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Buscando a Dios en la gran ciudad

Buscando a Dios en la gran ciudad

Imagina que te encuentras en la cima de una montaña desde la que se divisa una gran ciudad. Es al anochecer. Se ha puesto el sol y ves que comienzan a encenderse las luces en la gran ciudad… Contemplas cómo aumenta su número hasta que la ciudad entera parece un lago de luz… Tú estás sentado aquí solo, gozando del maravilloso espectáculo… ¿Qué sientes en estos momentos…?

Cuando ha pasado un rato oyes unos pasos detrás de ti; sabes que son los de un hombre piadoso que vive por aquellos parajes, de un eremita. Se acerca hasta ti y se coloca a tu lado. Te mira lentamente y te dice únicamente una frase: «Si desciendes a la ciudad esta noche encontrarás a Dios». Después da media vuelta y se aleja. No hay explicaciones. Ni tiempo para hacer preguntas…

Tú tienes el convencimiento de que esta persona sabe lo que dice. ¿Qué sientes en estos momentos? ¿Te sientes inclinado a aceptar lo que te ha dicho y bajar a la ciudad? ¿O preferirías permanecer donde estás?

No importa cuál pueda ser tu inclinación; baja ahora mismo a la ciudad para buscar a Dios…

¿Qué sientes cuando desciendes por la pendiente…?

Has llegado a los arrabales de la ciudad y es el momento de decidir adónde vas a ir a buscar a Dios y encontrado…

¿Adónde decides ir? Por favor, sigue los dictados de tu corazón a la hora de decidirte por un lugar al que ir. No te dejes llevar por lo que piensas que deberías hacer ni vayas adonde crees que deberías ir. Vete adonde tu corazón te dice que vayas…

¿Qué te sucede cuando llegas a ese lugar?… ¿Qué encuentras allí?… ¿Qué haces allí?… ¿Qué te sucede?… ¿Encuentras a Dios?… ¿De qué manera?… ¿O te sientes decepcionado?… ¿Qué haces entonces?… ¿Decides ir a alguna otra parte?… ¿Adónde? O ¿decides permanecer allí donde te encuentras…?

Anthony de Mello

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La silla vacía

La silla vacía

Puse en práctica este ejercicio después de escuchar la historia de un sacerdote que fue a visitar a un enfermo a su casa. Advirtió la presencia de una silla vacía junto a la cama y preguntó por su finalidad. El enfermo le respondió: «He colocado a Jesús en esa silla y estaba hablando con él hasta que llegó usted… Durante años me resultó muy difícil hacer oración hasta que un amigo me explicó que orar es hablar con Jesús. Al mismo tiempo me aconsejó que colocase una silla vacía junto a mí. que imaginara a Jesús sentado en ella e intentase hablar con él, escuchar lo que él me contestaba. Desde aquel momento no he tenido dificultades para orar».

Algunos días más tarde, continúa la historia, vino la hija del enfermo a la casa parroquial para informar al sacerdote de que su padre había fallecido. Dijo: «Lo dejé solo durante un par de horas. ¡Parecía tan lleno de Paz! Cuando volví de nuevo a la habitación lo encontré muerto. Pero noté algo raro: su cabeza no reposaba sobre la almohada de su cama, sino sobre una silla colocada junto a la cama”.

Te aconsejo que pongas en práctica inmediatamente este ejercicio aunque te parezca infantil:

Imagina que ves a Jesús sentado muy cerca de ti… Al hacer esto estás poniendo tu imaginación al servicio de la fe: es cierto que Jesús no está aquí, ahora, tal como tú lo imaginas en este momento, pero es cierto que está aquí, y tu imaginación te ayuda a hacerte consciente de ello.

Habla con Jesús… Si no hay nadie cerca de ti, exprésate con voz tierna…

Presta atención a lo que Jesús te responde… o a lo que te imaginas que dice…

Si no sabes qué decirle a Jesús, cuéntale las cosas que hiciste ayer y coméntalas con él. Aquí radica la diferencia entre pensar y orar. Cuando pensamos, generalmente hablamos con nosotros mismos. Cuando oramos, hablamos con Dios. No te ocupes en imaginar los detalles de su rostro ni su vestido. etc. Esto te llevaría, quizás, a distracciones. Santa Teresa de Ávila, que empleaba esta forma de oración, decía que jamás pudo imaginar el rostro del Señor… Se limitaba a sentir su proximidad como tú sientes la proximidad de alguien a quien no puedes ver en una habitación oscura, pero cuya presencia es indudable para ti.

Este método de oración es uno de los medios más sencillos para experimentar la presencia de Cristo.

Imagina que Jesús está a tu lado durante cada uno de los momentos del día. Habla frecuentemente con él en medio de tus ocupaciones. En algunos momentos tu voluntad no podrá más que echarle una mirada, comunicarse con él sin palabras… Santa Teresa, defensora a ultranza de esta forma de oración, decía que no pasará mucho tiempo hasta que quien emplea esta forma de oración llegue a experimentar la unión intensa con el Señor. Algunas personas me preguntan a veces cómo pueden encontrar la presencia del Señor Resucitado en sus vidas. Siempre les sugiero este camino que acabo de mencionar.

Anthony de Mello

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Libérate del resentimiento

Resentimiento

Negarse a perdonar a otros por el daño, real o imaginario, que nos han causado es un veneno que afecta nuestra salud -física, emocional y espiritual- a veces de forma muy profunda

Oímos que la gente repite con frecuencia: «Puedo perdonar, pero no olvidar» o «Deseo perdonar pero no puedo”. En realidad, están diciendo que no quieren perdonar. Quieren mantenerse firmes debido a la satisfacción que experimentan alimentando su resentimiento. No quieren, en manera alguna, que éste desaparezca. Exigen que la otra persona reconozca su culpa, que se defienda, que ofrezca una satisfacción, que sea castigada… como condición para permitir que se desvanezca el resentimiento y para librarse del veneno que corroe su interior.

O quizás desean sinceramente liberarse del resentimiento, pero éste continúa enconándose dentro de ellos porque no han tenido la oportunidad de expresarlo y, así, expulsarlo fuera de su interior. A menudo, un deseo auténtico no substituye la necesidad de echar fuera toda la rabia y resentimiento que anida, al menos, en la imaginación. No es necesario que subraye la importancia esencial de que nuestro corazón esté totalmente libre de cualquier sombra de resentimiento si deseamos progresar en el arte de la contemplación.

He aquí una forma sencilla de liberarte de los resentimientos que te atenazan:

Sirve, en primer lugar, para echar fuera de ti el resentimiento.
Imagina que tienes delante de ti a la persona contra la que estás resentido

Háblale de ello, exprésale toda la rabia que le tienes. Hazlo de la manera más viva que puedas. No tengas miramientos a la hora de elegir las palabras. Puede ayudar también algún ejercicio físico, tal como golpear un colchón o una almohada.

Hay muchas personas que coleccionan resentimientos simplemente porque tienen demasiado miedo a ser fuertes. En consecuencia, ejercen sobre sí mismos la firmeza que, dentro de medidas justas, deberían demostrar frente a los demás. La indulgencia y la sumisión, cuando son practicadas por personas que tienen demasiado miedo a hablar con franqueza o a comprometerse con lo que consideran justo, son nada más que caretas de la cobardía.

Después de haber expresado toda tu rabia -pero solamente después- trata de ver la totalidad del incidente que ha producido tu resentimiento

Pero míralo desde el punto de vista de la otra persona. Ponte en su puesto y considera todo el hecho: ¿qué aspecto tiene el incidente cuando lo contemplas a través de los ojos de la otra persona? Trata de comprender que es muy raro que una persona ataque o haga daño a otra deliberadamente.

