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Los niños

Los niños

Los Niños

Y una mujer que sostenía un niño contra su seno pidió: Háblanos de los niños.

Y él dijo:

Vuestros hijos no son hijos vuestros.

Son los hijos y las hijas de la Vida, deseosa de sí misma. Vienen a través vuestro, pero no vienen de vosotros.

Y, aunque están con vosotros, no os pertenecen.

Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos. Porque ellos tienen sus propios pensamientos.

Podéis albergar sus cuerpos, pero no sus almas. Porque sus almas habitan en la casa del mañana que vosotros no podéis visitar, ni siquiera en sueños.

Podéis esforzaros en ser como ellos, pero no busquéis el hacerlos como vosotros.

Porque la vida no retrocede ni se entretiene con el ayer. Vosotros sois el arco desde el que vuestros hijos, como flechas vivientes, son impulsados hacia delante.

El Arquero ve el blanco en la senda del infinito y os doblega con Su poder para que Su flecha vaya veloz y lejana. Dejad, alegremente, que la mano del Arquero os doblegue.

Porque así como él ama la flecha que vuela, así también el arco, que es estable.

Khalil Gibran

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El matrimonio

El matrimonio

El Matrimonio

Entonces, Almitra habló otra vez: ¿Qué nos  diréis sobre el Matrimonio, Maestro? Y él respondió, diciendo:

Nacisteis juntos y juntos para siempre.

Estaréis juntos cuando las alas blancas de la muerte esparzan vuestros días.

Sí; estaréis juntos aún en la memoria silenciosa de Dios. Pero dejad que haya espacios en vuestra cercanía.

Y dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros.

Amaos el uno al otro, pero no hagáis del amor una atadura.

Que sea, más bien, un mar movible entre las costas de vuestras almas.

Llenaos uno al otro vuestras copas, pero no bebáis de una sola copa.

Daos el uno al otro de vuestro pan, pero no comáis del mismo trozo.

Cantad y bailad juntos y estad alegres, pero que cada uno de vosotros sea independiente.

Las cuerdas de un laúd están solas, aunque tiemblen con la misma música.

Dad vuestro corazón, pero no para que vuestro compañero lo tenga. Porque sólo la mano de la Vida puede contener los corazones.

Y estad juntos, pero no demasiado juntos. Porque los pilares del templo están aparte.

Y, ni el roble crece bajo la sombra del ciprés ni el ciprés bajo la del roble.

Khalil Gibran

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El Amor

El Amor

EL AMOR

Dijo Almitra: Háblanos del amor.

Y él levantó la cabeza, miró a la gente y una quietud descendió sobre todos. Entonces, dijo con gran voz:

Cuando el amor os llame…

Cuando el amor os llame, seguidlo.

Y cuando su camino sea duro y difícil.

Y cuando sus alas os envuelvan, entregaos. Aunque la espada escondida entre ellas os hiriera.

Y cuando os hable, creed en él. Aunque su voz destroce vuestros sueños, tal como el viento norte devasta los jardines.

Porque, así como el amor os corona, así os crucifica.

Así como os acrece, así os poda.

Así como asciende a lo más alto y acaricia vuestras más tiernas ramas, que se estremecen bajo el sol, así descenderá hasta vuestras raíces y las sacudirá en un abrazo con la tierra.

Él os une con vosotros mismos

Como trigo en gavillas él os une con vosotros mismos.

Os desgarra para desnudaros.

Os cierne, para libraros de vuestras coberturas.

Os pulveriza hasta volveros blancos.

Os amasa, hasta que estéis flexibles y dóciles.

Y os asigna luego a su fuego sagrado, para que podáis convertiros en sagrado pan para la fiesta sagrada de Dios.

Conocer los secretos del corazón

Todo esto hará el amor con vosotros para que podáis conocer los secretos de vuestro corazón y convertiros, por este conocimiento, en un fragmento del corazón de la Vida.

Pero si, en vuestro miedo, buscaréis solamente la paz y el placer del amor, entonces, es mejor que cubráis vuestra desnudez y os alejéis de sus umbrales.

Hacia un mundo de primaveras donde reiréis, pero no con toda vuestra risa, y lloraréis, pero no con todas vuestras lágrimas.

El amor no da nada más a sí mismo y no toma nada más que de sí mismo.

El amor no posee ni es poseído.

Porque el amor es suficiente para el amor.

Cuando améis

Cuando améis no debéis decir: “Dios está en mi corazón”, más bien: “yo estoy en el corazón de Dios”.

Y pensad que no podéis dirigir el curso del amor porque él si os encuentra dignos, dirigirá vuestro curso.

El amor no tiene otro deseo que el de realizarse.

Pero, si amáis y debe la necesidad tener deseos, que vuestros deseos sean éstos:

Fundirse y ser como un arroyo que canta su melodía a la noche.

Saber del dolor de la demasiada ternura.

Ser herido por nuestro propio conocimiento del amor. Y sangrar voluntaria y alegremente.

Despertarse al amanecer con un alado corazón y dar gracias por otro día de amor.

Descansar al mediodía y meditar el éxtasis de amar.

Volver al hogar con gratitud en el atardecer.

Y dormir con una plegaria por el amado en el corazón y una canción de alabanza en los labios.

