Archive

Observar la respiración

La respiración es vida, la expresión más básica y fundamental de nuestra vida

Una práctica espiritual muy antigua consiste en dejar reposar vuestra atención en la respiración, suave y atentamente.

En el judaísmo, ruah – el aliento – significa el espíritu de Dios que inspira la creación; el cristianismo también establece una profunda relación entre el Espíritu Santo, sin el cual nada estaría dotado de vida, y el aliento. En las enseñanzas de Buda se dice que el aliento, prana en sánscrito, es el “vehículo de la mente”.

Así, cuando aquietáis la mente al trabajar hábilmente con la respiración, estáis simultánea y automáticamente domesticando y entrenando la mente. ¿Acaso no hemos experimentado todos, cuando la vida se llena de tensiones, lo relajante que puede ser quedarnos unos minutos a solas y limitarnos a respirar, al ritmo de inspiraciones y espiraciones profundas y tranquilas? Incluso un ejercicio tan sencillo como éste puede sernos de gran ayuda.

Por consiguiente, cuando meditéis respirad con naturalidad, tal como lo haríais normalmente. Posad ligeramente vuestra atención sobre la respiración. Al espirar, dejaros llevar por el aliento. Cada vez que espiráis, soltáis y liberáis todo aferramiento. Imaginad que vuestro aliento se disuelve en el espacio de la verdad que lo abarca todo. Cada vez que espiráis, y antes de la inspiración siguiente, descubriréis que se produce un intervalo natural, a medida que se disuelve el aferramiento.

Reposad en ese resquicio, en ese espacio abierto. Y al volver a tomar aire, de un modo natural, no prestéis demasiada atención a la inspiración; dejad que vuestra mente siga reposando en ese intervalo que se ha abierto.

Cuando practicáis, es importante no dejaros llevar por comentarios mentales, análisis ni charlas interiores. No confundáis los comentarios de vuestra mente (“ahora estoy inspirando, ahora estoy espirando”) con la atención; lo importante es la pura presencia.

No os concentréis en exceso en la respiración

Es muy importante – tal como recomiendan siempre los maestros – no concentrarse demasiado mientras se practica la concentración del “Morar en calma”. Por eso aconsejan conceder aproximadamente un 25 por ciento de la atención a la respiración. Sin embargo, como podréis constatar, la atención por sí sola no basta.

Al cabo de uno o varios minutos de estar, supuestamente, observando la respiración, tal vez descubráis que estáis jugando en un partido de fútbol o haciendo de protagonista en vuestra propia película. Por eso debéis dedicar otro 25 por ciento a una atención sostenida y vigilante que supervisa y comprueba que seguís atentos a la respiración.

Dejad que el 50 por ciento restante de vuestra atención permanezca espaciosamente.

A medida que estéis más atentos a vuestra respiración, os notaréis cada vez más presentes, que reunís de nuevo todos vuestros aspectos fragmentados y que encontráis la plenitud.

En vez de “observar” la respiración, id identificándoos gradualmente con ella, como si fuerais a convertiros en ella. Poco a poco, la respiración, aquel que respira y el acto de respirar, se vuelven uno. La dualidad y la separación se desvanecen.

Descubriréis que este sencillísimo proceso de atención filtra vuestros pensamientos y vuestras emociones. Entonces, al igual que si os despojárais de una piel vieja, algo se desprende de vosotros y se libera.

Sogyal Rimpoché

Visita en nuestra web nuestros servicios y la programación de retiros y cursos

 

Queremos cambiar…

Queremos cambiar sin alejarnos de nuestro “hogar”.

Cambiar sin dejar de hacer lo que hacemos todos los días de manera igual.

Sin dejar ese trabajo porque no hay nada mejor o no lo vemos…

Queremos cambiar pero a la vez seguir siendo como somos.

Y no se trata de huir, divorciarnos y abandonar todo para irnos a vivir al monte más alejado de la civilización. NO.

Se trata de convertirnos en reales observadores de nuestro entorno

Entender que esa “sagrada madre santa” que tenemos no es más que una mujer con una historia, una educación, un pasado, errores y aciertos. Verla como una persona cuyas emociones, miedos y conflictos no me afectarán más. Ser imparciales con ella, ser con ella como somos con todos los demás.

Entender que ese hombre o mujer que elegimos de pareja no es “el amor de mi vida”, porque el amor de mi vida soy yo. Es un hombre o una mujer con pasado, con historia, y que yo no estoy aquí para sanarlo, cambiarlo, adaptarlo o modificarlo a mi gusto y necesidad. O lo acepto como es y así lo amo, o bien acepto y reconozco que me equivoqué y me alejo, así de simple.

Entender que si quiero tener más dinero debo cambiar lo que hago. Si el trabajo en el que estoy no me da el sueldo que merezco, bien puedo buscar otro. Pero sin el pretexto de “pobres de mis hijos”, “tengo deudas”, “qué haré”… porque este trabajo es la muestra fiel de que nunca mejoraré.

Muchas personas que se quejan de “no tener dinero” viven todos los días de su vida haciendo aquello que ya saben “no les deja dinero”. Y esto pueden demorar la vida entera, porque no han descubierto que deben ser capaces de ponerse límites.

“Si este año no me aumentan el sueldo, me voy”. “Si para junio esto no mejora, renuncio”. Porque se nos va la vida dando el 100% en un proyecto, plan o trabajo que ya sabemos no nos dejará más jamás.

Si…

Si quiero tener más dinero lo primero que debo entender es que comprar a crédito es gastar dinero que no tengo, es deberle a un banco, y es un pozo sin fondo.

Si nos proponemos vivir con efectivo realmente descubriremos lo que necesitamos hacer, descubriremos que necesitamos “movernos ya”.

Si tengo un negocio y por más que yo entregue todo mi esfuerzo no me da las ganancias que necesito, pues lo cierro, dejo de invertir en eso y voy por otra cosa.

Si creo que mi profesión no me da lo que necesito, pues me dedico a otra cosa y ahora sí, gano lo que quiero.

Y es que en verdad todos queremos cambiar y que las cosas mejoren “sin hacer nada”, “sin cambiar nada”, “comiendo lo mismo”, “viendo el mismo programa de televisión y a la misma hora”.

Así no se puede

Queremos bajar de peso, pero no queremos hacer dieta ni ejercicio.

Queremos ser más atractivos o atractivas, porque algún chip en nuestro cerebro, nos dice que si no lo somos, no valemos.

Queremos un príncipe azul, pero siempre nos enamoramos del patán más guapo en lugar de buscar al hombre inteligente y amable.

Vamos por la vida contradiciéndonos a nosotros mismos… y queremos que una carta de duelo haga el trabajo por nosotros.

Así no se puede.

Tomar consciencia de una situación que no es nuestra es sentirlo en la sangre, en los vellitos del brazo, en el estómago.

Es entender que si mi abuela no estudió y se casó con un hombre violento, no es mi historia y debo evitar “repetir” su vida.

Es comprender que si mi madre lloró durante todo su embarazo, será por sus malas decisiones, sus miedos y falsas expectativas, y que yo no voy pagar por ello.

Porque vinimos a ser felices, a amar, a ser abundantes, no a pagar culpas ajenas y además a venerar la estupidez familiar.

Dejemos de decir “necesito ayuda” y cambiémoslo por: “hoy he decidido cambiar, qué debo hacer?

Empoderémonos desde ya y resolvamos, actuemos

Porque todos nosotros hemos nacido en el mundo de “resuélveme mi problema”.

Y no nos hemos dado cuenta de que la única persona capaz de resolver mi problema soy yo.

Tomar conciencia, por tanto, es reconocer la historia vivida por otro, sus razones, sus motivos, aprender de ello y cambiarlo. YO. Cambiarlo yo, con otras decisiones, con otras elecciones, con otro carácter, con más fuerza quizá.

