Amar más allá de la forma

Amar más allá de la forma

Un hombre amaba con intensidad a su compañera, la cual no era precisamente bella. Desde niña tenía la cara picada con viruela. Con aquella mujer, las noches eran de carne y espíritu.

Un amanecer, ella le susurró:

– Amado mío, mi muy amado, cuánto lamento que mi piel no sea suave como un nenúfar para recibir tus labios.

– ¿Por qué me dices eso, mi muy querida? – preguntó el hombre extrañado.

Y la mujer, intuitivamente, comprendió al instante que él jamás había reparado en sus feas señales. Al mirar más allá, la había encontrado realmente a ella.

Comentario

La belleza exterior tiene un milímetro de espesura: el de la piel. La belleza interior es más profunda que los vastos océanos.

Unos ven en los demás su lado feo, y crean malestar y ansiedad sobre sí mismos y los otros; los hay en cambio, más afortunados, que saben ver el lado luminoso de los demás y no poner el acento sobre el difícil.

Podemos preguntamos: ¿Amamos a la otra persona por el placer que nos procura o por la persona misma?

El amor egocéntrico conlleva ansiedad, inquietud, celos, desasosiego, resentimiento, exigencias y reproches.

El amor más incondicional está libre de posesividad y contaminaciones de cualquier orden, por lo que resulta más genuino, estable y tranquilizador.

Ramiro Calle

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Serenidad también es aceptar

Serenidad

Cuántas veces ponemos el énfasis justo en lo que queremos evitar; cuánto sufrimos por no querer sufrir; cuánta felicidad perdemos por nuestro afán desmedido de felicidad; hasta qué punto tenemos una recalcitrante inclinación a ver en las aguas pantanosas sólo la suciedad y no apreciar la espléndida flor de loto. Hay un adagio muy sutil: «Cuanto más lo busco, menos lo encuentro».

¿Sabes una cosa?

Si persigues tu sombra, nunca la atrapas; si te empeñas en ver tus ojos nunca lo consigues, del mismo modo que el sable no puede combatir consigo mismo; si te obsesionas porque no quieres escuchar un ruido, lo oyes más; si te dejas arrastrar por la antipatía hacia una persona, intensificas la antipatía que te produce.

El arte de fluir, abrirse, ser permeable y flexible, absorber sin inútiles resistencias, es de una gran ayuda para la vida.

Enseña el maestro: «La mejor manera de conquistar a un enemigo es ganarle sin enfrentarse a él». Es la llamada virtud de la no-lucha. También el arte de la no-oposición.

También la senda de no-fortalecer-al-enemigo, sino amistar con él para debilitarlo.

Además, la belleza está en los ojos del que mira. Una nariz fea para unos es hermosa para otros e indiferente para muchos. Nosotros, que tanto distamos de la perfección física, mental, moral y emocional, ¡cuánta perfección exigimos en los demás!

Un místico dijo en una ocasión: «Como no hay nadie en el que no haya algo bueno, nunca logro ver lo malo en él».

La serenidad también consiste en saber aceptar una nariz que no es suficientemente agraciada, o a un amigo que resulta un poco pesado o la cabeza que en el cine nos oculta parte de la pantalla.

Ramiro Calle

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Cabalgar sobre el deseo

El deseo

Nadie puede agotar el fuego suministrándole más leña en lugar de permitir que se consuma y cese por falta de combustible. El deseo compulsivo no tiene fin, porque entronca con el pensamiento y el ego, cuya voracidad es ilimitada.

El deseo es inherente a la vida. No se debe reprimir (porque lo que echas por la puerta te entra por la ventana, como reza un adagio), pero sí se puede aprender a suprimir conscientemente, transformar, derivar o controlar con lucidez. Se trata de una respuesta o reacción más o menos intensa hacia todo aquello que place o produce disfrute; es una inclinación a la sensación grata, del mismo modo que la aversión es una resistencia u odio a lo que displace, es decir, a la sensación desagradable.

El deseo es una energía muy poderosa, que cursa física, mental, emocional o espiritualmente

El problema no es en sí mismo el deseo natural, sino el apego y los deseos artificiales o imaginarios. El deseo crea un movimiento hacia lo que codificamos y sentimos como agradable, pero no nos basta con disfrutarlo, sino que queremos mantenerlo, intensificarlo, perpetuarlo, y, por medio del pensamiento, comenzamos a generar una adicción que nos hace depender y entrar en servidumbre con respecto al objeto del deseo, sea éste una situación, un objeto o una persona. Surgen el afán de posesividad y el aferramiento y, subsiguientemente, el miedo a perder el objeto del deseo.

No es cierto que el deseo se gaste como unos zapatos nuevos

Deseo mecánico, voraz, incontrolado, lleva a más deseo mecánico, voraz e incontrolado. La persona deja de desear para ser arrastrada por sus deseos.

El deseo compulsivo siempre crea ansiedad; el que ansía no tiene paz. La sociedad que sólo valora la producción material siempre está engendrando deseos artificiales en el individuo para despertar sus instintos de hacer y acumular, pero nunca su sabiduría de ser. Sobre el deseo los maestros orientales dijeron: «Es como un tigre. Hay que aprender a cabalgar sobre él, porque si te descabalga te engulle».

