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La ilusión de las recompensas

La ilusión de las recompensas

Muchos creen que la pregunta más importante es: ¿Quién es Jesucristo? ¡Se equivocan! Muchos piensan que es: ¿Dios existe? ¡Se equivocan! Otros piensan que es: ¿Existe una vida después de la muerte? ¡Se equivocan!

Nadie parece afrontar el problema: ¿Hay una vida ANTES de la muerte? Sin embargo, según mi experiencia son precisamente los que no saben que hacer con esta vida los que viven preocupados por lo que van a hacer con la otra vida. Una señal de que usted despertó es que no le importa un comino lo que va a suceder en la próxima vida. A usted no le preocupa: no le importa. No le interesa, y punto.

¿Saben ustedes lo que es la vida eterna?

Ustedes creen que es la vida interminable. Pero sus propios teólogos les dirán que eso no es, porque lo interminable todavía está dentro del tiempo. Es el tiempo que no se acaba. Lo eterno significa atemporal – Por fuera del tiempo-

La mente humana puede comprender el tiempo y negar el tiempo. Lo que es atemporal está más allá de nuestra comprensión.

Sin embargo, los místicos nos dicen que la eternidad es ahora mismo. ¿Cómo les parece esa buena noticia? Es ahora mismo.

La gente se preocupa mucho cuando le digo que olvide su pasado. Está muy orgullosa de su pasado. O se avergüenza mucho de su pasado.

¡La gente está loca! ¡Olvídenlo!

Cuando oigan “Arrepiéntase de su pasado”, dense cuenta de que se trata de una gran distracción religiosa que les impedirá despertar. ¡Despierten! Eso es lo que significa el arrepentimiento. No “lloren por sus pecados”. ¡Despierten! Comprendan, dejen de llorar!

Anthony de Mello

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la leña ardiendo y la ceniza (Dogen)

La leña ardiendo se hace ceniza y no vuelve a ser leña.

Pero no creamos que la leña ardiendo y la ceniza están en relación de antes y después.

La leña ardiendo existe como leña ardiendo, y después existe la ceniza.

En ese sentido, hay un antes y un después, pero ni la leña ardiendo es el antes de la ceniza, ni la ceniza el después de la leña ardiendo.

El antes es antes, y el después es después.

Así como la leña ardiendo, una vez que se ha convertido en ceniza, no vuelve al estado de leña, tampoco nosotros, después de morir, volvemos a esta vida presente.

Por eso no se habla en el budismo de que la vida se haga muerte.

La vida, en cierto sentido, no es vida, es un “des- nacer”.

Tampoco se dice en el budismo que la muerte se haga vida. El morir es un “des-perecer”.

Tanto la vida como la muerte son un modo temporal de ser del todo.

Es como el invierno y la primavera. No decimos que el invierno se convierte en primavera, o ésta en verano.

El arte de mirar. Dogen. Texto escrito en 1233

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¿Qué es dar?

¿Qué es dar?

¿Qué es dar?

Por simple que parezca la respuesta, está en realidad plena de ambigüedades y complejidades.

Dar para el carácter receptivo

El malentendido más común consiste en suponer que dar significa «renunciar» a algo, privarse de algo, sacrificarse. La persona cuyo carácter no se ha desarrollado más allá de la etapa correspondiente a la orientación receptiva, experimenta de esa manera el acto de dar. El carácter mercantil está dispuesto a dar, pero sólo a cambio de recibir; para él, dar sin recibir significa una estafa.

La gente cuya orientación fundamental no es productiva, vive el dar como un empobrecimiento, por lo que se niega generalmente a hacerlo. Algunos hacen del dar una virtud, en el sentido de un sacrificio. Sienten que, puesto que es doloroso, se debe dar, y creen que la virtud de dar está en el acto mismo de aceptación del sacrificio. Para ellos, la norma de que es mejor dar que recibir significa que es mejor sufrir una privación que experimentar alegría.

Dar para el carácter productivo

Para el carácter productivo, dar posee un significado totalmente distinto: constituye la más alta expresión de potencia. En el acto mismo de dar, experimento mi fuerza, mi riqueza, mi poder. Tal experiencia de vitalidad y potencia exaltadas me llena de dicha. Me experimento a mí mismo como desbordante, pródigo, vivo, y, por tanto, dichoso. Dar produce más felicidad que recibir, no porque sea una privación, sino porque en el acto de dar está la expresión de mi vitalidad.

Si aplicamos ese principio a diversos fenómenos específicos, advertiremos fácilmente su validez.

Dar en la esfera del sexo

Encontramos el ejemplo más elemental en la esfera del sexo. La culminación de la función sexual masculina radica en el acto de dar; el hombre se da a sí mismo, da su órgano sexual, a la mujer. En el momento del orgasmo, le da su semen. No puede dejar de darlo si es potente. Si no puede dar, es impotente.

