Vista. Poemas breves para meditar con los 5 sentidos

Poemas breves para meditar con los 5 sentidos

Vista

Gracias por el enorme poder que has puesto en nuestros ojos,

en la mirada,

el poder de observar,

de aprehender la forma de otros seres, de las cosas

su luz,

su brillo y su sombra,

su color.

 

El poder de establecer complicidades,

de mirar la vida de frente y limpiamente,

sin pretender juzgar,

simplemente viendo y comprendiendo

que somos uno con la forma,

con la luz,

con la sombra,

con el color que nos envuelve,

uno con los distintos seres y cosas que miramos,

con el Universo,

Con Vos.

 

¡Porque somos lo que vemos,

los seres, las cosas, las sombras de la Tierra,

las estrellas del Cielo!

José Carlos Cuerda

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Siete palabras mágicas

Siete palabras mágicas

1- Muévete. Mueve tu casa, tu cama, tu cuerpo. Camina, sal por las montañas, sal de la rutina del trabajo, las relaciones y los patrones de vida. Cambia tu perspectiva. Acércate a aquellas personas con las que puedas ser auténtico y nutran tus sueños más locos. No necesitas mover montañas, trasladar una pequeña piedra puede hacer maravillas.

2- Toca. Toca las partes que amas de tu cuerpo. Da abrazos en la panadería, en el parque, a tus amigos, a la vida misma. Besa a la gente en la mejilla. Acaricia a tu gato o tu perro un poco más. Saborea la sensación de los árboles, las cortezas, las rocas, el agua. Mientras más lo hagas más te sentirás a gusto con el placer de tocar.

3- Escucha. Siéntate en silencio y observa cuanto hay allí para ser escuchado. Escucha a la gente, lo que realmente están diciendo. Escucha hasta la última nota de cada canción. Escucha tu voz interna, esa que solo escuchas cuando la confusión de cada día disminuye. Oye el susurro de las hojas, el cantar de la vida, Escucha con tu corazón y siempre percibirás aquello que nunca es hablado.

4- Siente. El dolor, experimenta el gozo, hasta que sientas que vas a evapórarte. Permítete reír hasta que te duela, siente el amor desde lo más profundo de tu corazón. Ríndete a la sensualidad de la vida. Expresa tus emociones hazlo siempre ya que Si no sientes de verdad, entonces no estás vivo.

5- Confía. Tú sabes lo que necesitas saber. Detén tus dudas. Aquella cosquilla interna es tu más alta verdad y ella te servirá del mejor modo, confía mas en tu intuición.
Ten esto en cuenta: Finalmente, tú y sólo tú sabes lo que es mejor para ti, aprende a disfrutar de tu experiencia, Si no confías completamente en ti, te conviertes en la sombra de un gran Sol.

6- Reúnete. Con los hombres y mujeres que amas, camina en compañía por el bosque, conversa y habla, lee en voz alta para otros, celebra que tus historias son diferentes a las de los otros y a su vez son completamente parecidas.

7- Recibe. Por una vez, deja de dar y dar y dar a todos menos a ti mismo. Acepta los cumplidos con gracia. La voz que necesitas oír, el abrazo, ese momento para conversar, la comida en tu mesa, el dinero que necesitas, siempre serán suministrados. Ábrete a recibir, abre tus manos para que sean llenadas con abundancia. Recibe todas las cosas buenas que mereces y recuerda mostrar gratitud por tu vida.

Primer chakra. Influencias en el plano mental y espiritual

Influencia de Muladhara en el plano mental

Las personas que presentan desequilibrios en el primer chakra tienden a pensar que la acumulación de bienes y el disfrute de los placeres son lo realmente importante en esta vida. Su apego a lo material hace que desarrollen creencias que les permiten hacer gala del mayor egoísmo sin sentir ante ellas la más mínima duda.

La idea de que «nadie va a hacer nada por ti», por ejemplo, es lo que les permite no molestarse en hacer nada por los demás o ni siquiera se moleste en tener en cuenta las necesidades ajenas:

A menudo, en la defensa de quienes entienden como «los suyos», de esa extensión del yo que es la familia y los amigos, desarrollan tendencias xenófobas e intolerantes hacia personas que muestran costumbres diferentes o que pertenecen a otros ámbitos. Si tienen un concepto sólido de familia, éste no está basado tanto en el amor como en la protección mutua frente a agresiones externas.

Muladhara en el plano espiritual

El hecho de que este chakra sea el centro donde está encerrada la mayor parte de la energía, Kundalini, ya le confiere un carácter especial.

Para hacer posible la ascensión de esta fuerza por el nadi Sushumna, es preciso tener los nadis purificados, libres de todo tipo de obstrucción y dispuestos para que la energía pueda fluir por ellos libremente. La limpieza de estos canales se realiza mediante ejercicios de Hatha-Yoga, Pranayama (respiración), meditación, alimentación adecuada y la adopción de una forma de vida que apunte y propicie el desarrollo espiritual.

En el chakra Muladhara hay un elemento que bloquea la salida de la Kundalini hacia Sushumna: el Brahma Granthi. Este nudo psíquico debe ser disuelto mediante una práctica denominada Sadhana. Ésta es una disciplina espiritual que incluye meditación, ejercicios espirituales, en las horas del amrit vela, que se extiende desde las 02:30 h de la madrugada hasta el amanecer.

El olfato

El primer chakra se relaciona con este sentido que, en el hombre, ha ido perdiendo protagonismo a través de la evolución y culturización. No sólo con la capacidad de oler sino, además, con los olores que el cuerpo emana.

La sudoración es un mecanismo cuya función consiste en liberar toxinas.

Según el estado del cuerpo físico y de las emociones, esta sudoración puede adquirir diferentes olores que, aun cuando no se detecten conscientemente, sí son registrados como datos a tener en cuenta por el inconsciente de quienes nos rodean.

Las personas cuyo Muladhara funciona bien y está correctamente energizado despiden un olor sutil que resulta atractivo. Las que tienen disfunciones suelen tener olores más desagradables que tienden a provocar rechazo.

Con la edad, el sentido del olfato se hace menos agudo, en parte como consecuencia del proceso de envejecimiento y en parte porque no cumple una de las funciones importantes que tiene asignadas y que consiste en la captación de feromonas que disponen al organismo para la elección del compañero sexual.

No deja de sorprender que, en épocas tan lejanas, cuando aún no se conocía la estructura y cometido de los centros nerviosos superiores, los hindúes hayan relacionado el chakra más básico, Muladhara, con el sentido que está alojado en la parte evolutivamente más antigua de nuestro cerebro: el rinencéfalo o «cerebro reptiliano».

Disfunciones de Muladhara

La energía que procede de este chakra prepara para la acción y la autoprotección en el plano físico. Cuando no cuenta con la energía suficiente o está bloqueado, el organismo se debilita y la enfermedad hace acto de presencia.

Un exceso de energía, por el contrario, tiende a alimentar en exceso los chakras inferiores y a producir trastornos relacionados con la circulación o con problemas del aparato excretor.

En el plano psicológico, esta situación conduce, por lo general, a un sentimiento de permanente frustración; no hay confianza suficiente en la capacidad de resolver los problemas ni optimismo para llevar nuevas acciones adelante.

La acumulación excesiva de energía en Muladhara, por el contrario, puede dar una gran tendencia al uso de la agresividad como medio para conseguir lo que se desea amén de un acentuado egoísmo.

Apertura de Muladhara

El primer chakra tiene una sola apertura hacia fuera, que está dirigida hacia abajo (de ahí que alimente los chakras secundarios que se hallan en las piernas).

La otra, ascendente, es la que comunica con Sushumna, que es el lugar por el cual, una vez despertada, ascenderá Kundalini.

Con relación a la salida inferior, se pueden presentar dos condiciones: chakra cerrado y chakra abierto.

Chakra cerrado

La energía de Muladhara está encerrada y no permite su expansión hacia el exterior. Hay una falta de vitalidad que impregna al sujeto tanto en su vida física como mental, emocional y espiritual. Lo más probable es que esté tan concentrado en el mundo material que no haya desarrollado las habilidades necesarias que le puedan permitir una experiencia rica en cuanto a afectos.

Su mundo mental es pobre y está sujeto a resolver las necesidades inmediatas; la única proyección hacia el futuro que se permite es la garantía de seguridad material. A los demás puede dar una sensación de mezquindad, no sólo en el terreno económico sino, peor aún, consigo mismo.

Muestra la carencia de los que no se atreven a disfrutar plenamente porque rehuyen la entrega, a la que ven (por supuesto, equivocadamente) como una amenaza para su integridad.

La superficialidad puede ser un rasgo importante en este tipo de personas y se observa, más que nada, en la tendencia a la satisfacción inmediata de los deseos siempre y cuando no comprometan su futuro.

Las limitaciones en el plano físico pueden ser su mayor frustración ya que no tiene otros elementos que reemplacen lo que en ese terreno pueda serle vedado. En algunos casos, la frustración llega a ser muy grande y profunda.

Chakra abierto

La expansión de la energía de Muladhara propicia la vitalidad. Brinda confianza en las propias fuerzas y entusiasmo para llevar a cabo los proyectos. El chakra en estas condiciones también envía hacia arriba el flujo energético propiciando la búsqueda en otros terrenos (emocional, mental y espiritual). Las personas que tienen el chakra Muladhara abierto no suelen pasar desapercibidas: tienen una gran presencia física y muestran una seguridad en sí mismos que es poco común, porque no nace de la vanidad sino del optimismo.

Por otra parte, regula las glándulas suprarrenales y su emisión de hormonas relacionadas con la función sudorípara, lo cual permite una adecuada liberación de toxinas que completa el trabajo del aparato excretor.

Interrelación desde el chakra Muladhara

Si se hace vibrar un diapasón y se apoya, por ejemplo, en la caja de una guitarra, ésta comienza, por un fenómeno acústico denominado simpatía, a hacer vibrar sus armónicos y de este modo, el sonido resulta amplificado.

Los chakras son centros energéticos que están en constante vibración y no todos lo hacen con la misma intensidad. Esto hace que, a la hora de establecerse una relación entre dos personas, los centros energéticos de ambas entren en contacto y respondan por simpatía unos a los otros y viceversa.

Los encuentros en los cuales prevalece la vibración de un chakra determinado tienen características propias que conforman el tipo de relación que se puede establecer.

En el caso de Muladhara, el tipo de relación resultante de dicho encuentro se basa en los siguientes aspectos:

Por una parte, en la posesión del otro, en el dominio del miembro más fuerte de la relación sobre el otro.

