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La riqueza del silencio

La riqueza del silencio

«El silencio es la gran revelación”, dijo Lao-tse. Estamos acostumbrados a considerar la Escritura como la revelación de Dios. Y así es. Con todo, quisiera que, en este momento, descubrierais la revelación que aporta el silencio. Para recibir la revelación de la Escritura tenéis que aproximaros a ella; para captar la revelación del Silencio, debéis primero lograr silencio. Y ésta no es tarea sencilla.

Vamos a intentarlo en este primer ejercicio.

Que cada uno de vosotros busque una postura cómoda.

Cerrad los ojos…

Voy a invitaros a guardar silencio durante diez minutos. Intentaréis, en primer lugar, hacer silencio, el silencio más total, tanto de corazón como de mente. Cuando lo hayáis conseguido, quedaréis abiertos a la revelación que trae consigo el silencio.

Al final de los diez minutos os invitaré a que abráis los ojos y a que compartáis con el resto, si así lo deseáis, lo que habéis hecho y experimentado en este tiempo.

Para compartir con el resto lo que habéis hecho y lo que os ha ocurrido, que cada uno cuente los intentos que hizo para lograr el silencio y en qué medida lo ha conseguido. Que describa ese silencio, si es capaz. Que cuente algo de lo que ha pensado y sentido durante este ejercicio.

Las experiencias de la gente que se somete a este ejercicio son infinitamente variadas. Muchos descubren, para sorpresa suya, que el silencio es algo a lo que no están acostumbrados en absoluto. Hagan lo que hagan, son incapaces de detener el constante vagar de su mente y de acallar el alboroto emocional que sienten dentro de su corazón. Otros, por el contrario, se sienten cercanos a las fronteras del silencio. En ese momento sienten pánico y huyen. El silencio puede ser una experiencia aterradora.

Con todo, no existe motivo para desanimarse…

Incluso esos pensamientos alocados pueden ser una revelación. ¿No es una revelación sobre ti mismo el hecho de que tu mente divague? Pero no basta con saberlo. Debes detenerte y experimentar ese vagabundeo. El tipo de dispersión en que tu mente se sumerge, ¿no es acaso revelador?

En este proceso hay algo que puede animarte: el hecho de que hayas podido ser consciente de tu dispersión mental, tu agitación interior o tu incapacidad de lograr silencio, demuestra que tienes dentro de ti al menos un pequeño grado de silencio, el grado de silencio suficiente para caer en la cuenta de todo esto.

Cierra los ojos de nuevo y percibe tu mente dispersa durante dos minutos…

Siente ahora el silencio que te hace posible concienciar la dispersión de tu mente…

En los ejercicios que vienen a continuación iremos construyendo este silencio mínimo que tienes dentro de ti. A medida que crezca te revelará más y más cosas sobre ti mismo. Esta es su primera revelación: tu propia identidad. En esta revelación, y a través de ella, alcanzarás cosas que el dinero no puede comprar, tales como sabiduría, serenidad, gozo, Dios.

Para alcanzar estas realidades a las que no se puede poner precio no basta con reflexionar, hablar, discutir. Es preciso actuar. Poner manos a la obra ahora mismo.

Cierra los ojos. Busca el silencio durante otros cinco minutos.

Cuando termines este ejercicio, trata de ver si los esfuerzos que has realizado en estos últimos minutos han sido más o menos positivos que los anteriores.

Observa si el silencio te ha revelado ahora algo que no habías percibido anteriormente.

No pretendas encontrar algo sensacional en la revelación que el silencio te regala: luces, inspiraciones, perspectivas. Limítate a observar. Trata de recoger todo lo que se presenta a tu conciencia. Todo, aunque sea trivial y ordinario, lo que te sea revelado.

Quizás toda la revelación se reduzca a caer en la cuenta de que tus manos están húmedas, a hacerte cambiar de postura o a tomar conciencia de que estás preocupado por tu salud. No importa. Es realmente valioso que hayas caído en la cuenta de todo esto.

Es más importante la calidad de tu toma de conciencia que sus contenidos. A medida que mejore la calidad, tu silencio será más profundo. Y a medida que tu silencio se profundice experimentarás un cambio. Y descubrirás, para satisfacción tuya, que revelación no es conocimiento racional. Revelación es poder; un poder misterioso que transforma.