En la mayoría de los casos, aun suponiendo que existiese la voluntad deliberada de dañar, este efecto es el resultado de una insatisfacción enraizada profundamente en la otra persona.

Las personas dichosas no son malvadas

Por otra parte, en la mayoría de los casos tú no eres el blanco de los ataques de la otra persona. Ella busca algo (o alguna otra persona) que ha proyectado en ti. Intenta ver si todas estas consideraciones te ayudan a sentir compasión por esa persona en lugar de rabia y resentimiento.

Y si fallan todos estos esfuerzos, es probable que seas de aquellas personas que inconsciente pero activamente coleccionan sentimientos dañinos y resentimientos

Es sorprendente, pero cierto, que algunas personas ponen en marcha situaciones en las que serán menospreciadas y ofendidas; una vez logrado, se enfrascan en los malos sentimientos que pretendían desde hace mucho tiempo. Si quieres evitar esta tendencia perniciosa deberás moderar tus expectativas respecto de las demás personas.

En otras palabras: mantén tus expectativas, exprésalas, incluso, a los demás si lo deseas pero déjales completamente libres

Recuerda que nadie está obligado en modo alguno a satisfacer tus expectativas en cuanto son solo tuyas. Si actúas así, evitarás tener malos sentimientos cuando no se cumpla lo que esperabas.

Muchas personas pasan por la vida haciéndose los mártires cuando entran en contacto con personas de las que implícitamente esperan algo: «Si me amases de verdad, no…“ (no me criticarías, me hablarías con amabilidad, recordarías el día de mi cumpleaños. me harías el favor que te pido, etc.)”. Les resulta muy difícil comprender que todas las expectativas que arrastran nada tienen que ver con el amor auténtico que esperan de las otras personas.

No te sorprendas de que, después de algunos momentos, los vuelvas a sentir de nuevo. Trátalos pacientemente. El sacrifico que supone renunciar a sentimientos negativos y ser feliz es demasiado grande para que la mayoría de las personas lo logren al primer intento.

Anthony de Mello

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Sanar heridas del pasado

Sanar heridas del pasado

Con frecuencia muchas personas llevan consigo heridas del pasado que aún supuran dentro de sus corazones.

Con el paso del tiempo llega un momento en que ya no se siente la supuración. Pero el efecto dañoso de la herida, si no ha curado, persistirá.

Por ejemplo, un niño se verá inundado de tristeza al perder a su madre. La tristeza y la pena pueden ser reprimidas y olvidadas, pero continúan influyendo en la vida de este niño, ahora adulto: quizás le cueste trabajo acercarse a la gente por temor a perderla, o sea incapaz de aceptar con amor a personas que se acerquen a él, o quizás pierda gradualmente interés por la vida y por las personas en general porque emocionalmente se encuentra aún junto a la tumba de su madre, negándose a alejarse de allí, y pidiéndole un amor que ya no puede darle.

Tal vez hayas sido herido profundamente por un amigo. La herida se torna resentimiento que se mantiene latente dentro de ti y se mezcla con el amor auténtico que sientes por él. Entonces, por alguna razón misteriosa, el calor se ausenta de tus relaciones con él.

Tal vez cuando eras niño, algo te asustó dejándote un recuerdo desagradable, y sientes propensión al temor y la ansiedad cuando en la actualidad tienes que enfrentarte a una situación similar.

O tal vez llevas aún a cuestas un sentimiento de culpabilidad del que no puedes desprenderte y que no sirve a ningún fin válido.

Ayuda mucho retornar a los acontecimientos que han producido esos sentimientos negativos para purificarlos de cualquier efecto dañoso que han producido en ti hasta el momento presente.

Vuelve a alguna escena del pasado en la que sentiste dolor o aflicción o daño o temor o amargura… Revive el acontecimiento… Pero esta vez busca y trata de encontrar la presencia del Señor en ese acontecimiento… ¿En qué forma se hace el Señor presente en ese hecho?…

O imagina que el Señor en persona toma parte en esa escena… ¿Qué papel representa?.. Habla con él. Y pregúntale la significación de lo que está ocurriendo… Escucha lo que responde…

Es muy útil volver con la imaginación al acontecimiento una y otra vez hasta que logres liberarte de los sentimientos negativos que había producido en ti.

Hasta que seas capaz de desprenderte de algo que te produce daño, de perdonar a quien te hizo sufrir, hasta poder mirar de frente a lo que en otro tiempo te producía miedo… Hasta que seas capaz de re-vivir el acontecimiento en paz. Incluso, quizás, con sentimiento de gozo y de gratitud.

Es muy posible que, al revivir estos hechos como te he sugerido, comiences a comprender que el Señor ha intervenido de alguna manera para que se produjera ese acontecimiento… Por ello, es posible que tus resentimientos, tu rabia o tu amargura se vuelvan contra él. Si se produce tal situación, es importante que te enfrentes a esos sentimientos y los manifiestes al Señor sin temor alguno.

El Señor sabe perfectamente lo que sucede en tu corazón y nada consigues encubriendo tus sentimientos.

Por el contrario, si expresas con franqueza tus sentimientos -aun cuando tengas que emplear palabras agrias y duras para expresarlos- verás que se despeja la atmósfera y que te sentirás más cerca del Señor.

Sería maravilloso que pudieses confiar en él de tal manera, estar de tal manera seguro del amor que te tiene, que pudieras decirle cosas duras también a él.

Anthony de Mello

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Fantasía y crecimiento interior

Fantasía y crecimiento interior

Cada uno de nosotros lleva en su corazón un álbum de fotografías queridas del pasado. Memorias de acontecimientos que nos produjeron alegría.

Abre ahora ese álbum y revive el mayor número posible de acontecimientos…

Si anteriormente jamás has realizado este ejercicio, no es muy probable que la primera vez que lo intentes vayas a encontrar muchos acontecimientos de ese tipo. Pero gradualmente irás descubriendo más y más enterrados en tu pasado disfrutarás desenterrándolos y reviviéndolos en la presencia del Señor.

Más aún, cuando nuevos acontecimientos te visiten con nuevas alegrías acariciarás su recuerdo y no permitirás que se pierda tan fácilmente; llevarás contigo un inmenso tesoro del que podrás elegir siempre que quieras dar nueva alegría y vigor a tu vida.

Trasládate a alguna escena en la que te hayas sentido profundamente amado…

¿Cómo te fue demostrado ese amor? ¿Con palabras? ¿En miradas? ¿En gestos? ¿Un acto de servicio? ¿Una carta?.. Prolonga la escena hasta que experimentes algo del gozo que sentiste cuando tuvo lugar aquel acontecimiento.

Vuelve a alguna escena en la que sentiste gozo…

¿Qué causa hizo que sintieras aquel gozo? ¿Buenas noticias?… ¿El cumplimiento de alguno de tus deseos?.. ¿Una escena natural?.. Trata de recrear la escena original y los sentimientos que la acompañaron… Vive esos sentimientos durante el mayor tiempo posible…

Este acto de volver a escenas pasadas en las que sentiste amor y gozo es uno de los ejercicios más exquisitos que conozco para edificar tu bienestar psicológico.

Muchos de nosotros pasamos de largo por lo que un psicólogo llama “experiencias-cumbre”. Lo peor es que cuando tiene lugar la experiencia muy pocas personas tienen la habilidad de entregarse a ella. En consecuencia, no les sirve de nada o de muy poco. Urge que retornen con la imaginación a esas experiencias y que gradualmente capten al máximo su contenido.

Si pones esto en práctica descubrirás que aun cuando vuelvas con mucha frecuencia a esas experiencias, siempre hallarás en ellas alimento abundante. Su contenido parece no agotarse jamás. Son un gozo para siempre.

