Archive

Trece pasos hacia la paz interior

Buscamos la felicidad fuera

Buscamos la felicidad fuera de nosotros; miramos tan lejos que no podemos divisar el horizonte; cerramos todas las puertas de acceso hacia nosotros mismos. Somos mendigos de todo lo ajeno; pordioseros de lo que habita fuera de nosotros mismos.

Reclamamos que los otros nos hagan sentimos bien, nos procuren dicha y diversión, nos afirmen y aprueben, nos produzcan gusto y sosiego. Pero la fuente de dicha y sosiego está dentro de nosotros, porque es ahí donde sentimos, experimentamos, vivenciamos y en última instancia vivimos.

En el mundo exterior podemos hallar confort, diversión, encuentro y desencuentro, placer y sufrimiento, pero el tesoro de la inconmovible paz interior está en nosotros mismos.

Nadie te puede procurar ese sosiego. No podemos desplazar nuestra responsabilidad y poner el sosiego y la dicha en la falsa idea de que los demás nos los tienen que proporcionar. Esa actitud es nociva e infantil; se basa en expectativas que antes o después se sentirán defraudadas.

Es como la persona ganada por el tedio que culpa a los demás de su propio aburrimiento. Pero uno mismo debe convertirse en su maestro y viajar hacia el tesoro interior, pues reclamamos de fuera lo que habita dentro. Hemos de emprender sin demora la senda hacia nuestra quietud interior (…).

Los trece pasos de la senda hacia la paz interior:

1 – Trabajar sobre la mente para liberada de ofuscación, avidez y odio, a fin de que pueda florecer el lado más luminoso, claro y constructivo de la misma.

2 – Desarrollar un saludable autocontrol, que nos permita refrenar la apatía, la pereza, la negligencia y la confusión mental.

3 – Desplegar el entendimiento correcto para poner la energía en esencial y no en lo inesencial.

4 – Vigilar los pensamientos, las palabras y los actos, haciéndolos más lúcidos e inegoístas.

5 – Desarrollar una conducta más virtuosa y menos egoísta y egocéntrica, pudiendo así evitar culpas y arrepentimientos.

6 – Evitar relacionamos sistemáticamente con personas innobles, confusas y malintencionadas; en lo posible asociamos con individuos sensibles, nobles, sabios y bienintencionados.

7 – Ser indiferentes al halago o al insulto, a la aprobación o a la desaprobación.

8 – Ejercitarse en el desasimiento y el desapego, mediante la atención vigilante, la ecuanimidad, el desenvolvimiento de la compasión, el sometimiento del ego y el saludable autodominio.

9 – Comprender las necesidades ajenas y evitar herir a las otras criaturas.

10 – Renunciar al aferrante sentido de posesividad, saber soltar y fluir.

11 – Valorar la amistad y tender vínculos de genuino amor y sana afectividad.

12 – Tratar de ser uno mismo y mantener la firmeza y equilibrio demente a pesar de las inevitables vicisitudes vitales.

13 – No cejar en el empeño de mejorar, porque «gradualmente, poco a poco, de uno a otro instante, el sabio elimina sus propias impurezas como el fundidor elimina la escoria de la plata».

Nuestra energía de ser

Ese místico y poeta excepcional llamado Kabir escribía, a propósito de ese gran tesoro interior que es nuestra energía de ser, lo siguiente: «He encontrado algo realmente excepcional; nadie puede calcular su valor… Yo moro en él y él mora en mí, formamos una unidad, como agua con agua mezclada. Aquel que lo conoce nunca morirá».

Ramiro Calle

Visita en nuestra web nuestros servicios y la programación de retiros y cursos

¿El amor es ciego?

¿El amor es ciego?

Se dice que el amor es ciego. Pero ¿lo es de veras? De hecho, nada hay en el mundo tan clarividente como el amor. Lo que es ciego no es el amor, sino el apego: ese estado de obcecación que proviene de la falsa creencia de que algo o alguien te es del todo necesario para ser feliz.

Imagínate un político…

Imagínate a un político que está convencido de que no puede ser feliz si no alcanza el poder: la búsqueda del poder va a endurecer su sensibilidad para el resto de su vida. Apenas tiene tiempo para dedicarlo a su familia y a sus amigos. De pronto ve a todos los seres humanos -y reacciona ante ellos- en función de la ayuda o la amenaza que puedan suponer para su ambición

Y los que no suponen ninguna de las dos cosas ni siquiera existen para él. Si además de este ansia de poder, está apegado a otras cosas, como el sexo o el dinero, el pobre hombre será tan selectivo en sus percepciones que casi puede afirmarse que está ciego. Esto es algo que ve todo el mundo, excepto él mismo. Y es también lo que conduce al rechazo de la verdad, la belleza y la bondad, porque uno se ha hecho ciego para percibirlas.

Imagínate a ti mismo escuchando una orquesta…

Imagínate ahora a ti mismo escuchando una orquesta cuyos timbales suenan tan fuerte que hacen que no se oiga nada más. Naturalmente, para disfrutar de una sinfonía tienes que poder oír cada uno de los instrumentos.

Del mismo modo, para vivir en ese estado que llamamos “amor” tienes que ser sensible a la belleza y al carácter único de cada una de las cosas y personas que te rodean.

Difícilmente podrás decir que amas aquello que ni siquiera ves: y si únicamente ves a unos cuantos seres, pero excluyes a otros, eso no es amor ni nada que se le parezca, porque el amor no excluye absolutamente a nadie, sino que abraza la vida entera: el amor escucha la sinfonía como un todo, y no únicamente tal o cual instrumento.