Khalil Gibrán

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¿Cómo crear felicidad?

¿Crear felicidad…?

Cuando estás enamorado, te sorprendes a ti mismo mirando a todo el mundo con ojos distintos; te vuelves generoso, compasivo, bondadoso, donde antes tal vez eras duro y mezquino. E, inevitablemente, los demás comienzan a reaccionar para contigo de la misma manera, y no tardas en comprobar que vives en un mundo de ternura que tú mismo has creado.

En cambio, cuando lo que predomina en ti es el mal humor y te irritas fácilmente y te muestras ruin, suspicaz y hasta paranoide, enseguida compruebas que todo el mundo reacciona ante ti de manera negativa, y te encuentras viviendo en un mundo hostil, creado por tu mente y tus emociones.

¿Cómo podrías intentar crear un mundo feliz, amable y pacífico?

Aprendiendo el sencillo y hermoso, aunque arduo, “arte de mirar”. Se trata de hacer lo siguiente: cada vez que te encuentres irritado o enojado con alguien, a quien tienes que mirar es a ti, no a esa persona. Lo que tienes que preguntarte no es: “¿Qué le pasa a ese individuo?”, sino: “¿Qué pasa conmigo, que estoy tan irritado?”.

Intenta hacerlo ahora mismo. Piensa en alguna persona cuya sola presencia te saque de quicio y formúlate a ti mismo esta dolorosa pero liberadora frase: “La causa de mi irritación no está en esa persona, sino en mí mismo”.

Una vez dicho esto, trata de descubrir por qué y cómo se origina esa irritación.

Primero

En primer lugar, considera la posibilidad, muy real, de que la razón por la que te molestan los defectos de esa persona, o lo que tú supones que lo son, es porque tú mismo tienes esos defectos; lo que ocurre es que los has reprimido, y por eso los proyectas inconscientemente en el otro. Esto sucede casi siempre, aunque casi nadie lo reconoce. Trata, pues de descubrir los defectos de esa persona en tu propio interior, en tu mente inconsciente, y tu irritación se convertirá en agradecimiento hacia dicha persona que con su conducta te ha ayudado a desenmascararte.

Segundo

Otra cosa digna de considerar es la siguiente: ¿No será que lo que te molesta de esa persona es que sus palabras o su comportamiento ponen de relieve algo de tu vida y de ti mismo que tú te niegas a ver? Fíjate cómo nos molestan el místico y el profeta que parecen alejarse mucho de lo místico o de lo profético cuando nos sentimos cuestionados por sus palabras o por su vida.

Tercero

Una tercera cosa también está muy clara: tú te irritas contra esa persona porque no responde a las expectativas que has sido “programado” para abrigar respecto a ella. Tal vez tengas derecho a exigir que esa persona responda a tu “programación” siendo, por ejemplo, cruel o injusta. en cuyo caso no es preciso que sigas considerando esto.

Pero, si tratas de cambiar a esa persona o de poner fin a su comportamiento, ¿no serías mucho más eficaz si no estuvieras irritado? La irritación sólo conseguirá embotar tu percepción y hacer que tu acción sea menos eficaz.

Todo el mundo sabe que, cuando un deportista pierde los nervios, la calidad de su juego decrece, porque la pasión y el acaloramiento le hacen perder coordinación. En la mayoría de los casos, sin embargo, no tienes derecho a exigir que la otra persona responda a tus expectativas; otras personas en tu lugar, ante dicho comportamiento, no experimentarían irritación alguna. No tienes más que pensar detenidamente en esta verdad, y tu irritación se diluirá.

¿No es absurdo por tu parte exigir que alguien viva con arreglo a los criterios y normas que tus padres te han inoculado?

Cuarto

Finalmente, he aquí otra verdad que deberías considerar: teniendo en cuenta la educación, la experiencia y los antecedentes de esa persona seguramente no puede dejar de comportarse como lo hace. Alguien ha dicho, con mucho acierto, que comprender todo es perdonar todo.

Si tú comprendes realmente a esa persona, la considerarás como una persona deficiente, pero no censurable, y tu irritación cesará al instante. Y enseguida comprobarás que comienzas a tratar a esa persona con amor y que ella te responde del mismo modo, y te encontrarás viviendo en un mundo de amor que tú mismo has creado.

Anthony de Mello

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¿El amor es ciego?

¿El amor es ciego?

Se dice que el amor es ciego. Pero ¿lo es de veras? De hecho, nada hay en el mundo tan clarividente como el amor. Lo que es ciego no es el amor, sino el apego: ese estado de obcecación que proviene de la falsa creencia de que algo o alguien te es del todo necesario para ser feliz.

Imagínate un político…

Imagínate a un político que está convencido de que no puede ser feliz si no alcanza el poder: la búsqueda del poder va a endurecer su sensibilidad para el resto de su vida. Apenas tiene tiempo para dedicarlo a su familia y a sus amigos. De pronto ve a todos los seres humanos -y reacciona ante ellos- en función de la ayuda o la amenaza que puedan suponer para su ambición

Y los que no suponen ninguna de las dos cosas ni siquiera existen para él. Si además de este ansia de poder, está apegado a otras cosas, como el sexo o el dinero, el pobre hombre será tan selectivo en sus percepciones que casi puede afirmarse que está ciego. Esto es algo que ve todo el mundo, excepto él mismo. Y es también lo que conduce al rechazo de la verdad, la belleza y la bondad, porque uno se ha hecho ciego para percibirlas.