Ten mucho cuidado, sin embargo, de que, cuando hagas, no actúes como si las contemplases desde fuera.

Es preciso revivirlas, no observarlas o miradas desde fuera. Por consiguiente, métete dentro de esas escenas, participa en ellas. Haz que tu fantasía sea tan viva que la experiencia parezca suceder ahora por primera vez.

Antes de que pase mucho tiempo experimentarás el valor psicológico de este ejercicio y adquirirás un nuevo respeto por la imaginación como fuente de vida y de energía.

La fantasía es una herramienta valiosísima para la terapia y para el crecimiento interior

Cuando se fundamenta en la realidad (cuando imaginas acontecimientos o escenas que han sucedido de hecho) tiene el mismo efecto (placer o dolor) que la realidad misma. Si en la tenue luz del atardecer veo venir hacia mí a un amigo e imagino que es un enemigo, todas mis reacciones, psicológicas y fisiológicas, serán idénticas a las que tendría si mi enemigo estuviese allí realmente.

Cuando una persona sedienta en medio del desierto imagina ver agua, el efecto producido sobre él será idéntico al que habría sufrido si hubiese visto realmente agua. Cuando revivas escenas en las que sentiste amor y gozo, disfrutarás de todos los efectos que se derivan de estar realmente expuestos al amor y al gozo… y los beneficios son inmensos.

¿Qué significación espiritual tiene un ejercicio como éste?

En primer lugar, rompe la resistencia que muchas personas oponen en la experiencia del amor y el gozo. Aumenta su capacidad de aceptar el amor y dar la bienvenida al gozo cuando llaman a la puerta de sus vidas. Como consecuencia, aumenta su capacidad de experimentar a Dios, de abrir los corazones a su amor y a las alegrías que la experiencia de Dios produce.

Quien no permite sentirse amado por el hermano al que ve, ¿cómo permitirá sentirse amado por Dios a quien no ve? En segundo lugar, este ejercicio ayuda a superar el sentido inherente de futilidad, de nulidad. de culpa, uno de los principales obstáculos que colocamos en nuestro camino hacia Dios. De hecho, el primer efecto de la gracia de Dios, cuando entra en nuestros corazones, es hacemos sentir intensamente amados y amables.

Ejercicios como éste preparan el terreno para la gracia. En efecto, nos inclinan a aceptar el hecho de que somos personas a las que se puede amar.

He aquí otra forma de sacar provecho espiritual de este ejercicio:

Re-vive una de aquellas escenas en las que te sentiste profundamente amado o inundado de gozo… Busca y encuentra la presencia del Señor en esa escena… ¿En qué forma está él presente?

Esta es una de las maneras de aprender a encontrar a Dios en cada uno de los acontecimientos de tu vida, pasada y presente.

Anthony de Mello

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El retorno a Dios

El retorno a Dios

Cuando dos personas que se aman han peleado y quieren juntarse de nuevo, es de gran utilidad recordar los momentos felices que vivieron juntos en el pasado.

En momentos de crisis espiritual vuelve con tu imaginación a alguna escena en la que experimentaste la bondad de Dios y el amor que te tiene… del modo que sea… Permanece con él y acepta de nuevo el amor de Dios… Ahora vuelve al presente y habla con Dios.

O retorna a aquel acontecimiento en el que te sentiste muy cerca de Dios… o en que sentiste profundo gozo y consuelo espiritual…

Es importante que re-vivas el acontecimiento en tu imaginación y no te limites simplemente a recordarlo… Tómate todo el tiempo que sea preciso… Esta re-vivencia despertará de nuevo los sentimientos que tuviste entonces: gozo, intimidad, amor… Asegúrate entonces de que no quieres escapar de aquellos sentimientos; por el contrario, trata de mantenerlos todo el tiempo que puedas… Quédate con ellos hasta que percibas una sensación de paz y de contento. Entonces vuelve al presente…

Habla con el Señor durante algunos minutos y pon fin al ejercicio

La observación de pararse en esos sentimientos placenteros es importante porque, aunque parezca extraño, la mayoría de las personas toleran muy poco los sentimientos positivos. Tienen un sentido profundamente enraizado de inutilidad que les hace huir instintivamente de todo lo que sea, sensaciones placenteras incluso momentáneas, o les crean complejo de culpa, o piensan que no merece la pena, o lo que sea…

Vigila esta tendencia y asegúrate de mantener estos sentimientos dentro de ti, sentimientos que reviven los momentos deliciosos que pasaste en la compañía del Señor.

Algunos santos solían escribir una nota sobre las experiencias místicas que vivían. Guardaban así una especie de diario de su trato con el Señor. No te recomiendo que escribas largos relatos de tus experiencias espirituales. Pero, si la experiencia ha sido muy intensa, una nota breve puede ayudarte más tarde para volver a Galilea…

Una de las tragedias que padecen nuestras relaciones amorosas con Dios, con nuestros amigos y con otras personas queridas es nuestra enorme facilidad de olvido.

Anthony de Mello

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Manifiesto por la medicina tradicional y complementaria, el crecimiento y desarrollo personal y la espiritualidad

MANIFIESTO

De un tiempo a esta parte y de modo cada vez más notorio, se está llevando a cabo, por parte de un reducido colectivo de ideología naturófoba e intolerante, una campaña de carácter inquisitorial dirigida a perseguir, calumniar y difamar a todos aquellos que, siendo científicos y médicos, ejerciendo otras profesiones ligadas a la salud o desplegando actividades relacionadas con el crecimiento y desarrollo personal y la espiritualidad, no comulgan con su ideario obtuso, egocéntrico e intransigente.

El modus operandi que utilizan es siempre el mismo: indagar en las redes sociales dónde hay prevista alguna de las charlas, encuentros o cursos de las personas a las que quieren atacar y, a partir de ahí, realizar un envío masivo de mensajes de email a las entidades organizadoras y/o instituciones que ceden el espacio para celebrar las actividades y a los medios de comunicación de la zona, con informaciones manipuladas, maliciosas y difamantes (lo que en inglés se conoce como “fake news”), insultos directos a los afectados (llamándolos sectarios, gurús, brujos y pseudocientíficos) y otros comentarios ofensivos, que también distribuyen por las redes sociales, en orden a amedrentar a los organizadores, evitar que el espacio sea cedido y conseguir que la actividad se suspenda.

La argumentación principal sobre la que gira práctica tan ruin consiste en acusar a los que son objeto de su persecución -sin coherencia ni base científica alguna y apropiándose de la bandera de lo que ellos denominan “Ciencia”- de difundir ideas y propuestas pseudocientíficas y peligrosas para la salud y/o el bienestar social, exigiendo, por ello, que sean silenciados.

Sin embargo, la realidad es muy otra: los acosados y vilipendiados por esta especie de inquisición del siglo XXI son hombres y mujeres respetables y honestos que estudian y divulgan temas y asuntos de interés general relacionados con la salud, en sentido amplio, y el desarrollo personal y consciencial sin atenerse, eso sí, al pensamiento único y a los intereses comerciales y de negocio que otros quieren imponer a toda costa. Y en esta labor de indagación y difusión les amparan los Derechos Fundamentales regulados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea y la Constitución Española, que reconocen para todos la libertad de pensamiento, expresión, opinión, conciencia, religión, reunión, asociación, participación en la vida social y cultural y ejercicio de las artes y las ciencias, así como el derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen.

Obviamente, es radicalmente absurdo y carente de cualquier lógica el reduccionismo de considerar todo aquello que no se puede catalogar de ciencia como pseudociencia y atribuirle un peligro para la salud y el bienestar.

