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Libérate del resentimiento

Resentimiento

Negarse a perdonar a otros por el daño, real o imaginario, que nos han causado es un veneno que afecta nuestra salud -física, emocional y espiritual- a veces de forma muy profunda

Oímos que la gente repite con frecuencia: «Puedo perdonar, pero no olvidar» o «Deseo perdonar pero no puedo”. En realidad, están diciendo que no quieren perdonar. Quieren mantenerse firmes debido a la satisfacción que experimentan alimentando su resentimiento. No quieren, en manera alguna, que éste desaparezca. Exigen que la otra persona reconozca su culpa, que se defienda, que ofrezca una satisfacción, que sea castigada… como condición para permitir que se desvanezca el resentimiento y para librarse del veneno que corroe su interior.

O quizás desean sinceramente liberarse del resentimiento, pero éste continúa enconándose dentro de ellos porque no han tenido la oportunidad de expresarlo y, así, expulsarlo fuera de su interior. A menudo, un deseo auténtico no substituye la necesidad de echar fuera toda la rabia y resentimiento que anida, al menos, en la imaginación. No es necesario que subraye la importancia esencial de que nuestro corazón esté totalmente libre de cualquier sombra de resentimiento si deseamos progresar en el arte de la contemplación.

He aquí una forma sencilla de liberarte de los resentimientos que te atenazan:

Sirve, en primer lugar, para echar fuera de ti el resentimiento.
Imagina que tienes delante de ti a la persona contra la que estás resentido

Háblale de ello, exprésale toda la rabia que le tienes. Hazlo de la manera más viva que puedas. No tengas miramientos a la hora de elegir las palabras. Puede ayudar también algún ejercicio físico, tal como golpear un colchón o una almohada.

Hay muchas personas que coleccionan resentimientos simplemente porque tienen demasiado miedo a ser fuertes. En consecuencia, ejercen sobre sí mismos la firmeza que, dentro de medidas justas, deberían demostrar frente a los demás. La indulgencia y la sumisión, cuando son practicadas por personas que tienen demasiado miedo a hablar con franqueza o a comprometerse con lo que consideran justo, son nada más que caretas de la cobardía.

Después de haber expresado toda tu rabia -pero solamente después- trata de ver la totalidad del incidente que ha producido tu resentimiento

Pero míralo desde el punto de vista de la otra persona. Ponte en su puesto y considera todo el hecho: ¿qué aspecto tiene el incidente cuando lo contemplas a través de los ojos de la otra persona? Trata de comprender que es muy raro que una persona ataque o haga daño a otra deliberadamente.

En la mayoría de los casos, aun suponiendo que existiese la voluntad deliberada de dañar, este efecto es el resultado de una insatisfacción enraizada profundamente en la otra persona.

Las personas dichosas no son malvadas

Por otra parte, en la mayoría de los casos tú no eres el blanco de los ataques de la otra persona. Ella busca algo (o alguna otra persona) que ha proyectado en ti. Intenta ver si todas estas consideraciones te ayudan a sentir compasión por esa persona en lugar de rabia y resentimiento.

Y si fallan todos estos esfuerzos, es probable que seas de aquellas personas que inconsciente pero activamente coleccionan sentimientos dañinos y resentimientos

Es sorprendente, pero cierto, que algunas personas ponen en marcha situaciones en las que serán menospreciadas y ofendidas; una vez logrado, se enfrascan en los malos sentimientos que pretendían desde hace mucho tiempo. Si quieres evitar esta tendencia perniciosa deberás moderar tus expectativas respecto de las demás personas.

En otras palabras: mantén tus expectativas, exprésalas, incluso, a los demás si lo deseas pero déjales completamente libres

Recuerda que nadie está obligado en modo alguno a satisfacer tus expectativas en cuanto son solo tuyas. Si actúas así, evitarás tener malos sentimientos cuando no se cumpla lo que esperabas.

Muchas personas pasan por la vida haciéndose los mártires cuando entran en contacto con personas de las que implícitamente esperan algo: «Si me amases de verdad, no…“ (no me criticarías, me hablarías con amabilidad, recordarías el día de mi cumpleaños. me harías el favor que te pido, etc.)”. Les resulta muy difícil comprender que todas las expectativas que arrastran nada tienen que ver con el amor auténtico que esperan de las otras personas.

No te sorprendas de que, después de algunos momentos, los vuelvas a sentir de nuevo. Trátalos pacientemente. El sacrifico que supone renunciar a sentimientos negativos y ser feliz es demasiado grande para que la mayoría de las personas lo logren al primer intento.

Anthony de Mello

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Perdonar con inteligencia

Perdonar

La indulgencia no es debilidad sino, por el contrario, una energía muy poderosa.

El perdón no es falta de firmeza ni mucho menos de entereza, sino generosidad.

En el camino hacia la paz interior hay obstáculos que necesariamente deben salvarse, como el resentimiento, el rencor, el odio o el afán de venganza. Estos obstáculos alteran a la persona y le roban su paz interna.

Hemos de asociamos con personas sabias y nobles, si tal es posible, y no dejamos alcanzar por individuos aviesos o insensibles.

