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La sabiduría

La sabiduría

El Gobernador dimitió de su elevado cargo y acudió al Maestro en busca de enseñanza.

«¿Qué quieres que te enseñe?», le preguntó el Maestro.

«La sabiduría».

«Lo haría con mucho gusto, amigo mío, si no fuera porque existe un gran obstáculo. . . »

«¿Y cuál es ese obstáculo?».

«Que la sabiduría no puede enseñarse».

«Entonces, ¿no tengo nada que aprender aquí?».

«La sabiduría no puede enseñarse, pero sí puede aprenderse».

Anthony de Mello

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El poder de las palabras

El poder de las palabras

En cierta ocasión, hablando el Maestro del poder hipnótico de las palabras, alguien gritó desde el fondo de la sala: «¡No dices más que tonterías! Si yo digo ‘Dios, Dios, Dios’, ¿acaso ello me hace divino? y si digo ‘pecado, pecado, pecado’, ¿acaso ello me hace malo?».

« ¡Siéntate, bastardo!», dijo el Maestro.

El tipo se puso tan furioso que no podía articular palabra. Finalmente, estalló en improperios contra el Maestro.

Éste, aparentando arrepentimiento, le dijo:

«Perdóneme, señor, por perder la calma. Le suplico que excuse mi imperdonable error». El otro se calmó inmediatamente, y entonces le dijo el Maestro:

«Ya tiene usted su respuesta: ha bastado una palabra para encolerizarlo, y otra para tranquilizarlo».

Anthony de Mello

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El hechizo de las palabras

El hechizo de las palabras

I.-

Rara vez era el Maestro tan elocuente como cuando prevenía contra el hechizo de las palabras:

«¡Cuidado con las palabras!», solía decir. «En cuanto te descuidas, adquieren vida propia: te deslumbran, te hipnotizan, te aterrorizan. . . , te hacen perder de vista la realidad que representan y te hacen creer que son reales».

El mundo que vemos no es el Reino que ven los niños, sino un mundo fragmentado, roto en mil pedazos por la palabra. . . Es como si viéramos cada una de las olas como algo distinto e independiente del conjunto del océano.

Cuando se silencian palabras y pensamientos, el Universo – real, entero y uno-  se muestra en todo su esplendor, y las palabras son lo que deben ser: la partitura, no la música; el menú, no la comida; el poste indicador, no el final del viaje».

II.-

«¿Dónde podré encontrar a un verdadero Maestro cuando regrese a mi país?»

«No habrá un solo momento en que no lo tengas». El discípulo quedó desconcertado.

«El simple hecho de observar tu reacción ante cualquier cosa – un pájaro,una hoja, una lágrima, una sonrisa. . . – hará que cualquier cosa pueda ser tu Maestro».

Anthony de Mello

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Nos falta perspectiva

Nos falta perspectiva

I.-

El Maestro solía decir que la Verdad está justamente delante de nuestros ojos y que, si no conseguimos verla, es porque nos falta perspectiva.

En cierta ocasión se llevó consigo a un discípulo a subir a una montaña. A mitad de camino, el discípulo se quedó mirando a la maleza con cara de pocos amigos, y preguntó:

«¿Dónde está el maravilloso paisaje del que me hablabas?».

El Maestro sonrió burlonamente y dijo: «Estás pisando encima de él, como podrás comprobar cuando lleguemos a la cima».

Anthony de Mello

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El artista y el místico

El artista y el místico

I.-

El Maestro propuso un enigma:

«¿Qué es lo que el artista y el músico tienen en común con el místico?»

Todos se dieron por vencidos.

«La certeza de que el lenguaje más sutil no es el que articulan los labios», dijo el Maestro.

II.-

El Maestro paseaba calle abajo cuando, de pronto, salió de un portal un hombre que chocó violentamente con él.