Por ejemplo, el deporte no es una ciencia, pero ello no lo convierte en una pseudociencia y es innegable que la práctica del deporte resulta beneficiosa para la salud, pudiendo la ciencia estudiar los efectos del deporte sobre la salud y el bienestar del ser humano. De la misma manera, aunque el yoga, el reiki y otros tipos de disciplinas no pueden considerarse ciencias, no las convierte esto en pseudociencias, ni evita que la ciencia pueda estudiar sus efectos sobre la salud.

El término correcto que emplea la Organización Mundial de la Salud (OMS) para definir estas y otras intervenciones es el de Medicina tradicional y complementaria (MTC) y no terapias pseudocientíficas, o pseudociencias, como son denominadas equivocadamente y malintencionadamente por estos detractores.

La OMS, en su plan estratégico para el periodo 2014-2023, lejos de excluir las MTC, pretende (cita textual) “facilitar la integración de la MTC en los sistemas de salud mediante su apoyo a los Estados Miembros en el desarrollo de sus propias políticas nacionales para ese sector. Para que “aprovechen la contribución potencial de la MTC a la salud, el bienestar y la atención de salud centrada en las personas, y promuevan la utilización segura y eficaz de la MTC a través de la reglamentación y la investigación, así como mediante la incorporación de productos, profesionales y prácticas en los sistemas de salud, según proceda.” Y de hecho, en la actualidad, muchos hospitales están combinando estas técnicas a los tratamientos convencionales con toda normalidad en todo el mundo y con resultados positivos.

Hasta la fecha, no hay ningún estudio científico que haya demostrado que este tipo de prácticas resulten perniciosas para la salud. Como máximo, puede llegarse a la conclusión de que no tienen ningún efecto sobre la salud, ni positivo ni negativo. Pero para ello es necesario que sea posible evaluar sus efectos a través de la investigación científica. Muchos de los estudios que ya se han llevado a cabo al respecto, reflejan el efecto beneficioso que puede ser físico, emocional o de ambas índoles.

Todas aquellas prácticas y disciplinas que puedan permitir la reducción del estrés, la ansiedad, que ayuden a combatir la depresión y a fomentar el ánimo y el pensamiento positivo, la felicidad y el optimismo a todos los niveles, no pueden en ningún caso considerarse peligrosos para la salud. Todo lo contrario, pueden ser enormemente positivas, y deberían ser potenciados por los Estados, de acuerdo con las directrices de la OMS.

Por lo tanto, no existe ningún tipo de alerta sanitaria asociada al uso de las MTC como sus detractores pretenden hacer creer. Las alertas sanitarias son competencia de las instituciones sanitarias con capacidad y atribuciones para ello –como la Organización Mundial de la salud (OMS), a nivel internacional, y el Ministerio de Sanidad de cada país- y no de una asociación o un colectivo que se inviste a si mismo de conocimientos y prerrogativas totalmente ajenos a su realidad y condición. Es más, efectuar este tipo de afirmaciones puede constituir un delito penal de “Usurpación de funciones públicas”, como determina el artículo 402 del Código Penal.

Otro argumento típico de estos grupos es que los pacientes que recurren a ellas abandonan sus tratamientos convencionales y por ellos constituyen un peligro para la salud. Esta es una conjetura falsa y carente de cualquier base científica. Por ejemplo, si se revisan los artículos de investigación que analizan las causas por las que algunos enfermos de cáncer rechazan recibir quimioterapia adyuvante, se constata que entre ellas no figura en ningún caso el haber elegido otra terapia o tratamiento alternativo, siendo la primera causa del abandono la preocupación por la toxicidad del tratamiento.

Los detractores de las MTC suelen también cargar fuertemente contra la Fitoterapia, el uso de productos de origen vegetal para la prevención, la curación o el alivio de una amplia variedad de síntomas y enfermedades. Es absurdo negar existencia de las plantas medicinales, puesto que muchos de los principios activos de los fármacos se extraen de estas plantas. Negar el efecto terapéutico de las plantas medicinales es sencillamente negar el efecto terapéutico de la farmacología, ya que segunda se sustenta sobre la primera.

Respecto los medicamentos homeopáticos, otro de los caballos de batalla de los naturófobos, siguen las misma reglamentación que cualquier otro medicamento. Los que tengan dudas sobre su efecto terapéutico, deben dirigirse al organismo que regula su uso y comercialización, que en España es la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), que sigue los mismos criterios que las demás Agencias de países europeos, en vez de difamar y calumniar a los médicos homeópatas. Citando al Dr. Gualberto Díaz, médico y especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y Especialista Universitario en homeopatía clínica, “las bases científicas de la homeopatía lo son porque se discuten por científicos y en los foros científicos (universidades y revistas científicas), y si se discuten es porque son científicas: precisamente cuando no hay discusión, es cuando se habla de dogmas o creencias”.

Los detractores de las MTC también cargan contra cualquier tipo de terapia psicoemocional. Su argumentación gira en torno a que no hay evidencias científicas de las relaciones entre los trastornos psicológicos y las enfermedades físicas, lo cual es rotundamente falso.

En la actualidad, existen innumerables evidencias científicas de que los trastornos psicológicos y emocionales, incluyendo el estrés y la depresión, tienen un efecto en la salud y en el riesgo de desarrollar diversas enfermedades físicas. De hecho, existen dos áreas dentro de la medicina -la Psiconeuroinmunoendocrinología y la Medicina Psicosomática (o “medicina mente/cuerpo”)- que se dedican a estudiar las relaciones entre la psique y el cuerpo y sus efectos en la salud. Existen numerosas revistas científicas en esta área; y se publican miles de artículos científicos cada año. Según el Dr. Jorge Santiago, director del Instituto Peruano de Psiconeuroinmunología y Medicina Mente-Cuerpo, esta consiste en “la aplicación basada en evidencia científica de las diversas Terapias Mente-Cuerpo estructuradas en programas de intervención; y tiene como objetivo la reducción de las consecuencias fisiopatológicas del estrés en el organismo”.

Existen muchos profesionales de la salud que están realizando aportaciones en este sentido, como el Dr. Pere Gascón, uno de los máximos exponentes internacionales en la investigación que vincula el sistema nervioso –las neuronas, el cerebro- y el cáncer, evidenciando que el estrés emocional crónico puede iniciar el proceso de un cáncer. Igualmente, puede mencionarse al Dr. Juan Carlos Durán, cirujano vascular y director de la Unidad de Medicina Integrativa del Hospitales Gran Canaria, donde aplican diferentes programas de intervención en sus pacientes aplicando diferentes técnicas de relajación y reducción de estrés basándose en los conocimientos de Psiconeuroinmunoendocrinología y Medicina Psicosomática.

Por último, también se atreven a cargar contra aquellos conferenciantes que se centran en al crecimiento personal, el coaching, el desarrollo consciencial o la espiritualidad, tengan o no algún vínculo con la salud. Y lo hacen, como en los otros casos, con una argumentación infundada, ofensiva y calumniosa y con una completa falta de respeto, utilizando de nuevo el nombre de la “Ciencia”. Por supuesto que las experiencias personales, las ideas existenciales y las creencias espirituales no pueden catalogarse como Ciencia. Pero esto no las convierte en pseudociencias, ni justifican en modo alguno su persecución.

Entramos en el terreno de la filosofía, la espiritualidad, el existencialismo, la auto-transformación… Estamos en el siglo XXI, no en la Edad Media. ¿Cómo osan boicotear la realización de charlas y encuentros sobre todas las temáticas porque no concuerdan con su ideario? Esto es propio de mentalidades enfermizas y egocéntricas. Y ante ello, hay que volver a recordar lo ya expresado en torno a los Derechos Fundamentales que a todos nos asisten.