Por otra, en la aceptación de seguridad que éste provee por parte del miembro más débil de la relación.

Así se forman parejas que están marcadas por la dependencia: uno no puede vivir sin el otro pero, sin embargo, en la relación no hay una entrega real sino, más bien, una suerte de utilización. Como el desarrollo emocional suele ser muy pobre en estos casos, las bases quedan limitadas al terreno de las conveniencias.

Juan Echenique

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Primer chakra. Influencias en el plano físico y psicológico

Primer chakra. Influencias en el plano físico y psicológico

El nombre de este chakra (Muladhara) significa, en sánscrito, «fundamental, básico». También se conoce por el nombre de chakra raíz. Está situado en la base de la columna vertebral, en el perineo, entre el ano y el comienzo de los órganos genitales.

Principales relaciones del chakra Muladhara:

  • Color: Rojo.
  • Elemento: Tierra.
  • Sentido: Olfato.
  • Mantra asociado: LAM.
  • Nota musical: do.
  • Frecuencia de vibración: 261 Hz.
  • Período de máxima actuación: 0-7 años.

En este chakra descansa, enroscada, Kundalini y en gran medida será el trabajo efectuado sobre ella lo que despierte la energía dormida.

Muchos consideran que Muladhara forma, junto con el chakra coronario, Sahasrara, una estructura de la que son los dos polos opuestos, tanto por su disposición en el cuerpo sutil como por la cualidad de su energía.

Contiene la forma más densa de la energía cósmica, la más ligada a la materia de ahí que se le vincule con el elemento Tierra.

Influencias de muladhara en el plano físico

El primer chakra se encuentra situado, en el cuerpo sutil, a la altura del plexo sacro-coccígeo. Los nervios que parten de este paquete nervioso-vascular inervan los órganos que se alojan en la cavidad pélvica y que pertenecen a los sistemas reproductor y excretor (esfínteres, última porción del intestino, útero, vejiga, uréteres y órganos sexuales).

Se relaciona también con los miembros inferiores y con las glándulas suprarrenales.

Habitualmente se representa con un circulo rodeado por cuatro pétalos de loto, que simbolizan los nadis que lo rodean, y con un triángulo en su centro, pero también es posible encontrar símbolos de Muladhara que tienen en el centro un hexágono formado por dos triángulos, uno con el vértice hacia arriba y otro, con el vértice mirando hacia abajo.

Esta simbología tiene dos explicaciones:

1) Para el Tantra, el triángulo que tiene el vértice hacia abajo representa a Yoni, órgano sexual femenino y el que tiene el vértice hacia arriba, al Lingam, órgano sexual masculino.

2) La otra explicación, que proviene de algunas escuelas místicas y ocultistas, considera que los triángulos que conforman el hexágono son una representación de dos importantes circuitos energéticos:

Triángulo ascendente. Tiene su base en los pies, donde se alinea con los chakras menores situados en cada uno de ellos y su vértice en el chakra Muladhara. Su energía es ascendente: los pies la absorben directamente de la tierra y la envían al primer chakra.

Triángulo descendente. Su vértice está, igualmente, en el primer chakra y la base está formada por la línea que une ambos riñones y glándulas suprarrenales. La base de este segundo triángulo sería también la de un tercero, ascendente, cuyo vértice estaría situado en el tronco encefálico, es decir, en el punto en que la médula espinal se conecta con los centros nerviosos superiores.

Eliminación de lo superfluo. Sistema excretor

El aparato excretor tiene en el cuerpo físico una función bien definida: eliminar del organismo los productos de desecho, aquello de lo cual es necesario liberarse porque no presenta ninguna utilidad para el cuerpo.

Las alteraciones en este sistema pueden ocasionar retención de estos materiales y producir un gravísimo deterioro en los órganos y tejidos.

Si se tienen en cuenta las enseñanzas que han impartido los místicos hindúes, de nada sirve hacer todos los ejercicios prescritos en el yoga si antes no se ha procedido a desprenderse emocionalmente de todo aquello que no presenta ninguna utilidad.

Conservación de la especie. Sistema reproductor

Aunque algunos autores consideran que el aparato reproductor está más  relacionado con el segundo chakra, es indiscutible que Muladhara tiene con éste un vínculo muy estrecho. La reproducción es el medio que cada especie elige para perpetuarse.

Es en la cavidad pélvica donde tiene lugar el milagro de la vida, donde el hombre participa en la creación de un nuevo ser.

Instinto de supervivencia. Glándulas suprarrenales

El chakra Muladhara rige también las glándulas suprarrenales. Estas estructuras de forma triangular que se encuentran en la parte superior de los riñones segregan una diversa variedad de hormonas y neurotransmisores: estrógeno, progesterona, esteroides, cortisol y cortisona; pero también sustancias químicas como la adrenalina (epinefrina) y la norepinefrina. La adrenalina tiene un papel fundamental en la autodefensa, generar actitudes instintivas de huída y lucha.

Influencia de Muladhara en el plano psicológico

A medida que se hacen nuevos descubrimientos en anatomía, medicina y psicología, resulta más sorprendente que en épocas tan remotas, como aquellas en las que se sentaron las bases de la teoría de los chacras, pudieran tener tan claras algunas concepciones que la ciencia occidental ha descubierto  casi  2.000 años después. Si se compara la relación de Muladhara en el plano físico con la que tiene en el plano psicológico, esto se hace absolutamente evidente.

En el plano psicológico, el primer chakra se vincula directamente con los hábitos aprendidos; con las rutinas que se realizan automáticamente que son las que conforman el esqueleto sobre el cual se traza aquello que, de alguna manera, podría denominarse «forma de vida».

Egoismo  y  retención

El primer chakra  ha sido vinculado  por  los místicos  con el apego al mundo material;   on  la adquisición  de  bienes y con el egoísmo. Cuando su energía  no está lo suficientemente equilibrada, la búsqueda del placer, el hedonismo y el egocentrismo son los síntomas más acusados. En pleno siglo XX, Sigmund Freud habla de la llamada «fase anal», una etapa del desarrollo que se extiende desde, aproximadamente, los 18 meses hasta los tres o cuatro años. En este periodo, el niño aprende a controlar los esfínteres y sus excrementos son, para él, un obsequio hacia sus padres, algo que sale de su mismo cuerpo (es su producto, su creación) y que ofrece a los demás.

Por otra parte, la relación de las heces con el oro, que vendría a representar la máxima ambición, es común en la literatura, mitos y leyendas de numerosos países. En ellos, a menudo el oro se transforma en estiércol. Al respecto, Sigmund Freud dice:

«Entre los complejos del amor al dinero y la defecación, aparentemente tan dispares, descubrimos, sin embargo, múltiples relaciones. Todo médico que ha practicado el psicoanálisis sabe que por medio de esta correlación se logra la desaparición del más rebelde estreñimiento, habitual de los enfermos nerviosos.»

No deja de resultar sorprendente que los hindúes hayan relacionado el materialismo y la acumulación de riquezas con un chakra emparentado con el plexo sacro-coccígeo que es el que regula los esfínteres y el sistema excretor en su totalidad.

Ansiedad y agresividad

Los dos neurotransmisores que segregan las glándulas suprarrenales, epinefrina y nor-epinefrina, tienen una gran responsabilidad en el estado psicológico. Habitualmente se las conoce como «las hormonas del estrés».

A la hora de enfrentarse a un peligro, real o imaginario, físico o psicológico, se ponen en marcha diversos  mecanismos fisiológicos que  activan su producción y vertido en la sangre; la finalidad es preparar el organismo para la lucha por la supervivencia o la huida; Su presencia acelera el ritmo cardíaco y respiratorio, mejora la afluencia de oxígeno a los miembros adaptándolos así a una posible defensa, etc.

De ahí que este chakra también esté relacionado con  la fuerza física y la vitalidad. Es importante destacar que la percepción del peligro que pueda tener toda persona, en parte es instintiva y en parte se vincula a experiencias anteriores. Una persona que haya sufrido un bombardeo, es probable que vea alterada su respiración o sus pulsaciones sí oye el paso de un avión en la ciudad, en tanto que, en otras personas, ese ruido no provocará reacción alguna.

De este modo, Muladhara se relaciona también con la ansiedad, que es el síntoma fisiológico del miedo, con la necesidad de huida y con las respuestas agresivas. Su energía es lo que permite la supervivencia y, desde ese punto de vista, está necesariamente conectado con el mundo material, con la búsqueda de la seguridad y, consecuentemente, de la estabilidad.

Si Muladhara está bloqueado

Si Muladhara está bloqueado, habrá en él una excesiva acumulación de energía que tendrá, como consecuencia, una tendencia a hacerse valer por encima de todo, una actitud egocéntrica e incluso agresiva o bien una inclinación hacia las preocupaciones que son producidas por la constante percepción de peligro en situaciones en las que  no existe amenaza alguna.

Su influencia tiene especial importancia en los siete primeros años de vida en los cuales el niño aprende, poco a poco, a defenderse por sí mismo.

Hace que se desarrolle en él un sentimiento de pertenencia al grupo familiar como lugar seguro.

Posteriormente, sí su evolución  es sana este sentimiento  se extenderá a grupos mayores como el colegio, su ciudad, su país y la humanidad  entera, pero en  los casos en que este desarrollo se ve alterado, resulta imposible considerar a los demás como personas amistosas en las cuales, en términos generales, se puede confiar. Dicho bloqueo da como resultado caracteres huraños y egoístas, que sólo piensan en acumular bienes sintiendo que ésa es la mejor defensa posible contra la adversidad.

El mal funcionamiento de este chakra puede dar también origen a una salud delicada, alterada básicamente por la eficiente eliminación de las toxinas. Quienes tienen este problema, re­tienen inconscientemente los desechos por las mismas causas básicas por las que no se pueden desprender de bienes que ni siquiera les proveen felicidad.

También es habitual que el desequilibrio en este chakra provoque miedo a la muerte, ya que ésta no sólo encarna una incertidumbre que al individuo le resulta insoportable sino, además, la pérdida de todo, cuerpo incluido.

El amor como acto creativo

La expresión de los sentimientos  en la unión sexual también puede verse afectada por el desequilibrio energético de Muladhara. Como se tiende a una constante planificación estratégica que apunta a la defensa, la sensibilidad es vivida como una debilidad que es necesario erradicar. En el terreno amoroso, se vive más la posesión del amante que la generosidad del amor: «eres mia/mío». Hay una grave imposibilidad para la entrega, con la consiguiente frustración que esta actitud inconsciente acarrea.