El proceso no es diferente en la mujer, si bien algo más complejo. También ella se da; permite el acceso al núcleo de su feminidad; en el acto de recibir, ella da. Si es incapaz de ese dar, si sólo puede recibir, es frígida. En su caso, el acto de dar vuelve a producirse, no en su función de amante, sino como madre. Ella se da al niño que crece en su interior, le da su leche cuando nace, le da el calor de su cuerpo. No dar le resultaría doloroso.

Dar en la esfera de las cosas materiales

En la esfera de las cosas materiales, dar significa ser rico. No es rico el que tiene mucho, sino el que da mucho. El avaro que se preocupa angustiosamente por la posible pérdida de algo es, desde el punto de vista psicológico, un hombre indigente, empobrecido, por mucho que posea. Quien es capaz de dar de sí es rico. Siéntese a sí mismo como alguien que puede entregar a los demás algo de sí. Sólo un individuo privado de todo lo que está más allá de las necesidades elementales para la subsistencia sería incapaz de gozar con el acto de dar cosas materiales.

La experiencia diaria demuestra, empero, que lo que cada persona considera necesidades mínimas depende tanto de su carácter como de sus posesiones reales. Es bien sabido que los pobres están más inclinados a dar que los ricos. No obstante, la pobreza que sobrepasa un cierto límite puede impedir dar, y es, en consecuencia, degradante, no sólo a causa del sufrimiento directo que ocasiona, sino porque priva a los pobres de la alegría de dar.

Dar en la esfera de lo específicamente humano

Sin embargo, la esfera más importante del dar no es la de las cosas materiales, sino el dominio de lo específicamente humano. ¿Qué le da una persona a otra? Da de sí misma, de lo más precioso que tiene, de su propia vida. Ello no significa necesariamente que sacrifica su vida por la otra, sino que da lo que está vivo en él -da de su alegría, de su interés, de su comprensión, de su conocimiento, de su humor, de su tristeza-, de todas las expresiones y manifestaciones de lo que está vivo en él. Al dar así de su vida, enriquece a la otra persona, realza el sentimiento de vida de la otra al exaltar el suyo propio.

No da con el fin de recibir; dar es de por sí una dicha exquisita. Pero, al dar, no puede dejar de llevar a la vida algo en la otra persona, y eso que nace a la vida se refleja a su vez sobre ella; cuando da verdaderamente, no puede dejar de recibir lo que se le da en cambio. Dar implica hacer de la otra persona un dador, y ambas comparten la alegría de lo que han creado. Algo nace en el acto de dar, y las dos personas involucradas se sienten agradecidas a la vida que nace para ambas.

Dar en la esfera del amor

En lo que toca específicamente al amor, eso significa: el amor es un poder que produce amor; la impotencia es la incapacidad de producir amor. Marx ha expresado bellamente este pensamiento:

«Supongamos -dice-, al hombre como hombre, y su relación con el mundo en su aspecto humano, y podremos intercambiar amor sólo por amor, confianza por confianza, etc. Si se quiere disfrutar del arte, se debe poseer una formación artística; si se desea tener influencia sobre otra gente, se debe ser capaz de ejercer una influencia estimulante y alentadora sobre la gente.

Cada una de nuestras relaciones con el hombre y con la naturaleza debe ser una expresión definida de nuestra vida real, individual, correspondiente al objeto de nuestra voluntad. Si amamos sin producir amor, es decir, si nuestro amor como tal no produce amor, si por medio de una expresión de vida como personas que amamos, no nos convertimos en personas amadas, entonces nuestro amor es impotente, es una desgracia».

Pero no sólo en lo que atañe al amor dar significa recibir. El maestro aprende de sus alumnos, el auditorio estimula al actor, el paciente cura a su psicoanalista -siempre y cuando no se traten como objetos, sino que estén relacionados entre sí en forma genuina y productiva.

Apenas si es necesario destacar el hecho de que la capacidad de amar como acto de dar depende del desarrollo caracterológico de la persona. Presupone el logro de una orientación predominantemente productiva, en la que la persona ha superado la dependencia, la omnipotencia narcisista, el deseo de explotar a los demás, o de acumular, y ha adquirido fe en sus propios poderes humanos y coraje para confiar en su capacidad para alcanzar el logro de sus fines. En la misma medida en que carece de tales cualidades, tiene miedo de darse, y, por tanto, de amar.

Erich Fromm

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Vida, Belleza, Amor

Vida, Belleza, Amor

La Vida nos lleva de un lugar a otro; el Destino nos traslada de un punto a otro. Y nosotros, conducidos en vilo por estos dos gemelos, escuchamos voces temerosas y sólo vemos lo que se interpone como obstáculo en nuestro camino.

La Belleza se nos revela sentada en trono de gloria; pero nosotros nos acercamos a ella en nombre de la Lujuria, la despojamos de su corona de pureza y manchamos su vestidura con nuestra perversidad.

El Amor pasa junto a nosotros con un manto de mansedumbre; pero nosotros huímos de él por temor, o nos escondemos en las tinieblas; o también lo seguimos para hacer el mal en su nombre.

Hasta el hombre más sabio se inclina ante el peso imponente del Amor; pero en verdad es tan liviano como la brisa juguetona del Líbano.