Desde luego, la obligación de los Estados en preservar estos derechos y evitar que sean vulnerados. El derecho a la libertad ideológica y religiosa está reconocido en el artículo 16 de la Constitución Española. La igualdad ante la Ley, que preconiza el artículo 14, veta también cualquier discriminación por razón de religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Para garantizar todo ello, se penalizan estas conductas en la sección 2ª del Capítulo IV del Título XXI del Código Penal de 1995, que abarca los artículos 522 a 526. Y los delitos de injurias y el delito de calumnias, se enmarcan dentro de los llamados delitos contra el honor, estando regulados por el Título XI del actual Código Penal Español.

Por todo esto, hacemos un llamamiento a las Instituciones públicas de todos los niveles territoriales del Estado, a las Entidades y fundaciones privadas, a los Colegios Profesionales y a los medios de comunicación para que no se dejen manipular por esta nueva forma de inquisición.

Reclamamos un poco de cordura, prudencia y sensatez tanto a políticos como a periodistas, que son los receptores principales de la infamia. Qué no se dejen engañar; que el deseo de sacar ventaja sobre su adversario político, el de vender más periódicos o el de tener más audiencia no les nuble el entendimiento y la consciencia y les haga ser injustos. Perderán su credibilidad a los ojos de la gente sensata y harán mucho daño a gente inocente que no se lo merece.

Y extendemos este llamamiento a las miles y miles de personas que conocen y reconocen a las personas que están siendo objeto de esta campaña de acoso para que también hagan oír su voz antes las instancias públicas y privadas y reclamen como propio el derecho a no comulgar con los postulados reduccionistas de los que pretenden imponer un pensamiento único que, lejos de atender al interés general, solo conviene a sus intereses comerciales y de negocio.

Un lugar para orar

Un lugar para orar

Una de las mayores ayudas para la oración es encontrar un lugar que invite a la oración. En páginas anteriores he hablado de lugares que encierran “vibraciones” buenas. Quizás hayas tenido también la suerte de experimentar la calma que ha producido en ti una bella puesta de sol o la influencia benéfica que una aurora poética ha tenido en tu oración. O el parpadeo de las estrellas en la noche cuando se destacan luminosas sobre el firmamento oscuro. O la luz de la luna asomándose entre las ramas de los árboles.

La proximidad de la naturaleza ayuda notablemente a muchas personas en la oración

Sin duda que cada uno tiene sus preferencias: unos prefieren una playa con el sonido de las olas que golpean la arena; otros aman el río que discurre lentamente o el silencio y la belleza de los alrededores un lago o la paz de la cima de una montaña… ¿No te ha llamado nunca la atención que Jesús, maestro en el arte de orar, se tomase la molestia de subir a la cumbre de una montaña para orar? Al igual que todos los grandes contemplativos, era consciente de que el lugar en el que oramos influye en la calidad de nuestra oración.

Por desgracia, la mayoría de nosotros vivimos en lugares que nos impiden el contacto con la naturaleza y los sitios que nos vemos obligados a escoger para la oración no nos estimulan a levantar nuestro espíritu a Dios. Razón de más para permanecer durante largo tiempo y con amor en aquellos lugares, dondequiera que se encuentren, que nos ayudan a orar.

Saca tiempo para mirar y respirar en la noche de luna o tachonada de estrellas, en la playa o en el alto de la montaña, en cualquier otro lugar. Puedes grabar estos parajes en tu corazón y cuando te encuentres geográfica mente alejado de ellos, los tendrás vivamente presentes en tu memoria y podrás volver a ellos con la imaginación.

Intenta hacerlo ahora mismo

Después de dedicar algún tiempo a alcanzar la quietud, viaja con la imaginación a algún lugar que estimule tu oración: una playa, la orilla de un río, la cima de una montaña, una iglesia silenciosa, la terraza desde la que puede contemplarse el firmamento estrellado, un jardín regado por la luz de la luna… Ve el lugar con la mayor viveza posible… Todos los colores… Escucha todos los sonidos (las olas, el viento en los árboles, los insectos en la noche…).

Ahora levanta tu corazón a Dios y dile algo.

Los que estáis familiarizados con los ejercicios de san Ignacio de Loyola recordaréis lo que se llama «composición de lugar». Ignacio recomienda que reconstruyamos el lugar en el que se desarrolló la escena que queremos contemplar. Pero en el texto original español no aparece la expresión «composición de lugar», sino «composición, viendo el lugar». En otras palabras, no se trata del lugar que compones, sino de ti mismo cuando ves por medio de la fantasía. Si has tenido buenos resultados en el ejercicio anterior, entenderás lo que quiere decir Ignacio cuando habla de esto.

Y tendrás un centro de paz en tu corazón. Podrás retirarte a él cuando sientas necesidad de reposo y de soledad, aunque físicamente te encuentres en la plaza del mercado o en un tren abarrotado de gente.

Anthony de Mello

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El poder de la imaginación. Aquí y allá

Imaginación… Aquí y allá

En nuestra imaginación se esconde una fuente, insospechada y desaprovechada, de vida y de Poder. Antes de comenzar a enseñarte a utilizarla en la contemplación, quiero descubrirte esta realidad proponiéndote una experiencia.

Cierra los ojos. Adopta una posición descansada. Durante unos momentos trata de calmarte practicando uno de los ejercicios de conscienciación. Para que tu fantasía pueda trabajar es importante que tu mente esté en calma, reposada y en paz…

Ahora trasládate con la imaginación a algún lugar en el que te hayas sentido feliz en el pasado… Una vez elegido el lugar, dedica unos minutos a captar todos los detalles del lugar… Para ello, pon en juego cada uno de tus sentidos imaginativos: ve cada uno de los objetos que hay en el lugar, los colores, escucha de nuevo cada uno de los sonidos, toca, degusta y huele, si es posible, hasta que el lugar adquiera la mayor viveza posible…

¿Qué haces?… ¿Qué sientes?…

Cuando hayas permanecido en este lugar unos cinco minutos, retorna al presente, a tu existencia en esta habitación en la que nos encontramos ahora… Observa el mayor número posible de detalles en la situación actual… Capta, principalmente, lo que sientes aquí… Dedica a esta tarea unos diez minutos…

Ahora vuelve de nuevo al lugar al que viajaste con tu imaginación… ¿Qué sientes ahora?… ¿Se ha producido algún cambio en el lugar o en tus sentimientos?…

Vuelve a esta habitación… y viaja constantemente de un lugar al otro, del lugar del pasado a la habitación en que te encuentras en este momento; hazte consciente, en cada momento, de lo que sientes y de cualquier cambio que pueda producirse en tus sensaciones…

Cuando hayan pasado algunos minutos, te pediré que abras los ojos y pongas fin a la experiencia; te invitaré también a compartir con nosotros tu experiencia si lo deseas.

En la comunicación que se produce después de este ejercicio, muchas personas dicen que se sienten renovadas y fortalecidas.

Con la imaginación viajan a algún lugar en el que experimentaron amor, gozo, paz profunda y silencio en algún momento de su vida pasada… Cuando reviven la escena en su fantasía son capaces también de revivir las emociones que sintieron cuando la escena tuvo lugar por primera vez.

El retorno a la habitación en la que se encuentran actualmente suele ir acompañado frecuentemente de un cierto malestar…

Pero, si cambian constantemente del lugar vivido con la imaginación a la habitación en la que se encuentran y viceversa, traen consigo del lugar imaginado una buena dosis de emociones positivas que han experimentado allí. Vuelven renovados y fortalecidos.

Y, por extraño que pueda parecer, su percepción de la realidad presente se agudiza.

Lejos de ser una huída de la realidad, como- muchas personas piensan cuando escapan al mundo de su fantasía, este repliegue les ayuda a zambullirse con mayor profundidad en la realidad presente, a captada mejor y abordada con vigor renovado.

