Archive

Quietud

Quietud

Éste es un ejercicio para lograr la quietud (…). El hombre moderno es, por desgracia, presa de una tensión nerviosa que le impide permanecer tranquilo. Si desea aprender a orar, tendrá que esforzarse previamente por estar tranquilo, por acallar sus tensiones. De hecho, la quietud verdadera y el silencio se convierten frecuentemente en oración cuando Dios se manifiesta en el ropaje del silencio.

Repite el ejercicio de hacerte consciente de las sensaciones de tu cuerpo.

Sólo por una vez recorre todo tu cuerpo, comenzando por la coronilla hasta las puntas de los dedos de los pies, sin omitir parte alguna de tu cuerpo…

Consciencia todas las sensaciones que se producen en cada una de las partes… Quizás adviertas que alguna de las partes de tu cuerpo carece por completo de sensaciones… Detente en ella durante algunos segundos… Si no emerge sensación alguna, pasa a otra parte…

Cuando adquieras práctica en este ejercicio, agudizarás de tal manera tu percepción, que no existirá parte alguna de tu cuerpo en la que no experimentes muchas sensaciones… Por el momento tendrás que conformarte con permanecer en el vacío y pasar a otras partes en las que percibas más sensaciones… Pasa lentamente de la cabeza a los pies… y de nuevo de la cabeza a los pies… y así durante unos quince minutos…

A medida que se agudice tu percepción, experimentarás sensaciones que anteriormente no habías advertido… captarás también sensaciones extremamente sutiles, tan sutiles que pueden ser percibidas únicamente por una persona dotada de concentración y paz profundas.

Experimenta tu cuerpo como un todo…

Siente la totalidad de tu cuerpo como una masa dotada de diversos tipos de sensaciones… Permanece en este ejercicio durante unos momentos y vuelve después a tener en cuenta cada una de las partes, desde la cabeza hasta los pies… A continuación, vuelve de nuevo a percibir tu cuerpo como un todo…

Advierte ahora la quietud profunda que te ha invadido. Observa la calma perfecta de tu cuerpo… Cuida, sin embargo, de no recrearte en la calma hasta el punto de que no percibas tu cuerpo…

Si adviertes que te acosa la distracción, imponte la tarea de pasar de nuevo desde la cabeza hasta los pies teniendo en cuenta las sensaciones de cada una de las partes de tu cuerpo… Acto seguido presta atención a la quietud que reina en todo tu cuerpo… Si realizas este ejercicio en grupo, presta atención al silencio que reina en la sala…

Es de suma importancia que no muevas parte alguna de tu cuerpo mientras realizas este ejercicio. Al principio te costará trabajo conseguido, pero cada vez que te sientas impulsado a moverte, a rascarte, a agitarte, experimenta este impulso… No cedas a la tentación; limítate a percibirlo con la mayor nitidez posible…

Desaparecerá gradualmente y recobrarás de nuevo la calma…

A muchas personas les resulta extremadamente penoso permanecer tranquilos

Les resulta incluso físicamente penoso. Cuando te sientas tenso, dedica todo el tiempo que sea preciso a hacerte consciente de la tensión nerviosa dónde la sientes, qué características presenta… y mantente ahí hasta que desaparezca la tensión.

Quizás llegues a sentir dolor físico. Por más cómoda que sea la postura que adoptes para este ejercicio, tu cuerpo protestará, probablemente, contra la inmovilidad, desarrollando dolores físicos intensos y fatiga en diversas partes. Cuando suceda esto, resiste a la tentación de mover tus miembros o de cambiar de postura para mitigar la fatiga. Limítate a percibir la fatiga.

Durante un retiro budista se nos pidió que permaneciésemos por una hora entera sin cambiar de postura ni movemos…

Me senté con las piernas cruzadas y el dolor en mis rodillas y espalda se hizo tan intenso que resultaba inaguantable. No recuerdo haber padecido un dolor físico tan intenso en ningún otro momento de mi vida.

