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Control del pensamiento

Control del pensamiento

Muchas personas sufren a causa de las distracciones que les vienen cuando realizan ejercicios de «autoconsciencia». Por esta razón quiero decir unas palabras sobre cómo hay que actuar con estas distracciones.

Quizás te sirva de ayuda para luchar contra las distracciones mantener los ojos entornados.

Ábrelos lo suficiente para que puedas ver a unos tres pasos por delante de ti. Haz que tus ojos reposen sobre una mancha o un objeto. Trata, sin embargo, de no fijar la mirada sobre esa mancha u objeto; en cualquier caso, no te concentres en él ni lo conviertas en objeto de tu atención explícita.

Algunas personas tienen dificultad para concentrarse cuando mantienen los ojos totalmente cerrados. Es como si sus ojos cerrados formasen una pantalla vacía sobre la que su mente puede proyectar toda clase de pensamientos que les impiden concentrarse. De ahí la sugerencia de mantener los ojos medio abiertos, reposando sobre una mancha u objeto situado a unos tres pasos de distancia. Puedes hacer la prueba pero sigue el consejo tan sólo si te sirve de ayuda. Quizás pertenezcas a ese tipo de personas que se encuentran tan expuestas a las distracciones con los ojos entornados como cerrados…

Otra ayuda para dominar las distracciones es, lo creas o no, mantener la espalda erguida.

Debo confesar que hasta la fecha no he encontrado una explicación científica de este hecho. Pero mi experiencia personal y la de otras personas me ha convencido de su validez. Para ello. la postura del loto. que se enseña a los aprendices de yoga. es ideal: piernas cruzadas de manera que el pie descanse sobre el muslo del lado contrario y la espina dorsal erecta.

Me han contado que las personas expertas en esta postura tienen tan escasas dificultades para dominar las distracciones que, de hecho, encuentran problemas para pensar y para hacer que funcione su mente pensante. En consecuencia. se afirma que esta posición es especialmente adecuada para la contemplación y para concentrarse.

Quizás la mayoría de vosotros no tengáis la perseverancia y decisión necesarias para dominar a la perfección esta difícil, aunque gratificante postura. En tal caso, os tendríais que contentar con sentaros en una silla de respaldo vertical o en el borde de un taburete para mantener la espalda erguida. No penséis que esta postura es tan molesta como puede parecer a primera vista.

Por el contrario, llegaréis a comprobar que es más molesto mantener la espina dorsal curvada durante largo espacio de tiempo.

Probablemente lleguéis a descubrir que mantener la espina dorsal erguida ayuda muchísimo a concentrarse. Un buen argumento de autoridad es el que algunos maestros del zen sean capaces de entrar en una sala de meditación y decir, mirando la espalda del que medita, si está distraído o no. Todo esto parece un tanto exagerado, al menos para mí. Recuerdo, en efecto, tiempos en los que mi espalda no se mantenía erecta y, sin embargo, yo no sufría distracciones.

Algunos defensores de la postura de espalda erguida llegan a aconsejar que se permanezca tumbado boca arriba sobre una superficie dura, por ejemplo el pavimento, si no existe otro medio para mantener cómodamente la espalda erguida. Tal vez sea ésta una sugerencia valiosa. En cualquier caso. se puede hacer la prueba. Con todo, tengo alguna reserva contra el hecho de yacer de espaldas: la mayoría de las personas se duermen cuando permanecen en esa postura. Se produce un estado de mente que es, generalmente, más pernicioso para la contemplación que las mismas distracciones.

Es muy probable que, a pesar de todos los intentos para dominar las distracciones mediante la posición de los ojos y de la espalda, te atormente tu mente dispersa.

No tienes por qué alarmarte.

Una mente errante es algo de lo que tendrá que cuidar seriamente todo contemplativo auténtico. La lucha para controlarla es larga y difícil, pero merece la pena intentar conseguirlo ya que su dominio puede aportar frutos muy grandes. El único camino que lleva a esa meta es la perseverancia, la paciencia y la fe a toda prueba en que alcanzarás el éxito; jamás dejarte descorazonar por cualquier evidencia en sentido contrario.

Puedo ofrecerte aún otra sugerencia. Es el camino más eficaz, entre los que conozco, para luchar contra las distracciones. Lo presentaré en forma de ejercicio.

