Origen de la culpa

Origen de la culpa

Origen de la culpa

Los orígenes de la culpa son dos procesos que aprendiste y que ahora forman parte de tu mecanismo emotivo. El primero es la culpabilidad que aprendiste a muy temprana edad, que queda como un residuo infantil en tu personalidad adulta. El segundo es la culpa que te autoimpones siendo adulto después de infringir tu código moral.

La culpa residual

Esta culpa es la reacción emocional que arrastras contigo desde sus memorias infantiles. Los productores de culpa son numerosos, y si funcionan en el caso de los niños, la gente sigue cargando con ellos en su edad adulta.

Algunos de estos residuos implican amonestaciones como las siguientes: “Papá no te va a querer si haces eso otra vez”. “Deberías sentirte avergonzado por lo que has hecho”, (como si eso te fuera a ayudar). “Bueno, muy bien, a fin de cuentas, yo sólo soy tu madre”.

Cuando ya eres una persona adulta, las implicaciones de este tipo de frases pueden seguir vigentes cuando desagradas a tu jefe, o a otras personas que sirven como imágenes paternales y maternales. El intento persistente de lograr el apoyo de estas figuras sigue presente y, en consecuencia, lo mismo sucede con el sentimiento de culpa cuando tus esfuerzos fracasan.

La culpa residual también aflora en el sexo y en el matrimonio. Es fácil verlo en tus múltiples remordimientos y en las excusas por comportamientos pasados. Estas reacciones de culpa se producen porque en tu infancia aprendiste a ser manipulado por los adultos, y estas mismas reacciones pueden seguir funcionando en el hombre / mujer que ha dejado de ser niño para convertirse en adulto.

Culpa autoimpuesta

Esta segunda categoría de reacción culpable cubre una zona mucho más molesta. Aquí te sientes inmovilizado por cosas que has hecho recientemente, pero que no tienen necesariamente que estar conectadas con algo que pasó en tu infancia.

Es la culpabilidad impuesta por ti mismo cuando infringes una norma adulta o un código moral adulto. Puedes sentirte mal durante mucho tiempo, aunque el dolor nada puede hacer para cambiar lo que ha sucedido.

Entre las culpas autoimpuestas más típicas está la de haber reñido con alguien y luego detestarse por haberlo hecho; o el sentirse emocionalmente nulo debido a algo indebido que has dicho o hecho.

De este modo, puedes considerar la culpa como una reacción a normas que te fueron impuestas, y por las que aún estás tratando de complacer a alguna figura de autoridad ausente. O como resultado de tus esfuerzos por vivir a la altura de normas autoimpuestas que realmente no te convencen, pero que sientes que debes obedecer.

Comportamiento inútil

En ambos casos, se trata de un comportamiento estúpido y, lo que es más importante, inútil. Puedes seguir lamentándote hasta el fin de tus días, pensando en lo malo que has sido, y lo culpable que te sientes, y ni la más pequeña tajada de culpa podrá hacer algo para rectificar ese comportamiento.

¡Se acabó! Tu culpabilidad es una tentativa de cambiar la historia, de desear que las cosas no hubieran sido como fueron. Pero la historia fue así, y tú no puedes hacer nada al respecto.

Disfrutar del placer sin sentirte culpable

En nuestra cultura hay muchas venas de pensamiento puritano que nos envían mensajes de este calibre: “Si te diviertes, tendrías que sentirte culpable por ello”. Muchas de tus propias reacciones de culpa autoimpuestas podrían encontrar su origen en este tipo de pensamiento.

Quizás has aprendido a que no debes satisfacer tus gustos, o que no debes disfrutar de un chiste verde, o que no debes participar en cierto tipo de comportamientos sexuales. Si bien los mensajes represores son muy comunes en nuestra cultura, la culpa que sientes cuando te estás divirtiendo es puramente autoimpuesta.

Puedes aprender a disfrutar del placer sin sentirte culpable. Puedes aprender a verte a ti mismo como una persona que es capaz de hacer cualquier cosa integrada en su propio sistema de valores sin perjudicar a los demás. Y hacerlo sin sentir culpa.

Lo que sí puedes hacer

Lo que sí puedes hacer es empezar a cambiar tu actitud respecto a las cosas que te producen culpa.

Si haces algo y te disgustas contigo mismo después de hacerlo, puedes proponerte evitar ese comportamiento en el futuro. Pero soportar una sentencia de culpa autoimpuesta es un “viaje” neurótico innecesario.

La culpabilidad no sirve de ayuda para nada. Por el contrario, no sólo sirve para inmovilizarte sino que aumenta las posibilidades de que repitas el mismo comportamiento indeseado en el futuro.

La culpa puede servir de retribución en sí misma, y también de permiso para repetir el mismo comportamiento. Mientras sigas inmerso en la culpabilidad podrás seguir así, indefinidamente, sin lograr nada, a no ser la infelicidad del momento presente.

Aprender del pasado no es sentirte culpable

La culpa no es sólo una preocupación por el pasado. Es la inmovilización del momento presente por un suceso del pasado. Y el grado de inmovilización puede abarcar desde una pequeña incomodidad hasta una severa depresión.

Si simplemente estás aprendiendo lecciones de tu pasado, y prometiéndote evitar la repetición de algún comportamiento específico, eso no se llama culpa. Experimentas culpabilidad sólo cuando este sentimiento te impide actuar ahora porque antes te comportaste de una cierta manera.

Aprender de tus equivocaciones es una parte sana y necesaria de tu crecimiento y desarrollo. La culpabilidad es malsana porque gastas inútilmente tu energía en el presente, sintiéndote molesto y deprimido a causa de un acontecimiento ya histórico. Y eso es tan inútil como malsano.

No hay culpabilidad por grande que sea, que pueda resolver un solo problema.

Wayne W. Dyer

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