Cuando uno es víctima de muchos deseos compulsivos no puede aspirar a un estado de sosiego. La energía vital siempre está proyectada hacia los supuestos objetos del deseo. Si se obtienen, pueden resultar tediosos; si no se consiguen, despiertan mucha frustración.

Lucidez y control consciente

El apego se puede convertir en un veneno. La persona lúcida y entrenada sabrá cuándo satisfacer sus deseos y cuándo suprimirlos conscientemente o derivarlos hacia una causa más importante. Así no habrá menos, sino más disfrute, pero desde el desapego y la conciencia, sin obsesiones ni compulsiones. El deseo puede ser neuróticamente vehemente o saludablemente sosegado.

El control sobre los sentidos, incluida la mente, colabora en el dominio sobre el deseo, la disolución del apego y la trascendencia de la compulsividad. Este control nunca debe ser represivo, sino consciente, y consiste en estar más vigilante de nuestras propias energías de deseo y nuestras tendencias egocéntricas al aferramiento y la posesividad.

La represión no es la supresión consciente del deseo, sino que se le inhibe incluso a pesar de uno mismo –y muchas veces inconscientemente-, ya sea por códigos, filtros socioculturales, miedos, falsa moral o esquemas familiares o sociales.

Ejercitar la superación

La supresión consciente es hacer uso de la volición para contener un deseo cuando uno considera que su satisfacción puede resultar perjudicial para alguien. El deseo en sí mismo es una fuerza que se canaliza en uno u otro sentido según proceda, pero siempre que se haya desarrollado la suficiente sabiduría y el dominio para hacerlo.

La superación del deseo vehemente y compulsivo, que siempre genera aferramiento y apego, exige el desarrollo del sentimiento de la nobleza, el entendimiento vivencial de la transitoriedad, el recordatorio de nuestra finitud, la autoobservación acertada para saber si se trata de deseos naturales o artificiales, la ecuanimidad y firmeza de mente (para que no se deje obsesionar por apegos y aversiones) y la comprensión clara.

El apego puede llegar a convertirse en una verdadera enfermedad, y «sólo cuando nos cansamos de nuestra enfermedad, dejamos de estar enfermos».

Debemos reflexionar sobre la siguiente sentencia: «No identificarse con lo agradable ni identificarse con lo desagradable; no mirar a lo que es placentero ni a lo que es displacentero, porque en ambos lados hay dolor».

Para los sabios de Oriente, el conflicto y el sufrimiento innecesarios no tienen nunca lugar para el que no hace diferencia entre lo anhelado y lo no anhelado. Entonces la vida comienza a vivirse en toda su totalidad y es, de continuo, el libro más sabio en el que poder inspirarnos.

Ramiro Calle

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Sabiduría

La erudición no es sabiduría; el saber libresco no es conocimiento que transforma y libera. La erudición es acumulación de datos e información, pero no procura una experiencia interior de paz profunda y autoconocimiento.

Todos nos podemos pasar los unos a los otros estos datos. Tú me pasas tu información y yo te paso la mía. Pero tú no me puedes pasar tu sabiduría ni yo te puedo pasar la mía, porque la sabiduría es personal e intransferible.

El mundo está lleno de personas con grandes conocimientos que son irritables, o están atormentadas, o generan relaciones destructivas y conflictivas, o no pueden liberarse de sus emociones venenosas.

La erudición y la cultura se adquieren, vienen de afuera, pero la sabiduría hay que desarrollada y actualizada dentro de uno mismo. Es una lámpara para iluminar la senda de la vida.

La sabiduría aporta…

La sabiduría aporta equilibrio y armonía; nos permite saber cuándo injerir en el curso de los acontecimientos o cuándo abstenernos de hacerlo.

Procura confianza en uno mismo pero desde la humildad y no desde la arrogancia.

Nos previene para que no nos precipitemos en la exaltación desmedida o el insuperable abatimiento (estabilizando el ánimo).

Ayuda a encontrar nuestro propio eje y a evitar el tedio, los auto engaños y justificaciones;.

Nos hace conscientes de nuestras limitaciones como seres humanos, sin atolondrarnos con falaces expectativas;

Mejora la relación con los demás y considera como lo más bello e importante la bondad y la amistad.

Nos enseña a navegar en el océano de la vida cotidiana y en el de nuestro universo interior.

Invita a una vida sencilla, sin artificios, natural y placentera, sin desear lo inalcanzable y gozando de lo que es posible alcanzar, sin preocuparse de si nos elogian o insultan, libre siempre de envidia y celos, sin afán de acumular más de lo necesario, valorando cada minuto de la vida para no despilfarrar innecesariamente el tiempo.

Y mucho más…

Coopera para poder discernir entre lo esencial y lo superfluo, lo real y lo banal.