Si las energías que alimentan el plexo sacro-coccígeo están descompensadas, las relaciones sexuales no pasan de ser un mero acto fisiológico  en el cual, lejos  de buscarse  la unión con la pareja o la creación de una nueva vida, sólo se procura la satisfacción del placer inmediato.

Juan Echenique

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Kundalini, la energía dormida

Kundalini, la energía dormida

Los hindúes consideran que utilizamos sólo el 10% de nuestra energía vital; el 90% restante se encuentra dormida en la base de la columna vertebral.

Despertar Kundalini

Las diversas corrientes religiosas de la India la han llamado Kundalini, y la representan como una serpiente enroscada.

Para despertar esta energía dormida se postulan diferentes técnicas de yoga que incluyen la respiración, posturas (asanas), mudras (gestos con las manos) y mantras (recitación de sílabas rituales).

Todo ello contribuye al despertar de Kundalini, pero para los místicos orientales nada de esto sería suficiente si además no llevamos una forma de vida acorde con los principios del budismo y el hinduismo: es necesario meditar, desarrollar virtudes como la bondad, la solidaridad y el altruismo, seguir una vida frugal, erradicar la violencia que podamos albergar en el corazón, ejercitar la contención y aspirar a la elevación espiritual.

Ascensión de Kundalini

Una vez que se ha despertado Kundalini, paulatinamente y en proporción a nuestro desarrollo espiritual, esta energía va ascendiendo por el nadi Sushumna, el canal recto y ascendente que recorre la columna vertebral, alcanzando cada uno de los siete chakras principales.

Para los hindúes lo que mantiene presa y dormida nuestra energía es la ausencia de estímulos espirituales. La mayoría de la gente vivimos con todo el foco de la consciencia puesto en bienes materiales, en la satisfacción de los placeres puramente físicos. Para manejarnos en este mundo material normalmente cultivamos en nosotros mismos una serie de sentimientos egoístas en los que vemos al prójimo más como un enemigo que como un igual, como un hermano. Nos alejamos, de este modo, del tipo de espiritualidad y de vida que proponen los grandes místicos orientales.

Quienes logran apartarse del mundo ilusorio no sólo alcanzan la paz sino que, además, desarrollan poderes que no están al alcance del resto de la gente, poderes que no han buscado sino que despiertan al tiempo que lo hace ese depósito dormido de energía que se ha puesto en movimiento.

Disolución del yo

Una de las premisas que debe cumplirse para que Kundalini despierte es la consciencia plena de pertenencia a una entidad mucho más amplia.

Sin la disolución del yo no hay evolución posible, puesto que desde una óptica egocéntrica jamás podré ver al otro como a mí mismo; no podré experimentar la empatía que me empuja a ayudar a los demás porque siento el dolor y las dificultades ajenas como propias. De ahí que los místicos nos inviten siempre a contemplar al otro como si se tratara de nosotros mismos, de nuestra propia persona.

Cuando Kundalini despierta, y aún antes de que haya comenzado su ascensión, los cambios que experimentamos son notorios. La respiración puede detenerse sin ningún esfuerzo, se percibe el flujo del prana (la energía vital) por los nadis (nuestros canales energéticos), y alcanzamos una paz mental que resulta nueva y especial.

No hay perturbación en la consciencia ni en los sentimientos; desaparecen el miedo y el dolor. Se percibe la divinidad.

Los tres nudos

Los textos sánscritos señalan que la energía Kundalini puede estar bloqueada por tres factores, nudos o granthi:

Brahma granthi. Se encuentra localizado en el perineo, junto al chakra Muladhara.

Vishnu granthi. Está situado a la altura del corazón, exactamente en el chakra Anahata.

Ruda granthi. Coincide con el chakra Ajna que se encuentra situado en la zona del entrecejo.

El camino de Kundalini hacia el chakra Sahasrara, el séptimo, situado en la coronilla, puede bloquearse en cualquier lugar de su trayectoria. Estos bloqueos se producen en zonas donde se concentran tensiones que impiden el natural flujo ascendente de la energía. En la medida que perseveramos en la práctica de yoga Kundalini gana altura y disuelve estos bloqueos.

Aunque la mayoría de los textos de yoga reconocen que la energía se encuentra dormida en la base de la columna, hay otros místicos que opinan que la energía parte de los chakras que hay en los pies y que, desde ahí, asciende hasta el chakra Muladhara. En su ascensión – desde la base del cóccix hasta que llega a Sahasrara -, la energía de Kundalini va energizando y activando los diferentes chakras por los que pasa.

Una vez que Kundalini ha alcanzado el chakra coronario, Sahasrara, se alcanza el estado de beatitud.

Juan Echenique

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¿Qué implica vivir despierto?

El joven discípulo preguntó a su anciano maestro: ¿Qué implica vivir despierto?

Y éste le respondió: Sentirse agradecido por el simple hecho de estar vivo. Y dar gracias por todo lo que sucede en tu vida.

– ¿Por todo? – Se sorprendió el joven.

– Por todo.

– ¿Incluso por los infortunios, las desgracias y las pérdidas? – Insistió el discípulo.

– Especialmente por las adversidades.

– ¿Y eso?

– Pues porque son una maravillosa oportunidad de aprender. De superar limitaciones. De hacer consciente nuestra sombra. Y de desarrollar el potencial que llevamos dentro. En la vida nada sucede por casualidad. Existe un plan pedagógico para cada uno de nosotros. Estamos aquí para evolucionar. Y para lograrlo necesitamos ciertas pruebas.

– ¿Y qué me recomiendas que haga la próxima vez que la vida me ponga a prueba?

El anciano maestro sonrió y le contestó: Tú simplemente suelta el control. Ríndete. Confía. Y en vez de preguntarte: “¿Por qué me está sucediendo esto?” Trata de saber: “¿Para qué te está ocurriendo?”

En cuanto veas el valor y el sentido profundo de lo que dicha situación te está aportando en tu proceso de crecimiento sonreirás con complicidad a tu desgracia…

El joven discípulo no podía creer cómo su maestro podía decir semejantes barbaridades. Completamente perplejo, añadió:

– ¿Cómo podría yo sentirme agradecido por la muerte de un ser querido?

– El agradecimiento no es por lo que te sucede, sino por lo que puedes aprender de dicho acontecimiento. Y en caso de hacerlo, comprenderás que todo lo que pasa en tu vida es precisamente lo que necesitas para aprender a ser verdaderamente feliz por ti mismo.

Aprender de la adversidad

Una vez ha sucedido lo que tú llamas “desgracia, pérdida, adversidad o infortunio”. ¿De qué sirve quejarse o sufrir? Ya ha sucedido y nada de lo que pienses, digas o hagas va a cambiarlo.

– Eso es cierto – cedió el joven.

– En cambio – concluyó el maestro – si te comprometes con aprender de la adversidad, crecerás, evolucionarás y de este modo serás más sabio…

Tú simplemente céntrate en aprovechar las circunstancias que te trae la vida.

Y te aseguro que en el momento en que aprendas a estar en paz contigo mismo solo podrás dar gracias por todo lo que te ha sucedido en la vida, pues entenderás que ha sido precisamente lo que necesitabas para convertirte en el ser humano que puedes llegar a ser.

La felicidad y el agradecimiento son sin duda los rasgos más característicos de las personas despiertas.

Breve cuento recibido por WhatsApp  de José Antonio Roldán

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El Tantra

El Tantra

El Tantra

En las religiones o sistemas filosóficos orientales consideran que el hombre no es un ser aislado sino que, aún cuando no sea consciente de ello, está integrado en todo el universo, así como en la divinidad.

La idea de la individualidad, de la existencia de entidades separadas, siempre es «Maya», «ilusión»: es un concepto, no es real.

Cada persona, animal u objeto, no son nada en sí mismos si no están plenamente fundidos e integrados con el resto de la creación; y el intercambio energético que se da en todo aquello que existe se realiza constante y permanentemente.

Son las escuelas hinduista y budista de Tantra las que toman más en consideración el cuerpo energético. En sus antiguos escritos explican la manera de tomar el control sobre el cuerpo energético a través de la apertura de los chakras.

Movimiento religioso

El Tantra es un movimiento religioso que, aunque tiene sus raíces en los antiguos textos védicos y en los Upanishads, se consolida hacia el siglo IV a través de una serie de escritos filosófico-esotéricos, también llamados Tantra y de los cuales, apenas unos pocos han llegado a nuestros días. Este movimiento posteriormente se extendió por numerosos países: Tíbet, China, Arabia y, actualmente, Europa y Estados Unidos.

A menudo se ha considerado que el Tantra es una forma distorsionada y corrupta de las enseñanzas de Buda, porque frente a la negación de los placeres propuesta por la religión brahmánica y por el mismo budismo, el tantrismo no marca renuncias sino, más bien, lo contrario: acepta el cuerpo y los placeres. Considera que nada es impuro en sí mismo, que las cosas no son ni buenas ni malas sino que nos parecen así por los preconceptos que albergamos en nuestra mente.

Al comienzo de su llegada a Occidente el Tantra se ha interpretado como una corriente frívola y mundana; sin embargo, cuando se entró en contacto con verdaderos lamas, con personas que habían hecho del tantrismo un auténtico modo de vida, se empezó a comprender que esta disciplina es mucho más que una recopilación de ritos sexuales así como que, de frívola o materialista, no tenía nada.

Utilizamos el 10% de la energía que poseemos

Los hindúes consideran que utilizamos sólo el 10% de la energía que poseemos; el 90% restante de nuestra capacidad, de nuestra potencia, se encuentra dormida en la base de la columna vertebral, en la base del cóccix.

Las diversas corrientes religiosas de la India la han llamado Kundalini. La representan con una serpiente enroscada que, una vez despierta, asciende por los canales energéticos alcanzando sucesivamente los diferentes chakras.

El despertar de la Kundalini

El Tantra se considera uno de los caminos más directos hacia la iluminación.

Se sirve de diferentes prácticas esotéricas y del yoga, de rituales y fórmulas que el maestro va haciendo conocer al discípulo para despertar la Kundalini y abrir los chakras, convirtiendo esta energía potencial dormida en energía vital.

Algunas prácticas tántricas utilizan la unión sexual para ayudar a este proceso, pero las uniones que proponen no son meros encuentros destinados a satisfacer los instintos sino, más bien, una liturgia en la cual la mujer encarna a la diosa Satki y el hombre, al dios Siva.

Por su carácter esotérico, la tradición señala que no se puede acceder al Tantra sin la ayuda de un maestro; las fórmulas y rituales no se difunden, sino que se transmiten de guía a discípulo a medida que los conocimientos de éste van progresando.