En nuestro hogar mental no debemos dejar que partícula tras partícula de rencor vayan amontonándose, sino que, por el contrario, hemos de estar libres de máculas de venganza y resentimiento, porque al que dañan es a aquel que las padece, impidiéndole el sosiego, la lucidez y la buena relación consigo mismo.

Nuestras intenciones puras no deben verse desviadas por las intenciones impuras de los otros.

Hay que ejercitarse para que el estado de serenidad no se vea perturbado por tendencias de odio o resentimiento.

La mejor receta para ello es perdonar, pero no dar lugar a que la persona perdonada siga provocándonos dolor o malestar. No sólo es la actitud más noble, sino la más inteligente.

Ramiro Calle

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La media sonrisa

En un texto hindú podemos leer: «La vida se escapa como el agua contenida en una vasija». No hay, pues, tiempo que perder. Pero consumimos buena parte de nuestra vida en extravíos mentales como «éste me ha hecho esto» o «aquél me ha hecho lo otro», y nos llenamos de resentimiento, rencor o incluso afán de venganza.

Ni siquiera entendemos…

Porque no hay entendimiento correcto, que todo es transitorio.

Muda la materia, pero más veloces transitan los estados anímicos y los sentimientos. Todo cambia, «nadie puede sumergirse dos veces en el mismo río». La mente agarra, se obsesiona, es como una oruga defendiendo obstinadamente su hoja. Uno se achicharra en sus propios rencores y sinsabores.

Una práctica muy saludable: la media sonrisa

Dondequiera que estés, cualquier suceso que acontezca, esboza la media sonrisa. Así uno se distiende, se relaja, se hace física y psíquicamente más elástico. Ni la experiencia del sufrimiento ni la del placer son eternas, pero la mente acarrea la primera de ellas y se aferra a la segunda. Así, incluso el placer es la antesala del sufrimiento.

En el texto budista Digha Nikaya leemos: «De la misma manera en el pasado, lo que entonces era, era real, pero lo que ahora es y lo que será, no lo eran; en el futuro, lo que será, será real, pero lo que ahora es y lo que ha sido, no lo serán ahora mismo; lo que es, es real, pero lo que ha sido y lo que será, no lo son».

No acarreemos disgustos de uno a otro día

Es signo de salud mental enfocarse en el aquí y ahora, con mente atenta y ecuánime (mente meditativa) y no dejar que los «fotogramas» del pasado enturbien los del presente. Pero, además, en cuanto dejamos que intervenga el ego, surgen los sentimientos de soberbia, vanidad e infatuación. Tiránicos, nos roban la paz interior, porque exigen que busquemos la aprobación y consideración de los otros y si no la tenemos, nos sentimos muy heridos.

No acarreemos disgustos de uno a otro día, no respondamos al odio con odio, porque nos estaremos dañando a nosotros mismos y porque el odio nunca puede cesar por el odio. Cierta indulgencia, que nunca es falta en absoluto de firmeza (todo lo contrario), es necesaria. No seamos tan neuróticamente receptivos a las ofensas. La comprensión es una clave para la serenidad.

Si uno mismo es tan fluctuante en sus estados anímicos, comprendamos un poco los de los demás. Cuando alguien tiene lo que se llama «un mal día» y nos muestra impúdicamente su lado difícil, no nos dejemos implicar en el mismo y, mediante la autovigilancia y la ecuanimidad o firmeza de mente, mantengamos a ésta distante de la ofensa, porque como dice Kipling, «si nadie que te hiera, llega a hacerte la herida».

A menudo, porque no somos capaces de gobernar nuestra mente, nos herimos en demasía a nosotros mismos.

Ramiro Calle

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Tres secretos

Reactividad

¿Queremos hallar el sosiego, la quietud, la paz interior que le procure otro sentido a nuestra vida?

Tenemos en ese caso que empezar a conocemos y a descubrir las estrategias de nuestra mente. Hay un dispositivo en ella que llamamos «reactividad»: hace que ésta rumie, se torne repetitiva, obstinada y doliente, es una causa de malestar innecesario.

¡Parece increíble que todo ello lo hayan mostrado las psicologías orientales hace miles de años y la psicología occidental siga ignorándolo! Por eso la oriental es tan práctica y nada académica.

La reactividad es una actitud de reacción excesiva y repetitiva, pura y simple neurosis. El pensamiento no cesa, acarrea, causa confusión y dolor. Por ejemplo, si uno es insultado en una ocasión, puede seguir, según esta reacción, recordándolo día tras día, de modo que se sentirá continuamente insultado.

El fango del subconsciente

La mente no sabe evacuar y limpiarse. Acarrea traumas, frustraciones, «asignaturas pendientes», heridas sobre heridas, detritos sobre detritos. Es el fango del subconsciente.

Pero incluso cuando nos insultan la primera vez, podemos ser menos «reactivos» y mantener la ecuanimidad. Imaginemos que en lugar de aleccionarnos sobre que el insulto es despreciativo o vejatorio, nos hubieran enseñado que es divertido y produce contento. Cada vez que nos insultaran, nos alegraríamos y divertiríamos.

