y reconocer que sientes un gran anhelo por saber quién eres. Qué maravillosa oportunidad tenemos todos de darnos apoyo mutuo en este proceso de descubrimiento divino, inimaginable, interminable. Esta posibilidad es sagrada.

Gangaji

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La diferencia entre dolor y sufrimiento

Dolor y sufrimiento

A veces me preguntan por la diferencia entre dolor y sufrimiento. El dolor es una sensación corporal que percibes en un momento dado. El sufrimiento se extiende en el tiempo, y debe ir acompañado de alguna historia en torno al dolor. La historia, evidentemente, puede tener infinitas líneas y giros argumentales —quién causó el dolor, por qué, cuándo, cómo, el aspecto metafísico de ello—, pero las particularidades de la historia sólo sirven para distraer y resistirse al dolor mismo.

La mayor parte de la gente no está dispuesta a renunciar a la inversión realizada en su sufrimiento mental y emocional. Si estás dispuesto a dejar de sufrir, lo que significa detener la historia sobre el dolor, puedes experimentarlo tal como es. Puedes experimentar con mente abierta lo que antes considerabas indeseable, porque la mente ya no está cerrada en torno a alguna idea sobre la experiencia. La mente está abierta. Ha abandonado toda definición.

La verdad de tu ser

Cuando lo afrontas con mente abierta, el dolor, como todo fenómeno, revela la verdad que está en su núcleo. El sufrimiento es la contracción mental, emocional y física en torno al dolor, a la historia, a la justificación, a la culpa, a sentimentalizar y dramatizar el dolor. Cuando estás dispuesto a experimentar simple y directamente cualquier tipo de dolor, aunque sólo sea por un instante, descubres que la esencia del dolor es inteligencia, claridad, alegría, paz, ¡la esencia misma de la dicha! La verdad de tu ser se revela incluso en medio del dolor, y el dolor se revela como otro vehículo de la verdad. Cuando prestas atención a la historia del dolor, pasas por alto este vehículo y echas a perder el regalo potencial del dolor.

El poder de elegir

Quiero dejar muy claro que aliviar el dolor es natural y apropiado. La medicación, el abrazo de los seres queridos, la comunión con la naturaleza, el poema de la música y el arte…, todos ellos pueden usarse para aliviar el dolor. Ninguno de ellos es un problema. El problema es que no llegas a reconocer la posibilidad de elegir afrontar el dolor, de detener la resistencia al dolor. En general, desconoces que tienes la libertad de detenerte y afrontar últimamente lo que te está atormentando, en cualquier aspecto. La falta de reconocimiento de esta opción te mantiene atado al papel de víctima de alguna fuente de tortura. La sorpresa que te espera al hacer esta elección es el descubrimiento de lo que está vivo y esperando en el corazón de cada cosa: la conciencia amplia, el amor, eso que lo cura todo, incluso la muerte.

Rendirse

¿Quién sabe qué dolor entrará en su vida? Lo cierto es que todos experimentamos dolores de un tipo u otro. Si has vivido la experiencia de rendición en el momento en que surge el dolor, de abrir tu mente al dolor, sea físico, emocional, personal o del mundo, has descubierto una sabiduría secreta. Este descubrimiento te permite dejar de preocuparte por tu dolor personal, por lo que habrá un llanto menos, un jadeo menos, un grito menos del tipo «¿y qué pasa conmigo?».

Uno menos

¡Qué alivio! Este «uno menos» es importantísimo, porque cuando la historia del dolor personal deja de predominar, puedes experimentar dolores que no sabías que existían —el dolor de tu vecino, el de tus padres, el de tus hijos, el dolor del universo—, y con ello no estás declarando la guerra a lo doloroso, ni escondiéndote del potencial dolor futuro. Estás viviendo una vida abierta a encontrarte con lo que está aquí. De este modo, el dolor, como cualquier otra experiencia, merece tu respeto, pues no es en nada diferente de la verdad misma.

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¿Cuál es tu historia?

¿Cuál es tu historia?

¿Te cuentas historias? ¿Son historias sobre lo que tienes o no tienes, lo que necesitas o no necesitas? ¿Sobre tu libertad, tu aprisionamiento, tus carencias, tu riqueza, tus penas, tus alegrías? ¿Son historias sobre quién eres, sobre quiénes son los demás? ¿Son historias sobre lo que tiene que cambiar, sobre lo que tiene que seguir igual, sobre lo que está bien y lo que está mal? ¿Estás dispuesto a dejar de contar tu historia personal? ¿Estás dispuesto a decir la verdad respecto a si estás dispuesto o no?