Imagínate a ti mismo escuchando una orquesta…

Imagínate ahora a ti mismo escuchando una orquesta cuyos timbales suenan tan fuerte que hacen que no se oiga nada más. Naturalmente, para disfrutar de una sinfonía tienes que poder oír cada uno de los instrumentos.

Del mismo modo, para vivir en ese estado que llamamos “amor” tienes que ser sensible a la belleza y al carácter único de cada una de las cosas y personas que te rodean.

Difícilmente podrás decir que amas aquello que ni siquiera ves: y si únicamente ves a unos cuantos seres, pero excluyes a otros, eso no es amor ni nada que se le parezca, porque el amor no excluye absolutamente a nadie, sino que abraza la vida entera: el amor escucha la sinfonía como un todo, y no únicamente tal o cual instrumento.

Detente ahora por unos instantes

Detente ahora por unos instantes y observa cómo tus apegos -al igual que el apego del político al poder, o el del hombre de negocios al dinero- te impiden apreciar debidamente la sinfonía de la vida.

O tal vez prefieras verlo de esta otra manera: existe una enorme cantidad de información que, procedente del mundo que te rodea, afluye hacia ti a través de los sentidos, los tejidos y los diversos órganos de tu cuerpo, pero tan sólo una pequeña parte de esa información consigue llegar a tu mente consciente.

Es algo parecido a lo que ocurre con la inmensa cantidad de “feedback” que se envía al Presidente de una nación: sólo una mínima parte de la misma llega hasta él, porque alguien de su entorno se encarga de filtrar y tamizar dicha información.

¿Quién decide, pues, lo que finalmente, de entre todo el material que te llega del mundo circundante se abre camino hasta tu mente consciente? Hay tres “filtros” que actúan de manera determinante: tus apegos, tus creencias y tus miedos.

Tres filtros

En primer lugar, tus apegos: inevitablemente, siempre prestarás atención a lo que favorece o pone en peligro dichos apegos, y fingirás no ver lo demás. Lo demás no te interesará más de cuanto pueda interesarle al avaro hombre de negocios cualquier cosa que no suponga hacer dinero.

En segundo lugar, tus creencias: piensa por un momento en el individuo fanático que tan sólo se fija en aquello que confirma lo que él cree y apenas percibe cuanto pueda ponerlo en entredicho, y comprenderás lo que tus creencias suponen para ti.

Finalmente, tus miedos: si supieras que ibas a ser ejecutado dentro de una semana, tu mente se centraría exclusivamente en ello y no podrías pensar en otra cosa. Esto es lo que hacen los miedos: fijar tu atención en determinadas cosas, excluyendo todas las demás.

Piensas equivocadamente que tus miedos te protegen, que tus creencias te han hecho ser lo que eres y que tus apegos hacen de tu vida algo apasionante y firme. Y no ves, sin embargo que todo ello constituye una especie de pantalla o filtro entre ti y la sinfonía de la vida.

Empezar a percibir las cosas como realmente son

Naturalmente, es del todo imposible ser plenamente consciente de todas y cada una de las notas de dicha sintonía. Pero, si logras mantener tu espíritu libre de obstáculos y tus sentidos abiertos, comenzarás a percibir las cosas tal como realmente son y a establecer una interacción mutua con la realidad, y quedarás cautivado por la armonía del universo.

Entonces comprenderás lo que es Dios, porque al fin habrás entendido lo que es el amor.

Míralo de este modo: tú ves a las personas y las cosas, no tal como ellas son, sino tal como eres tú.

Si quieres verlas tal como ellas son, debes prestar atención a tus apegos y a los miedos que tales apegos engendran. Porque, cuando encaras la vida, son esos apegos y esos miedos los que deciden qué es lo que tienes que ver y lo que tienes que ignorar. Y sea cual sea lo que veas, ello va a absorber tu atención. Ahora bien, como tu mirar es selectivo, tienes una visión engañosa de las cosas y las personas que te rodean.

Y cuanto más se prolongue esa visión deformada, tanto más te convencerás de que ésa es la verdadera imagen del mundo, porque tus apegos y tus miedos no dejan de procesar nuevos datos que refuercen dicha imagen.

Esto es lo que da origen a tus creencias, las cuales no son sino formas fijas e inmutables de mirar una realidad que de por sí, no es fija ni inmutable, sino móvil y en constante cambio.

Así pues, el mundo con el que te relacionas y al que amas no es ya el mundo real, sino un mundo creado por tu propia mente. Sólo cuando consigas renunciar a tus creencias, a tus miedos y a los apegos que los originan, te verás libre de esa insensibilidad que te hace ser tan sordo y tan ciego para contigo mismo y para con el mundo.

Anthony de Mello

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Sentimientos mundanos, sentimientos anímicos

Primer contraste

Recuerda la clase de sentimiento que experimentas cuando alguien te elogia, cuando te ves aprobado, aceptado, aplaudido… Y compáralo con el sentimiento que brota en tu interior cuando contemplas la salida o la puesta del sol, o la naturaleza en general, o cuando lees un libro o ves una película que te gustan de veras.

