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Placer y dolor

Hay una saludable disciplina para la mente. Yo la llamo «yoga», pero se la puede llamar como se quiera. Es un método para esclarecer los enfoques y empezar a ver las cosas como son y tener la capacidad de transformadas dentro de nosotros.

Lo que para unos es una tragedia, para otros es un problema de escasa importancia. No es ni mucho menos insensibilidad sino comprensión y madurez. Todo fluye y nada permanece. Los maestros denominan esta característica de la existencia como «transitoriedad», «impermanencia» o «inestabilidad».

Si queremos detener el río, estamos perdidos; si queremos empujarlo, también. El río de la vida sigue su curso. Los acontecimientos se suceden. A veces, hasta cierto punto, controlamos (o al menos lo parece) las circunstancias, pero otras muchas nos controlan.

¿Conoces la historia del mosquito sobre el elefante?

El mosquito piensa en ir hacia la derecha y en ese momento el elefante gira casualmente a la derecha y el animalillo piensa: «Soy fabuloso. ¡Cómo domino al elefante!». Unos segundos después el elefante estornuda, y ya imaginas lo que sucede con el mosquito.

Pues la vida tiene vicisitudes y las circunstancias muchas veces nos controlan. Se abre el abismo. Resulta que todo parecía estar muy bien y de repente todo se desbarata. El abismo de lo imprevisto, lo inescrutable, el lado desconocido e incontrolable de la vida.

Todo parece discurrir con mucha fortuna. Llega el infortunio, del mismo modo que una estación sigue a la otra, y el ocaso al amanecer. El que comprende, permanece tranquilo. El que no comprende, se alarma, se desgarra, añade sufrimiento al sufrimiento, se lamenta y llora. No puede controlar las circunstancias.

¿Qué puede hacer?

Puede cambiar su punto de vista ante las mismas, su enfoque o actitud. No puede resolver nada fuera, pero sí puede hallar una solución dentro de sí mismo.

Incluso la adversidad puede instrumentalizarse para el autodesarrollo. Si uno sabe no añadir sufrimiento al sufrimiento, todo puede ser para bien. Espera, sé paciente, no te debatas contra las circunstancias inevitables. Ahorra tu fuerza. No desperdicies tus energías enfrentándote al muro y golpeándote contra él. Fuera de ti está el muro, pero no dentro de ti. Si esperas, también el muro exterior desaparecerá.

A veces nos toma la nube del desaliento, porque somos humanos. Hay una meditación muy humana: la del llanto. Llorar conscientemente. El desaliento tampoco es permanente, se irá.

Esto pasa…

No siempre hay soluciones en el exterior; la demanda excesiva de seguridad es una neurosis, porque reclamamos lo que no es posible y, como dijera Tennyson, «la única seguridad yace sobre la inseguridad». No es fácil convivir con ésta, sentirse amenazado por el cambio, aprender a mantener el punto de quietud cuando llegan los «tornados» existenciales. Apela a tu actitud y mantén la mente atenta y serena. Piensa: «Esto pasa».

Estate tranquilo. ¿De qué sirve tensarse si no es para impedir que aflore la energía? Incluso tal vez logres un día dar un paso más allá y decir: «Está bien, está bien».

Conocí a un maestro que decía: «Ni en el gusto ni en el disgusto estoy yo». Quizá por eso parecía una gacela, sutil, elegante en sus movimientos, fluido y sin crispación. Carecía de un ego que estuviera en el gusto o en el disgusto.

Placer y dolor

No se puede dividir la vida en dos, placer y dolor, y quedarse sólo con el placer. Le dijeron en una ocasión a un maestro: «Pero, señor, hablas mucho del sufrimiento». Repuso: «No es que no haya placer, queridos míos, pero también existe el dolor. Enseño la causa de éste y el modo de superarlo».

Hay un antiguo adagio que nos instruye así: «El problema comienza cuando empezamos a hacer distinción entre el placer y el dolor».

Placer, a un lado; sufrimiento, a otro; como el péndulo que oscila entre ambos lados, si desarrollamos la conciencia y la ecuanimidad, podemos situamos mentalmente en la parte alta del péndulo y ver los extremos manteniendo una actitud de quietud y equilibrio.

Ramiro Calle

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El Dar

El Dar

El Dar

Entonces, un hombre rico dijo: Háblanos del dar.

Y él contestó:

Dais muy poca cosa cuando dais lo que poseéis.

Cuando dais algo de vosotros mismos es cuando realmente dais.

¿Qué son vuestras posesiones sino cosas que atesoráis por miedo a necesitarlas mañana?

Y mañana, ¿qué traerá el mañana al perro que, demasiado previsor, entierra huesos en la arena sin huellas mientras sigue a los peregrinos a la ciudad santa?