Cualquier cosa que te cuentes a ti mismo, por más terrible o grandiosa que sea, es una historia. Y como historia, como destilación de experiencia, puede ser una verdad relativa, pero no es la verdad final. Las historias aparecen, cambian y desaparecen. Tanto tu historia es sobre lo bueno o lo malo que eres, aparece y desaparece. La verdad final no tiene nada que ver con las emociones, la bioquímica o los cambios de circunstancias. Es inmutable e incondicional.

Dejar de contar

Puedes dejar de contar tu historia en menos de un instante. Aunque sea una buena historia, deja de ceder a tus ganas de contarla y podrás experimentar inmediatamente la verdad. No puedes experimentar la verdad si sigues contando tu historia, y no puedes seguir contando tu historia si estás experimentando la verdad. Parece obvio, ¿no es cierto? Deja de contar tu historia ahora mismo. No después, cuando la historia mejore o empeore, sino ahora mismo.

Si dejas de contar su historia ahora mismo, dejas de posponer la realización de la verdad que está más allá de cualquier historia. Todo esfuerzo, toda dificultad y todo sufrimiento continuado están contenidos en la resistencia a soltar. Ésta es alimentada por la esperanza de que la historia te dará lo que anhelas, la esperanza de que si puedes arreglar la historia, hacer los cambios necesarios, conseguirás lo que quieres.

Cuando dejas de contar tu historia sobre mí, él, ella, ellos o nosotros, puedes conocer, en menos de un instante, las verdaderas profundidades de lo que significa ser quien eres. Entonces, cualquier historia que aparezca o desaparezca no tocará tu identidad.

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Estar en calma

Estar en calma

Todas las escrituras sagradas, los textos y prácticas vienen de la verdad y apuntan el camino de vuelta hacia la verdad. Pero tiene que haber un momento en el que vuelvas a saltar sobre ti mismo. Y ese salto sólo ocurre ahora, cuando estás desnudo de todo excepto de ti, cuando eres inocente de lo aprendido respecto a quién eres.

Otra pregunta que a menudo me suelen plantear es: «¿Cómo permanezco en este estado de estar “parado”?». Pero «parado» no es un estado. Ni el silencio ni la quietud son estados. Esta es una distinción muy importante.

Puedes llevar tu mente a un estado de relativa calma, y puedes hacer que tu cuerpo se relaje, pero la quietud a la que me refiero está, por su propia naturaleza, siempre quieta. Siempre está parada. Todo movimiento mental, todo hacer, aparece, existe y vuelve a desaparecer en la quietud sin estado.

Un estado tiene un comienzo, un desarrollo y un final. Hay estados felices y estados tristes, estado alterados y estados mundanos, estados elevados y estados de subsistencia, pero la presencia sin estado del ser es quietud. Conciencia es quietud. Quien ya eres es esa quietud.

Tu mente

Tu mente puede estar activada con pensamientos —pensamientos sobre actividades y pensamientos sobre intentar detenerse—, pero todo eso está ocurriendo en la condición de «no estado» [ausencia de estado] del ser, que es la quietud misma.

Si puedes apartar de tu mente que esa quietud inmutable es algo que puede ser hecho o practicado, algo en lo que puedes conseguir el éxito o fracaso, entonces la quietud, la presencia de ser, puede revelársete finalmente como tu propio yo.

Reconoce que los impulsos para quedarte quieto vienen de la actividad mental que surge en la quietud. Esta quietud no es algo muerto ni está en blanco. Es conciencia. Es la conciencia misma, y tú eres esa conciencia. Los pensamientos tengo que quedarme quieto, estoy intentando aquietarme, ¿por qué no puedo aquietarme? están siendo observados y experimentados por la quietud misma.

No eres un pensamiento

Piensas que eres un pensamiento, y entonces, como crees ser un pensamiento, piensas que puedes perder la quietud. A continuación piensas otro pensamiento sobre cómo recuperar lo perdido, y después otro pensamiento sobre si has tenido éxito o has fracasado en esa recuperación, y después otro pensamiento sobre lo genial o lo horrible que eres por haber tenido éxito o por haber fracasado.

Durante todo ese tiempo la simple quietud es consciente de todo el juego: experimenta el juego, experimenta el sufrimiento del juego, y sin embargo, en último término, el juego no la toca. Lo único que te separa de reconocer la verdad de tu ser como quietud eterna es dejarte llevar por algún pensamiento que diga que tú no eres eso.