«¡La mente! ¡Vaya loca! ¡Si te la crees estás perdido!», exclamó un maestro. Dice querer no sufrir y se las arregla para sufrir. Tiene muchos apegos y uno de ellos es al sufrimiento.

Atisha era un sabio del siglo x que dijo: «Cuando te enfrentes a los objetos de deseo o de odio, contémplalos como ilusiones y apariciones. Cuando oigas cosas desagradables, considéralas ecos».

Si estamos enganchados en las reactividades, no puede haber quietud interior. Reaccionamos desmedidamente, con exaltación o abatimiento, al halago y al insulto, al placer y al dolor, a lo grato y a lo ingrato. No puede haber paz, no es posible hallada así.

Hay una preciosa herramienta: la ecuanimidad o equilibrio de ánimo, es decir, firmeza de mente. «Suceda lo que suceda, la mente atenta, la mente calma.»

Tres secretos

Hay un gran secreto en aprender a no reaccionar neuróticamente.

Hay otro secreto en aprender de lo que a cada momento es y por ello apreciarlo, aunque sea el insulto, las vicisitudes o las adversidades.

Y un secreto más: dejar de cargar con el fardo de las memorias, los condicionamientos y los esquemas.

Debemos empeñamos en estrenar la mente cada día y aprender a desligamos de experiencias pasadas que velen y distorsionen el presente, porque en ese caso, al filtrar con la mente vieja, no hay aprendizaje posible.

La meditación, precisamente, es un método para conseguir la denominada «mente nacida de la meditación», renovada y que supera las viejas y asfixiantes estructuras mentales.

Ramiro Calle

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Receta para una vida plena

Receta para una Vida Plena: Perdón, Aceptación y Confianza

Sé que el título es pretencioso, o al menos eso dice la mente y sale al cruce tirando sus “encantadores” pensamientos: ¿qué es eso de una receta para una vida plena?, ¡no puede haber algo así!, ¡las cosas son complicadas!, ¡concéntrate que esta semana vence la renta!

En primer lugar decir que cada uno tiene su receta, porque la tenemos, solo no sabemos (no recordamos) donde buscar. Siempre metidos y enfrascados en preocupaciones y que todo está mal (o casi) y buscando salidas en razones superficiales. Pero la receta está, y van saliendo los ingredientes a medida que callamos la mente y nos abandonan esos pensamientos que nos meten en el juego del ego.

La receta que les voy a compartir es desde mi experiencia y cada uno debe encontrar la suya en base a los ingredientes que las vivencias nos fueron alcanzando, pero de seguro, a medida que nos vamos encontrando, al final del camino coincidiremos.

Paso a detallar.

Primer ingrediente: El Perdón

Cuando en la vida andamos pesados, remachados contra el suelo, cargados y con una presión que nos hunde en el fondo del barro y parece que remamos el bote en un mar de lodo espeso, tómate un tiempo, relájate y repasa tu vida, verás que hay algo-alguien a quien perdonar. Permíteme una aclaración: este “algo-alguien” no es nadie o nada en particular, quizás tu mente te lleve a encasillarlo en una persona o circunstancia pero debes saber que este Perdón nos reconoce como creadores divinos de toda nuestra vida, lo que aquí llamamos pasado, presente, futuro y es por eso que este Perdón va primero “hacia adentro” nuestro, madura, crece y brota del interior hacia los demás. Este Perdón es simple, sin vueltas ni justificativos.

El Perdón del que hablo es aquel que te hace lagrimar cuando lo das y lo ofreces del Corazón que quiere salirse del pecho cuando lo sientes y es así porque queremos ensanchar nuestro Amor. Este Perdón viene de la sabiduría que comprende amorosamente que todos somos compañeros en el mismo barco y que la vida es una ruleta hermosa para compartir experiencias y que lo que pasó… pasó y ya no me causa dolor.

Perdono desde el Amor, no desde el ego que busca ponerme por encima del otro. Perdono porque este Perdón es la herramienta que me ayuda a soltar los vagones que me impiden alivianarme. Este Perdón es tan poderoso que al sentirlo libero y sano mi relación con todos y conmigo. Me perdono. Soy Consciencia y perdono, perdono y soy Consciencia. Experiméntalo, seguro lo encuentras en tu receta.

Segundo ingrediente: La Aceptación

Todo tiene su lugar en el puzle maravilloso de la Vida. Si crees que vives algo injusto es una oportunidad para acercarte a la Vida Plena ¿cómo?, aceptando. Sé que no es fácil, por ahí anda la mente-ego de nuevo haciéndote pelear con todo y todos.

Esta Aceptación no es resignación, esto lo entendemos cuando logramos aquietar la mente y empezamos a “Sentir” las cosas, sentimos que aceptando firmamos un pacto de Paz con nosotros mismos que cumplimos desde el Corazón con nuestra Esencia Divina, ya que todo lo creamos desde allí, solo que no lo vemos así y vivimos engañados culpando a otros y a las circunstancias por nuestra “suerte”.

Acepta y verás que pasas a percibir lo que te pasa desde esa armonía y tranquilidad que esperas y añoras. Acepta consciente para gozar. Acepta y sé paciente. Todo a su tiempo. ¿Encuentras entre tus ingredientes la Aceptación?