Detente ahora por unos instantes

Detente ahora por unos instantes y observa cómo tus apegos -al igual que el apego del político al poder, o el del hombre de negocios al dinero- te impiden apreciar debidamente la sinfonía de la vida.

O tal vez prefieras verlo de esta otra manera: existe una enorme cantidad de información que, procedente del mundo que te rodea, afluye hacia ti a través de los sentidos, los tejidos y los diversos órganos de tu cuerpo, pero tan sólo una pequeña parte de esa información consigue llegar a tu mente consciente.

Es algo parecido a lo que ocurre con la inmensa cantidad de “feedback” que se envía al Presidente de una nación: sólo una mínima parte de la misma llega hasta él, porque alguien de su entorno se encarga de filtrar y tamizar dicha información.

¿Quién decide, pues, lo que finalmente, de entre todo el material que te llega del mundo circundante se abre camino hasta tu mente consciente? Hay tres “filtros” que actúan de manera determinante: tus apegos, tus creencias y tus miedos.

Tres filtros

En primer lugar, tus apegos: inevitablemente, siempre prestarás atención a lo que favorece o pone en peligro dichos apegos, y fingirás no ver lo demás. Lo demás no te interesará más de cuanto pueda interesarle al avaro hombre de negocios cualquier cosa que no suponga hacer dinero.

En segundo lugar, tus creencias: piensa por un momento en el individuo fanático que tan sólo se fija en aquello que confirma lo que él cree y apenas percibe cuanto pueda ponerlo en entredicho, y comprenderás lo que tus creencias suponen para ti.

Finalmente, tus miedos: si supieras que ibas a ser ejecutado dentro de una semana, tu mente se centraría exclusivamente en ello y no podrías pensar en otra cosa. Esto es lo que hacen los miedos: fijar tu atención en determinadas cosas, excluyendo todas las demás.

Piensas equivocadamente que tus miedos te protegen, que tus creencias te han hecho ser lo que eres y que tus apegos hacen de tu vida algo apasionante y firme. Y no ves, sin embargo que todo ello constituye una especie de pantalla o filtro entre ti y la sinfonía de la vida.

Empezar a percibir las cosas como realmente son

Naturalmente, es del todo imposible ser plenamente consciente de todas y cada una de las notas de dicha sintonía. Pero, si logras mantener tu espíritu libre de obstáculos y tus sentidos abiertos, comenzarás a percibir las cosas tal como realmente son y a establecer una interacción mutua con la realidad, y quedarás cautivado por la armonía del universo.

Entonces comprenderás lo que es Dios, porque al fin habrás entendido lo que es el amor.

Míralo de este modo: tú ves a las personas y las cosas, no tal como ellas son, sino tal como eres tú.

Si quieres verlas tal como ellas son, debes prestar atención a tus apegos y a los miedos que tales apegos engendran. Porque, cuando encaras la vida, son esos apegos y esos miedos los que deciden qué es lo que tienes que ver y lo que tienes que ignorar. Y sea cual sea lo que veas, ello va a absorber tu atención. Ahora bien, como tu mirar es selectivo, tienes una visión engañosa de las cosas y las personas que te rodean.

Y cuanto más se prolongue esa visión deformada, tanto más te convencerás de que ésa es la verdadera imagen del mundo, porque tus apegos y tus miedos no dejan de procesar nuevos datos que refuercen dicha imagen.

Esto es lo que da origen a tus creencias, las cuales no son sino formas fijas e inmutables de mirar una realidad que de por sí, no es fija ni inmutable, sino móvil y en constante cambio.

Así pues, el mundo con el que te relacionas y al que amas no es ya el mundo real, sino un mundo creado por tu propia mente. Sólo cuando consigas renunciar a tus creencias, a tus miedos y a los apegos que los originan, te verás libre de esa insensibilidad que te hace ser tan sordo y tan ciego para contigo mismo y para con el mundo.

Anthony de Mello

Visita en nuestra web nuestros servicios y propuesta de actividades

¿Qué puede hacerse para alcanzar la felicidad?

Alcanzar la felicidad

¿Qué puede hacerse para alcanzar la felicidad?  No hay nada que tú ni cualquier otro podáis hacer. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que ahora mismo ya eres feliz, ¿y cómo vas a adquirir lo que ya tienes?

Pero, si es así, ¿por qué no experimentas esa felicidad que ya posees? Pues, simplemente, porque tu mente no deja de producir infelicidad. Arroja esa infelicidad de tu mente, y al instante aflorará al exterior la felicidad que siempre te ha pertenecido.

¿Y cómo se arroja fuera la infelicidad? Descubre qué es lo que la origina y examina la causa abiertamente y sin temor: la infelicidad desaparecerá automáticamente.

Ahora bien, si te fijas como es debido, verás que hay una sola cosa que origina la infelicidad: el apego.

El apego

¿Y qué es un apego? Es un estado emocional de vinculación compulsiva a una cosa o persona determinada, originado por la creencia de que sin esa cosa o persona no es posible ser feliz.

Tal estado emocional se compone de dos elementos; uno positivo y otro negativo. El elemento positivo es el fogonazo del placer y la emoción, el estremecimiento que experimentas cuando logras aquello a lo que estás apegado. El elemento negativo es la sensación de amenaza y de tensión que siempre acompaña al apego.

Imagínate a alguien encerrado en un campo de concentración y que no deja de engullir comida: con una mano se lleva la comida a la boca, mientras que con la otra protege la comida restante de la codicia de sus compañeros de encierro, que tratarán de arrebatársela en cuanto baje la guardia. He ahí la imagen perfecta de la persona apegada. Por su propia naturaleza, el apego te hace vulnerable al desorden emocional y amenaza constantemente con hacer añicos tu paz. ¿Cómo puedes esperar, entonces, que una persona apegada acceda a ese océano de felicidad que llamamos el “Reino de Dios”? ¡Es como esperar que un camello pase por el ojo de una aguja!