La Libertad nos invita a su mesa para que participemos de sus sabrosos manjares y de su generoso vino; pero, cuando nos sentamos a ella, comemos vorazmente y nos atragantamos.

La Naturaleza extiende hacia nosotros sus brazos acogedores y nos invita a gozar de su belleza; pero nosotros tenemos miedo a su silencio y nos abalanzamos a las ciudades populosas, para cobijarnos en ellas cual ovejas que huyen del lobo feroz.

La Verdad nos visita, atraída por la risa alborozada e inocente de un niño, o por el beso de un ser querido; pero casi todos nosotros le cerramos las puertas del afecto y la tratamos como si fuese un enemigo.

Alma, Corazón

El corazón humano implora ayuda; el alma humana nos suplica que la liberemos; pero nosotros no escuchamos sus ruegos, ni la oímos ni entendemos. En cambio, llamamos loco al que oye y entiende, y huimos de él.

Así pasan las noches y vivimos en la inconsciencia; y los días nos saludan y abrazan. Pero estamos en temor constante día y noche.

Nos apegamos a la tierra cuando tenemos abiertas de par en par las puertas del Corazón del Señor. Pisoteamos el Pan de Vida, mientras el hambre roe nuestros corazones. ¡Qué buena es la Vida del Hombre, pero qué alejado está el Hombre de la Vida!

Khalil Gibran

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Ver la vida en perspectiva

Ver la vida en perspectiva

Este ejercicio es una variante del anterior sobre el valor de la vida.

Como continuación de los ejercicios anteriores imagina que, después de los dos meses de vida activa que te anunció el doctor, te encuentras postrado en la cama…

¿Dónde te encuentras?.. Observa cuidadosamente tu alrededor… ¿Qué clase de vida haces ahora?… ¿Qué haces durante todo el día?…

Imagina que ha anochecido y que te has quedado solo… No sabes cuántos días te quedan de vida… ¿Qué sientes cuando piensas que son muy pocos?… ¿que dentro de muy poco tiempo perderás la capacidad de actividad?…

En medio de la soledad que ahora te envuelve echa una mirada retrospectiva a tu vida…

Recuerda algunos de los momentos felices de ella…

Recuerda también algunos de los momentos tristes… ¿qué sientes ahora al ver de nuevo aquellos sucesos que te causaron dolor y aflicción?…

Recuerda alguna de las decisiones importantes que tomaste en tu vida, Que te afectaron a ti o a otras personas. ¿Lamentas -haber tomado esas decisiones o te alegras de haber actuado así? ¿Sientes que deberías haber tomado alguna otra decisión que, de hecho, no tomaste?…

Dedica ahora unos diez minutos a pensar en algunas de las personas que han tenido especial importancia en tu vida:.. ¿Qué rostros aparecen primero en tu memoria?… ¿Qué sientes cuando piensas en cada una de esas personas?…

Si se te concediese la oportunidad de vivir por segunda vez, ¿la aceptarías?… ¿Pondrías alguna condición para aceptarla?… Si tuvieses que dar un pequeño consejo a tus amigos o pronunciar una frase de despedida, ¿qué dirías?…

Pasados algunos momentos retorna a Cristo. Imagina que se encuentra junto a ti y habla con él…

Te presento otro ejercicio relacionado con tu muerte

Jesús conocía perfectamente el momento y la hora de su muerte; de ahí que planease con todo cuidado y detalle las últimas horas de su vida. Decidió pasarlas con sus amigos en una cena de despedida y después con su Padre, orando antes de que lo arrestasen…

Si tuvieses tú la oportunidad de poder planificar las últimas horas de tu vida, ¿en qué las emplearías?, ¿desearías permanecer solo o acompañado? Si deseas que estén junto a ti otras personas, ¿cuáles desearías?

En la última Cena, Jesús dirigió a su Padre una oración final. ¿Cuál es la última oración que deseas hacer a Dios?

Uno de los mayores beneficios que se obtienen de estas fantasías sobre la muerte es, además del aprecio más intenso de la vida, el sentido de urgencia que adquirimos.

Un escritor oriental asemeja la muerte a un cazador escondido detrás de la maleza y apuntando a un pato que nada plácidamente en el lago, totalmente ajeno al peligro que se cierne sobre él.

La meta de estas fantasías o imaginaciones no es el miedo, sino ayudarte a evitar el despilfarro en tu vida.

Anthony de Mello

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Ejercicio para llenar tu vida de agradecimiento

Ejercicio para llenar tu vida de agradecimiento

Imagina que el doctor ha examinado tus ojos y está a punto de comunicarte el resultado de sus investigaciones… Haz la escena lo más viva posible, observa los detalles del lugar, las personas…

El doctor te anuncia en este momento que comienza a fallar tu vista, que la ciencia médica nada puede hacer por salvarla y que, probablemente, quedarás ciego en un plazo de tres o cuatro meses…

¿Qué sentimientos tienes en ese momento?… Eres consciente de que dispones tan sólo de tres o cuatro meses para imprimir en tu memoria imágenes visuales que no volverás a ver… ¿Qué cosas te interesa especialmente ver antes de quedarte ciego?… Observa cómo miras ahora cosas que sabes no verás más puesto que pronto te quedarás ciego para siempre…

Imagina ahora que te has quedado realmente ciego…

¿Qué tipo de vida llevas como ciego?… Dedica tiempo a penetrar en todas tus disposiciones y sentimientos… Con la imaginación recorre un día de tu vida de ciego, desde el momento en que te levantas y te lavas por la mañana hasta el momento de acostarte por la noche… come… lee libros, habla con la gente… sal a pasear… como ciego…

Ahora abre los ojos y comprueba que puedes ver… ¿Qué sientes?… ¿Qué le dices al Señor?