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Sesiones de Coaching Personal y Ejecutivo

Lo que en verdad meditamos

Lo que en verdad meditamos

Meditar significa cosas muy distintas según las muy diferentes personas. Puede significar enfocarse en la respiración, o concentrarse en una imagen, u otra serie de cosas. Pero la práctica meditativa perpetuada por la mayoría de la gente del mundo es ésta: «Soy este cuerpo, soy estos pensamientos, soy estas emociones». Puede haber lapsos durante los cuales se practique algún tipo de meditación formal, pero después se vuelve a la práctica principal: «Esto soy yo, soy este cuerpo, éstas son mis necesidades, esto es lo que tengo que tener, esto es lo que aún no tengo», y así sucesivamente.

¡Esta es la meditación! Y es una meditación de sufrimiento. Como está tan extendida, se pasa por alto. No se piensa en ella como en una práctica, sino como en una realidad.

Momentos pasajeros

Hay momentos en los que la meditación habitual se detiene, momentos en los que te sientes absorbido en el abrazo del amor, en el sonido de una música preciosa, o en los colores del amanecer. Hay momentos en los que no hay un «tú» practicando; sólo hay “Ser”. Y en este simple “Ser” hay paz, comprensión, claridad y naturalidad, gracia sin esfuerzo y facilidad de ser.

Pero creemos con mucha fuerza en nuestra meditación del yo, de modo que estos momentos suelen ser pasajeros y enseguida retomamos la práctica habitual: «Soy este cuerpo, esto es quien soy Tú eres ese cuerpo; eso es quien eres. Esta es mi cultura, ésa es tu cultura. Estas son mis creencias; esas son tus creencias. Tú eres mi enemigo; eres mi amigo. quieres algo de mí; yo quiero algo de ti...».

Descansa pero…

Nunca desaconsejaré a nadie que se tome descansos de esta práctica habitual de sufrimiento, tanto si los descansos se basan en las denominadas prácticas espirituales como si lo hacen en la danza, escuchar música, estar en la naturaleza o tumbarse en una hamaca.

La verdad de quien eres, no obstante, es más simple que cualquier cosa que puedas practicar. El sufrimiento personal, por otra parte, es muy complejo, y para que continúe tiene que seguir practicado. Si estás sufriendo, te propongo, como simple investigación, que mires si estás practicando tu sufrimiento.

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Superar el pasado

Pequeñas etiquetas

¿Quién eres? ¿Cómo te describes a ti mismo? Para contestar estas dos preguntas tendrás que referirte a tu propia historia, a un pasado ya vivido, al que sigues ligado, y del que te resulta difícil escaparte. ¿Tienes un cajón lleno de autodefiniciones que usas regularmente? Del tipo: “Yo soy una persona muy nerviosa; soy tímida; soy perezoso; no tengo oído musical; soy torpe; soy muy olvidadiza…; y todo un catálogo de cosas que eres y usas.

Sin duda también tienes una serie de “yo soy” en positivo, como: soy muy cariñosa; soy amable; juego bien a las cartas; soy trabajador. No hablaremos de ellos, puesto que el propósito de este blog es ayudarte a crecer y evolucionar.

Las autodefinciones no son indecuadas por naturaleza, pero es posible que estés usándolas de forma perjudicial. El hecho mismo de etiquetarte puede ser un impedimento para el desarrollo de tu personalidad y de tu vida. Es fácil usar la etiqueta como excusa para seguir igual. “Si me etiquetas, me niegas”. Cuando la persona tiene que estar a la altura de la etiqueta que lo clasifica, el ser deja de existir. Y pasa lo mismo con las autoclasificaciones. Es muy probable que al identificarte con tus etiquetas clasificadoras te estés negando a ti mismo, en vez de aprovechar tu enorme potencial de crecimiento.

El dichoso pasado

Todas las autoclasificaciones proceden de tu pasado histórico. Pero el pasado, como alguien dijo, “es un cubo lleno de cenizas”.

Trata de averiguar hasta qué punto estás encadenado a tu pasado. Todos los ·yo soy” autodestructivos y limitadores proceden de estas cuatro frases neuróticas:

1.- “Así soy yo”.

2.- “Yo siempre he sido así”.

3.- “No puedo evitarlo”.

4.- “Es mi carácter”.