Ahora bien, lo verdaderamente trágico del apego es que, si no se consigue su objeto, origina infelicidad; y, si se consigue, no origina propiamente la felicidad, sino que simplemente produce un instante de placer, seguido de la preocupación y el temor de perder dicho objeto. Dirás:

Entonces, ¿no puedo tener ni un solo apego?

Por supuesto que sí. Puedes tener todos los apegos que quieras. Pero por cada uno de ellos tendrás que pagar un precio en forma de pérdida de felicidad. Fíjate bien: los apegos son de tal naturaleza que, aun cuando lograras satisfacer muchos de ellos a lo largo de un día, con que sólo hubiera uno que no pudieras satisfacer, bastaría para obsesionarte y hacerte infeliz. No hay manera de ganar la batalla de los apegos. Pretender un apego sin infelicidad es algo así como buscar agua que no sea húmeda. Jamás ha habido nadie que haya dado con la fórmula para conservar los objetos de los propios apegos sin lucha, sin preocupación, sin temor y sin caer, tarde o temprano, derrotado.

En realidad, sin embargo, sí hay una forma de ganar la batalla de los apegos: renunciar a ellos.

Contrariamente a lo que suele creerse, renunciar a los apegos es fácil. Todo lo que hay que hacer es ver, pero ver realmente, las siguientes verdades.

Primera verdad: estás aferrado a una falsa creencia, a saber, la de que sin una cosa o persona determinada no puedes ser feliz. Examina tus apegos uno a uno y comprobarás la falsedad de semejante creencia. Tal vez tu corazón se resista a ello; pero, en el momento en que consigas verlo, el resultado emocional se producirá de inmediato, y en ese mismo instante el apego perderá su fuerza.

Segunda verdad: si te limitas a disfrutar las cosas, negándote a quedar apegado a ellas, es decir negándote a creer que no podrás ser feliz sin ellas, te ahorrarás toda la lucha y toda la tensión emocional que supone el protegerlas y conservarlas. ¿No conoces lo que es poder conservar todos los objetos de tus distintos apegos, sin renunciar a uno sólo de ellos, y poder disfrutarlos más aún a base de no apegarte ni aferrarte a ellos, porque te encuentras pacífico y relajado y no sientes la menor amenaza en relación a su disfrute?

Tercera y última verdad: si aprendes a disfrutar el aroma de un millar de flores, no te aferrarás a ninguna de ellas ni sufrirás cuando no puedas conseguirla. Si tienes mil platos favoritos, la pérdida de uno de ellos te pasará inadvertida, y tu felicidad no sufrirá menoscabo. Pero son precisamente tus apegos los que te impiden desarrollar un más amplio y más variado gusto por las cosas y las personas.

A la luz de estas tres verdades, no hay apego que sobreviva. Pero la luz, para que tenga efecto, debe brillar ininterrumpidamente. Los apegos sólo pueden medrar en la oscuridad del engaño y la ilusión. Si el rico no puede acceder al reino del gozo y de la alegría, no es porque quiera ser malo, sino porque decide ser ciego.

Anthony de Mello

Visita en nuestra web nuestros servicios y propuesta de actividades

¿Has sido “programado” para ser infeliz?

¿Has pensado alguna vez que has sido programado para ser infeliz?

¿Has pensado alguna vez que has sido “programado” para ser infeliz y que, por lo tanto, hagas lo que hagas para obtener la felicidad, estás abocado al fracaso? Es como si introdujeras una serie de ecuaciones matemáticas en un ordenador, y éste fallara cada vez que pulsas el teclado para obtener un pasaje de Shakespeare.

Si quieres ser feliz, no necesitas hacer ningún tipo de esfuerzo; ni siquiera necesitas buena voluntad o buenos deseos, sino comprender con claridad de qué manera has sido “programado” exactamente. Lo que ha ocurrido es lo siguiente: primero, tu sociedad y tu cultura te han enseñado a creer que no puedes ser feliz sin determinadas personas y determinadas cosas. Echa un vistazo a tu alrededor. y por todas partes verás a personas que en realidad han construido sus vidas sobre la creencia de que sin determinadas cosas -dinero, poder, éxito, aceptación, fama, amor, amistad, espiritualidad, Dios…- no pueden ser felices. ¿Cuál es la combinación exacta en tu caso?

Una vez que te has “tragado” tu creencia, has desarrollado instintivamente un especial apego a esa persona o cosa, sin la que estabas convencido de no poder ser feliz. Luego vinieron los consabidos esfuerzos por adquirirla, aferrarte a ella una vez conseguida y eliminar toda posibilidad de perderla. Todo ello te llevó, finalmente, a una servil dependencia emocional de ella, hasta el punto de concederle el poder de hacerte estremecer al conseguirla, de angustiarte ante la posibilidad de verte privado de ella y de entristecerte en el caso de perderla efectivamente.

Detente

Detente ahora por unos momentos y contempla horrorizado la lista interminable de ataduras que te tienen preso. Piensa en cosas y personas concretas, no en abstracciones… Una vez que tu apego a ellas se hubo apoderado de ti, comenzaste a esforzarte al máximo, en cada instante de tu vida consciente, por reordenar el mundo que te rodeaba, en orden a conseguir y conservar los objetos de tu adhesión.