Las mejores cosas de la vida están disponibles. Cosas tales como la vista, la salud, el amor, la libertad y la vida misma.

Lo malo es que nosotros no disfrutamos de ellas. Estamos demasiado preocupados en pensar que no tenemos suficientes cosas de las secundarias, dinero, buenos trajes y fama.

Recuerdo que en cierta ocasión…

En un viaje de vuelta en avión, me hallaba irritado porque llegábamos con retraso. Sucedió que, al llegar al aeropuerto, el avión comenzó a sobrevolarlo durante una media hora -aumentando de esta manera nuestro retraso- a causa de lo que dieron en llamar “dificultades técnicas”…

Fue media hora llena de suspense y de ansiedad. Puedes imaginar el respiro que sentimos al aterrizar. ¿Qué había sucedido con la irritación que yo había experimentado porque llegábamos con retraso? No quedaba ni rastro de ella. Estábamos llenos de gozo por haber aterrizado sanos y salvos…

Llegar con retraso no tenía importancia. Fue preciso que sintiésemos la posibilidad de un accidente serio para que nos diéramos cuenta de ello.

El relato de un prisionero

Leí en cierta ocasión el relato de un prisionero nazi que escribía a su casa lleno de gozo porque había sido trasladado de una celda con las cuatro paredes desnudas a otra en la que había un orificio por el que podía contemplar un retazo del firmamento azul por la mañana y algunas estrellas por la noche. Para él esto constituía un inmenso tesoro.

Cuando terminé de leer la carta eché un vistazo desde mi ventana al amplio espacio del firmamento… Yo era un millón de veces más rico que aquel pobre prisionero pero no había sido capaz de gozar de mi riqueza. No había gozado nada de ella.

Piensa lo que supone la vida para un prisionero, para un internado en un campo de concentración… y cuando has penetrado realmente en su vida y en sus sentimientos, toma un autobús que recorra toda la ciudad, goza de todo lo que puedas contemplar y saborea tu libertad.

Anthony de Mello

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El valor de la vida

El valor de la vida

Imagina que vas al médico para saber los resultados de una exploración que te han hecho.

El doctor ha prometido dártelos a conocer hoy. Las pruebas podrían revelar alguna enfermedad seria. Percibe lo que sientes mientras vas de camino a la consulta del doctor…

Te encuentras en estos momentos en la sala de espera… observa todos los detalles de la sala… el color de las paredes, los cuadros, el mobiliario… las revistas que hay allí… ¿Hay alguna otra persona esperando al doctor?.. Si hay otras personas, fíjate mucho en ellas, sus fisonomías, su atuendo… Advierte lo que sientes mientras esperas ser llamado a la consulta…

En este momento escuchas tu nombre… echa un vistazo a la sala de consulta del doctor… Observa todos los detalles, los muebles… ¿Es la sala amplia o diminuta? Observa bien al doctor, sus rasgos, su manera de vestir… ¿Qué tipo de persona es?…

El comienza a hablarte y tú adviertes que te esconde algo… Pídele que te hable con absoluta sinceridad… Entonces, con gran compasión en sus ojos, te dice que las pruebas han descubierto que padeces una enfermedad incurable… Le preguntas por el tiempo que te queda de vida… Te responde: «Dos meses de vida activa a lo sumo… después un mes o dos en cama…

¿Qué respondes tú a esto?

… ¿qué sientes?… Retén durante unos momentos estos sentimientos… Sal ahora de la consulta del doctor y lánzate a la calle… Continúa viviendo esos sentimientos… Contempla la calle, ¿está muy concurrida o vacía?… ¿Qué tiempo hace? ¿Es un día radiante o nublado?… ¿Hacia dónde te diriges?… ¿Deseas hablar con alguien?… ¿Con quién?…

Quizá vuelves a tu casa. ¿Qué vas a decir a tu gente? ¿Deseas que sepan la noticia?… Alguien te pregunta qué quieres hacer durante los dos meses de vida activa que te restan… ¿Qué vas a escoger?… ¿Cómo piensas emplear los dos meses que te quedan?..