Anthony de Mello

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Pensar y respirar

Pensar y respirar están en muy estrecha relación. Cuando nuestra respiración es tensa y agitada, el pensamiento también lo es. El pranayama sirve para apaciguar el proceso respiratorio lo que, a su vez, calma la mente.

Dejar que suceda

Habitualmente, la inhalación es un proceso volitivo, que despierta tensión en el cerebro y en el área de los hombros. Por eso debes realizar el pranayama en posición relajada, sin ningún esfuerzo o tensión. Deja que la inhalación suceda, pero no inhales.

Aún cuando esta técnica de respiración puede ser un hermoso ejercicio, cualquier intento por aquietar el pensamiento es puramente artificial. Más que tratar de impedir que los pensamientos surjan, deberíamos observar aquellas ocasiones en las que el pensamiento, de manera natural, llega a detenerse.

Por ejemplo, cuando se consigue un objeto deseado, se vive un momento de carencia de deseo. El dinamismo que provoca el funcionamiento de la mente cesa, pues no haya una motivación para pensar. Cuando el pensamiento es momentáneamente apaciguado, volvemos a nuestra naturaleza original, el silencio.

Sucede lo mismo en el estado de sueño profundo. La conciencia del yo no está presente, hay un silencio absoluto. También podríamos referirnos a la obra de arte. En la experiencia estética el impulso de pensar llega a su fin, pero cesa de forma natural, no por medio de la disciplina o el poder de la voluntad.

El pensamiento

El pensamiento sigue el mismo proceso funcional que las piernas al caminar o la utilización de los brazos. Cuando no hay ninguna razón para utilizar los brazos, ¿dónde están los brazos? Cuando no necesitas caminar, ¿dónde están las piernas?

Igualmente, el cerebro comienza a funcionar en el momento en que se lo necesita, pero cuando no hay nada que pensar, no hay pensamiento. ¿Por qué entonces continuar pensando?

El silencio subyace a todo funcionamiento mental, de la misma forma que a los tres estados de vigilia, soñar y dormir. Estos están superpuestos al silencio. Están en el tiempo, mientras que el silencio es intemporal.

Jean Klein

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Silencio y soledad

Silencio, lenguaje y pensamiento

Existe un estado que trasciende el lenguaje y el pensamiento; es meditación sin actividad mental. La subyugación de la mente es meditación. La meditación profunda es el lenguaje eterno. El silencio está hablando siempre; es el flujo de «lenguaje» perenne. Él es interrumpido por el habla; pues las palabras obstruyen este «lenguaje» mudo. Las charlas pueden entretener a los individuos durante horas sin mejorarlos. Por otro lado, el silencio es permanente y beneficia a toda la humanidad… Por silencio se entiende elocuencia. Las charlas orales no son tan elocuentes como el silencio. El silencio es elocuencia incesante… El silencio es el mejor lenguaje.

Hay un estado en el que cesan las palabras y prevalece el silencio.

La predicación es simple comunicación de Conocimiento; realmente, sólo puede hacerse en silencio. ¿Qué piensa usted de un hombre que escucha un sermón durante una hora y que se va sin haber sido impresionado por él como para cambiar su vida?

Compárale con otro, que se sienta en una Presencia sagrada y que se va después de algún tiempo con su visión de la vida totalmente cambiada. ¿Qué es mejor, predicar en voz alta sin efecto o sentarse silentemente enviando Fuerza Interna?

Además, ¿cómo surge el habla? Hay Conocimiento abstracto, de donde surge el ego, que, a su vez, da origen al pensamiento, y el pensamiento a la palabra hablada. Así pues, la palabra es el biznieto de la Fuente original. Si la palabra puede producir efecto, juzgue por usted mismo, ¡cuánto más poderosa debe ser la Predicación a través del Silencio! Pero las gentes no comprenden esta verdad simple y desnuda, la Verdad de su día a día, siempre presente, experiencia eterna. Esta Verdad es la del Sí mismo. ¿Hay alguien inconsciente del Sí mismo? Pero a ellos no les gusta escuchar nada de esta Verdad, mientras que están ansiosos de saber qué hay más allá, de saber del cielo, del infierno y de la reencarnación.

Bhagavan Sri Ramana

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