Tercer ingrediente: La Confianza

El miedo que está presente en nuestras vidas hace que la Confianza sea un ingrediente indispensable en esta receta para una Vida Plena. La Confianza es el combustible que alimenta el motor de todo buscador. “Confío… luego existo”. Y persevero en la confianza porque “siento” la perfección de cuanto es. Como aquel no vidente que confía y agudiza sus sentidos para caminar, confiemos y agudicemos nuestro “Todo” para encontrar.

La Confianza es hacia nosotros mismos porque ya estamos “despertando” ¡ahora sí! Doy el paso, me lanzo, salto y confío, no veo… pero siento y confío, no escucho… pero siento y confío. Dudo… entonces recuerdo y confío.

La Confianza es Paz, es animarse a cumplir nuestros sueños sin peros, es empezar a hacer nuestra Vida Plena desde el Amor donde esta Confianza borra todas las dudas del temor. Sazona tu vida con mucha Confianza. ¿Estás preparado?

Cuando avanzas por la vida combinando estos ingredientes iluminas todo con la Luz del Corazón y la Vida Plena va aflorando a cada paso, entre penurias y olvidos vas encontrando perlas divinas de Amor que te muestran que la Vida Plena que tanto buscas ya la vives. Sólo es cuestión de encender tu Luz para que el resplandor aclare tu andar y el de todos. Ya es tiempo.

Diego Alcalde

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¿Cómo crear felicidad?

¿Crear felicidad…?

Cuando estás enamorado, te sorprendes a ti mismo mirando a todo el mundo con ojos distintos; te vuelves generoso, compasivo, bondadoso, donde antes tal vez eras duro y mezquino. E, inevitablemente, los demás comienzan a reaccionar para contigo de la misma manera, y no tardas en comprobar que vives en un mundo de ternura que tú mismo has creado.

En cambio, cuando lo que predomina en ti es el mal humor y te irritas fácilmente y te muestras ruin, suspicaz y hasta paranoide, enseguida compruebas que todo el mundo reacciona ante ti de manera negativa, y te encuentras viviendo en un mundo hostil, creado por tu mente y tus emociones.

¿Cómo podrías intentar crear un mundo feliz, amable y pacífico?

Aprendiendo el sencillo y hermoso, aunque arduo, “arte de mirar”. Se trata de hacer lo siguiente: cada vez que te encuentres irritado o enojado con alguien, a quien tienes que mirar es a ti, no a esa persona. Lo que tienes que preguntarte no es: “¿Qué le pasa a ese individuo?”, sino: “¿Qué pasa conmigo, que estoy tan irritado?”.

Intenta hacerlo ahora mismo. Piensa en alguna persona cuya sola presencia te saque de quicio y formúlate a ti mismo esta dolorosa pero liberadora frase: “La causa de mi irritación no está en esa persona, sino en mí mismo”.

Una vez dicho esto, trata de descubrir por qué y cómo se origina esa irritación.

Primero

En primer lugar, considera la posibilidad, muy real, de que la razón por la que te molestan los defectos de esa persona, o lo que tú supones que lo son, es porque tú mismo tienes esos defectos; lo que ocurre es que los has reprimido, y por eso los proyectas inconscientemente en el otro. Esto sucede casi siempre, aunque casi nadie lo reconoce. Trata, pues de descubrir los defectos de esa persona en tu propio interior, en tu mente inconsciente, y tu irritación se convertirá en agradecimiento hacia dicha persona que con su conducta te ha ayudado a desenmascararte.

Segundo

Otra cosa digna de considerar es la siguiente: ¿No será que lo que te molesta de esa persona es que sus palabras o su comportamiento ponen de relieve algo de tu vida y de ti mismo que tú te niegas a ver? Fíjate cómo nos molestan el místico y el profeta que parecen alejarse mucho de lo místico o de lo profético cuando nos sentimos cuestionados por sus palabras o por su vida.

Tercero

Una tercera cosa también está muy clara: tú te irritas contra esa persona porque no responde a las expectativas que has sido “programado” para abrigar respecto a ella. Tal vez tengas derecho a exigir que esa persona responda a tu “programación” siendo, por ejemplo, cruel o injusta. en cuyo caso no es preciso que sigas considerando esto.

Pero, si tratas de cambiar a esa persona o de poner fin a su comportamiento, ¿no serías mucho más eficaz si no estuvieras irritado? La irritación sólo conseguirá embotar tu percepción y hacer que tu acción sea menos eficaz.

Todo el mundo sabe que, cuando un deportista pierde los nervios, la calidad de su juego decrece, porque la pasión y el acaloramiento le hacen perder coordinación. En la mayoría de los casos, sin embargo, no tienes derecho a exigir que la otra persona responda a tus expectativas; otras personas en tu lugar, ante dicho comportamiento, no experimentarían irritación alguna. No tienes más que pensar detenidamente en esta verdad, y tu irritación se diluirá.

¿No es absurdo por tu parte exigir que alguien viva con arreglo a los criterios y normas que tus padres te han inoculado?