Trata de revivir este último sentimiento y compáralo con el primero, el producido por el hecho de ser elogiado. Comprende que este primer tipo de sentimiento proviene de tu propia “glorificación” y “promoción” y es un sentimiento mundano, mientras que el segundo proviene de tu propia realización y es un sentimiento anímico.

Segundo contraste

Veamos otro contraste: recuerda la clase de sentimiento que experimentas cuando obtienes algún éxito, cuando consigues algo que anhelabas, cuando “llegas arriba”, cuando vences en una partida, en una apuesta o en una discusión. Y compáralo con el sentimiento que te invade cuando disfrutas realmente con tu trabajo, cuando de veras te absorbe por entero la tarea que desempeñas. Y observa, una vez más, la diferencia cualitativa que existe entre el sentimiento mundano y el sentimiento anímico.

Tercer contraste

Y todavía otro contraste más: recuerda lo que sentías cuando tenías poder, cuando tú eras el jefe y la gente te respetaba y acataba tus órdenes, o cuando eras una persona popular y admirada. Y compara ese sentimiento mundano con el sentimiento de intimidad y compañerismo que has experimentado cuando has disfrutado a tope de la compañía de un amigo o de un grupo de amigos con los que te has reído y divertido de veras.

Comprende…

Una vez hecho lo anterior, trata de comprender la verdadera naturaleza de los sentimientos mundanos, es decir. los sentimientos de autobombo y vanagloria, que no son naturales, sino que han sido inventados por tu sociedad y tu cultura para hacer que seas productivo y poder controlarte. Dichos sentimientos no proporcionan el sustento y la felicidad que se producen cuando contemplas la naturaleza o disfrutas de la compañía de un amigo o de tu propio trabajo, sino que han sido ideados para producir ilusiones, emoción… y vacío.

Mírate

Trata luego de verte a ti mismo en el transcurso de un día o de una semana y piensa cuántas de las acciones que has realizado y de las actividades en que te has ocupado han estado libres del deseo de sentir esas emociones e ilusiones que únicamente producen vacío, del deseo de obtener la atención y la aprobación de los demás, la fama, la popularidad, el éxito o el poder.

Fíjate

Fíjate en las personas que te rodean. ¿Hay entre ellas alguna que no se interese por esos sentimientos mundanos? ¿Hay una sola que no esté dominada por dichos sentimientos, que no los ansíe, que no emplee, consciente o inconscientemente, cada minuto de su vida en buscarlos? Cuando consigas ver esto, comprenderás cómo la gente trata de ganar el mundo y cómo, al hacerlo pierde su vida. Y es que viven unas vidas vacías, monótonas, sin alma…

Una parábola

Propongo a tu consideración la siguiente parábola de la vida: un autobús cargado de turistas atraviesa una hermosísima región llena de lagos, montañas, ríos y praderas. Pero las cortinas del autobús están echadas, y los turistas, que no tienen la menor idea de lo que hay al otro lado de las ventanillas, se pasan el viaje discutiendo sobre quién debe ocupar el mejor asiento del autobús, a quién hay que aplaudir, quién es más digno de consideración… Y así siguen hasta el final del viaje.

Anthony de Mello

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¡Toma el control de tu vida!

¡Toma el control de tu vida!

Observa la existencia…

¡Date cuenta de que toda la existencia está de celebración! Esos árboles no están serios, esos pájaros no están serios, los ríos y los océanos son salvajes y en todas partes hay alegría, en todas partes vez gozo y alegría. Observa la existencia, escucha la existencia y forma parte de ella. Entonces te convertirás en alguien que ama, porque el amor solamente puede existir en un profundo respeto por la alegría, dentro de un gran respeto por el gozo. El amor no puede existir en una mente seria. Con una mente seria, lo que sintoniza es la lógica. No seas serio. No te estoy diciendo que seas falso. Sé sincero, pero no seas serio. La sinceridad es una cosa; la seriedad es otra completamente distinta. Sé sincero con la existencia y entonces serás auténtico, te convertirás en parte de este juego cósmico.

Cada ciclo del universo

reza en silencio,

fluyendo con la esencia del amor.

Los árboles aman la tierra; la tierra ama los árboles. Los pájaros aman los árboles; los árboles aman los pájaros. La tierra ama al cielo, el cielo ama la tierra. La existencia al completo existe en un gran océano de amor. Deja que el amor se convierta en tu adoración, deja que el amor sea tu oración.

Si no has conocido el amor…

Es imposible comunicar con alguien que no haya conocido el amor. ¿Cómo podríamos hablar de Dios, de la oración? ¿Cómo podríamos hablar de la verdad?… el otro sería completamente inconsciente de su propio corazón, desconocería el lenguaje; viviría en su mente. Sería como el búho que contempla el cielo, ciego a los rayos del sol.

En la mitología india el búho es el símbolo del conocimiento, de la erudición, de la cultura. La gente que es excesivamente erudita, que se centra excesivamente en sus mentes, que acumula información y datos, es como los búhos. No se dan cuenta de cuándo el sol ha salido. Continúan contemplando el sol y no obstante son ciegos a sus rayos de luz.