El individuo, totalmente fuera de sí, rompió a soltar palabrotas. El Maestro hizo una breve inclinación, sonrió amablemente y le dijo:

«Amigo, no sé quién de los dos ha tenido la culpa de que chocáramos, pero no estoy dispuesto a perder el tiempo tratando de averiguarlo. . . Si la culpa ha sido mía, le pido perdón; si ha sido suya, olvídelo».

Y, tras hacer una nueva inclinación y esbozar una nueva sonrisa, siguió caminando.

III.-

El Maestro le dijo a un pintor:

Cualquier pintor que quiera triunfar ha de trabajar incansablemente durante infinidad de horas.

Pero sólo a unos pocos les es dado liberarse de su ego mientras pintan. Y cuando esto sucede, surge la obra maestra».

Más tarde, le preguntó un discípulo:

«¿Quién es un Maestro?»

Y el Maestro le respondió: «Cualquiera a quien le sea dado liberarse de su ego.

Y, a partir de entonces, la vida de esa persona será una obra maestra» .

Anthony de Mello

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Actualizar la espiritualidad

I.-

Cuando un discípulo dio a entender que habría que actualizar la espiritualidad del Maestro, éste, tras soltar una sonora carcajada, contó la historia de aquel estudiante que le preguntó al librero:

«¿No tiene usted libros más recientes sobre anatomía? Éstos tienen al menos diez años». Y el librero le respondió:

«Que yo sepa, joven, en los últimos diez años no se le ha añadido al cuerpo humano ni un solo hueso».

«Tampoco», añadió el Maestro,«se le ha añadido nada a la naturaleza humana en los últimos diez mil años».

II.-

A las personas que practicaban la virtud para obtener la amistad o el favor de Dios, el Maestro solía contarles esta historia:

Una ingente multitud de personas participaba en el sorteo de un Cadillac patrocinado por una marca de jabones.

A todas ellas se les hacía esta pregunta:

«¿Por qué compra usted el jabón ‘Fragancia Celestial’ ?».

Y una mujer respondió honradamente:

«Porque me encantaría tener un Cadillac».

III.-

«He estado cuatro meses contigo, y aún no me has enseñado ningún método, o técnica..»

«¿Método?», dijo el Maestro. «¿Y para qué demonios quieres un método?».

«Para obtener la libertad interior».

El Maestro rompió a reír y dijo: «La verdad es que necesitarás una gran habilidad para liberarte mediante esa trampa que llaman ‘método’».

Anthony de Mello

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En perfecta armonía

En perfecta armonía

I.-

Un discípulo recién llegado preguntó a otro con mayor experiencia:

«¿Por qué tengo la sensación de que el vivir con el Maestro no me sirve de mucho?»

«Puede que sea porque has venido a aprender su espiritualidad. . .»

«¿Y a qué demonios viniste tú, si puede saberse ?»

«A ver cómo se ataba las correas de sus sandalias».

II.-

Era un gozo contemplar cómo el Maestro realizaba los actos más sencillos, desde sentarse o pasear hasta tomar una taza de té o espantar una mosca. Hiciera lo que hiciera, evidenciaba una gracia especial que le hacía parecer en perfecta armonía con la naturaleza, como si sus actos no fueran realizados por él, sino por el Universo.

En cierta ocasión le entregaron un paquete, y los discípulos, embelesados,estuvieron contemplando reverentemente cómo desataba la cuerda, abría el embalaje y extraía el contenido como si el paquete fuera una criatura viva.

III.-

«Algún día comprenderás que andas buscando lo que ya posees», le dijo el Maestro a un discípulo que se tomaba las cosas con mucha intensidad.

«¿Y por qué no lo veo ya?»

«Porque intentas verlo».

«¿No debo, pues, hacer esfuerzos?»

«Si te relajas y le das tiempo, ello mismo se te revelará».

Anthony de Mello

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Payasos, Providencia y devoción

Payasos, Providencia y devoción

I.-

El Maestro era cualquier cosa, menos ampuloso. Siempre que hablaba, provocaba enormes y alegres carcajadas, para consternación de quienes se tomaban demasiado en serio la espiritualidad. . . y a sí mismos.