Abre el corazón y deja que fluya libremente el néctar de la compasión, pudiendo identificarnos con el sufrimiento de otras criaturas y tratando de colaborar en su bienestar.

Nos ayuda a estar más autovigilantes y ocupamos mejor de nosotros mismos y de los demás.

Es la luz del noble arte de vivir y nos otorga un saludable dominio sobre la mente, la palabra y los actos.

Resuelve conflictos y discordias; previene contra el agobio y la desesperación; convierte la soledad en fecunda y valora el autoconocimiento.

Enseña a estar bien en soledad y en multitud.

Nos hace más veraces y próximos a los otros seres sintientes.

Proporciona sagacidad, renovado entusiasmo, sentido del humor, ánimo apaciguado.

Presta vitalidad; ayuda a vivir y a morir.

Sabiduría y sosiego

La sabiduría es sosiego; el sosiego conlleva sabiduría. La sabiduría nos ayuda a percibir y conocer lo que no puede ser percibido ni conocido por la erudición.

Ramiro Calle

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La senda de la autorealización

Autorealización

El esfuerzo se activa en cuanto la motivación es intensa. A cada paso la libertad interior está más cerca. Van sobreviniendo destellos de claridad y sosiego, percepciones de orden superior que nos enriquecen, comprensiones profundas que son como un primoroso bálsamo para el espíritu.

Larga es la senda de la autorrealización… y tortuosa. Pero en la senda hacia el sosiego inefable, la mente va purificándose.

Destellos de claridad y sosiego

Se libera de apego, odio, ofuscación, dependencias y servidumbres; gana desasimiento, compasión, claridad y emancipación.

Poco a poco la mente se torna más libre y aprende a no depender tanto de los objetos del exterior o de los propios contenidos mentales; se va liberando del aferramiento y de la aversión y va superando muchas dependencias de todo tipo.

Surge una clase de satisfacción y de alegría que no depende tanto de las circunstancias o eventos externos, sino que encuentra su fuente en la propia interioridad y en el sentimiento de fecunda integración.

Los factores de liberación mental van acudiendo en auxilio del buscador, factores como la ecuanimidad, la energía, el contento interno o gozo, la claridad y otros.

Lo agradable no va despertando tanto deseo y servidumbre; lo desagradable no suscita tanta aversión y sufrimiento.

El ego comienza a no sobredimensionarse y ocupa su justa posición, con lo que cede el sentido personalista del «hacedor» y el afán de posesividad, la arrogancia y la codicia.

Se va despertando la aletargada dicha enraizada en uno mismo y la vida se enfoca de otra manera (no sólo como una frenética carrera hacia fuera, en busca de fama, prestigio, consideración o progreso externo).

Al haber menos deseos compulsivos y aversiones, la agitación mental comienza a ceder. Los obstáculos en el camino se van salvando, aunque aparecen aparentes retrocesos. La paciencia es una buena consejera.

Ramiro Calle

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El esfuerzo sereno

Incluso en la aplicación del esfuerzo hay que ser equilibrado

Los extremos son las trampas. Huye de las emboscadas que representan. Hay un camino de sabiduría y sosiego entre los extremos. Si te extremas, te desequilibras; si te desequilibras, te desarmonizas; si te desarmonizas, enfermas.

Están…

Los que no hacen ningún esfuerzo y se dejan ganar por la apatía, la indecisión, la duda escéptica o sistemática, la falta de confianza, la indolencia y la dejadez.

Quienes despliegan un esfuerzo excesivo y se consumen, queman sus energías, se embrutecen.

Los que de repente hacen grandes esfuerzos esporádicos, guiados por infantiles expectativas, entusiasmados al principio, para enseguida caer en el desencanto y abandonar el esfuerzo.

Aquéllos que súbitamente emprenden períodos de gran esfuerzo y otros en los que no se esfuerzan nada en absoluto, o sea, que sus esfuerzos son esporádicos.

El esfuerzo sereno

Pero están los que son como la nieve, que posándose momento tras momento sobre la rama de un árbol terminan por quebrarla. Es el esfuerzo correcto, asiduo, mantenido, pero no excesivo. Es el esfuerzo no compulsivo, sino sereno.

Ése es también el esfuerzo que exige el hatha-yoga en la ejecución de los asanas o posturas corporales: un esfuerzo sabiamente aplicado, mantenido, pero no excesivo.

Este tipo de esfuerzo racional y consistente nos permitirá cultivar el desapego, la visión correcta, la ecuanimidad inquebrantable, la compasión, la óptima relación con nosotros y con los demás, el establecimiento de la atención consciente, la autovigilancia, el control del ego y el autoconocimiento.

Cooperará en el dominio del pensamiento y la purificación del discernimiento, el comportamiento noble, la palabra correcta, la superación y transformación de emociones insanas.

Mediante un esfuerzo tal trataremos de imponernos a la mente, porque «la mente, en verdad, es el mundo; debemos purificarla enérgicamente. Asumimos la forma de lo que hay en nuestra mente: éste es el eterno secreto».