En estos momentos te encuentran cenando… ¿Saben ellos lo que te ocurre?… ¿Qué sientes cuando estás en su compañía?… Vete ahora a tu habitación y escribe una carta a tu jefe explicándole la situación y pidiéndole ser relevado eventualmente de tu trabajo… ¿Qué dices en la carta?… Redáctala mentalmente ahora mismo…

Son altas horas de la noche… Todos en casa están acostados… Te asomas por la ventana, la ciudad está completamente oscura. Tan sólo luce la luz de la luna y las estrellas… Siéntate y mira fijamente el cielo…. ¿Qué le dices?… ¿Qué te responde él?… ¿Qué sentimientos vives en estos momentos?…

Los efectos que produce este ejercicio son demasiado variados como para describirlos y enumerarlos en este momento.

Muchas personas disfrutan volviendo a él una y otra vez y siempre que lo hacen sacan mucho provecho.

La mayoría de las personas sacan de este ejercicio un gran aprecio por la vida y enorme amor a la misma… Como consecuencia, se sumergen en ella con mayor profundidad, la disfrutan, la viven, la emplean más intensamente… Muchos se sorprenden al darse cuenta de que no temen la muerte tanto como suponían…

Ocurre con demasiada frecuencia que sólo cuando perdemos algo somos capaces de apreciar su valor. Nadie agradece la vista más que el ciego. Nadie valora y estima tanto la salud como el enfermo. Pero, ¿por qué tenemos que aguardar a perder esas cosas para hacemos capaces de apreciarlas y disfrutar de ellas?

Anthony de Mello

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Los niños

Los niños

Los Niños

Y una mujer que sostenía un niño contra su seno pidió: Háblanos de los niños.

Y él dijo:

Vuestros hijos no son hijos vuestros.

Son los hijos y las hijas de la Vida, deseosa de sí misma. Vienen a través vuestro, pero no vienen de vosotros.

Y, aunque están con vosotros, no os pertenecen.

Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos. Porque ellos tienen sus propios pensamientos.

Podéis albergar sus cuerpos, pero no sus almas. Porque sus almas habitan en la casa del mañana que vosotros no podéis visitar, ni siquiera en sueños.

Podéis esforzaros en ser como ellos, pero no busquéis el hacerlos como vosotros.

Porque la vida no retrocede ni se entretiene con el ayer. Vosotros sois el arco desde el que vuestros hijos, como flechas vivientes, son impulsados hacia delante.

El Arquero ve el blanco en la senda del infinito y os doblega con Su poder para que Su flecha vaya veloz y lejana. Dejad, alegremente, que la mano del Arquero os doblegue.

Porque así como él ama la flecha que vuela, así también el arco, que es estable.

Khalil Gibran

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Receta para una vida plena

Receta para una Vida Plena: Perdón, Aceptación y Confianza

Sé que el título es pretencioso, o al menos eso dice la mente y sale al cruce tirando sus “encantadores” pensamientos: ¿qué es eso de una receta para una vida plena?, ¡no puede haber algo así!, ¡las cosas son complicadas!, ¡concéntrate que esta semana vence la renta!

En primer lugar decir que cada uno tiene su receta, porque la tenemos, solo no sabemos (no recordamos) donde buscar. Siempre metidos y enfrascados en preocupaciones y que todo está mal (o casi) y buscando salidas en razones superficiales. Pero la receta está, y van saliendo los ingredientes a medida que callamos la mente y nos abandonan esos pensamientos que nos meten en el juego del ego.

La receta que les voy a compartir es desde mi experiencia y cada uno debe encontrar la suya en base a los ingredientes que las vivencias nos fueron alcanzando, pero de seguro, a medida que nos vamos encontrando, al final del camino coincidiremos.

Paso a detallar.

Primer ingrediente: El Perdón

Cuando en la vida andamos pesados, remachados contra el suelo, cargados y con una presión que nos hunde en el fondo del barro y parece que remamos el bote en un mar de lodo espeso, tómate un tiempo, relájate y repasa tu vida, verás que hay algo-alguien a quien perdonar. Permíteme una aclaración: este “algo-alguien” no es nadie o nada en particular, quizás tu mente te lleve a encasillarlo en una persona o circunstancia pero debes saber que este Perdón nos reconoce como creadores divinos de toda nuestra vida, lo que aquí llamamos pasado, presente, futuro y es por eso que este Perdón va primero “hacia adentro” nuestro, madura, crece y brota del interior hacia los demás. Este Perdón es simple, sin vueltas ni justificativos.

El Perdón del que hablo es aquel que te hace lagrimar cuando lo das y lo ofreces del Corazón que quiere salirse del pecho cuando lo sientes y es así porque queremos ensanchar nuestro Amor. Este Perdón viene de la sabiduría que comprende amorosamente que todos somos compañeros en el mismo barco y que la vida es una ruleta hermosa para compartir experiencias y que lo que pasó… pasó y ya no me causa dolor.

Perdono desde el Amor, no desde el ego que busca ponerme por encima del otro. Perdono porque este Perdón es la herramienta que me ayuda a soltar los vagones que me impiden alivianarme. Este Perdón es tan poderoso que al sentirlo libero y sano mi relación con todos y conmigo. Me perdono. Soy Consciencia y perdono, perdono y soy Consciencia. Experiméntalo, seguro lo encuentras en tu receta.