Es ésta una agotadora tarea que apenas te deja energías para dedicarte a vivir y disfrutar plenamente de la vida. Pero, además, es una tarea imposible en un mundo que no deja de cambiar y que tú, sencillamente, no eres capaz de controlar.

Por eso, en lugar de una vida de plenitud y serenidad, estás condenado a vivir una vida de frustración, ansiedad, preocupación, inseguridad, incertidumbre y tensión.

Durante unos pocos y efímeros momentos, el mundo, efectivamente, cede a tus esfuerzos y se acomoda a tus deseos, y gozas entonces de una pasajera felicidad. Mejor dicho: experimentas un instante de placer, que en modo alguno constituye la felicidad, porque viene acompañado de un difuso temor a que, en cualquier momento, ese mundo de cosas y personas que con tanto esfuerzo has conseguido construir escape a tu control y te llene de frustración, que es algo que, tarde o temprano, acaba siempre por suceder.

Hay algo que conviene meditar…

Hay algo aquí que conviene meditar: siempre que te encuentras inquieto o temeroso, es porque puedes perder o no conseguir el objeto de tu deseo. ¿no es verdad?

Y siempre que sientes celos, ¿no es porque alguien puede llevarse aquello a lo que tú estás apegado? (¿Acaso tu irritación no se debe a que alguien se interpone entre ti y lo que deseas?) Observa la paranoia que te entra cuando ves amenazado el objeto de tu adhesión o de tu afecto: no eres capaz de pensar con objetividad, y toda tu visión se deforma, ¿no es así?

Y cuando te encuentras fastidiado, ¿no es porque no has conseguido en suficiente medida lo que tú crees que puede hacerte feliz o aquello por lo que sientes apego?

Y cuando estás deprimido y triste, ¿acaso no ve todo el mundo que es porque la vida no te da aquello sin lo que estás convencido de que no puedes ser feliz?

Casi todas las emociones negativas que experimentas son fruto directo de un apego de este tipo.

Así pues, estás agobiado por la carga de tus ataduras… y luchando desesperadamente por alcanzar la felicidad precisamente aferrándote a dicha carga. La sola idea es verdaderamente absurda.

Pero lo trágico es que ése es el único método que nos han enseñado para lograr la felicidad (un método seguro, por otra parte, para producir desasosiego, frustración y tristeza). A casi nadie le han enseñado que, para ser auténticamente feliz, una sola cosa es necesaria: desprogramarse, liberarse de esas ataduras.

Liberarse de ataduras

Cuando uno descubre esta palmaria verdad, le aterra pensar el dolor que puede suponerle el liberarse de sus ataduras. Pero lo cierto es que no se trata de un proceso doloroso, ni mucho menos. Al contrario: liberarse de las ataduras constituye una tarea absolutamente gratificante, con tal de que el instrumento empleado para ello no sea la fuerza de voluntad ni la renuncia, sino la visión.

Todo cuanto tienes que hacer es abrir los ojos y ver que, de hecho, no necesitas en absoluto eso a lo que estás tan apegado; que has sido programado y condicionado para creer que no puedes ser feliz o que no puedes vivir sin esa persona o cosa determinada.

Seguramente recuerdas la angustia que experimentaste cuando perdiste a alguien o algo que era para ti de incalculable valor; probablemente estabas seguro de que nunca más volverías a ser feliz. Pero ¿qué sucedió después? Pasó el tiempo, y aprendiste a arreglártelas perfectamente,¿no es así? Aquello debería haberte hecho ver la falsedad de tu creencia, la mala pasada que estaba jugándote tu mente “programada”.

Un apego es una creencia, una fantasía de la mente

Un apego no es un hecho. Es una creencia, una fantasía de tu mente, adquirida mediante una “programación”. Si esa fantasía no existiera en tu mente, no estarías apegado. Amarías las cosas y a las personas y disfrutarías de ellas; pero, al no existir la creencia, disfrutarías de ellas sin atadura de ningún tipo.

Anthony de Mello

Visita en nuestra web nuestros servicios y propuesta de actividades

Tu programación

Si observas…

Si observas de qué modo estás hecho y cómo funcionas, descubrirás que hay en tu mente todo un “programa“, toda una serie de presupuestos acerca de cómo debe ser el mundo, cómo debes ser tú mismo y qué es lo debes desear.

¿Quién es el respnsable de tu programación?

¿Quién es el responsable de ese “programa” Tú no, desde luego. No eres realmente tú quien ha decidido cosas tan fundamentales como son tus deseos y exigencias, tus necesidades, tus valores, tus gustos, tus actitudes…

Han sido tus padres, tu sociedad, tu cultura, tu religión y tus experiencias pasadas las que han introducido en tu “ordenador” las normas de funcionamiento. Ahora bien, sea cual sea tu edad y vayas adonde vayas, tu “ordenador” va contigo y actúa y funciona en cada momento consciente del día, insistiendo imperiosamente en que sus exigencias deben ser satisfechas por la vida, por la gente y por ti mismo.

De hacerlo así, el “ordenador” te permitirá vivir pacífica y felizmente: de lo contrario, y aunque tú no tengas la culpa, generará unas emociones negativas que te harán sufrir.

¿Qué pasa si no sucede lo que tu ordenador espera?

Cuando, por ejemplo, otras personas no viven con arreglo a las expectativas de tu “ordenador”, éste te atormenta a base de frustración, de ira, de amargura… O cuando, por ejemplo, las cosas escapan a tu control, o el futuro es incierto, tu “ordenador” insiste en que experimentes ansiedad, tensión, preocupación… Entonces empleas un montón de energías en hacer frente a esas emociones negativas.