La próxima vez que te sientas cansado y abatido intenta esta experiencia y comprobarás los resultados que te regala…

Quizás pertenezcas al grupo de personas que han empleado con escasa frecuencia el poder de su fantasía Y que al principio encuentran muchas dificultades para imaginar con viveza cualquier cosa. En tal caso, te será necesaria una cierta práctica hasta que llegues a percibir los beneficios de este ejercicio vigorizador. Si perseveras, te sonreirá el éxito.

Cuando intentes realizar este experimento, asegúrate de que tu imaginación trabaja de verdad; de que no te limitas a recordar la escena o el acontecimiento. La fantasía se diferencia de la memoria en que en la fantasía revivo el acontecimiento que recuerdo. No me doy cuenta de mi entorno actual. En mi mente y mi consciencia, me encuentro presente en el lugar revivido por la imaginación.

Así, cuando mi fantasía recrea una escena en la playa, imagino que oigo el rumor de las olas, siento de nuevo que el sol quema mi espalda desnuda, siento el contacto de la arena caliente… y, como consecuencia, experimento, otra vez, las sensaciones que tuve cuando sucedió la escena por primera vez.

En otros tiempos quizás hubiera aceptado las quejas de los ejercitantes que me decían: “no puedo orar con la imaginación… Tengo muy poca fantasía”. Tal vez les habría aconsejado emplear otra forma de oración. En la actualidad estoy plenamente convencido de que, con un poco de práctica, cualquier persona puede desarrollar su poder de imaginar y, de esta forma, adquirir riquezas emocionales y espirituales insospechadas.

Si piensas que eres totalmente incapaz de usar tu imaginación, intenta esto

Mira fijamente un objeto que tengas delante de ti. Cierra después los ojos y trata de visualizar mentalmente el objeto. Capta todo el número de detalles que puedas. A continuación abre los ojos y mira de nuevo el objeto; observa los detalles que no ha recogido tu imagen mental. Cierra los ojos de nuevo y trata de ver cuántos detalles de tu objeto puedes captar ahora, con qué agudeza los percibes…

Puedes intentar algo semejante con el sentido imaginativo del oído: escucha algunos compases de música en el magnetófono… cáptalos mentalmente… pon de nuevo la cinta y nota los que no has retenido… De esta manera, desarrollarás gradualmente tu poder de imaginar.

Vamos ahora a espiritualizar el experimento que te he presentado al comienzo del ejercicio. De esta manera conseguirás sacar algún provecho espiritual.

Cierra los ojos y permanece en calma durante algunos momentos…

Ahora viaja con tu imaginación a un lugar en el que hayas experimentado a Dios en el pasado…

Pon en práctica el procedimiento que sugerí para el ejercicio anterior… cambia de un lugar a otro… Mira si puedes recordar algo de la experiencia espiritual que viviste en el pasado y revive en el momento presente algo del poder espiritual que te dio aquella experiencia.

Para emplear tu fantasía con provecho y sacar el máximo beneficio de estos ejercicios, debes encontrarte en un estado de soledad interior profunda. Entonces serán vivas tus imágenes. Podrían llegar a ser tan vivas como la realidad del mundo sensible.

No temas que estos ejercicios te conviertan en un escapista o te hagan soñar despierto.

Esto último es peligroso cuando el soñador es incapaz de distinguir entre la realidad sensible y la realidad imaginada o carece de poder para dominar sus sueños a voluntad. Si tienes ese poder, puedes realizar estos ejercicios sin miedo alguno.

Anthony de Mello

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Valor especial de la consciencia del cuerpo

Valor especial de la consciencia del cuerpo

He sugerido frecuentemente que, para la contemplación, percibieras tu respiración, los sonidos o las sensaciones corporales. ¿Tienen todas ellas igual valor? En mi opinión, la percepción de las sensaciones corporales tiene una ventaja sobre las de los sonidos o la respiración. Además de los beneficios espirituales que aporta, la persona que practica este tipo de «conscienciación» recibe otros muchos beneficios psicológicos. Llega, incluso, un momento en que todas las partes del cuerpo ofrecen sensaciones a esa actividad.

Existe una conexión muy estrecha entre el cuerpo y la psique y cualquier daño infligido a uno de ellos parece afectar al otro.

Lo mismo que cualquier aumento en la salud de uno parece ejercer efectos beneficiosos en el otro. Cuando la percepción de tu cuerpo se agudiza de tal manera que cada una de sus partes se hace viva con multitud de sensaciones, tiene lugar una descarga de tensiones, físicas y emocionales.

He conocido personas que se han liberado de enfermedades psicosomáticas, tales como asma y jaquecas y de trastornos emocionales, tales como resentimiento y temores neuróticos, mediante la práctica constante de la percepción de las sensaciones de su cuerpo.

A veces este ejercicio puede desembocar en un destape del subconsciente y hacer que una persona se vea inundada de fuertes sentimientos y fantasías relacionadas con materiales reprimidos, por lo general sentimientos y fantasías relacionadas con el sexo y la ira. En todo esto no existe peligro si continúas con tus ejercicios y no das importancia a los sentimientos y fantasías. Cuida, como dije anteriormente, de no permanecer muchas horas seguidas conscienciando la respiración a no ser que tengas a mano un guía competente.

Si deseas acometer seria y sistemáticamente la práctica de estos ejercicios, te recomiendo que comiences por tener en cuenta la respiración y los sonidos.

Dedica a esto unos pocos minutos, al comienzo de cada ejercicio, pasa después a las sensaciones de tu cuerpo, dando a estas últimas la mayor importancia posible y pasando por cada una de las partes del cuerpo hasta que todo él se convierta en un hervidero de sensaciones.

Entonces quédate percibiendo tu cuerpo como un todo hasta que comiences a notar que te distraes y que necesitas de nuevo pasar de una parte a otra. Esto te reportará el beneficio espiritual de abrir tu Corazón a lo divino. Recibirás, además, los beneficios de alma y cuerpo que este ejercicio trae consigo.

Por último, una palabra de ánimo

La paz y el gozo que te he prometido como premio a la práctica fiel y constante de estos ejercicios son sentimientos a los que, probablemente, no estás acostumbrado; algo que al principio es tan sutil que a duras penas puedes reconocer en ello un sentimiento o una emoción. Si no tienes esto en cuenta, puedes desanimarte demasiado fácilmente.

El deleite y gozo de esta paz es un paladar adquirido. Cuando decimos a un niño que la cerveza sabe bien, él aproxima la jarra a sus labios con su experiencia personal de lo que sabe bien y se sorprende y disgusta porque la cerveza no posee la dulzura de las bebidas que él ha tomado hasta entonces. Se le dijo que la cerveza sabía bien y, para él, saber bien era sinónimo de dulce.

Acércate a realizar estos ejercicios sin llevar ideas o nociones preconcebidas. Acércate con la disponibilidad necesaria para descubrir nuevas experiencias (que quizás al principio no te parezcan «experiencias”) y para adquirir nuevos paladares.

Anthony de Mello

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La contemplación en grupo

La contemplación resulta más fácil en grupo

Probablemente te será más fácil concentrarte y realizar con provecho estos ejercicios si los practicas en un grupo de personas que quieren también lo mismo.

Es importante que todos los miembros del grupo se esfuercen seriamente en practicar esta forma de contemplación. La pereza o cansancio mental de una persona arrastrará a los demás, así como los esfuerzos de algunos “contemplativos” dentro del grupo servirán de gran ayuda a los otros.