Los bauls dicen que el hombre que vive en la mente –un erudito-, el hombre que todo lo conceptualiza, aquél que todo lo convierte en teorías, dogmas, doctrinas, aquél que memoriza los vedas, el Corán, la Biblia, será incapaz de comprender nada respecto al amor. Aunque tú se lo digas, de inmediato lo tergiversará. Si le hablas del amor, él fabricará con lo dicho una teoría… y el amor no puede ser constreñido a una teoría. Si le dices algo sobre la oración, intentará que la oración parezca una hipótesis… y la oración no es una hipótesis. Un hombre de lógica, lo reduce todo a su lógica.

Osho

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El amor y nuestra fantasía más profunda

El ego posee su propia lógica: Dice que “tú” eres importante, que “tú” eres el hombre, la mujer más importante del mundo… y que tienes que demostrarlo. Todos estamos tratando de hacerlo así de una u otra forma: unos poseyendo más dinero; otros poseyendo una hermosa mujer; otros poseyendo prestigio; otros convirtiéndose en presidentes o primeros ministros; otros siendo artistas, poetas; otros convirtiéndose en grandes santos. Pero todos intentamos, de una u otra forma, autentificar nuestra fantasía más profunda: somos la persona más importante del mundo.

Y entonces no puedes amar

La ambición es un veneno para el amor. Aquél que ama no tiene ninguna necesidad de demostrarlo. En realidad, sabe que es amado y eso es suficiente.

Analicémoslo en detalle. Cuando no eres amado y no amas, de inmediato surge una gran necesidad de hacer algo, de conseguir algo, de demostrar al mundo que eres importante, que eres necesario. Hay una gran necesidad de ser necesitado. Te sientes impotente, inútil, superfluo, como si no fueras necesario. En sí misma la necesidad no es mala; ser necesitado es un requisito del amor.

Si una mujer te ama, si un hombre te ama, te sientes colmado: alguien te necesita, eres importante; entonces te olvidas de todas las demás. No vas al mercado y gritas: “¡Soy importante!”. Entonces no eres ambicioso, no acumulas dinero obsesivamente. Si alguien te ama, con ese amor resultas dignificado, con ese amor te conviertes en soberano.

Con el amor, el ego no existe

El amor te convierte en un emperador, en un soberano. Te satisface tan profundamente y en tal medida que no te es necesario hacer ni conseguir nada. Con el amor, el ego sencillamente no existe. Pero si esa necesidad no es satisfecha, entonces, por todos los medios, tratas de satisfacerla: entonces te gustaría convertirte en una persona muy famosa de manera que mucha gente te necesitara.

Pero recuerda que ser amado por uno y necesitado por millones no es lo mismo. Con el amor de una sola persona es suficiente. En cambio puedes tener a tu alrededor a millones de personas contemplándote, pero eso no te satisfará. Eso es política, eso es lo que el político está tratando de hacer.

Osho

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¿Qué queremos decir con la palabra “amor”?

¿Qué queremos decir con la palabra “amor”?

Algo más grande que tú te atrae…

Algo que todos queremos expresar es que encierra en ella una cierta atracción, una gran energía. Cuando te enamoras, no haces nada, sino que eres atraído. El amor posee una fuerza magnética. Te sientes atraído hacia el objeto de tu amor, gravitas hacia él casi sin remedido, gravitas hacia él casi contra tu voluntad. Posee un atractivo, un campo magnético: por eso decimos “Has caído enamorado”. ¿Quién desea “caer”? Pero ¿quién puede evitarlo? Cuando la energía te llama, de repente dejas de ser tu viejo yo. Algo más grande que tú te atrae, algo mayor que tu te está llamando. El desafío es tal que simplemente te precipitas hacia ello de cabeza.

Y algo milagroso cambia en tu conciencia

Por eso lo primero que has de comprender es que el amor es una gran atracción energética. Y lo segundo: siempre que te enamoras, de inmediato dejas de ser vulgar; algo milagroso cambia en tu conciencia. El amor te transforma. Enamorado, un hombre violento se vuelve tierno y dulce. Un asesino puede volverse compasivo. Es casi imposible de creer. El amor es milagroso: transforma el vil metal en oro. ¿Te has fijado alguna vez en las caras y en los ojos de la gente cuando se enamora? Casi no puedes creer que sean las mismas personas. Cuando el amor toma posesión de sus almas, son transfigurados, transportados a otra dimensión… y de inmediato, sin hacer ningún esfuerzo por sí mismos, como si hubieran sido atrapados en la red de Dios. El amor transforma lo bajo en alto, la Tierra en el cielo; transforma lo humano en divino.

El amor son dos cosas

Son dos cosas. Primero: es un campo energético –los científicos coinciden en ello-. Segundo: es una fuerza transformadora que te ayuda a perder tu carga, que te proporciona alas con las que puedes alcanzar la trascendencia. Los pensadores religiosos están de acuerdo en que el amor es ambas cosas: Dios y electricidad. El amor es la energía divina. No importa que seas o no seas religioso: es la experiencia central de la vida humana. Es lo más común y lo más extraordinario. Le sucede a todo el mundo, en mayor o menor grado. Y siempre que te sucede, te transmuta. Es el puente entre tú y lo Supremo.