Cierra los ojos o mantenlos entreabiertos si te es más útil. Ahora observa cada uno de los pensamientos que vienen a tu mente. Existen dos formas de tratar los pensamientos: seguir sus evoluciones, al igual que un perrillo sigue por las calles a todo par de piernas que vea moverse en cualquier dirección que sea, u observarlos como una persona asomada a la ventana contempla a los que pasan por la calle. Yo te recomendaría que empleases esta segunda forma.

Una vez que hayas practicado esto durante algún tiempo, hazte consciente de que estás pensando. Puedes, incluso, decirte interiormente. «Estoy pensando… estoy pensando… o, más breve, «pensando…pensando…” para mantenerte presente al proceso de pensamiento que está desarrollándose dentro de ti.

Si observas que no existen pensamientos en tu mente y que ésta se halla vacía, espera unos momentos a que aparezca el primero. Estate alerta y, tan pronto como el pensamiento aparezca, percíbelo o sé consciente de que estás pensando.

Haz este ejercicio durante tres o cuatro minutos.

Cuando realices este ejercicio, llegarás a descubrir con sorpresa que mientras tienes en cuenta el hecho de que estás pensando, toda actividad pensante tiende a pararse.

Existe una manera sencilla de luchar contra una mente dispersa. Haz una breve pausa, pon atención al hecho de que estás pensando y la actividad pensadora cesará temporalmente.

Este ejercicio es especialmente útil cuando se está más distraído que de ordinario. Es casi imposible que no tengas distracciones frecuentes cuando te lanzas por primera vez al campo de la contemplación. La mayoría de las distracciones desaparecen por el hecho de recordar a la mente la necesidad de concentrarse cuando te has dado cuenta de la distracción. Este ejercicio es necesario tan sólo cuando tu mente esté más distraída que de ordinario.

Existe un tipo de distracción que está cargado de una fuerte emoción: amor, temor, resentimiento o cualquier otra emoción. Este tipo de distracción con una fuerte dosis emocional no puede ser tratada con el ejercicio que hemos apuntado anteriormente. Tendremos que poner en práctica otros métodos de los que hablaré más adelante. Será preciso, sobre todo, adquirir una pericia considerable en el arte de la concentración y de la contemplación para mantener la paz frente a ese tipo de distracciones.

Anthony de Mello

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El control de la palabra

El control de la palabra viene precedido por el de la mente.

Cuando en la mente hay desorden, en la palabra hay desorden e imprecisión;.

Cuando en la mente hay venenos, las palabras destilan venenos y la lengua se convierte en un estilete para herir a los otros.

El dominio sobre la palabra es muy importante

Con ella podemos arruinar muchas vidas, generar mucha desdicha, sembrar discordia, crear alteraciones y malentendidos, difamar y calumniar, en suma, no sembrar sosiego, sino insuperables tensiones.

El que aprende a controlar las palabras no es dado a engañar a sabiendas ni a adulterar los hechos, ni se pierde en chismorreos de comadres, ni utiliza las palabras con acritud o despotismo. No es mordaz al hablar, evita la ironía hiriente, no censura por censurar, no difama, no se extravía en términos violentos o groserías, no incita con sus palabras a crear conflictos y equívocos entre las personas.

Habla con precisión y cordura, se ajusta a los hechos, utiliza palabras cariñosas y amables, siembra concordia con sus sabias frases y sabe hallar la palabra amorosa para ayudar a los otros.

Ramiro Calle

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Cabalgar sobre el deseo

El deseo

Nadie puede agotar el fuego suministrándole más leña en lugar de permitir que se consuma y cese por falta de combustible. El deseo compulsivo no tiene fin, porque entronca con el pensamiento y el ego, cuya voracidad es ilimitada.

El deseo es inherente a la vida. No se debe reprimir (porque lo que echas por la puerta te entra por la ventana, como reza un adagio), pero sí se puede aprender a suprimir conscientemente, transformar, derivar o controlar con lucidez. Se trata de una respuesta o reacción más o menos intensa hacia todo aquello que place o produce disfrute; es una inclinación a la sensación grata, del mismo modo que la aversión es una resistencia u odio a lo que displace, es decir, a la sensación desagradable.

El deseo es una energía muy poderosa, que cursa física, mental, emocional o espiritualmente

El problema no es en sí mismo el deseo natural, sino el apego y los deseos artificiales o imaginarios. El deseo crea un movimiento hacia lo que codificamos y sentimos como agradable, pero no nos basta con disfrutarlo, sino que queremos mantenerlo, intensificarlo, perpetuarlo, y, por medio del pensamiento, comenzamos a generar una adicción que nos hace depender y entrar en servidumbre con respecto al objeto del deseo, sea éste una situación, un objeto o una persona. Surgen el afán de posesividad y el aferramiento y, subsiguientemente, el miedo a perder el objeto del deseo.