Hacer duelo es decir por escrito a qué vivencias de mis familiares yo renuncio, yo no quiero repetir, yo me niego a repetir o padecer. Es sacar mi dolor por no haberme dado cuenta de que soy copia de mi padre o mi abuela o mi tío.

Y al final, cambiar; cambiar ese comportamiento, fajarme los pantalones y tomar nuevas decisiones en mi vida, cueste lo que cueste.

Y soltar es dejar de arrastrar lo pasado incluso el día de ayer

Ver hacia delante, con nuevas metas, por mí y para mí.

Y si no sé cómo, y si no sé por dónde comienzo, y si no sé cómo se hace, comenzar a leer, a aprender, a comprender desde el conocimiento. Dejar mi uñas para después y analizar mi vida hoy y en profundidad, analizar mi entorno, analizar a cada miembro de mi familia, sus razones, sus motivos, porque así descubriré fácilmente que no soy más que uno más de ellos.

Revisar si mis expectativas tienen lógica o simplemente repito los errores de alguien.

Si todo ese análisis no es motivo suficiente para impulsar un gran cambio en mí, querrá decir entonces que no es mi momento, quizá sea después y deberé aceptar lo que venga y como venga.

Elizabeth Romero Sánchez y Edgar Romero Franco

Visita en nuestra web nuestros servicios y la programación de retiros y cursos

 

El Dar

El Dar

El Dar

Entonces, un hombre rico dijo: Háblanos del dar.

Y él contestó:

Dais muy poca cosa cuando dais lo que poseéis.

Cuando dais algo de vosotros mismos es cuando realmente dais.

¿Qué son vuestras posesiones sino cosas que atesoráis por miedo a necesitarlas mañana?

Y mañana, ¿qué traerá el mañana al perro que, demasiado previsor, entierra huesos en la arena sin huellas mientras sigue a los peregrinos a la ciudad santa?

¿Y qué es el miedo sino la necesidad misma?

Hay quienes dan poco de lo mucho que tienen y lo dan buscando el reconocimiento y su deseo oculto malogra sus regalos.

Y hay quienes tienen poco y lo dan todo. Son éstos los creyentes en la vida y en la magnificencia de la vida y su cofre nunca está vacío.

Hay quienes dan con alegría y esa alegría es su premio.

Y hay quienes dan con dolor y ese dolor es su bautismo.

Y hay quienes dan y no saben del dolor de dar, ni buscan la alegría de dar, ni dan conscientes de la virtud de dar.

Dan como, en el hondo valle, da el mirto su fragancia al espacio.

A través de las manos de cómo ésos son, Dios habla y, desde el fondo de sus ojos, Él sonríe sobre la tierra.

Es bueno dar algo cuando se ha sido pedido, pero es mejor dar sin demanda, comprendiendo.

Y, para la mano abierta, la búsqueda de aquél que recibirá es mayor goce que el dar mismo.

¿Y hay algo, acaso, que podáis guardar? Todo lo que tenéis será dado algún día. 

Dad, pues, ahora que la estación de dar es vuestra y no de sus herederos.

Decís a menudo: “Daría, pero sólo al que lo mereciera.” Los árboles en vuestro huerto no dicen así, ni lo dicen los rebaños en vuestra pradera.

Ellos dan para vivir, ya que guardar es perecer.

Todo aquél que merece recibir sus días y sus noches, merece, seguramente, de vosotros todo lo demás.

Y aquél que mereció beber el océano de la vida, merece llenar su copa en vuestro pequeño arroyo.

¿Cuál será el mérito mayor que el de aquel que da el valor y la confianza – no la caridad – de recibir?

¿Y quiénes son vosotros para que los hombres os muestren su seno y os descubran su orgullo para que así veáis sus merecimientos desnudos y su orgullo sin confusión?

Mirad primero si vosotros mismos merecéis dar y ser un instrumento del dar.

Porque, a la verdad, es la vida la que da a la vida, mientras vosotros, que os creéis dadores, no sois sino testigos.

Khalil Gibran

 

Los niños

Los niños

Los Niños

Y una mujer que sostenía un niño contra su seno pidió: Háblanos de los niños.

Y él dijo:

Vuestros hijos no son hijos vuestros.

Son los hijos y las hijas de la Vida, deseosa de sí misma. Vienen a través vuestro, pero no vienen de vosotros.

Y, aunque están con vosotros, no os pertenecen.

Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos. Porque ellos tienen sus propios pensamientos.

Podéis albergar sus cuerpos, pero no sus almas. Porque sus almas habitan en la casa del mañana que vosotros no podéis visitar, ni siquiera en sueños.

Podéis esforzaros en ser como ellos, pero no busquéis el hacerlos como vosotros.

Porque la vida no retrocede ni se entretiene con el ayer. Vosotros sois el arco desde el que vuestros hijos, como flechas vivientes, son impulsados hacia delante.

El Arquero ve el blanco en la senda del infinito y os doblega con Su poder para que Su flecha vaya veloz y lejana. Dejad, alegremente, que la mano del Arquero os doblegue.

Porque así como él ama la flecha que vuela, así también el arco, que es estable.

Khalil Gibran

Visita en nuestra web nuestros servicios y la programación de retiros y cursos

El matrimonio

El matrimonio

El Matrimonio

Entonces, Almitra habló otra vez: ¿Qué nos  diréis sobre el Matrimonio, Maestro? Y él respondió, diciendo:

Nacisteis juntos y juntos para siempre.

Estaréis juntos cuando las alas blancas de la muerte esparzan vuestros días.

Sí; estaréis juntos aún en la memoria silenciosa de Dios. Pero dejad que haya espacios en vuestra cercanía.

Y dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros.

Amaos el uno al otro, pero no hagáis del amor una atadura.

Que sea, más bien, un mar movible entre las costas de vuestras almas.

Llenaos uno al otro vuestras copas, pero no bebáis de una sola copa.

Daos el uno al otro de vuestro pan, pero no comáis del mismo trozo.

Cantad y bailad juntos y estad alegres, pero que cada uno de vosotros sea independiente.

Las cuerdas de un laúd están solas, aunque tiemblen con la misma música.

Dad vuestro corazón, pero no para que vuestro compañero lo tenga. Porque sólo la mano de la Vida puede contener los corazones.

Y estad juntos, pero no demasiado juntos. Porque los pilares del templo están aparte.

Y, ni el roble crece bajo la sombra del ciprés ni el ciprés bajo la del roble.

Khalil Gibran

Visita en nuestra web nuestros servicios y la programación de retiros y cursos

 

El secreto de los Reyes Magos

 

 

Lo que cuentan los libros…

Los Reyes Magos… Esta noche celebramos una tradición muy especial. Su origen es conocido por todos: En el Evangelio de Mateo podemos leer:

“Nacido, pues, Jesús en Belén de Judá en los días del rey Herodes, llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?”.

Actuaron, según la misma fuente, siguiendo un extraño astro, calificado de estrella fugaz, que habían visto en sus observaciones del universo, ya que en el Mundo Antiguo la palabra “mago” se utilizaba para designar a las personas sabias, a los estudiosos de la astronomía y de la ciencia.

Aunque bien intencionados, su visita despertó la desconfianza de Herodes, que veía al nuevo Mesías como un rival. Por eso Herodes les ruega que averigüen el sitio preciso del nacimiento del niño, con el fin de acabar con su potencial competidor. Los sabios, que no sospechaban nada, encontraron al niño, lo adoraron, y le hicieron regalos. Así, leemos en el Evangelio de Mateo:

“Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra”.

A continuación un ángel previene a los magos de las intenciones de Herodes, así que no regresan donde él les esperaba. Indignado, el rey manda a matar a los niños menores de dos años, pero para entonces, José ya había sido avisado en sueños de que debía huir a Egipto con los suyos.

Y aquí termina este inquietante relato.

Unos magos, cuyo número y nombres se nos ocultan, procedentes del lejano Oriente y guiados por una extraña estrella, buscan a un niño recién nacido y, cuando por fin lo encuentran, le adoran, le hacen tres regalos, y desaparecen discretamente de la escena.