Cuarto

Finalmente, he aquí otra verdad que deberías considerar: teniendo en cuenta la educación, la experiencia y los antecedentes de esa persona seguramente no puede dejar de comportarse como lo hace. Alguien ha dicho, con mucho acierto, que comprender todo es perdonar todo.

Si tú comprendes realmente a esa persona, la considerarás como una persona deficiente, pero no censurable, y tu irritación cesará al instante. Y enseguida comprobarás que comienzas a tratar a esa persona con amor y que ella te responde del mismo modo, y te encontrarás viviendo en un mundo de amor que tú mismo has creado.

Anthony de Mello

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El poder del perdón

El poder del perdón

Todo el mundo ha experimentado la dulce liberación del perdón, así como la dura frialdad de no perdonar. Conoces la diferencia, y sabes lo que tienes invertido en la historia que te impide perdonar. También sabes el alivio que sientes cuando perdonas realmente y te sacudes la carga.

Nuestros padres no eran perfectos. Consciente o inconscientemente hicieron cosas que nos hicieron daño, del mismo modo que nuestros abuelos hicieron cosas que dañaron a nuestros padres. Nuestros amantes, nuestros hijos, nuestros gobiernos y nuestras tribus rivales nos han hecho daño. Ahora es el momento de perdonar.

Cosas horribles

Continuamente se están haciendo cosas horribles en todo el planeta, en nuestras mentes individuales y en la mente colectiva. Perdonar estos horrores no significa necesariamente olvidarlos. Puedes perdonar y soltar sin olvidar. Cuando estás dispuesto a ver todos los horrores de la historia humana, se produce un gran aprendizaje que genera humildad. Por otra parte, también puedes reconocer todo el esfuerzo que es necesario para seguir aferrándose a la historia. Puedes ver que todo el esfuerzo y la atención puestos en aferrarse no son sino una meditación de no-perdón. Las historias siguen repitiéndose, y de forma obsesiva insisten sobre lo que uno debería haber hecho o lo que podría hacer la próxima vez. Esta reproducción continua de la historia agota tu energía. Es extenuante.

Honro la necesidad de recordar y ser testigo del horror que se ha cometido y se sigue cometiendo. Pero, generalmente, llevamos a ese recuerdo más odio, más sufrimiento y desdicha, lo que nos asegura todavía más odio, sufrimiento y desdicha.

¿Qué es lo que no estoy dispuesto a perdonar?

Cuando no estás dispuesto a perdonar y te aferras a una historia de sufrimiento y a quien te lo infligió, no dejas de maldecirle consciente o inconscientemente. Has de hacer lo posible por detener ese karma en ti, por decir: «No, esta vez no va a poder conmigo». Esta es la voluntad de estar en paz. Estar dispuesto a perdonar es el resultado natural de querer ser libre, y te aporta la claridad que te permite reconocer la tentación de aferrarte.

En nuestro deseo de aferramos a la revancha, nos mantenemos alejados de la experiencia de la libertad. Como con todo lo demás, en nuestro deseo de aferramos a una cosa, mantenemos otra alejada. En el deseo de dar algo, en realidad recibimos.

Puedes indagar directamente dentro de ti: ¿Qué es lo que no estoy dispuesto a perdonar? Al hacerlo, encontrarás otra oportunidad de traer a la conciencia lo que no se ve conscientemente, aquello que podría seguir manteniendo tu mente aprisionada. Aquí no se necesita ningún esfuerzo; sólo la voluntad de ser completamente honesto.

Una vez que, honestamente, has visto lo que no estás dispuesto a olvidar, puede que te resulte útil preguntarte: ¿Qué es lo que estoy dispuesto a perdonar? Reconoce el perdón y saboréalo por un momento. Es importante no forzar nada, así como limitarse a dar la bienvenida a todo en el corazón de la consciencia. ¿Puedes perdonar? ¿Puedes aceptar el perdón?

Gangaji

Podemos ayudarte

¿Deseas limpiar de tu alma las sensaciones de culpa y preocupación? ¿Necesitas aprender las lecciones del pasado y  establecer nuevos retos y objetivos? Si de una vez por todas has decido pasar página y poner todo tu Ser a favor de tí y de tus sueños, podemos ayudarte. Hoy es un día perfecto para empezar. Te acompañamos en ese camino apasionante.

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Niños “culpables”

Niños culpables

Una de las maneras de manipular a un niño por medio de la culpa para que haga algo podría ser más o menos como la que se usa en el siguiente ejemplo:

Madre: “Pablo, trae las sillas del sótano porque vamos a comer en un momento”.

Niño: “Bueno mamá, en seguida voy; estoy mirando el partido y lo haré cuando se acabe este tiempo”.

Mensaje materno productor de culpa: “No importa entonces. Yo lo haré… con lo que me duele la espalda. Tú sigue disfrutando el partido”.

Pablo se imagina a su madre cayéndose por las escaleras con seis sillas sobre las espaldas. Y él es el responsable.