Ramiro Calle

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Esfuerzo y disciplina

Es frecuente sentir el esfuerzo como algo provocativo o coercitivo. En la denominada «era cibernética», se llega a suponer que siempre hay alguien que puede hacer el esfuerzo por nosotros. Pero nadie puede conocerse, mejorarse y liberarse por nosotros. No hay dinero que pueda pagarlo, al menos hoy por hoy.

Necesario

El esfuerzo es necesario para cualquier ejercitación; la disciplina es inevitable hasta para cultivar una planta. Esfuerzo y disciplina deben asumirse libre y conscientemente. El esfuerzo es energía canalizada hacia un logro que exige una ejercitación. Aprendemos a caminar y a hablar; luego aprenderemos a conocemos.

Sin esfuerzo no hay avance interior; sin él nadie puede poner en marcha todos sus recursos internos y mejorar su mente y sus emociones. Cierto es que cuanto más firme sea la motivación, más fácilmente devendrá el esfuerzo y más se prosperará en la disciplina llevada a cabo. También se debe hacer un esfuerzo para ir ganando el sosiego interno: hay muchas actitudes y enfoques que cambiar, rasgos mentales y psíquicos que modificar, conductas que desmantelar y otras que estimular.

Se requiere un esfuerzo notable para mutar los modelos de conducta mental que engendran desdicha.

Cambiar los hábitos…

Cuatro esfuerzos conducen al equilibrio de la mente y el sosiego del espíritu. Se conocen como el esfuerzo por impedir, el esfuerzo por alejar, el esfuerzo por cultivar y el esfuerzo por fomentar. Son de una extraordinaria eficacia y deben aplicarse con tesón y asiduidad, para así cambiar los hábitos negativos de la mente y promover los positivos.

Impedir: consiste en esforzamos por impedir que se produzcan en la mente estados insanos y perniciosos (odio, avidez, rencor, celos, envidia y tantos otros) que no se habían originado previamente, para lo cual es preciso desplegar energía e inquebrantable firmeza.

Alejar: es el que se desarrolla para ahuyentar los estados insanos y perniciosos ya surgidos, poniendo especial empeño en desalojados de la mente.

Cultivar: es el que se despliega para generar en la mente estados provechosos y beneficiosos que antes no habían brotado en la misma, tales como generosidad, amor, compasión, benevolencia, sosiego, contento, ecuanimidad y otros, muchos de ellos importantísimos factores de liberación mental y autorrealización.

Fomentar: es el que se lleva a cabo para afirmar e intensificar los estados sanos y beneficiosos que ya están en la mente, desarrollándolos tanto como se pueda.

Urge un cambio de mentalidad en el ser humano pero nadie puede realizarlo por otro y nadie puede obtenerlo sin esfuerzo y disciplina. El método, cualquiera que sea, es realmente imprescindible.

Sólo a través del esfuerzo se va consiguiendo el denominado «esfuerzo sin esfuerzo» o «esfuerzo natural», del mismo modo, como nos dicen los sabios chinos, que por «lo intencionado se llega a lo inintencionado». Y en este punto podemos volver a preguntamos:

¿Puede uno ejercitarse para conseguir paz interior?

¿Se puede conquistar la serenidad a través del esfuerzo bien aplicado?

Efectivamente, es una disciplina, y con el esfuerzo sabiamente aplicado iremos logrando:

– Obtener la visión correcta, que nos permitirá conceder importancia y prioridad a lo que la tiene y no a lo vano, trivial o insustancial.

– Modificar los modelos de conducta mental que producen desdicha y desasosiego.

– Mejorar las relaciones con nosotros mismos y con los demás, evitando conflictos dolorosos y desgarradores.

– Seguir un método o disciplina para el mejoramiento interior.

– Ir superando las emociones insanas y fomentando las laudables y provechosas.

– Aprender a enfocar la mente en la realidad presente, liberándola de las cadenas del pasado y del futuro.

– Dominar o por lo menos aprender a frenar el pensamiento neurótico y que tanta angustia es capaz de provocar.

– Purificar el subconsciente y reorganizar la psiquis en un estadio de armonía.

Siempre es conveniente relacionamos con personas bondadosas y amables, entrar en contacto tanto como podamos con la naturaleza, cultivar lecturas que nos inspiren e inviten al sosiego interior y practicar asiduamente la meditación para poder descubrir nuestra dimensión interior y sustraemos a las influencias nocivas del entorno.

Ramiro Calle

 

La media sonrisa

En un texto hindú podemos leer: «La vida se escapa como el agua contenida en una vasija». No hay, pues, tiempo que perder. Pero consumimos buena parte de nuestra vida en extravíos mentales como «éste me ha hecho esto» o «aquél me ha hecho lo otro», y nos llenamos de resentimiento, rencor o incluso afán de venganza.

Ni siquiera entendemos…

Porque no hay entendimiento correcto, que todo es transitorio.

Muda la materia, pero más veloces transitan los estados anímicos y los sentimientos. Todo cambia, «nadie puede sumergirse dos veces en el mismo río». La mente agarra, se obsesiona, es como una oruga defendiendo obstinadamente su hoja. Uno se achicharra en sus propios rencores y sinsabores.