Oro

En primer lugar regalan oro, un presente que en la época tan sólo se confería a los reyes y se depositaba en los altares de los dioses. El oro desempeñaba un papel principal en las antiguas tradiciones alquimistas, muy presentes entonces no sólo en el Antiguo Egipto faraónico, sino también en el conjunto del Mediterráneo, y en otras zonas del lejano Oriente como China o la India.

En efecto, en la vieja tradición alquimista, el oro es el producto final de la transmutación los metales, pero en el mundo antiguo – el mundo en el que vivieron aquellos Magos – la metalurgia y el misticismo estaban inexorablemente unidos, de modo que aquellos hombres también entendían por transmutación el paso a un estado mental, energético y espiritual superior.

Los mensajeros de los dioses

Por las pistas que nos da el relato bíblico aquellos magos debían conocer el conjunto de conocimientos de misticismo, astrología, magia y alquimia que existían en el ambiente cultural de la época, cuyo origen se atribuye por los Egipcios a Thot, el dios de la sabiduría, patrón de los magos, también llamado Hermes Trismegisto por los griegos, para quienes el nombre Hermes quiere decir Mercurio, el mensajero de los dioses, Tris significa tres, y Megisto significa “el más Grande”. Una traducción podría ser, entonces, “Los Tres Más Grandes Mensajeros de los Dioses”.

Hermes, Mercurio, el Mensajero de los Dioses, el mago, el Chamán, es el intermediario entre el mundo divino y el humano. Esto significa que las enseñanzas de Hermes Trismegisto, de los TRES GRANDES MAGOS, de los tres mensajeros de los Dioses, constituyen una enseñanza sagrada.

Y es que Hermes Trismegisto – el nombre por el que hemos conocido desde la antigüedad al padre de las enseñanzas herméticas- no debe interpretarse como el nombre de una persona, sino como un nombre que hace alusión a la reunión no solo de tres Grandes Maestros – tres grandes Magos – , sino de los tres grandes Centros de Conocimiento del mundo Antiguo: el egipcio, el hebreo y el griego.

Curioso, ¿no?

Los magos que adoraron al niño debieron conocer lo que os acabo de contar. Y, por supuesto, el autor del relato bíblico.

Los magos del mundo antiguo que visitaron a Jesús eran sacerdotes, místicos, astrólogos, metalúrgicos, médicos, químicos,… Conocían los llamados cuarenta y dos Libros del Saber de Hermes – por eso eran magos – , libros herméticos de iniciación y de tradición esotérica que han llegado hasta nosotros a través de traducciones griegas y árabes, y que son considerados como la base de la filosofía y práctica alquímicas occidentales, la cuna de nuestra filosofía y nuestra ciencia actual.

No es el momento ahora de profundizar en este conjunto de conocimientos herméticos, pero no es difícil suponer que aquellos magos, durante el tiempo que permanecieron en Belén, ¿dos años?, y tal vez luego en Egipto – donde nos dice el relato bíblico que se traslada la Sagrada Familia, huyendo de Herodes – pudieron trasmitir  a José, a María, y al propio Jesús, gran parte de ellos.

Incienso

En segundo lugar, los magos regalan el niño Incienso, el producto por excelencia empleado en el culto en los altares de Dios, no sólo por el cristianismo, sino también por otras grandes confesiones religiosas como el hinduismo, o el budismo, y antes por egipcios, griegos, fenicios y romanos.

Los hebreos llamaban al Incienso lebonah, los griegos libanos, los árabes luban y los romanos olibanum; en todos los idiomas significa lo mismo: “blanco”. Actualmente lo llamamos incienso, nombre que deriva del vocablo latino incendoere, es decir, “encender, quemar, incendiar, prender fuego, iluminar”.

Los datos arqueológicos que poseemos sobre el incienso se remontan al Valle del Nilo: en los templos de Deir el-Bahari se pueden observar inscripciones con dibujos de rituales netamente esotéricos, donde son evidentes las nubecillas del humo del incienso.

En la mitología grecorromana también está presente el Incienso: Leucotoe, la hija de Arcamo, se entregó en amores al bello y codiciado Apolo. Cuando Arcamo supo de tan deshonroso acontecimiento, la enterró viva, llevado por la ira. Pero el dios Sol, para honrar a la infeliz criatura, la convirtió en un frondoso árbol de incienso.

El esplendor de la luz

A esto se debe que la tradición antigua considere el Incienso como el símbolo del Sol y de Júpiter, el hijo del Sol, el esplendor de la Luz Mayor.

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento aparecen gran cantidad de menciones sobre el Incienso. En el Éxodo, en los Salmos, donde se compara el ascenso del humo de incienso con la elevación de las plegarias a Dios, en el Deuteronomio, cuando Moisés bendice las doce tribus de Israel.

El incienso aparece en el Nuevo Testamento en el Evangelio de Mateo, en este relato de los magos de Oriente, pero también en el Libro de las Revelaciones o Apocalipsis de San Juan (8:3-5), donde leemos lo siguiente:

“Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono. Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra, y hubo truenos y voces, relámpagos, y un terremoto”.

El texto citado pertenece a la narración sobre el Séptimo Sello: el número siete simboliza la organización, la producción, el triunfo, la fecundidad. Abrir el Séptimo Sello es abrir lo que los orientales llaman “El Loto de Mil Pétalos”. El incensario de oro simboliza el corazón del Iniciado, donde debe arder el incienso, que es servicio y amor.

El humo del incienso, es a su vez, la alegoría del servicio generoso y desinteresado, que lo impregna todo, y “mucho incienso” significa la gloria de haber obtenido una mente pura y un corazón compasivo y amoroso, fruto del esfuerzo altruista a favor de los demás.

Mirra

Por último, los magos regalan Mirra al recién nacido.

La Mirra es una resina rojiza aromática que se extrae del tallo del árbol de Arabia, muy común en medio oriente y Somalia. Para obtenerla, se hace una incisión en la corteza del árbol y de esta herida brotan lágrimas, que al secarse se tornan rojizas.

La Mirra era muy valorada en la antigüedad, ya que era uno de los componentes esenciales de la elaboración de perfumes, ungüentos y medicinas.

Pero su uso principal era para embalsamar a los muertos, para preparar su último viaje, el viaje hacia el más allá, el viaje hacia la inmortalidad, hacia la vida eterna.

El perfume de Hermes Trismegisto

De hecho, en la tradición esotérica la mirra, pariente cercano del incienso, es el perfume de Hermes Trismegisto. En el mundo Antiguo el Incienso y la Mirra se consideraban productos mágico-sagrados que debían ser recolectados y preparados según los ritmos astrales.

En el mundo antiguo la inmortalidad era un privilegio en un principio sólo reservado a los faraones de las primeras dinastías; posteriormente los nobles y otros altos jerarcas se consideraron merecedores de disfrutar de la vida eterna, por lo que adoptaron también rituales similares de embalsamiento, y, por fin, con el paso de los siglos, esta facultad para disfrutar de la inmortalidad se extendió a la mayoría de la población, al evolucionar los sistemas de creencias religiosas.

De modo que, conforme a las creencias de la época, el tercer regalo que los Magos de Oriente decidieron llevar al niño recién nacido fue su pasaporte hacia la inmortalidad, la mirra, el perfume de Hermes Trismegisto, la llave que habría de abrirle la última puerta en el último viaje de su existencia humana.

Pasaporte hacia la eternidad

Y, en efecto, así sucede.

En el Capítulo 16 del Evangelio de Marcos leemos que una vez muerto Jesús de Nazareth, “María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamarle”; en el Capítulo 56 del Evangelio de Lucas leemos que “Las mujeres que habían venido con él desde Galilea, fueron detrás y vieron el sepulcro y cómo era colocado su cuerpo. Y regresando, prepararon aromas y mirra”.