No es cierto que el deseo se gaste como unos zapatos nuevos

Deseo mecánico, voraz, incontrolado, lleva a más deseo mecánico, voraz e incontrolado. La persona deja de desear para ser arrastrada por sus deseos.

El deseo compulsivo siempre crea ansiedad; el que ansía no tiene paz. La sociedad que sólo valora la producción material siempre está engendrando deseos artificiales en el individuo para despertar sus instintos de hacer y acumular, pero nunca su sabiduría de ser. Sobre el deseo los maestros orientales dijeron: «Es como un tigre. Hay que aprender a cabalgar sobre él, porque si te descabalga te engulle».

Cuando uno es víctima de muchos deseos compulsivos no puede aspirar a un estado de sosiego. La energía vital siempre está proyectada hacia los supuestos objetos del deseo. Si se obtienen, pueden resultar tediosos; si no se consiguen, despiertan mucha frustración.

Lucidez y control consciente

El apego se puede convertir en un veneno. La persona lúcida y entrenada sabrá cuándo satisfacer sus deseos y cuándo suprimirlos conscientemente o derivarlos hacia una causa más importante. Así no habrá menos, sino más disfrute, pero desde el desapego y la conciencia, sin obsesiones ni compulsiones. El deseo puede ser neuróticamente vehemente o saludablemente sosegado.

El control sobre los sentidos, incluida la mente, colabora en el dominio sobre el deseo, la disolución del apego y la trascendencia de la compulsividad. Este control nunca debe ser represivo, sino consciente, y consiste en estar más vigilante de nuestras propias energías de deseo y nuestras tendencias egocéntricas al aferramiento y la posesividad.

La represión no es la supresión consciente del deseo, sino que se le inhibe incluso a pesar de uno mismo –y muchas veces inconscientemente-, ya sea por códigos, filtros socioculturales, miedos, falsa moral o esquemas familiares o sociales.

Ejercitar la superación

La supresión consciente es hacer uso de la volición para contener un deseo cuando uno considera que su satisfacción puede resultar perjudicial para alguien. El deseo en sí mismo es una fuerza que se canaliza en uno u otro sentido según proceda, pero siempre que se haya desarrollado la suficiente sabiduría y el dominio para hacerlo.

La superación del deseo vehemente y compulsivo, que siempre genera aferramiento y apego, exige el desarrollo del sentimiento de la nobleza, el entendimiento vivencial de la transitoriedad, el recordatorio de nuestra finitud, la autoobservación acertada para saber si se trata de deseos naturales o artificiales, la ecuanimidad y firmeza de mente (para que no se deje obsesionar por apegos y aversiones) y la comprensión clara.

El apego puede llegar a convertirse en una verdadera enfermedad, y «sólo cuando nos cansamos de nuestra enfermedad, dejamos de estar enfermos».

Debemos reflexionar sobre la siguiente sentencia: «No identificarse con lo agradable ni identificarse con lo desagradable; no mirar a lo que es placentero ni a lo que es displacentero, porque en ambos lados hay dolor».

Para los sabios de Oriente, el conflicto y el sufrimiento innecesarios no tienen nunca lugar para el que no hace diferencia entre lo anhelado y lo no anhelado. Entonces la vida comienza a vivirse en toda su totalidad y es, de continuo, el libro más sabio en el que poder inspirarnos.

Ramiro Calle

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Esfuerzo y disciplina

Es frecuente sentir el esfuerzo como algo provocativo o coercitivo. En la denominada «era cibernética», se llega a suponer que siempre hay alguien que puede hacer el esfuerzo por nosotros. Pero nadie puede conocerse, mejorarse y liberarse por nosotros. No hay dinero que pueda pagarlo, al menos hoy por hoy.

Necesario

El esfuerzo es necesario para cualquier ejercitación; la disciplina es inevitable hasta para cultivar una planta. Esfuerzo y disciplina deben asumirse libre y conscientemente. El esfuerzo es energía canalizada hacia un logro que exige una ejercitación. Aprendemos a caminar y a hablar; luego aprenderemos a conocemos.