Se suponía que durante esa hora percibiríamos las sensaciones de nuestro cuerpo, pasando de una parte del cuerpo a otra. Mi atención quedó absorbida totalmente por el dolor agudo que sentía en las rodillas. Sudaba. Pensé desfallecer a causa del dolor, hasta que decidí no luchar contra él, no escapar de él, no desear aliviado, sino concienciado, identificarme con él.

Traté de descomponer los ingredientes del dolor y descubrí, para sorpresa mía, que estaba compuesto de muchas sensaciones, no sólo de una: ardores intensos, tirones, una sensación de descargas intensas que aparecía y se iba, para emerger de nuevo… y un punto que se desplazaba de un lugar a otro. Identifiqué este punto como dolor.

Cuando me decidí a mantener este ejercicio me sorprendí de que podía aguantar bastante bien el dolor; incluso fui capaz de conscienciar otras sensaciones que se producían en diversas partes de mi cuerpo. Por primera vez en mi vida experimenté dolor sin sufrir.

Si no haces este ejercicio con las piernas cruzadas es probable que sientas menos dolor que el experimentado por mí. De cualquier manera, al principio sentirás inevitablemente alguna molestia hasta que tu cuerpo se acostumbre a permanecer en calma perfecta. Combate el dolor haciéndote consciente de él. Y cuando, por fin, tu cuerpo consiga la quietud, sentirás una rica recompensa en el arrobamiento que te traerá esa quietud.

La tentación de rascarse es muy frecuente en los principiantes

Eso proviene de que, a medida que se hace más aguda la percepción de las sensaciones del cuerpo, comienzan a percatarse de la picazón y de sensaciones punzantes, presentes siempre en el cuerpo pero ocultas a la consciencia a causa del endurecimiento psico-físico al que la mayoría de nosotros sometemos a nuestro cuerpo y debido a la crasitud de nuestra sensibilidad. Mientras atraviesas este estadio de picazón, deberás permanecer en perfecta calma, conscienciar cada una de las sensaciones de picazón y permanecer en esta toma de conciencia hasta que desaparezca, resistiendo a la tentación de combatirla rascándote.

Anthony de Mello

Infórmate sobre nuestros servicios y consulta aquí la programación de retiros, cursos y talleres.

Sensaciones del cuerpo

Sensaciones del cuerpo

Sitúate en una posición que te resulte cómoda y relajante. Cierra los ojos.

Voy a pedirte que te hagas consciente de determinadas sensaciones corporales que sientes en estos momentos, pero de las que no te das cuenta de manera refleja… Cae en la cuenta del roce de tu ropa en tus hombros…

Ahora del contacto que se produce entre tu ropa y tu espalda, del contacto de tu espalda con el respaldo de la silla en la que estás sentado… Percibe la sensación de tus manos cuando se juntan o reposan en tu regazo…

Hazte consciente de la presión que tus muslos y nalgas ejercen sobre la silla… Cae en la cuenta de la sensación de tus pies al tocar los zapatos… Ahora hazte consciente reflejamente de la postura en la que estás sentado…

De nuevo: tus hombros… tu espalda… tu mano derecha… tu mano izquierda… tus muslos… tus pies… la posición en que estás sentado…

Otra vez: hombros… espalda… mano derecha… mano izquierda… muslo derecho… muslo izquierdo… pie derecho… pie izquierdo… tu posición en la silla…

Continúa girando en tomo a ti mismo, pasando de una parte de tu cuerpo a otra. Procura no detenerte en cada parte durante más de dos minutos, hombros, espalda, muslos, etc. Pasa continuamente de uno a otro…

Puedes concentrarte en las partes del cuerpo que yo he mencionado o en aquellas otras que tú desees.

Cabeza, cuello, brazos, tórax, estómago… Lo verdaderamente importante es que llegues a captar el sentir, la sensación de cada parte; que la sientas durante uno o dos segundos y que pases a otra parte del cuerpo…

Cuando hayan pasado cinco minutos, te invitaré a que abras los ojos despacio y pondremos fin al ejercicio.

Este ejercicio sencillo produce en la mayoría de las personas una sensación inmediata de relajación. En bastantes grupos, cuando propuse por primera vez este ejercicio, algunas personas se relajaron de tal manera que cayeron en un sueño profundo.