Juan de Echenique

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El amor a sí mismo

El amor a sí mismo

El amor a sí mismo
 
Es creencia común que amar a los demás es una virtud, y amarse a sí mismo un pecado. Se supone que en la medida en que me amo a mí mismo, no amo a los demás, que amor a sí mismo es lo mismo que egoísmo. Tal punto de vista se remonta a los comienzos del pensamiento occidental. Calvino califica de «peste» el amor a sí mismo.
¿Es esto cierto? ¿Hay una contradicción básica entre el amor a sí mismo y el amor a los demás?
 
¿Es el amor a sí mismo un fenómeno similar al egoísmo, o son opuestos?
 
Y ¿es el egoísmo del hombre moderno realmente una preocupación por sí mismo como individuo, con todas sus potencialidades intelectuales, emocionales y sensuales?
 
¿No se ha convertido «él» en un apéndice de su papel económico-social? ¿Es su egoísmo idéntico al amor a sí mismo, o es la causa de la falta de este último?

El amor a otros y el amor a uno mismo no son excluyentes

El amor a los demás y el amor a uno mismo no se excluyen recíprocamente. Si es una virtud amar al prójimo como a uno mismo, debe serlo también -y no un vicio- que me ame a mí mismo, puesto que también yo soy un ser humano.
 
No hay ningún concepto del hombre en el que yo no esté incluido. Una doctrina que proclama tal exclusión demuestra ser intrínsecamente contradictoria. La idea expresada en el bíblico «Ama a tu prójimo como a ti mismo», implica que el respeto por la propia integridad y unicidad, el amor y la comprensión del propio sí mismo, no pueden separarse del respeto, el amor y la comprensión del otro individuo. El amor a sí mismo está inseparablemente ligado al amor a cualquier otro ser.

Nosotros también somos “objeto” de nuestros sentimientos y actitudes

No sólo los demás, sino nosotros mismos, somos «objeto» de nuestros sentimientos y actitudes; las actitudes para con los demás y para con nosotros mismos, lejos de ser contradictorias, son básicamente conjuntivas. El amor a los demás y el amor a nosotros mismos no son alternativas. Por el contrario, en todo individuo capaz de amar a los demás se encontrará una actitud de amor a sí mismo.
 
El amor genuino entraña cuidado, respeto, responsabilidad y conocimiento. No es un «afecto» en el sentido de que alguien nos afecte, sino un esforzarse activo arraigado en la propia capacidad de amar y que tiende al crecimiento y la felicidad de la persona amada.
 
Amar a alguien es la realización y concentración del poder de amar. La afirmación básica contenida en el amor se dirige hacia la persona amada como una encarnación de las cualidades esencialmente humanas. Amar a una persona implica amar al hombre/mujer como tal.
 
De ello se deduce que mi propia persona debe ser un objeto de mi amor al igual que lo es otra persona.
 
La afirmación de la vida, felicidad, crecimiento y libertad propios, está arraigada en la propia capacidad de amar, esto es, en el cuidado, el respeto, la responsabilidad y el conocimiento. Si un individuo es capaz de amar, también se ama a sí mismo; si sólo ama a los demás, no puede amar en absoluto.

El egoísmo

Dando por establecido que el amor a sí mismo y a los demás no es excluyente, ¿cómo explicamos el egoísmo, que excluye evidentemente toda genuina preocupación por los demás?
 
La persona egoísta sólo se interesa por sí misma, desea todo para sí misma, no siente placer en dar, sino únicamente en tomar. Considera el mundo exterior sólo desde el punto de vista de lo que puede obtener de él; carece de interés en las necesidades ajenas y de respeto por la dignidad e integridad de los demás. No ve más que a sí misma; juzga a todos según su utilidad; es básicamente incapaz de amar.
 
¿No prueba eso que la preocupación por los demás y por uno mismo son alternativas inevitables? Sería así si el egoísmo y el autoamor fueran idénticos. Pero tal suposición es precisamente la falacia que ha llevado a tantas conclusiones erróneas con respecto a nuestros problemas.

El egoísmo y el amor a sí mismo, lejos de ser idénticos, son realmente opuestos

El individuo egoísta no se ama demasiado, sino muy poco; en realidad, se odia. Tal falta de cariño y cuidado por sí mismo, lo deja vacío y frustrado. Se siente necesariamente infeliz y ansiosamente preocupado por arrancar a la vida las satisfacciones que él se impide obtener. Parece preocuparse demasiado por sí mismo, pero, en realidad, sólo realiza un fracasado intento de disimular y compensar su incapacidad de cuidar de su verdadero ser. Las personas egoístas son incapaces de amar a los demás, pero tampoco pueden amarse a sí mismas.

Sobreprotección

Es más fácil comprender el egoísmo comparándolo con la ávida preocupación por los demás, como la que encontramos, por ejemplo, en una madre sobreprotectora.
 
Si bien ella cree conscientemente que es en extremo cariñosa con su hijo, en realidad tiene una hostilidad hondamente reprimida contra el objeto de sus preocupaciones. Sus cuidados exagerados no obedecen a un amor excesivo al niño, sino a que debe compensar su total incapacidad de amarlo.

La «generosidad» neurótica

La «generosidad» neurótica, es un síntoma observado en no pocas personas que habitualmente están perturbadas por otros síntomas como depresión, fatiga, incapacidad de trabajar, fracaso en las relaciones amorosas, etc.
 
No sólo ocurre que no consideran esa generosidad como un «síntoma»; frecuentemente es el único rasgo caracterológico redentor del que esas personas se enorgullecen.
 
La persona «generosa» «no quiere nada para sí misma»; «sólo vive para los demás», está orgullosa de no considerarse importante.
 
Le intriga descubrir que, a pesar de su generosidad, no es feliz, y que sus relaciones con los más íntimos allegados son insatisfactorias.
 
La labor analítica demuestra que esa generosidad no es algo aparte de los otros síntomas, sino uno de ellos -de hecho, muchas veces es el más importante-; que la capacidad de amar o de disfrutar de esa persona está paralizada; que está llena de hostilidad hacia la vida y que, detrás de la fachada de generosidad, se oculta un intenso egocentrismo, sutil, pero no por ello menos intenso.
 
Esa persona sólo puede curarse si también su generosidad se interpreta como un síntoma junto con los demás.

La madre «generosa»

La naturaleza de esa generosidad se torna particularmente evidente en su efecto sobre los demás y, con mucha frecuencia en nuestra cultura, en el efecto que la madre «generosa» ejerce sobre sus hijos.
 
Ella cree que, a través de su generosidad, sus hijos experimentarán lo que significa ser amado y aprenderán, a su vez, a amar. Sin embargo, el efecto de su generosidad no corresponde en absoluto a sus expectativas.
 
Los niños no demuestran la felicidad de personas convencidas de que se los ama; están angustiados, tensos, temerosos de la desaprobación de la madre y ansiosos de responder a sus expectativas.
 
Habitualmente, se sienten afectados por la oculta hostilidad de la madre contra la vida, que sienten, pero sin percibirla con claridad, y, eventualmente, se empapan de ella. En conjunto, el efecto producido por la madre «generosa» no es demasiado diferente del que ejerce la madre egoísta, y aun puede resultar más nefasto, puesto que la generosidad de la madre impide que los niños la critiquen. Se los coloca bajo la obligación de no desilusionarla; se les enseña, bajo la máscara de la virtud, a no gustar de la vida.
 
Si se tiene la oportunidad de estudiar el efecto producido por una madre con genuino amor a sí misma, se ve que no hay nada que lleve más a un niño a la experiencia de lo que son la felicidad, el amor y la alegría, que el amor de una madre que se ama a sí misma.

Meister Eckhart ha sintetizado magníficamente estas ideas

«Si te amas a ti mismo, amas a todos los demás como a ti mismo. Mientras ames a otra persona menos que a ti mismo, no lograrás realmente amarte, pero si amas a todos por igual, incluyéndote a ti, los amarás como una sola persona y esa persona es a la vez Dios y el hombre. Así, pues, es una persona grande y virtuosa la que amándose a sí misma, ama igualmente a todos los demás»
 
Erich Fromm
El amor erótico

El amor erótico

El Amor erótico

El amor fraterno es amor entre hermanos; el amor materno es amor por el desvalido. Diferentes como son entre sí, tienen en común el hecho de que, por su misma naturaleza, no están restringidos a una sola persona. Si amo a mi hermano, amo a todos mis hermanos; si amo a mi hijo, amo a todos mis hijos; no, más aún, amo a todos los niños, a todos los que necesitan mi ayuda.

En contraste con ambos tipos de amor está el amor erótico: el anhelo de fusión completa, de unión con una única otra persona. Por su propia naturaleza, es exclusivo y no universal; es también, quizá, la forma de amor más engañosa que existe.

La experiencia explosiva de «enamorarse»

En primer lugar, se lo confunde fácilmente con la experiencia explosiva de «enamorarse», el súbito derrumbe de las barreras que existían hasta ese momento entre dos desconocidos. Pero tal experiencia de repentina intimidad es, por su misma naturaleza, de corta duración. Cuando el desconocido se ha convertido en una persona íntimamente conocida, ya no hay más barreras que superar, ningún súbito acercamiento que lograr. Se llega a conocer a la persona «amada» tan bien como a uno mismo. O, quizá, sería mejor decir tan poco.

Si la experiencia de la otra persona fuera más profunda, si se pudiera experimentar la infinitud de su personalidad, nunca nos resultaría tan familiar -y el milagro de salvar las barreras podría renovarse a diario-. Pero para la mayoría de la gente, su propia persona, tanto como las otras, resulta rápidamente explorada y agotada. Para ellos, la intimidad se establece principalmente a través del contacto sexual. Puesto  que  experimentan la separatidad de la otra persona fundamentalmente como separatidad física, la unión física significa superar la separatidad.

Superar la separatidad

Existen, además, otros factores que para mucha gente significan una superación de la separatidad. Hablar de la propia vida, de las esperanzas y angustias, mostrar los propios aspectos infantiles, establecer un interés común frente al mundo se consideran formas de salvar la separatidad.

Aun la exhibición de enojo, odio, de la absoluta falta de inhibición, se consideran pruebas de intimidad, y ello puede explicar la atracción pervertida que sienten los integrantes de muchos matrimonios que sólo parecen íntimos cuando están en la cama o cuando dan rienda suelta a su odio y a su rabia recíprocos.