¿Y qué es el miedo sino la necesidad misma?

Hay quienes dan poco de lo mucho que tienen y lo dan buscando el reconocimiento y su deseo oculto malogra sus regalos.

Y hay quienes tienen poco y lo dan todo. Son éstos los creyentes en la vida y en la magnificencia de la vida y su cofre nunca está vacío.

Hay quienes dan con alegría y esa alegría es su premio.

Y hay quienes dan con dolor y ese dolor es su bautismo.

Y hay quienes dan y no saben del dolor de dar, ni buscan la alegría de dar, ni dan conscientes de la virtud de dar.

Dan como, en el hondo valle, da el mirto su fragancia al espacio.

A través de las manos de cómo ésos son, Dios habla y, desde el fondo de sus ojos, Él sonríe sobre la tierra.

Es bueno dar algo cuando se ha sido pedido, pero es mejor dar sin demanda, comprendiendo.

Y, para la mano abierta, la búsqueda de aquél que recibirá es mayor goce que el dar mismo.

¿Y hay algo, acaso, que podáis guardar? Todo lo que tenéis será dado algún día. 

Dad, pues, ahora que la estación de dar es vuestra y no de sus herederos.

Decís a menudo: “Daría, pero sólo al que lo mereciera.” Los árboles en vuestro huerto no dicen así, ni lo dicen los rebaños en vuestra pradera.

Ellos dan para vivir, ya que guardar es perecer.

Todo aquél que merece recibir sus días y sus noches, merece, seguramente, de vosotros todo lo demás.

Y aquél que mereció beber el océano de la vida, merece llenar su copa en vuestro pequeño arroyo.

¿Cuál será el mérito mayor que el de aquel que da el valor y la confianza – no la caridad – de recibir?

¿Y quiénes son vosotros para que los hombres os muestren su seno y os descubran su orgullo para que así veáis sus merecimientos desnudos y su orgullo sin confusión?

Mirad primero si vosotros mismos merecéis dar y ser un instrumento del dar.

Porque, a la verdad, es la vida la que da a la vida, mientras vosotros, que os creéis dadores, no sois sino testigos.

Khalil Gibran

 

Dolor, crecimiento y liberación

Piensa…

Piensa en algunos de los acontecimientos dolorosos de tu vida. ¿Cuántos de ellos son hoy para ti motivo de agradecimiento por haberte servido para cambiar y crecer? Hay aquí implícita una verdad elemental de la vida que la mayoría de las personas no llegan nunca a descubrir. Los acontecimientos afortunados hacen la vida más placentera, pero no son causa de autoconocimiento, de crecimiento y de libertad. Este es un privilegio reservado a aquellas cosas, personas y situaciones que nos ocasionan algún dolor.

Dolor, crecimiento y liberación

Todo acontecimiento doloroso encierra una semilla de crecimiento y de liberación. A la luz de esta verdad, vuelve ahora sobre tu vida y fíjate en tal o cual acontecimiento por el que no te sientas especialmente agradecido, y trata de descubrir el potencial de crecimiento que encierra y del que no has tomado conciencia hasta ahora, por lo que no has podido beneficiarte de él. Piensa también en algún acontecimiento reciente que te haya ocasionado dolor y sentimientos negativos.

Cualquiera que haya sido la cosa, persona o situación que te ha producido tales sentimientos, ha sido “maestra” para ti porque te ha revelado algo (o mucho) acerca de ti que probablemente no sabías y te ha invitado y desafiado a descubrirte y conocerte mejor y, consiguientemente, a crecer y acceder a la vida y a la libertad.

Intenta ahora identificar el sentimiento negativo que ese acontecimiento ha despertado en ti. Puede haber sido un sentimiento de inquietud, de inseguridad, de envidia de ira, de culpa… ¿Qué te dice esa emoción acerca de ti mismo, de tus valores, de tu manera de percibir el mundo y la vida y, sobre todo, de tu “programación” y tus condicionamientos?

Si consigues descubrirlo

Si consigues descubrirlo, te librarás de alguna ilusión o espejismo al que hasta ahora te hablas aferrado, o dejarás de percibir alguna cosa de manera deformada, o corregirás alguna falsa creencia, o aprenderás a distanciarte de tu sufrimiento… con tal de que comprendas que todo ello ha sido causado por tu “programación”, no por la propia realidad: e inesperadamente comprobarás que te sientes plenamente agradecido por esos sentimientos negativos y por la persona o el acontecimiento que los ha originado.