El tipo de mentalidad de “Yo me sacrifiqué por ti”, es un productor de culpa sumamente eficiente. Aquí el padre o la madre pueden recordar los momentos difíciles cuando sacrificaron su propia felicidad a fin de que tú tuvieras algo. Cuando te recuerdan tus deudas, tú naturalmente te preguntas cómo puedes ser tan egoísta.

Las referencias a los dolores del parto son uno de los ejemplos de esta actitud productora de culpa. “Sufrí dieciocho horas seguidas sólo para traerte a este mundo.” Otra frase muy eficiente es: “Si seguí casada con tu padre, fue por ti”. Están tratando de hacerte sentir culpable por la infelicidad matrimonial de tu madre.

Manipular

La culpa es uno de los métodos más eficientes que tienen los padres para manipular las acciones de los niños. “Está muy bien. Nosotros nos quedaremos aquí solos. Tú ve y diviértete como siempre lo has hecho. No te preocupes por nosotros”.

Este tipo de comentario sirve mucho para conseguir que llames por teléfono o vayas de visita a menudo a casa de tus padres. Si le das vuelta ligeramente podrás oír algo así como: “¿Qué diablos te pasa? ¿Acaso te has roto el dedo y no puedes marcar un número de teléfono?”.

Los padres enchufan la máquina de la culpa y tú te comportas de acuerdo con ella, vale decir con rencor. La táctica de “Nos dejaste avergonzados” es también muy útil. O: “¿Qué dirán los vecinos?”.

Se recurre a las fuerzas externas para hacerte sentir mal por lo que has hecho y para evitar que pienses por ti mismo. La táctica de “Si llegas a fracasar en algo nos dejarás avergonzados” es un ataque de culpabilidad que puede hacer casi imposible tu vida normal después de haber experimentado el más leve fracaso.

La enfermedad de uno de los padres es un superfabricante de culpa. “Has hecho que me suba la presión.” Alusiones a que “me estás matando” o “provocando un ataque al corazón” son muy eficientes a la vez que te culpabilizan por todas las dolencias típicas de la vejez.

Necesitas hombros muy anchos para poder llevar este tipo de culpa puesto que puede durar toda una vida, literalmente, y si eres muy vulnerable, puedes incluso llegar a sentirte culpable de la muerte de uno de tus padres.

Culpa sexual

La culpa sexual impuesta por los padres es muy común. Todos los pensamientos o comportamientos sexuales son como campos fértiles para el cultivo de la culpa. “Dios no permita que te masturbes. Eso es malo.”

Por medio de la culpa te pueden manipular para que adoptes la actitud sexual apropiada. “Debería darte vergüenza leer esas revistas. Ni siquiera deberías tener esos pensamientos”. La culpabilidad puede estimular ciertos comportamientos socialmente correctos “. ¡Cómo puedes dejarme avergonzada ante la abuela hurgándote la nariz en público!” “Olvidaste darle las gracias. Debería darte vergüenza o ¿es que quieres que nuestros amigos piensen que yo no te enseño nada?”

Comportamiento adecuado

No obstante, es posible ayudar al niño a tener un comportamiento social adecuado sin cargarlo de culpa. Una simple y directa explicación del porqué ese comportamiento es indeseable es un método más eficiente. Por ejemplo, si se le dice a Pablo que sus interrupciones constantes son molestas y no dejan conversar a los mayores se habrá plantado en él la primera semilla evitando la culpa que acompaña a una frase como la siguiente: “Tú siempre interrumpes, debería darte vergüenza, es imposible hablar cuando tú estás cerca”.

Y el sólo hecho de alcanzar la madurez no logra poner fin a la manipulación filial por medio de la culpa. Los ejemplos que dimos más arriba sólo son una pequeña muestra de la infinidad de frases y técnicas que sirven para ayudar al hijo o la hija a escoger la culpa (inmovilidad del momento presente por un suceso del pasado).

Wayne W. Dyer

Podemos ayudarte

A lo largo de la vida, las dos emociones más inútiles son la culpabilidad por lo que se ha hecho y la preocupación por lo que se podría hacer. Si tienes zonas extensas de culpa hay que exterminarlas, limpiarlas y esterilizarlas para siempre. Sácate de encima esas pequeñas “culpas” que infectan tantos sectores de tu vida.

Si deseas limpiar de tu alma las sensaciones de culpa y preocupación, aprender las lecciones del pasado, establecer nuevos retos y objetivos, y poner todo tu Ser a disfrutar en el momento presente a favor de tí y de tus sueños, podemos ayudarte. Hoy es un día perfecto para empezar. Te acompañamos en ese camino apasionante.

Regresión a Vidas Pasadas

 

No existe familia perfecta

No existe familia perfecta. No tenemos padres perfectos, no somos perfectos, no nos casamos con una persona perfecta ni tenemos hijos perfectos. Tenemos quejas de unos a otros. Nos decepcionamos los unos a los otros. Por lo tanto, no existe un matrimonio saludable ni familia saludable sin el ejercicio del perdón.

El perdón es vital para nuestra salud emocional y sobrevivencia espiritual. Sin perdón la familia se convierte en un escenario de conflictos y un bastión de agravios. Sin el perdón la familia se enferma.