Uno de los enemigos más poderosos de la oración es la tensión nerviosa. Este ejercicio trata de ayudarte a dominarla. La fórmula es muy sencilla: te relajas cuando llegas a tus sentidos; cuando tomas conciencia lo más plenamente posible de las sensaciones de tu cuerpo, de los sonidos o ruidos que te rodean, de tu respiración, del sabor de lo que tienes en la boca.

La inmensa mayoría de las personas viven excesivamente en sus cabezas:

Tienen en cuenta los pensamientos y fantasías que emergen en ella pero son muy poco conscientes de la actividad de sus sentidos. Por esta forma de proceder, rara vez viven en el momento presente. Se sitúan casi siempre en el pasado o en el futuro. En el pasado lamentando viejos errores, sintiéndose culpables de antiguos pecados, complaciéndose en triunfos pasados, recordando injurias que alguna persona les causó. O en el futuro temiendo posibles calamidades y desgracias, anticipando futuras alegrías o soñando con acontecimientos venideros.

Recordar el pasado para aprovechar sus lecciones o para gozamos de nuevo, anticipar el futuro para planificar de forma realista, es válido a condición de que no nos mantenga alejados del presente durante demasiado tiempo. Para tener éxito en la vida de oración es decisivo desarrollar la capacidad de entrar en contacto con el presente y de permanecer en él. Y el mejor método que yo conozco para permanecer anclado en el presente es abandonar la cabeza y volver a los sentidos.

Siente el calor o el frío de la atmósfera que nos rodea. Percibe la brisa que acaricia tu cuerpo. El calor cuando el sol entra en contacto con tu piel. El tejido y temperatura del objeto que tocas… y nota la diferencia. Observa cómo retornas a la vida a medida que te insertas en el presente

Cuando hayas dominado esta técnica de tener en cuenta los sentidos, te sorprenderás de los cambios que se producen en ti si eres de las personas que sienten frecuentemente tristeza frente al futuro o culpabilidad frente al pasado.

Una palabra sobre el «salir de la cabeza»:

La cabeza no es buen lugar para hacer oración… Pero no es un mal sitio para comenzar. Si tu oración permanece durante demasiado tiempo en la cabeza y no pasa al corazón, se tomará árida y se convertirá en algo tedioso y desalentador. Debes aprender a salir del campo del pensamiento y de la locución y emigrar a los dominios de los sentimientos, de las sensaciones, del amor, de la intuición. Ese es el lugar donde la contemplación nace y donde la oración se convierte en poder transformante y en fuente inagotable de felicidad y de paz.

Es muy posible que algunas personas -muy pocas- sientan, como resultado de este ejercicio, no relajamiento y paz, sino aumento de tensión. Si te sucede esto, toma conciencia de tu tensión nerviosa. Observa cuál de las partes de tu cuerpo se halla en tensión. Percibe con exactitud las características de la misma. Hazte consciente de que eres tú quien produce la tensión en ti mismo y observa cuidadosamente cómo lo haces.

Cuando empleo la palabra observar…

No me refiero a la reflexión, sino a las sensaciones y a los sentimientos. No puedo repetir en cada línea que en este ejercicio se trata de sentir, no de pensar. Existen personas que, cuando se les dice que sientan sus brazos o sus piernas o sus manos, no las sienten realmente. Se limitan a reproducir mentalmente alguno de esos miembros. Conocen dónde están situados y se limitan a tomar nota de ese conocimiento. Pero no llegan a sentir realmente los miembros. Mientras que otras personas son capaces de sentir, éstas no. A lo sumo, logran una reproducción mental.

El medio más adecuado para superar este defecto (y para asegurar que no tomas una reproducción mental por la experiencia de un sentimiento) es tratar de captar el mayor número posible de sensaciones en cada uno de estos miembros: hombros, espalda, muslos, manos, pies. Esto te ayudará, además, a sintonizar con personas que no sienten sus miembros. Descubrirás probablemente que sólo una parte mínima de la superficie de tus miembros produce sensaciones al principio. No percibirás sensación alguna en áreas amplias de tu cuerpo. Esto se debe a que tu sensibilidad ha quedado adormecida por vivir demasiado en tu cabeza.