Sin esfuerzo no hay avance interior; sin él nadie puede poner en marcha todos sus recursos internos y mejorar su mente y sus emociones. Cierto es que cuanto más firme sea la motivación, más fácilmente devendrá el esfuerzo y más se prosperará en la disciplina llevada a cabo. También se debe hacer un esfuerzo para ir ganando el sosiego interno: hay muchas actitudes y enfoques que cambiar, rasgos mentales y psíquicos que modificar, conductas que desmantelar y otras que estimular.

Se requiere un esfuerzo notable para mutar los modelos de conducta mental que engendran desdicha.

Cambiar los hábitos…

Cuatro esfuerzos conducen al equilibrio de la mente y el sosiego del espíritu. Se conocen como el esfuerzo por impedir, el esfuerzo por alejar, el esfuerzo por cultivar y el esfuerzo por fomentar. Son de una extraordinaria eficacia y deben aplicarse con tesón y asiduidad, para así cambiar los hábitos negativos de la mente y promover los positivos.

Impedir: consiste en esforzamos por impedir que se produzcan en la mente estados insanos y perniciosos (odio, avidez, rencor, celos, envidia y tantos otros) que no se habían originado previamente, para lo cual es preciso desplegar energía e inquebrantable firmeza.

Alejar: es el que se desarrolla para ahuyentar los estados insanos y perniciosos ya surgidos, poniendo especial empeño en desalojados de la mente.

Cultivar: es el que se despliega para generar en la mente estados provechosos y beneficiosos que antes no habían brotado en la misma, tales como generosidad, amor, compasión, benevolencia, sosiego, contento, ecuanimidad y otros, muchos de ellos importantísimos factores de liberación mental y autorrealización.

Fomentar: es el que se lleva a cabo para afirmar e intensificar los estados sanos y beneficiosos que ya están en la mente, desarrollándolos tanto como se pueda.

Urge un cambio de mentalidad en el ser humano pero nadie puede realizarlo por otro y nadie puede obtenerlo sin esfuerzo y disciplina. El método, cualquiera que sea, es realmente imprescindible.

Sólo a través del esfuerzo se va consiguiendo el denominado «esfuerzo sin esfuerzo» o «esfuerzo natural», del mismo modo, como nos dicen los sabios chinos, que por «lo intencionado se llega a lo inintencionado». Y en este punto podemos volver a preguntamos:

¿Puede uno ejercitarse para conseguir paz interior?

¿Se puede conquistar la serenidad a través del esfuerzo bien aplicado?

Efectivamente, es una disciplina, y con el esfuerzo sabiamente aplicado iremos logrando:

– Obtener la visión correcta, que nos permitirá conceder importancia y prioridad a lo que la tiene y no a lo vano, trivial o insustancial.

– Modificar los modelos de conducta mental que producen desdicha y desasosiego.

– Mejorar las relaciones con nosotros mismos y con los demás, evitando conflictos dolorosos y desgarradores.

– Seguir un método o disciplina para el mejoramiento interior.

– Ir superando las emociones insanas y fomentando las laudables y provechosas.

– Aprender a enfocar la mente en la realidad presente, liberándola de las cadenas del pasado y del futuro.

– Dominar o por lo menos aprender a frenar el pensamiento neurótico y que tanta angustia es capaz de provocar.

– Purificar el subconsciente y reorganizar la psiquis en un estadio de armonía.

Siempre es conveniente relacionamos con personas bondadosas y amables, entrar en contacto tanto como podamos con la naturaleza, cultivar lecturas que nos inspiren e inviten al sosiego interior y practicar asiduamente la meditación para poder descubrir nuestra dimensión interior y sustraemos a las influencias nocivas del entorno.

Ramiro Calle

 

¡Toma el control de tu vida!

¡Toma el control de tu vida!

Observa la existencia…

¡Date cuenta de que toda la existencia está de celebración! Esos árboles no están serios, esos pájaros no están serios, los ríos y los océanos son salvajes y en todas partes hay alegría, en todas partes vez gozo y alegría. Observa la existencia, escucha la existencia y forma parte de ella. Entonces te convertirás en alguien que ama, porque el amor solamente puede existir en un profundo respeto por la alegría, dentro de un gran respeto por el gozo. El amor no puede existir en una mente seria. Con una mente seria, lo que sintoniza es la lógica. No seas serio. No te estoy diciendo que seas falso. Sé sincero, pero no seas serio. La sinceridad es una cosa; la seriedad es otra completamente distinta. Sé sincero con la existencia y entonces serás auténtico, te convertirás en parte de este juego cósmico.

Cada ciclo del universo

reza en silencio,

fluyendo con la esencia del amor.