Y generalmente te las apañas para gastar aún más energías en intentar cambiar el mundo que te rodea, al objeto de satisfacer las exigencias de tu “ordenador”. Con lo cual obtienes una cierta dosis de una paz bastante precaria, porque en cualquier momento la menor nimiedad (un tren que se retrasa, una grabadora que no funciona, una carta que no llega…) no es conforme con el programa de tu “ordenador”, y éste se empeñará en que vuelvas a preocuparte de nuevo.

Por eso llevas una existencia patética, siempre a merced de las cosas y las personas, tratando desesperadamente de que se ajusten a las exigencias de tu “ordenador”, a fin de poder tú disfrutar de la única paz que conoces: una tregua temporal de tus emociones negativas, cortesía de tu “ordenador” y de tu “programa”.

¿Tiene esto solución?

¿Tiene esto solución? Por supuesto que sí. Naturalmente, no podrás cambiar tu “programa” de buenas a primeras, o quizá nunca. Pero ni siquiera lo necesitas.

Intenta lo siguiente:

Imagina que te encuentras en una situación o con una persona que te resulta desagradable y que ordinariamente tratas de evitar. Observa ahora cómo tu “ordenador” entra instintivamente en funcionamiento e insiste en que evites dicha situación o trates de modificarla.

Si consigues resistir y te niegas a modificar la situación, observa cómo el “ordenador” se empeña en que experimentes irritación, ansiedad, culpabilidad o cualquier otra emoción negativa.

Sigue considerando esa situación (o persona) desagradable hasta que caigas en la cuenta de que no es ella la que origina las emociones negativas (ella se limita a “estar ahí” y a desempeñar su función bien o mal, acertada o equivocadamente: es lo de menos). Es tu “ordenador” el que, gracias al “programa”, se empeña en que tú reacciones a base de emociones negativas.

Lo verás mejor si logras comprender que hay personas que, con un programa diferente, y frente a esa misma situación, persona o acontecimiento, reaccionan con absoluta calma y hasta con gusto y contento.

No cejes hasta haber captado esta realidad: la única razón por la que tú no reaccionas de ese modo es porque tu “ordenador” insiste obstinadamente en que es la realidad la que debe ser modificada para ajustarse a su “programa”. Observa todo esto desde fuera, por así decirlo, y comprueba el prodigioso cambio que se produce en ti.

Una vez que hayas comprendido…

Una vez que hayas comprendido esta verdad y, consiguientemente, haya dejado tu “ordenador” de generar emociones negativas, puedes emprender cualquier acción que creas conveniente. Puedes evitar la situación o a la persona en cuestión;  tratar de cambiarla; puedes insistir en que se respeten tus derechos o los derechos de los demás; incluso puedes recurrir al uso de la fuerza…

Pero sólo después de haber conseguido liberarte de tus trastornos emocionales, porque sólo entonces tu acción nacerá de la paz y del amor, no del deseo neurótico de satisfacer a tu “ordenador”, de ajustarte a su “programa” o de liberarte de las emociones negativas que genera.

Y sólo entonces comprenderás cuán profunda es la sabiduría de estas palabras: “Al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto; y a quien te fuerce a caminar una milla, acompáñalo dos”. Porque te resultará evidente que la verdadera opresión proviene, no de las personas que pleitean contigo ni de quien te somete a un trabajo excesivo, sino de tu “ordenador, cuyo “programa” acaba con la paz de tu mente en el momento en que las circunstancias externas dejan de ajustarse a sus exigencias.

Se sabe de personas que han sido felices… ¡incluso en el opresivo clima de un campo de concentración! De lo que necesitas ser liberado es de la opresión de tu “programa”. Sólo así podrás experimentar la libertad interior que está en el origen de toda revolución social, porque esa intensísima emoción, esa pasión que brota en tu corazón a la vista de los males sociales y te impulsa a la acción, tendrá su origen en la realidad, no en tu “programa” ni en tu ego.

Anthony de Mello

Visita en nuestra web nuestros servicios y propuesta de actividades

¿Sabes cuál es la causa de la infelicidad?

La infelicidad tiene una sola causa

Echa un vistazo al mundo y observa la infelicidad que hay en torno a ti y dentro de ti mismo. ¿Acaso sabes cuál es la causa de tal infelicidad? Probablemente digas que la causa es la soledad, o la opresión, o la guerra, o el odio, o el ateísmo… Y estarás equivocado. La infelicidad tiene una sola causa: las falsas creencias que albergas en tu mente; creencias tan difundidas, tan comúnmente profesadas, que ni siquiera se te ocurre la posibilidad de ponerlas en duda.

Debido a tales creencias ves el mundo y te ves a ti mismo de una manera deformada. Estás tan profundamente “programado” y padeces tan intensamente la presión de la sociedad que te ves literalmente obligado a percibir el mundo de esa manera deformada. Y no hay solución, porque ni si quiera sospechas que tu percepción está deformada, que piensas de manera equivocada, que tus creencias son falsas.

Mira alrededor tuyo

Mira alrededor tuyo y trata de encontrar a una sola persona que sea auténticamente feliz: sin temores de ningún tipo, libre de toda clase de inseguridades, ansiedades, tensiones, preocupaciones… Será un milagro si logras encontrar a una persona así entre cien mil. Esto debería hacerte sospechar de la “programación” y las creencias que tanto tú como esas personas tenéis en común.