Al observarlo, un visitante comentó decepcionado: «¡Este hombre es un payaso!».

«Nada de eso», le replicó un discípulo; «no ha comprendido usted ni palabra: un payaso hace que te rías de él; un Maestro hace que te rías de ti mismo».

II.-

 «¿Cómo se aprende a confiar en la Providencia?»

«Confiar en la Providencia», dijo el Maestro, «es como entrar en un restaurante de lujo sin llevar un céntimo en el bolsillo y encargar docenas de ostras con la esperanza de hallar una perla con la que pagar la cuenta».

III.-

Los discípulos se escandalizaban de que el Maestro evidenciara tan escasa inclinación hacia el culto.

«Encuentra un objeto de veneración», solía decir, «y muy devotamente, eso sí, te distraerás de lo que es esencial: el conocimiento que conduce al amor».

Y en apoyo de su tesis solía citar las palabras de Jesús sobre los que dicen «Señor, Señor», y luego son totalmente inconscientes del mal que realizan.

En cierta ocasión, se permitió regalar un plátano a un atolondrado visitante, el cual empezó a sentir tal veneración por el regalo que no sabía qué hacer con él.

Cuando se lo contaron al Maestro éste hizo uno de sus típicos comentarios:

«Decidle a ese asno que se lo coma».

Anthony de Mello

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I.-

«¿Qué es lo que buscas?»

«La paz», dijo el visitante.

«A quienes pretenden proteger su ego, la verdadera paz sólo les ocasiona trastornos», le dijo el Maestro.

Y a un grupo religioso que había acudido a verle y a pedirle su bendición, le dijo sonriendo maliciosamente: «¡Que la paz de Dios os inquiete siempre!».

II.-

A su regreso de un viaje, el Maestro habló de una experiencia que, a su manera de ver, constituía una parábola sobre la vida:

Al parecer, durante un breve alto en el camino, entró a almorzar en un moderno restaurante, en cuyo mostrador se veían deliciosas sopas, tentadores pollos al curry y toda clase de platos apetitosos.

Pidió que le sirvieran una sopa.

«¿Viene usted en el autobús?», le preguntó la robusta camarera. El Maestro asintió con la cabeza.

«No hay sopa».

«¿Y pollo al curry con arroz hervido?», preguntó el Maestro desconcertado.

«Si viene usted en el autobús, tampoco hay pollo al curry. Puede usted tomar bocadillos. Me he pasado la mañana preparando esa comida, y sólo tiene usted diez minutos para comerla.

No voy a permitir que coma usted una comida que no va a tener tiempo de saborear».

Anthony de Mello

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Verdad y coherencia

Verdad y coherencia

I.-

Los discípulos vieron con enorme disgusto cómo las enseñanzas del Maestro eran ridiculizadas en una conocida revista.

El Maestro, en cambio, permaneció impasible. Lo único que dijo fue:

«¿Puede algo ser realmente verdadero cuando nadie se ríe de ello?».

II.-

Cuando era joven, el Maestro, que era un activista político, organizó una manifestación contra el gobierno a la que, dejando hogares y trabajos, se unieron miles de personas.

Sin embargo, apenas iniciada la manifestación, el Maestro decidió cancelarla.

Sus seguidores, entonces, le dijeron: «¡No puedes hacemos esto! ¡Preparar esta manifestación ha llevado meses y ha exigido un precio muy alto a muchas personas. . . que ahora te van a acusar de incoherente!»

El Maestro, impertérrito, se limitó a decir:

«Mi compromiso no es con la coherencia, sino con la verdad».

III.-

El Maestro solía decir que una de las razones por las que las personas son tan desdichadas es porque piensan que no hay nada que ellas no puedan cambiar.

Le gustaba especialmente la historia de aquel individuo que le dijo al vendedor: «Este transistor que me has vendido suena excelentemente, pero quisiera cambiarlo por otro que emitiera mejores programas».