Los árboles aman la tierra; la tierra ama los árboles. Los pájaros aman los árboles; los árboles aman los pájaros. La tierra ama al cielo, el cielo ama la tierra. La existencia al completo existe en un gran océano de amor. Deja que el amor se convierta en tu adoración, deja que el amor sea tu oración.

Si no has conocido el amor…

Es imposible comunicar con alguien que no haya conocido el amor. ¿Cómo podríamos hablar de Dios, de la oración? ¿Cómo podríamos hablar de la verdad?… el otro sería completamente inconsciente de su propio corazón, desconocería el lenguaje; viviría en su mente. Sería como el búho que contempla el cielo, ciego a los rayos del sol.

En la mitología india el búho es el símbolo del conocimiento, de la erudición, de la cultura. La gente que es excesivamente erudita, que se centra excesivamente en sus mentes, que acumula información y datos, es como los búhos. No se dan cuenta de cuándo el sol ha salido. Continúan contemplando el sol y no obstante son ciegos a sus rayos de luz.

Los bauls dicen que el hombre que vive en la mente –un erudito-, el hombre que todo lo conceptualiza, aquél que todo lo convierte en teorías, dogmas, doctrinas, aquél que memoriza los vedas, el Corán, la Biblia, será incapaz de comprender nada respecto al amor. Aunque tú se lo digas, de inmediato lo tergiversará. Si le hablas del amor, él fabricará con lo dicho una teoría… y el amor no puede ser constreñido a una teoría. Si le dices algo sobre la oración, intentará que la oración parezca una hipótesis… y la oración no es una hipótesis. Un hombre de lógica, lo reduce todo a su lógica.

Osho

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Curaciones mentales

Curaciones mentales

¿Qué es lo que cura? ¿Dónde está el poder curativo? Nos hacemos estas preguntas porque todos nosotros estamos interesados en suprimir molestias corporales y demás problemas internos.

Poder curativo

Existe un poder curativo en la mente subconsciente de cada persona; un cambio en nuestra actitud mental hacia la parte enferma movilizará este Poder: conocido también como Naturaleza, Vida, Dios, Inteligencia Creadora o Poder Subconsciente.

Este poder se encuentra en la mente subconsciente; puedes curar dolencias mentales y corporales si sabes dirigir ese poder correctamente. Otra persona puede hacerlo también en beneficio tuyo, pero de nada sirve si tú no quieres conseguir la curación. Actúa en todas las personas, cualquiera sea su credo, color o raza. No es necesario pertenecer a una iglesia, secta o ideología determinada para obtener este poder o participar de sus fuerzas curativas; curará la quemadura o herida de la mano, curará tanto si eres católico, ateo o agnóstico.

La oración o plegaria curativa

Se utilizan diferentes métodos para eliminar los obstáculos mentales, emocionales o físicos, que impiden el flujo curativo que nos anima a todos. Entre estos métodos citemos la oración o plegarias curativas, un medio utilizado por personas ya entrenadas en los mecanismos de la ciencia mental.

Se basan en el principio de interacción que existe “entre la Inteligencia Infinita y el Poder de la mente subconsciente”, el cual responde de acuerdo a las convicciones de la persona interesada. El significado es: “creer en el recibir y se recibirá”. Para obtener los efectos deseados debes imaginarlos y sentirlos una realidad, y esperar que el principio vital infinito responda a tu petición consciente.

Para obtener mejores resultados sigue este precepto: aíslate de todo ruido, en un cuarto oscuro, y cierra la puerta. En otras palabras: “Cierra la puerta de tu mente” para abstraerse de todas las distracciones; relájate sosegada y completamente; vendrá la inspiración; despliega tu deseo o petición, transportándolo a tu mente subconsciente; continúa hasta sentir dentro de ti la infinita presencia curativa, hasta quedar convencido que tu mente responderá de acuerdo a tu específica necesidad, o al objeto deseado.

J. Murphy

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Respiración consciente

Respiración consciente

Me gustaría darles un poco más de instrucción acerca de la respiración conciente. No intenten inhalar. No hagan ningún esfuerzo para inhalar. Es muy importante. Permítanse inhalar naturalmente. Ustedes respiran de todos modos, ¿por qué deben hacer una determinación para inhalar? Ese es el punto. Permítanse inhalar normalmente. Sólo presten atención a su inhalación. No digan: “Mi inhalación, ven aquí, te diré cómo hacerlo”. No. Permítanse inhalar, eso es todo. Corto o largo, permitan que sea como sea. Su inhalación es su bebé. Sean completamente no violentos mientras sostienen a su bebé. No fuercen a su bebé para ser así o ser de otro modo, permitan que sea como es.