Y en el Evangelio de Juan, Capítulo 19, leemos “Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato autorización para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió. Fueron, pues, y retiraron su cuerpo. Fue también Nicodemo – aquel que anteriormente había ido a verle de noche – con una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas con los aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar”.

A los tres días, según nuestra tradición, Jesús venció a la muerte y resucitó.

Los magos llegados de Oriente regalaron al niño recién nacido oro, incienso, y mirra.

Los tres mayores regalos que podemos regalar

A mi entender, literalmente, nuestros queridos Reyes Magos – los tres más grandes mensajeros de los dioses del mundo antiguo -,  guiados por una estrella del firmamento, llegaron hasta un niño recién nacido y le regalaron lo más preciado que todavía hoy día podemos regalarnos unos a otros, y podemos regalar a nuestros hijos:

El oro alquímico, esto es, el conocimiento profundo de la realidad de nuestra existencia, el conjunto de saberes del Mundo Antiguo, la síntesis de lo mejor de las tradiciones egipcia, griega y hebrea, y las prácticas que nos permiten alcanzar los estados más elevados del espíritu.

El incienso, esto es, el vehículo de nuestra comunicación íntima con lo sagrado, con Dios, el producto que al arder es capaz de elevar nuestros corazones hacia la Luz, hacia la pureza, hacia el  servicio y el amor.

Y la mirra, la certeza capaz de abrirnos la puerta de la inmortalidad, la llave que tras la muerte nos ayuda a alcanzar la morada sagrada que habitan los dioses.

Aquí acaba mi relato.

Con mucho amor, en esta noche tan mágica,

José Carlos Cuerda

 

 

Receta para una vida plena

Receta para una Vida Plena: Perdón, Aceptación y Confianza

Sé que el título es pretencioso, o al menos eso dice la mente y sale al cruce tirando sus “encantadores” pensamientos: ¿qué es eso de una receta para una vida plena?, ¡no puede haber algo así!, ¡las cosas son complicadas!, ¡concéntrate que esta semana vence la renta!

En primer lugar decir que cada uno tiene su receta, porque la tenemos, solo no sabemos (no recordamos) donde buscar. Siempre metidos y enfrascados en preocupaciones y que todo está mal (o casi) y buscando salidas en razones superficiales. Pero la receta está, y van saliendo los ingredientes a medida que callamos la mente y nos abandonan esos pensamientos que nos meten en el juego del ego.

La receta que les voy a compartir es desde mi experiencia y cada uno debe encontrar la suya en base a los ingredientes que las vivencias nos fueron alcanzando, pero de seguro, a medida que nos vamos encontrando, al final del camino coincidiremos.

Paso a detallar.

Primer ingrediente: El Perdón

Cuando en la vida andamos pesados, remachados contra el suelo, cargados y con una presión que nos hunde en el fondo del barro y parece que remamos el bote en un mar de lodo espeso, tómate un tiempo, relájate y repasa tu vida, verás que hay algo-alguien a quien perdonar. Permíteme una aclaración: este “algo-alguien” no es nadie o nada en particular, quizás tu mente te lleve a encasillarlo en una persona o circunstancia pero debes saber que este Perdón nos reconoce como creadores divinos de toda nuestra vida, lo que aquí llamamos pasado, presente, futuro y es por eso que este Perdón va primero “hacia adentro” nuestro, madura, crece y brota del interior hacia los demás. Este Perdón es simple, sin vueltas ni justificativos.

El Perdón del que hablo es aquel que te hace lagrimar cuando lo das y lo ofreces del Corazón que quiere salirse del pecho cuando lo sientes y es así porque queremos ensanchar nuestro Amor. Este Perdón viene de la sabiduría que comprende amorosamente que todos somos compañeros en el mismo barco y que la vida es una ruleta hermosa para compartir experiencias y que lo que pasó… pasó y ya no me causa dolor.

Perdono desde el Amor, no desde el ego que busca ponerme por encima del otro. Perdono porque este Perdón es la herramienta que me ayuda a soltar los vagones que me impiden alivianarme. Este Perdón es tan poderoso que al sentirlo libero y sano mi relación con todos y conmigo. Me perdono. Soy Consciencia y perdono, perdono y soy Consciencia. Experiméntalo, seguro lo encuentras en tu receta.

Segundo ingrediente: La Aceptación

Todo tiene su lugar en el puzle maravilloso de la Vida. Si crees que vives algo injusto es una oportunidad para acercarte a la Vida Plena ¿cómo?, aceptando. Sé que no es fácil, por ahí anda la mente-ego de nuevo haciéndote pelear con todo y todos.

Esta Aceptación no es resignación, esto lo entendemos cuando logramos aquietar la mente y empezamos a “Sentir” las cosas, sentimos que aceptando firmamos un pacto de Paz con nosotros mismos que cumplimos desde el Corazón con nuestra Esencia Divina, ya que todo lo creamos desde allí, solo que no lo vemos así y vivimos engañados culpando a otros y a las circunstancias por nuestra “suerte”.

Acepta y verás que pasas a percibir lo que te pasa desde esa armonía y tranquilidad que esperas y añoras. Acepta consciente para gozar. Acepta y sé paciente. Todo a su tiempo. ¿Encuentras entre tus ingredientes la Aceptación?

Tercer ingrediente: La Confianza

El miedo que está presente en nuestras vidas hace que la Confianza sea un ingrediente indispensable en esta receta para una Vida Plena. La Confianza es el combustible que alimenta el motor de todo buscador. “Confío… luego existo”. Y persevero en la confianza porque “siento” la perfección de cuanto es. Como aquel no vidente que confía y agudiza sus sentidos para caminar, confiemos y agudicemos nuestro “Todo” para encontrar.

La Confianza es hacia nosotros mismos porque ya estamos “despertando” ¡ahora sí! Doy el paso, me lanzo, salto y confío, no veo… pero siento y confío, no escucho… pero siento y confío. Dudo… entonces recuerdo y confío.

La Confianza es Paz, es animarse a cumplir nuestros sueños sin peros, es empezar a hacer nuestra Vida Plena desde el Amor donde esta Confianza borra todas las dudas del temor. Sazona tu vida con mucha Confianza. ¿Estás preparado?

Cuando avanzas por la vida combinando estos ingredientes iluminas todo con la Luz del Corazón y la Vida Plena va aflorando a cada paso, entre penurias y olvidos vas encontrando perlas divinas de Amor que te muestran que la Vida Plena que tanto buscas ya la vives. Sólo es cuestión de encender tu Luz para que el resplandor aclare tu andar y el de todos. Ya es tiempo.

Diego Alcalde

Visita en nuestra web nuestros servicios y la programación de retiros y cursos

El Amor

El Amor

EL AMOR

Dijo Almitra: Háblanos del amor.

Y él levantó la cabeza, miró a la gente y una quietud descendió sobre todos. Entonces, dijo con gran voz:

Cuando el amor os llame…

Cuando el amor os llame, seguidlo.

Y cuando su camino sea duro y difícil.

Y cuando sus alas os envuelvan, entregaos. Aunque la espada escondida entre ellas os hiriera.

Y cuando os hable, creed en él. Aunque su voz destroce vuestros sueños, tal como el viento norte devasta los jardines.

Porque, así como el amor os corona, así os crucifica.

Así como os acrece, así os poda.

Así como asciende a lo más alto y acaricia vuestras más tiernas ramas, que se estremecen bajo el sol, así descenderá hasta vuestras raíces y las sacudirá en un abrazo con la tierra.

Él os une con vosotros mismos

Como trigo en gavillas él os une con vosotros mismos.

Os desgarra para desnudaros.

Os cierne, para libraros de vuestras coberturas.

Os pulveriza hasta volveros blancos.

Os amasa, hasta que estéis flexibles y dóciles.

Y os asigna luego a su fuego sagrado, para que podáis convertiros en sagrado pan para la fiesta sagrada de Dios.