Una práctica muy saludable: la media sonrisa

Dondequiera que estés, cualquier suceso que acontezca, esboza la media sonrisa. Así uno se distiende, se relaja, se hace física y psíquicamente más elástico. Ni la experiencia del sufrimiento ni la del placer son eternas, pero la mente acarrea la primera de ellas y se aferra a la segunda. Así, incluso el placer es la antesala del sufrimiento.

En el texto budista Digha Nikaya leemos: «De la misma manera en el pasado, lo que entonces era, era real, pero lo que ahora es y lo que será, no lo eran; en el futuro, lo que será, será real, pero lo que ahora es y lo que ha sido, no lo serán ahora mismo; lo que es, es real, pero lo que ha sido y lo que será, no lo son».

No acarreemos disgustos de uno a otro día

Es signo de salud mental enfocarse en el aquí y ahora, con mente atenta y ecuánime (mente meditativa) y no dejar que los «fotogramas» del pasado enturbien los del presente. Pero, además, en cuanto dejamos que intervenga el ego, surgen los sentimientos de soberbia, vanidad e infatuación. Tiránicos, nos roban la paz interior, porque exigen que busquemos la aprobación y consideración de los otros y si no la tenemos, nos sentimos muy heridos.

No acarreemos disgustos de uno a otro día, no respondamos al odio con odio, porque nos estaremos dañando a nosotros mismos y porque el odio nunca puede cesar por el odio. Cierta indulgencia, que nunca es falta en absoluto de firmeza (todo lo contrario), es necesaria. No seamos tan neuróticamente receptivos a las ofensas. La comprensión es una clave para la serenidad.

Si uno mismo es tan fluctuante en sus estados anímicos, comprendamos un poco los de los demás. Cuando alguien tiene lo que se llama «un mal día» y nos muestra impúdicamente su lado difícil, no nos dejemos implicar en el mismo y, mediante la autovigilancia y la ecuanimidad o firmeza de mente, mantengamos a ésta distante de la ofensa, porque como dice Kipling, «si nadie que te hiera, llega a hacerte la herida».

A menudo, porque no somos capaces de gobernar nuestra mente, nos herimos en demasía a nosotros mismos.

Ramiro Calle

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Más allá de la mente

Los maestros insisten en la necesidad de dar el salto. ¿Hacia dónde? Más allá de la mente ordinaria y, por tanto, de la percepción y comprensión ordinarias.

La racionalidad es una función de la mente, pero hay otra que no es irracional, sino «arracional». La primera función es la del pensamiento, la lógica, el análisis intelectivo. Es muy útil e imprescindible para la vida ordinaria, pero en la búsqueda del verdadero bienestar interior y el sosiego, debe dar paso a otro tipo de mente que representa la lógica paradójica, el nopensamiento, la perceptividad de orden superior.

Conocí a un maestro de yoga que, cuando le pregunté por la función del intelecto en la senda hacia el ser interior, me dijo que era necesario que el propio intelecto comprendiera que debe sacrificarse en un momento dado para que pueda proseguir a niveles más despiertos la aventura del espíritu.

El pensamiento ordinario es insuficiente

Cuando la comprensión intelectual no llega a más, surge otro tipo de comprensión. Unos lo denominan «intuición»; otros, conocimiento «supraconsciente» o «supramundano»; otros, «golpe de luz» o «eureka». No importa el nombre: se trata de una experiencia transformadora que nada tiene que ver con la función racional corriente y que representa un giro instantáneo y espontáneo de la mente que permite ver lo que no se veía.

(…) Los psicoanalistas saben muy bien cómo operan las racionalizaciones, que a menudo son el abono para el cultivo de autoengaños de todo tipo. Y cuanto más inteligente intelectualmente es la persona, más fácil lo tendrá para autoengañarse, porque con habilidad encontrará variados subterfugios.

Los maestros de todas las épocas y latitudes han puesto su empeño en intencionadamente «bloquear» la mente conceptual del discípulo para que se desencadene otro tipo de visión no limitada por conceptos y pensamientos. A menudo, entre el que ve y lo visto hay una nube de juicios y prejuicios que impiden la visión clara.

Un discípulo acudió al maestro y le dijo: «Cuando me miro, sólo veo lo que los demás quieren o esperan de mí». Al menos él había dado un paso importante, porque se había percatado de ello.

Permanece quieto

Aunque no seamos creyentes, podemos aprender una enseñanza de los Salmos cuando dicen: «Permanece quieto y sabe que yo soy Dios». La quietud tiene su propio lenguaje revelador. La vibración más pura y curativa es la de la quietud. Pero la verdadera quietud exige el ayuno de la mente, es decir, el silencio interior. No hay huéspedes más molestos y enojosos que los que conforman nuestro particular charloteo mental. Sea bienvenida toda técnica o método para desalojarlos del hogar mental y poder escuchamos interiormente.