Abrácenlo sólo con su atención. Es muy importante. Cuando aman a alguien, le permiten ser. No dicen: “Si no haces esto, no te amaré”. Esta ya es la práctica del amor. Permitir a su inhalación ser ella misma. Sólo abrazarla con la energía de la atención. “Inhalando, estoy conciente de que inhalo”. Eso es todo. El impacto será grande.

Muchas personas practican como ellos son en un duro campo de trabajo. Se fuerzan a ustedes mismos, hacen demasiado esfuerzo, y se cansan después de algún tiempo. Si saben cómo permitirse descansar, permitir a su inhalación y a su exhalación fluir naturalmente, nunca se cansarán. Sólo necesitan encender su atención y estar concientes de eso. Como cuando encienden la luz, sólo encienden la luz. Y a causa de la luz ustedes son concientes de que la campana está allí, su amigo está allí. La conciencia es

108 cuentas

Los rosarios Buddhistas o “mala” tienen 108 cuentas. Esto representa el número de las aflicciones que provienen de los seis órganos sensoriales (ojos, orejas, nariz, lengua, piel y mente); y sus seis objetos (objeto visual, objeto auditivo, objeto olfativo, objeto gustativo, objeto táctil y objetos mentales). Esto da una suma de doce. Multiplicados por tres (bueno, malo y neutro) da un total de 36. Multiplicado por tres nuevamente (pasado, presente y futuro) suma en total 108. Se dice que los órganos sensoriales y sus objetos, manchados por el juicio de “bueno, malo, neutro”, o sensaciones placenteras, displacenteras o neutras, junto a las especulaciones que se hacen sobre el pasado, presente y futuro, son una fuente de aflicciones. Por eso, cuando se usa el rosario de 108 cuentas se está purificando la mente de esas aflicciones.

Abrazar con amor

Entonces reconocen su inhalación como una inhalación, su exhalación como su exhalación, y las abrazan con amor. Entonces en ningún tiempo en absoluto, su cualidad de ser será mejorada. Como un bebé sufriendo que está pateando, llorando, vibrando. Ustedes no dicen: “¡Ahora, detente, no llores, no te agites!” No dicen eso. No lo fuerzan para ser como ustedes quieren. Sólo levantan al bebé y lo abrazan con todo su ser. Cuando tienen la energía de la ternura, de amor y cuidado, esa energía naturalmente penetrará en el bebé y habrá una transformación. Muchos de ustedes han sido una madre o un padre y saben esto. Sólo sostienen al bebé con su ternura, con la totalidad de su presencia. Y a esa presencia total, cuerpo y mente concentrados, podemos llamarla atención (y ustedes son capaces de ser atentos, ustedes saben). Entonces cultiven su atención de modo que sean más atentos, de estar allí para su sufrimiento, para ustedes mismos, para sus personas amadas.

En la meditación sentada también lo hacen así. No luchen para sentarse. Permítanse sentarse de un modo relajado. “Sonríe, relaja”. Recuerden, ¿hubo un tiempo en que se sentarían en su living mirando televisión? ¿Podrían sentarse durante una hora, incluso dos horas? Y no se quejaban de que tenían dolor en los hombros o brazos. Sólo permítanse sentarse. La meditación sentada no es una lucha. Si la toman como una lucha, se cansarán. Después de quince minutos sentirán dolor en sus hombros y en su cabeza. Entonces, permítanse descansar. Cuando practican meditación sentada, meditación caminando, permítanse descansar. Es posible descansar mientras se practica la meditación caminando, la meditación sentada, la respiración conciente. De hecho, les ofrezco esta práctica como un medio de descanso.

Thich Nhat Hahn

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Profundo, lento, calma, tranquilidad

Profundo, lento

Ahora, me gustaría practicar “profundo, lento”. Entonces, tomo otro guijarro. Lo miro. Lo pongo en mi mano izquierda y comienzo a practicar. “Profundo, lento”. Se ha vuelto más profundo por sí mismo, no tienen que hacerlo más profundo. Se ha vuelto más profundo por sí mismo solo porque ya han practicado tres veces “adentro, afuera”. Esta es la razón por la cual su respiración se vuelve más profunda naturalmente, y más lenta. Practiquemos juntos “profundo, lentito”, tres veces. “Profundo, lento” (pausa para tres respiraciones). Bien, hemos terminado con “profundo, lento”. Levantamos el guijarro y lo colocamos a nuestro lado derecho.