Ahí están todas en un paquetito. Las trabas que te impiden crecer, evolucionar y hacer tu vida (desde este momento en adelante, pues es la única vida que tienes), nueva, estimulante y llena de momentos-presentes plenos y felices. Tus “yo soy” se remontan a algo que aprendiste en el pasado. Y cada vez que usas una de estas cuatro frases lo que realmente estás diciendo es: “Pienso seguir siendo lo que he sido siempre”.

Esas etiquetas “yo soy” caen en dos categorías: Unas te las colocaron cuando eras niño y las has llevado contigo desde entonces. Y el resto te las has colocado – las elegiste –  tu mismo, para evitar tener que hacer cosas incómodas o difíciles.

Empezar a superar

Para empezar a superar tus autolimitaciones puedes empezar a deshacer los nudos que te atan al pasado y eliminar las inútiles frases que se dicen para seguir siendo lo que siempre has sido.

Prueba hablar un día con la gente que tú crees reesponsable de muchos “yo soy” de tu vida: padres, viejos amigos de la familia, antiguos profesores, abuelos, etc. Pregúntales por qué creen que te volviste como eres y si has sido siempre así. Diles que estás decidido a cambiar y comprueba si creen que eres capaz. Sin duda te sorprenderán sus interpretaciones, y el hecho de que piensen que no puedes ser de otra manera puesto que “siempre has sido así”.

Dejar atrás el pasado implica correr ciertos riesgos. Estamos acostumbrados a las autodefiniciones. En muchos casos, funcionan como un sistema de apoyo en nuestra vida cotidiana.  He aquí algunas estrategias específicas que te servirán para eliminar esos “yo soy” autolimitantes.

Eliminar los “yo soy”

Eliminar decir “yo soy” cada vez que te sea posible. Sustitúyelos con frases como: “Hasta ahora había escogido ser así”, o “Yo solía clasificarme así…”.

Anuncia a tus seres más próximos que vas a tratar de eliminar algunos de tus “yo soy,”. Decide cuáles son los más importantes y pídeles que te lo recuerden cada vez que los saques a relucir.

Ponte metas de conducta para comportarte de manera muy diferente de lo que has hecho hasta ahora. Por ejemplo, si consideras que eres tímida, preséntate tú sola a alguna persona a la que normalmente hubieras evitado.

Habla con algún amigo de confianza que te ayude a combatir las poderosas influencias del pasado. Pídele que te haga alguna señal silenciosa, como darse un pequeño tirón de orejas cada vez que te vea caer en uno de tus viejos “yo soy”.

Más estrategias…

Escribe un diario donde vayas anotando tus comportamientos autodestructivos, y apunta no sólo tus actos sino también lo que sentías cuando te comportabas de esa manera. Durante una semana apunta en una libreta la hora exacta, la fecha y la ocasión en que usas cualquiera de los “yo soy” autodestructivos, y esfuérzate por disminuir el número de apuntes.

Está siempre alerta para notar cualquiera de estas cuatro frases neuróticas y cada vez que vuelvas a pensarlas corrígete en voz alta de la siguiente manera.

“Así soy yo”… a… “Así era yo”.

“No puedo evitarlo”… a… “Puedo cambiar si lo intento seriamente”.

“Siempre he sido así”… a… “Voy a ser diferente”.

“Es mi naturaleza”,… a… “Así creía yo que era mi naturaleza”.

Y más…

Trata de concentrarte para eliminar un “yo soy” en un día determinado. Si has usado el “yo soy olvidadizo” para describirte a ti misma, dedica el lunes para tomar conciencia de esa tendencia e intenta alterar uno o dos comportamientos olvidadizos. Igualmente si no te gusta tu “yo soy tozudo”, date un día específico para ser tolerante con las opiniones contrarias a la tuya; la cuestión es deshacerse de los “yo soy” concentrándote en uno de ellos cada día.

Puedes decidir sacarte de encima esas viejas excusas que te servían para evadirte. Encuentra algo que no has hecho nunca y dedica una tarde para esa actividad. Después de haberte sumergido durante tres horas en una actividad completamente nueva, alguna actividad que siempre habías evitado, de una forma completamente nueva, fíjate si aún puedes usar el mismo “yo soy,” que usaste esa mañana.

Todos tus “yo soy” son fórmulas aprendidas de evasión y tú puedes aprender a hacer casi cualquier cosa si así lo decides.