Conocer los secretos del corazón

Todo esto hará el amor con vosotros para que podáis conocer los secretos de vuestro corazón y convertiros, por este conocimiento, en un fragmento del corazón de la Vida.

Pero si, en vuestro miedo, buscaréis solamente la paz y el placer del amor, entonces, es mejor que cubráis vuestra desnudez y os alejéis de sus umbrales.

Hacia un mundo de primaveras donde reiréis, pero no con toda vuestra risa, y lloraréis, pero no con todas vuestras lágrimas.

El amor no da nada más a sí mismo y no toma nada más que de sí mismo.

El amor no posee ni es poseído.

Porque el amor es suficiente para el amor.

Cuando améis

Cuando améis no debéis decir: “Dios está en mi corazón”, más bien: “yo estoy en el corazón de Dios”.

Y pensad que no podéis dirigir el curso del amor porque él si os encuentra dignos, dirigirá vuestro curso.

El amor no tiene otro deseo que el de realizarse.

Pero, si amáis y debe la necesidad tener deseos, que vuestros deseos sean éstos:

Fundirse y ser como un arroyo que canta su melodía a la noche.

Saber del dolor de la demasiada ternura.

Ser herido por nuestro propio conocimiento del amor. Y sangrar voluntaria y alegremente.

Despertarse al amanecer con un alado corazón y dar gracias por otro día de amor.

Descansar al mediodía y meditar el éxtasis de amar.

Volver al hogar con gratitud en el atardecer.

Y dormir con una plegaria por el amado en el corazón y una canción de alabanza en los labios.

Khalil Gibrán

Visita en nuestra web nuestros servicios y la programación de retiros y cursos

 

Espiritualidad, Consciencia

Tarde o temprano brota en todo corazón humano el deseo de espiritualidad, de Dios, o como se quiera llamar. Oímos a los místicos hablar de una divinidad que les envuelve por todas partes, que está a nuestro alcance y que, si fuéramos capaces de descubrirla, podría hacer que nuestras vidas tuvieran sentido y fueran ricas y hermosas.

La gente tiene una vaga idea a este respecto, y por ello lee libros y consulta a los gurús, tratando de averiguar qué es lo que deben hacer para obtener esa cosa tan esquiva que llamamos “espiritualidad”. Para lo cual prueban toda clase de métodos, técnicas, ejercicios espirituales y fórmulas… y, al cabo de años de inútiles esfuerzos, acaban desanimados y confundidos y se preguntan en qué se habrán equivocado. Y, por lo general, se culpan a sí mismos: si hubieran practicado las técnicas con mayor regularidad, si hubieran sido más fervorosos o más generosos…, lo habrían logrado.

¿Lograr qué?

De hecho, no tienen muy claro en qué consiste esa espiritualidad que andan buscando, aunque sí saben, ciertamente, que sus vidas siguen siendo un fracaso y que ellos siguen siendo unos seres angustiados, inseguros, llenos de miedo, resentidos, despiadados, avaros, ambiciosos y manipuladores. Por eso vuelven a emprender, con renovado ímpetu, el esfuerzo y el trabajo que creen imprescindibles para alcanzar su objetivo.

Nunca se han parado a considerar algo tan simple como es el hecho de que sus esfuerzos no van a llevarles a ninguna parte. Lo único que van a conseguir con sus esfuerzos es empeorar las cosas, del mismo modo que empeoran las cosas cuando se intenta apagar un fuego con más fuego.

El esfuerzo no produce el crecimiento; sea cual sea la forma que adopte (la fuerza, la costumbre, una determinada técnica o un determinado ejercicio espiritual), el esfuerzo no origina el cambio. A lo más, conduce a la represión y a encubrir el verdadero mal.

El esfuerzo sí puede modificar la conducta, pero no cambia a la persona.

Piensa en la mentalidad que subyace a la pregunta “¿Qué debo hacer para alcanzar la espiritualidad?”. Es algo así como preguntar: “¿Cuánto dinero tengo que gastar para comprar tal cosa?, ¿qué sacrificio debo hacer?, ¿a qué disciplina tengo que someterme?, ¿qué clase de meditación debo practicar para obtenerlo?… “Imagínate a un hombre que deseara obtener el amor de una mujer y, para ello, tratara de mejorar su apariencia, reconstruir su cuerpo, cambiar su conducta y practicar técnicas de seducción…

De hecho, no vas a conseguir el amor de los demás a base de practicar técnicas, sino a base de ser una determinada clase de persona. Y esto no se logra con esfuerzos ni con técnicas de ningún tipo.

Lo mismo sucede con la espiritualidad y la santidad. No dependen de lo que hagas (no se trata de una mercancía que pueda comprarse ni de un premio que pueda ganarse); dependen de lo que seas.

La espiritualidad no es un logro, es una Gracia

Una Gracia llamada consciencia, visión, observación, comprensión…

Sólo con que encendieras la luz de la consciencia y te observaras a ti mismo y cuanto te rodea a lo largo del día; sólo con que te vieras reflejado en el espejo de la consciencia del mismo modo que ves tu rostro reflejado en un espejo de cristal, es decir, con fidelidad y claridad, tal como eres, sin la menor distorsión ni el menor añadido, y observaras dicho reflejo sin emitir juicio ni condena de ningún tipo, experimentarías los maravillosos cambios de toda clase que se producen en ti.

Lo que ocurre es que no puedes controlar dichos cambios, ni eres capaz de planificarlos de antemano ni de decidir cómo y cuándo tienen que producirse. Es esta clase de consciencia que no emite juicios la única capaz de sanarte, de cambiarte y de hacerte crecer. Pero lo hace a su manera y a su tiempo.

¿De qué debes ser consciente concretamente?

De tus reacciones y de tus relaciones. Cada vez que estás en presencia de una persona (la que sea y en la situación en que sea), tienes toda clase de reacciones, positivas y negativas. Estudia esas reacciones, observa cuáles son exactamente y de dónde provienen, sin reconvención o culpabilización de ningún tipo, incluso sin deseo alguno, y, sobre todo, sin tratar de cambiarlas. Eso es todo lo que hace falta para que brote la santidad.

Pero ¿no constituye la conciencia en sí misma un esfuerzo?

No, si la has percibido aunque no sea más que una vez. Porque entonces comprenderás que la consciencia es un placer: el placer de un niño que sale asombrado a descubrir el mundo; porque, incluso cuando la consciencia te hace descubrir en ti cosas que te desagradan, siempre ocasiona liberación y gozo. Y entonces sabrás que la vida inconsciente no merece ser vivida, porque está excesivamente llena de oscuridad y de dolor.

Si al principio sientes pereza en practicar la consciencia, no te violentes. Sería un esfuerzo más. Limítate a ser consciente de tu pereza, sin juzgar ni condenar. Comprenderás entonces que la consciencia requiere el mismo esfuerzo que el que tiene que realizar un enamorado para acudir junto a su amada, o un hambriento para comer, o un montañero para escalar la montaña de sus sueños; tal vez haya que emplear mucha energía, tal vez sea incluso penoso, pero no es cuestión de esfuerzo; ¡es hasta divertido! En otras palabras, la consciencia es una actividad fácil.

Pero ¿te va a proporcionar la consciencia la espiritualidad que tanto anhelas?

Sí y no. De hecho, nunca lo sabrás, porque la verdadera espiritualidad, la que no se obtiene a base de técnicas, de esfuerzos y de represión, es absolutamente espontánea. Jamás vas a tener la menor consciencia de que se da en ti.

Por lo demás, no debes preocuparte, porque la misma ambición de ser espiritual se desvanecerá en cuanto vivas, momento a momento, una vida plena, feliz y transparente gracias a la consciencia.

Te basta con estar vigilante y despierto (…). No te hace falta absolutamente nada más: ni la seguridad, ni el amor, ni el pertenecer a alguien, ni la belleza, ni el poder, ni la espiritualidad, ni ninguna otra cosa tendrán ya importancia.