La superficie de tu piel está cubierta con trillones de reacciones bioquímicas a las que llamamos sensaciones y, mira por dónde, a ti te cuesta trabajo encontrar unas pocas.

Has endurecido tu capacidad para sentir, quizás como consecuencia de algún daño emocional o de un conflicto que has olvidado hace mucho tiempo. Y tu percepción, tu consciencia, tu poder de concentración y de atención están sin cultivar, subdesarrollados.

En otro lugar expondré la relación que existe entre este ejercicio y la oración. Indicaré también cómo, para muchas personas, este ejercicio en sí mismo es una forma de contemplación. Por el momento, bástenos recordar que es una preparación para la oración y contemplación, un medio para relajamos y conseguir la quietud, condiciones imprescindibles para orar.

Cierra de nuevo los ojos. Entra en contacto con las sensaciones que se producen en diversas partes de tu cuerpo.

Lo ideal sería que no pensases en las diversas partes de tu cuerpo concibiéndolas como manos, piernas o espalda, sino que pasases de una sensación a otra sin etiquetar ni nombrar los miembros u órganos que sientes.

Si adviertes un impulso a moverte o a cambiar de posición, no consientas. Limítate a tener en cuenta esa incitación y la molestia corporal que origina, quizás, ese impulso.

Realiza este ejercicio durante algunos minutos. Sentirás crecer la calma en tu cuerpo. No te solaces en esa tranquilidad. Continúa en tu ejercicio y deja que la calma se cuide de sí misma.

Si te distraes en un momento determinado, vuelve a la percepción de las sensaciones del cuerpo, pasando de una a otra, hasta que tu cuerpo recobre de nuevo la calma, tu mente participe de la calma de tu cuerpo y seas capaz de sentir esa tranquilidad que reporta paz y sabor anticipado de la contemplación y de Dios. En cualquier caso, vuelvo a repetido, no acampes de manera refleja en la tranquilidad.

¿Por qué no conviene detenerse en la calma que sentirás, probablemente, durante este ejercicio?

Pararse en ella puede ser relajante e incluso placentero, pero si consientes en detenerte en ella corres el peligro de provocar un estado hipnótico leve o un vacío mental y permanecer en ese trance que no conduce en modo alguno a la contemplación. Esta situación se asemejaría de alguna manera a una autohipnosis, que nada tiene que ver con la profundización de la consciencia o de la contemplación.

Por consiguiente, es importante que no busques deliberadamente producir la calma o el silencio dentro de ti ni te detengas en ellos cuando se produzcan. Deberás buscar que se agudice tu consciencia, no el adormecimiento de ella, resultado de un trance aunque sea leve. Así, en vez de la calma y dentro de ella, debes esforzarte en ejercitar tu percepción y dejar que la calma se cuide de sí misma.

Habrá momentos en los que la calma o el vacío sean tan intensos que te impidan totalmente realizar cualquier ejercicio o esfuerzo. En tales momentos no eres tú quien busca la tranquilidad; la calma toma posesión de ti y te inunda. Cuando se produzca una situación de este tipo, será conveniente y saludable que abandones todo esfuerzo, (que, por otra parte, sería imposible), que te rindas a la calma abrumadora que anida dentro de ti.

Anthony de Mello

Infórmate sobre nuestros servicios y consulta aquí la programación de retiros, cursos y talleres.

Abierto el plazo de inscripción
Post recientes
Suscríbete al blog

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.

Comparte en tus redes sociales
Close

CONTACTA CON NOSOTROS

Refuerza tu poder personal y el de tu organización

  • Suscríbete al blog por correo electrónico

    Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.

    Únete a otros 3.980 suscriptores

  • Subscribe error, please review your email address.

    Close

    You are now subscribed, thank you!

    Close

    There was a problem with your submission. Please check the field(s) with red label below.

    Close

    Your message has been sent. We will get back to you soon!

    Close

    Uso de cookies

    Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

    ACEPTAR
    Aviso de cookies