El perdón es la esterilización del alma, la limpieza de la mente y la liberación del corazón. Quien no perdona no tiene paz del alma ni comunión con Dios.

El dolor es un veneno que intoxica y mata. Guardar una herida del corazón es un gesto autodestructivo. Es autofagia. Quien no perdona enferma físicamente, emocionalmente y espiritualmente.

Es por eso que la família tiene que ser un lugar de vida y no de muerte; territorio de curación y no de enfermedad; etapa de perdón y no de culpa.

El perdón trae alegría donde un dolor produjo tristeza; y curación, donde el dolor ha causado enfermedad.

Papa Francisco

Si deseas enfrentarte y vencer las resistencias que te están impidiendo perdonar y sentirte perdonado, recuperar la paz en tu familia, y poner todo tu Ser a trabajar a favor de tí y de tus sueños, podemos ayudarte. Hoy es un día perfecto para empezar. Te acompañamos en ese camino apasionante.

Testimonios

Una ventaja decisiva

A pesar de toda nuestra inteligencia, mi cuerpo no distingue la diferencia entre una situación real y un pensamiento. Reacciona a todo pensamiento como si fuera una realidad. No sabe que solo es un pensamiento. Para mi cuerpo, un pensamiento inquietante, que da miedo, significa “estoy en peligro”, y responde de acuerdo con eso aunque esté tumbado en una cama caliente y cómoda por la noche. El corazón late más deprisa, los músculos se contraen, la respiración se acelera. Hay una acumulación de energía, pero como el peligro es sólo una ficción mental, la energía no tiene salida. Una parte realimenta a la ,mente y genera aún más pensamientos de ansiedad. El resto de la energía se vuelve tóxica e interfiere con el funcionamiento armonioso de mi cuerpo.

Si me doy cuenta de esto, puedo decidir en cada momento qué pensamientos quiero tener, y cuáles no.

Eso me da una ventaja decisiva.

Si deseas enfrentarte y vencer esos pensamientos recurrentes que te quitan la paz, y poner todo tu Ser a trabajar a favor de tí y de tus sueños, podemos ayudarte. Hoy es un día perfecto para empezar. Te acompañamos en ese camino apasionante.

Coaching

 

 

El primer movimiento

La relación más importante de tu vida, la relación primordial, es tu relación con el Ahora, o más bien con la forma que adopta el Ahora, es decir, lo que es o lo que ocurre. Si tu relación con el Ahora es disfuncional, esa disfuncionalidad se reflejará en todas las relaciones y en todas las situaciones que te encuentres. Se podría definir el ego simplemente así: una relación disfuncional con el momento presente. Es en este momento cuando puedes decidir qué tipo de relación quieres tener con el momento presente.

Cuando has alcanzado cierto nivel de consciencia (y si estás leyendo esto, es casi seguro que lo has alcanzado), eres capaz de decidir qué tipo de relación quieres tener con el momento presente. ¿Quiero que el momento presente sea amigo o enemigo? El momento presente es inseparable de la vida, así que en realidad estás decidiendo qué clase de relación quieres tener con la vida.

Una vez que has decidido que quieres que el momento presente sea tu amigo, te toca hacer a ti el primer movimiento: mostrarte amistoso con él, darle la bienvenida sin importar el disfraz que adopte, y pronto verás resultados.

Eckhart Tolle

Si sientes el deseo de conectar de verdad con tu momento presente y reconciliarte con la Vida, si necesitas de una vez por todas poner todo tu Ser a trabajar a favor de tí y de tus sueños, podemos ayudarte. Hoy es un día perfecto para empezar. Te acompañamos en ese camino apasionante.

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Niebla

Y era la hora del anochecer. Y el profeta había llegado a las montañas. Sus pasos lo habían llevado a la niebla, y permanecía en pie entre las rocas y los blancos cipreses, oculto de toda cosa, y habló, y dijo:

¡Oh Niebla! hermana mía, aliento blanco aún no encerrada en ningún molde:

Vuelvo a ti, como aliento blanco y sin voz; como una palabra aún no pronunciada.

¡Oh Niebla! mi alada hermana niebla, ahora estamos juntos y juntos estaremos hasta el segundo día de la vida, cuya aurora te depositará, como gotas de rocío, en un jardín, y a mí, como un recién nacido, en el pecho de una mujer, y lo recordaremos todo.

¡Oh Niebla!, hermana mía, vuelvo a ti como un corazón escuchando en tus profundidades; como tu corazón mismo, deseo inquieto y sin objeto, como tu deseo, pensamiento aún no formulado, como tu pensamiento.

¡Oh Niebla!, hermana mía, primogénita de mi madre, mis manos aún asen las verdes semillas que me ordenaste esparcir, y mis labios están sellados con el canto que me ordenaste cantar; y no te traigo ningún fruto, ni eco alguno, pues mis manos eran ciegas, y mis labios, estériles.

¡Oh Niebla!, hermana mía, mucho amé al mundo, y el; mundo me amó, pues todas mis sonrisas estuvieron en labios del mundo, y todas las lágrimas del mundo estuvieron en mis ojos. Sin embargo, hubo entre nosotros un golfo de silencio, que no pudimos franquear, y que no pude trasponer.