Pero la intimidad de este tipo tiende a disminuir cada vez más a medida que transcurre el tiempo. El resultado es que se trata de encontrar amor en la relación con otra persona, con un nuevo desconocido. Este se transforma nuevamente en una persona «íntima», la experiencia de enamorarse vuelve a ser estimulante e intensa, para tornarse otra vez menos y menos intensa, y concluye en el deseo de una nueva conquista, un nuevo amor -siempre con la ilusión de que el nuevo amor será distinto de los anteriores-. El carácter engañoso del deseo sexual contribuye al mantenimiento de tales ilusiones.

El deseo sexual

El deseo sexual tiende a la fusión. Pero el deseo sexual puede ser estimulado por la angustia de la soledad, por el deseo de conquistar o de ser conquistado, por la vanidad, por el deseo de herir y aun de destruir, tanto como por el amor. Parecería que cualquier emoción intensa, el amor entre otras, puede estimular y fundirse con el deseo sexual. Como la mayoría de la gente une el deseo sexual a la idea del amor, con facilidad incurre en el error de creer que se ama cuando se desea físicamente.

El amor puede inspirar el deseo de la unión sexual; en tal caso, la relación física hállase libre de avidez, del deseo de conquistar o ser conquistado, pero está fundido con la ternura. Si el deseo de unión física no está estimulado por el amor, si el amor erótico no es a la vez fraterno, jamás conduce a la unión salvo en un sentido transitorio. La atracción sexual crea, por un momento, la ilusión de la unión, pero, sin amor, tal «unión» deja a los desconocidos tan separados como antes -a veces los hace avergonzarse el uno del otro, o aun odiarse recíprocamente, porque, cuando la ilusión se desvanece, sienten su separación más agudamente que antes-.

La ternura no es en modo alguno,  como creía Freud, una sublimación del instinto sexual; es el producto  directo del amor fraterno, y existe tanto en las formas físicas del  amor, como en las no físicas.

Exclusividad no es lo mismo que una relación posesiva

En el amor erótico hay una exclusividad que falta en el amor fraterno  y en el materno. Ese carácter exclusivo requiere un análisis más amplio. La exclusividad del amor erótico suele interpretarse erróneamente como una relación posesiva.

Es frecuente encontrar dos personas «enamoradas» la una de la otra que no sienten amor por nadie más. Su amor es, en realidad, un egotismo á deux; son dos seres que se identifican el uno con el otro, y que resuelven el problema de la separatidad convirtiendo al individuo aislado en dos. Tienen la vivencia de superar la separatidad, pero, puesto que están separados del resto de la humanidad, siguen estándolo entre sí y enajenados de sí mismos; su experiencia de unión no es más que ilusión.

El amor erótico es exclusivo, pero ama en la otra persona a toda la humanidad, a todo lo que vive. Es exclusivo sólo en el sentido de que puedo fundirme plena e intensamente con una sola persona. El amor erótico excluye el amor por los demás sólo en el sentido de  la fusión erótica, de un compromiso total en todos los aspectos de la vida -pero no en el sentido de un amor fraterno profundo-.

Amar desde la esencia del ser

El amor erótico, si es amor, tiene una premisa. Amar desde la  esencia del ser -y vivenciar a la otra persona en la esencia de su ser-. En esencia, todos los seres humanos son idénticos. Somos todos parte de Uno; somos Uno. Siendo así, no debería importar a quién amamos. El amor debe ser esencialmente un acto de la voluntad, de decisión de dedicar toda nuestra vida a la de la otra persona.

Ese es, sin duda, el razonamiento que sustenta la idea de la indisolubilidad  del matrimonio, así como las muchas formas de matrimonio tradicional, en las que ninguna de las partes elige a la otra, sino que alguien las elige por ellas, a pesar de lo cual se espera que se amen mutuamente.

En la cultura occidental contemporánea, tal idea parece totalmente falsa. Supónese que el amor es el resultado de una reacción espontánea y emocional, de la súbita aparición de un sentimiento irresistible. De acuerdo con ese criterio, sólo se consideran las peculiaridades de los dos individuos implicados –y no el hecho de que todos los hombres son parte de Adán y todas las mujeres parte de Eva-. Se pasa así por alto un importante factor del amor erótico, el de la voluntad.

Amor erótico, voluntad y atracción

Amar a alguien no es meramente un sentimiento poderoso -es una decisión, es un juicio, es una promesa-. Si el amor no fuera más que un sentimiento, no existirían bases para la promesa de amarse eternamente. Un sentimiento comienza y puede desaparecer. ¿Cómo puedo yo juzgar que durará eternamente, si mi acto no implica juicio y decisión?

Tomando en cuenta esos puntos de vista, cabe llegar a la conclusión de que el amor es exclusivamente un acto de la voluntad y un compromiso, y de que, por lo tanto, en esencia no importa demasiado quiénes son las dos personas. Sea que el matrimonio haya sido decidido por terceros, o el resultado de una elección individual, una vez celebrada la boda el acto de la voluntad debe garantizar la continuación del amor.

Tal posición parece no considerar el carácter paradójico de la naturaleza humana y del amor erótico. Todos somos Uno; no obstante, cada uno de nosotros es una entidad única e irrepetible. Idéntica paradoja se repite en nuestras relaciones con los otros. En la medida en que todos somos uno, podemos amar a todos de la misma manera, en el sentido del amor fraternal. Pero en la medida en que todos también somos diferentes, el amor erótico requiere ciertos elementos específicos y altamente individuales que existen entre algunos seres, pero no entre todos.

La verdad no es ni lo uno ni lo otro

Ambos puntos de vista, entonces, el del amor erótico como una atracción completamente individual, única entre dos personas específicas, y el de que el amor erótico no es otra cosa que un acto de la voluntad, son verdaderos -o, como sería quizá más exacto, la verdad no es lo uno ni lo otro-. De ahí que la idea de una relación que puede disolverse fácilmente si no resulta exitosa es tan errónea como la idea de que tal relación no debe disolverse bajo ninguna circunstancia.

Erich Fromm

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El amor materno

El amor materno

El Amor materno

El amor materno es una afirmación incondicional de la vida del niño y sus necesidades. Pero debo hacer aquí una importante adición a tal descripción. La afirmación de la vida del niño presenta dos aspectos: uno es el cuidado y la responsabilidad absolutamente necesarios para la conservación de la vida del niño y su crecimiento. El otro aspecto va más allá de la mera conservación. Es la actitud que inculca en el niño el amor a la vida, que crea en él el sentimiento: ¡es bueno estar vivo, es bueno ser una criatura, es bueno estar sobre esta tierra!

Leche y miel

Esos dos aspectos del amor materno se expresan muy sucintamente en el relato bíblico de la creación. Dios crea el mundo y el hombre. Esto corresponde al simple cuidado y afirmación de la existencia. Pero Dios va más allá de ese requerimiento mínimo. Cada día posterior a la creación de la naturaleza -y del hombre- «Dios vio que era bueno».

El amor materno, en su segunda etapa, hace sentir al niño: es una suerte haber nacido; inculca en el niño el amor a la vida, y no sólo el deseo de conservarse vivo. La misma idea se expresa en otro simbolismo bíblico. La tierra prometida (la tierra es siempre un símbolo materno) se describe como «plena de leche y miel». La leche es el símbolo del primer aspecto del amor, el de cuidado y afirmación. La miel simboliza la dulzura de la vida, el amor por ella y la felicidad de estar vivo.

La mayoría de las madres son capaces de dar «leche», pero sólo unas pocas pueden dar «miel» también. Para estar en condiciones de dar miel, una madre debe ser no sólo una «buena madre», sino una persona feliz -y no son muchas las que logran alcanzar esa meta-.

No hay peligro de exagerar el efecto sobre el niño. El amor de la madre a la vida es tan contagioso como su ansiedad. Ambas actitudes ejercen un profundo efecto sobre la personalidad total del niño; indudablemente, es posible distinguir, entre los niños -y los adultos- los que sólo recibieron «leche» y los que recibieron «leche y miel».

La verdadera realización está en el amor por el niño que crece

En contraste con el amor fraternal y el erótico, que se dan entre iguales, la relación entre madre e hijo es, por su misma naturaleza, de desigualdad, en la que uno necesita toda la ayuda y la otra la proporciona. Y es precisamente por su carácter altruista y generoso que el amor materno ha sido considerado la forma más elevada de amor, y el más sagrado de todos los vínculos emocionales.

Parece, sin embargo, que la verdadera realización del amor materno no está en el amor de la madre al pequeño bebé, sino en su amor por el niño que crece. En realidad, la vasta mayoría de las madres ama a sus hijos mientras éstos son pequeños y dependen por completo de ellas.

La mayoría de las mujeres desea tener hijos, son felices con el recién nacido y vehementes en sus cuidados. Ello ocurre a pesar del hecho de que no «obtienen» nada del niño a cambio, excepto una sonrisa o una expresión de satisfacción en su rostro. Se supone que esa actitud de amor está parcialmente arraigada en un equipo instintivo que se encuentra tanto en los animales como en la mujer.

Narcisismo y dominación

Pero cualquiera sea la importancia de ese factor, también existen factores psicológicos específicamente humanos que determinan este tipo de amor maternal.

Cabe encontrar uno de ellos en el elemento narcisista del amor materno. En la medida en que sigue sintiendo al niño como una parte suya, el amor puede satisfacer su narcisismo. Otra motivación radica en el deseo de poder o de posesión de la madre. El niño, desvalido y sometido por entero a su voluntad, constituye un objeto natural de satisfacción para una mujer dominante y posesiva.

Trascender

Si bien aparecen con frecuencia, tales motivaciones no son probablemente tan importantes y universales como la que podemos llamar necesidad de trascendencia. Tal necesidad de trascendencia es una de las necesidades básicas del hombre, arraigada en el hecho de su autoconciencia, en el hecho de que no está satisfecho con el papel de la criatura, de que no puede aceptarse a sí mismo como un dado arrojado fuera del cubilete. Necesita sentirse creador, ser alguien que trasciende el papel pasivo de ser creado.

Hay muchas formas de alcanzar esa satisfacción en la creación; la más natural, y también la más fácil de lograr, es el amor y el cuidado de la madre por su creación. Ella se trasciende en el niño; su amor por él da sentido y significación a su vida. (En la incapacidad misma del varón para satisfacer su necesidad de trascendencia concibiendo hijos reside su impulso a trascenderse por medio de la creación de cosas hechas por el hombre y de ideas).