Segundo ingrediente: La Aceptación

Todo tiene su lugar en el puzle maravilloso de la Vida. Si crees que vives algo injusto es una oportunidad para acercarte a la Vida Plena ¿cómo?, aceptando. Sé que no es fácil, por ahí anda la mente-ego de nuevo haciéndote pelear con todo y todos.

Esta Aceptación no es resignación, esto lo entendemos cuando logramos aquietar la mente y empezamos a “Sentir” las cosas, sentimos que aceptando firmamos un pacto de Paz con nosotros mismos que cumplimos desde el Corazón con nuestra Esencia Divina, ya que todo lo creamos desde allí, solo que no lo vemos así y vivimos engañados culpando a otros y a las circunstancias por nuestra “suerte”.

Acepta y verás que pasas a percibir lo que te pasa desde esa armonía y tranquilidad que esperas y añoras. Acepta consciente para gozar. Acepta y sé paciente. Todo a su tiempo. ¿Encuentras entre tus ingredientes la Aceptación?

Tercer ingrediente: La Confianza

El miedo que está presente en nuestras vidas hace que la Confianza sea un ingrediente indispensable en esta receta para una Vida Plena. La Confianza es el combustible que alimenta el motor de todo buscador. “Confío… luego existo”. Y persevero en la confianza porque “siento” la perfección de cuanto es. Como aquel no vidente que confía y agudiza sus sentidos para caminar, confiemos y agudicemos nuestro “Todo” para encontrar.

La Confianza es hacia nosotros mismos porque ya estamos “despertando” ¡ahora sí! Doy el paso, me lanzo, salto y confío, no veo… pero siento y confío, no escucho… pero siento y confío. Dudo… entonces recuerdo y confío.

La Confianza es Paz, es animarse a cumplir nuestros sueños sin peros, es empezar a hacer nuestra Vida Plena desde el Amor donde esta Confianza borra todas las dudas del temor. Sazona tu vida con mucha Confianza. ¿Estás preparado?

Cuando avanzas por la vida combinando estos ingredientes iluminas todo con la Luz del Corazón y la Vida Plena va aflorando a cada paso, entre penurias y olvidos vas encontrando perlas divinas de Amor que te muestran que la Vida Plena que tanto buscas ya la vives. Sólo es cuestión de encender tu Luz para que el resplandor aclare tu andar y el de todos. Ya es tiempo.

Diego Alcalde

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¡Toma el control de tu vida!

¡Toma el control de tu vida!

Observa la existencia…

¡Date cuenta de que toda la existencia está de celebración! Esos árboles no están serios, esos pájaros no están serios, los ríos y los océanos son salvajes y en todas partes hay alegría, en todas partes vez gozo y alegría. Observa la existencia, escucha la existencia y forma parte de ella. Entonces te convertirás en alguien que ama, porque el amor solamente puede existir en un profundo respeto por la alegría, dentro de un gran respeto por el gozo. El amor no puede existir en una mente seria. Con una mente seria, lo que sintoniza es la lógica. No seas serio. No te estoy diciendo que seas falso. Sé sincero, pero no seas serio. La sinceridad es una cosa; la seriedad es otra completamente distinta. Sé sincero con la existencia y entonces serás auténtico, te convertirás en parte de este juego cósmico.

Cada ciclo del universo

reza en silencio,

fluyendo con la esencia del amor.

Los árboles aman la tierra; la tierra ama los árboles. Los pájaros aman los árboles; los árboles aman los pájaros. La tierra ama al cielo, el cielo ama la tierra. La existencia al completo existe en un gran océano de amor. Deja que el amor se convierta en tu adoración, deja que el amor sea tu oración.

Si no has conocido el amor…

Es imposible comunicar con alguien que no haya conocido el amor. ¿Cómo podríamos hablar de Dios, de la oración? ¿Cómo podríamos hablar de la verdad?… el otro sería completamente inconsciente de su propio corazón, desconocería el lenguaje; viviría en su mente. Sería como el búho que contempla el cielo, ciego a los rayos del sol.

En la mitología india el búho es el símbolo del conocimiento, de la erudición, de la cultura. La gente que es excesivamente erudita, que se centra excesivamente en sus mentes, que acumula información y datos, es como los búhos. No se dan cuenta de cuándo el sol ha salido. Continúan contemplando el sol y no obstante son ciegos a sus rayos de luz.

Los bauls dicen que el hombre que vive en la mente –un erudito-, el hombre que todo lo conceptualiza, aquél que todo lo convierte en teorías, dogmas, doctrinas, aquél que memoriza los vedas, el Corán, la Biblia, será incapaz de comprender nada respecto al amor. Aunque tú se lo digas, de inmediato lo tergiversará. Si le hablas del amor, él fabricará con lo dicho una teoría… y el amor no puede ser constreñido a una teoría. Si le dices algo sobre la oración, intentará que la oración parezca una hipótesis… y la oración no es una hipótesis. Un hombre de lógica, lo reduce todo a su lógica.