En muchas ocasiones me han confesado algunos ejercitantes que notaban gran diferencia entre hacer la contemplación en grupo o solos en su habitación. Naturalmente, no se trata de una norma universal, pero me llamó la atención el que, en unos ejercicios budistas a los que asistí, cuando alguno de los participantes encontraba muchas dificultades para concentrarse, el director de los ejercicios le invitase a sentarse junto a él y esto parecía ser un remedio eficaz.

¿Se produce una especie de comunicación inconsciente, contagiosa, cuando unas personas logran un silencio profundo en la proximidad física de otras?

O ¿existen «vibraciones”, generadas por medio de este ejercicio, con efectos beneficiosos sobre aquellos que se encuentran en una proximidad suficiente para quedar expuestos a las mismas?

Nuestro maestro budista mantenía esta teoría. Y recomendaba también muy en serio otra práctica que yo he encontrado muy beneficiosa: en la medida de lo posible, hacer la contemplación siempre en el mismo lugar, en la misma esquina; esquina o habitación reservada únicamente a esta finalidad.

O hacerla en un lugar utilizado por otros para orar o contemplar. Razón: según él, las vibraciones buenas, generadas por medio de la oración y de la contemplación, persisten una vez que ha terminado la contemplación.

No sé si las razones son válidas o no, pero, por experiencia personal y ajena, sé que ayuda a orar en lugares «sagrados» que han sido santificados por la práctica frecuente de la contemplación.

Anthony de Mello

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Beneficios personales que derivan de la consciencia

Beneficios personales que derivan de la consciencia

Cuando te inicias en el tipo de contemplación propuesto en los ejercicios precedentes, es posible que desconfíes del valor que encierran. Parecen no encajar en la meditación ni en la oración tal como se las entiende tradicionalmente.

Si concebimos la oración como hablar con Dios, aquí se habla muy poco o nada.

Si meditación significa reflexión, luces, propósitos, se ve que estos ejercicios tienen muy poco que ver con la finalidad que persigue la meditación.

De estos ejercicios sales sin nada concreto que mostrar en compensación de todos los esfuerzos que has realizado. Nada digno de ser recogido en tu diario espiritual, al menos cuando comienzas a realizados… Después de haber dedicado un tiempo a ellos, tendrás la desagradable sensación de no haber hecho nada, de no haber logrado nada

Esta forma de oración resulta particularmente penosa a los jóvenes y a las personas que valoran las cosas por los resultados.

Personas para las que el esfuerzo es más importante que el hecho de ser.

Recuerdo a un joven que parecía no obtener resultado alguno de estos ejercicios. Le parecía tremendamente aburrido tener que permanecer sentado, inmóvil, y tener que enfrentarse al vacío aunque reconocía que le era totalmente imposible ocupar su mente en cualquier otra cosa mientras hacía oración. Según él, empleaba la mayor parte del tiempo en luchar contra las distracciones -por lo general sin éxito- y quería que yo le ofreciera algo que le hiciera parecer más valioso el tiempo y el esfuerzo que empleaba mientras hacía oración.

Por fortuna para él, perseveró en estos ejercicios, aparentemente ineficaces, y, pasados unos seis meses, vino a contarme que conseguía en ellos unos resultados inmensos, incomparablemente mayores que los anteriormente logrados en su oración y meditación.

¿Qué había sucedido?

Encontraba, sin duda, en estos ejercicios mayor paz. Sus distracciones no habían desaparecido. Seguía pensando que los ejercicios que realizaba eran tan aburridos como antes. Nada había cambiado en ellos. Pero había cambiado su vida.

El esfuerzo constante, doloroso, realizado día tras día para exponerse a lo que parecía ser nada y vacío, la lucha por acallar su mente y lograr un cierto silencio concentrándose en las sensaciones corporales, en la respiración o en los sonidos estaba reportándole un poder nuevo en su vida diaria, poder que jamás había tenido anteriormente, poder tan grande que se percibía palpablemente en su vida.

Este es uno de los mayores beneficios de esta forma de oración: el cambio en uno mismo, logrado, aparentemente, sin esfuerzo.

Todas las virtudes que anteriormente intentaste conseguir ejercitando tu fuerza de voluntad parecen llegarte ahora sin esfuerzo alguno: sinceridad, sencillez, cordialidad, paciencia… Los vicios parecen desvanecerse sin que uno se lo proponga o se esfuerce: vicios tales como el fumar, excesivo uso del alcohol, la fanfarronería, dependencia excesiva de otras personas.

Cuando te ocurra todo esto, te darás cuenta de que no ha sido en vano el tiempo que has dedicado a estos ejercicios; que están produciendo dividendos.

Anthony de Mello

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Hacerse consciente de los demás

Hacerse consciente de los demás

Hasta el presente, todos los ejercicios que has realizado se basaban en la consciencia del yo y de Dios a través del yo. Esto se debe a que tú eres para ti la realidad más cercana a Dios. No podrás experimentar nada que se encuentre más próximo a Dios que tú mismo. San Agustín insistiría con acierto en que tenemos que devolver el hombre a sí mismo para que éste haga de sí una pasarela hacia Dios. Dios es el fundamento verdadero de mi ser, el Yo de mi yo, y no puedo profundizar dentro de mí sin entrar en contacto con él.

Conscienciarse a uno mismo es también un medio para desarrollar la consciencia de los demás. En la medida en que sintonice con mis propias sensaciones seré capaz de percibir los sentimientos de los demás. Sólo en la medida en que tenga en cuenta mis reacciones frente a los demás seré capaz de salir a su encuentro con amor, sin causarles daño alguno. Cuando tomo en cuenta mis propias sensaciones desarrollo la capacidad de tener en cuenta a mi hermano. Si tengo dificultades para percibir lo que es más cercano, a mí mismo.

¿Cómo podré evitar tener dificultades para conscienciar a Dios y a mi hermano?

El ejercicio de conscienciar al otro que voy a proponerte no parte, como quizás piensas, del prójimo. Voy a fijarme en algo que es mucho más sencillo: conscienciar el resto de la creación. Partiendo de ahí, podrás llegar gradualmente al hombre. En este ejercicio pretendo que desarrolles una actitud de reverencia y de respeto hacia toda la creación inanimada: hacia todos los objetos que te rodean. Algunos grandes místicos nos dicen que, cuando alcanzaron el estadio de iluminación, se sintieron misteriosamente llenos de un sentido de reverencia profunda.

Reverencia ante Dios, ante la vida en todas sus formas, reverencia ante la creación inmensa también… Y se sintieron empujados a personalizar toda la creación. En adelante dejaron de tratar a las personas como cosas. Y a las cosas como cosas: era como si incluso las cosas se hubiesen convertido en personas. Como consecuencia, creció en ellos el respeto y amor que tenían a las personas.

Francisco de Asís fue uno de estos místicos. El veía en el sol, en la luna, en las estrellas, en los árboles, en los pájaros, en los animales, hermanos y hermanas suyos. Formaban parte de su familia y les hablaba amorosamente. ¡San Antonio de Padua llegó a predicar a los peces! ¡Una locura!, pensaremos nosotros. Actitud profundamente sabia, personalizadora y santificadora desde un punto de vista místico.

Desearía que experimentases por ti mismo algo de esto en lugar de conformarte con leerlo

De ahí que te proponga este ejercicio. Es necesario que dejes a un lado tus prejuicios de adulto y te hagas como un niño que habla con su juguete con la misma seriedad con que Francisco de Asís hablaba con el sol, la luna, los animales. Si te haces como un niño, al menos por unos momentos, podrás descubrir el reino de los cielos y aprenderás secretos que Dios oculta, de ordinario, a los sabios y a los prudentes.