Osho

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Cuatro pasos hacia el amor: el cuarto

Cuatro pasos hacia el amor

Y el cuarto es no ser nadie

Cuando empiezas a creer que eres alguien, te detienes, el amor deja de fluir. El amor fluye solamente de alguien que no es nadie. El amor mora en la nada. Cuando estás vacío hay amor. Cuando estás lleno de ego el amor desaparece. Amor y ego no pueden existir juntos. El amor puede existir con Dios, pero no con el ego, porque amor y Dios son sinónimos. Amor y ego son imposibles de juntar. No seas pues, alguien. Ése es el significado de ser humilde, simple. Jesús dice: “Bienaventurados los humildes porque de ellos es el reino de Dios”.

Kabir dice:

“Del mismo modo que si ignoras el árbol

puede que nunca encuentres el bosque,

también puede que nunca lo encuentres en abstracciones”.

Un sutra tremendamente significativo, de gran valor, a modo de criterio. Escucha. Me he encontrado con gente que dice: “Amo a la humanidad”… y no han amado siquiera a un solo ser humano. La “humanidad” es una abstracción. ¿Cómo puedes amar a la humanidad? ¿Dímero? ¿Dónde encontrar a la humanidad? ¿Cómo puedes abrazar a la humanidad? ¿Cómo puedes besarla? No, eso son trucos de la mente. Siempre que te encuentras con alguien, te encuentras con un ser humano. La humanidad no existe; solamente existen seres humanos y más seres humanos.

El bosque no existe

La humanidad es una abstracción, una idea; solamente existe en la mente de los filósofos; en ninguna otra parte. Pero es una idea muy engañosa: puedes evitar a los seres humanos en nombre de la humanidad. Incluso puedes matar a seres humanos en nombre de la humanidad. Puedes decir: “Estoy sirviendo a la humanidad y tú te estás interponiendo. Te destruiré”.

“Del mismo modo que si ignoras el árbol

puede que nunca encuentres el bosque…”

El bosque no existe. “Bosque” es solamente una palabra. Lo que existe es el árbol. Árboles y árboles y más árboles. Ellos sí existen. Y si empiezas a buscar el bosque ignorando los árboles, nunca lo encontrarás. Puede que por esto mucha gente busque a Dios, pero sin encontrarle nunca. Buscan una abstracción. Dios es como el bosque. Puedes encontrar un árbol, una roca, un hombre, una mujer, un perro, una serpiente, una estrella…, pero no encontrarás a Dios en ninguna parte. Dios es el nombre de la totalidad. Existe en esas particularidades; no tiene otra existencia. Existe en la serpiente como serpiente, existe en el árbol como árbol, existe en la roca como roca, existe en el hombre como hombre.

Busca lo particular

Busca lo particular y olvídate de lo universal. Ésa es la verdadera diferencia entre la religión real y la falsa. La falsa religión se dedica a las abstracciones; la verdadera religión se dedica a lo particular. Ama al hombre, ama a la mujer, ama al niño, ama al animal ama al árbol, ama a las estrellas. No preguntes por Dios… y encontrarás a Dios.

Al amar a una mujer, al amar a un animal, al amar a un árbol, poco a poco te irás dando cuenta de que el árbol no es simplemente un árbol. El árbol trasciende en mucho al árbol mismo; va más allá. Al amar a una mujer te darás cuenta de que no es sólo el cuerpo, ni sólo la mente; tras ella se oculta algo que la trasciende. La mujer se convierte en una ventana, en una ventana que da a Dios. Tu propio hijo se convierte en una ventana hacia Dios.

Ama lo particular, lo concreto, lo real y te darás cuenta de lo que ha hecho la gente malvada en nombre de las abstracciones. Los cristianos pelean contra los musulmanes; los musulmanes luchan contra los hindúes… y cuando les preguntas: “¿Para qué?”, te contestan: “Por Dios”. El dios musulmán, el cristiano y el dios hindú son una abstracción. Sólo existe la “divinidad”. Y matas al hindú, y matas al musulmán, y matas al cristiano. Matas a dioses reales en nombre de falsas ideas; matas a personas reales en nombre de teorías.

Descubrir el centro

Has de descubrir el centro. El amor te convierte en una nada, el amor te hace despegar del suelo, el amor destruye tu ego por completo, lo aniquila, acaba contigo y te proporciona una nueva vida. Te conviertes en un bambú hueco… y su música empieza a fluir a través de ti. No lo obstaculices, porque no estás aquí para estorbarlo. Si “tú” eres, “tú” eres el obstáculo.

Osho

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Cuatro pasos hacia el amor: El tercero

Cuatro pasos hacia el amor

En tercer lugar: comparte

Siempre que aparezca la negatividad, guárdala para ti. Siempre que estés positivo, comparte. Por lo general la gente comparte su negatividad; no comparte su positividad. La humanidad es sencillamente estúpida. Cuando están felices, no comparten; son avaros. Cuando son infelices son muy, muy dadivosos; entonces sí tienen mucho que compartir. Cuando la gente sonríe, lo hace con cuentagotas, lo esboza; pero cuando uno se enfada, se enfada por completo.

El tercer paso es compartir la positividad. Eso hará que tu amor fluya como un río surgiendo de tu corazón. El dilema de tu corazón empezará a alejarse cuando compartas.

He leído un párrafo muy extraño de José Luis Borges. Escúchalo:

Da lo sagrado a los perros,

lanza perlas a los cerdos,

Porque lo que importa es dar.