Pero resulta que también has sido “programado” para no abrigar sospechas ni dudas, y para limitarte a confiar en lo que tu tradición, tu cultura, tu sociedad y tu religión te dicen que des por sentado. Y si no eres feliz, ya has sido adiestrado para culparte a ti de ello, no a tu “programación” ni a tus ideas y creencias culturalmente heredadas. Pero lo que empeora aún más las cosas es el hecho de que la mayoría de las personas han sufrido tal lavado de cerebro que ni siquiera se dan cuenta de lo infelices que son…: como el hombre que sueña y no tiene ni idea de que está soñando.

¿Cuáles son esas falsas creencias que te apartan de la felicidad? Veamos algunas.

 “No puedes ser feliz sin las cosas a las que estás apegado y que tanto estimas

Falso. No hay un solo momento en tu vida en el que no tengas cuanto necesitas para ser feliz. Piensa en ello durante un minuto… La razón por la que eres infeliz es porque no dejas de pensar en lo que no tienes, en lugar de pensar más bien en lo que tienes en este momento.

La felicidad es cosa del futuro

No es cierto. Tú eres feliz aquí y ahora; pero no lo sabes.

Porque tus falsas creencias y tu manera deformada de percibir las cosas te han llenado de miedos, de preocupaciones, de ataduras, de conflictos, de culpabilidades y de una serie de “juegos” que has sido “programado” para jugar. Si lograras ver a través de toda esa maraña, comprobarías que eres feliz… y no lo sabes.

 “La felicidad te sobrevendrá cuando logres cambiar la situación en que te encuentras y a las personas que te rodean

Otra falsa creencia: Tampoco es cierto. Estás derrochando estúpidamente un montón de energías tratando de cambiar el mundo. Si tu vocación en la vida es la de cambiar el mundo: ¡adelante, cámbialo!; pero no abrigues la ilusión de que así lograrás ser feliz. Lo que te hace feliz o desdichado no es el mundo ni las personas que te rodean, sino los pensamientos que albergas en tu mente.

Tan absurdo es buscar la felicidad en el mundo exterior a uno mismo como buscar un nido de águilas en el fondo del mar. Por eso, si lo que buscas es la felicidad, ya puedes dejar de malgastar tus energías tratando de remediar tu calvicie, o de conseguir una figura atractiva, o de cambiar de casa, de trabajo, de comunidad, de forma de vivir o incluso de personalidad.

¿No te das cuenta de que podrías cambiar todo eso, tener la mejor de las apariencias, la más encantadora personalidad, vivir en el lugar más hermoso del mundo… y, a pesar de ello, seguir siendo infeliz?

En el fondo, tú sabes que esto es cierto; sin embargo, te empeñas en derrochar esfuerzos y energías tratando de obtener lo que sabes muy bien que no puede hacerte feliz.

 “Si se realizan todos tus deseos, serás feliz

Otra falsa creencia más: También esto es absolutamente falso. De hecho, son precisamente esos deseos los que te hacen vivir tenso, frustrado, nervioso, inseguro y lleno de miedos.

Haz una lista

Haz una lista de todos tus apegos y deseos, y a cada uno de ellos dile estas palabras: “En el fondo de mi corazón, sé que aunque te obtenga no alcanzaré la felicidad“. Reflexiona sobre la verdad que encierran estas palabras. Lo más que puede proporcionarte el cumplimiento de un deseo es un instante de placer y de emoción. Y no hay que confundir eso con la felicidad.

¿Qué es entonces la felicidad?

¿Qué es entonces, la felicidad? Muy pocas personas lo saben, y nadie puede decírtelo, porque la felicidad no puede ser descrita. ¿Acaso puedes describir lo que es la luz a una persona que no ha conocido en toda su vida más que la oscuridad? ¿O puedes quizá describir la realidad a alguien durante un sueño? Comprende tu oscuridad, y ésta se desvanecerá; entonces sabrás lo que es la luz. Comprende tu pesadilla como tal pesadilla, y ésta cesará; entonces despertarás a la realidad. Comprende tus falsas creencias, y éstas perderán fuerza; entonces conocerás el sabor de la felicidad.

Comprender nuestras falsas creencias

Si las personas desean tanto la felicidad, ¿por qué no intentan comprender sus falsas creencias? En primer lugar, porque nunca las ven como falsas, ni siquiera como creencias. De tal manera han sido “programadas” que las ven como hechos, como realidad. En segundo lugar, porque les aterra la posibilidad de perder el único mundo que conocen: el mundo de los deseos, los apegos, los miedos, las presiones sociales, las tensiones, las ambiciones, las preocupaciones, la culpabilidad…, con los instantes de placer, de consuelo y de entusiasmo que tales cosas proporcionan. Imagínate a alguien que temiera liberarse de una pesadilla, porque, a fin de cuentas, fuera ése el único mundo que conociera…: he ahí tu retrato y el de otras muchas personas.

Dedica, pues un tiempo a tratar de ver tal como son cada una de las cosas a las que te aferras: una pesadilla que, por una parte, te proporciona entusiasmo y placer y, por otra, preocupación, inseguridad, tensión, ansiedad, miedo, infelicidad…

Anthony de Mello

Visita en nuestra web nuestros servicios y propuesta de actividades

Momento presente, momento maravilloso

Momento presente, momento maravilloso

Ahora me gustaría practicar el quinto guijarro. Esta es la práctica más maravillosa. El quinto guijarro puede traerles mucha alegría, mucha iluminación, mucho deleite. Esto es “Momento presente, momento maravilloso. Momento presente, momento maravilloso”.

Esta es una enseñanza muy profunda del Buddha. El Buddha dijo que es posible vivir felizmente aquí mismo y ahora mismo. No tenemos que ir al futuro. No tenemos que ir a otra parte para ser felices. Podemos ser felices aquí mismo y ahora mismo. No necesitan más condiciones para ser felices, ya tienen suficientes condiciones para ser felices aquí mismo y ahora mismo.