Ramiro Calle

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Autoindagación

Autoindagación

Nos hacemos muchas preguntas, a veces quizá demasiadas. ¿Habrá otros planetas con vida? ¿Tendremos alma y sobreviviremos? ¿Habrá resurrección o reencarnación? ¿Podremos viajar al pasado o al futuro? ¿Descubriremos el origen de la vida? Preguntas sobre preguntas.

Una historia

Hay una historia. Un hombre aparentemente nunca hacía nada. Tenía, claro está, fama de vago en la localidad en la que vivía. Un día le preguntaron: «Bueno, amigo, siempre aquí sentado en un banco del parque, tú ¿qué haces?». El hombre respondió con mucha naturalidad: «Yo, amigos, me hago preguntas. No me queda tiempo para otra cosa».

Claro, ¡hay tantas preguntas! Pero nadie se cuestiona quién se hace las preguntas. Si estamos en la senda del autoconocimiento, tenemos que empezar por interrogarnos: ¿quién quiere conocer a quién? En suma, ¿quién soy yo? Existe una técnica muy antigua de autoconocimiento y autorrealización que se denomina vichara. Quiere decir «autoindagación» o «autoaveriguación». Ponemos mucha energía en descubrir otras galaxias, el fondo de los mares o el origen de las especies, pero muy poca o ninguna en el autodescubrimiento.

¿Quién soy yo?

No se trata de repetir mecánicamente este interrogante, pues seguiríamos en el círculo vicioso de las preguntas. Se trata -y en eso consiste la técnica- del ardiente deseo de saber quién hay detrás del cuerpo, los pensamientos y las emociones. Es un método excelente para ir desvinculándonos un poco de nuestras vestimentas (ego, cuerpo, mente, personalidad) e ir captando supraconscientemente nuestro ser o testigo inafectado. Es una vía importante para la conquista de la paz interior.

Esta ardiente autoindagación, sintiéndonos en lo profundo, es un método eficiente para no dejarse conducir por los pensamientos negativos y situarse en la fuente de los mismos, donde hay mayor sosiego y plenitud. Si sientes odio, envidia, rabia, pregúntate a quién se le ocurren estos pensamientos. Siempre te retrotraerás a la contestación «yo»; pero ¿quién soy yo? No, no se trata de buscar respuestas lógicas, intelectivas o conceptuales, o ¿es que sólo somos un concepto o una idea? Averígualo. Si lo descubres, no se lo cuentes a los demás, porque cada uno tiene que descubrir su ser real y sentir la ansiada paz interior.

La mirada interior

En la vía del autodescubrimiento cuenta la mirada interior. ¿Qué es? Los buscadores de lo que está más allá de las apariencias y el ego lo saben muy bien. Es la mirada de nosotros mismos, de nuestra interioridad.

Hay una palabra poco conocida y menos utilizada: «talidad». Es lo que somos más allá de la burda máscara de la personalidad, representa nuestra esencia que, a diferencia de la personalidad, no es adquirida, sino genuina. En la personalidad no puede haber real sosiego ni plenitud; en la esencia o nuestra naturaleza original puede abrirse un prometedor canal hacia la serenidad más plena.

Mirarse no es analizarse o justificarse o recriminarse, sino tratar de verse como uno es y no como uno querría ser o los demás nos fuerzan a ser. Mirarse interiormente es dialogar con nuestro yo real, pero sin palabras ni conceptos. Hay personas que tanto miran hacia fuera y hacia «mañana» que, por un lado, nunca se ven y, por otro, comprueban que el «mañana» jamás llega.

Ramiro Calle

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Alquimia interior

La mente está saturada de condicionamientos. La misma mente que quiere o dice querer verse libre de ellos los sigue apuntalando e intensificando. La mente lucha contra ella misma.

Tres mentes

Hay una mente de superficie, una mente de profundidad en la sombra y una mente de bendita paz interior donde cesan los pensamientos, los deseos y los miedos. Esta última es la mente meditativa. Sólo ésta permite la captación de la naturaleza primordial en uno mismo. Pero la mente de superficie y la mente de profundidad con sus condicionamientos, deseos compulsivos y odios no facilitan el acceso a la mente meditativa (…).

Alquimia interior

El enemigo está dentro de la mente: nos limita, abate, turba y condiciona. Es el ladrón del sosiego, el asesino de la serenidad. La alquimia interior consiste en lograr que la misma mente que nos ata gire y comience a apoyarnos en la emancipación.

El más antiguo método de autodesarrollo humano y búsqueda de la serenidad, el yoga, propone para ello: la higiene física y mental; el autodominio saludable; la virtud genuina; el perfeccionamiento del cuerpo, sus energías y funciones; la concentración y la meditación; el conocimiento supralógico; la acción consciente e inegoísta. También invita a la simplicidad, a la apertura al aquí y ahora y al despliegue de esa hermosísima e incomparable cualidad que es la compasión.

Compasión

«La compasión por sí misma puede ayudarte a ganar una guerra. La compasión por sí misma puede ayudarte a defender tu estado. Porque el cielo acudirá al rescate de los compasivos y los protegerá con su compasión». Pero en la medida en que vamos aquietando la mente e inhibiendo los pensamientos automáticos, vamos encontrando una fina «brecha» hacia la mente silenciosa y plena. También es importante cuidar el cuerpo, sin obsesiones, pero atenderlo de modo adecuado, y cuidar las energías vitales.