Osho

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Los tres grandes acontecimientos de la vida

Grandes acontecimientos

Esos son los tres grandes acontecimientos de la vida: vida, amor, muerte. La vida ya ha sucedido. La muerte sucederá; eso es seguro. En cierta forma, ya ha sucedido al nacer, ya has dado un paso hacia la tumba. El día en que naciste, se completó medio viaje; la otra mitad no tardará mucho… con la vida, la muerte también ha penetrado en ti. Ahora sólo resta una cosa que puedes hacer tú, sólo una cosa depende de ti… y eso es amar. Y debido a que depende de ti, es muy probable que la pases por alto.

Puedes pasarlo por alto…

Ésa es la agonía del amor: puedes pasarlo por alto. Si no haces nada, si no despiertas, si no vas hacia él conscientemente, deliberadamente, puedes perdértelo. Existen las máximas posibilidades de que no seas capaz de desarrollarlo. De ahí el miedo, la angustia, el temblor, la ansiedad: ¿seré capaz de conseguirlo? ¿Seré capaz de adentrarme en el amor? ¿Seré capaz de fluir en el amor? Pero junto a esta agonía se encuentra el éxtasis: la libertad que uno tiene.

Es debido a esa libertad que existe el miedo. Si el amor fuera algo predestinado como lo son la vida y la muerte, entonces no habría miedo. Pero entonces tampoco habría éxtasis, porque el éxtasis es posible solamente cuando logras algo, cuando conscientemente eliges algo, cuando deliberadamente llegas a alguna parte, cuando es tu viaje y no estás siendo arrastrado. Ésa es la belleza del amor y también su peligro.

Osho

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La vida y la muerte son como dos orillas

La vida y la muerte son como dos orillas

Existe la posibilidad de que fluya el río del amor, pero sólo es una posibilidad. Tendrás que materializarla. La vida y la muerte están ahí, pero el amor tiene que ser materializado: éste es el objetivo del ser hombre. A menos que el amor se materialice, habrás fracasado, no habrás comprendido el punto principal de lo que significa estar vivo.

La muerte ya está sucediendo

La muerte ya está sucediendo. No la sitúes en el futuro. Si no la sitúas en el futuro no tiene sentido defenderte de ella; ya está sucediendo ahora y ha estado sucediendo desde siempre. Por eso es inútil que te protejas de la muerte. La muerte no te ha matado. Ha estado actuando mientras estabas todavía vivo, está actuando justo ahora…y la vida no es destruida por ello. De hecho, gracias a ella la vida se renueva a cada momento: caen las hojas muertas y crean espacio para que broten las nuevas; desaparecen las flores viejas y aparecen las nuevas flores. Cuando una puerta se cierra, otra inmediatamente se abre. A cada instante mueres y a cada instante resucitas.

A cada instante el pasado es crucificado, la hoja muerta desaparece. Y a cada instante un nuevo ser surge, resucita, en ti. Es un constante milagro.

La única certeza

En segundo lugar has de comprender que la muerte es la única certeza. Todo lo demás es incierto: puede o no puede suceder. La muerte es segura porque al nacer una mitad ya ha sucedido. Por tanto, el otro extremo ha de estar en algún lugar, el otro polo ha de estar oculto en alguna parte. No te has cruzado con ella porque tienes miedo, no te adentras en la oscuridad. ¡Pero es algo seguro! Al nacer, tu muerte se ha convertido en certeza.

Una vez que esta certeza penetra en tu comprensión, te relajas. Siempre que algo es absolutamente seguro, la preocupación desparece. La preocupación surge de la inseguridad. Observa: un hombre se está muriendo y está muy preocupado. El momento de la muerte se hace palpable y el doctor le dice: “No puedes salvarte”. Él sufre un fuerte shock. Un escalofrío recorre su ser. Pero luego las cosas se asientan, inmediatamente todas las preocupaciones desaparecen. Si al que va a morir se le permite saberlo, si se le dice que su muerte es segura, con esa seguridad la paz y el silencio inundan su ser.

El derecho a saber

Toda persona que se está muriendo tiene el derecho de saberlo. Los doctores lo siguen ocultando en muchas ocasiones, pensando: “¿Para qué preocuparle?”. Pero la inseguridad inquieta; la certeza, nunca. Este estar en vilo, este estar en el limbo, preguntándote si vas a vivir o a morir, es la causa raíz de todas las preocupaciones. Una vez que tienes la seguridad de que vas a morir, no queda nada por hacer. Entonces uno simplemente lo acepta y en esa aceptación surge la calma, la tranquilidad. Por eso, si a una persona se le permite saber que va a morir, en el momento de la muerte se llena de paz.

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Pensar en la vida, no es vivir

Pensar en la vida, no es vivir

Puedes escribir libros sobre meditación y no descubrir nunca el espacio que supone meditar. Puedes volverte altamente eficiente verbalizando, puedes ser muy ducho en abstracciones, en argumentaciones intelectuales y puedes olvidarte completamente de que todo el tiempo en que has estado envuelto en esas actividades intelectuales ha sido puro desperdicio.

Le pregunté al viejo:

-¿Durante cuánto tiempo has estado interesado en la meditación?