Calma, tranquilidad

Ahora practicamos la tercera línea: “calma, tranquilidad”. Esto significa “inhalando, siento calma. Exhalando, siento que tomo todo con tranquilidad”.

Este ejercicio es maravilloso para practicar, especialmente cuando están nerviosos, cuando están enojados, cuando no sienten paz en ustedes. ¡Rápido, rápido! Deben volver a su inhalación y exhalación y practicar “calma, tranquilidad”.

Este es un ejercicio dado por el mismo Buddha en un sutra llamado Ânâpânasati Sutra, el “Sutra de la respiración conciente”. “Inhalando, calmo las formaciones mentales en mi. Exhalando, dejo ir”. Dejo ir mi ira. Calmo mi ira, calmo mis preocupaciones, calmo mis celos. Y dejo ir mi ira, dejo ir mis celos. Creo que los adultos tienen que practicar junto a los niños. Cada vez que el niño está enojado entonces su madre o su padre deberían tomar su mano e invitarlo a practicar. “Calma, tranquilidad”. “Vamos, juntos, practiquemos calma y tranquilidad. Inhalando, me calmo, exhalando, dejo ir”, al menos tres veces y se sentirán mucho mejor.

Pueden comenzar directamente con “Calma, tranquilidad”, o podrían comenzar de un modo clásico con “Adentro, afuera”, y luego “Profundo, lento”, y finalmente “Calma, tranquilidad”. De cualquier modo está bien. El Buddhadharma es maravilloso. El momento en que tomas el dharma y practicas comienzas a sentirte mejor justo en ese momento. Y a medida que continúas la práctica, tu calidad de ser siempre sigue mejorando.

Les propongo practicar tres veces “Calma, tranquilidad” pero nadie les impide practicar más que eso: cuatro veces, cinco, seis veces, si quieren. Creo que les gustará porque los hace sufrir menos. Y si pueden practicar ocho veces, diez veces, se sentirán mucho mejor. “Calma, tranquilidad”.

Thich Nhat Hanh

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Distinción entre control y apoyo

Control y apoyo

Me gustaría establecer una distinción entre control y apoyo, ya que buena parte de la desdicha que experimentamos se debe a la creencia de que podemos controlar, lo que hace que prestar apoyo nos proporcione una gran alegría. Preservar la salud de tu cuerpo, preservar la salud del planeta y favorecer el despertar de todos los seres son actividades alegres y naturales. Pero imaginar fútilmente que puedes controlar la salud de tu cuerpo, la salud del planeta o el despertar de todos los seres, sólo genera sufrimiento. Este sufrimiento resta atención y energía del apoyo que puedes ofrecer a otros.

Cuando impera la esperanza de controlar, inviertes tu energía y tu atención en algún objetivo concreto, y te dedicas a comprobar continuamente: «¿Está mi cuerpo sano? ¿Están sus cuerpos sanos? ¿Está el planeta sano? ¿Están despertando? ¿Estoy despertando?». Tu energía y tu atención están enfocadas en un fin, en lugar de permitir que te centres en proporcionar apoyo en este momento.

Cuando dejas de prestar atención al control y te dedicas a dar apoyo, te sientes liberado. Cuando renuncias a la esperanza de controlar, experimentas plenitud, y esta plenitud puede usarse para dar apoyo.

Elegir el centro de atención

Donde sí tienes cierto control, y es un área que a menudo se pasa por alto, es en la elección del centro de atención. Puedes dirigir tu atención, por ejemplo, a reconocer conscientemente lo que no necesita ser controlado y lo que no necesita estar físicamente bien para ser verdaderamente libre, o puedes ayudar a otros a llevar esto a cabo.

Si pones tu atención en el deseo de controlar, tu mente se fija en lo que piensas que ha de ocurrir, debería ocurrir u ocurrió. Esta fijación perpetúa el sufrimiento. Si deseas dar apoyo más que controlar, el fuego prenderá en ti. La mente dejará de agarrarse y empezará a abrirse. Lo que sigue a la apertura natural de la mente es la realización más profunda, más misteriosa, más inenarrable.