Se te ha dicho lo contrario: “No lances agua santificada a los perros, no lances perlas a los cerdos, porque no comprenderán”.

Borges dice:

Da lo sagrado a los perros,

lanza perlas a los cerdos,

Porque lo que importa es dar.

Lo que importa no es lo que das –perlas, santidad, amor- ni a quién se lo das. Eso no es importante. Lo importante es el hecho de dar. Cuando tengas, da.

Lo que acumulé, lo perdí

Gurdjieff solía decir: “Todo lo que acumulé, lo perdí; y todo lo que di, es mío. Todo lo que di está aún conmigo y todo lo que atesoré se ha perdido, ha desaparecido”. Es verdad: solamente tienes lo que compartes. Solamente tienes el amor que has compartido. El amor no es un bien que atesorar; es un resplandor, una fragancia que hay que compartir. Cuanto más lo compartes, más tienes. Cuanto menos lo compartes, menos tienes. Compártelo…  y más surgirá de tu centro interior… que es infinito. Brotará más. Si extraes agua de un pozo, más agua fresca penetrará en él. Deja de sacar agua, cierra el pozo, vuélvete un avaro y dejará de haber manantial. Lentamente la fuente irá muriéndose, se bloqueará, y el agua del pozo morirá, se pudrirá, se corromperá. El agua que fluye es fresca… el amor que fluye es fresco.

Nunca acumules lo que de hermoso haya en ti

De modo que el tercer paso hacia el amor es: comparte tus positividades, comparte tu vida, comparte lo que tienes. Nunca acumules lo que de hermoso haya en ti. Comparte tu sabiduría, comparte tu corazón, comparte tu amor, tu felicidad, tu alegría. Y si no puedes encontrar a nadie, compártelo con los perros, pero compártelo. Compártelo con las rocas, pero compártelo. Cuando tengas perlas, repártelas. No te preocupes porque ellos sean cerdos o santos; simplemente lánzaselas. “Lo que importa es dar”.

El acumular envenena el corazón. El atesorar es un veneno. Si compartes, tu sistema se verá libre de venenos. Y cuando des, no te preocupes por si te ves o no te ves correspondido. No esperes ni siquiera un “gracias”. Siente agradecimiento hacia la persona que te ha permitido compartir algo con ella. No hagas lo contrario, no esperes –diciéndote a ti mismo en lo profundo de tu corazón- que debería darte las gracias por haber compartido algo con ella; no. Siéntete agradecido porque estuvo dispuesto a escucharte, a compartir algo de energía contigo, porque estuvo dispuesto a escuchar tu corazón, porque estuvo dispuesta a contemplar tu danza, porque cuando quisiste darle no te rechazó… ¡y podía haberte rechazado!

El compartir es una de las virtudes más espirituales, una de las mayores virtudes espirituales.

Osho

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Cuatro pasos hacia el amor: El segundo

Cuatro pasos hacia el amor: El segundo

El segundo paso hacia el amor es aprender a transformar tus venenos en miel

Mucha gente ama, pero su amor es contaminado en gran medida por venenos tales como el odio, los celos, la ira, la posesividad… mil y un venenos rodean tu amor. El amor es algo delicado. Piensa simplemente en la ira, en los celos, en el odio, en la posesividad… ¿cómo va a poder sobrevivir el amor?

Primero la gente se mueve hacia la cabeza y se olvida del corazón… son la mayoría. Luego hay una minoría que vive aún un poco en el corazón, pero esa minoría hace algo mal: la pequeña luz del amor se ve rodeada de celos, ira, odio, mil y un venenos. Y entonces todo el viaje adquiere un sabor amargo. Te he dicho que el amor es la escalera entre el cielo el infierno, pero una escalera es siempre un cambio de doble sentido: puedes subir o puedes bajar. Si hay venenos la escalera te hará descender; entrarás en el infierno y no en el cielo. Y en lugar de obtener una melodía, tu vida se convertirá en una tremenda barahúnda, un conflicto, como el ruido del tráfico, un ruido enloquecedor, un tumulto de diferentes ruidos inarmónicos. Te situarás al borde de la locura.

¿Cómo son transformados?

Por esto, lo segundo que has de recordar es aprender a transformar tus venenos en miel. ¿Cómo son transformados? Es un proceso muy simple. En realidad, denominarlo “transformación” no es correcto porque tú no haces nada; solamente necesitas paciencia. Éste es uno de los mayores secretos que te voy a contar. Inténtalo: cuando la ira emerja en ti, no hagas nada; simplemente siéntate en silencio y obsérvala. No te enfrentes a ella ni la ayudes; no cooperes con ella, ni la reprimas. Simplemente obsérvala con paciencia; simplemente observa qué sucede… déjala que surja.

Recuerda una cosa: no hagas nada en cuanto surja la ira. Espera. Concédele un poco de tiempo y espera. Te sorprenderás. Un día comprenderás que si esperas lo suficiente, la ira se transformará en compasión. En una rueda que se mueve por sí sola; tú eres el que tiene prisa. De la misma manera que la noche se transforma en día si aguardas un poco, de la misma manera la ira se convierte en compasión si eres capaz de tener un poco de paciencia. La misma energía… solamente has de añadirle algo de paciencia; nada más. Inténtalo.