Anthony de Mello

Todo el equipo de evolucion.center te deseamos que 2018 sea un año lleno de consciencia, ilusiones y sueños cumplidos!

Visita en nuestra web nuestros servicios y la programación de retiros y cursos

Inseguridad

Inseguridad

En un momento o en otro, todo el mundo experimenta sensaciones de lo que conocemos con el nombre de “inseguridad”. Te sientes inseguro de la cantidad de dinero que tienes en el banco, de la cantidad de amor que obtienes de tus amigos, de la educación que has recibido… O tienes sentimientos de inseguridad en relación a tu salud, a tu edad, a tu apariencia física.

Si te preguntaran: “¿Qué es lo que te hace sentirte inseguro?”, casi con toda certeza darías una respuesta errónea. Tal vez dirías: “Tengo un amigo que no me quiere lo suficiente”, o “no tengo la formación académica que necesitaría”, o algo por el estilo. En otras palabras, aludirías a algún condicionante externo, sin darte cuenta de que los sentimientos de inseguridad no se deben a nada exterior a ti, sino únicamente a tu “programación” emocional, a algo que tú te dices a ti mismo mentalmente.

Si cambiaras tu “programa”, tus sentimientos de inseguridad se desvanecerían en un santiamén, aun cuando todo lo existente en el mundo exterior a ti permaneciera exactamente igual que antes. Hay personas que se sienten absolutamente seguras sin tener un duro en el banco, mientras que otras se sienten inseguras a pesar de tener millones.

Lo importante no es la cantidad de dinero, sino la “programación”. Hay personas que no tienen amigos y. sin embargo, se sienten perfectamente seguras del amor de la gente; otras, en cambio, se sienten inseguras aunque gocen de las más posesivas y exclusivas relaciones del mundo. Una vez más, la diferencia viene marcada por la “programación”.

Si quieres hacer frente a tus sentimientos de inseguridad, hay cuatro hechos que debes examinar y comprender:

Primero

Es inútil que trates de mitigar tus sentimientos de inseguridad intentando cambiar las cosas exteriores a ti. Puede que tus esfuerzos se vean coronados por el éxito, aunque no es eso lo más frecuente; puede que consigas al menos algún alivio, pero éste no será muy duradero. No merece la pena, por tanto, que gastes tus energías y tu tiempo en mejorar tu apariencia física, en hacer más dinero o en asegurarte del amor de tus amigos.

Segundo

(Y éste es un hecho que te hará atacar el problema donde realmente se encuentra: en tu interior): hay personas que, a pesar de encontrarse en las mismísimas condiciones en que tú te encuentras ahora, no sienten la menor inseguridad. Esas personas existen, y seguramente conoces a alguna. Consiguientemente, el problema no depende de la realidad exterior a ti, sino de ti mismo, de tu “programación”.

Tercero

Debes comprender que esa “programación” te ha sido impuesta por personas inseguras que, cuando aún eras muy joven e impresionable. te enseñaron, con su comportamiento y con sus reacciones de pánico, que siempre que el mundo exterior no se ajuste a una determinada norma, debes crear en tu interior una confusión emocional llamada “inseguridad” y hacer cuanto esté a tu alcance por reordenar dicho mundo exterior: hacer más dinero, buscar más motivos de tranquilidad, aplacar y agradar a las personas a las que has ofendido…, a fin de que desaparezcan los sentimientos de inseguridad.

El simple hecho de caer en la cuenta de que no tienes que hacer semejante cosa, de que el hacerlo no resuelve realmente nada, y de que la confusión emocional se debe exclusivamente a ti y a tu cultura, hará que te distancies del problema, y obtendrás un considerable alivio.

Cuarto

Siempre que te sientas inseguro acerca de lo que puede depararte el futuro, limítate simplemente a recordar que en los últimos seis o doce meses has estado igualmente inseguro acerca de los acontecimientos que habrían de producirse, y que cuando, finalmente, éstos se produjeron, te las arreglaste para dominarlos de un modo u otro, gracias a las energías y recursos que acumulaste en el momento, y no gracias a toda tu anterior preocupación, que únicamente sirvió para hacerte sufrir innecesariamente y para debilitarte emocionalmente.

Por consiguiente, intenta decirte a ti mismo: “Si hay algo que pueda hacer ahora con respecto a mi futuro, lo haré. Fuera de eso, me limitaré a dejarle que siga su curso y me dedicaré a disfrutar del momento presente, porque la experiencia me ha enseñado que sólo puedo hacer frente a las cosas cuando éstas se presentan, no antes de que ocurran, y que el presente me proporciona siempre los recursos y la energía necesarios para afrontarlas”.

Las aves del cielo, los lirios del campo

La desaparición definitiva de los sentimientos de inseguridad sólo se producirá cuando hayas adquirido esa bendita capacidad de las aves del cielo y de los lirios del campo para vivir plenamente el presente, momento a momento, porque el instante presente nunca es insufrible, por muy doloroso que sea.

Lo que sí es insufrible es lo que tú piensas que va a suceder dentro de cinco horas o de cinco días: e insufribles son también esas palabras que no dejas de repetir en tu interior: “¡Es terrible!”; “¡Es insoportable!”; “¿Cuánto tiempo va a durar esto?”… y cosas parecidas.

Las aves y las flores tienen la ventaja sobre los humanos de que no tienen el concepto del futuro, ni palabras en sus mentes, ni preocupación alguna por lo que sus semejantes piensen de ellos. Por eso son imágenes perfectas del reino. No te inquietes, pues, por el mañana. porque el mañana ya cuida de sí. Cada día tiene su propia malicia. Busca el reino por encima de cualquier otra cosa, y todo lo demás se te dará por añadidura.

Anthony de Mello

Visita en nuestra web nuestros servicios y la programación de retiros y cursos

Bendición del Año Nuevo

Bendición del Año Nuevo

BENDICIÓN DEL AÑO NUEVO

Que jamás, en tiempo alguno, tu corazón albergue odio.

Que el canto de la madurez jamás asfixie tu niño interior.

Que tu sonrisa sea siempre verdadera.

Que las pérdidas de tu camino sean siempre encaradas como lecciones de vida.

Que tus momentos de amor contengan la magia de tu alma eterna en cada beso.

Que tus ojos sean dos soles contemplando la luz de la vida en cada amanecer.

Que cada día sea un comenzar de nuevo, donde tu alma dance en la luz.

Que en cada paso tuyo queden marcas luminosas de tu paso en cada corazón.

Que en cada amigo tu corazón haga fiesta, que celebre el canto de la amistad profunda que liga las almas afines.

Que en tus momentos de soledad y cansancio, esté siempre presente en tu corazón el recuerdo de que todo pasa y se transforma, cuando el alma es grande y generosa.

Que tu corazón vuele contento en alas de la espiritualidad consciente, para que tú percibas la ternura invisible, tocando el centro de tu ser eterno.

Que un suave arrullo te acompañe, en la tierra o en el espacio, y por donde quiera que el inmanente invisible conduzca tu vivir.

¡Que tu corazón sienta la presencia secreta de lo inefable!

Que tus pensamientos y tus amores, tu vivir y tu pasar por la vida, sean siempre bendecidos por aquel amor que ama sin nombre. Aquel amor que no se explica, sólo se siente.

Que ese amor sea tu arrullo secreto, viajando eternamente en el centro de tu ser.

Que el sendero se despliegue ante ti.

Que el viento sople blandamente a tu espalda.

Que el sol brille tibio y suave en tu cara.

Que respondas a la llamada de tu Don y encuentres el coraje para seguirlo en el camino.

Que la llama de la ira te libere de la falsedad.

Que el ardor del corazón mantenga tu presencia flamante y que la ansiedad jamás te ronde.

Que tu dignidad exterior refleje una dignidad interior del alma.

Que tengas vagar para celebrar los milagros silenciosos que no buscan atención.

Que seas consolado en la simetría secreta de tu alma.