La práctica de vivir felizmente el momento presente

Si sabemos cómo ser nosotros mismos y mirar adentro y alrededor de nosotros, vemos que hemos tenido condiciones suficientes para ser felices. Esta es la práctica de vivir felizmente en el momento presente.

Cuando inhalan, sienten que están vivos. La vida es accesible para ustedes, ahora: el cielo azul, la nube blanca, la vegetación verde, los pájaros cantando. Plum Village está aquí. Muchos amigos están aquí. Su padre aun está vivo, su madre está con ustedes, su hermano está aquí, su hermana está aquí. Tienen pies fuertes. Pueden correr. Tienen ojos que pueden ayudarlos a ver todo. Hay muchas condiciones para su felicidad, no necesitan nada más, pueden ser felices ahora mismo. Dejen de correr. Esta es la práctica. Porque hay gente que corre toda su vida; ellos corren porque creen que la felicidad no es posible en el aquí y el ahora.

Así que esta es una enseñanza maravillosa del Buddha. Inhalan y dicen “Momento presente”. Esto significa “me establezco en el momento presente. No necesito correr más”. Esta es la práctica de samatha, detener. Detener el correr. Estoy maravillosamente así en mi posición de sentado o en mi posición de caminar o incluso en mi posición acostado. Es tan maravilloso que no necesito correr más. Detener. Momento presente, momento maravilloso. Es maravilloso que estén vivos.

El milagro de estar vivos

Estar vivos, esto es un milagro. Imaginen a una persona que ya está muerta. Puede que no hayan visto a una persona muerta pero habrán visto a un pájaro muerto, un animal muerto. No importa lo que hagan, el animal no puede volver a la vida. Cualquier cosa que digan, cualquier cosa que hagan, el animal no puede escuchar, oír. Una persona muerta también es así. Yace en la cama y no importa lo que hagan, no pueden revivirla. No pueden volverla a la vida nuevamente. Lloran, golpean su pecho, tiran de su cabello.

Pero esa persona ya está muerta. Entonces, cuando se miran a ustedes mismos, ven que aun están vivos. Ven que la persona que aman aun está viva. Esto es maravilloso. Deben despertar a este hecho. La enseñanza del Buddha es la enseñanza del despertar, despertar a ver todas estas cosas maravillosas aun están disponibles. Entonces dejan de correr, se establecen en el momento presente. “Inhalando, estoy en el aquí y en el ahora. Momento presente. Exhalando, siento que este es un momento maravilloso, maravilloso”.

La vida sólo está disponible en el momento presente

El Buddha dijo que la vida está disponible sólo en el momento presente. El pasado se ha ido, el futuro aun no llegó, tienen sólo un momento para estar vivos. Ese es el momento presente. Tan simple y tan profundo. Tienen una cita con la vida. No deberían perder esa cita. La vida es lo más precioso. Deben conocerla, deben estar con ella. Y ustedes saben algo, la vida solo está disponible en el aquí y el ahora, en el momento presente. Así que no pierdan su cita con la vida. No pierdan el momento presente. Esta es la razón por la cual la quinta práctica es maravillosa. Si practican así, tienen mucha alegría ya sea que estén en su almohadón o en su cama o en la posición de meditación caminando. “Momento presente, momento maravilloso”.

Thich Nhat Hanh

Podemos ayudarte

¿Deseas enfrentarte y vencer las resistencias que te están impidiendo colocar el amor en el centro de tu Vida? ¿Quieres poner todo tu Ser a trabajar a favor de tí y de tus sueños? Podemos ayudarte. Hoy es un día perfecto para empezar. Te acompañamos en ese camino apasionante.

Nuestros servicios

¿Qué quiero realmente?

Cuando llegas a reconocer que no te han satisfecho todos los caminos recorridos en tu búsqueda de la plenitud, surge de manera natural la pregunta siguiente:

Bien; entonces, ¿qué es lo que realmente quiero? Si todas las vías que he probado en la búsqueda de mi felicidad no me han satisfecho, una vez que todo está ya dicho y hecho, ¿qué es lo que final y verdaderamente quiero?”.

Un privilegio

El Occidente, la mayoría vivimos unas vidas extraordinariamente privilegiadas. Proporcionalmente, son pocos los que han de preocuparse de dónde conseguir su próxima comida; o de si tendrán lugar para dormir esta noche. Para la mayor parte no existe un riesgo inminente. La vida que llevamos nos permite dejar a un lado nuestros hábitos mentales y estrategias de protección, y reflexionar sobre qué está presente cuando la mente no está ocupada en protegerse. En este momento las preocupaciones con respecto al futuro no tienen razón de ser.

Es evidente que todos, incluso los más privilegiados, experimentamos algún grado de sufrimiento. Pero si miras al resto del planeta, verás a miles de millones de seres humanos que están soportando grandes sufrimientos y que viven muy limitados por ellos. En cambio, nosotros tenemos el privilegio de disponer del tiempo, el espacio y la oportunidad de cuestionar las premisas más básicas de la vida humana. Somos libres de examinar nuestras vidas y de plantearnos las preguntas más profundas:

Preguntas profundas

¿En qué consiste la vida?

¿Para qué la estoy usando?

¿Cómo paso el tiempo?

¿Dónde está mi atención?

¿Estoy viviendo una vida plena de sentido?

¿Soy feliz?

¿Cuáles son los anhelos de mi alma y de mi corazón?

¿Siento anhelo de paz y libertad?

La mayoría de nosotros tenemos la oportunidad de pararnos a reflexionar sobre las preguntas más profundas, aquéllas para las que no hallamos respuesta.