Se honesto

Mientras investigas tus intentos de controlar, pregúntate: ¿Qué intento controlar? Sé tan honesto como puedas, y a continuación sé más honesto todavía. Sé consciente de cualquier defensa ante el verdadero ver y estáte dispuesto a dejarla caer. Tal vez descubras más plenamente lo que ha estado oculto detrás de las puertas de la mente. Una investigación abierta puede abrir esas puertas y ofrecerte una gran oportunidad de rendición.

Abre tu mente a la posibilidad de que cada momento y cada circunstancia de la vida puedan ser una investigación natural de cómo responder sin controlar. ¿Reconoces la diferencia entre responder a lo que ocurre y tratar de controlar? ¿Puedes descansar en tu capacidad de respuesta? ¿Puedes descansar en tu inteligencia innata?

Ahora puedes preguntarte: ¿Qué es lo que no puede ser controlado? Es posible que esta investigación te lleve a reconocer la enorme energía y actividad mental que dedicas innecesariamente a tratar de controlar lo que no puede ser controlado. ¿Puedes abrirte a la posibilidad de confiar en lo que queda cuando renuncias a todo intento de control?

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Abandonar el control

Abandonar el control

Suele pensarse que uno debe estar espiritualmente maduro para poder despertar, y a menudo me preguntan si existe algún signo de la madurez espiritual. Es cierto que la madurez espiritual es necesaria. Sin embargo, este tipo de madurez tiene poco que ver con la idea que la gente tiene de ella. No está relacionada con la cantidad de años que has dedicado a la práctica espiritual, ni con los años que puedas haber estado rezando, ni con cuánto tiempo has sido bueno.

Desde la perspectiva más básica, la madurez espiritual tiene que ver con tomar conciencia de que no se tiene el control. Esto, por supuesto, es una comprensión que te destroza, porque desde que tenías dos años has creído en la posibilidad de controlar, y has dedicado buena parte de tu atención y de tu energía a luchar por el control.

El deseo de controlar, la ilusión y la esperanza de tener el control…, todos ellos se basan en la creencia megalómana de que sabes cuál debería ser el resultado y cuándo debería producirse.

Obviamente, puedes controlar muchas cosas en mayor o menor medida, pero no hay nada que puedas controlar totalmente. Puedes controlar tus funciones corporales hasta cierto punto, así como tus circunstancias, pensamientos, emociones, posición e incluso tu propia supervivencia, pero nunca puedes tener un control completo.

Hay una inteligencia más profunda

Ni existe ni necesitas modelo alguno para poder soltar. No puedes practicar el soltar. Soltar tampoco es una especie de pasividad santurrona en la que nada te molesta. La mente es muy esquiva, ya que puede usar hasta el deseo de soltar como una táctica de control.

Abandonar el control supone una relajación profunda, un flotar en el mar. Puedes tomar conciencia de aquello a lo que te estás aferrando, y seguidamente soltar y dejar que el mar te sostenga. Puedes tomar conciencia de que toda la tensión y el aferrarse son innecesarios, y después relajarte y dejarte llevar.

Asimismo, puedes darte cuenta de toda la energía mental y emocional que dedicas a aferrarte a una historia concreta; y dejarla ir. Hay una inteligencia más profunda que la que usas para controlar, y está presente para ser reconocida en todas las vidas, en todos los momentos.

En este proceso pueden surgir distintas emociones, el miedo entre otras, porque soltar implica la posibilidad de caer, o de perder. ¡Sí! Has de estar dispuesto a perderlo todo. Soltar es como encontrarse con la muerte.

Descubrir aquello que no puede ser controlado

Encontrarse conscientemente con la muerte implica descubrir aquello que no puede ser controlado, aquello que es más grande que el mayor poder de control que pueda alcanzarse. Puedes sentir la bendición de rendirte a eso.

Si estás buscando una vida cómoda y segura, la libertad hacia la que apunto no es para ti. La invitación a aceptar el diamante de la vida no es una invitación a la seguridad y a la comodidad, sino a vivir la vida plena y completamente, lo cual nunca es seguro, y además suele resultar incómodo.

Tendemos a buscar la seguridad y la comodidad porque creemos que nos traerán felicidad y realización: «Si me siento suficientemente seguro, entonces podré relajarme». Pero lo que pretendo transmitirte es que puedes relajarte ahora mismo, a pesar de que no estás del todo seguro… y de que nunca lo estarás.

En esta comprensión hay más que seguridad para el cuerpo, la mente o las emociones, pues no es la seguridad de una forma particular de ser, en lo que a tu cuerpo o a los cuerpos de tus seres queridos se refiere, sino del hecho de Ser, que es eterno.

Gangaji

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