Él me contesto:

-Durante toda mi vida.

Tenía casi setenta años. Me dijo:

-Cuando tenía veinte años tomé sannyas, me convertí en un monje y durante esos cincuenta años siguientes he estado leyendo, leyendo y pensando en el meditar.

Cincuenta años de leer y pensar y escribir sobre meditación, incluso introduciendo a la gente en la meditación ¡y ni una sola vez había probado la meditación!

Se necesita valor

Pero ése es el caso de millones de personas. Hablan del amor, conocen toda la poesía que existe sobre el amor, pero nunca han amado. O incluso aunque piensen que estuvieron alguna vez enamorados, nunca se enamoraron. Eso también fue algo “cerebral”, no fue del corazón. La gente vive y sigue perdiéndose la vida. Se necesita valor. Se necesita valor para ser realista, se necesita coraje para ir con la vida dondequiera que te lleve porque los caminos no están cartografiados, porque no existen mapas. Uno ha de penetrar en lo desconocido.

La vida solamente puede ser entendida si estás dispuesto a penetrar en lo desconocido. Si te apegas a lo que conoces, te aferras a la mente, porque la vida es total. Tu totalidad ha de estar plenamente implicada; no puedes únicamente pensar sobre ello. Pensar en la vida, no es vivir. Cuidado con eso.

Osho

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¿Deseas enfrentarte y vencer las resistencias que te están impidiendo colocar el amor en el centro de tu Vida? ¿Quieres poner todo tu Ser a trabajar a favor de tí y de tus sueños? Podemos ayudarte. Hoy es un día perfecto para empezar. Te acompañamos en ese camino apasionante.

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No busques la certeza, busca comprender

No siempre existe una certeza sobre lo que hay que hacer

Te encuentras muy confundido. Deja que sea así, pero descubre una salida para tu confusión. Es muy fácil y cómodo escuchar a los demás porque te pueden suministrar dogmas sin vida, te pueden dar mandamientos: “No hagas esto; haz eso”. Y están muy seguros de sus mandamientos. La certeza no es lo que se ha de buscar. La comprensión es lo que se ha de buscar. Si buscas la certeza serás víctima de alguna trampa. No busques la certeza; busca el comprender. La certeza se te puede dar fácilmente –cualquiera puede dártela- pero a la hora del análisis final serás un perdedor. Habrás desperdiciado tu vida tan sólo para permanecer en la seguridad y en la certeza; y la vida no es una certeza, la vida no es segura.

La vida es inseguridad

La vida es inseguridad. A cada momento se dirige hacia una inseguridad mayor. Es un continuo apostar. Uno nunca sabe lo que va a suceder. Y es hermoso que uno nunca lo sepa. Si fuera predecible, no valdría la pena vivir la vida. Si todo fuera como te gustaría que fuese y si todo fuera una certeza, no serías un hombre, serías una máquina. Sólo existen certezas y seguridades para las máquinas.

El hombre vive en libertad

La libertad necesita inseguridad, incertidumbre. Un hombre verdaderamente inteligente siempre está dudando porque no posee dogma alguno en el que confiar, en el que descansar. Ha de observar y responder.

Lao Tsé dice: “Dudo y me muevo por la vida estando alerta porque no sé qué es lo que va a suceder. Y no tengo ningún principio que seguir. He de decidir a cada instante. Nunca decido de antemano. He de decidir cuando llega el momento”.

Responsabilidad

Entonces uno ha de tener la capacidad de responder. Eso es responsabilidad. La responsabilidad no es una obligación, la responsabilidad no es un deber; es una capacidad de respuesta. Un hombre que desea saber lo que es la vida ha de saber responder. Eso es lo que no ocurre. Siglos de condicionamientos te han hecho similar a las máquinas. Has perdido tu humanidad. Has perdido tu humanidad; la has cambiado por seguridad. Estás seguro y confortable y todo ha sido planeado por los demás. Y ellos lo han puesto todo en el mapa, lo han medido todo. Esto es una absoluta estupidez porque la vida no puede ser medida; es inmensurable. Y no es posible tener ningún mapa porque la vida es un constante flujo. Todo cambia. Nada es permanente excepto el cambio. Dice Heráclito: “No puedes entrar dos veces en el mismo río”.

Y los modos de la vida son muy zigzagueantes. Los modos de la vida no son como las vías de un tren. No, no van sobre vías. Y ésa es su belleza, su gloria, su poesía, su música: siempre es una sorpresa.

Asombro

Si buscas seguridad, certeza, tus ojos estarán cerrados y tú te irás sorprendiendo cada vez menos y perderás tu capacidad de maravillarte. Y una vez has perdido tu capacidad de asombro, has perdido la religión. La religión es abrirte a tu corazón asombrado. La religión es una receptividad hacia lo maravilloso que nos rodea.

No busques la seguridad, no busques consejo sobre cómo vivir tu vida. La vida es muy valiosa. Vívela. No te estoy diciendo que no cometas errores; los cometerás. Recuerda solamente una cosa: no cometas los mismos errores una y otra vez. Con eso hay suficiente.

Osho

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