Elimina grasa de tu mente

Elimina grasa de tu mente

Elimina grasa de tu mente

Imágínate…

Imagínate a una persona gordísima y grasienta. En algo así puede llegar a convertirse tu mente: en algo tan gordo y grasiento, tan pesado y lento, que sea incapaz de pensar, de observar, de explorar, de descubrir… Mira a tu alrededor y verás cómo la mayoría de las mentes están así: torpes, dormidas, protegidas por “capas de grasa”, deseando no ser molestadas ni sacudidas de su modorra.

Cuatro capas de grasa

¿Qué son esas “capas de grasa”? Son tus creencias, las conclusiones a que has llegado acerca de personas y cosas, tus hábitos y tus apegos. Tus años de formación deberían haberte servido para eliminar esas “capas” y liberar tu mente. En cambio, tu sociedad y tu cultura, que han recubierto tu mente con dichas adiposidades, te han enseñado a no verlas siquiera, a refugiarte en el sueño y a dejar que otras personas -los expertos: los dirigentes políticos, culturales y religiosos piensen por ti. De ese modo, han conseguido abrumarte con el peso de una autoridad y una tradición intangibles e incontestables. Veamos esas “capas” una por una.

Creencias

La primera son tus creencias. Si tu manera de vivir viene determinada por tu condición de comunista o de capitalista, de musulmán o de judío o de católico, estarás experimentando la vida de un modo parcial y sesgado; hay entre ti y la realidad una barrera, una “capa de grasa” que te impide ver y tocar directamente dicha realidad.

Ideas

La segunda “capa” la constituyen tus ideas. Si te aferras a una idea acerca de alguna persona, entonces ya no amas a esa persona, sino que amas tu idea acerca de ella. Cuando la ves hacer o decir algo, o comportarse de una determinada manera, le pones una etiqueta: “es tonta”, “es torpe”, “es cruel”, “es simpática”… Y entonces ya has puesto una pantalla, una “capa de grasa” entre ti y esa persona; y cuando vuelvas a encontrarte con ella, la verás en función de esa idea que te has formado, aun cuando ella haya cambiado. Observa cómo es precisamente esto lo que has hecho con casi todas las personas que conoces.

Hábitos

La tercera “capa” son los hábitos. El hábito o la costumbre es algo esencial en la vida humana. No podríamos caminar, hablar o conducir un auto si no tuviéramos el hábito de hacerlo. Pero los hábitos deben limitarse al ámbito de las cosas “mecánicas”, y no deberían invadir los terrenos del amor o de la visión.

A nadie le gusta ser amado “por costumbre”. ¿No te has sentado nunca a la orilla del mar, hechizado por la majestad y el misterio del océano? El pescador mira todos los días el océano sin caer en la cuenta de su grandeza. ¿Por qué? Por el efecto embotador de una “capa de grasa” llamada “hábito”.

Te has formado una idea estereotipada acerca de todas las cosas que ves y cuando tropiezas con ellas, no eres capaz de verlas en toda su cambiante novedad y frescor: lo único que ves es la misma idea insípida, espesa y aburrida que te has habituado a tener de ellas. Y así es como tratas y te relacionas con las personas y las cosas: sin frescor ni novedad de ningún tipo, sino de esa forma torpe y rutinaria generada por la costumbre.

Eres incapaz de mirar de una manera más creativa, porque, al haber adquirido el hábito de tratar con el mundo y con la gente, puedes activar el “piloto automático” de tu mente e irte a dormir.

Apegos y miedos

La cuarta “capa”, formada por tus apegos y tus miedos, es la más fácil de ver. Recubre con una espesa capa de apego o de miedo (y de aversión, por consiguiente) cualquier cosa o persona, y en ese mismo instante dejarás de ver a esa persona o cosa como realmente es. Y para comprobar cuán cierto es esto, basta con que recuerdes a algunas de las personas que te desagradan o temes, o a las que te sientes apegado.

Tu prisión

¿Ves ahora hasta qué punto estás encerrado en una prisión creada por las creencias y tradiciones de tu sociedad y tu cultura y por las ideas, prejuicios, apegos y miedos producidos por tus experiencias pasadas?

Hay una serie de muros que rodean tu prisión, de forma que te resulta casi imposible evadirte de ella y entrar en contacto con toda la riqueza de vida y de amor que hay en el exterior. Y, sin embargo, lejos de ser imposible, es realmente fácil y grato.

¿Qué hay que hacer?

Cuatro cosas:

Primera: reconoce que estás encerrado entre los muros de una prisión y que tu mente se ha quedado dormida. A la mayoría de las personas ni siquiera se les ocurre verlo, por lo que viven y mueren “encarceladas”. Y la mayoría también acaba siendo conformista y adaptándose a la vida de dicha prisión.

Algunos salen “reformadores” y luchan por unas mejores condiciones de vida en la prisión: una mejor iluminación, una mejor ventilación… Y casi nadie se decide a ser un rebelde, un revolucionario que eche abajo los muros de la prisión. Sólo podrás ser revolucionario cuando consigas ver, antes que nada, dichos muros.

Segunda: contempla los muros; emplea horas enteras simplemente en observar tus ideas, tus hábitos, tus apegos y tus miedos, sin emitir juicio ni condena de ningún tipo. Limítate a mirarlos, y se derrumbarán.

Tercera: emplea también algún tiempo en observar las cosas y personas que te rodean. Mira, como si lo hicieras por primera vez, el rostro de un amigo, una hoja, un árbol, el vuelo de un pájaro, el comportamiento y las peculiaridades de las personas que te rodean… Mira todas esas cosas de veras, y seguro que habrás de verlas tal como son en realidad, sin el efecto embotador y deformante de tus ideas y hábitos.

Cuarta (y más importante): siéntate tranquilamente y observa cómo funciona tu mente, de la que brota sin cesar un flujo de pensamientos, sensaciones y reacciones. Dedica largos ratos a observarlo todo ello del mismo modo en que contemplas un río o una película. No tardarás mucho tiempo en descubrir que es aún más interesante, vivificante y liberador. Después de todo, ¿acaso puedes afirmar que estás vivo si ni siquiera eres consciente de tus propios pensamientos y reacciones?

Vida

Se dice que la vida inconsciente no merece ser vivida.

Podría afirmarse que ni siquiera puede ser llamada “vida”, porque es una existencia mecánica, de “robot”; porque se parece más al sueño, a la falta de sentido, a la muerte… Y, sin embargo es esto lo que la gente llama “vida humana.

Así pues. mira, observa, examina, explora… y tu mente se hará viva, eliminará su “grasa” y se tornará perspicaz, despierta y activa. Los muros de tu prisión se desplomarán hasta que no quede piedra sobre piedra, y tú te verás agraciado con la visión nítida y sin obstáculos de las cosas tal como son, con la experiencia directa de la realidad.

Antony de Mello

Visita en nuestra web nuestros servicios y programación de actividades

Abierto el plazo de inscripción
Post recientes
Suscríbete al blog

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.

Comparte en tus redes sociales
Close

CONTACTA CON NOSOTROS

Refuerza tu poder personal y el de tu organización

  • Suscríbete al blog por correo electrónico

    Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.

  • Subscribe error, please review your email address.

    Close

    You are now subscribed, thank you!

    Close

    There was a problem with your submission. Please check the field(s) with red label below.

    Close

    Your message has been sent. We will get back to you soon!

    Close

    Uso de cookies

    Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

    ACEPTAR
    Aviso de cookies