Wayne W. Dyer

Podemos ayudarte

Si deseas enfrentarte y vencer las resistencias que te están impidiendo romper con etiquetas que te limitan, y poner todo tu Ser a trabajar a favor de tí y de tus sueños, podemos ayudarte. Hoy es un día perfecto para empezar. Te acompañamos en ese camino apasionante.

Hipnosis & Coaching

 

 

El viaje espiritual

En el libro Charla de mesa, del maestro sufí Rumi, se encuentra este implacable y atinado párrafo:

El maestro dijo que en este mundo hay una sola cosa que nunca debe olvidarse. Si fueras a olvidar todo lo demás, pero no esto, no habría motivo de preocupación, mientras que si recordaras, realizaras y atendieras a todo lo demás pero olvidaras esa única cosa, en realidad no habrías hecho nada en absoluto. Es como si un rey te hubiera enviado a un país para cumplir una tarea específica y concreta. Vas a ese país y realizas otras cien tareas, pero si no realizas aquella para la que te enviaron, es como si no hubieras realizado nada en absoluto. Del mismo modo, el hombre ha venido al mundo para cumplir una tarea específica, y ése es su objetivo. Si no la realiza, no habrá hecho nada.

Todos los maestros espirituales de la humanidad nos dicen lo mismo, que el propósito de la vida en la Tierra es lograr la unión con nuestra naturaleza fundamental iluminada. La <tarea> por la que el <rey> nos ha enviado a este país extraño y oscuro es la de conocer de modo profundo y encarnar nuestro verdadero ser. Y la única manera de hacerlo consiste en emprender el viaje espiritual con todo el fervor y la inteligencia, la valentía y la determinación posibles de transformación personal de las cuales podamos hacer acopio (…).

En otras épocas y en otras civilizaciones, este camino de transformación espiritual quedaba limitado a un número relativamente reducido de personas; hoy, en cambio, una gran proporción de la raza humana debe emprender el camino de la sabiduría si queremos proteger al mundo de los peligros que lo amenazan (…).

Nunca ha sido más difícil ni más urgente seguir el camino de la sabiduría. Nuestra sociedad está casi por completo dedicada a la celebración del ego, con sus deplorables fantasías sobre el éxito y el poder, y celebra precisamente esas mismas fuerzas de codicia e ignorancia que están destruyendo el planeta. Nunca ha sido más difícil oír la voz poco halagadora de la verdad, y una vez oída, nunca ha sido más difícil seguirla (…).

No obstante, en esta situación trágica hay también una significativa fuente de esperanza, y es que las enseñanzas espirituales de las grandes tradiciones místicas aún se hallan a nuestro alcance.

Sogyal Rimpoché

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Nuestros valores

Transformar el sufrimiento

El sufrimiento os ofrece la posibilidad de trabajar con él y transformarlo. Sin él, jamás habríais llegado a descubrir que oculto en la naturaleza y las profundidades del sufrimiento hay un tesoro de dicha. Los momentos en que padecéis el sufrimiento pueden ser precisamente aquellos en los que estáis más abiertos, y allí donde sois sumamente vulnerables puede ser en realidad el lugar donde yace vuestra mayor fuerza.

Por consiguiente, deciros lo siguiente: “No huiré de este sufrimiento. Quiero utilizarlo de la mejor manera posible para aí volverme más compasivo y más capaz de ayudar a los demás”. El dolor, después de todo, puede enseñarnos mucho sobre la compasión. Si sufrís, sabréis qué sienten los demás cuando sufren. Y si estáis en situación de ayudar a otros, por medio del propio sufrimiento hallaréis la comprensión y la compasión necesarias para hacerlo.

Así pues, hagáis lo que hagáis, no suprimáis vuestro dolor; aceptadlo y sed vulnerables. Por desesperados que lleguéis a sentiros, aceptad vuestro dolor tal como es, porque en realidad está intentando haceros un regalo inapreciable: la posibilidad de descubrir, por medio de la práctica espiritual, lo que hay más allá del dolor. “La aflición puede sr el jardín de la compasión”, escribió Rumi. Si mantenéis vuestro corazón abierto en todo momento, el dolor puede llegar a ser vuestro mayor aliado en vuestra búsqueda vital de amor y sabiduría.

Sogyal Rimpoché

Si deseas enfrentarte a tu dolor y descubrir lo que hay más allá del sufrimiento, si sientes que necesitas por encima de todo mantener el corazón abierto y volver a poner todo tu Ser a trabajar a favor de tí y de la Vida, podemos ayudarte. Hoy es un día perfecto para empezar. Te acompañamos en ese camino apasionante.

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