La ira no puede existir siempre

Descubrirás que la ira no puede existir siempre… ¿o sí? ¡No lo has probado! Inténtalo. No puede existir para siempre. Si no haces nada, ¿qué va a suceder? ¿Puede la ira perdurar por y para siempre? Nada perdura para siempre. La felicidad viene y se va, la infelicidad viene y se va. ¿No ves esa sencilla ley? Todo cambia, nada permanece constante. Así que ¿por qué tienes prisa? La ira ha aparecido; se irá. Simplemente espera; ten un poco de paciencia. Tan sólo mira en el espejo y espera. Deja que la ira esté ahí, deja que tu cara exprese ansias asesinas y se vuelva repugnante. Pero espera, observa.

No la reprimas, no actúes en función de la ira. Pronto verás que tu rostro se afloja, que tus ojos se van calmando, que la energía está cambiando: lo masculino se transforma en femenino… y pronto estarás radiante. El mismo enrojecimiento de la ira se ha transformado en un bello resplandor en tu rostro, en tus ojos. Ahora puedes salir: ha llegado el tiempo de actuar.

Actúa cuando estés positivo

Actúa cuando estés positivo. No fuerces esa positividad; espera que la positividad aparezca por sí misma. Éste es el secreto. Eso es lo que quiero decir cuando te digo “aprende a transformar tus venenos en miel”.

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Cuatro pasos hacia el amor: El primero

Cuatro pasos hacia el amor: El primero

Mantente aquí y ahora

El primero: mantente aquí y ahora porque el amor solamente es posible aquí-ahora. No puedes amar en el pasado. Mucha gente lo hace así, pero no puedes amar realmente en el pasado. Muchos simplemente viven en sus recuerdos: en el pasado amaron. Y otros aman en el futuro. Y eso tampoco puede ser. Ésas son maneras de evitar el amor; pasado y futuro son sistemas para evitar amar.

De modo que tratas de amar en el pasado o en el futuro… y el amor solamente es posible en el presente porque solamente en este instante vida y muerte se encuentran… en el oscuro intervalo de tu interior. Ese oscuro intervalo está siempre presente, siempre presente, siempre presente. Nunca es pasado ni nunca es futuro.

Si piensas demasiado…

Si piensas demasiado –y el pensar siempre es parte del pasado y del futuro- tus energías se apartarán del sentir. Sentir es aquí-ahora. Si tu energía se desplaza hacia el pensar entonces no dispondrás de energía suficiente para adentrarte en el sentir y el amor no será posible.

Así que el primer paso es estar aquí-ahora. Futuro y pasado implican pensar y el pensar destruye el sentir. Una persona demasiado obsesionada con el pensar, lentamente va olvidándose de que también tiene un corazón. Un hombre que piensa demasiado empieza, poco a poco, a vivir de manera que los sentimientos tienen poco que decir. Y al no escuchar a los sentimientos, el sentir se va alejando lentamente de él.

Hay millones de personas en ese estado: no saben lo que significa “corazón”. Creen que el corazón es una bomba. Viven concentrados exclusivamente en su cabeza. La cabeza es un extremo: es necesaria, es un buen instrumento, pero ha de ser utilizada como esclavo. No ha de ser el amo. Una vez la cabeza se convierte en el amo y el corazón es dejado atrás, vives y mueres, pero nunca sabes qué es Dios porque no sabes lo que es el amor.

Cuando ese mismo intervalo es contactado por primera vez, se parece al amor… y cuando te pierdes en él por completo, se convierte en Dios. El amor es el comiendo de Dios… Dios es la cumbre última del amor.

Osho

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Los tres grandes acontecimientos de la vida

Grandes acontecimientos

Esos son los tres grandes acontecimientos de la vida: vida, amor, muerte. La vida ya ha sucedido. La muerte sucederá; eso es seguro. En cierta forma, ya ha sucedido al nacer, ya has dado un paso hacia la tumba. El día en que naciste, se completó medio viaje; la otra mitad no tardará mucho… con la vida, la muerte también ha penetrado en ti. Ahora sólo resta una cosa que puedes hacer tú, sólo una cosa depende de ti… y eso es amar. Y debido a que depende de ti, es muy probable que la pases por alto.

Puedes pasarlo por alto…

Ésa es la agonía del amor: puedes pasarlo por alto. Si no haces nada, si no despiertas, si no vas hacia él conscientemente, deliberadamente, puedes perdértelo. Existen las máximas posibilidades de que no seas capaz de desarrollarlo. De ahí el miedo, la angustia, el temblor, la ansiedad: ¿seré capaz de conseguirlo? ¿Seré capaz de adentrarme en el amor? ¿Seré capaz de fluir en el amor? Pero junto a esta agonía se encuentra el éxtasis: la libertad que uno tiene.

Es debido a esa libertad que existe el miedo. Si el amor fuera algo predestinado como lo son la vida y la muerte, entonces no habría miedo. Pero entonces tampoco habría éxtasis, porque el éxtasis es posible solamente cuando logras algo, cuando conscientemente eliges algo, cuando deliberadamente llegas a alguna parte, cuando es tu viaje y no estás siendo arrastrado. Ésa es la belleza del amor y también su peligro.

Osho

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