La separación

Pero el niño debe crecer. Debe emerger del vientre materno, del pecho de la madre; eventualmente, debe convertirse en un ser humano completamente separado. La esencia misma del amor materno es cuidar de que el niño crezca, y esto significa desear que el niño se separe de ella. Ahí radica la diferencia básica con respecto al amor erótico. En este último, dos seres que estaban separados se convierten en uno solo. En el amor materno, dos seres que estaban unidos se separan.

La madre debe no sólo tolerar, sino también desear y alentar la separación del niño. Sólo en esa etapa el amor materno se convierte en una tarea sumamente difícil, que requiere generosidad y capacidad de dar todo sin desear nada salvo la felicidad del ser amado. También es en esa etapa donde muchas madres fracasan en su tarea de amor materno. La mujer narcisista, dominadora y posesiva puede llegar a ser una madre «amante» mientras el niño es pequeño. Sólo la mujer que realmente ama, la mujer que es más feliz dando que tomando, que está firmemente arraigada en su propia existencia, puede ser una madre amante cuando el niño está en el proceso de la separación.

Amor y amor materno

El amor maternal por el niño que crece, amor que no desea nada para sí, es quizá la forma de amor más difícil de lograr, y la más engañosa, a causa de la facilidad con que una madre puede amar a su pequeño. Pero, precisamente debido a dicha dificultad, una mujer sólo puede ser una madre verdaderamente amante si puede amar; si puede amar a su esposo, a otros niños, a los extraños, a todos los seres humanos.

La mujer que no es capaz de amar en ese sentido, puede ser una madre afectuosa mientras su hijo es pequeño, pero no será una madre amante, y la prueba de ello es la voluntad de aceptar la separación -y aun después de la separación, seguir amando-.

Erich Fromm

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El Amor fraternal

El Amor fraternal

El Amor fraternal

La clase más fundamental de amor, básica en todos los tipos de amor, es el amor fraternal.

Por él se entiende el sentido de responsabilidad, cuidado, respeto y conocimiento con respecto a cualquier otro ser humano, el deseo de promover su vida. A esta clase de amor se refiere la Biblia cuando dice: ama a tu prójimo como a ti mismo.

El amor fraternal es el amor a todos los seres humanos; se caracteriza por su falta de exclusividad. Si he desarrollado la capacidad de amar, no puedo dejar de amar a mis hermanos.

En el amor fraternal se realiza la experiencia de unión con todos los hombres, de solidaridad humana, de reparación humana.

Unidad

El amor fraternal se basa en la experiencia de que todos somos uno.

Las diferencias en talento, inteligencia, conocimiento, son despreciables en comparación con la identidad de la esencia humana común a todos los hombres.

Para experimentar dicha identidad es necesario penetrar desde la periferia hacia el núcleo. Si percibo en otra persona nada más que lo superficial, percibo principalmente las diferencias, lo que nos separa. Si penetro hasta el núcleo, percibo nuestra identidad, el hecho de nuestra hermandad.

Esta relación de centro a centro -en lugar de la de periferia a periferia- es una «relación central». O, como lo expresó bellamente Simone Weil:

«Las mismas palabras (por ejemplo, un hombre dice a su mujer, `te amo’) pueden ser triviales o extraordinarias según la forma en que se digan. Y esa forma depende de la profundidad de la región en el ser de un hombre de donde procedan, sin que la voluntad pueda hacer nada. Y, por un maravilloso acuerdo, alcanzan la misma región en quien las escucha. De tal modo, el que escucha puede discernir, si tiene alguna capacidad de discernimiento, cuál es el valor de las palabras»

Amor entre iguales y necesidad de ayuda

El amor fraternal es amor entre iguales: pero, sin duda, aun como iguales no somos siempre «iguales»; en la medida en que somos humanos, todos necesitamos ayuda. Hoy yo, mañana tú. Esa necesidad de ayuda, empero, no significa que uno sea desvalido y el otro poderoso. La desvalidez es una condición transitoria; la capacidad de pararse y caminar sobre los propios pies es común y permanente.

Sin embargo, el amor al desvalido, al pobre y al desconocido, son el comienzo del amor fraternal. Amar a los de nuestra propia carne y sangre no es hazaña alguna. Los animales aman a sus vástagos y los protegen. El desvalido ama a su dueño, puesto que su vida depende de él; el niño ama a sus padres, pues los necesita.

Al tener compasión del desvalido el hombre comienza a desarrollar amor a su hermano; y al amarse a sí mismo, ama también al que necesita ayuda, al frágil e inseguro ser humano.

Compasión

La compasión implica el elemento de conocimiento e identificación. «Tú conoces el corazón del extranjero», dice el Antiguo Testamento, «puesto que fuiste extranjero en la tierra de Egipto… ¡por lo tanto, ama al extranjero»

Erich Fromm

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Los cuatro ingredientes del Amor

Los cuatro ingredientes del Amor

Además del elemento de dar, el amor implica ciertos elementos básicos, comunes a todas las formas del amor. Esos elementos son: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento.

Cuidado

Que el amor implica cuidado es especialmente evidente en el amor de una madre por su hijo. Ninguna declaración de amor por su parte nos parecería sincera si viéramos que descuida al niño, si deja de alimentarlo, de bañarlo, de proporcionarle bienestar físico; y creemos en su amor si vemos que cuida al niño. Lo mismo ocurre incluso con el amor a los animales y las flores. Si una mujer nos dijera que ama las flores, y viéramos que se olvida de regarlas, no creeríamos en su «amor» a las flores.

El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos.

Cuando falta tal preocupación activa, no hay amor.

Se ama aquello por lo que se trabaja, y se trabaja por lo que se ama.

Responsabilidad

El cuidado y la preocupación implican otro aspecto del amor: el de la responsabilidad. Hoy en día suele usarse ese término para denotar un deber, algo impuesto desde el exterior. Pero la responsabilidad, en su verdadero sentido, es un acto enteramente voluntario, constituye mi respuesta a las necesidades, expresadas o no, de otro ser humano.

Ser «responsable» significa estar listo y dispuesto a «responder». La persona que ama, responde. La vida de su hermano no es sólo asunto de su hermano, sino propio. Siéntese tan responsable por sus semejantes como por sí mismo. Tal responsabilidad, en el caso de la madre y su hijo, atañe principalmente al cuidado de las necesidades físicas. En el amor entre adultos, a las necesidades psíquicas de la otra persona.

Respeto

La responsabilidad podría degenerar fácilmente en dominación y posesividad, si no fuera por un tercer componente del amor, el respeto.

Respeto no significa temor y sumisa reverencia; denota, de acuerdo con la raíz de la palabra (respicere = mirar), la capacidad de ver a una persona tal cual es, tener conciencia de su individualidad única.

Respetar significa preocuparse por que la otra persona crezca y se desarrolle tal como es. De ese modo, el respeto implica la ausencia de explotación. Quiero que la persona amada crezca y se desarrolle por sí misma, en la forma que les es propia, y no para servirme. Si amo a la otra persona, me siento uno con ella, pero con ella tal cual es, no como yo necesito que sea, como un objeto para mi uso.

Es obvio que el respeto sólo es posible si yo he alcanzado independencia; si puedo caminar sin muletas, sin tener que dominar ni explotar a nadie. El respeto sólo existe sobre la base de la libertad: ” l’amour est l’enfant de la liberté», dice una vieja canción francesa; el amor es hijo de la libertad, nunca de la dominación.

Conocimiento

Respetar a una persona sin conocerla, no es posible; el cuidado y la responsabilidad serían ciegos si no los guiara el conocimiento. El conocimiento sería vacío si no lo motivara la preocupación.

Hay muchos niveles de conocimiento; el que constituye un aspecto del amor no se detiene en la periferia, sino que penetra hasta el meollo. Sólo es posible cuando puedo trascender la preocupación por mí mismo y ver a la otra persona en sus propios términos. Puedo saber, por ejemplo, que una persona está encolerizada, aunque no lo demuestre abiertamente; pero puedo llegar a conocerla más profundamente aún; sé entonces que está angustiada, e inquieta; que se siente sola, que se siente culpable. Sé entonces que su cólera no es más que la manifestación de algo más profundo, y la veo angustiada e inquieta, es decir, como una persona que sufre y no como una persona enojada.

El amor, un camino para conocer el «secreto del hombre».

Pero el conocimiento tiene otra relación, más fundamental, con el problema del amor. La necesidad básica de fundirse con otra persona se vincula, de modo íntimo, con otro deseo específicamente humano, el de conocer el «secreto del hombre».

Si bien la vida en sus aspectos meramente biológicos es un milagro y un secreto, el hombre, en sus aspectos humanos, es un impenetrable secreto para sí mismo -y para sus semejantes-.

Nos conocemos y, a pesar de todos los esfuerzos que podamos realizar, no nos conocemos. Conocemos a nuestros semejantes y, sin embargo, no los conocemos, porque no somos una cosa, y tampoco lo son nuestros semejantes. Cuanto más avanzamos hacia las profundidades de nuestro ser, o el ser de los otros, más nos elude la meta del conocimiento. Sin embargo, no podemos dejar de sentir el deseo de penetrar en el secreto del alma humana, en el núcleo más profundo que es «él».

Un camino para conocer «el secreto» es el amor. El amor es la penetración activa en la otra persona, en la que la unión satisface mi deseo de conocer. En el acto de fusión, te conozco, me conozco a mí mismo, conozco a todos -y no «conozco» nada-. Conozco de la única manera en que el conocimiento de lo que está vivo le es posible al hombre -por la experiencia de la unión- no mediante algún conocimiento proporcionado por nuestro pensamiento. El amor es la única forma de conocimiento, que, en el acto de unión, satisface mi búsqueda.

En el acto de amar, de entregarse, en el acto de penetrar en la otra persona, me encuentro a mí mismo, me descubro, nos descubro a ambos, descubro al hombre.

La única forma de alcanzar el conocimiento total consiste en el acto de amar: ese acto trasciende el pensamiento, trasciende las palabras. Es una zambullida temeraria en la experiencia de la unión.

Cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento son mutuamente interdependientes. Constituyen actitudes que se encuentran en el amor de la persona madura.

Erich Fromm

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El amor entre padres e hijos

El amor entre padres e hijos

Al nacer

Al nacer, el infante sentiría miedo de morir si un gracioso destino no lo protegiera de cualquier conciencia de la angustia implícita en la separación de la madre y de la existencia intrauterina.

Aun después de nacer, el infante es apenas diferente de lo que era antes del nacimiento; no puede reconocer objetos, no tiene aún conciencia de sí mismo, ni del mundo como algo exterior a él. Sólo siente la estimulación positiva del calor y el alimento, y todavía no los distingue de su fuente: la madre. La madre es calor, es alimento, la madre es el estado eufórico de satisfacción y seguridad.