Calma

En la medida en que la mente de superficie y la de profundidad se calman, se manifiesta la otra mente, capaz, como el más puro de los espejos, de reflejar límpidamente el Yo superior.

Ramiro Calle

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Trece pasos hacia la paz interior

Buscamos la felicidad fuera

Buscamos la felicidad fuera de nosotros; miramos tan lejos que no podemos divisar el horizonte; cerramos todas las puertas de acceso hacia nosotros mismos. Somos mendigos de todo lo ajeno; pordioseros de lo que habita fuera de nosotros mismos.

Reclamamos que los otros nos hagan sentimos bien, nos procuren dicha y diversión, nos afirmen y aprueben, nos produzcan gusto y sosiego. Pero la fuente de dicha y sosiego está dentro de nosotros, porque es ahí donde sentimos, experimentamos, vivenciamos y en última instancia vivimos.

En el mundo exterior podemos hallar confort, diversión, encuentro y desencuentro, placer y sufrimiento, pero el tesoro de la inconmovible paz interior está en nosotros mismos.

Nadie te puede procurar ese sosiego. No podemos desplazar nuestra responsabilidad y poner el sosiego y la dicha en la falsa idea de que los demás nos los tienen que proporcionar. Esa actitud es nociva e infantil; se basa en expectativas que antes o después se sentirán defraudadas.

Es como la persona ganada por el tedio que culpa a los demás de su propio aburrimiento. Pero uno mismo debe convertirse en su maestro y viajar hacia el tesoro interior, pues reclamamos de fuera lo que habita dentro. Hemos de emprender sin demora la senda hacia nuestra quietud interior (…).

Los trece pasos de la senda hacia la paz interior:

1 – Trabajar sobre la mente para liberada de ofuscación, avidez y odio, a fin de que pueda florecer el lado más luminoso, claro y constructivo de la misma.

2 – Desarrollar un saludable autocontrol, que nos permita refrenar la apatía, la pereza, la negligencia y la confusión mental.

3 – Desplegar el entendimiento correcto para poner la energía en esencial y no en lo inesencial.

4 – Vigilar los pensamientos, las palabras y los actos, haciéndolos más lúcidos e inegoístas.

5 – Desarrollar una conducta más virtuosa y menos egoísta y egocéntrica, pudiendo así evitar culpas y arrepentimientos.

6 – Evitar relacionamos sistemáticamente con personas innobles, confusas y malintencionadas; en lo posible asociamos con individuos sensibles, nobles, sabios y bienintencionados.

7 – Ser indiferentes al halago o al insulto, a la aprobación o a la desaprobación.

8 – Ejercitarse en el desasimiento y el desapego, mediante la atención vigilante, la ecuanimidad, el desenvolvimiento de la compasión, el sometimiento del ego y el saludable autodominio.

9 – Comprender las necesidades ajenas y evitar herir a las otras criaturas.

10 – Renunciar al aferrante sentido de posesividad, saber soltar y fluir.

11 – Valorar la amistad y tender vínculos de genuino amor y sana afectividad.

12 – Tratar de ser uno mismo y mantener la firmeza y equilibrio demente a pesar de las inevitables vicisitudes vitales.

13 – No cejar en el empeño de mejorar, porque «gradualmente, poco a poco, de uno a otro instante, el sabio elimina sus propias impurezas como el fundidor elimina la escoria de la plata».

Nuestra energía de ser

Ese místico y poeta excepcional llamado Kabir escribía, a propósito de ese gran tesoro interior que es nuestra energía de ser, lo siguiente: «He encontrado algo realmente excepcional; nadie puede calcular su valor… Yo moro en él y él mora en mí, formamos una unidad, como agua con agua mezclada. Aquel que lo conoce nunca morirá».

Ramiro Calle

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Imaginación descontrolada

La imaginación es una energía muy poderosa.

Es excelente cuando se utiliza de manera creativa o constructiva, pero es un enemigo implacable cuando su empleo es negativo y destructivo.

La imaginación descontrolada nos puede conducir a la sospecha infundada, la hipocondría, el temor o miedo irracional, las fantasías perniciosas y dolientes, los juicios erróneos, las proyecciones insanas e incluso a buen número de trastornos psicosomáticos.

La mente tiene una capacidad especial para generar creaciones y luego tomarlas por reales

Podemos llegar a ver lo que tememos ver, del mismo modo que otras veces vemos lo que queremos ver o nos gustaría ver.

Por fortuna, no todo lo que nuestra imaginación perversa ha anticipado se ha cumplido y, de hecho, si incluso algunos acontecimientos dolorosos o calamitosos han tenido lugar tras haberlos imaginado y anticipado, nunca han sido como los habíamos fantaseado, o nuestras reacciones han sido bien distintas a las supuestas.