Descubrir lo que uno quiere

En mi experiencia de hablar con la gente, me he dado cuenta de que descubrir lo que uno realmente quiere puede abrir la puerta a la realización de la verdadera libertad. Puede haber una respuesta inmediata a esa pregunta, como “lo que más deseo es una vida mejor”, “lo que realmente quiero es ser feliz en todo momento”, o “lo que realmente anhelo es mi media naranja”.

Ante cualquier respuesta que surja, resulta muy útil preguntarse seguidamente: “¿Qué es lo que eso me aportará?”. Si tienes la pareja del alma, la pareja perfecta, ¿qué es lo que te aportará? Una vida feliz, ¿qué te aportará? Si la respuesta es: “Entonces me sentiré en paz, entonces podré descansar”, la verdad es que eso ya es posible ahora, en este mismo instante. La paz y el descanso no tienen nada que ver con tener una pareja. La paz, el descanso y la plenitud que has estado buscando fuera, por intensos y sublimes que sean, en realidad están aquí y ahora.

Si en este momento pudieras descartar los referentes externos con respecto a lo que aporta paz, reconocerías que ésta ya está aquí, independientemente de cualquier circunstancia interna o externa. En este reconocimiento puedes investigar más detenidamente para ver si hay alguna separación entre la paz que siempre está presente y quién tú eres. ¿Cuál es la frontera entre quien realmente eres y la paz?

¿Qué quiero realmente?

Lo que surge en un momento de realización perfecta es lo que siempre ha estado presente, y esto suele provocar en nosotros una gran alegría. Esas que has estado buscando desesperadamente, furiosamente, incesantemente, y con gran frustración siempre ha estado presente, ¡exactamente dónde estás! Está presente ahora, en ti, y puede revelarse como tu propio ser.

¿Qué quieres ser realmente? Te invito a que, ahora mismo, te tomes el tiempo necesario para responder a esta pregunta. Pregúntate repetida y directamente:

¿Qué quiero realmente?

Deja que las respuestas fluyan libremente, surgiendo del inconsciente sin esfuerzo ni censura. No hay respuestas correctas. Considera estas preguntas como un juego, un juego que puede hacer aflorar las creencias y conceptos que siguen enterrados en tu subconsciente.

Indaga en tu interior

A medida que indagues en tu interior, déjate traspasar por las sensaciones, emociones y comprensiones que surjan. Si has descubierto que lo que quieres finalmente es paz, felicidad, amor o iluminación, ahora tienes la oportunidad de ver dónde los has estado buscando. Puedes investigar todavía más preguntándote:

¿Dónde he buscado lo que quería?

¿Qué actividades he llevado a cabo para conseguir lo que quería?

¿Dónde creo que acabaré encontrándolo?

¿Qué creo que me impide tenerlo ahora mismo?

¿Están la paz, la felicidad, el amor y la plenitud condicionados por alguna circunstancia externa, o ya están vivos dentro de ti?

Gangaji

Podemos ayudarte

Si deseas enfrentarte y vencer las resistencias que te están impidiendo vivir en plenitud, y poner todo tu Ser a trabajar a favor de tí y de tus sueños, podemos ayudarte. Hoy es un día perfecto para empezar. Te acompañamos en ese camino apasionante.

Nuestros servicios

El secreto de la felicidad

Estar en paz y ser quien eres, es decir, ser tú mismo, son la misma cosa. El ego dice: tal vez en algún momento futuro pueda estar en paz…. si ocurre esto, aquello o lo de más allá, o si obtengo esto o consigo ser esto otro. O dice: nunca puedo estar en paz por aquello que ocurrió en el pasado. Escuchas las historias de la gente y ves que todas podrían titularse “Por qué no puedo estar en paz ahora”.

El ego no sabe que tu única oportunidad de estar en paz la tienes ahora. O tal vez lo sabe y tiene miedo de que lo averigües. La paz, al fin y al cabo, es el final del ego.

¿Cómo estar en paz ahora? Haciendo las paces con el momento presente. El momento presente es el campo en el que se juega el partido de la vida. No puede ocurrir en ningún otro sitio.

Cuando hayas hecho las paces con el momento presente, mira lo que ocurre, lo que puedes hacer o decidir, o más bien lo que la vida hace a través de ti.

El secreto del arte de vivir, el secreto de todo éxito y felicidad es ser uno con la vida. Ser uno con la vida es ser uno con el Ahora. Entonces advertimos que no somos nosotros quienes vivimos nuestra vida, sino que la vida nos vive a nosotros. La vida es el bailarín, nosotros somos el baile.

Eckhart Tolle – Un mundo nuevo ahora

Si deseas enfrentarte y vencer las resistencias que te están impidiendo hacer las paces con el momento presente, ser Uno con la Vida, y poner todo tu Ser a trabajar a favor de tí y de tus sueños, podemos ayudarte. Hoy es un día perfecto para empezar. Te acompañamos en ese camino apasionante.

Coaching

Abierto el plazo de inscripción
Post recientes
Suscríbete al blog

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.

Comparte en tus redes sociales
Close

CONTACTA CON NOSOTROS

Refuerza tu poder personal y el de tu organización

  • Suscríbete al blog por correo electrónico

    Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.

    Únete a otros 3.826 suscriptores

  • Subscribe error, please review your email address.

    Close

    You are now subscribed, thank you!

    Close

    There was a problem with your submission. Please check the field(s) with red label below.

    Close

    Your message has been sent. We will get back to you soon!

    Close

    Uso de cookies

    Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

    ACEPTAR
    Aviso de cookies