La realidad exterior, las personas y las cosas, tienen sentido sólo en la medida en que satisfacen o frustran el estado interno del cuerpo. Sólo es real lo que está adentro; lo exterior sólo es real en función de mis necesidades -nunca en función de sus propias cualidades o necesidades-.

Cuando el niño crece

Cuando el niño crece y se desarrolla, se vuelve capaz de percibir las cosas como son; la satisfacción de ser alimentado se distingue del pezón, el pecho de la madre. Eventualmente, el niño experimenta su sed, la leche que le satisface, el pecho y la madre, como entidades diferentes. Aprende a percibir muchas otras cosas como diferentes, como poseedoras de una existencia propia: En ese momento empieza a darles nombres.

Al mismo tiempo aprende a manejarlas; aprende que el fuego es caliente y doloroso, que el cuerpo de la madre es tibio y placentero, que la mamadera es dura y pesada, que el papel es liviano y se puede rasgar.

Aprende a manejar a la gente; que la mamá sonríe cuando él come; que lo alza en sus brazos cuando llora; que lo alaba cuando mueve el vientre. Todas esas experiencias se cristalizan o integran en la experiencia: me aman.

Me aman porque soy el hijo de mi madre. Me aman porque estoy desvalido. Me aman porque soy hermoso, admirable. Me aman porque mi madre me necesita. Para utilizar una fórmula más general: me aman por lo que soy, o quizá más exactamente, me aman porque soy.

Tal experiencia de ser amado por la madre es pasiva. No tengo que hacer nada para que me quieran -el amor de la madre es incondicional-. Todo lo que necesito es ser -ser su hijo-.

El amor de la madre es incondicional

El amor de la madre significa dicha, paz, no hace falta conseguirlo, ni merecerlo. Pero la cualidad incondicional del amor materno tiene también un aspecto negativo. No sólo es necesario merecerlo, mas también es imposible conseguirlo, producirlo, controlarlo. Si existe, es como una bendición; si no existe, es como si toda la belleza hubiera desaparecido de la vida -y nada puedo hacer para crearla-.

Los niños entre los 8 y los 10 años

Para la mayoría de los niños entre los ocho y medio a los diez años el problema consiste casi exclusivamente en ser amado – en ser amado por lo que se es-. Antes de esa edad, el niño aún no ama; responde con gratitud y alegría al amor que se le brinda. A esa altura del desarrollo infantil, aparece en el cuadro un nuevo factor: un nuevo sentimiento de producir amor por medio de la propia actividad.

Por primera vez, el niño piensa en dar algo a sus padres, en producir algo -un poema, un dibujo, o lo que fuere-. Por primera vez en la vida del niño, la idea del amor se transforma de ser amado a amar, en crear amor. Muchos años transcurren desde ese primer comienzo hasta la madurez del amor.

Los adolescentes

Eventualmente, el niño, que puede ser ahora un adolescente, ha superado su egocentrismo; la otra persona ya no es primariamente un medio para satisfacer sus propias necesidades. Las necesidades de la otra persona son tan importantes como las propias; en realidad, se han vuelto más importantes. Dar es más satisfactorio, más dichoso que recibir; amar, aún más importante que ser amado.

Al amar, ha abandonado la prisión de soledad y aislamiento que representaba el estado de narcisismo y autocentrismo. Siente una nueva sensación de unión, de compartir, de unidad. Más aún, siente la potencia de producir amor -antes que la dependencia de recibir siendo amado- para lo cual debe ser pequeño, indefenso, enfermo -o «bueno»-.

El amor infantil sigue el principio: «Amo porque me aman.» El amor maduro obedece al principio: «Me aman porque amo.» El amor inmaduro dice: «Te amo porque te necesito.» El amor maduro dice: «Te necesito porque te amo.»

El paso de la madre al padre

En estrecha relación con el desarrollo de la capacidad de amar está la evolución del objeto amoroso. En los primeros meses y años de la vida, la relación más estrecha del niño es la que tiene con la madre. Esa relación comienza antes del nacimiento, cuando madre e hijo son aún uno, aunque sean dos.

El nacimiento modifica la situación en algunos aspectos, pero no tanto como parecería. El niño, si bien vive ahora fuera del vientre materno, todavía depende por completo de la madre. Pero día a día se hace más independiente: aprende a caminar, a hablar, a explorar el mundo por su cuenta; la relación con la madre pierde algo de su significación vital; en cambio, la relación con el padre se torna cada vez más importante.

Diferencias entre el amor materno y el amor paterno

Para comprender ese paso de la madre al padre, debemos considerar las esenciales diferencias cualitativas entre el amor materno y el paterno. Hemos hablado ya acerca del amor materno. Ese es, por su misma naturaleza, incondicional. La madre ama al recién nacido porque es su hijo, no porque el niño satisfaga alguna condición específica ni porque llene sus aspiraciones particulares.

El amor incondicional corresponde a uno de los anhelos más profundos, no sólo del niño, sino de todo ser humano; por otra parte, que nos amen por los propios méritos, porque uno se lo merece, siempre crea dudas; quizá no complací a la persona que quiero que me ame, quizás eso, quizás aquello -siempre existe el temor de que el amor desaparezca-. Además, el amor «merecido» siempre deja un amargo sentimiento de no ser amado por uno mismo, de que sólo se nos ama cuando somos complacientes, de que, en último análisis, no se nos ama, sino que se nos usa.

No es extraño, entonces, que todos nos aferremos al anhelo de amor materno, cuando niños y también cuando adultos. La mayoría de los niños tienen la suerte de recibir amor materno.

La relación con el padre

La relación con el padre es enteramente distinta. La madre es el hogar de donde venimos, la naturaleza, el suelo, el océano; el padre no representa un hogar natural de ese tipo. Tiene escasa relación con el niño durante los primeros años de su vida, y su importancia para éste no puede compararse a la de la madre en ese primer período. Pero, si bien el padre no representa el mundo natural, significa el otro polo de la existencia humana; el mundo del pensamiento, de las cosas hechas por el hombre, de la ley y el orden, de la disciplina, los viajes y la aventura. El padre es el que enseña al niño, el que le muestra el camino hacia el mundo.

En estrecha conexión con esa función, existe otra, vinculada al desarrollo económico-social. Cuando surgió la propiedad privada, y cuando uno de los hijos pudo heredar la propiedad privada, el padre comenzó a seleccionar al hijo a quien legaría su propiedad. Desde luego, elegía al que consideraba mejor dotado para convertirse en su sucesor, el hijo que más se le asemejaba y, en consecuencia, el que prefería. El amor paterno es condicional. Su principio es «te amo porque llenas mis aspiraciones, porque cumples con tu deber, porque eres como yo».

En el amor condicional del padre encontramos, como en el caso del amor incondicional de la madre, un aspecto negativo y uno positivo. El aspecto negativo consiste en el hecho mismo de que el amor paterno debe ganarse, de que puede perderse si uno no hace lo que de uno se espera. A la naturaleza del amor paterno débese el hecho de que la obediencia constituya la principal virtud, la desobediencia el principal pecado, cuyo castigo es la pérdida del amor del padre. El aspecto positivo es igualmente importante. Puesto que el amor de mi padre es condicional, es posible hacer algo por conseguirlo; su amor no está fuera de mi control, como ocurre con el de mi madre.

Amor incondicional y amor condicional

Las actitudes del padre y de la madre hacia el niño corresponden a las propias necesidades de ése. El infante necesita el amor incondicional y el cuidado de la madre, tanto fisiológica como psíquicamente. Después de los seis años, el niño comienza a necesitar el amor del padre, su autoridad y su guía. La función de la madre es darle seguridad en la vida; la del padre, enseñarle, guiarlo en la solución de los problemas que le plantea la sociedad particular en la que ha nacido.

En el caso ideal, el amor de la madre no trata de impedir que el niño crezca, no intenta hacer una virtud de la desvalidez. La madre debe tener fe en la vida, y, por ende, no ser exageradamente ansiosa y no contagiar al niño su ansiedad. Querer que el niño se torne independiente y llegue a separarse de ella debe ser parte de su vida.

El amor paterno debe regirse por principios y expectaciones; debe ser paciente y tolerante, no amenazador y autoritario. Debe darle al niño que crece un sentido cada vez mayor de la competencia, y oportunamente permitirle ser su propia autoridad y dejar de lado la del padre.

El amor maduro: conciencia marerna y conciencia paterna

Eventualmente, la persona madura llega a la etapa en que es su propio padre y su propia madre. Tiene, por así decirlo, una conciencia materna y paterna.

La conciencia materna dice: «No hay ningún delito, ningún crimen, que pueda privarte de mi amor, de mi deseo de que vivas y seas feliz.»

La conciencia paterna dice: «Obraste mal, no puedes dejar de aceptar las consecuencias de tu mala acción, y, especialmente, debes cambiar si quieres que te aprecie.»

La persona madura se ha liberado de las figuras exteriores de la madre y el padre, y las ha erigido en su interior. Sin embargo, y en contraste con el concepto freudiano del superyó, las ha construido en su interior sin incorporar al padre y a la madre, sino elaborando una conciencia materna sobre su propia capacidad de amar, y una conciencia paterna fundada en su razón y su discernimiento.

Además, la persona madura ama tanto con la conciencia materna como con la paterna, a pesar de que ambas parecen contradecirse mutuamente. Si un individuo conservara sólo la conciencia paterna, se tornaría áspero e inhumano. Si retuviera únicamente la conciencia materna, podría perder su criterio y obstaculizar su propio desarrollo o el de los demás.

Relaciones con los padres y salud mental

En esa evolución de la relación centrada en la madre a la centrada en el padre, y su eventual síntesis, se encuentra la base de la salud mental y el logro de la madurez. El fracaso de dicho desarrollo constituye la causa básica de la neurosis. Si bien está más allá de los propósitos de estas líneas examinar más profundamente este punto, algunas breves observaciones servirán para aclarar esa afirmación.

Una de las causas del desarrollo neurótico puede radicar en que el niño tiene una madre amante, pero demasiado indulgente o dominadora, y un padre débil e indiferente. En tal caso, puede permanecer fijado a una temprana relación con la madre, y convertirse en un individuo dependiente de la madre, que se siente desamparado, posee los impulsos característicos de la persona receptiva, es decir, de recibir, de ser protegido y cuidado, y que carece de las cualidades paternas -disciplina, independencia, habilidad de dominar la vida por sí mismo-.