Anthony de Mello

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Todo en el mundo es perfecto

I.-

Le dijo un turista al Maestro:

«La gente de tu país es pobre, pero nunca parece preocupada».

Y le respondió el Maestro:

«Eso es porque nunca miran el reloj».

II.-

Un discípulo tuvo que salir corriendo hacia su casa cuando le dieron la noticia de que ésta estaba ardiendo por los cuatro costados.

Como era ya un hombre de cierta edad, todo el mundo le manifestó su pesar a su regreso.

El Maestro, en cambio, le dijo:

«Esto hará que la muerte te resulte más fácil».

III.-

«La persona que ha alcanzado la Iluminación», decía el Maestro, «es la que ve que todo en el mundo es perfecto tal como es».

«¿Y qué me dices del jardinero?», le preguntó alguien, «¿también es perfecto?» El jardinero del monasterio era un jorobado.

«Para lo que se supone que ha de «ser en la vida», respondió el Maestro, «el jardinero es un jorobado perfecto».

La idea de que todo en el mundo es perfecto era más de lo que los discípulos podían aceptar. De modo que el Maestro trató de expresarlo en conceptos más fácilmente inteligibles:

«Dios teje tapices perfectos con los hilos de nuestras vidas, incluidos nuestros pecados. Si no somos capaces de verlo, es porque miramos la otra cara del tapiz».

Y de una manera más sucinta:

«Lo que para algunos no es más que una piedra que brilla, para el Joyero es un diamante».

Anthony de Mello

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Dulzura

Dulzura

Tu dulzura donará dulzura.

La dulzura aumenta el poder de tu fuerza, aumenta su intensidad y su eficacia.

La dulzura aumenta el poder y la intensidad de todas las expresiones, de todos los sentimientos, de todas las emociones.

La dulzura crea, desata, erige, desmorona, para, vuelve a llamar, anula.

Sólo donándola y viviéndola puedes comprender estas cosas.

Sólo donándola y viviéndola puedes descubrir muchas otras cosas.

No pienses cómo tu dulzura podrá ser acogida o rechazada: tú la donas sencillamente, intensamente, ininterrumpidamente.

Así tu corazón será ligero, tu camino será sereno.

Puedes expresar la dulzura con las palabras, pero su Esencia será expresada con tus vibraciones, con tu sonrisa, con tu mirada.

Puedes donarla con tus ojos, con las manos, con todo tu ser. Puedes vivirla en todos tus sentimientos, en todos tus movimientos, en cada expresión, en cada acción.

La dulzura donará a tu corazón aquella delicadeza que devolverá tu Alma aún más luminosa, tu imagen aún más radiante.

Donando y viviendo la dulzura con atención, con conciencia, con todos, por todo, en todos los modos, se volverá una parte de ti.

Así se volverá una riqueza que vibrará espontáneamente dentro y fuera de ti, aumentará tu ‘belleza’ dentro y fuera.

Si fueras dulce con todos, en todo, podrás hacer, vivir y saborear las alquimias que la dulzura crea en todo, en todos.

Viviéndola, donándola, sellarás en tu corazón la potencia de la dulzura, su fuerza creadora y trasformadora.

La dulzura es un claro lenguaje para las Almas, para los corazones, para todos y por todo.

La dulzura te permitirá vivir todo con el ‘Poder’ de tu Alma.

La dulzura te donará la resistencia en todo y por todo, te ayudará a continuar tu camino en todo sitio y en todo caso.

La dulzura eleva a ‘dimensiones elevadas’ cualquier cosa que ocurra en ti y alrededor de ti.

La dulzura es la llave para todas las dificultades, el bálsamo para todos los sufrimientos: es el modo de vivirlas, atravesarlas y disolverlas.

Ahora te doy Mi mano para que tú, como una niña feliz y entusiasta, puedas junto a Mí descubrir ‘el universo’ que la dulzura encierra.