¡Oh Niebla!, hermana mía, inmortal hermana Niebla: canté los viejos cantos a mis hijos, y ellos los escucharon, ‘y hubo una expresión de sorpresa en sus rostros; pero mañana, acaso, olviden el canto. Y aunque no era mío ese canto, descendió a mi corazón, y vivió un momento en mis labios.

¡Oh Niebla!, hermana mía, aunque todo esto ha acaecido, yo estoy en paz. Fue bastante el cantarles a aquellos que ya habían nacido. Y aunque el canto, en verdad no es mío, encierra, no obstante, el más profundo deseo de mi corazón.

¡Oh Niebla!, hermana mía, hermana Niebla, ahora soy uno contigo. No soy ya un ego. Los muros han caído, y las cadenas se han roto; me elevo hasta ti, yo mismo como niebla, y ,juntos flotaremos sobre el mar, hasta el segundo día de la vida, cuando la aurora nos deposite, a ti, como gotas de rocío en un jardín, y a mí, como a un recién nacido, en el pecho de una mujer.

Khalil Gibran

No renuncies a nada

Me gustaría tanto… pero no, no es posible…siento vértigo.

¿Pero qué me causa ese miedo? Me paro a pensar y sí, es cierto, mi miedo nace de la forma que tengo de ver las cosas y las situaciones, y de las consignas de mi mente. ¡Pero qué difícil es romper las fronteras de mi mente! Prefiero lo conocido al cambio… separo con una línea muy gruesa lo posible de lo imposible…  y me quedo tranquilo dentro de mi cárcel.

Prueba analizar con calma el origen de tus miedos, tus cárceles imaginarias, y verás que las fronteras que separan lo posible de lo imposible sólo están en tu mente… La realidad no conoce fronteras, la naturaleza no conoce fronteras, el universo no las conoce, somos los hombres quienes nos empeñamos en dibujarlas.

No renuncies a nada. Entre ti, y tus sueños, no dibujes fronteras.

Donde no hay Belleza

Al cabo de un rato, otro de sus discípulos le preguntó: Maestro, háblanos del ser. ¿Qué significa ser?

Y Almustafá le dedicó una larga mirada de amor. Y se puso en pie, y dio unos pasos, a cierta distancia de ellos; luego, regresó y dijo:

En este jardín yacen mi padre y mi madre, enterrados por las manos de los vivientes; y en este jardín yacen enterradas las semillas del año pasado, traídas aquí en alas del viento. Mil veces serán enterrados aquí mi padre y mi madre, y mil veces el viento enterrará semillas; y dentro de mil años, vosotros, y yo, y estas flores, nos reuniremos en este jardín, como ahora, y seremos, con nuestro mismo amor por la vida, y seremos, soñando en el espacio, y seremos, alzándonos hacia el sol.

Pero, ahora, ser es ser sabios, mas no ajenos a los insensatos; es ser fuertes, mas no insensibles a los errores del débil; es jugar con vuestros niños, pero no como padres, sino como compañeros de juego, dispuestos a aprender sus juegos.

Ser es ser simples, afables con los ancianos y las ancianas, y sentarse con ellos a la sombra de sus antiguos robles, aunque todavía estén caminando con la Primavera.

Es buscar al poeta, aunque esté vivo más allá de siete ríos, y estar en pz en su presencia, sin querer nada, sin dudar de nada, y sin preguntas en vuestros labios (…).

Ser es seguir a la Belleza, aunque os conduzca al borde del precipicio, y aunque ella es alada, y vosotros no, y aunque vaya más allá del borde del precipicio, seguidla; porque donde no hay Belleza, no hay nada.

Khalil Gibran

 

Un paso para tu despertar

El dolor existe porque rechazo que lo único sustancial es el amor. Cuando despejo el camino, y permito fluir ese amor-felicidad que soy, descubro que el dolor no es nada concreto ni sustancial por sí mismo, sino mi incapacidad para percibir el amor-felicidad que soy. Como la oscuridad, que no existe, sino que es consecuencia de la menor percepción de la luz.

La vida es en sí un puro gozo. Sólo los obstáculos de mi mente me impiden disfrutarla plenamente. Son las resistencias que pone mi programación las que me impiden ser feliz. De no tropezar con esas resistencias habría en mi una armonía igual a la que existe en la naturaleza. Más incluso aún, pues yo soy el rey de esa naturaleza, porque tengo la sensibilidad que necesito para captar la bondad, la felicidad y la belleza, porque yo soy creativo y creador de realidad, capaz no sólo de ser feliz, sino de crear amor y felicidad a manos llenas.

Con sólo observar todo esto ya estás dando un paso para tu despertar. Todo depende de tu reacción, y ésta depende de tu programación; y si eres capaz de observar esto y comprenderlo, ya tendrás bastante.

Anthony de Mello

Si deseas enfrentarte y vencer a las resistencias que te están impidiendo ser feliz, y poner todo tu Ser a favor de tí, podemos ayudarte. Hoy es un día perfecto para empezar. Te acompañamos en ese camino apasionante.

http://evolucion.center/servicios-personas/coaching/

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