Que sientas cada día como una dádiva sagrada tejida en torno a la médula del asombro.

Que la lluvia caiga mansamente en tus campos…

Y, hasta que nos encontremos de nuevo… Que nuestro Dios te guarde en la palma de Sus manos.

Que te despiertes para el misterio de estar aquí y comprendas la silenciosa inmensidad de tu presencia.

Que tengas alegría y paz en el templo de tus sentidos.

Que recibas muchos ánimos cuando nuevas fronteras se presentan.

Que este amor transforme tus dramas en luz, tu tristeza en celebración, y tus pasos cansados en alegres pasos de danza renovadora.

Que jamás, en tiempo alguno, te olvides de la Presencia que está en ti y en todos los seres.

¡Que tu vivir sea pleno de Paz y Luz!

Oración Celta del Amor – Todo el equipo de evolucion.center te deseamos un Año 2018 lleno de ilusiones y sueños cumplidos, y te enviamos un abrazo enorme y muy cariñoso!

Dolor, crecimiento y liberación

Piensa…

Piensa en algunos de los acontecimientos dolorosos de tu vida. ¿Cuántos de ellos son hoy para ti motivo de agradecimiento por haberte servido para cambiar y crecer? Hay aquí implícita una verdad elemental de la vida que la mayoría de las personas no llegan nunca a descubrir. Los acontecimientos afortunados hacen la vida más placentera, pero no son causa de autoconocimiento, de crecimiento y de libertad. Este es un privilegio reservado a aquellas cosas, personas y situaciones que nos ocasionan algún dolor.

Dolor, crecimiento y liberación

Todo acontecimiento doloroso encierra una semilla de crecimiento y de liberación. A la luz de esta verdad, vuelve ahora sobre tu vida y fíjate en tal o cual acontecimiento por el que no te sientas especialmente agradecido, y trata de descubrir el potencial de crecimiento que encierra y del que no has tomado conciencia hasta ahora, por lo que no has podido beneficiarte de él. Piensa también en algún acontecimiento reciente que te haya ocasionado dolor y sentimientos negativos.

Cualquiera que haya sido la cosa, persona o situación que te ha producido tales sentimientos, ha sido “maestra” para ti porque te ha revelado algo (o mucho) acerca de ti que probablemente no sabías y te ha invitado y desafiado a descubrirte y conocerte mejor y, consiguientemente, a crecer y acceder a la vida y a la libertad.

Intenta ahora identificar el sentimiento negativo que ese acontecimiento ha despertado en ti. Puede haber sido un sentimiento de inquietud, de inseguridad, de envidia de ira, de culpa… ¿Qué te dice esa emoción acerca de ti mismo, de tus valores, de tu manera de percibir el mundo y la vida y, sobre todo, de tu “programación” y tus condicionamientos?

Si consigues descubrirlo

Si consigues descubrirlo, te librarás de alguna ilusión o espejismo al que hasta ahora te hablas aferrado, o dejarás de percibir alguna cosa de manera deformada, o corregirás alguna falsa creencia, o aprenderás a distanciarte de tu sufrimiento… con tal de que comprendas que todo ello ha sido causado por tu “programación”, no por la propia realidad: e inesperadamente comprobarás que te sientes plenamente agradecido por esos sentimientos negativos y por la persona o el acontecimiento que los ha originado.

Un paso más

Intenta ahora dar un paso más. Considera todo cuanto piensas, sientes, dices y haces… y no te agrada: tus emociones negativas, tus defectos, tus “handicaps”, tus errores, tus apegos, tus neurosis, tus dependencias… Puedes considerarlo todo ello como una parte necesaria de tu desarrollo; como algo que te ofrece una promesa de crecimiento y de gracia para ti y para otros y que no se daría sin esa cosa concreta que tanto te desagrada.

Y si tú mismo has ocasionado dolor y sentimientos negativos a otros, piensa que en ese momento has ejercido con ellos la función de “maestro” y les has dado ocasión de autoconocerse y de crecer. Puedes seguir considerándolo hasta que lo veas todo ello como una “feliz culpa” necesaria que es ocasión de un inmenso bien para ti y para el mundo.

Si eres capaz de hacerlo, tu corazón se verá inundado de paz, de agradecimiento, de amor y de aceptación de todas y cada una de las realidades. Y habrás descubierto qué es lo que la gente busca en todas partes sin jamás encontrarlo: la fuente de la serenidad y de la alegría que se esconde en cada corazón humano.

Anthony de Mello

Visita en nuestra web nuestros servicios y la programación de retiros y cursos.

Si sientes…

Si sientes…

Sinceridad

El Cielo da, la Tierra recibe y hace crecer, el Hombre realiza. Sólo la persona que está totalmente en armonía consigo misma, que es totalmente sincera, puede ir hasta el límite de su Naturaleza.

¿Hasta qué punto eres sincera contigo mism@?

Si sientes…

Si sientes estrés, ¿lo reconoces?

Si sientes desazón, ¿sabes por qué?

Si sientes que no terminas de estar en tu lugar en el mundo, ¿sigues buscando?

Si sientes que hay plenitud en tu vida, ¿lo celebras cada instante?

Si sientes tu corazón dormido, ¿haces algo para despertar?

Si sientes que la magia ya no te sorprende cada mañana, ¿te atreves de nuevo a soñar?

Si sientes soledad, ¿abres tu corazón?

Si sientes miedo ¿qué haces al respecto?

La mañana del mundo

Cuando hay sinceridad estamos siempre en el inicio de las cosas, en el instante frágil que contiene la potencia de la vida.

Estamos siempre en la mañana del mundo.

Podemos ayudarte

Visita en nuestra web nuestros servicios y la programación de retiros, cursos y talleres

 

¿Cómo crear felicidad?

¿Crear felicidad…?

Cuando estás enamorado, te sorprendes a ti mismo mirando a todo el mundo con ojos distintos; te vuelves generoso, compasivo, bondadoso, donde antes tal vez eras duro y mezquino. E, inevitablemente, los demás comienzan a reaccionar para contigo de la misma manera, y no tardas en comprobar que vives en un mundo de ternura que tú mismo has creado.

En cambio, cuando lo que predomina en ti es el mal humor y te irritas fácilmente y te muestras ruin, suspicaz y hasta paranoide, enseguida compruebas que todo el mundo reacciona ante ti de manera negativa, y te encuentras viviendo en un mundo hostil, creado por tu mente y tus emociones.

¿Cómo podrías intentar crear un mundo feliz, amable y pacífico?

Aprendiendo el sencillo y hermoso, aunque arduo, “arte de mirar”. Se trata de hacer lo siguiente: cada vez que te encuentres irritado o enojado con alguien, a quien tienes que mirar es a ti, no a esa persona. Lo que tienes que preguntarte no es: “¿Qué le pasa a ese individuo?”, sino: “¿Qué pasa conmigo, que estoy tan irritado?”.

Intenta hacerlo ahora mismo. Piensa en alguna persona cuya sola presencia te saque de quicio y formúlate a ti mismo esta dolorosa pero liberadora frase: “La causa de mi irritación no está en esa persona, sino en mí mismo”.

Una vez dicho esto, trata de descubrir por qué y cómo se origina esa irritación.

Primero

En primer lugar, considera la posibilidad, muy real, de que la razón por la que te molestan los defectos de esa persona, o lo que tú supones que lo son, es porque tú mismo tienes esos defectos; lo que ocurre es que los has reprimido, y por eso los proyectas inconscientemente en el otro. Esto sucede casi siempre, aunque casi nadie lo reconoce. Trata, pues de descubrir los defectos de esa persona en tu propio interior, en tu mente inconsciente, y tu irritación se convertirá en agradecimiento hacia dicha persona que con su conducta te ha ayudado a desenmascararte.