Satya

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Nunca se sabe

Nunca se sabe

I.-

El Maestro y uno de sus discípulos tropezaron con un ciego que mendigaba sentado en la acera.

«Dale a ese hombre una limosna», dijo el Maestro.

El discípulo dejó caer una moneda en el sombrero del mendigo.

«Deberías haberte tocado tu sombrero en señal de respeto», dijo el Maestro.

«¿Por qué?», preguntó el discípulo.

«Es lo que suele hacerse cuando se da una limosna. . . »

«¡Pero si era un ciego. . . !»

«Nunca se sabe», replicó el Maestro; «puede que fuera un impostor».

II.-

El monasterio se estaba quedando pequeño, y hacía falta construir un edificio mayor, por lo que un comerciante extendió un talón por valor de un millón de dólares y lo puso delante del Maestro, el cual lo tomó y dijo:

«¡ Estupendo! Lo aceptaré».

El comerciante quedó decepcionado: aquella era una enorme suma de dinero, ¡ y el Maestro ni siquiera le había dado las gracias…!

«Hay un millón de dólares en ese talón. . .», le dijo.

« Ya me he dado cuenta».

«Aunque yo sea un hombre muy rico, un millón de dólares es mucho dinero. . . »

«¿Deseas darme las gracias por ello?»

«¡Eres tú quien debería darlas!»

«¿Por qué Yo? Es el donante quien debe ser agradecido», dijo el Maestro.

Anthony de Mello

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El secreto de la serenidad

I.-

«¿ Cuál es el secreto de tu serenidad ?», preguntó el discípulo.

«Cooperar incondicionalmente con lo inevitable», respondió el Maestro.

II.-

A un discípulo al que, literalmente, le aterraba la mera posibilidad de cometer errores le dijo el Maestro:

«Los que no cometen errores cometen el mayor error de todos: el de no intentar nada nuevo».

III.-

«Contéstame a una cosa», dijo el ateo: «¿existe realmente un Dios?»

Y le respondió el Maestro: «Si quieres que te sea sincero, no tengo respuesta». Más tarde, los discípulos quisieron saber por qué no había respondido.

«Porque la pregunta no tenía respuesta», dijo el Maestro.

«¿De modo que eres ateo…?»

«Por supuesto que no. El ateo comete el error de negar algo de lo que no puede decirse nada».

Y, después de una pausa, añadió: «y el teísta comete el error de afirmarlo».

Anthony de Mello

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Un minuto para el absurdo VI

I.-

El Maestro afirmaba que el mundo que ve la mayor parte de las personas no es el mundo de la Realidad, sino un mundo creado por sus mentes.

Cuando un sabio quiso contradecirle, el Maestro puso dos palos sobre el suelo formando la letra «T», y le preguntó:

«¿Qué ves ahí?»

«La letra T», respondió el otro.

«¡Lo que me suponía!», dijo el Maestro.

«No existe la letra T; no es más que un símbolo que hay en tu mente. Lo que hay ahí son dos pedazos de rama en forma de bastón».

II.-

«Cuando hablas de la Realidad», dijo el Maestro, «intentas expresar con palabras lo Inexpresable, de manera que lo más seguro es que tus palabras no se entiendan. Del mismo modo, las personas que leen esa expresión de la Realidad que llamamos ‘Escrituras’ se vuelven estúpidas y crueles, porque no siguen la lógica de las Escrituras, sino lo que ellas piensan que dicen las Escrituras».

Y lo ilustraba con una parábola:

«El herrero del pueblo contrató a un aprendiz dispuesto a trabajar duro por poco dinero, y se puso a instruirlo:

“Cuando yo saque la pieza del fuego, la pondré sobre el yunque; y cuando te haga una señal con la cabeza, golpéala con el martillo”.

El aprendiz hizo exactamente lo que creía que le habían dicho, y al día siguiente se había convertido en el nuevo herrero del pueblo».

Anthony de Mello

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