Puede tratar de encontrar «madres» en todo el mundo, a veces en las mujeres y a veces en los hombres que ocupan una posición de autoridad y poder.

Si, por el contrario, la madre es fría, indiferente y dominadora, puede transferir la necesidad de protección materna al padre y a subsiguientes figuras paternas, en cuyo caso el resultado final es similar al caso anterior, o se convierte en una persona de orientación unilateralmente paterna, enteramente entregado a los principios de la ley, el orden y la autoridad, y carente de la capacidad de esperar o recibir amor incondicional.

Ese desarrollo se ve intensificado si el padre es autoritario y, al mismo tiempo, muy apegado al hijo. Lo característico de todos esos desarrollos neuróticos es el hecho de que un principio, el paterno o el materno, no alcanza a desarrollarse, o bien -como ocurre en muchas neurosis serias que los papeles de la madre y el padre se tornan confusos tanto en lo relativo a las personas exteriores como a dichos papeles dentro de la persona.

Un examen más profundo puede mostrar que ciertos tipos de neurosis, las obsesivas, por ejemplo, se desarrollan especialmente sobre la base de un apego unilateral al padre, mientras que otras, como la histeria, el alcoholismo, la incapacidad de autoafirmarse y de enfrentar la vida en forma realista, y las depresiones, son el resultado de una relación centrada en la madre.

Erich Fromm

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¿Qué es dar?

¿Qué es dar?

¿Qué es dar?

Por simple que parezca la respuesta, está en realidad plena de ambigüedades y complejidades.

Dar para el carácter receptivo

El malentendido más común consiste en suponer que dar significa «renunciar» a algo, privarse de algo, sacrificarse. La persona cuyo carácter no se ha desarrollado más allá de la etapa correspondiente a la orientación receptiva, experimenta de esa manera el acto de dar. El carácter mercantil está dispuesto a dar, pero sólo a cambio de recibir; para él, dar sin recibir significa una estafa.

La gente cuya orientación fundamental no es productiva, vive el dar como un empobrecimiento, por lo que se niega generalmente a hacerlo. Algunos hacen del dar una virtud, en el sentido de un sacrificio. Sienten que, puesto que es doloroso, se debe dar, y creen que la virtud de dar está en el acto mismo de aceptación del sacrificio. Para ellos, la norma de que es mejor dar que recibir significa que es mejor sufrir una privación que experimentar alegría.

Dar para el carácter productivo

Para el carácter productivo, dar posee un significado totalmente distinto: constituye la más alta expresión de potencia. En el acto mismo de dar, experimento mi fuerza, mi riqueza, mi poder. Tal experiencia de vitalidad y potencia exaltadas me llena de dicha. Me experimento a mí mismo como desbordante, pródigo, vivo, y, por tanto, dichoso. Dar produce más felicidad que recibir, no porque sea una privación, sino porque en el acto de dar está la expresión de mi vitalidad.

Si aplicamos ese principio a diversos fenómenos específicos, advertiremos fácilmente su validez.

Dar en la esfera del sexo

Encontramos el ejemplo más elemental en la esfera del sexo. La culminación de la función sexual masculina radica en el acto de dar; el hombre se da a sí mismo, da su órgano sexual, a la mujer. En el momento del orgasmo, le da su semen. No puede dejar de darlo si es potente. Si no puede dar, es impotente.

El proceso no es diferente en la mujer, si bien algo más complejo. También ella se da; permite el acceso al núcleo de su feminidad; en el acto de recibir, ella da. Si es incapaz de ese dar, si sólo puede recibir, es frígida. En su caso, el acto de dar vuelve a producirse, no en su función de amante, sino como madre. Ella se da al niño que crece en su interior, le da su leche cuando nace, le da el calor de su cuerpo. No dar le resultaría doloroso.

Dar en la esfera de las cosas materiales

En la esfera de las cosas materiales, dar significa ser rico. No es rico el que tiene mucho, sino el que da mucho. El avaro que se preocupa angustiosamente por la posible pérdida de algo es, desde el punto de vista psicológico, un hombre indigente, empobrecido, por mucho que posea. Quien es capaz de dar de sí es rico. Siéntese a sí mismo como alguien que puede entregar a los demás algo de sí. Sólo un individuo privado de todo lo que está más allá de las necesidades elementales para la subsistencia sería incapaz de gozar con el acto de dar cosas materiales.

La experiencia diaria demuestra, empero, que lo que cada persona considera necesidades mínimas depende tanto de su carácter como de sus posesiones reales. Es bien sabido que los pobres están más inclinados a dar que los ricos. No obstante, la pobreza que sobrepasa un cierto límite puede impedir dar, y es, en consecuencia, degradante, no sólo a causa del sufrimiento directo que ocasiona, sino porque priva a los pobres de la alegría de dar.

Dar en la esfera de lo específicamente humano

Sin embargo, la esfera más importante del dar no es la de las cosas materiales, sino el dominio de lo específicamente humano. ¿Qué le da una persona a otra? Da de sí misma, de lo más precioso que tiene, de su propia vida. Ello no significa necesariamente que sacrifica su vida por la otra, sino que da lo que está vivo en él -da de su alegría, de su interés, de su comprensión, de su conocimiento, de su humor, de su tristeza-, de todas las expresiones y manifestaciones de lo que está vivo en él. Al dar así de su vida, enriquece a la otra persona, realza el sentimiento de vida de la otra al exaltar el suyo propio.

No da con el fin de recibir; dar es de por sí una dicha exquisita. Pero, al dar, no puede dejar de llevar a la vida algo en la otra persona, y eso que nace a la vida se refleja a su vez sobre ella; cuando da verdaderamente, no puede dejar de recibir lo que se le da en cambio. Dar implica hacer de la otra persona un dador, y ambas comparten la alegría de lo que han creado. Algo nace en el acto de dar, y las dos personas involucradas se sienten agradecidas a la vida que nace para ambas.

Dar en la esfera del amor

En lo que toca específicamente al amor, eso significa: el amor es un poder que produce amor; la impotencia es la incapacidad de producir amor. Marx ha expresado bellamente este pensamiento:

«Supongamos -dice-, al hombre como hombre, y su relación con el mundo en su aspecto humano, y podremos intercambiar amor sólo por amor, confianza por confianza, etc. Si se quiere disfrutar del arte, se debe poseer una formación artística; si se desea tener influencia sobre otra gente, se debe ser capaz de ejercer una influencia estimulante y alentadora sobre la gente.

Cada una de nuestras relaciones con el hombre y con la naturaleza debe ser una expresión definida de nuestra vida real, individual, correspondiente al objeto de nuestra voluntad. Si amamos sin producir amor, es decir, si nuestro amor como tal no produce amor, si por medio de una expresión de vida como personas que amamos, no nos convertimos en personas amadas, entonces nuestro amor es impotente, es una desgracia».

Pero no sólo en lo que atañe al amor dar significa recibir. El maestro aprende de sus alumnos, el auditorio estimula al actor, el paciente cura a su psicoanalista -siempre y cuando no se traten como objetos, sino que estén relacionados entre sí en forma genuina y productiva.

Apenas si es necesario destacar el hecho de que la capacidad de amar como acto de dar depende del desarrollo caracterológico de la persona. Presupone el logro de una orientación predominantemente productiva, en la que la persona ha superado la dependencia, la omnipotencia narcisista, el deseo de explotar a los demás, o de acumular, y ha adquirido fe en sus propios poderes humanos y coraje para confiar en su capacidad para alcanzar el logro de sus fines. En la misma medida en que carece de tales cualidades, tiene miedo de darse, y, por tanto, de amar.

Erich Fromm

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Polaridad masculino-femenina

Polaridad sexual

La polarización sexual lleva al hombre a buscar la unión con el otro sexo. La polaridad entre los principios masculino y femenino existe también dentro de cada hombre y cada mujer. Así como fisiológicamente tanto el hombre como la mujer poseen hormonas del sexo opuesto, así también en el sentido psicológico son bisexuales. Llevan en si mismos el principio de recibir y de penetrar, de la materia y del espíritu. El hombre -y la mujer- sólo logran la unión interior en la unión con su polaridad femenina o masculina. Esa polaridad es la base de toda creatividad.

Creatividad interpersonal

La polaridad masculino-femenina es también la base de la creatividad interpersonal. Ello se evidencia biológicamente en el hecho de que la unión del esperma y el óvulo constituyen la base para el nacimiento de un niño. Y la situación es la misma en el dominio puramente psíquico; en el amor entre hombre y mujer, cada uno vuelve a nacer.

Idéntica polaridad entre el principio masculino y el femenino existe en la naturaleza; no sólo, como es notorio, en los animales y las plantas, sino en la polaridad de dos funciones fundamentales, la de recibir y la de penetrar. Es la polaridad de la tierra y la lluvia, del río y el océano, de la noche y el día, de la oscuridad y la luz, de la materia y el espíritu.

El gran poeta y místico musulmán, Rumi, expresó esta idea con hermosas frases:

“Nunca el amante busca sin ser buscado por su amada.

Si la luz del amor ha penetrado en este corazón, sabe que también hay amor en aquel corazón.

Cuando el amor a Dios agita tu corazón, también Dios tiene amor para ti.

Sin la otra mano, ningún ruido de palmoteo sale de una mano.

La sabiduría Divina es destino y su decreto nos hace amarnos el uno al otro.

Por eso está ordenado que cada parte del mundo se una con su consorte.

El sabio dice: Cielo es hombre, y Tierra, mujer. Cuando la Tierra no tiene calor, el Cielo se lo manda; cuando pierde su frescor y su rocío, el Cielo se lo devuelve. El Cielo hace su ronda, como un marido que trabaja por su mujer.

Y la Tierra se ocupa del gobierno de su casa: cuida de los nacimientos y amamanta lo que pare.

Mira a la Tierra y al Cielo, tienen inteligencia, pues hacen el trabajo de seres inteligentes.

Si esos dos no gustaran placer el uno del otro, ¿por qué habrían de andar juntos como novios?

Sin la Tierra, ¿despuntarían las flores, echarían flores los árboles?

¿Qué, entonces, producirían el calor y el agua del Cielo?

Así como Dios puso el deseo en el hombre y en la mujer para que el mundo fuera preservado por su unión.

Así en cada parte de la existencia planteó el deseo de la otra parte.

Día y noche son enemigos afuera; pero sirven ambos un único fin.

Cada uno ama al otro en aras de la perfección de su mutuo trabajo.

Sin la noche, la naturaleza del hombre no recibiría ganancia alguna, y nada tendría entonces el día para gastar.”

Erich Fromm

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