La vida es imprevisible. Pero muchas personas sufren por los extravíos de su imaginación, que se toma muy engañosa. La mente tiene un poder creativo y curativo, pero también uno destructivo y enfermizo.

La ofuscación o ausencia de lucidez y claridad mentales conduce a la imaginación descontrolada y alienada.

Encajar las vicisitudes de la vida

En la medida en que una mente se va liberando de sus trabas, todas sus funciones son más precisas, ordenadas y constructivas, y la mente enemiga se va tornando mente amiga y muchas aflicciones comienzan a superarse. La persona, entonces, está más preparada para encajar las vicisitudes de la vida y saber que son inherentes a la dinámica existencial y no se deben a ningún tipo de conjuro o magia.

La meditación nos enseña a refrenar la imaginación incontrolada y a menudo perniciosa, porque alerta la atención, favorece el dominio de la mente y va potenciando los factores de crecimiento: la clara indagación de la realidad como es, el contento, la ecuanimidad, la energía, el sosiego y otros.

Es conveniente ejercitarse en contemplar atenta y ecuánimemente las acrobacias de la imaginación, y poder así mirarla sin reaccionar o ser afectado por ella; o incluso poder erradicarla y centrarse más en la realidad del momento.

Con demasiada frecuencia, memorias e imaginaciones usurpan el lugar a la realidad momentánea y frenan el aprendizaje de momento en momento, la frescura de la mente y el desarrollo de la consciencia.

Ramiro Calle

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Superar memorias negativas

En la senda del autoconocimiento, es necesario el examen de la mente. Cuando comenzamos a indagar en ella, descubrimos hasta qué punto puede ser una locura. Pero como nadie puede vivir sin mente, la única alternativa es esclarecerla y ordenarla.

En el contenido mental descubriremos cosas que no nos van a gustar: insinceridad, odio, codicia desmedida, egoísmo atroz, y otras.

Un cementerio…

Descubriremos también hasta qué punto la mente es un cementerio donde se van acumulando cadáveres, pero que a diferencia de los muertos, siguen operando desde la oscuridad y condicionándonos.

La mente arrastra, perpetúa, acarrea… Se ha vuelto en muchas personas un ropero viejo, con prendas apolilladas y malolientes, que uno no se decide a arrojar al cubo de la basura.

La mente sigue recordando aquel desprecio que hace años nos hizo una persona o aquella deslealtad de un amigo o aquella dolorosa ruptura sentimental o la bofetada que el profesor nos propinó en el colegio.

Los cadáveres danzan en el trasfondo de la mente y el pasado condiciona el presente y a su vez proyecta el futuro. Pero para que algo pueda tomarse, algo debe dejarse. Como afirma una instrucción: «Todos los días debes olvidar algo, todos los días algo debes aprender».

Superar memorias negativas

Las memorias negativas nos causan desasosiego y sufrimiento. Aunque ha sido muy repetido, no deja de ser hermoso y significativo el aforismo de Tagore: «Si lloras porque se ha marchado el sol, no podrás contemplar las estrellas».

La meditación es una práctica extraordinaria para enfocar el presente y superar las memorias negativas.

No quiere decir que te olvides de tu nombre o de la dirección de tu casa, no, sino que las memorias psicológicas no invadan tu mente y sigan actualizándose en ti como si en el presente esos hechos se estuvieran produciendo.

Ramiro Calle

 

 

Hechos incontestables

¿Somos al menos ligeramente conscientes de la masa enorme de sufrimiento que hemos acumulado sin utilidad por no aceptar con ecuanimidad los hechos incontrovertibles?

Nadie puede elevarse en el aire tirando de los cordones de los propios zapatos. Puede intentarse, para una y otra vez conseguir, como mucho, romperse la crisma contra el pavimento. Hay que desarrollar un poco de inteligencia clara a fin de discernir cuándo se puede modificar algo o cuando debe ser aceptado como hecho incontestable. En todo caso, no lo olvidemos, podemos modificar nuestra actitud.

A menudo, por ofuscación mental, no modificamos lo que deberíamos corregir y, en cambio, nos empeñamos en transformar lo que no puede ser mutado.

El ave y el pez

Veamos la historia de un pez que quería volar y un ave que deseaba bucear. No aceptaban conscientemente su condición y sufrían mucho. Sucedió que de tanto anhelar lo que no podían hacer, el pez renació como ave y el ave, como pez. Pero la historia se repitió: el pez quería volar y el ave deseaba nadar. ¡A saber cuántas veces hubieron de renacer para llegar a aceptar sus condiciones!

La aceptación consciente es una clave importante para propiciar el sosiego y empieza por la aceptación de lo que uno es, pero no para resignarse fatalmente, sino a fin de comenzar, desde ahí, a poner los medios para la evolución de la consciencia.

También hay que aprender a aceptar a los demás. Generamos mucha ansiedad si nos extraviamos en expectativas, falsas ilusiones, exigencias e imágenes idealizadas. Muchos vinculos afectivos no llegan nunca a ser sanos porque se basan en expectativas infantiles o neuróticas.

Ramiro Calle

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