Segundo

Otra cosa digna de considerar es la siguiente: ¿No será que lo que te molesta de esa persona es que sus palabras o su comportamiento ponen de relieve algo de tu vida y de ti mismo que tú te niegas a ver? Fíjate cómo nos molestan el místico y el profeta que parecen alejarse mucho de lo místico o de lo profético cuando nos sentimos cuestionados por sus palabras o por su vida.

Tercero

Una tercera cosa también está muy clara: tú te irritas contra esa persona porque no responde a las expectativas que has sido “programado” para abrigar respecto a ella. Tal vez tengas derecho a exigir que esa persona responda a tu “programación” siendo, por ejemplo, cruel o injusta. en cuyo caso no es preciso que sigas considerando esto.

Pero, si tratas de cambiar a esa persona o de poner fin a su comportamiento, ¿no serías mucho más eficaz si no estuvieras irritado? La irritación sólo conseguirá embotar tu percepción y hacer que tu acción sea menos eficaz.

Todo el mundo sabe que, cuando un deportista pierde los nervios, la calidad de su juego decrece, porque la pasión y el acaloramiento le hacen perder coordinación. En la mayoría de los casos, sin embargo, no tienes derecho a exigir que la otra persona responda a tus expectativas; otras personas en tu lugar, ante dicho comportamiento, no experimentarían irritación alguna. No tienes más que pensar detenidamente en esta verdad, y tu irritación se diluirá.

¿No es absurdo por tu parte exigir que alguien viva con arreglo a los criterios y normas que tus padres te han inoculado?

Cuarto

Finalmente, he aquí otra verdad que deberías considerar: teniendo en cuenta la educación, la experiencia y los antecedentes de esa persona seguramente no puede dejar de comportarse como lo hace. Alguien ha dicho, con mucho acierto, que comprender todo es perdonar todo.

Si tú comprendes realmente a esa persona, la considerarás como una persona deficiente, pero no censurable, y tu irritación cesará al instante. Y enseguida comprobarás que comienzas a tratar a esa persona con amor y que ella te responde del mismo modo, y te encontrarás viviendo en un mundo de amor que tú mismo has creado.

Anthony de Mello

Visita en nuestra web nuestros servicios y la programación de retiros, cursos y talleres

Perder la inocencia

La inocencia de un niño

Cuando mira uno los ojos de un niño, lo primero que llama la atención es su inocencia: su deliciosa incapacidad para mentir, para refugiarse tras una máscara o para aparentar ser lo que no es.

En este sentido, el niño es exactamente igual que el resto de la naturaleza. Un perro es un perro; una rosa, una rosa; una estrella, una estrella. Todas las cosas son, simple y llanamente, lo que son. Sólo el ser humano adulto es capaz de ser una cosa y fingir ser otra diferente.

Cuando una persona mayor castiga a un niño por decir la verdad, por revelar lo que piensa y siente, el niño aprende a disimular y comienza a perder su inocencia. Y no tardará en engrosar las filas de las innumerables personas que reconocen perplejas no saber quiénes son, porque, habiendo ocultado durante tanto tiempo a los demás la verdad sobre sí mismas, acaban ocultándosela a sí mismas.

¿Cuánto de la inocencia de tu infancia conservas todavía?

¿Existe alguien hoy en cuya presencia puedas ser simple y totalmente tu mismo, tan indefensamente sincero e inocente como un niño?

El deseo de ser alguien

Pero hay otra manera más sutil de perder la inocencia de la infancia: cuando el niño se contagia del deseo de ser alguien.

Contempla la multitud increíble de personas que se afanan con toda su alma, no por llegar a ser lo que la naturaleza quiere que sean -músicos, cocineros, mecánicos, carpinteros, jardineros, inventores sino por llegar a ser “alguien”; por llegar a ser personas felices, famosas, poderosas…; por llegar a ser algo que les suponga, no mera y pacífica autorrealización, sino glorificación y agigantamiento de su propia imagen.

Nos hallamos, en este caso, ante personas que han perdido su inocencia porque han escogido no ser ellas mismas, sino destacar y darse importancia, aunque no sea más que a sus propios ojos.

Fíjate en tu vida diaria. ¿Hay en ella un solo pensamiento, palabra o acción que no estén corrompidos por el deseo de ser alguien, aun cuando sólo pretendas ser un santo desconocido para todos, menos para ti mismo?

El niño, como el animal inocente, deja en manos de su propia naturaleza el ser simple y llanamente lo que es. Y, al igual que el niño, también aquellos adultos que han preservado su inocencia se abandonan al impulso de la naturaleza o al destino, sin pensar siquiera en “ser alguien” o en impresionar a los demás; pero, a diferencia del niño, se fían, no del instinto, sino de la continua conciencia de todo cuanto sucede en ellos y en su entorno; una conciencia que les protege del mal y produce el crecimiento deseado para ellos por la naturaleza, no el ideado por sus respectivos y ambiciosos egos.

¿Recuerdas cuando te enseñaron a imitar?

Existe además otro modo de corromper la inocencia de la infancia por parte de los adultos, y consiste en enseñar al niño a imitar a alguien. En el momento en que hagas del niño una copia exacta de alguien, en ese mismo momento extingues la chispa de originalidad con que el niño ha venido al mundo.

En el momento en que optas por ser como otra persona, por muy grande o santa que sea, en ese mismo momento prostituyes tu propio ser. No deja de ser triste pensar en la chispa divina de singularidad que hay en tu interior y que ha quedado sepultada por capas y más capas de miedo.

Miedo a ser ridiculizado o rechazado si en algún momento te atreves a ser tú mismo y te niegas a adaptar mecánicamente a la de los demás tu forma de vestir, de obrar, de pensar…

Observa lo que haces

Y observa cómo es precisamente eso lo que haces: adaptarte, no sólo por lo que se refiere a tus acciones y pensamientos, sino incluso en lo que respecta a tus reacciones, emociones, actitudes, valores…

De hecho, no te atreves a evadirte de esa “prostitución” y recuperar tu inocencia original. Ése es el precio que tienes que pagar para conseguir el pasaporte de la aceptación por parte de tu sociedad o de la organización en la que te mueves. Y así es como entras irremediablemente en el mundo de la insinceridad y del control y te ves exiliado del Reino, propio de la inocencia de la infancia.

Comparar y competir

Y una última y sutilísima forma de destruir tu inocencia consiste en competir y compararte con los demás, con lo cual canjeas tu ingenua sencillez por la ambición de ser tan bueno o incluso mejor que otra persona determinada.

Fíjate bien: la razón por la que el niño es capaz de preservar su inocencia y vivir, como el resto de la creación, en la felicidad del Reino, es porque no ha sido absorbido por lo que llamamos el “mundo”, esa región de oscuridad habitada por adultos que emplean sus vidas, no en vivir, sino en buscar el aplauso y la admiración: no en ser pacíficamente ellos mismos, sino en compararse y competir neuróticamente, afanándose por conseguir algo tan vacío como el éxito y la fama, aun cuando esto sólo pueda obtenerse a costa de derrotar, humillar y destruir al prójimo.

Si te permitieras sentir realmente el dolor de este verdadero infierno en la tierra, tal vez te sublevarías interiormente y experimentarías una repugnancia tan intensa que haría que se rompieran las cadenas de dependencia y de engaño que se han formado en torno a tu alma, y podrías escapar al reino de la inocencia, donde habitan los místicos y los niños.

Anthony de Mello

Visita en nuestra web nuestros servicios y la programación de retiros, cursos y talleres

Abierto el plazo de inscripción
Post recientes
Suscríbete al blog

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.

Comparte en tus redes sociales
Close

CONTACTA CON NOSOTROS

Refuerza tu poder personal y el de tu organización

  • Suscríbete al blog por correo electrónico

    Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.

  • Subscribe error, please review your email address.

    Close

    You are now subscribed, thank you!

    Close

    There was a problem with your submission. Please check the field(s) with red label below.

    Close

    Your message has been sent. We will get back to you soon!

    Close

    Uso de cookies

    Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

    ACEPTAR
    Aviso de cookies