Un paso más

Intenta ahora dar un paso más. Considera todo cuanto piensas, sientes, dices y haces… y no te agrada: tus emociones negativas, tus defectos, tus “handicaps”, tus errores, tus apegos, tus neurosis, tus dependencias… Puedes considerarlo todo ello como una parte necesaria de tu desarrollo; como algo que te ofrece una promesa de crecimiento y de gracia para ti y para otros y que no se daría sin esa cosa concreta que tanto te desagrada.

Y si tú mismo has ocasionado dolor y sentimientos negativos a otros, piensa que en ese momento has ejercido con ellos la función de “maestro” y les has dado ocasión de autoconocerse y de crecer. Puedes seguir considerándolo hasta que lo veas todo ello como una “feliz culpa” necesaria que es ocasión de un inmenso bien para ti y para el mundo.

Si eres capaz de hacerlo, tu corazón se verá inundado de paz, de agradecimiento, de amor y de aceptación de todas y cada una de las realidades. Y habrás descubierto qué es lo que la gente busca en todas partes sin jamás encontrarlo: la fuente de la serenidad y de la alegría que se esconde en cada corazón humano.

Anthony de Mello

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La diferencia entre dolor y sufrimiento

Dolor y sufrimiento

A veces me preguntan por la diferencia entre dolor y sufrimiento. El dolor es una sensación corporal que percibes en un momento dado. El sufrimiento se extiende en el tiempo, y debe ir acompañado de alguna historia en torno al dolor. La historia, evidentemente, puede tener infinitas líneas y giros argumentales —quién causó el dolor, por qué, cuándo, cómo, el aspecto metafísico de ello—, pero las particularidades de la historia sólo sirven para distraer y resistirse al dolor mismo.

La mayor parte de la gente no está dispuesta a renunciar a la inversión realizada en su sufrimiento mental y emocional. Si estás dispuesto a dejar de sufrir, lo que significa detener la historia sobre el dolor, puedes experimentarlo tal como es. Puedes experimentar con mente abierta lo que antes considerabas indeseable, porque la mente ya no está cerrada en torno a alguna idea sobre la experiencia. La mente está abierta. Ha abandonado toda definición.

La verdad de tu ser

Cuando lo afrontas con mente abierta, el dolor, como todo fenómeno, revela la verdad que está en su núcleo. El sufrimiento es la contracción mental, emocional y física en torno al dolor, a la historia, a la justificación, a la culpa, a sentimentalizar y dramatizar el dolor. Cuando estás dispuesto a experimentar simple y directamente cualquier tipo de dolor, aunque sólo sea por un instante, descubres que la esencia del dolor es inteligencia, claridad, alegría, paz, ¡la esencia misma de la dicha! La verdad de tu ser se revela incluso en medio del dolor, y el dolor se revela como otro vehículo de la verdad. Cuando prestas atención a la historia del dolor, pasas por alto este vehículo y echas a perder el regalo potencial del dolor.

El poder de elegir

Quiero dejar muy claro que aliviar el dolor es natural y apropiado. La medicación, el abrazo de los seres queridos, la comunión con la naturaleza, el poema de la música y el arte…, todos ellos pueden usarse para aliviar el dolor. Ninguno de ellos es un problema. El problema es que no llegas a reconocer la posibilidad de elegir afrontar el dolor, de detener la resistencia al dolor. En general, desconoces que tienes la libertad de detenerte y afrontar últimamente lo que te está atormentando, en cualquier aspecto. La falta de reconocimiento de esta opción te mantiene atado al papel de víctima de alguna fuente de tortura. La sorpresa que te espera al hacer esta elección es el descubrimiento de lo que está vivo y esperando en el corazón de cada cosa: la conciencia amplia, el amor, eso que lo cura todo, incluso la muerte.

Rendirse

¿Quién sabe qué dolor entrará en su vida? Lo cierto es que todos experimentamos dolores de un tipo u otro. Si has vivido la experiencia de rendición en el momento en que surge el dolor, de abrir tu mente al dolor, sea físico, emocional, personal o del mundo, has descubierto una sabiduría secreta. Este descubrimiento te permite dejar de preocuparte por tu dolor personal, por lo que habrá un llanto menos, un jadeo menos, un grito menos del tipo «¿y qué pasa conmigo?».

Uno menos

¡Qué alivio! Este «uno menos» es importantísimo, porque cuando la historia del dolor personal deja de predominar, puedes experimentar dolores que no sabías que existían —el dolor de tu vecino, el de tus padres, el de tus hijos, el dolor del universo—, y con ello no estás declarando la guerra a lo doloroso, ni escondiéndote del potencial dolor futuro. Estás viviendo una vida abierta a encontrarte con lo que está aquí. De este modo, el dolor, como cualquier otra experiencia, merece tu respeto, pues no es en nada diferente de la verdad misma.

Gangaji

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