Elige uno de los objetos que utilizas frecuentemente: la pluma, una copa… Debería ser un objeto que puedas mantener fácilmente en tus manos…

Mantén ese objeto en las palmas de tus manos extendidas. Ahora cierra los ojos y trata de sentirlo en tus manos… Percíbelo con la mayor agudeza posible. En primer lugar, su peso… después, la sensación que produce en las palmas de tus manos…

Ahora explóralo con los dedos o con ambas manos. Es importante que lo hagas despacio y con reverencia: explora su aspereza o tersura, su dureza o blandura, su calor o su frío… Ahora haz que toque otras partes de tu cuerpo y observa si produce sensaciones diferentes. Acércalo a tus labios… a tu pecho… a tu frente… al reverso de tu mano…

Te has informado sobre el objeto por medio del sentido del tacto… Infórmate ahora percibiéndolo por medio de la vista. Abre los ojos y contémplalo desde diferentes ángulos… Observa todos los detalles: su color, su forma, sus partes diversas…

Huélelo, degústalo, si es posible… escúchalo colocándolo muy próximo a tu oído…

Ahora, lentamente, coloca el objeto frente a ti, o en tu regazo, y habla con él… Comienza haciéndole preguntas referentes a él, a su vida, a sus orígenes, a su futuro… Escúchale con atención mientras desvela para ti el secreto de su ser y de su destino… Escúchale mientras te explica lo que significa para él existir…

Tu objeto esconde un conocimiento sobre ti que quiere revelarte… Pregúntale de qué se trata y escucha lo que tiene que decirte… Hay algo que puedes dar a este objeto. ¿Qué es? ¿Qué quiere de ti?..

Ahora coloca este objeto y a ti mismo en presencia de en quien y para quien todo ha sido creado. Escucha lo que tiene que decirte a ti y al objeto… ¿Qué le responderéis ambos?…

Mira de nuevo a tu objeto… ¿Has cambiado tu actitud respecto de él?… ¿Se ha producido algún cambio en tu actitud respecto de los demás objetos que te rodean?…

Anthony de Mello

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Encontrar a Dios en todas las cosas

Encontrar a Dios en todas las cosas

Esto es una recapitulación de la mayoría de los ejercicios precedentes.

Realiza algunos de los ejercicios de toma de conciencia expuestos en las páginas anteriores.

Fija, por ejemplo, la sensación de tu cuerpo como punto de atención… Observa no sólo las sensaciones que se ofrecen espontáneamente a tu conciencia, las más intensas, sino también las más sutiles… Si es posible, abstente de dar nombre a las sensaciones (ardor, entumecimiento, pinchazo, comezón, frío…). Trata de sentirlas sin darles nombre…

Actúa de igual manera con los sonidos… Trata de captar el mayor número de ellos… No busques identificar su fuente… Escucha los sonidos sin darles nombre…

A medida que avances en este ejercicio notarás que te invade una gran calma, un silencio profundo… Ahora percibe, por un instante, esta quietud y silencio…

Experimenta qué bien se está aquí ahora. No tener nada que hacer. Simplemente ser.

Ser

Para los que se sienten más inclinados a lo devoto:

Realiza el ejercicio precedente hasta que sientas la quietud que trae consigo…

Percibe, durante un momento, la quietud y el silencio… A continuación, comunícate con Dios sin emplear palabras. Imagina que eres mudo y que puedes comunicarte tan sólo con los ojos y con la respiración. Dile al Señor sin Palabras: «¡Señor! ¡Qué bien se está aquí contigo!”.

O no te comuniques con el Señor. Confórmate con permanecer en su presencia.

También para los que se sienten inclinados a lo devoto: un ejercicio rudimentario de encontrar a Dios en todas las cosas.

Retorna al mundo de los sentidos. Percibe con la mayor agudeza posible el aire que respiras… los sonidos que te rodean… las sensaciones que experimentas en tu cuerpo…

Siente a Dios en el aire, en los sonidos, en las sensaciones… Permanece en el mundo de los sentidos… Permanece en Dios… Entrégate al mundo de los sentidos (sonidos, sensaciones del tacto, colores…) Entrégate a Dios…

Anthony de Mello

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Concentración

Concentración

Este es un ejercicio de pura toma de conciencia:

Elige un objeto sensible como centro básico de atención: te sugiero que elijas o bien las sensaciones de una parte del cuerpo o la respiración o los sonidos que te rodean.

Centra tu atención en ese objeto pero hazlo de manera que, si ésta se desvía a cualquier otro objeto, te des cuenta inmediatamente de esa desviación.

Supongamos que has escogido como objeto básico de atención tu respiración ¡Bien! ¡Concéntrate en tu respiración!…

Es probable que, después de algunos minutos, tu atención se desplace a cualquier otro objeto, un pensamiento, un sonido, un sentimiento… Si tienes en cuenta este desplazamiento, no debes considerado como una distracción. Es importante, sin embargo, que lo conciencies cuando está produciéndose o inmediatamente después de haber tenido lugar. Lo considerarás como distracción sólo en el caso de que te des cuenta de él bastante después de haberse producido.

Supongamos que tomas como objeto de atención tu respiración. En tal caso, tu ejercicio podría recorrer los pasos siguientes (voy a describir el proceso de toma de conciencia): Estoy respirando… Estoy respirando… Ahora estoy pensando… pensando… pensando… Ahora estoy escuchando un sonido… escuchando… escuchando… Ahora estoy irritado… irritado… irritado… Ahora me siento cansado… cansado… cansado…

Cuando realizamos este ejercicio no hay que pensar que la dispersión de la mente sea una distracción, a no ser que no te des cuenta de que tu mente divaga, que tu atención se desplaza de un objeto a otro…

Una vez que hayas tomado en cuenta este desplazamiento, permanece centrado en el nuevo objeto (pensar, escuchar, sentir…) durante unos momentos; después retorna al objeto básico de tu atención (respiración)…

Tu pericia en la auto-conscienciación puede desarrollarse de tal manera que te hagas capaz de percibir no sólo el desplazamiento de tu atención a otro objeto, sino incluso del deseo de cambiar, del impulso a pasar a cualquier otro objeto. Igual que cuando deseas mover tu mano, hacerte consciente de que consientes en él, de la puesta en práctica del deseo, del primer movimiento ligero de tu mano…

Todas las actividades que componen este proceso se realizan en una fracción infinitesimal de segundo. De ahí que nos resulte imposible distinguir cada una de ellas hasta que no hayamos logrado que reinen dentro de nosotros el silencio y la calma y que nuestra toma de conciencia haya adquirido la agudeza del filo de una navaja.

¿Auto-consciencia es egoísmo?

A veces consideramos la auto-consciencia como una forma de egoísmo y exhortamos a las personas a que se olviden de sí mismas y piensen en los demás. Para entender hasta qué punto puede ser nocivo este consejo, basta con oír alguna entrevista grabada de un consejero bien intencionado, comunicativo pero inexperto, con su cliente. Si aquél no tiene en cuenta lo que ocurre en su interior, de seguro que no será consciente de lo que suceda en la interioridad de su cliente y de lo que acaezca en el intercambio que se establece entre los dos. En tal caso, será muy escasa la ayuda que pueda prestarle; incluso estará en peligro de dañarle.

Tenerse en cuenta a sí mismo es un medio eficacísimo para crecer en el amor a Dios y al prójimo. La auto-consciencia incrementa el amor. El amor, cuando es auténtico, profundiza la auto-consciencia.

No busques medios recónditos para desarrollarla. Comienza por cosas sencillas, como es percibir las sensaciones de tu cuerpo o las cosas que te rodean y pasa después a ejercicios como el que te recomiendo. Al cabo de poco tiempo notarás los frutos de quietud y de amor que la auto-consciencia ejercitada te dará.

Anthony de Mello

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